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Coronavirus y crisis global… ¿receta global?¿Qué hacen los países frente a la pandemia?

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La pandemia primero fue declarada en China, segunda economía más grande del planeta, que había tenido un papel importante en el rescate del capitalismo global en la crisis de 2008. Allí, la paralización de la actividad en los principales centros urbanos e industriales trajo consecuencias que luego se propagarían rápidamente hacia el resto de la economía mundial. A medida que el virus se fue expandiendo, las restricciones a la movilidad y las medidas de aislamiento generaron fuertes impactos en la economía real, no sólo a nivel local, por el cierre preventivo de establecimientos, sino también especialmente vinculados a interrupciones en las cadenas globales de valor.

¿Las respuestas? Voluminosos paquetes fiscales, garantías de créditos y reducciones de tasas parecen ser los tres ingredientes de la receta global para hacer frente a la crisis que se avecina y que descansa en la inyección de recursos estatales en distintas partes del planeta. Argentina, Brasil, México, Estados Unidos, Italia, Francia, Alemania, España, Reino Unido, China, Corea del Sur y Japón: así se compone el panel de países analizados en la segunda parte del presente informe, con el objetivo de cubrir políticas económicas de distinta índole aplicadas en América, Europa y Asia. Como característica común de estos casos, se observa que los gobiernos “improvisan” el combate a la pandemia con medidas donde invariablemente el Estado es el último garante. Sin embargo, hay dos variables adicionales que son centrales: por un lado, el nivel de contagios y cantidad de muertes que la expansión del virus ha provocado en cada país –y las medidas de aislamiento aplicadas-, y por otro lado, el recorrido económico que cada país reporta en sus años precedentes, considerando que la espalda fiscal es diferente y habilita intervenciones de distinta magnitud.

Coronavirus y crisis global… ¿receta global? by Juan Carlos Arguello on Scribd

El presente informe se compone de dos partes. Primero, se analiza una batería de indicadores globales que se vieron seriamente afectados por la pandemia. Segundo, se describen y analizan las políticas implementadas por un panel de países, las cuales dan cuenta de una recuperación fundamental del rol del Estado en distintas partes del planeta. En línea con este eje, se ilustran las trayectorias previas de las economías de este panel de países seleccionado. Al final se exponen algunas conclusiones.

La crisis sanitaria se desencadenó en un momento particular: por un lado, parecía que las tensiones económicas derivadas del conflicto comercial entre China y Estados Unidos se empezaban a disipar a partir del acuerdo inicial alcanzado, con un impacto poco claro sobre el comercio internacional del resto de los países; por el otro, la mayor parte del mundo desarrollado mantenía políticas monetarias y fiscales expansivas, aún una década después del estallido de la crisis financiera del 2008-2009 y la inédita coordinación macroeconómica llevada adelante con el G20 como punta de lanza.

Cuando el virus se propagó desde China hacia Europa, Estados Unidos y luego el resto del mundo, las expectativas pesimistas sobre el crecimiento de las principales firmas, derivadas de las interrupciones de las cadenas globales de valor, se transformaron rápidamente en pánico financiero, con el desplome de los principales mercados financieros del mundo y una fuga acelerada hacia los activos seguros.

El colapso acelerado en las cotizaciones de los activos de renta variable encuentra su contraparte en la fuga hacia activos de calidad, principalmente bonos del Tesoro de Estados Unidos, como se puede observar en los desplazamientos en la curva de rendimientos. Especialmente en la parte “corta” de la curva, que es más sensible a los cambios en las tasas de referencia. Aunque a las pocas semanas algunos activos recuperaron parte de lo que habían perdido, persiste una clara inestabilidad en todo el sistema financiero internacional.

La inédita decisión adoptada por la Reserva Federal de los Estados Unidos de reducción del corredor de tasas de referencia en 100 puntos básicos (150 puntos básicos de reducción sólo en marzo), llevando el mismo a la zona de 0%-0,25% anual, logró reordenar la curva de rendimientos – al menos en el corto plazo-, aunque las dudas sobre el alcance del paquete de estímulos monetarios y fiscales anunciados persisten frente al avance de la pandemia. La decisión de la Fed logró corregir el desequilibrio en la parte corta de la curva, donde apenas se alejaba el mercado del plazo regulado por la tasa de referencia los rendimientos caían por debajo reflejando la escasez de alternativas viables de inversión y la incertidumbre sobre el corto y mediano plazo. Pero lo más destacado pasa por el desplazamiento completo de la curva hacia menores rendimientos, reflejando el brutal incremento de la demanda por activos seguros frente a la pandemia. La tasa a 10 años pasó de un rendimiento nominal del 1.52% a mediados de febrero a un valor de 0.62% a principios de abril (90 puntos básicos menos). Movimientos similares se observan a lo largo de toda la curva, especialmente en el tramo más corto, debido a su mayor sensibilidad respecto a la tasa de referencia. A modo de ejemplo, la tasa a 1 año pasó de 1.46% a 0.15%, 131 puntos básicos, casi la totalidad de la variación en la tasa de referencia, mientras que la tasa a 30 años pasó de 1.97% a 1.24%, sólo 73 puntos básicos, la mitad de la variación en la tasa de referencia. Otras cuestiones para destacar, pero que son un problema previo a la crisis sanitaria, tienen que ver con la escasa pendiente de la curva (la totalidad se encuentra en un rango menor a los 150 puntos básicos) y el rendimiento real de los instrumentos. La totalidad del mercado de bonos del Tesoro estadounidense se encuentra cotizando a niveles donde ex-ante los rendimientos reales son negativos²

Es dudosa la efectividad de las señales de política monetaria en cuanto a tasas, en un mundo donde los inversores sólo están preocupados por no perder. Las tasas de referencia de la autoridad monetaria ya se encuentran en el mismo nivel a aquel adoptado como estímulo para la salida de la crisis financiera global en diciembre del 2008 (tres meses después de la quiebra de Lehman Brothers en aquella ocasión), al mismo tiempo que la mayor parte de los bancos centrales del mundo desarrollado se encuentran desde hace tiempo con tasas reales negativas intentando estimular economías que languidecen. Asimismo, elevados déficits fiscales en las economías centrales previos al advenimiento de la crisis sanitaria dificultan la implementación de políticas expansivas mediante el aumento del gasto público, contribuyendo a empeorar de manera generalizada las expectativas sobre el devenir futuro de la macroeconomía global. Numerosos países han anunciado planes de estímulo y garantías de liquidez para el sistema financiero y muchos otros los están planificando e implementando.

La fuga hacia activos seguros tuvo un impacto muy fuerte también sobre los mercados cambiarios globales. El fortalecimiento del dólar como moneda segura tuvo, sin embargo, un impacto dispar sobre las paridades globales, tanto por las medidas macroprudenciales vigentes como por el diferencial grado de avance de la pandemia. A nivel continental, se destacan las depreciaciones del peso mexicano, colombiano y uruguayo, junto al real brasilero. Las consecuencias sobre los tipos de cambio reales bilaterales y el intercambio comercial (Brasil y Uruguay especialmente importantes para la Argentina) pueden incrementar el impacto negativo financiero al transformarlo en uno real. Persisten altos niveles de volatilidad todavía como para anticipar resultados, pero se puede observar en el caso argentino el mérito de los controles cambiarios en limitar el impacto del shock negativo.

La desaceleración macroeconómica global, en conjunto con la reducción de la actividad asociada a la pandemia, tuvo un impacto inmediato negativo sobre los precios de la mayoría de los commodities. En el caso del petróleo, un conflicto sobre la gestión de cuotas de producción al interior de la OPEP ampliada tuvo un impacto terrible sobre su cotización, provocando la mayor caída mensual de la historia en tan sólo los primeros 18 días de marzo. Rusia se negó a reducir la producción para ponerle piso al precio del barril, como proponía Arabia Saudita, y ello desató una guerra comercial entre ambos países por incrementar su participación en el mercado del crudo, con Arabia Saudita ofreciendo crudo en el mercado a precio de descuento desplomando la cotización.

La crisis financiera desatada también tiene un impacto relevante sobre la percepción de riesgo soberano de los inversores, reflejado en el alza generalizada del riesgo país en los países de la región, que no discrimina signos políticos ni modelos económicos. Se destacan los casos de Argentina y Ecuador (en el eje derecho), ambos países receptores de paquetes de estabilización del Fondo Monetario Internacional, que lejos de reducir la exposición de dichos países a shocks internacionales lo acrecentaron, ambos enfrentando dificultades en la gestión de sus deudas soberanas.

El alza del riesgo país no es más que el correlato del desplome de la cotización de los instrumentos de deuda soberanos en el mercado secundario. En el caso argentino toma una relevancia adicional, no por el incremento en el costo de financiamiento externo (en este momento, para la Argentina se encuentra cerrado) sino más bien por la negociación en curso con los acreedores externos con el fin de esquivar un default desordenado y lograr un reperfilamiento de vencimientos sustentable. El desplome de las cotizaciones podría habilitar la toma de posiciones especulativas agresivas por parte de los fondos buitre aunque, por el volumen diario operado, el armado de posiciones lo suficientemente importantes como para bloquear las negociaciones en curso necesitaría que las cotizaciones se mantengan en estos niveles por bastante tiempo. Igualmente, no deberíamos descartar que dichas posiciones especulativas no hayan comenzado a elaborarse con antelación al shock internacional provocado por la crisis sanitaria, teniendo en cuenta los incentivos generados en la rentabilidad exagerada de la resolución del último default soberano de Argentina.

Un primer abordaje esencial para comprender la afectación de los procesos productivos globales a partir de las políticas de aislamiento que se implementaron para proteger a las poblaciones del virus, tiene que ver con el análisis de la deslocalización. Las principales firmas multinacionales tienen su producción distribuida a lo largo y ancho del planeta. Con un criterio de maximización de productividad por escala y reducción de costos operativos, estas empresas han relocalizado sus principales polos productivos durante los últimos 30 años desde los Estados Unidos y Europa, hacia una gran variedad de países asiáticos. Es un fenómeno conocido como Cadenas Globales de Valor³ y con una enorme cantidad de estudios académicos al respecto. Según la Conferencia de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas, en 2002 China intervenía en la producción del 4% de los bienes intermedios requeridos en las cadenas de valor. Para 2020 calculaba la participación china en un 20%, lo cual implicaba en la propia estimación un enorme grado de concentración e interdependencia entre las economías4. Este paradigma globalizante comenzó a debilitarse con la guerra comercial entre los Estados Unidos y China5, y finalmente entró en crisis con la pandemia desatada, ya que la paralización de la producción, en un comienzo en China y Corea del Sur y luego en Europa, discontinuó la producción de bienes intermedios en esos países, tensionando las cadenas de valor e incrementando la presión a la relocalización de las principales firmas hacia sus países de origen.

Entre los casos más resonantes encontramos los cierres preventivos de Foxconn (productor de piezas electrónicas para Apple) y Samsung, dos de las principales firmas de producción electrónica a nivel mundial. Asimismo, se cerraron fábricas de Johnson & Johnson. A mediados de febrero, Apple ordenó el cierre de todas sus tiendas minoristas en China durante un mes. Luego, el 14 de marzo, la firma ordenó el cierre de todas sus tiendas minoristas alrededor del mundo. En el sector textil, tanto Adidas como Nike redujeron de manera muy significativa sus operaciones en China, lo cual implicó el cierre de la mayoría de sus locales minoristas.

Aunque las industrias están lentamente reabriendo en China y en el sudeste asiático, un nuevo pico de contagios obligaría a un nuevo cierre de empresas. Pero, a pesar de que la pandemia pareciera estar controlada en Asia, según un reciente informe de la calificadora de riesgo Moody’s6 un total del 20% de las casi 500 principales empresas no financieras de la región tiene una alta exposición a eventos que produzcan una interrupción en sus operaciones, mientras un 36% tiene moderada exposición. Es decir que un total de 56% de las principales firmas no financieras asiáticas siguen comprometidas por la crisis de la pandemia. Además, esas firmas comprometidas se ubican en más de 15 sectores diferentes, mostrando que las dificultades se dan de manera transversal en la economía.

Todas las actividades de servicios, desde la hotelería, los viajes y transportes, los restaurantes y cafeterías, el turismo, eventos culturales, entre otros sectores de servicios se vieron afectados. Las aerolíneas están reclamando subsidios a los gobiernos para no entrar en quiebra. En la eurozona el índice de actividad comercial del sector servicios cayó más de 24 puntos, de los 52,6 puntos registrados en febrero a 28,4. En América Latina, sólo en el sector turismo la CEPAL pronostica que en un escenario con una caída de los ingresos por turismo del 10% en 2020, el PIB se reduciría 0,8, 0,3 y 0,1 puntos porcentuales en el Caribe, México y Centroamérica, y América del Sur, respectivamente. En un escenario más negativo, en el que los ingresos por turismo disminuyeran un 30% en 2020, la caída sería de 2,5, 0,8 y 0,3 puntos porcentuales, respectivamente.

Con semejantes impactos en las empresas, una consecuencia inmediata es un cimbronazo en el mundo del trabajo. Según un informe de la Organización Mundial del Trabajo (OIT)7, las medidas de paralización y cuarentena ya afectan a más del 80% de la fuerza laboral en todo el mundo. El fenomenal freno de la actividad económica reduce las horas de trabajo necesarias incrementando el desempleo y subempleo. La OIT calcula que la reducción de horas laborales durante el segundo trimestre de 2020 equivaldrá a la pérdida de 195 millones de puestos de trabajo a tiempo completo8. Además, casi el 40% de la fuerza laboral mundial, unos 1.250 millones de trabajadores, está empleado en sectores que resultan muy expuestos a la crisis actual y, por lo tanto, son empleos que se encuentran en alto riesgo. Según el organismo, el mundo del trabajo se enfrenta a su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

Las noticias en materia de empleo provenientes de los Estados Unidos parecen confirmar un escenario pesimista. En tan sólo dos semanas, las solicitudes para cobrar el seguro de desempleo pasaron de 280 mil a mediados de marzo, a casi 7 millones a fin de ese mes9. Ante la situación planteada, la OIT recomienda políticas públicas activas en defensa de los empleos y los ingresos de los trabajadores para sostener el entramado productivo, los salarios y la capacidad de consumo.

En América latina, la CEPAL había pronosticado a la baja en el mes de noviembre una expansión promedio de 0,1%. Con los efectos actuales de la pandemia la CEPAL sostuvo que la crisis será “mucho más grave” que la recesión de 2008 y prevé una contracción de 1,3%. La pobreza podría subir de 185 millones de personas a 220 millones y el desempleo, trepar 10 puntos.¹³ El FMI anticipa una situación de recesión mientras Goldman Sachs estimó que la región caerá un 1,2%, y que Credit Suisse anticipó una contracción mayor, del 1,5%.

¿Qué medidas adoptan los países frente a la pandemia?

Se reconstruyeron una serie de indicadores clave para hacer compatible el abordaje fiscal y monetario que cada país realiza frente a la pandemia del coronavirus. A continuación se presentan en un cuadro síntesis. La cantidad de muertes registradas cada 100.000 habitantes se colocan a la fecha del 23 de marzo y del 9 de abril, cubriendo en un primer momento la cantidad de contagios existente cuando se realizaron los principales anuncios de políticas económicas tanto en Europa como en Estados Unidos, y también países como Japón. La evolución de las muertes 17 días más tarde, al 9 de abril, nos permite observar la exponencialidad en que se manifiesta el crecimiento en cada país.

En Argentina, desde el desembarco de la pandemia al territorio nacional y considerando el impacto negativo que las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio reportarán sobre la economía local, el gobierno nacional anunció un paquete de poco más de 2 puntos del producto (2,3%), cuando contaba con 299 contagios y 4 muertos por COVID-9, al 23 de marzo de este año. A esa fecha tenía 0,008 muertes por cada 100.000 habitantes y 17 días más tarde registró 0,142 muertes (al 9 de abril de 2020). El aumento fue de 17 veces. Un punto del PBI se dispuso para inyectar a distintos programas fiscales –tanto a la oferta como a la demanda – y poco más de otro punto del producto (1,3%) se anunció en créditos, garantizados fiscalmente –de manera parcial- a través del reforzamiento del FOGAR ($30.000) y fomentados desde la reducción de encajes del BCRA, hasta totalizar $350.000 millones.

Estos créditos aún deben ser colocados y ello presenta los primeros desafíos respecto de las posibilidades reales de implementación crediticia en un contexto de incertidumbre y riesgo para el mundo pyme. A ello se agrega la reducción en 200 puntos base de la tasa de interés, una de las bajas más drásticas en términos comparativos, que llegó al 38% para la tasa de política monetaria y se ubicó en 24-26% para los préstamos de sostén de capital de trabajo y pago de nóminas salariales.

Si bien predominan las comparaciones de política económica con países de Europa Occidental y con Estados Unidos, en América Latina es relevante contrastar el caso argentino con los casos de Brasil y México, tratándose de tres economías latinoamericanas. El gobierno de Brasil se resistió fuertemente a implementar medidas de resguardo de la población que significaran una afectación económica. Para Bolsonaro, “las medidas no pueden ser peores que la enfermedad”. Sin embargo, la tasa de crecimiento fue alta, al 23 de marzo registraba 0,015 muertos por cada 100.000 habitantes y al 9 de abril 0,379. Subió 25 veces.

Las distintas medidas que componen el paquete fiscal ascienden a 3,5% del PBI – estimado así por Policy Tracker de FMI-, y desde el banco central de Brasil se redujo la tasa en 50 puntos base. Se negoció además con la Reserva Federal de Estados Unidos un swap por 60 mil millones dólares para fortalecer distintas líneas de inyección de liquidez. El paquete fue lanzado el 17 de marzo, coincidiendo con las fechas de anuncios de paquetes en distintos países del mundo. Se anunció, en paralelo, el Programa de Emergencia de Mantenimiento del Empleo, que permite a las empresas reducir los sueldos y jornadas de trabajo de sus empleados en un 25 %, 50 % o 70 % por hasta tres meses y también la suspensión del vínculo laboral por un periodo de hasta dos meses. Paulo Guedes, Ministro de Economía, en la batería de soluciones anticipadas incluyó el adelanto del pago del medio aguinaldo para los jubilados, que será efectivizado ya en abril. Otra disposición que aún está en estudio en Brasil es la ampliación de los recursos para las asignaciones a las familias más pobres a través del programa “Bolsa Familia” que atiende a los sectores más vulnerables de la población.¹

En los países europeos, que registran al 23 de marzo niveles de contagio y cantidad de muertes más elevados que América Latina, los paquetes monetarios incluyen medidas de enorme importancia para el sostén de la oferta.

Francia impulsa medidas por 13% de su PBI en fondos de garantía estatales para préstamos a empresas (300 billones de euros); España hace lo mismo con el 15,7% del producto (200 billones de euros), Reino Unido otro 15% (330 billones de euros) y Alemania 5,8%.

En todos los casos la política monetaria se refuerza con la decisión del Banco Central Europeo de reducir la tasa de política monetaria en 25 puntos base. La zona Euro se encuentra en la actualidad discutiendo políticas comunes, que en principio serían un “mecanismo permanente de rescate y su reactivación con 238.000 millones de euros, préstamos a pymes por parte del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y un esquema de protección del empleo europeo que además incluya un fondo de rescate para promover la inversión y la reconstrucción europea y el posible compromiso de emitir eurobonos en un futuro”¹5.

Aunque hay posiciones encontradas: Italia se resiste a condicionantes posteriores, mientras que los Países Bajos se inclinan por un sistema de control mucho más estricto. En Francia, frente al avance de la Pandemia, Emmanuel Macron anunció medidas concretas para mitigar los efectos de la crisis en la economía nacional y la vida de los ciudadanos. Francia contaba con 22.341 casos confirmados y 860 muertos al 23 de marzo. A esa fecha se registraban 1,307 muertes por cada 100.000 habitantes y al 9 de abril registró 16,52. El objetivo está orientado a la creación de un Fondo de Solidaridad dirigido al sector empresario, incluso con postergación de cargas sociales y fiscales y de préstamos por 300 mil millones de euros para PyMEs. “Ninguna empresa será abandonada al riesgo de quiebra” dijo Macron¹6, donde según el FMI se dedicará un 2% del PBI a políticas fiscales y 13% en el paquete monetario (similar a España y Reino Unido). A pesar de estos anuncios, el Instituto de Estadísticas francés ya anticipó que “un mes de confinamiento costaría a Francia alrededor de 3 puntos de PBI en un año, y dos meses de confinamiento alrededor de 6 puntos”¹

En esa misma línea, Italia, uno de los países más afectado por el avance progresivo del COVID-19 (68.889 casos computados al 23/3 y 6.077 muertes). En Italia al 23 de marzo se registraban 10,125 muertes por cada 100.000 habitantes y se elevó 29,439, multiplicándose por tres. Decidió dedicar -según el FMI-, 1,4% de su PBI a políticas fiscales acompañado de la liberación de fondos para ayudar a las empresas afectadas por el coronavirus. “Con el decreto apenas aprobado, damos liquidez inmediata de 400.000 millones de euros a nuestras empresas, pequeñas, medianas o grandes: 200.000 millones para el mercado interno y otros 200.000 millones para apoyar las exportaciones”, dijo el presidente Giuseppe Conte, y agregó que se destinarán “200.000 millones de euros de garantía pública para los créditos, a la altura del 90% para las empresas de todo tipo” , equivalente al 25% del volumen de negocio de las empresas o el doble del costo del personal¹8.

En España, el gobierno de Pedro Sánchez anunció “la mayor movilización de recursos de la historia democrática” del país: 200 mil millones de euros, casi el 20% del PBI nacional (el FMI estima en 15,7%). El origen de 117 mil millones de euros será íntegramente estatal y el resto se completará con “recursos privados” ²0. Sin embargo, a diferencia de la amplia mayoría de los países europeos, no promueve aplazamiento de impuestos²¹.

España es de los países más afectados: al 23/3 contaba con 41.567 casos confirmados y 2.311 muertes. A esa misma fecha la incidencia de muertes sobre 100.000 habitantes era de 5,05 y se elevó a 33,35.

Por su parte, Alemania, anunció el paquete económico más grande desde 1945. El Ministro de Finanzas, Olaf Scholz, calificó esta medida como una “bazuca” y su par de Economía, Peter Altmaier, lo describió como el “más grande y más efectivo que ha habido nunca en una crisis”. El programa consiste en préstamos “ilimitados” para las pequeñas y medianas empresas (entre 11 y 250 empleados), garantizado al 100% por el Estado. Serían unos 800.000 de euros ²².

A pesar de los anuncios, se estima que la economía alemana se contraerá al menos 9,8% en el segundo trimestre de este año ²³. Adicionalmente, Alemania impulsó el paquete fiscal más importante de los países mencionados, del orden de 4,5% del PBI, que incluye ayudas para las pequeñas empresas y los trabajadores autónomos a través de subvenciones directas de hasta 15.000 euros durante tres meses y la inyección de 3.000 millones de euros en hospitales²4 . En el caso de Alemania al 23 de marzo se registraban 0,19 muertes cada 100.000 habitantes y ascendieron a 2,88 al 9 de abril de 2020.

Con respecto a Reino Unido, Boris Johnson, que en primera instancia había privilegiado la situación económica a la salud, indicó que “Debemos actuar como lo haría cualquier Gobierno en tiempo de guerra y hacer todo lo que haga falta para apoyar nuestra economía”. Reino Unido, que computaba al 23 de marzo con 8.085 casos y 335 muertes (siendo 0,5 al 23 de marzo las muertes cada 100.000 habitantes y subiendo a 10,64 el 9 de abril), y que tiene hoy a su primer ministro internado por coronavirus, anunció un paquete fiscal de 34.000 millones de euros, además de una línea de crédito garantizada por el Estado por un total de 330.000 millones de libras (unos 360.000 millones de euros) para financiar empresas, es decir, un 15% del PBI²5 .

El Estados Unidos de Trump se resistió en un comienzo a aplicar medidas de aislamiento social que protegieran a la población, evitando detener la marcha de la economía, pero ya al 23 de marzo llegaba a más de 51 mil contagios y 500 muertes. A esa misma fecha, EEUU registraba 0,16 muertes cada 100.000 habitantes y al 9 de abril, un total de 4,43. Varios estados implementaron políticas de aislamiento y desde el gobierno federal se envió un paquete fiscal al Capitolio por más de 10% del PBI, que aún no fue aprobado. Por lo pronto, la Fed flexibilizó los límites de apalancamiento bancario, inyectó hasta US$ 800 billones de liquidez mediante operaciones de mercado abierto (Treauries, MBS) y US$ 300 billones adicionales por otros mecanismos. Por ejemplo, la Fed prestando bancos contra ABS de garantía (ABS=Asset backed securities) y préstamos a estudiantes, prendarios, de tarjetas de crédito, etc.

El origen del virus, territorialmente, fue China. El paquete fiscal chino es de gran magnitud. Inyectó liquidez por hasta 3 trillones de yuanes (trillón americano) y 1.85 trillones en líneas de crédito a sectores afectados. El aumento del gasto público incluye medidas de recortes de impuestos y apoyo a PyMEs. Junto con ello, se redujo la tasa de interés entre 0,5 y 1 punto ²6. El gran resultado de las políticas de aislamiento implementadas durante enero y febrero hicieron que el movimiento en la cantidad de muertes cada 100.000 habitantes se estancara, siendo de 0,231 al 23 de marzo de 2020 y 0,236 al 9 de abril.

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