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¿Apologista del Neoliberalismo?

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Debe existir tan siquiera una pizca de patriotismo en quien escribió una apología del neoliberalismo, pero como sea cuesta entender que alguien formado en las Ciencias Económicas, pueda dar a entender y recomendar, hasta con un dejo de sutileza, las supuestas “bondades” que nos depararía volver al neoliberalismo…del cual recién hace poco más de medio año volvimos a salir, y sus nefastas consecuencias estamos intentando superar.

Así lo sugiere el título del reciente artículo “¿Y si volvemos a ser neoliberales?” publicado en un muy leído diario electrónico de Misiones, escrito por un joven economista local, el que comienza con una suerte de pesar por haber sido detractor del gobierno menemista, del cual alaba la estabilidad de precios, obtenida temporariamente convertibilidad mediante…pero nada dice de las terribles consecuencias posteriores, de dicha medida, encuadrada en la total sumisión argentina a los dictados del neoliberalismo rampante, de cuyos personeros locales posiblemente el más perversamente negativo fue el “superministro” de plenos poderes, Domingo Cavallo, quien según trascendió operaba en comunicación directa con Rudiger Dornbusch, uno de los cerebros del Consenso de Washington.

Ese fue el mismo tecnócrata que sugirió se nombre desde EEUU una suerte de “virrey económico” para que maneje “racionalmente” (léase subordinada explícitamente) nuestra economía.

Uno de los argumentos del articulista, es afirmar que “139 países adhirieron al neoliberalismo”, lo cual carece de real entidad, pues es sabido que los poderes financieros transnacionales operaron fuertemente para imponer las económicamente genocidas pautas del Consenso de Washington, al como sea. El número en ese caso no hace a la calidad.

Y si es por buscar consensos mayoritarios, hace poco en términos históricos que casi todo el mundo practicaba la esclavitud, y menos tiempo aun en que la mayoría de los actuales dos centenares de países del mundo, eran simples dependencias coloniales de potencias imperiales. Se puede constatar que el número de “adherentes” (forzosos o no) a pautas político – económicas, no implica que eso les haya quitado sus nefastos significados.

Esos gruesos errores de apreciación, son frecuentes en economistas que omiten por completo, elementales nociones de geopolítica, como parece ser el caso analizado, y es moneda corriente entre liberales, progres fuera de foco, neoliberales y libertarios.

Alaba como positivas, las “recomendaciones” (léase imposiciones brutales) del Consenso de Washington, verdadero poder en la semi penumbra que operó para imponer a escala planetaria el neoliberalismo, a su vez como herramienta del proyecto político mundial de la globalización salvaje. Nada dice de todo esto, reconocido públicamente por muchos analistas de peso académico y anchas espaldas de sólidos fundamentos. Y puedo citar a varios, que conozco personalmente, así como a un par de economistas Premios Nobel, que coinciden en esa apreciación, además de varios economistas heterodoxos argentinos, dentro de los que descolla el gran Aldo Ferrer.

Seguidamente, con un razonamiento por lo menos insólito, el articulista pretende calificar de neoliberal al gobierno de Néstor Kirchner, en base a haber logrado y mantenido el equilibrio fiscal (eso no es “propiedad intelectual” de los neoliberales), y de un puñado de otros hechos puntuales, que omiten el todo.

Hace una apología de la “liberación” del sector financiero (lo cual implica manejo irrestricto y sin control alguno, por parte de los poderes financieros, que son cooptados por los grandes poderes financieros transnacionales) ¿es para festejar eso, si se razona con sentido de soberanía? ¡No! En todo caso, una tarea inconclusa de los doce años del precedente gobierno peronista, fue no cambiar drásticamente la ley de entidades financieras, impuesta por la genocida dupla Videla – Martínez De Hoz; claro que el marasmo general –herencia del neoliberalismo noventista- que se debió enfrentar fue de dimensiones dantescas, de lo que mucho se solucionó pero quedaron tareas pendientes.

Menciona lo positivo de un tipo de cambio competitivo; pero omite que los gobiernos neoliberales se caracterizaron por un fuerte atraso cambiario, como una de las herramientas para la desindustrialización acelerada a la que nos sometieron el proceso, la partidocracia cleptocrática post proceso, y el macrismo. Entonces, si afirma –correctamente- que el atraso cambiario es negativo…¿Por qué apoya al neoliberalismo, que lo impone repetidamente?
Elogia la “liberación” del comercio exterior…¿acaso no se sabe que es una de la herramientas para primarizarnos (léase desindustrializarnos) y a la vez endeudarnos?

Compara con una sutil aprobación, y como hecho positivo, los incrementos de las importaciones en los períodos neoliberales, con el crecimiento de las mismas en el anterior gobierno nacional peronista. Claro que omite que en épocas de industrialización, es usual que aumenten las importaciones en equipamientos (que no fue lo único que hizo incrementar las importaciones, en los doce años aludidos por el articulista). Pero no dice que los aumentos desenfrenados de las importaciones en el menemato y el delarruato, fueron compuestos por bienes de consumo y bienes suntuarios, es decir lo opuesto a cualquier sana política de desarrollo.

El articulista alaba la “liberación del comercio exterior”, lo cual en castizo simple, significa resignar soberanía para manejar nuestro comercio exterior, el cual en el marco de políticas que defiendan el Interés Nacional, no puede permitir que nos inunden con baraturas importadas que destruyan nuestra industria, entes tecnológicos y actividades artesanales, mientras a la vez se derrochan divisas en importaciones innecesarias e incluso tóxicas para nuestra economía.

En otro de los argumentos indefendibles, expresa que el neoliberalismo es afín o induce al desendeudamiento, y lo aduce como otra similitud con el gobierno de Néstor Kirchner…y eso es otra falsedad.

El neoliberalismo impulsó, con la fuerza de los poderes financieros
transnacionales, el endeudamiento brutal de los Estados que se subyugaron a sus genocidas “recomendaciones”, con la deuda externa y las presiones políticas operando como tenazas para impedir cualquier tipo de política económica autónoma y proclive al desarrollo y la real soberanía. Usa la deuda externa como condicionante insalvable para destruir la soberanía de los Estados endeudados.

El precedente gobierno peronista, en cambio, fue un desendeudador activo, en la misma línea que aplicó Perón en 1946, cuando canceló totalmente la deuda externa y proclamó la Independencia Económica. O sea, la antítesis del neoliberalismo.

Por otra parte, el articulista afirma que el neoliberalismo se impuso dado el fracaso de las políticas de sustituciones de importaciones, lo cual es otro serio error conceptual. El neoliberalismo se impuso también en naciones ya industrializadas, como Italia, España, Rusia y otras, que nada tenían que ver con la política de sustitución de importaciones.

A mediados de los años ’70, a consecuencia de décadas de desarrollo industrial, Argentina había pasado a ser exportador de bienes industriales de mediana e incluso alta complejidad, lo cual fue totalmente frustrado por el brutal neoliberalismo del “proceso”. O sea, habíamos superado el estadio de simple sustitución de importaciones.

Ese proceso de industrialización y desarrollo tecnológico, en parte fue varias veces frustrado por irrupciones de gobiernos castrenses liberales y por ende apátridas, y por personeros de esa ideología insertados en gobiernos industrialistas (como sucedió con Alsogaray en el desarrollismo).
Otro tema es el del desguace estatal, privatizaciones y cierres mediante, así como el abandono de proyectos tecnológicos importantes; todo eso fogoneado por la dupla Reagan – Tatcher y sus personeros del neoliberalismo.

A diferencia de eso, en los doce años precedentes del peronismo (2003- 2015), se estatizó el servicio de agua y cloacas en la zona del AMBA, creando AYSA; se reestatizó Aerolíneas Argentinas, y parcialmente YPF; se dio muy fuerte apoyo al Plan Nuclear, al Satelital, al de Radares y otros; sin olvidar las fuertes inversiones en infraestructura general, en Educación Pública, en las Universidades Nacionales, y en el desarrollo en general. Casi fue la antítesis total de las imposiciones globalizantes del neoliberalismo salvaje, impulsado desde los centros del poder financiero transnacional y del Atlantismo.

Tampoco puede omitirse que todos los países exitosos, practican sus propias versiones del Capitalismo de Estado, en las antípodas del neoliberalismo. Todo lo opuesto a la apología neoliberal, desarrollada en el artículo de marras.

Si se es patriota, no se puede ser afín al neoliberalismo, ni a las “progresías” filo neo marxistas, que terminan operando a favor de los mandatos del poder financiero transnacional, pese a que pregonen lo contrario.

El tema no se agota.

Refutando argumentaciones pro neoliberales del joven colega

En Argentina el neoliberalismo tuvo tres etapas bien diferenciadas, todas ellas marcadamente destructivas, característica que puede definirse como de sucesiva profundización

Esas etapas son: el siniestro proceso cívico militar (1976-1983); el de la partidocracia cleptocrática, también definida como “noventismo”, pero que en realidad comenzó en el gobierno de Alfonsín una vez que los esfuerzos del ministro Grispun para salirse del corset económico – financiero, fracasaron; siguiendo en el menemato y el delarruato hasta la crisis terminal de 2001/2002; y el tercer período liberal fue el del muy destructivo macrismo.

Esa doctrina político – económica se define también como de genocidio económico institucionalizado, por las desastrosas consecuencias ocasionadas en todos los países en que fue aplicada, provocando sucesivas muy profundas crisis económicas e institucionales en muchos países, como Brasil, México, Rusia y Argentina; así como las del “Grupo PIGS”, en Europa, de la cual aun algunos países no salieron totalmente. En Francia, las políticas oficiales de destrucción del salario real y otras de similares aplicaciones, fueron y son resistidas por masivas manifestaciones en las calles.

No es un dato menor, que todos los países hoy muy exitosos y potencias emergentes, aplican sus propias versiones de políticas económicas que pueden definirse como Capitalismo de Estado, muy lejos del neoliberalismo, que es apátrida y globalizante.

Por otra parte, pretender tildar de neoliberal a un gobierno que claramente aplicó políticas de Capitalismo de Estado como el del precedente período peronista, solo por mostrar supuestas “grandes coincidencias” en algunas medidas macro económicas puntuales, pero que en realidad apuntaron a objetivos nada compatibles con los dictados del Consenso de Washington, es como querer obtener la historia clínica de un paciente, con solo tomarle la temperatura y medirle peso y tamaño corporal.

Separadamente se hará –Dios mediante- un análisis más detallado del artículo del joven colega Knass, publicado en el diario digital ECONOMIS.
Post Data: Adhiero al criterio amplio del concepto de “economista”, que involucra a todos quienes conocemos del tema, y nos referimos a él con propiedad y fundamentos, sin tener como prerrequisito los títulos de Licenciado en Economía o de Doctor en Ciencias Económicas. Es incluso el criterio imperante para definir los Premios Nobel, que en Economía incluyeron también a un psicólogo que analizó la influencia de los factores psicológicos en las decisiones y expectativas económicas.

Otros casos similares son los de Roberto Feletti (Contador), Carlos Heller (banquero), Rogelio Frigerio (político asesor de Frondizi), Álvaro Alsogaray (Ingeniero y militar), Raúl Scalabrini Ortiz (Agrimensor, escritor y historiador), y los ejemplos no se agotan.

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El consumo de entretenimiento aumenta la demanda de Internet y redes de distribución de contenido

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Un análisis de YouGov señala que el 86% de las personas en el mundo se han visto obligadas a cambiar sus actividades habituales por otras diferentes como el teletrabajo y teleducación, evidenciando la importancia de las redes de telecomunicaciones las cuales facilitan la continuidad de las labores cotidianas a través de la conexión y comunicación en cualquier lugar, con diferentes personas.

América Latina tendrá 81 millones de suscripciones de Video bajo demanda (SVOD) y OTT para 2025; casi el doble de los 42 millones registrados a fines de 2019. Este crecimiento se produce a pesar de la recesión que afecta a la mayoría de los países de la región, según el informe de pronósticos de TV y video OTT de América Latina publicado por Digital TV Research.

De hecho, el reporte informa que había 1.08 millones de hogares SVOD a fines de 2017 y se prevé un crecimiento total a 2,00 millones en 2023, lo que llevaría a que los ingresos por TV OTT en 19 países en América Latina lleguen a alrededor de US$6.43 Billones en 2023.

Actualmente, la demanda de Internet en los hogares se ha incrementado debido al cambio de rutinas en trabajo, educación y al consumo elevado de entretenimiento, por lo que redes sociales y servicios de streaming de video en plataformas se visualizan como los más utilizados durante esta coyuntura. Por ejemplo, Netflix alcanzó el récord histórico de 15,8 millones de suscriptores nuevos entre enero y marzo de este año, registrando actualmente un total de 183 millones de usuarios.

Estos cambios en el consumo han permitido el fortalecimiento de una tendencia mundial, la producción de series, actualmente la Casa de Papel, Élite, o Stranger Things han conectado a millones de personas generando altos picos de tráfico que podrían sobrepasar la capacidad de cualquier servidor de Internet y generar una caída de la transmisión.

Las plataformas como Netflix, HBO o Fox Play requieren de una red de distribución de contenido (CDN) que les permita soportar cifras tan altas de consulta como la registrada en el capítulo final de Game of Thrones que llegó a los 19.3 millones de espectadores a nivel global o como el más reciente estreno de la tercera temporada de la serie española Élite, donde la plataforma colapso a minutos de lanzar la serie por la creciente demanda de usuarios.

CDN es una solución especializada para canales Play que permite, a través de una red de servidores distribuidos estratégicamente en distintos lugares, dispersar el tráfico de consulta al contenido en el servidor de origen, manteniendo la calidad y velocidad de la transmisión. Esta tecnología facilita a los generadores de contenidos mantener la estabilidad de su servicio con conexiones internacionales, garantizando así, una buena experiencia a sus consumidores.

Las personas están pasando más tiempo conectadas a Internet, no sólo en Latinoamérica sino a nivel mundial, disfrutando de diferentes contenidos como: video, reproducción de música, juegos, compras en línea, noticias, etc., volviendo esenciales los servicios de CDN a la hora de abordar la demanda cada vez mayor y la globalización de las plataformas en línea.

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La pandemia del antropoceno

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La pandemia nos condiciona, nos impone, limita y amenaza. Es difícil ser optimistas en un contexto de restricciones; no obstante hay ejercicios recomendables que pueden gravitar en forma positiva, y una de ellas es la oportunidad que tenemos para reflexionar sobre nuestras formas de relacionarnos, de agruparnos y convivir en la intimidad. Mirándolo con otra perspectiva, es una circunstancia ideal para replantearnos cosas, tratar de entender lo que nos pasa, pensar cómo resolver la encrucijada y prepararnos para el futuro.

La pandemia nos confirmó el impacto de la actividad humana sobre el planeta. Somos responsables del calentamiento global, la pérdida acelerada de la biodiversidad, y otras cuestiones. En realidad somos la causa de lo que nos pasa pero hacemos lo imposible por convencernos de que la culpa es de alguna entidad ajena a nosotros.

El concepto Antropoceno fue acuñado en el año 2000 por el holandés Paul Crutzen, quien fuera galardonado con el Premio Nobel de Química. En medio de un debate científico, su teoría  es que el nombre de la época geológica actual debería reflejar el impacto del hombre sobre la Tierra. Esa decisión de nombrar a esta época humana todavía se discute, pero indudablemente la Tierra está cambiando aceleradamente por la actividad humana.

Pasados los días conmemorativos de la independencia, fue curioso escuchar y ver en nuestros dispositivos multitud de emotivas referencias a la libertad mientras nos manteníamos confinados en nuestras casas experimentando la ambigüedad de conceptos. Vimos banderas expuestas en los frentes de las casas y otras colgadas de los balcones; era la postal de la nostalgia. No somos independientes ni vivimos en libertad porque el contexto real nos obliga a resguardarnos (aunque por las dudas nos impiden salir a través de leyes de emergencia sanitaria). Estamos prisioneros de nosotros mismos y no es una figura retórica.

Esta situación inédita que se presenta en todo el mundo, nos ayuda a percibir un escenario complejo y hemos tomado conciencia de que ese pasado de marchas colectivas, festejos multitudinarios, movilizaciones, misas, cumpleaños y hasta velorios, son cosas de un ayer irrecuperable. El presente nos deja como norma el distanciamiento social.

¿Hasta cuándo se prolongará esta situación?

A fines de marzo de este año, un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard, indicaron que es posible que las personas de todo el mundo necesiten practicar algún nivel de distanciamiento social de forma intermitente hasta 2022 para evitar que el Covid-19 surja en nuevas manifestaciones y haga colapsar los sistemas hospitalarios. Levantar todas las medidas de distanciamiento social podría retrasar el pico de la pandemia y hacerla potencialmente más severa, advirtieron los científicos en un artículo publicado en la revista Science.

En nuestro país, una compilación de ensayos que realizó Argentina Futura, organismo dependiente de Presidencia de la Nación, que tiene como título “El Futuro después del COVID-19”, los intelectuales más destacados reflexionaron sobre la pandemia. Algunos de ellos como  Juan Gabriel Tokatlian, bajo el título “Conjeturas para después de la pandemia” destacaron que una situación de emergencia sanitaria de esta magnitud ya había sido alertada en 2008 en el informe Global Trends 2025 de la Oficina del Director del Consejo de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, que advirtió sobre la potencial aparición de una pandemia global si no se adoptaban las medidas adecuadas para evitarla. También en 2012, el profesor emérito de la Universidad de Manitoba, Vaclac Smil, publicó Global Catastrophes and Trends, con base en evidencias de pandemias previas, señalaba la probabilidad de padecer una antes de 2021. Y, en septiembre de 2019, pocos meses antes del Covid-19, se publicó un informe elaborado por la Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación (grupo investigador conjunto de la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial) que presentó un diagnóstico inequívoco: “Nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. El mundo corre grave peligro de padecer epidemias o pandemias de alcance regional o mundial y de consecuencias devastadoras, no sólo en términos de pérdida de vidas humanas sino de desestabilización económica y caos social.”

¿Cómo alejarnos lo suficiente si vivimos concentrados?

En el material de Argentina Futura, son relevantes los datos que incluyen Maristella Svampa y Enrique Viale, “Hacia un Gran Pacto Ecosocial y Económico”, donde señalan que “en Argentina el 92% de la población vive en ciudades (el promedio mundial es de 54%) concentrada en un 30,34% de nuestro territorio. Sólo en el  Área Metropolitana de Buenos Aires, el 0,4% de la superficie total del país,  vive el 31,9% de la población total. Habitamos ciudades planificadas por y para la especulación inmobiliaria (cuya contracara es la emergencia habitacional y la insuficiencia de espacios verdes) y dominadas por la dictadura del automóvil (con transportes públicos saturados). Esta característica puso bajo la lupa a las vidas urbanas en cuarentena y  evidencia la necesidad de un cambio radical en la forma en que vivimos en las metrópolis”. 

Con estos datos de referencia, es indudable que se vuelve determinante replantearnos la forma en que vivimos, nuestra relación con el medioambiente,  el camino que tomaremos para sobrevivir en comunidad, las estrategias para resolver las urgencias de la urbanidad, el rediseño de los ambientes hogareños, el cuidado de los niños y la protección de los mayores.

Esta nueva etapa que tenemos por delante nos coloca en la misma disyuntiva que los especialistas en epidemias; no tenemos las respuestas, aunque sí coincidimos en los interrogantes. 

¿Son nuestras casas el ambiente que necesitamos para convivir? ¿Son nuestros espacios los ideales para la educación de nuestros hijos? ¿Vivimos en lugares donde podemos desarrollarnos y trabajar? ¿Los ambientes urbanos son la raíz de nuestros problemas sanitarios tal como lo fueron en la antigüedad? ¿Hoy nuestras casas son el símbolo de la pérdida de libertad o son un refugio de lo exterior? ¿Hemos perdido la intimidad en el lugar más íntimo que había? ¿Podremos acceder a la calidad de vida que necesitamos después de un largo encierro? ¿Cuántas preguntas más no tienen respuesta todavía?.

(*)Ambientarq es un grupo de reflexión de profesionales de distintas disciplinas que tratan de generar propuestas para la habitabilidad.

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¿Verdad o Consecuencia?

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Y  Alicia prosiguió…

—- ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

—– Eso depende en gran medida de adónde quieres ir— le respondió el Gato de Cheshire.

—- No me importa mucho adónde… dijo Alicia.

—- Entonces, tampoco importa mucho el camino que tomes— dijo el Gato.

Entre los infinitos aportes realizados por los pensadores en el campo de las ciencias, se encuentra la ley de causa y efecto, desarrollada por Inmmanuel Kant, un filósofo alemán del Siglo XVIII,  considerado como el mayor exponente de la edad moderna. En el esquema conceptual presentado sostiene que, ambos términos (causa y efecto) están presentes en la consciencia del sujeto, lo rigen siempre y de manera absoluta, porque la razón humana tiende a captar todo lo que sucede a su alrededor, como una relación de causa-efecto.

Entonces, y según este postulado, nada de lo percibido por el hombre sobre el mundo exterior, puede escapar a tal principio. Una de las principales diferencias entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, es que la primera no puede recrear hechos o sucesos sociales bajo un microscopio para estudiar cuáles fueron las condiciones iniciales que dieron origen a tal resultado.

En cuestiones de política internacional, la experiencia del pasado genera bases de actuación para el presente y sobre todo crea expectativas para el futuro, pero ¿qué sucede con esta pretensión cuando no se hallan registros compatibles?.

Lo cierto es que, ya no es posible medir y responder nuevos interrogantes con viejas categorías

La imperiosa necesidad del hombre por comprender la realidad actual, explicarla para re-ordenar y barajar de nuevo, es un punto central de debate en la comunidad científica. No caben dudas, que el fenómeno de la globalización como un dato estructural presente en el orden mundial, cruzó el límite de lo soportable.

Este macro proceso es entendido como el aumento de la integración mundial de economías, sociedades, y culturas, por medio del intercambio de productos a través del comercio, individuos mediante el transporte y la información gracias a las comunicaciones.

Este supremo poder globalizador expuso al sistema mundial a un desequilibrio nunca antes visto. Si antes operaba en una suerte de aldea global, ahora es inminente el replanteo ante la dinámica de ese nuevo des-orden, que se presenta como invasivo, imparable e imprevisto.

La transversalidad de hoy es el eje que define la realidad a lo largo del globo y lo cierto es que al margen de toda singularidad, surge una serie de debates teóricos que buscan entender las circunstancias actuales en el marco de un caos generalizado.

Las medidas políticas adoptadas por los diferentes estados con el objeto de resguardar a la población fueron diversas y en ciertos casos como el argentino, reflejaron el nivel de autonomía frente al contexto internacional, que lo ubicó como un estado verdaderamente soberano. Por primera vez, la decisión fue  no seguir recetas ajenas, Europa ya no es ejemplo de nada, y en el juego de poder desplegado por las  potencias centralizantes, la capacidad o “soft power” (poder blando) ya no resultó atractiva ni mucho menos impuesta.

No obstante, la ruptura del orden mundial dejó expuesta una serie de factores que se venían gestando en el seno de las sociedades, y que subyacían a las sombras de lo legalmente aceptado. El gigante que no para de re-inventarse y al que se le sólo se le adjudica la aceleración  traumática de tendencias ya existentes aunque sin  posibilidad de medir las implicancias  en un mediano y largo plazo.

En la mayoría de los casos la pandemia evidenció una crisis del sistema intra e inter continental en todos los órdenes, sumado a la ausencia de políticas regionalistas, pero en otros, significó la profundización en modelos de larga incubación como el autoritarismo legitimado.

Allí, los recursos poco democráticos aplicados para sostener el orden y aislar a las ciudades, variaron en función del estilo de gobierno. Los abusos en la utilización de los superpoderes y la fuerte tendencia hacia el hiperpresidencialismo habilitó una vez más a ciertos líderes, a actuar desde el sillón sin restricción alguna. Ejemplo de ello es el caso de Brasil y la postura de su mandatario al no aceptar “un superministro”de salud.

El efecto arrasador de la tragedia tan sólo demuestra que detenerse a acusar al poder político por los acontecimientos no sólo es irrisorio, sino que exhibe la magnitud del poder de una entidad viral, donde los gobiernos parecen ser  sólo meros ejecutores, lo que no deja de ser una maniobra de distracción del verdadero enemigo invisible: la estrategia.

Es innegable citar el rol central de los medios masivos de comunicación, que haciendo uso de la libertad de expresión colaboraron en muchos casos en alimentar el pánico social con evidente actitud destructiva y  otros, en atenuar los posibles efectos devastadores del virus.

Lo llamativo  es que, una sociedad  que se jacta de un evolucionismo rechazando todo tipo de presagio y misticismo, termina siendo víctima de la manipulación mediática como en aquel relato de Orson Welles en “La guerra de los mundos”, donde sembrar miedo colectivo llevó a ostentar la gran etiqueta de responsabilidad social que le concierne a los medios, como el cuarto poder.

La omnipresencia de las tecnologías sobre todo en las redes, sucumbió ante la hipertrofia participativa de un cuerpo social que se presenta cada vez más activo, crítico, y que cuestiona la veracidad de la información. Por otro lado , el desafío de los medios de comunicación  en recobrar el monopolio del uso de la palabra ante una audiencia hiper-conectada e independiente, ve una beta de luz en la desconfianza ante la sobre-información circulante en el ciberespacio.

En efecto, la sensación de deja vú que se percibe, al identificar las falsas noticias en un contexto de saturación informativa, remonta a la antigüedad, cuando ciertos grupos de poder difundían los pasquines con la intención de generar  confusión,  midiendo en última instancia la temperatura social.

La demonización de la virtualidad encontró su punto de fuga al ser funcional a la crisis, como la única forma de supervivencia del individuo. Lo que antes generaba una especie de autismo social, ahora impacta de lleno en la constitución de nuevas redes de interacción humana. 

La fuerte inclinación de los medios por centralizar la información, obnubila la capacidad de la ciudadanía de servirse de otros datos al alcance de las manos, como los provenientes de comunicados de divulgación científica, que tienen  por objeto la circulación pública de hallazgos y descubrimientos en temas de interés general. Sin dudas, las partes del  rompecabezas de este nuevo des-orden  que en la marcha se improvisan, sólo conocen entre otras cosas, dos tipos de piezas históricamente en pugna, lo cierto es que ninguno de esos modelos saldrá librado de alteraciones o modificaciones estructurales. Pero en palabras de Kafka, es menester “explorar cuántas posibilidades tiene el hombre de residir en lo extraño, de instalarse en una realidad que desconoce, y de la que no se sabe con certeza si sentir miedo o esperanza”.

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El mundo pospandemia (1): Interrogantes centrado en lo geopolítico

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La fuerte y persistente pandemia de corona virus, está claramente trastocando las actividades de todo tipo en todo el mundo.

En economía es un fenómeno que se define como un “cisne negro” (un hecho inesperado, de fuerte y muy negativa incidencia), y como coincidencia (o no) eclosionó poco después de otro “cisne negro” que fue el reciente desplome inédito de los precios del petróleo, el cual insólitamente llegó a valores negativos, ante el colapso de las infraestructuras de almacenamiento y la paralela baja abrupta del consumo.

Ante semejantes golpes, de magnitudes tan descomunales, la economía mundial está trastocada, y casi todos los países están sufriendo caídas significativas en sus PBIs, que rondan hasta ahora un promedio aproximado del 10 %. Y la duración total de la pandemia, aun no se avizora. Complicado panorama.

Muchos analistas coinciden en que casi con seguridad, el mundo no será el mismo, pero los interrogantes mayores se centran en intentar prever cual será el marco de situación y cuales los nuevos paradigmas imperantes, en lo cultural, lo económico, lo político y lo geopolítico, una vez que se empiece a consolidar la “nueva normalidad”.

En lo geopolítico, los reacomodamientos de las diversas economías nacionales pueden contribuir a acentuar algunos cambios que parecen vislumbrarse, algunos de ellos potencialmente muy críticos.

Basándonos en los siempre escasos datos concretos disponibles para los que no accedemos a archivos e informes reservados, cabe suponer que la postpandemia encontrará relativamente mejor estructurada a China, en relación a su ya abierta disputa con EEUU, al compararse con ese mismo escenario prepandemia. Eso no significa que pueda suponerse que EEUU perderá su liderazgo, al menos no en el corto plazo, y posiblemente tampoco en el mediano extendido a una década, o bastante más; en cambio sí que se vea erosionado, paulatinamente con altibajos.

Pero los millones de nuevos desocupados en EEUU con su secuelas de descontentos, los propios efectos pandémicos que atacan mucho más a esta potencia que a su rival actual, los rebrotes racistas, más las disputas por el poder que es concentrado pero no evidencia ser monolítico (como lo aparenta ser en China), y la aparente continuación apenas tal vez con retoques de morigeramiento, del enorme poder de la economía especulativa (el poder financiero o economía especulativa), accionando individual o muchos más si lo hacen conjuntamente, pueden llegar a ser problemas muy serios que socaven en parte las estructuras del poder de la mega potencia anglosajona.

En todos esos aspectos, China parece estar más consolidada, o
comparativamente menos amenazada por ese tipo de conflictos internos.
Mientras la Unión Europea iría a una acentuación del predominio germano – galo (en ese orden muy acentuado), la Europa Oriental se ve alejada del núcleo del poder del (que parece) algo resquebrajado bloque, posiblemente con un par de excepciones, una de ellas la aparentemente sólida Polonia, otra Chequia. En el lado occidental, Italia y España parecen marchar a un segundo plano algo más lejano del núcleo del poder unionista. Por su parte, los relativamente pequeños países nórdicos tal vez sean poco afectados, pero posiblemente seguirán alejados – por sus significaciones relativas- del núcleo duro del poder europeo. Y la vieja Europa, como un todo tal vez multiforme, presumiblemente seguirá su acercamiento a Rusia, pese a los denodados esfuerzos en contrario de EEUU. El poder del gas abundante, los claros gestos de buena vecindad y la cercanía geográfica probablemente serán factores de peso en ese acercamiento, sutilmente impulsado por el consumado estratega Putin.

Gran Bretaña, con su aun no totalmente consumado Brexit, parecería recostarse o utilizar el poder real de sus “primos” del otro lado del “charco”; siempre con sus soberbias improntas imperiales con las que muestra músculos y desprecio a sus usurpados, en Chagos, Gibraltar y Malvinas, además de otros enclaves insulares y semi coloniales como Guyana y Belice.

En Asia, el ente de poder real que es India, habrá que ver si juega en forma decidida hacia el núcleo de los BRICS (limando asperezas con su vecina y ¿socia geopolítica? China), o si al influjo sutil de Gran Bretaña vaya al peligroso juego de roces con su poderoso y también superpoblado vecino del norte, ello sin olvidar el constante factor de tensión con Pakistán.

El polvorín aparentemente sempiterno de Medio Oriente, tal vez se apacigüe algo con la pacificación de Siria, el relativo debilitamiento   de Arabia Saudita -algo o muy afectada por los vaivenes del petróleo-, los giros estratégicos que parece dar Turquía (innegable polo de poder regional), y la hasta ahora monolítica conformación de poder interno de Irán y su influencias regionales, que trascienden hasta Venezuela.

El sur y el sudeste asiático parecen seguir en paz y desarrollo, con la excepción del caldero bullente que en estado latente parece ser el conjunto de las dos Coreas.

El área turcomana de Asia (exceptuando la propia Turquía) parece debatirse entre sus potencialidades y limitaciones; considerando además que los muy cercanos al gigante ruso parecen hoy convivir en paz con su poderoso vecino.

Las agresiones armadas de grupos de turcomanos que bajo pretextos de “guerra santa” musulmana o similares motivaciones, intentaron hacer terrorismo en Rusia, como acciones de desestabilización política interna, fueron severamente combatidas, y no habrían resurgido. Como el riesgo similar estaba latente en las regiones de China con mayorías turcomanas, está siendo diluido con masivas radicaciones de población de etnias chinas, para transformar en minoritarios a los pobladores de etnias e idiomas turcomanos.


En África, China parece haber ganado la partida de las influencias, respecto al bloque atlantista, en base a importantes donaciones de obras comunitarias y equipamientos a entes estatales de los Estados africanos, y con políticas más persuasivas e inteligentes, con condiciones que parecen mucho más favorables a las naciones del África Subsahariana que las ofrecidas por el bloque atlantista, contra el cual además juegan la historia y los resabios colonialistas y depredadores. Claro que la influencia neocolonialista de Francia en sus excolonias de África Central no parecería que vayan a cesar, en buena parte por ser esos nuevos países casos prototípicos de Estados fallidos; dicho eso con todo respeto por esas sufridas naciones y su empobrecidos pueblos.

En el arco arábigo africano del norte continental, queda el extremo desorden en que fue transformada Libia, “gracias” a los bombazos e influencias de la OTAN; lo que es un potencialmente serio factor de caos, dentro de un bloque no muy homogéneo en el que descuella Egipto, factor de poder regional, aun pese a sus serios problemas no resueltos, uno de ellos su nunca concretada industrialización, truncada muchas décadas atrás por la nociva influencia británica, en un proceso muy similar al perpetrado al respecto por el mismo agresor contra Argentina.

Íbero América y El Caribe están bajo las amenazas, presiones y en algunos casos, desembozados actos latentes de agresiones, por parte del “gran país del norte”, que muestra estar decidido a reflotar completamente la doctrina Monroe del “patio trasero”, con el Caribe y aledaños como una suerte de “mare nostrum” del imperio. Con los golpes de Estado o cambios de gobiernos “inducidos”, de diversas facturas, perpetrados contra Honduras, Paraguay, Ecuador, Uruguay, Brasil, y Bolivia; y con las amenazas explícitas contra Venezuela, Cuba y Nicaragua; más las acciones de presiones brutales de sectores reaccionarios internos contra Argentina, queda en claro que quieren volver a tener un continente sumiso, genuflexo antes sus poderes y directivas. Y no confundirse, tildan de “comunistas”  a los gobiernos que no les son dóciles; lo real es que quieren gobernantes títeres, sin importar sus cataduras morales.

Recordemos lo que Franklin Delano Roosevelt dijo respecto al dictador nicaragüense Anastasio Somoza: “sabemos que es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Igual ahora, no les hace asco a los personeros del “Estado profundo” de los Atlantistas, apoyar a mafiosos o personajes de antecedentes impresentables, como Cartes y Macri, mientras sean subordinados a sus directivas.

Todo parece indicar, que ante los severísimos ahogos económicos que la pandemia y el neoliberalismo nos impuso como tenazas a nuestras naciones, la postpandemia nos encontrará muy condicionados y expuestos a las peores escenarios y agresiones, que muy posiblemente incluyan operaciones de balcanizaciones para involucionarnos a pequeñas republiquetas, lo cual desde hace décadas vienen operando para perpetrar en Argentina, y en otras naciones.

El riesgo mayor se cierne sobre nosotros y otras naciones de la región, en ese aspecto, con múltiples indicios que pocos parecen advertir.
Las amenazas internas no solo provienen de los sectores oligárquicos – fuertemente racistas, clasistas, apátridas revestidas de patrioterismo hueco, y muy colonizadas mentales-, y de sus brazos armados de sectores de las FFAA y FFSS muy confusas en lo ideológico y muy cargadas de negativos prejuicios que las hacen apéndices dóciles de poderes antinacionales; sino también de partes de las clases medias que medran en superficialidades huecas.

Todo eso agravado por los accionares muy corrosivos de diversas
“progresías”, con libretos dictados desde Gran Bretaña y otros centros del poder financiero especulativo mundial, que se dejan llevar por consignas corrosivas – como los ultras del ecologismo, indigenismo, feminismo, y similares-, además de ciertos marxistas residuales, anarquistas y libertarios (neoliberales recargados) que no solo dividen a la sociedad civil, sino que distraen y tapan los enormes problemas del subdesarrollo y la dependencia extrema y creciente; atacando incluso las bases culturales y sociales básicas –incluso despreciando el sano patriotismo-, que son los nexos que mantienen unidas a nuestras poblaciones.

Sintetizando lo referente a la nueva realidad mundial post pandemia, es muy posible que los factores de poder del “Estado profundo” mundial, vean acrecentado su poderío, dadas las debilidades crecientes de la mayoría de los Estados nacionales y el desconcierto y previsible desánimo de buena parte de las poblaciones respectivas, en un marco como el que analizó Naomí Klein en su emblemático libro “La Doctrina del Shock”.

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