crisis

Banco Centrales: menos es más

Compartí esta noticia !

Escribe Raghuram Rajan – Los bancos centrales más enfocados en su mandato y menos intervencionistas obtendrían mejores resultados

En los países industrializados, la valoración de los bancos centrales entre el público ha caído enormemente. No hace mucho eran héroes, cuando apoyaban el anémico crecimiento con políticas monetarias no convencionales, fomentaban la contratación de minorías al permitir un cierto calentamiento del mercado laboral e incluso intentaban frenar el cambio climático, al tiempo que reprendían por no hacer más a los órganos legislativos paralizados. Ahora se les acusa de hacer mal su tarea más básica: mantener la inflación baja y estable. Los políticos, que huelen la sangre y desconfían de un poder no electo, quieren volver a revisar los mandatos de los bancos centrales.

¿Los bancos centrales se equivocaron en todo? Si es así, ¿qué deberían hacer?

Argumentos a favor de los bancos centrales

Empezaré con las razones por las que hay que dar un respiro a los bancos centrales. A posteriori, por supuesto, todo se ve claro. La pandemia fue inaudita, y sus consecuencias para la economía globalizada fueron muy difíciles de predecir. La respuesta fiscal, quizá mucho más generosa debido a que la polarización de los órganos legislativos no permitió llegar a un acuerdo sobre a quién excluir, no fue fácil de pronosticar. Pocos eran los que pensaban que Vladimir Putin iría a una guerra en febrero de 2022, lo que provocó nuevas interrupciones en las cadenas de suministro y el aumento vertiginoso de los precios de los alimentos y la energía.

No cabe duda de que los bancos centrales no reaccionaron con la rapidez necesaria a los crecientes signos de inflación. En parte, creían que todavía estaban en el régimen posterior a la crisis financiera de 2008, cuando cualquier aumento de precios, incluso del petróleo, apenas incidía en el nivel general de precios. En un intento de aumentar el nivel de inflación demasiado bajo, la Reserva Federal incluso modificó su marco durante la pandemia, con el anuncio de que sería menos reactiva a la inflación anticipada y mantendría políticas más acomodaticias durante más tiempo. Este marco fue adecuado para una época de demanda e inflación estructuralmente bajas; sin embargo, fue el peor al que aferrarse justo cuando la inflación estaba a punto de despegar y cada incremento de precios avivaba uno nuevo. Pero ¿quién sabía que los tiempos estaban cambiando?

Aun con una capacidad de previsión perfecta, los bancos centrales —que en realidad no están mejor informados que los actores competentes del mercado— podrían naturalmente haberse quedado por detrás de la curva de inflación. Para enfriar la inflación, los bancos centrales desaceleran el crecimiento económico. Sus políticas deben percibirse como razonables, si no, pierden su independencia. En un contexto en que los gobiernos habían dedicado billones a respaldar sus economías, el empleo se acababa de recuperar desde niveles muy bajos y la inflación apenas se había notado en más de una década, solo un banco central imprudente habría elevado las tasas e interrumpido el crecimiento cuando el público aún no veía la inflación como un peligro. En otras palabras, los aumentos preventivos de las tasas que habrían desacelerado el crecimiento, no habrían contado con legitimidad pública, sobre todo si hubieran conseguido que la inflación no aumentara, y aún más, si hubieran deflactado los altos precios de los activos financieros que daban al público cierta sensación de bienestar. Para poder adoptar medidas decididas contra la inflación, los bancos centrales necesitaban que el público viera que estaba aumentando.

En resumen, los bancos centrales tenían las manos atadas por distintos motivos: por la historia reciente y sus creencias, por los marcos que habían adoptado para combatir la baja inflación y por la política de ese momento; además, cada uno de estos factores incidía en los demás.

Argumentos en contra

Aun así, dejar el análisis a posteriori en este punto es, probablemente, demasiado generoso con los bancos centrales. Después de todo, sus acciones pasadas redujeron su margen de maniobra, y no solo por las razones que acabamos de explicar. Pensemos en la aparición de la dominancia fiscal (por la que el banco central actúa para acomodar el gasto fiscal público) y la dominancia financiera (por la que el banco central acepta los imperativos del mercado). Claramente, ambos se relacionan con las acciones de los bancos centrales en los últimos años.

Los largos períodos de bajas tasas de interés y elevado nivel de liquidez dan pie a un incremento de los precios de los activos y del apalancamiento asociado. Y tanto el gobierno como el sector privado impulsaron el apalancamiento. Desde luego, la pandemia y la guerra de Putin aumentaron el gasto público, pero también lo hicieron las tasas de interés ultrabajas a largo plazo y un mercado de bonos anestesiado por las medidas de los bancos centrales, como la expansión cuantitativa. Lo cierto es que había argumentos para financiar el gasto público focalizado con emisión de deuda a largo plazo. Sin embargo, los economistas prudentes que argumentaban a favor del gasto no insistieron lo suficiente en las salvedades de sus recomendaciones, y la grieta política se encargó de que el único gasto que pudo legislarse llegara a todos. Los políticos, como siempre, se valieron de teorías poco sólidas, pero convenientes (pensemos en la teoría monetaria moderna), que les daban licencia para gastar con desenfreno.

Los bancos centrales agravaron el problema al comprar deuda pública financiada con reservas a un día, lo que redujo los vencimientos del financiamiento de los balances consolidados del gobierno y del banco central. Esto significa que, a medida que aumentan las tasas de interés, las finanzas públicas —en especial, en países con crecimiento lento y un nivel de deuda importante— tendrán cada vez más problemas. Las consideraciones fiscales ya influyen en las políticas de algunos bancos centrales; por ejemplo, al Banco Central Europeo le preocupa el efecto de sus medidas de política monetaria en la “fragmentación”, es decir, que la rentabilidad financiera de la deuda de los países más débiles en términos fiscales se esfume frente a los rendimientos de los países más fuertes. Aun cuando los bancos centrales no hubieran anticipado los shocks, quizás deberían, al menos, haber detectado el cambio en el clima político que facilitó el gasto desenfrenado en respuesta a los shocks. Es posible que entonces hubieran actuado con más cautela a la hora de reprimir las tasas a largo plazo y defender las bajas tasas de política monetaria durante largos períodos.

El sector privado también recurrió al apalancamiento, tanto a nivel de los hogares (pensemos en Australia, Canadá y Suecia) como a nivel de las empresas. Pero existe otra preocupación nueva y en gran parte ignorada: la dependencia de la liquidez. Mientras que la Fed inyectaba reservas durante la expansión cuantitativa, los bancos comerciales financiaban en gran medida las reservas con depósitos a la vista procedentes del mercado interbancario, lo que efectivamente redujo el vencimiento de sus pasivos. Además, con el fin de generar retribuciones para el gran volumen de reservas de baja rentabilidad en sus balances, hicieron todo tipo de promesas de liquidez al sector privado (líneas de crédito comprometidas, margen de garantía para posiciones especulativas, etc.).

El problema es que cuando el banco central reduce su balance, es difícil para los bancos comerciales desplegar estas promesas con rapidez. El sector privado depende mucho más del banco central para contar con liquidez continua. Lo pudimos ver por primera vez en el Reino Unido, en octubre de 2022, con la tormenta política sobre las pensiones, que se calmó cuando el banco central intervino y el gobierno dio marcha atrás en sus extravagantes planes de gasto. No obstante, el episodio sugirió que un sector privado dependiente de la liquidez podría incidir en los planes del banco central de reducir su balance para contraer la política monetaria acomodaticia.

Y, por último, los altos precios de los activos invocan el fantasma de la acción asimétrica del banco central, en la que este aplica con rapidez una política acomodaticia en cuanto la actividad se ralentiza o los precios de los activos caen, pero es más reticente a aumentar las tasas cuando los precios de los activos aumentan, arrastrando con ellos la actividad. En efecto, en un discurso en la conferencia Jackson Hole de 2022 del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Alan Greenspan dijo que, si bien la Fed no podía detectar o evitar los auges de precios de los activos, “sí podría mitigar sus secuelas cuando se produjeran y, con suerte, facilitar la transición hacia la próxima expansión”, convirtiendo a la asimetría en un canon de la política de la Reserva Federal.

Los altos precios de los activos, el elevado nivel de apalancamiento privado y la dependencia de la liquidez sugieren que el banco central estaría encarando la dominancia financiera (es decir, que la política monetaria responde a la evolución financiera del sector privado, y no a la inflación). Con independencia de si la Reserva Federal quiere ser dominada, el hecho de que el sector privado esté pronosticando que se verá obligada a recortar las tasas de política monetaria con rapidez ha dificultado su labor de retirar la política monetaria acomodaticia. Durante más tiempo, tendrá que ser más dura de lo deseado si el sector privado no tuviera estas expectativas. Esto significa que las consecuencias para la actividad mundial serán peores. Y también que, cuando los precios de los activos alcancen su nuevo equilibrio, los hogares, los fondos de pensiones y las compañías de seguros habrán sufrido pérdidas importantes, y estos no suelen ser los que se beneficiaron del aumento. Los fondos de pensiones públicos, la gente poco entendida y las personas relativamente pobres se quedan a la cola del auge de precios de los activos, con consecuencias distributivas problemáticas de las que el banco central es en parte responsable.

Un ámbito en el que la política de los bancos centrales de los países con moneda de reserva tiene consecuencias, si bien asumen poca responsabilidad, son los efectos de derrame externos de sus políticas. Es evidente que las políticas de los principales países con moneda de reserva afectan a la periferia a través de los flujos de capital y las variaciones de los tipos de cambio. El banco central de la periferia debe reaccionar sin importar si sus medidas de política son adecuadas para las condiciones internas; caso contrario, el país de la periferia sufre consecuencias a largo plazo, como auges del precio de los activos, endeudamiento excesivo y, al final, situaciones críticas causadas por el sobreendeudamiento. Volveré sobre esta cuestión en la conclusión.

Así pues, en resumen, aunque los bancos centrales pueden afirmar que se vieron sorprendidos por los recientes acontecimientos, también limitaron su propio margen de maniobra para la aplicación de políticas. Con sus políticas asimétricas y no convencionales, destinadas ostensiblemente a evitar que la tasa de política monetaria se acercara a su límite inferior, han generado varios desequilibrios que dificultan no solo la lucha contra la inflación, sino también el abandono de la combinación predominante de medidas de política, aun cuando el régimen de inflación haya pasado a ser un régimen de inflación sustancialmente más elevada. Los bancos centrales no son los espectadores inocentes por los que a veces se hacen pasar.

Expansión de su misión

Entonces, ¿qué sucede ahora? Los bancos centrales conocen bien la batalla contra la inflación alta y disponen de las herramientas para combatirla. Deberían tener libertad para hacer su trabajo.

No obstante, cuando los bancos centrales consigan disminuir la inflación, probablemente volvamos a un mundo con crecimiento bajo. Es difícil dilucidar qué podría contrarrestar los factores adversos del envejecimiento de la población, la desaceleración de China y un mundo lleno de desconfianza que se está militarizando y desglobalizando. Ese mundo de crecimiento bajo y, posiblemente, inflación baja, es un mundo que los bancos centrales no llegan a entender del todo. Las herramientas que los bancos centrales utilizaron tras la crisis financiera, como la expansión cuantitativa, no fueron especialmente eficaces para fortalecer el crecimiento. Además, las medidas agresivas de los bancos centrales podrían precipitar una mayor dominancia fiscal y financiera.

Así pues, cuando todo vuelva a la normalidad, ¿cuáles deberían ser las atribuciones de los bancos centrales? Naturalmente, los bancos centrales no son instituciones responsables de luchar contra el cambio climático o fomentar la inclusión. No suelen tener estos mandatos. En lugar de atribuirse competencias en ámbitos políticamente espinosos, es mejor que reciban su mandato de los representantes electos del pueblo. Pero ¿es sensato darles atribuciones en estos ámbitos? En primer lugar, la eficacia de las herramientas de los bancos centrales es limitada en ámbitos como la lucha contra el cambio climático o la desigualdad. En segundo lugar, el tener nuevas responsabilidades, ¿podría influir en la eficacia de sus mandatos principales? Por ejemplo, ¿podría el nuevo marco de la Reserva Federal, que le exige prestar atención a la inclusión, haber frenado los incrementos de las tasas de interés, ya que las minorías desfavorecidas suelen ser, desafortunadamente, los últimos en ser contratados en épocas de expansión? Por último, ¿podrían estos nuevos mandatos exponer al banco central a nuevas presiones políticas y dar lugar a nuevas formas de aventurerismo de los bancos centrales? Todo esto no es para decir que los bancos centrales no deban preocuparse por las consecuencias del cambio climático o por la desigualdad en sus mandatos explícitos. Podrían incluso seguir las instrucciones expresas de los representantes electos en algunas cuestiones (por ejemplo, comprar bonos verdes en lugar de bonos marrones al intervenir en los mercados), aunque esto plantea el riesgo de microgestión externa. Sin embargo, la tarea de luchar directamente contra el cambio climático o la desigualdad está mejor en manos del gobierno que del banco central.

Debemos entonces preguntarnos por su mandato y marcos de estabilidad de precios. El análisis anterior sugiere que los bancos centrales afrontan una contradicción fundamental. Hasta el momento, existía la impresión de que necesitaban un marco; por ejemplo, de adopción de metas de inflación, que les comprometiera a mantener la inflación dentro de una banda o alrededor de una meta. Sin embargo, como señala Agustín Carstens, Gerente General del Banco de Pagos Internacionales (BPI), un régimen de inflación baja puede ser muy diferente de un régimen de inflación alta. Según el régimen en el que se encuentren, podría ser necesario cambiar sus marcos. En un régimen de inflación baja, en el que la inflación se mantiene en niveles bajos, sin importar los shocks de precios, quizás tendrían que comprometerse a ser más tolerantes con la inflación en el futuro, a fin de aumentar la inflación en el presente. En otras palabras, como decía Paul Krugman, tienen que comprometerse a ser racionalmente irresponsables. Esto se traduce en la adopción de políticas y marcos que efectivamente les atan las manos, y en el compromiso de mantener una política acomodaticia durante un largo período. Sin embargo, como se señaló anteriormente, esto podría precipitar un cambio de régimen, por ejemplo, al relajar las limitaciones fiscales aparentes.

En cambio, en un régimen de inflación alta, en el que cada shock de precios provoca uno nuevo, los bancos centrales deben comprometerse firmemente a erradicar la inflación tan pronto como sea posible, en línea con el mantra que dice que “cuando miras la inflación a los ojos, ya es demasiado tarde”. Por lo tanto, el marco que induce el compromiso con la tolerancia de la inflación, necesario en el régimen de inflación baja, es incompatible con el que se necesita en el régimen de inflación alta. La cuestión es que los bancos centrales no pueden simplemente cambiar según el régimen, porque su compromiso se debilita. Tendrían que elegir un marco para todos los regímenes.

La elección del marco

De ser así, la balanza de riesgos sugiere que los bancos centrales deberían volver a centrarse en su mandato de lucha contra la inflación alta, para lo que deben usar herramientas estándar, como la política de tasas de interés. ¿Qué pasa si la inflación es demasiado baja? Quizás, como en el caso de la COVID-19, debamos aprender a vivir con ella y evitar herramientas como la expansión cuantitativa, cuyos efectos positivos sobre la actividad real son cuestionables; distorsionan el crédito, los precios de los activos y la liquidez, y son difíciles de abandonar. Podría decirse que, mientras la inflación baja no entre en una espiral deflacionaria, los bancos centrales no tendrían que inquietarse demasiado por ello. No son las décadas de inflación baja las que desaceleraron el crecimiento y la productividad laboral de Japón. El envejecimiento y la reducción de la fuerza laboral tienen más parte de culpa.

No es bueno complicar los mandatos de los bancos centrales, si bien un mandato más sólido posiblemente ayude a mantener la estabilidad financiera. Por un lado, las crisis financieras suelen venir acompañadas de una inflación excesivamente baja, difícil de combatir para los bancos centrales. En segundo lugar, su forma de abordar un período prolongado de inflación demasiado baja, como hemos visto, alimenta el aumento de los precios de los activos y, como consecuencia, el apalancamiento y el posible aumento de la inestabilidad financiera. Desafortunadamente, aunque los teóricos de la política monetaria afirman que es mejor ocuparse de la estabilidad financiera mediante la supervisión macroprudencial, esto hasta el momento no ha demostrado ser eficaz, como demuestran los auges de precios de la vivienda en importantes economías. Además, las políticas macroprudenciales podrían tener un impacto limitado en ámbitos del sistema financiero que son nuevos o están alejados de los bancos; prueba de esto son las burbujas y el estallido de las criptomonedas y las acciones meme. Si bien es necesario que la regulación macroprudencial tenga una mejor cobertura del sistema financiero, en especial del sistema financiero paralelo no bancario, también debemos recordar que la política monetaria, en palabras de Jeremy Stein, “llega a todos los rincones”. Tal vez entonces, este poder debería venir acompañado de algo de responsabilidad.

¿Y qué sucede con la responsabilidad por las consecuencias externas de sus políticas? Cabe destacar que los bancos centrales que están más centrados en la estabilidad financiera interna estarían más dispuestos a adoptar políticas monetarias con menores efectos de derrame. En cualquier caso, los bancos centrales y el mundo académico deberían entablar un diálogo sobre los efectos de derrame. Un diálogo sin ningún tipo de tinte político podría inaugurarse en la sede del BPI, en Basilea, donde los bancos centrales se reúnen con regularidad. Después, el diálogo puede trasladarse al FMI, con la participación de representantes de los gobiernos y más países, y un debate sobre cómo deben modificarse los mandatos de los bancos centrales en un mundo integrado. No obstante, a la espera de este diálogo y de un consenso político sobre los mandatos, que los bancos centrales vuelvan a centrarse en su mandato principal de luchar contra la inflación alta y al mismo tiempo respeten el mandato secundario de mantener la estabilidad financiera podría ser suficiente. 

¿Condenará este doble mandato a un mundo de bajo crecimiento? No, pero la obligación de fomentar el crecimiento volverá a recaer en el sector privado y en los gobiernos, que es donde pertenece. Los bancos centrales más enfocados en su mandato y menos intervencionistas probablemente obtendrían mejores resultados que los que nos toca vivir hoy: alta inflación, alto nivel de apalancamiento y bajo crecimiento. Para los bancos centrales, menos podría ser, en efecto, más. 

RAGHURAM RAJAN  es profesor en la Booth School of Business de la Universidad de Chicago, y fue gobernador del Banco de la Reserva de India entre 2013 y 2016.

Compartí esta noticia !

La volatilidad de precios de las materias primas reduce el crecimiento e impacta en la inflación

Compartí esta noticia !

Por Adil Mohommad , Mehdi Raissi, Kyuho Lee y Chanpheng Fizzarotti – La volatilidad de precios de las materias primas reduce el crecimiento y aumenta las fluctuaciones de la inflación.

El resurgimiento de la volatilidad en los mercados de materias primas podría plantear desafíos económicos en los próximos años, aun cuando los precios disminuyan.

En los últimos años, los precios de los alimentos y la energía han aumentado hasta máximos casi históricos en el contexto de la pandemia y la guerra en Ucrania, que han provocado importantes perturbaciones en los suministros. Al mismo tiempo, se ha producido también un marcado aumento de la volatilidad de precios de las materias primas.

De forma preocupante, las fluctuaciones al alza y a la baja de los precios de las materias primas podrían plantear desafíos económicos en los próximos años. En un nuevo informe sobre la inseguridad alimentaria y energética que preparamos para el Grupo de los Veinte, exploramos los efectos de la volatilidad de precios de las materias primas.

Concretamente, analizamos cómo se ven afectados el crecimiento económico y la inflación por la volatilidad en los términos de intercambio de las materias primas, es decir, la variación en los precios que paga un país por las importaciones de materias primas y los precios que recibe por las exportaciones de materias primas.

Estas fluctuaciones en los precios de las materias primas pueden perjudicar el crecimiento económico a largo plazo, en especial para los exportadores de materias primas. Por ejemplo, la mayor volatilidad de precios de las materias primas podría inducir una mayor volatilidad en las finanzas públicas de los países exportadores de materias primas y, por tanto, dar lugar a inversiones públicas intermitentes. A su vez, esto perjudicaría la inversión tanto en capital humano como en capital físico.

Es más, la volatilidad de precios de las materias primas también parece aumentar la volatilidad de la inflación interna a mediano plazo. Esta situación puede darse cuando, por ejemplo, la mayor volatilidad del precio de los bienes importados se traslada a los precios internos y, por tanto, da como resultado una mayor volatilidad de la inflación de precios al consumidor.

Los desafíos derivados del aumento de la volatilidad de precios de las materias primas se suman a los problemas provocados por el aumento en los niveles de precios. Los precios mundiales de las materias primas alimentarias se incrementaron casi un 40% en los dos años anteriores a la invasión rusa de Ucrania, y la guerra ha impulsado los precios aún más al alza. Los precios del trigo crecieron un 38% en marzo de 2022 respecto al mes anterior. Los precios de la energía aumentaron con fuerza y, en Europa, los precios del gas natural se han triplicado. Los altos precios de la energía también se han hecho sentir en los precios históricos de fertilizantes de uso común para la producción de alimentos.

Pese a que los precios internacionales de los alimentos y la energía se han moderado desde su máximo reciente, siguen siendo elevados. Además, este aumento ha contribuido al incremento de los precios al consumidor y ha provocado dificultades económicas en todo el mundo. Millones de personas, en especial en los países más pobres, están cayendo en una situación de inseguridad alimentaria.

El Programa Mundial de Alimentos estima que 345 millones de personas de casi 80 países afrontarán una grave inseguridad alimentaria este año, más del doble que en 2020.  

En este contexto de dificultades, las autoridades deben estar atentas.

Ante todo, una preocupación fundamental es hacer frente al problema de la inflación, por lo que la política monetaria debe seguir centrada en reducirla. Al mismo tiempo, la política fiscal debe endurecerse de forma gradual y constante, de forma que reduzca la presión sobre la política monetaria en su lucha contra la inflación elevada y, al mismo tiempo, apoye a los más vulnerables. Así pues, las costosas políticas de base amplia para mitigar el impacto de los mayores precios de las materias primas, que incluyen medidas como los subsidios de precios para limitar el traslado a los precios internos, deben eliminarse y reemplazarse por medidas focalizadas de apoyo a los hogares vulnerables. 

Estas medidas contribuirían a evitar distorsiones que impedirían o retrasarían los ajustes a los precios más altos de la energía. Además, mantendrían los incentivos al desarrollo de fuentes alternativas de energía verde y apoyarían la sostenibilidad fiscal. Esto también tendría efectos distributivos beneficiosos, ya que los subsidios a la energía suelen beneficiar también a los hogares más acomodados. Para minimizar los efectos adversos duraderos de la volatilidad de precios de las materias primas, también es importante que las instituciones macrofiscales sean fuertes y puedan amortiguarla.

Pero no basta con las medidas adoptadas a nivel nacional. Es fundamental realizar esfuerzos multilaterales para lograr el objetivo compartido de dar solución a la inseguridad alimentaria y energética. Es vital mantener el libre comercio de los alimentos. Más aún, el libre flujo de comercio de insumos minerales y metales que son fundamentales para la transición verde también beneficiaría la seguridad energética.

Adil Mohommad es Economista Principal en el Departamento de Europa del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Mehdi Raissies Representante Residente del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Armenia desde agosto de 2021

Kyuho Leees analista de investigación en la División de Supervisión Multilateral del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Chanpheng Fizzarotti es Oficial Principal de Investigación en el Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Compartí esta noticia !

Agroexportadores liquidaron 2.802 millones de dólares en el primer trimestre de 2023

Compartí esta noticia !

La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), entidades que representan el 48% de las exportaciones argentinas, informaron hoy que durante marzo las empresas del sector liquidaron 1.228,6 millones de dólares y 2.802 millones de dólares en el primer trimestre del año.

El número de marzo representó el segundo mes de marzo más bajo desde 2020, aunque un 90% mayor que en el mes de febrero de 2023.

“El ingreso de divisas de marzo es el reflejo de un mercado fuertemente afectado por la extrema sequía que ha reducido drásticamente las producciones, y que ha llevado a los puertos y plantas de molienda a operar con niveles extremadamente altos de capacidad ociosa (los más altos de la historia)”, indicaron las entidades.

En lo que va de 2023, de enero a marzo, Ciara y CEC indicaron que se liquidaron 2.802.004.415 dólares.

Agregaron que “el ingreso mensual de divisas, transformadas en pesos, es el mecanismo que permite seguir comprando granos a los productores al mejor precio posible. La liquidación de divisas está fundamentalmente relacionada con la compra de granos que luego serán exportados, ya sea en su mismo estado o como productos procesados, luego de una transformación industrial”.

La mayor parte del ingreso de divisas en este sector se produce con bastante antelación a la exportación, anticipación que ronda los 30 días en el caso de la exportación de granos y alcanza hasta los 90 días en el caso de la exportación de aceites y harinas proteicas.

El complejo oleaginoso-cerealero, incluyendo al biodiésel y sus derivados, aportó el año pasado el 48 % del total de las exportaciones de la Argentina, según datos del INDEC.

El principal producto de exportación del país es la harina de soja (14,2 % del total), que es un subproducto industrializado generado por este complejo agroindustrial, que tiene actualmente una elevada capacidad ociosa cercana al 50%.

El segundo producto más exportado el año pasado, de acuerdo con el INDEC, fue el maíz (11 %) y el tercero fue el aceite de soja (6,9 %).

Todavía resta comercializarse 7 millones de toneladas de soja de la campaña anterior

La futura implementación del “dólar agro”, que en su primera etapa comprenderá un tipo de cambio diferencial para el complejo sojero, representará la posibilidad de una mejora en la rentabilidad de los productores de cara a una cosecha golpeada por la sequía y para aquellos que todavía conservan 7 millones de toneladas del ciclo anterior en su poder.

El jueves, el ministro de Economía, Sergio Massa, anunció la pronta puesta en marcha de un “dólar agro”, que comprenderá en primera instancia un tipo de cambio diferencial para el complejo sojero por 30 días durante abril.

Asimismo, adelantó que se implementará un tipo de cambio especial para algunas producciones de las economías regionales por 90 días, aunque todavía no se conocen especificaciones que actividades incluiría, ni tampoco a qué precio se ubicará el dólar.

Ese último punto tampoco está claro para lo que podría llamarse un “dólar soja 3”, aunque se da por hecho una mejora en el tipo de cambio que invite a los productores a vender sus tenencias y a los agroexportadores a aumentar la liquidación de divisas.

Según la analista comercial de la consultora FyO, Josefina Jolly, de la campaña 2021/22 de soja, que cerró con una producción de 43,3 millones de toneladas, todavía restan comercializarse 7 millones de toneladas.

Para Jolly, la oleaginosa a negociarse provendría de ese remanente y de lo que se podría obtener de la actual campaña, donde la cosecha recién está comenzando.

No obstante, planteó que “hay que ver hasta dónde llega la medida, porque si se extiende por 30 días en abril, en muchos casos, por como se sembró este año, la cosecha estará más sobre mayo y esa soja no entraría. Ese es un tema”, dijo la analista.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la actual campaña de soja totalizaría en 25 millones de toneladas, la menor producción en 23 años, debido al fuerte impacto que tuvo la sequía en gran parte del país, pero, en especial, sobre la zona núcleo, el área que mayor volumen aporta a nivel nacional.

Esa importante merma de 17,2 millones de toneladas respecto al anterior ciclo, representará una caída de US$ 7.300 millones en exportaciones, indicó la entidad bursátil.

A esto se suma que la comercialización de soja de la presente campaña se ubica en su nivel más bajo de los últimos 20 años.

En este sentido, la BCR informó que “se llevan vendidas 4,8 millones de toneladas, algo menos de la mitad de lo comercializado en la campaña pasada a la misma fecha. En términos de porcentaje de la producción esperada, la comercialización alcanza el 18%, cuando el año pasado totalizaba un 24%, y representa la menor proporción desde la campaña 2016/17”.

Es por eso que una mejora en el tipo de cambio puede ser un incentivo para no sólo comercializar el volumen remanente de la cosecha 2021/22, sino también impulsar las ventas de la nueva campaña.

Así, el responsable del área de Análisis de Mercados de la corredora Grassi, Ariel Tejera, consideró que “si bien los productores prefieren reglas claras y certezas, en mercados sin intervenciones, claramente, una mejoría en el tipo de cambio, aunque sea temporal, debería generar estímulos”.

“Además, estamos en un ciclo donde los productores van a necesitar hacer caja, y con una producción de maíz de primera muy mermada, la alternativa puede ser comercializar la soja, para pagar costos. De todas formas, las decisiones estarán muy relacionadas al tipo de cambio diferencial que efectivamente se determine”, agregó Tejera.

Según estipuló el especialista, “si consideramos que el diferencial entre el dólar soja y el tipo de cambio oficial, en las versiones anteriores, rondó entre 35-39%, podríamos pensar en valores para abril ubicados entre $285 y $300 para el nuevo dólar”.

Otro punto central a tener en cuenta es el bajo nivel de liquidación de dólares por parte de la agroexportación, cuestión que busca estimular la futura medida.

La Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC) informó que durante marzo ingresaron 1.228,6 millones de dólares, el segundo mes de marzo más bajo desde 2020, aunque un 90% mayor que en el mes de febrero de 2023.

En febrero ingresaron US$ 645 millones, 30% menor a lo liquidado en enero, producto de la fuerte caída en la producción de trigo y de maíz de primera.

En suma, los agroexportadores liquidaron 2.802 millones de dólares en el primer trimestre del año.

Compartí esta noticia !

Recuerdan las medidas de prevención para evitar más contagios de Dengue y Chikungunya

Compartí esta noticia !

SALUD ACTUALIZA LA SITUACIÓN EPIDEMIOLÓGICA DE DENGUE Y CHIKUNGUNYA EN ARGENTINA Y RECUERDA MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Hasta el momento se notificaron 16.143 casos de dengue y se registra circulación viral en 14 jurisdicciones del país. En comparación con el último año epidémico (2020) el porcentaje de casos se mantiene un 10% por debajo para la misma semana epidemiológica, mientras que para 2016 se encuentra un 34% por debajo para el mismo intervalo de tiempo.

El Ministerio de Salud de la Nación informa que hasta la semana epidemiológica 12 de 2023 (del 19 al 25 de marzo) se notificaron en el país 16.143 casos de dengue, de los cuales 14.224 adquirieron la infección en la Argentina. Al momento, la circulación de este virus se ha identificado en 14 jurisdicciones: Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Formosa, Chaco, Catamarca, Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Tucumán y La Rioja.

En cuanto a fiebre chikungunya, se registran hasta el momento 657 casos de los cuales 244 adquirieron la infección en Argentina, 159 se encuentran en investigación y 254 adquirieron la infección fuera del país. Al momento, la circulación de este virus se ha confirmado en 7 jurisdicciones: Buenos Aires (localidades de Almirante Brown, Pergamino, Quilmes y San Martín); CABA, Córdoba (en Córdoba Capital y La Calera), Corrientes (Paso de la Patria), Formosa (en las jurisdicciones Tres Lagunas, Las Lomitas y Formosa Capital); Misiones (Puerto Iguazú) y Santa Fe (Rosario y Capital).

Respecto al dengue, durante la semana epidemiológica 11 se registró un aumento de casos del 44,8% respecto de la semana epidemiológica anterior. En términos acumulados, entre la SE1 a SE12, los casos notificados durante 2023 representan un 10% menos que los acumulados en el mismo período del año 2020 (último año epidémico), mientras que para 2016 (penúltimo año epidémico) se encuentra un 34% por debajo para el mismo intervalo de tiempo.

El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito del género Aedes, principalmente por Aedes aegypti. Cuando el mosquito se alimenta con sangre de una persona infectada por el virus dengue, adquiere el virus y luego de 8 a 12 días es capaz de transmitirlo a una persona sana a través de la picadura.

La fiebre chikungunya es una enfermedad viral que, al igual que el virus dengue, es transmitida por la picadura de mosquitos Aedes infectados. El nombre significa “aquel que se encorva” ya que describe la apariencia inclinada de algunas personas que lo padecen, por los fuertes dolores articulares que provoca.

Síntomas

Los síntomas de dengue son fiebre acompañada de uno o más de los siguientes: dolor detrás de los ojos, de cabeza, muscular y de articulaciones, náuseas y vómitos, cansancio intenso, aparición de manchas en la piel y picazón, y/o sangrado de nariz y encías.

Ante un diagnóstico de dengue es importante seguir las indicaciones del personal de salud y asistir a las consultas de seguimiento y control. Si al momento de disminuir la fiebre o en los días posteriores, alguno de los síntomas se agudiza, reaparece o se detectan síntomas nuevos (dificultad para respirar, dolor abdominal intenso, sangrado profuso de mucosas, irritabilidad a somnolencia, vómitos recurrentes), es importante realizar una consulta médica inmediata.

Los síntomas de la fiebre chikungunya comienzan generalmente de 3 a 7 días después de la picadura del mosquito. El síntoma más común es la aparición repentina de fiebre, a menudo acompañada de dolor en las articulaciones. Otros síntomas que pueden aparecer son: dolor muscular, dolor de cabeza, náuseas, fatiga y erupción cutánea. El fuerte dolor en las articulaciones por lo general dura unos pocos días, pero puede llegar a persistir durante meses, afectando la recuperación total y el regreso a las actividades cotidianas.

Ante la presencia de cualquiera de estos síntomas (tanto de dengue como de chikungunya) es muy importante realizar una consulta médica de manera temprana, no automedicarse y evitar la picadura de mosquitos para impedir que sigan transmitiendo el virus.

Medidas de prevención de dengue y chikungunya

La principal forma de transmisión de estas enfermedades es por picaduras de mosquitos infectados. Es por ello que la medida más importante de prevención de dengue y chikungunya es la eliminación de todos los criaderos de mosquitos, es decir, de todos los recipientes que contengan agua, tanto en el interior de las viviendas como en sus alrededores. Si los recipientes no pueden eliminarse porque se usan de modo frecuente, debe evitarse el acceso del mosquito a su interior (tapando tanques, aljibes y/o cisternas) o evitar que acumulen agua, dando vuelta (baldes, palanganas, tambores), vaciando y cepillando frecuentemente (portamacetas, bebederos), o poniendo los mismos al resguardo bajo techo (botellas retornables, por ejemplo). También es recomendable colocar tela mosquitera en las rejillas de desagües, y no debe olvidarse que el mosquito adhiere sus huevos a las paredes de los recipientes, por lo que además de cambiar del agua, es necesario cepillar el interior de las paredes para eliminarlos.

Para evitar la picadura del mosquito se recomienda utilizar repelente siguiendo siempre las indicaciones del envase. A su vez, se sugiere usar ropa de manga larga y colores claros. Para proteger a las y los bebés (que no pueden usar repelente), se deben colocar redes o tules sobre cunas y cochecitos. En relación al hogar, es importante disponer mosquiteros en puertas y ventanas y usar repelentes ambientales como tabletas, aerosoles (interior) o espirales (exterior).

La aplicación de insecticida mediante fumigación sólo sirve para eliminar mosquitos adultos siempre y cuando entren en contacto con el insecticida en el momento que es aplicado. No tiene poder residual y tampoco elimina formas inmaduras del mosquito (huevos, larvas y pupas); por lo que no es suficiente para controlar estas enfermedades si no se eliminan los criaderos de nuevos mosquitos. Por lo demás está indicada sólo en situación de brote y bajo las indicaciones metodológicas de la normativa nacional vigente.

Último boletín epidemiológico nacional:
https://bancos.salud.gob.ar/recurso/boletin-epidemiologico-nacional-n-646-se-12-2023

Más información:
0800-222-0651
https://www.argentina.gob.ar/salud/mosquitos https://bancos.salud.gob.ar/recurso/recomendaciones-para-la-prevencion-del-dengue-y-otras-arbovirosis-durante-la-temporada-de.

https://bancos.salud.gob.ar/recurso/recomendaciones-para-la-prevencion-del-dengue-y-otras-arbovirosis-durante-la-temporada-de.
Compartí esta noticia !

El uso de aplicaciones telemáticas puede generar importantes ahorros a las empresas de transporte

Compartí esta noticia !

Datos en favor del ahorro

El control de la velocidad de un vehículo puede generar ahorros de hasta 10% en el consumo de combustible, mientras que las mejoras en los hábitos de conducción pueden significar una disminución de entre 3 y 5% más en los gastos en ese rubro.

En ese sentido, según datos de la Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Energía de los Estados Unidos, los malos hábitos de conducción y las deficiencias en la gestión del combustible pueden generar gastos superiores a los 2.300 dólares por año en cada vehículo de una flota.

Al respecto, Gabriel Petracca, especialista telemático de Location World, consignó que “gestionar correctamente el combustible de una flota de unos 20 vehículos puede representar ahorros de aproximadamente 46.000 dólares, además de evitar el exceso de emisiones contaminantes al medio ambiente”.
Tras precisar que, según datos de Cesvi, cada 24 segundos se produce un siniestro de tránsito en la Argentina y que 89,55% de ellos se vinculan con el comportamiento humano, Petracca puso el énfasis en que “por cada dólar que genera un incidente, hay otros tres asociados de manera indirecta”.

El especialista explicó que esos gastos asociados se dan, entre otras cosas, por la pérdida de productividad, mayores primas de seguros, daño de la imagen corporativa, publicidad negativa, reclamos de indemnizaciones laborales y gastos por litigio. “Por eso, la mejora de los hábitos de conducción influye en mucho más que en el consumo de combustible”, enfatizó.

Herramientas telemáticas

Por su parte, Jonathan Calderón, jefe comercial Perú de Location World, quien acompañó a Petracca, en un webinario organizado por esa empresa, junto a YPF Ruta y Expo Transporte, consignó que “manejar de manera responsable puede generar un ahorro potencial de combustible de 3%” y afirmó que cada 10 kilómetros por hora en exceso de velocidad ese consumo se incrementa entre cinco y 10%.

También sostuvo que, a través de las herramientas de telemática aplicadas a las flotas de camiones, “se pueden identificar patrones de manejo para tomar acciones, como capacitar a los conductores que lo necesiten o premiar a los choferes buenos. Entonces, tenemos un ahorro potencial de 10%, controlando la velocidad y de entre 3 y 5%, observando los hábitos de conducción con estas plataformas”.

Según Calderón, “los estilos de conducción afectan directamente los costos operativos de una empresa. Para mejorar la eficiencia en las operaciones, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos recomendó, entre otras cosas, evitar el ralentí, que impacta en un ahorro de cuatro por ciento; optimizar las rutas de los recorridos, que alcanza a 12%, y estar en la marcha correspondiente durante el trayecto, que puede disminuir 3% el consumo de combustible”.

“La empresa puede recopilar estos datos a través de los elementos de telemática conectados al computador del vehículo. Las marcas hoy tienen una serie de elementos de control y permiten incorporar más sensores”, destacó.

Calderón relató que “con un conector del GPS se obtiene un detalle del consumo total de combustible desde el sensor que está en los inyectores. Con el nivel instalado en el tanque, se conoce cuánto se pierde con el vehículo en ralentí, y lo mismo con la cantidad de revoluciones por minuto para considerar el buen uso de las marchas de la caja de cambios”.

También aseguró que se pueden detectar fallas mecánicas. “Los datos de la temperatura del motor, recopilados a través del conector, muestran si el radiador está operando bien o si está tapado o averiado, para decidir realizar el servicio mecánico necesario”, dijo.

En cuanto a la optimización de la ruta, el profesional explicó: “Hay varias formas de hacerlo. La más simple seria controlar que los vehículos de la empresa no pasen por puntos no autorizados. La idea es usar rutas que permitan tener el mejor rendimiento”.

En otro sentido, Calderón refirió que “del sensor de la boya del tanque se obtienen los datos de consumo de combustible. De esa manera, se identifican los detalles de abastecimiento y establecen variaciones bruscas que sean sospechosas y que evidencien una posibilidad de estar ante el robo de combustible”.
“Además con estos sensores, respecto de la carga, se obtienen otras variables, como consignar si el motor del vehículo está apagado en el momento de esa operación o si no está geolocalizado en la estación de carga correspondiente”, indicó.

Fuente: Transporte & Logística

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin