Trump, el cambio climático y Misiones como modelo de preservación de la naturaleza

La salida de Estados Unidos del pacto de cambio climático  impacta significativamente en las acciones que se vienen realizando en la protección del planeta. A través de un comunicado emitido por  Cancilleria, se dio a conocer la postura del gobierno argentino que lamentó “profundamente” la decisión de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Argentina manifestó que ratifica su compromiso del cual la provincia de Misiones es parte, por haber firmado el pacto federal de cambio climático al año pasado y que fuera presentado en la COP22.

El Gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua  presentó ante el ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación propuestas que cuentan con el aval del ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable Sergio Bergman y de la máxima autoridad ambiental del país el CO.FE.MA, propuestas que a la fecha se encuentran en análisis del consejo de cambio climático.

“La decisión de Trump tiene impacto no solamente en la efectividad de ese acuerdo como instrumento de respuesta a la amenaza global del cambio climático, sino también en el espíritu de solidaridad y cooperación demostrado por las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático”, indicó la ministra de Ecología, Verónica Derna.

Estados Unidos se suma a Nicaragua y Siria como los únicos países de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que no respaldan el tratado ambiental.

 

El Acuerdo de París es considerado por muchos como el logro ambiental más importante de la historia por su alcance global y sus objetivos a largo plazo.

 

Algunas comunidades enfrentarán nuevos problemas y variantes climáticas; en otras, los ya existentes se intensificarán. Las sociedades que ya son vulnerables —los pobres, los mal gobernados— podrían llegar a puntos críticos muy sombríos. Pensemos en el hambre generalizada que azota a Sudán del Sur, Nigeria, Yemen y Somalia, donde se prevé que un total de casi medio millón y medio de niños muera este año y se espera que el cambio climático empeore el tipo de sequías que ha ocasionado. El diario New York Times cita un informe de 2015 del Departamento de Defensa de Estados Unidos que enmarca el cambio climático como un “multiplicador de amenazas” geopolíticas que pondrán en riesgo “la estabilidad interna en diversos países”, y cita un estudio que demuestra cómo una sequía de cinco años en Siria contribuyó con el estallido del conflicto actual en esa zona. No obstante, la negación está otra vez de moda entre los más poderosos. En Estados Unidos hay un presidente que ha dicho que el cambio climático es un invento, por ejemplo.

Los efectos domésticos en Estados Unidos no se frenarían por completo: estados como California y Nueva York seguirán impulsando programas como aumentar el uso de vehículos híbridos o eléctricos, mientras que el sector privado ya se ha movido hacia la energía limpia como el gas natural.

Sin embargo, Estados Unidos estaría haciendo mucho menos respecto al calentamiento global de lo que haría de otro modo. Un análisis del Rhodium Group estima que las emisiones del país con Trump caerán entre 15 y 19 por ciento para 2025 respecto a los niveles de 2005, en vez de entre 26 y 28 por ciento como prometió el gobierno de Obama.

La retirada estadounidense también podría afectar los esfuerzos globales para combatir el cambio climático; esto dependerá de cómo reaccionen los otros países.

Líderes de Europa, China e India han dicho que mantendrán sus promesas, aunque el futuro de las conversaciones mundiales sobre cambio climático no es claro.

Es posible que la salida del segundo mayor emisor de gases de invernadero del mundo del Acuerdo de París lleve a otras naciones a relajar sus planes. “Incluso en lugares como Europa, hay grupos industriales preocupados por su competitividad”, dijo David G. Victor, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de California en San Diego. Una salida estadounidense “vuelve más difíciles las políticas en otros países”.

India, Indonesia, Filipinas y otros países en desarrollo podrían ser más recelosos sobre reducir las emisiones, en particular si ya no recibirían la ayuda financiera estadounidense para ajustarse a los efectos del cambio climático y paliar los costos de moverse hacia energías más limpias.

Aunque no todos son tan pesimistas. El experto en política climática Luke Kemp, de la Universidad Nacional de Australia, sugiere que otros países podrían más bien elegir redoblar sus esfuerzos. “A corto plazo, habría un efecto galvanizador”, dijo.

China probablemente asumirá el papel dominante en cualquier cumbre o negociación futura. Ya ha hecho fuertes inversiones en energías eólica, solar y nuclear para reducir su consumo antes insaciable de carbón. Sin embargo, no queda claro qué tanto vaya a presionar Pekín a los demás gobiernos a que sean más ambiciosos con sus metas.

Indistinto, el mundo enfrenta una lucha aún más desafiante: las promesas actuales de todas las demás naciones sumadas encaminan al planeta a un aumento de tres grados Celsius en la temperatura global respecto de los niveles industriales. Eso implica un riesgo de desestabilización climática mucho mayor, con el aumento de los niveles del mar, el deshielo en Groenlandia y la Antártida, olas de calor y sequías más destructivas y la pérdida de ecosistemas clave como los arrecifes de coral.

Aunque siempre está la salvaguardia de que un gobierno estadounidense futuro se vuelva a sumar al acuerdo.

“Si parece que este gobierno solo durará cuatro años”, dijo Victor, de la Universidad de California en San Diego, “es posible que otros países mantengan sus promesas en materia climática y no pierdan aún la esperanza en Estados Unidos”.

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