Semáforo Coninagro: la yerba mate no sale del rojo y el NEA enfrenta un mapa productivo fragmentado

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Desde que el Gobierno nacional desreguló el mercado de la yerba mate y eliminó la fijación obligatoria de precios, la actividad no logró recuperar estabilidad ni rentabilidad. Lejos de mejorar las condiciones para el productor, la liberalización acentuó la vulnerabilidad de la cadena y consolidó un diagnóstico que se repite mes tras mes: la yerba sigue firmemente en rojo. El último semáforo del Coninagro, que evalúa a cada sector según su desempeño en negocio, producción y mercado, vuelve a ubicar a la actividad entre las más comprometidas del país. Los precios al productor muestran una suba interanual del 33%, apenas por encima de la inflación, pero tomando como base un piso extraordinariamente bajo de octubre de 2024, cuando la tonelada se pagaba alrededor de $210.000. Desde febrero, el valor se estabilizó entre $280.000 y $300.000, un alivio nominal que no compensa el aumento de los costos, la pérdida de poder de compra y la ausencia de referencia pública que antes ordenaba la negociación entre secaderos e industriales.

La presión también se siente en el frente productivo. El área implantada creció 10% a lo largo del año -un efecto típico de la desregulación, que empuja a ampliar superficie ante la falta de señales claras- pero la producción cayó 12%, pasando de un millón de toneladas a 882 mil. La combinación de expansión sobre suelos marginales, menor inversión y falta de previsibilidad contribuyó a este retroceso. 

El mercado interno, por su parte, permanece estancado en torno a los 6 kilos por habitante al año, sin capacidad de absorber fluctuaciones productivas. 

Las exportaciones tuvieron un buen desempeño -USD 126 millones, un salto del 58%- pero siguen siendo insuficientes para compensar la estabilidad del negocio doméstico y la caída de la rentabilidad productiva. 

En paralelo, el tablero completo de las economías regionales muestra un mapa fragmentado. Junto con la yerba, permanecen en rojo sectores como arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón. El patrón es común: precios que quedaron por debajo de la inflación y costos que no dejan de subir, lo que erosiona la rentabilidad y prolonga los tiempos de recuperación. 

La desregulación, en la mayoría de estos casos, dejó a los productores más expuestos, sin un marco que amortigüe los ciclos y sin herramientas para sostener el ingreso real.

En la zona amarilla del semáforo aparecen actividades clave para el NEA como el sector forestal, el tabaco y la mandioca, tres complejos que muestran señales mixtas. 

El forestal evidencia un notable dinamismo exportador -USD 153 millones en los últimos doce meses, un aumento del 148%- pero sus precios internos crecieron apenas 13%, muy por debajo de la inflación. El mercado externo empuja, pero la rentabilidad doméstica sigue golpeada por el costo energético, la caída de la construcción y la falta de crédito. 

El tabaco enfrenta un dilema similar: mientras los precios al productor sólo subieron 26%, muy por detrás de los costos, las exportaciones treparon a USD 607 millones, un crecimiento del 289% interanual que convierte al complejo en uno de los más dinámicos del país. 

La mandioca, en tanto, logró una mejora real del 33% en el precio interanual, pero sin demanda externa y con importaciones en alza -USD 3,3 millones, +79%- el sector no logra consolidar una recuperación.

En contraste, bovinos, porcinos, aves, ovinos, granos y la actividad apícola se ubican en verde gracias a que sus precios evolucionaron por encima de la inflación y encontraron un mercado -interno o externo- que acompaña. 

La apicultura, por ejemplo, es uno de los casos más llamativos: 33% de aumento interanual en precios, exportaciones por USD 233 millones (+32%) y un crecimiento sostenido del stock de colmenas.

El análisis del comercio exterior entre enero y octubre de 2025 aporta una capa más a la discusión. Las economías regionales sumaron exportaciones por USD 48.420 millones, un 61% por encima del promedio histórico, pero con una concentración extrema: 78% corresponde al complejo granario y apenas 13,5% al resto de las producciones del interior. Entre esas actividades, el tabaco, el arroz y el sector forestal fueron los que más crecieron en términos relativos, mientras que el complejo avícola mostró la única caída significativa frente al promedio de los últimos años.

En este contexto, la yerba mate es el caso más emblemático de una desregulación que no logró ordenamiento ni competitividad. Los productores siguen enfrentando precios que no cubren costos, una producción que retrocede y un mercado interno sin expansión. La luz roja se mantiene encendida desde el mismo momento en que se desmanteló el esquema regulatorio y, con ella, el desafío político y económico de fondo: sin coordinación, sin previsibilidad y sin instrumentos que equilibren la cadena, la actividad que da identidad productiva al NEA continúa atrapada en una crisis que la liberalización no resolvió, sino que profundizó.

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