El ambicioso plan para que en el Iberá vuelva a reinar el yaguareté

Talia supo desde pequeña qué quería ser cuando grande. La cautivaron largas horas de documentales sobre naturaleza que su padre, periodista, compartía con ella. 

En 2009 ingresó como voluntaria en el proyecto de reintroducción de especies en los Esteros del Iberá. Por esos años, la idea de Douglas Tompinks era todavía una utopía lejana que recién ahora, en 2021, se transformó en realidad con la primera vuelta a la libertad de tres yaguaretés, dos de ellos nacidos en Corrientes de donde se extinguieron hace siete décadas.

Su trabajo como voluntaria le permitió conocer a fondo la fascinante apuesta a la recreación de la naturaleza. Con lo aprehendido terminó su carrera como bióloga y agregó especializaciones. Hoy es la responsable de coordinar el equipo que lleva a cabo esos proyectos de reintroducción de especies en Iberá y de participar en la planificación de los mismos y parte del equipo que concretó el anhelado regreso del yaguareté a la libertad. 

“Siempre quise dedicarme a salvar a la naturaleza, de chica. Siempre supe que más que la investigación, me gustaba lo práctico, tomar cartas en el asunto. Y trabajar acá, aportar un granito para revertir la crisis de extinción de especies que se está dando a nivel mundial es maravilloso. Estoy orgullosa de que sea en la Argentina, es la primera iniciativa mundial de reintroducción del yaguareté en un sitio donde estaba completamente extinto”

Pero Talía Zamboni, nacida en Posadas hace 33 años, pero cordobesa de la vida, ya piensa en lo que viene: la suelta de más ejemplares durante 2021 y conseguir más felinos para completar, en el mediano plazo una población estable de alrededor de cien yaguaretés, similar a la que hoy, se estima, hay en Misiones. 

En 2015 empezó a trabajar formalmente en Conservation Land Trust en los proyectos de rewilding, una iniciativa con muchas réplicas en el mundo y la única que logró reintroducir el yaguareté en un sitio donde se encontraba completamente ausente.

“Ahora soy coordinadora del equipo que lleva adelante la reintroducción de todas las especies. Hay muchas y en distintos núcleos”, explica Talía en una entrevista con Economis

“En cada portal -así se denominan los accesos a los esteros que están vinculados a los pueblos rurales y sirven como puntos turísticos- hay distintos proyectos y equipos de campo. En total somos más de 40 los que trabajamos en la reintroducción y en cada lugar hay un coordinador de sitio”. 

“Seguimos adelante con abrir núcleos poblacionales, por ejemplo, para el oso hormiguero. Se abren nuevos núcleos poblacionales, en Rincón del Socorro ya hay uno formado, con una población autosustentable que estamos monitoreando. En otros lugares se requieren más ejemplares. Tenemos varios proyectos abiertos: El oso hormiguero, el venado de las pampas, guacamayos rojos, el pecarí de collar, la nutria gigante, el muitú”, enumera.

¿Cómo fue el proceso de liberar a los yaguaretés?

Sabíamos que la idea de liberar a los yaguaretés iba a ser un proceso largo y hasta que no se dieran las condiciones no se iba a hacer. Ahora que logramos reintroducir varias especies, completando el ecosistema, fuimos poniendo las piezas que faltaban. Una de las piezas clave era el yaguareté. Es al que llamamos predador tope, una especie que está por encima de todas las demás en la cadena alimenticia. Es una especie clave para el ambiente. Su ausencia genera desbalance y era necesario para equilibrar este ecosistema”.

¿Cómo será el proceso para que no haya endogamia genética?

Los primeros tres que fueron liberados provienen de dos orígenes. Se deben generar condiciones para que los ejemplares puedan ser liberados y hay dos tipos ejemplares que pueden serlo. Los reproductores nacidos o criados en cautiverio, no se pueden liberar. Pero sí las crías, que nazcan y crezcan con mínimo contacto humano. Si no, ejemplares que vienen de la silvestría o rescatados, que son mantenidos con mínimo contacto con el hombre. Es el caso de la hembra Mariua, que vino de Brasil con su hermana Juruna, ambas silvestres, que fueron rescatadas en la naturaleza tras la muerte de su madre. Mariua caza presas vivas. Esta hembra estuvo con otro macho que también vino de Brasil, que fue rescatado, se cruzó y dio a luz a dos cachorros. Nacieron en un corral de 30 hectáreas donde se evaluó que estaban en condiciones para ser liberados acompañados por su madre.

Todos los ejemplares liberados tienen collar, salvo los cachorros.  El collar posee un dispositivo que permite  todos los días a las cinco de la mañana la ubicación exacta del animal durante las últimas 24 horas. 

¿Y se movieron mucho los primeros liberados?

Hasta ahora la mamá se movió muy poco del recinto donde fue liberada entre 700 a 900 metros. Es una zona de bañados con muchos carpinchos, así que tiene alimentos a disposición. Los cachorros no cazan solos y dependen de la madre. Recién a los dos años se independizan. 

Talia revela que en el corto plazo se liberarán más ejemplares para iniciar una población que pueda comenzar a dominar el terreno. 

Serán los hijos de Juruna (hermana de Mariua), que también tuvo dos cachorros. Además hay dos hembras mayores hijas de Tania, la primera yaguareté en llegar al Iberá y Chiqui, el macho paraguayo cedido por la Entidad Binacional Yacyretá. 

Estimamos que serán liberados este año generando una población inicial. Genéticamente vienen bien, porque sus orígenes son de Brasil, Paraguay y Argentina, mezclados”, explica la bióloga. 

¿Fecha para las liberaciones?

El plan es que sea todo este año y seguir trayendo más reproductores que puedan generar crías liberables, y ejemplares provenientes de vida silvestre que hayan sido rescatados por algún motivo. 

¿Cuántos ejemplares pueden convivir en el Iberá?

Según un estudio realizado por investigadores del Conicet sobre el ambiente y el número de presas disponibles, sin conflicto pueden convivir alrededor de unos cien ejemplares. Si liberamos doce, quince ejemplares, se puede empezar a generar esa población. 

¿En cuanto tiempo podría haber un centenar de yaguaretés? 

Depende de la población inicial. Pero es largo plazo. 

¿Y cómo se tomó la novedad la población local? 

Antes de iniciar el proyecto hicimos estudios sociales para evaluar el regreso del yaguareté y qué pensaban los vecinos de la zona. Sorpresivamente hubo una buena recepción, muy positiva sobre el regreso del yaguareté. Es una imagen simbólica muy fuerte. El baqueano ve al Iberá como algo propio. Y el turismo de naturaleza es un motor económico. El yaguareté va a proveer un atractivo importante. En el paraje, el que vive más en la zona rural, estamos trabajando con una persona exclusivamente dedicada a explicar, asistir, escuchar. Instalamos paneles solares y un handy para que cada uno de ellos tenga y se pueda comunicar con nosotros. Los llevamos al centro de reintroducción y muchos de ellos vieron por primera vez a un yaguareté. Es uno de los felinos más tímidos, por lo que tampoco representa un peligro directo.  En el Parque Nacional Iguazú, por ejemplo, hay entre 80 y cien ejemplares y todos los días recibe visitantes y no se reportan incidentes. 

En Brasil, el Mato Groso es famoso por el avistaje de fauna, con el yaguareté como principal atractivo… ¿Pensás ese futuro para el Iberá?

El Pantanal es el modelo a seguir. Que la especie viva en condiciones óptimas y que genere un atractivo que mueva a gente de todo el mundo. Tiene que haber una habituación a la presencia humana y que el animal haga su vida con la presencia humana. El turismo de naturaleza es un motor económico. El otro día recorría el Iberá y comentábamos que todos imaginamos ver al yaguareté comiendo en la costa. Hoy todavía no se puede verlo, porque San Alonso no está abierto al turismo e incluso los chicos que van a  chequear los movimientos del animal no lo ven muy seguido. Saben que están ahí por el collar de monitoreo, pero a veces no los ven.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password