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Misiones terminó el segundo trimestre con déficit financiero ¿Es para preocuparse?

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Empecemos esta columna por el final. Es decir, dando la respuesta a la pregunta realizada en el título de la misma. La respuesta es NO. No es para preocuparse que la provincia de Misiones haya finalizado el segundo trimestre del año con un déficit financiero, a pesar de los buenos resultados que había mostrado en los períodos anteriores. Veamos punto por punto el estado de situación de las cuentas públicas misioneras, acumulados a junio 2020 para desgranar esta cuestión.

Misiones en el acumulado enero a junio 2020 finalizó con un total de ingresos corrientes que ascendió a los $54.893,5 millones, y muestra un incremento del 35,9% respecto al mismo periodo del año 2019. Primer indicador: ingresos con caídas reales, al haber quedado bastante por debajo de la inflación del mismo período. ¿Qué se destaca en este marco?

Por un lado, los Ingresos Tributarios totalizaron $43.027,2 millones y representan el 78,4% del total de los ingresos corrientes. Dentro de ellos, los de origen nacional (coparticipación, leyes especiales y compensaciones) representan el 69,1%, pero crecieron a nivel interanual apenas un 26,8%; por su parte, los ingresos tributarios de origen provincial representan el 30,9% del total de los tributarios, pero crecieron a un ritmo mayor: +49,5%. Esto nos muestra que el efecto pandemia sobre la recaudación afectó en un nivel mucho mayor a la recaudación nacional y en menor medida a la provincial que, de hecho, muestra un incremento real.

Por su parte, los ingresos corrientes por Contribuciones a la Seguridad Social representan el 12,3% del total, y tuvieron un incremento interanual del 45,4%; los Ingresos No Tributarios representan apenas el 0,7% del total (+3,1% interanual) y los ingresos por Rentas de la Propiedad participan del 1% del total y han tenido una caída interanual significativa: -43%, pero se trata de valores marginales por lo cual no impacta demasiada en el conjunto de los ingresos.

El punto más relevante en esta cuestión viene de la mano de las Transferencias Corrientes: representan el 7,7% del total y crecieron un 103,4%, que se explica por la asistencia del estado nacional a las provincias (vía ATN y FFDP) en el marco de la pandemia. Para graficar mejor el impacto de estas transferencias, se puede observar su participación sobre el total: así como es del 7,7% en la actualidad, en el mismo período de 2019 fue del 5,1%.

Vamos a los gastos corrientes: totalizaron $47.569,9 millones y crecieron a nivel interanual un 42,3%, levemente por debajo de la inflación, pero varios puntos por encima de los ingresos corrientes (6,4 p.p por encima). En este punto, los Gastos de Consumo se llevan la mayor parte de la torta: representa el 49,6% del total y crecieron en el último año un 30,9%. Dentro de este punto encontramos los gastos de personal (léase, salarios públicos) que representan el 85,9% del total de los gastos de consumo y crecieron 29,7% interanual.

Luego encontramos a las Rentas de la Propiedad, que no es otra cosa que el pago de servicios de intereses y gastos de la deuda pública: representa apenas el 0,7% del gasto corriente y a nivel interanual, cayó 6,5%. Una buena noticia: Misiones está reduciendo el gasto de pago de deuda. De hecho, la participación en el total de período enero – junio 2019 fue del 1%, y ahora cae al 0,7%.

Por su parte, las Prestaciones de la Seguridad Social representan el 10,9% del total del gasto corriente, con incremento del 30% interanual, y las Transferencias Corrientes participan del 38,7% del total y subieron un 67,1% interanual, el alza más significativa dentro de este punto. Razones: las mismas que las explicadas para las transferencias recibidas por la provincia y que, en este caso, la administración misionera transfiere a su vez a distintos sectores como contención de la emergencia.

Vamos a la cuestión de capital. Los ingresos de Capital de Misiones finalizaron el período enero – junio 2020 totalizando $1.476,7 millones, un 68,9% más que en el mismo período 2019. Dentro de estos, encontramos los Recursos Propios de Capital que representan solo el 0,1% del total, pero cayeron un 66% interanual; las Transferencias de Capital que participan del 66,5% del total y crecieron un 114,4% interanual; y la Disminución de la Inversión Financiera que representa el 33,4% del total y creció un 19,9%.

Por su parte, los Gastos de Capital totalizaron $8.916,6 millones, crecieron un 33,5%.

Aquí la Inversión Real Directa es el punto más importante, ya que representa el 86,9% del total y mostró un incremento interanual del 34,6%; a su vez, las Transferencias de Capital representan solo el 5,2% del total, pero crecieron de manera significativa (+83,8%), y la Inversión Financiera participa del 7,9% del total (+5,4% interanual).

¿A que llegamos con todo esto? Resumamos: los ingresos corrientes de Misiones equivalen al 97,4% del total de los ingresos misioneros; y los ingresos de capital solo el 2,6%. En total de los ingresos de la provincia fue de $56.370,2 millones.

Los gastos corrientes de la provincia (aquellos que financian el propio funcionamiento del Estado, salarios, jubilaciones, política social, pago de deuda, etc) representan el 84,2% del total del gasto misionero, y los Gastos de capital (los que permite la ejecución de obras) el 15,8%. El total de los gastos de Misiones fue por $56.486,5 millones.

¿Cómo llegar a los resultados primarios y financieros? En primer lugar, el resultado primario de Misiones se obtiene observando los ingresos totales y los gastos primarios. ¿Qué son los gastos primarios? Es la totalidad del gasto realizado, pero sin incluir el pago de servicios de deuda. Por ende, el total del gasto primario misionero fue por $56.139,4 millones.

Entonces, el resultado primario misionero para el periodo enero – junio 2020 fue superavitario en $230,7 millones. Si tomamos los resultados primarios trimestrales desde el primer trimestre 2018 al II trimestre 2020, vemos que Misiones siempre tuvo superávit en este punto. La particularidad que se observa en este II trimestre 2020 fue que se trata del superávit más bajo de la serie. ¿Por qué? Ya vamos a llegar a eso.

Vamos al resultado financiero: este es un dato que sí incluye los servicios de deuda y, por ende, se trata de observar la diferencia entre los ingresos totales y los gastos totales. En este punto, Misiones mostró un déficit de $116,4 millones. Observando la serie mencionada anteriormente, vemos que en solo dos trimestres (sobre un total de 10) Misiones tuvo déficit financiero. El otro fue en el tercer trimestre 2019 (cabe la aclaración sobre este punto: todos los datos aquí mostrados son en etapa devengada, pero la información del 3er trimestre 2019 es en etapa “pagado”, ya que la provincia no tiene publicada la etapa devengada solo en ese período).

Ahora vamos al por qué de la situación y a explicar el motivo por el cual estos resultados misioneros no deben ser preocupantes. En primer lugar, el hecho de sostener un resultado primario superavitario ya es en sí una buena noticia, y que haya sido el más bajo en diez trimestres está explicado por el propio contexto. El gobierno provincial, como casi todas las otras provincias, debió realizar erogaciones extraordinarias en un contexto de emergencia sanitaria y económica por que cayó una pandemia que nadie esperaba. Sostener dicho superávit en un escenario como el actual es sumamente positivo, y cabe destacar que los aportes nacionales ayudaron para eso (si bien, como hemos insistido tantas veces, Misiones es la menos favorecida en el NEA, fueron claves los aportes recibidos)

En relación al déficit financiero de $116,4 millones, hay que mirarlo también en su contexto. A lo dicho anteriormente, se le suman dos factores: en primer lugar, el hecho de que la provincia redujo el peso del pago de la deuda, que como detallamos antes, paso del 1% al 0,7% en la actualidad, colaborando en achicar el déficit. De hecho, el stock de deuda pública se redujo un 7%, una noticia de enorme relevancia que lo trataremos en otro momento.

El otro factor tiene que ver con una cuestión de neto índole político: la decisión de no ajustar el gasto. El gobierno de la provincia de Misiones aún en este contexto difícil no realizó grandes ajustes y, por el contrario, incentivó el gasto en algunos aspectos que son centrales para la provincia, como ser la inversión de capital y el fomento al consumo; a lo que se suma los incrementos salariales en esta segunda parte del año cuyos impactos fiscales veremos dentro de unos meses.

Para decirlo claramente: el déficit financiero de Misiones fue generado de manera consciente con la firma decisión de no ajustar el gasto para no perjudicar a la provincia. Estamos en un contexto donde el desequilibrio fiscal es menos importante que la contención a la población en tiempos de emergencia, y aún con eso, también no debe dejar de mencionarse que este déficit es de apenas el 0,2% del total de los ingresos, por ende, es “fácilmente” recuperable.

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¿Y si aprendemos a manejar nuestro dinero?

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Es tiempo de ordenar las finanzas personales y familiares. Así como Misiones, es conocida como una provincia, en la que sus finanzas públicas están ordenadas, este esfuerzo complementado con economías familiares también saneadas, redundaría en beneficio de la sociedad toda. Y este objetivo se logra a través de la educación financiera en todos los niveles, sin perjuicio de edad, o condición económica. 

El pueblo hispano, ha estado inmerso equivocadamente en una cultura en donde la ignorancia en el manejo del dinero, era bien vista, o al menos, la pobreza como sinónimo de honradez, o humildad. El cambio de la manera de pensar, viene a través de la educación.  desde este espacio, comenzare a exponer conceptos que tienen como objetivo lograr un objetivo final, que es muchas personas logren su bienestar económico. 

El primer concepto que vamos a internalizar es el de libertad financiera, o financial freedom  Robert Kiyosaki  ha definido como “la capacidad de un individuo de cubrir todas sus necesidades económicas sin que para ello tenga que realizar ningún tipo de actividad”.

Ser libre en cuanto al uso de nuestro tiempo, es el objetivo final. Seguir generando ingresos sin la presencia física de la persona. Y esto se logra básicamente generando ingresos pasivos, que son los ingresos que no dependen de tu trabajo. 

Tomada la decisión, de salir del círculo de trabajar para pagar cuentas, el primer paso es aprender armar un estado financiero.

Es un documento en donde proyectamos futuros ingresos dinerarios (por ejemplo, ingresos que obtendremos a través de nuestro empleo o negocios), y futuros egresos dinerarios (por ejemplo, los gastos implicados en cubrir necesidades familiares o en el pago de deudas contraídas).

El principal objetivo de elaborar un estado financiero, es tener un mayor control de nuestros egresos, procurando siempre que la diferencia entre los ingresos y egresos, sea la mayor posible.

Veamos a continuación cuáles son los objetivos o razones de elaborar un estado financiero familiar:

  • Conocer nuestro nivel de ahorro (ingresos menos egresos) y, cuánto es tu Ahorro, mensual…Lo conoces? Todos los meses queda saldo en tu cuenta bancaria? Este es un paso muy importante, el concepto de ahorro debe ser en tu mente la base de tus proyecciones,  de ese modo, saber si estamos logrando un nivel de Cashflow y a su vez ahorro adecuado, o es necesario reducir algunos gastos, o buscar nuevas fuentes de ingresos. Es importante consignar claridad en este punto, de lo contrario debes inmediatamente considerar nuevas fuentes de ingresos (por ejemplo, nuevos negocios o inversiones).

Identificar gastos variables de los fijos, las cuentas y subcuentas donde se concentra el mayor porcentaje de egresos y, de ese modo, analizar si es posible reducir los gastos en dicha partida, sabiendo si esos gastos son F=fijos, V=variables o D=discrecionales o sea, los que elegimos hacer

  • Conocer nuestro nivel de endeudamiento, (egresos como consecuencia del pago de deudas) y, de ese modo, saber si debemos limitar el uso de deudas o, en todo caso, si es posible adquirir nuevas.

Es muy importante, que en este primer ejercicio supongamos nuestros ingresos y gastos pues si no hemos llevado registro de ellos, a partir de ahora lo haremos y entonces, dentro de 1 mes, haremos un contraste entre lo que realmente ganamos y gastamos y lo que habíamos supuesto para hacer este primer ejercicio. La herramienta que te recomiendo para ello, usar la app gratuita disponible en play store Icoach

Dentro de los ingresos, si solo cuentas con 1 o 2, te sugiero  que anotes aquellos que te gustaría tener y de donde ingresaría dinero en el futuro, de manera de empezar a mentalizarte en próximas fuentes de ingreso y que a su vez te sirvan en el diseño y enriquecimiento de tu plan personalizado de éxito financiero.

En forma inmediata (hoy mismo) debes empezar el “registro de gastos diarios”. En ella debes registrar todos, absolutamente todos los gastos que hagas o hagan en tu familia (en caso de manejar un presupuesto familiar) con total detalle y exactitud numérica. No importa el gasto, debés anotarlo, pues cada centavo que sale de tu bolsillo, es un centavo que ya no trabaja para tu riqueza, sino para la de otro. Por eso cada centavo debe ser anotado y registrado.

Conclusiones

  • A un presupuesto básico le agregaremos o modificaremos algunas subcuentas de acuerdo a otros ingresos o egresos que tengamos, pero es importante no quitar ninguna.
  • La diferencia entre los ingresos y egresos de cada mes (Cashflow), vendría a ser el ahorro que hemos logrado en el mes y que, según nuestra decisión, o gastaremos en caprichos o acumularemos para aprovechar oportunidades que se presenten.
  • Este saldo, cashflow o ahorro mensual, debemos procurar que siempre sea positivo (que los ingresos sean siempre mayores que los egresos), y debemos procurar siempre que sea el mayor posible, lo recomendable es que represente un mínimo del 10% del total de los ingresos.
  • Este saldo, cashflow o ahorro mensual nos servirá para ir construyendo nuestros ahorros totales, los cuales usaremos para cualquier emergencia o eventualidad, invertir en nuevos negocios o inversiones, o para darnos algunos gustos que mejoren nuestra calidad de vida.
  • Para lograr el mayor saldo, cashflow o ahorro mensual posible, debemos identificar las partidas que mayores gastos representen y procurar reducir los gastos en ella o, de ser posible, sacarlas de nuestro presupuesto.
  • Otra forma de lograr el mayor saldo, cashflow o ahorro mensual posible, es buscando nuevas fuentes de ingresos, por ejemplo, nuevos negocios o nuevas inversiones.
  • A nuestro saldo, cashflow o ahorro mensual, podemos sumarle el saldo que teníamos acumulado para, de ese modo, conocer cuál es el ahorro total que tenemos.
  • Una vez conocido nuestros ahorros totales, lo analizaremos, y veremos la posibilidad de crear nuevos negocios, adquirir nuevas inversiones, o darnos algunos merecidos lujos que mejoren nuestra calidad de vida.
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Energía y transporte: síntesis histórica de las carencias crónicas, de Misiones y de la Argentina periférica

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Desde mucho tiempo atrás, las principales carencias de infraestructura, que dificultaron en grado sumo el desarrollo de Misiones y la plena integración con todo nuestro país (aplicables estos conceptos generales a todo el país periférico, por fuera del núcleo duro de la Pampa Húmeda), fueron las acentuadas insuficiencias energéticas –llegando a miseria energética crónica-; y las marcadas deficiencias en la infraestructura del transporte, antes centradas en la casi total falta de buenos caminos pavimentados. Muchos tramos de las rutas nacionales eran casi simples trillos en medio de la densa selva.

En lo que hace a logística de transporte, la situación tuvo muchos cambios.

En parte, la falta de caminos pavimentados en Misiones y desde esta provincia hacia el resto del país, se suplía con el servicio ferroviario –muy lento por el mal estado de las vías y otras deficiencias del material rodante- y con el transporte fluvial de cargas y pasajeros, además del servicio de lentos pero seguros hidroaviones que nos unían con Buenos Aires, con las peripecias de abordar y bajar de las naves aéreas en el río.

Hasta entrados los años ’70, todo viaje en automotor dentro de la provincia o hacia otros lugares del país, era una aventura de duración incierta, afrontando densas nubes de polvo rojo en épocas de sequía, y resbalosos barriales con serios riesgos de terminar empantanado en la banquina cuando llovía, en los caminos provinciales; y con barro fofo en los lodazales de los bajos correntinos, prolongaciones de los Esteros del Iberá, en los que autos y camiones se atascaban hasta los ejes. Las empresas de ómnibus que iban a Buenos Aires, tenían contratados tractores, que evitaban que quedaran atascados en los tramos más complicados de las rutas. Eran verdaderas odiseas, que se superaban con mucha solidaridad, pero que afectaban seriamente a la economía.

Entre las décadas del ’60 y comienzos de los ’70, se construyeron muchas rutas pavimentadas, además de asfaltarse las calles de Posadas y otras ciudades. En esos años, por primera vez, Misiones quedó unida a Buenos Aires por rutas pavimentadas, primeramente por el más largo recorrido de las rutas 12 y 11,

facilitado eso por el puente Chaco – Corrientes. Después por la ruta 14 y el Complejo ferro-vial de Zárate – Brazo Largo.

También, un poco antes de eso, se reemplazaron los ya vetustos hidroaviones por aviones a turbohélice, construyéndose pequeños aeropuertos con pistas terradas en Posadas e Iguazú.

Pavimentadas y extendidas esas pistas, alcanzamos a tener dos aeropuertos aptos para aviones a reacción, e incluso el de Iguazú tiene categoría internacional y puede recibir aviones de gran porte, llegando a aterrizar allí el Concorde.

El transporte fluvial tuvo otro destino, involucionando hasta extinguirse totalmente, no recuperándose hasta hoy pese a que los peligrosos rápidos del Apipé dejaron de ser un problema serio de navegación, al construirse Yacyretá, con sus esclusas. Recientemente, Misiones ¡por fin! se integró formalmente a la Hidrovía, la cual a la vez pasó a estar manejada por el Estado, pues era inconcebible su privatización, perpetrada acorde el neoliberalismo salvaje impuesto en los años ’90, con previas acciones de zapa desde el siniestro “proceso”.

A comienzos del siglo XX, el río Paraná era la gran arteria comunicante, la autopista fluvial que suplía la falta de caminos y la intransitabilidad de los que había. Las mercaderías y las personas, se transportaban en barcos, desde Posadas hasta Iguazú y pueblos intermedios, y también por ese medio se conectaba con los diversos puertos, hasta Buenos Aires. El ritmo de vida era lento, acorde a los medios de esas épocas.

Las maderas iban aguas abajo, en grandes jangadas desde el Alto. Las últimas se pudieron ver a mediados de los años ’60, en Posadas. Eran parte del folclore local.

Por distintos motivos se extinguió el tráfico fluvial, que algunos atribuyen a excesivas exigencias gremiales y legales, en cuanto a la cantidad de personal por cada barco y otras requisitos; y otros indican que pudo ser uno de los condicionantes del Plan Larkin, para producir camiones livianos en Argentina, eliminando posibles competidores, como barcos y trenes. Eran los años de Frondizi, y eso se profundizó después, pero el deterioro comenzó en los años de “la fusiladora”, desguazadora de todo lo estatal, como la Flota Fluvial del Estado.

Sin contar los buques areneros, en uso hasta ahora (extraen arena del río), el último uso fluvial comercial fue el transporte de combustibles a las plantas de almacenaje de YPF hasta comienzos de los ’70, cuando se desactivó totalmente, y al comenzar a soplar vientos achicadores que devendrían después en el desguace privatista, en la gran petrolera estatal nacional. En esos años, despreciando el federalismo, se abolió el precio fijo y uniforme en todo el país, para naftas y gas oil.

Como sea, es lamentable que esa magnifica vía navegable haya sido casi totalmente abandonada por Argentina. E incluso, la muy promocionada Hidrovía, figura creada en los años ’90, con un caprichoso recorrido llegaba por el Paraná solo hasta la desembocadura del río Paraguay, para desde allí incluir ese río hasta el eje Clorinda – Asunción, marginando absurdamente al norte correntino y a toda Misiones. Claro que dio vía libre al descontrol total en las exportaciones de soja y otros granos, en la orgía antiestatista que el sonado caso Vicentín puso en evidencia.

El sistema ferroviario, por su parte, también fue víctima del destructivo neoliberalismo, ya en los años del menemato, con Cavallo como el desguazador socio económico principal.

Antes de eso, se pasó de las lentas y muy sucias locomotoras a vapor y material rodante casi todo de madera, de las épocas de los ingleses; a nuevas y mucho más eficientes locomotoras Diesel, y vagones de carga y pasajeros metálicos, de mucha mejor y más moderna factura, hechos en Argentina por Materfer y por Fabricaciones Militares; que en los tramos de vías que lo permitían, podían desarrollar un poco más de velocidad. Los tiempos de viaje se acortaron mucho más, cuando estuvo operativo el complejo Zárate – Brazo Largo, que acortó el viaje en casi seis horas, tal era la complejidad de utilizar los ferrys rodeando la isla que separa ambos brazos del río.

Gran obra de infraestructura esa, que no se paralizó gracias a la decisión y patriotismo de Aldo Ferrer, cuando fue Ministro de Economía, no doblegándose a las presiones de los oligarcas bonaerenses, que no querían la competencia del sector agropecuario entrerriano. Pero eso ya es otro tema.

Pese a algunos esfuerzos para reactivar el ferrocarril, que ahora se utiliza para cargas pesadas y voluminosas, con interés expreso en el mismo incluso de Encarnación, y a alguna efímera reactivación para pasajeros, todo parece indicar que si no se solucionan las serias deficiencias en infraestructura, el sistema ferroviario mesopotámico puede seguir en la precariedad, incluso con serios riesgos de nuevos descarrilamientos.

Con relación a las rutas, el fuerte impulso a las construcciones de autovías en el período2003-2015, mejoró considerablemente ese tipo de infraestructura; frenándose en los siguientes cuatro años de destructivo neoliberalismo. Ahora parece intentar volver a seguir construyendo, lo que es una necesidad económica y para mejorar sustancialmente la seguridad, sobre todo en rutas con alto nivel de tránsito. Seguramente es posible suponer que se unirá Iguazú con Buenos Aires y con Rosario, totalmente con modernas y seguras autopistas.

El transporte aéreo, que tenía muchas frecuencias semanales a Buenos Aires, desde Iguazú y Posadas, el neoliberalismo noventista lo redujo a casi su mínima expresión. Resurgió en los doce años de fuerte crecimiento de las infraestructuras (2003-2015), incluyendo una nueva flota de aviones y rutas transversales que no tenían todas ellas eje en Buenos Aires; para volver al dogmatismo antiestatista en los recientes cuatro años neoliberales. Hoy paralizado todo por la pandemia, se espera su posterior fuerte reactivación.

Respecto al servicio eléctrico, sin duda los avances registrados desde los años ’60 en adelante, fueron considerables. Pero esa realidad no significa que se deba “dormirse sobre los laureles”, pues la precariedad hoy tiene otras facetas distintas a las carencias totales de seis o siete décadas atrás, pero no por eso dejan de ser preocupantes.

Hacen falta cuantiosas inversiones en Generación, Transmisión y Distribución; y razonando con criterio de estadistas y clara visión de grandeza, no puede seguir desperdiciándose nuestro enorme potencial hidroeléctrico, el cual permitirá consolidar nuestro desarrollo y proveer energía limpia, muy abundante y muy económica.

El tema no se agota.

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La delgada línea

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La sediciosa protesta policial de Buenos Aires que cruzó todos los límites hasta acorralar la Quinta de Olivos con el Presidente dentro trajo a la memoria momentos negros de la historia reciente. Hombres armados por el Estado con demandas extorsivas que pusieron en vilo a todo el país con la condescendencia y aceptación cómplice de quienes se paran de un lado de la grieta. Pero con esto no se juega. Ni se hace política. La estabilidad democrática es una conquista que costó demasiado en la Argentina como para ser sometida a las miserias políticas.

Foto Nacho Yuchark www.lavaca.org
Foto gentileza Nacho Yuchark.

La fusión atípica de bombos y armas, sin embargo, corrió el manto piadoso que cubre a la idea abstracta de un país federal. Alberto Fernández para cuidar el bastión principal del peronismo y a su gobernador, el joven Axel Kicillof, hizo lo que tantos otros presidentes hicieron antes: darle más dinero. Esta vez se lo sacó a Horacio Rodríguez Larreta, el referente de Cambiemos que dirige el distrito más rico del país. Pero en realidad, se lo sacó un poco a todos. Es la plata “federal” que se reparte cuantiosa apenas en el centro del país ante la mirada atónita de los demás gobernadores. 

Carlos Menem premió a Eduardo Duhalde con el Fondo del Conurbano, Mauricio Macri le duplicó -por decreto- la coparticipación al propio Rodríguez Larreta y después, Pacto Fiscal mediante, le cedió a María Eugenia Vidal 40 mil millones de pesos, mientras que en 2019 esa cifra se incrementó hasta llegar a los 65 mil millones. Cien mil millones en dos años. La pregunta es ¿qué hizo la gobernadora con esos recursos? Al mismo tiempo, Buenos Aires incrementó exponencialmente su deuda pública. Los agentes policiales cobraban un salario inicial de 30 mil pesos y ahora recibirán 44 mil, casi lo mismo que un uniformado misionero que recién se inicia.

La explosiva demanda de incrementos salariales también obedece a un constante deterioro del poder adquisitivo en los últimos cuatro años. Los salarios siempre corrieron detrás de la inflación, especialmente en el último año de la gestión Macri, con una suba de precios récord, que no se registraba desde 1991.Los gobernadores no aplaudieron el recorte a Larreta, pero respaldaron al Presidente, aunque con una sutileza: destacaron la necesidad de “reabrir el diálogo” sobre la distribución de recursos para “evitar cualquier tipo de favoritismo”, para “empezar a corregir los desequilibrios de un país concentrado”.

El propio Larreta, aunque irá a la Corte, sabe que no tiene mucho por patalear. Lo que fue dado por decreto, por decreto fue quitado. El alcalde no está dispuesto a romper lanzas. “Toda mi vida elegí el camino del diálogo y más en este contexto: por encima de cualquier discrepancia política, estuve desde el primer día junto al Presidente y al Gobernador de la Provincia trabajando y coordinando acciones para cuidar la vida de los argentinos”, se desmarcó de los más radicalizados de Cambiemos. Sabe además que posiblemente sea el momento para ocupar él el rol central de la oposición. El Presidente lo puso en ese sitial al victimizarlo. 

Misiones no recibió la misma atención que Buenos Aires cuando negoció con los policías locales ni asistencia extra para discutir con los docentes que cortaron rutas esta semana. En esencia el conflicto es el mismo que enfrentó Axel, pero la vara es distinta por más que el Presidente repita que quiere ser el “más federal” de los porteños.

Misiones hace años viene reclamando del país central una corrección del coeficiente de coparticipación y una compensación por los años perdidos y hasta le puso monto: 126 mil millones de pesos. 

Cambiemos prometía el artículo 10 de la ley Pymes, aunque nunca se sabrá si el Presidente llegó a saber de qué se trataba. Ahora se negocia finalmente la reglamentación de ese artículo y declarar a Misiones como zona libre de impuestos para atraer inversiones y generar hasta 1.100 millones de dólares vía exportaciones, el triple de lo vendido al exterior en 2019. Pero, a pesar de que Fernández firmó un compromiso de campaña, cuando vino a Misiones se desentendió: “Todas las provincias piden lo mismo”. Y no. Los argumentos no son los mismos y las condiciones geopolíticas tampoco. 

En lo que va del año, Buenos Aires se quedó con la mejor porción de coparticipación -que es más baja que la inflación- con el 25,9% del total nacional distribuido a los distritos. La provincia de Misiones en el período enero – agosto 2020 recibió un total de $42.038,2 millones por transferencias automáticas (coparticipación, leyes especiales y compensación por Consenso Fiscal), mientras que por Transferencias No Automáticas (ATN, programas de Ministerios de Salud, Educación y Desarrollo Social, entre otros) recibió otros $4.288 millones.

En el primer caso (transferencias automáticas), tuvo un incremento interanual del 29,1%, muy por debajo de la inflación a partir de las bruscas caídas de la recaudación producto de la pandemia y su consecuente cuarentena. 

Observando la participación en el total nacional de recursos transferidos a las provincias, el Chaco equivale al 4,3% del total nacional, primera en el NEA; Corrientes participa del 3,2%, Formosa el 3,1% y Misiones el 3%. 

Misiones es la más perjudicada en el reparto nacional, al no haber correlación entre cantidad de habitantes, la participación en el PBI y lo que efectivamente recibe. El principal punto de discusión es lo atrasada que quedó la coparticipación: para ponerlo en números, en el acumulado enero–agosto 2020, Misiones recibió 20.000 millones menos que Chaco, pero tiene más habitantes.

La Provincia, de todos modos, se las arregla con lo propio para resolver las demandas en un contexto inusual como la pandemia. Atendió primero la situación policial y después cerró sendos acuerdos con docentes y trabajadores de la salud. Los principales gremios celebraron los resultados de las paritarias: en el caso de la salud, cinco mil pesos al básico. En el caso de los docentes, se acordó un salario inicial por cargo de 27.500 pesos y el básico aumentó casi 60 por ciento entre febrero y septiembre -pasó de 5.805,77 en febrero a 9,277,77 pesos-. Ningún otro gremio, menos en el sector privado, tuvo un incremento semejante. 

Sin embargo, hay un sector históricamente opositor en el espacio sindical. En el caso de la salud, ATE y CTA aceptaron la propuesta del Gobierno. En Educación, los gremios reconocidos sellaron el acuerdo. Pero a la calle salen los inorgánicos. El viernes, día del Maestro, hubo varios cortes de ruta en la provincia y un llamado al diálogo de parte del Gobierno que se encontró con la intransigencia sindical fuera de tiempo. Con sueldos al día desde hace más de quince años y aumentos en medio de una pandemia que los tiene fuera del aula, no hubo caso de acercar posiciones para levantar la medida de fuerza y disolver las concentraciones, que además ponen en riesgo la salud de los manifestantes y la de todos los misioneros. 

Según trascendió, en la mesa de negociaciones hubo ofertas para mover el salario de bolsillo de los docentes, pero extrañamente los sindicalistas se plantaron en el número mágico de un básico de 12.800 pesos. Después aceptaron bajarlo a 10.500 para finalmente retirarse de la mesa ante la explicación oficial: no se puede poner en riesgo el equilibrio de las finanzas para cumplir con un solo sector, cuando hay muchas actividades que están a media máquina y miles de personas vieron menguar sus ingresos por el coronavirus. Comprometer recursos en plena incertidumbre no es práctica del Gobierno. “Lo que prometemos, cumplimos”, sentenció uno de los negociadores oficiales. Pero ¿cómo prometer algo si no se sabe cuándo se recuperará la economía? ¿Cómo prometer algo si no se sabe qué pasará con la recaudación? 

Los sindicalistas disidentes perdieron una oportunidad de llevar más dinero inmediato al bolsillo. Se quedaron con el viejo manual de las negociaciones sindicales cuando el tiempo es otro. Hoy la urgencia es el bolsillo y jubilarse es posible con numerosas opciones que puso el propio Estado para salvar el problema futuro, como la Ventana Previsional, que permite el retiro con un monto más cercano al salario activo. 

¿Por qué tanto énfasis en el básico más que en el salario de bolsillo? Más allá de la lógica opositora, también se explica en que varios de los caciques descontentos tienen sueldos altos. El básico que piden los elevaría a casi cien mil, con aumentos de entre 15 y 20 mil pesos. Otros están con licencias eternas y acarician los 80 mil pesos. ¿Es mucho? ¿Es poco? Dependerá de la lupa, pero es mucho más de lo que pelean por sus representados.

No advierte el ala dura sindical que el colectivo social mira con cansancio sus desmanes. No es casual que las principales cámaras de la provincia y el país llamaran a un acercamiento para evitar poner en riesgo el estatus sanitario de Misiones que “se vería tirado a la basura en caso de tener que retroceder por contagios evitables”.

“El sector privado una vez más se vería en clara desventaja frente al empleo público, que de cualquier manera seguirá percibiendo sus haberes, en caso de tener que retroceder las actividades de todos los sectores productivos de la provincia”, señaló en un documento la Confederación Económica de Misiones. “Otra caída en la producción y el comercio sería un golpe letal a la economía misionera”, advierte la entidad.

Muchas empresas están a duras penas cubriendo costos y tratando de no despedir por las pocas ventas en plena cuarentena. Muchos empleados rezan por no perder su fuente laboral, lejos de los beneficios de la estabilidad estatal. Miles más perdieron su trabajo. Lejos de la mesura, con un mensaje bélico, los sindicalistas disidentes prometieron “golpear con más fuerza convencidos de no desistir hasta alzarnos con una victoria”.

La batalla de Misiones es otra. Cuidar la economía y la salud son las prioridades en una lucha desigual contra un enemigo invisible. La foto indica que los esfuerzos están valiendo la pena. Misiones es la provincia con menos contagios de coronavirus en la Argentina -solo quedan dos con menos de cien casos- gracias a un enorme esfuerzo para abrir la economía en forma paulatina y con los protocolos de salud adaptados a la nueva normalidad. Desde agosto a este fin de semana hubo varias provincias con crecimientos de casos de superiores al cien por ciento. En diez días San Luis y Tucumán el total de casos acumulados de coronavirus se incrementó un 142% respecto de agosto, mientras que en Santa Fe el aumento fue de 99% y en Mendoza de 81%, según un análisis realizado por la docente e investigadora Soledad Retamar en base a los datos oficiales. En Misiones se pasó de 54 a 65. El esfuerzo es siempre doble. No es sólo evitar contagios de la Argentina, sino que se cuele algún contacto desde Brasil: en los tres estados fronterizos hay 500 mil contagios y más de diez mil muertos. 

Pero es apenas una foto. Nada garantiza que no crezcan los contagios y por eso, con sensatez, es poco probable que vuelvan las clases presenciales en lo que resta del año. Asimismo, se hará lo posible por extender el cierre de las fronteras hasta después de las fiestas de diciembre.

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“La lucha por más federalismo”; Misiones en el período 2010-2019

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El tema que dominó en la agenda pública de esta semana fue sin dudas la decisión del presidente Alberto Fernández de quitarle recursos de coparticipación a la CABA para pasarlo a un fondo especial para la provincia de Buenos Aires. Esta medida disparó en primer lugar la discusión sobre si la CABA recibe más de lo que debería, y terminó generando un debate mucho más amplio y que es sin duda uno de los grandes temas que la democracia argentina aún no supo resolver: la coparticipación federal.

No es objetivo de esta columna hacer un resumen de la historia de la coparticipación porque ya se ha hablado y mucho de eso. Pero no se puede dejar de mencionar que las situaciones provinciales (en términos económicos, sociales y demográficos) no son iguales a las del año 1988, año de la sanción de la ley que rige la distribución de recursos por coparticipación. Ello generó enormes asimetrías entre las provincias, pero al mismo tiempo, impulsó un debate que muchas veces tiene serios errores de concepto.

Desde el punto de vista político, el federalismo argentino (como lo establece el artículo 1º de la Constitución Nacional) es un sistema que confiere autonomía a los niveles de gobierno subnacionales (provincias). Ahora bien, el federalismo fiscal lo que implica es una descentralización de potestades tributarias y un sistema de transferencias de recursos recaudados a las provincias.

El federalismo, en términos fiscales, establece que el sistema a aplicar sea “solidario y equitativo”. Sin embargo, en términos prácticos dichos conceptos no siempre van de la mano. De hecho, casi nunca lo hacen, y menos en el sistema actual de reparto.

Si queremos ser “solidarios”, las provincias más robustas fiscalmente deberían ceder recursos en pos de aquellas que son más débiles; si queremos ser “equitativos”, no debe cederse nada, sino ajustar las transferencias en función de los desempeños propios.

En el sistema actual predomina más la solidaridad que la equidad, y cuando se habla de “más federalismo”, se entremezclan deseos en una misma bandera. ¿Cómo se explica que, en la carta firmada por 19 gobernadores al presidente en apoyo de la medida tomada, haya algunos que son fuertemente beneficiadas por el sistema actual – caso Formosa, y otros donde se claramente perjudicados – caso Misiones?

¿Gildo Insfran y Oscar Herrera Ahuad hablan de lo mismo cuando firman una carta solicitando más federalismo? Claramente no. En el primer caso, pide más asistencia del Estado a una provincia donde más el 90% de los recursos son de origen nacional; en el segundo caso, pide ajustar asimetrías para que su provincia empiece a recibir los recursos que debería haber recibido hace tiempo. La bandera es la misma. El fondo es completamente distinto.

Vemos la situación del NEA para observar en particular el caso misionero.

Para hacer este análisis, se tomo el período 2010-2019, para no ir tan atrás en la serie histórica y poder enfocar mejor el argumento. En todo este período, Misiones ha ido por detrás del resto de las provincias en transferencias automáticas (coparticipación y leyes especiales, sin contar FO.FE.SO ni Compensaciones). Si consolidamos la serie, en todo ese período a Misiones ingresaron $169.315 millones por este concepto. Chaco recibió $249.692 millones, Corrientes $189.333 millones y Formosa $181.276 millones. Es decir, quedó doce mil millones abajo que la provincia que le sigue.

Ahora bien, la situación que da origen a lo dicho anteriormente tiene que ver con la participación de las provincias sobre el total repartido. En la distribución secundaria (la que se hace a las provincias) de los recursos por coparticipación, Misiones tuvo un promedio en este periodo 2010-2019 del 3,4%, la más baja de la región y que se explica porque en la ley de origen del actual sistema de reparto ya tenía esa asignación.

Formosa participa del 3,6% del total; Corrientes del 3,8% y Chaco del 5% (todos promedios para el período 2010-2019).

Esos son los promedios solo de la distribución secundaria, por lo cual no contempla el caso de la CABA y su incremento de puntos de 2016. Si tomamos a la CABA para ver el total de las 24 jurisdicciones, la participación promedio misionera cae al 3,3%.

En paralelo a esto, vemos como evolucionó la población de cada provincia, a partir de los datos de proyecciones que realiza el INDEC para cada año. Ya desde el año 2010 Misiones es la provincia con más población del NEA, y fue incrementándose a una tasa promedio del 1,3% por año, llegando al 2019 a una población total de 1.247.362 personas. El Chaco es la provincia que le sigue con una población de 1.192.616 personas, y creció a una tasa promedio del 1,2% por año. Corrientes creció a un ritmo promedio de 1% y Formosa lo hizo en un 0,9% anual.

Entonces: no solo Misiones es la provincia con mayor población, sino que además en la que crece más rápido en términos demográficos en el NEA. Pero sigue siendo la que menos recursos recibe.

Esto generó una situación alarmante en la provincia: entre 2010 y 2019 la brecha entre las provincias de recursos de origen nacional medidos per cápita se incrementó notablemente. En 2010, a nivel per cápita recibió $3.082,5 por misionero (la menor de la región); pero Formosa (la más alta de la región) recibió $6.543,8. Una brecha de 112%. Para 2019, los recursos de origen nacional automáticos (RON) per cápita fue de $38.485,9, y para Formosa de $87.154,6: una brecha del 126%.

Más: entre 2010 y 2019 la población misionera creció un 12% y los RON un 46,1%; pero en Chaco fue de 10,4% y 46,2%; en Formosa fue de 8,8% y 46,7% y en Corrientes de 9,2% y 46,3%.

La conclusión es una sola: hay cada vez menos recursos para los misioneros en este sistema de reparto.

Por último, otro dato a analizar. ¿Qué hubiese pasado si a Misiones le asignaban medio punto más en la distribución secundaria? Solo medio punto (0,5%). La provincia hubiese captado $25.314 millones en el período.

El reclamo misionero es totalmente justo, fundado y necesario. Más federalismo es empezar a reducir asimetrías y esas asimetrías son claras en el caso de Misiones.

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