CIENCIA

Gabriel Rabinovich fue premiado en España

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El científico argentino Gabriel Rabinovich continúa cosechando reconocimientos por sus labores en investigación y aportes al desarrollo de tratamientos en el área de inmunología.

En el mes de mayo tuvo el reconocimiento de presidir el prestigioso congreso Keystone Symposia, celebrado en Whistler, Canadá, que ayuda a investigadores y potencia los desarrollos en inmunología y oncología.

Keystone Symposia on Molecular and Cellular Biology es una organización sin fines de lucro con sede en Silverthorne, Colorado, EE. UU., que organiza anualmente entre 50 y 60 conferencias abiertas y revisadas por pares sobre diversos temas de ciencias de la vida. Los temas abarcan la investigación básica y clínica, e involucran a los sectores académico, industrial y de salud global, con el fin de promover avances traslacionales con impacto médico.

Rabinovich considera que la invitación al evento de la magnitud de Keystone es un logro destacado. “El plus es que eran dos Keystone en uno: el de Tumor Microenvironment y el de Resolution of Autoimmune inflammation. Hace dos meses me comunicaron que había sido seleccionado para dar la Conferencia Inaugural, lo cual fue un honor totalmente inesperado, así que estoy muy feliz”. agregó.

El científico destaca la valoración y la selección de sus trabajos por parte de los organizadores. “El hecho de haber seleccionado nuestro trabajo como conferencia plenaria nos marca un termómetro importante de que nuestros hallazgos están siendo sumamente respetados por la comunidad internacional lo cual nos enorgullece muchísimo”, enfatizó.

Dividí mi presentación entre nuestros hallazgos recientes acerca del rol de galectina-1 en microambientes tumorales e inflamatorios”, explicó sobre su alocución.

Nuevas líneas de acción

Gabriel Rabinovich sigue indagando en España sobre la proteína Galectina -1 y buscando nuevas líneas de investigación. “Queremos investigar el papel de otras galectinas diferentes a galectina-1 y extrapolarlo a otras enfermedades involucradas en el “inflammaging” incluídas neurodegenerativas, cardiovasculares y neoplásicas”, comentó.

Un gran premio en territorio español

Para sumar a esta etapa de celebraciones, el Dr. Rabinovich lidera un proyecto enfocado en desentrañar los mecanismos de resistencia en cáncer de páncreas que fue galardonado con el Premio Fero Dr. Baselga, uno de los reconocimientos de investigación oncológica más prestigiosos de España.

El CaixaResearch Institute es un desafío enorme, un centro de vanguardia para el estudio de la inmunología con grandes implicancias traslacionales y estoy también muy feliz de haber contribuido a sus comienzos. Y fue también una gran alegría que nuestro proyecto haya sido seleccionado para el Premio Fero Dr. Baselga”, finalizó.

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De la Patagonia profunda al suelo rojo, la pasión por los dinosaurios de Matías Motta

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El paleontólogo obereño Matías Motta participó del descubrimiento de Kank australis, una nueva especie de dinosaurio hallada en Santa Cruz. El hallazgo amplía el mapa de los raptores del hemisferio sur y aporta nuevas pistas sobre el origen de las aves. Pero detrás de la repercusión internacional aparece otra historia: la búsqueda del primer registro fósil significativo de Misiones.

Mientras los titulares celebran el descubrimiento de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia, Matías Motta piensa en otra cosa. Piensa en Misiones.

El investigador nacido en Oberá integra el equipo argentino-japonés que identificó al Kank australis, un dinosaurio carnívoro que vivió hace unos 70 millones de años en el extremo sur de la Patagonia. El hallazgo fue publicado en la prestigiosa revista científica Journal of Vertebrate Paleontology y rápidamente captó la atención de medios especializados de todo el mundo.

Sin embargo, para Motta, la noticia tiene una dimensión adicional. Después de participar en algunos de los descubrimientos paleontológicos más importantes de los últimos años, sigue persiguiendo un objetivo mucho más cercano: encontrar algún día el primer fósil que permita incorporar a Misiones al mapa paleontológico argentino.

“No hemos encontrado nada todavía”, reconoce.

La frase resume una rareza científica. Misiones es una de las pocas provincias argentinas sin registros fósiles relevantes confirmados. No porque nunca hayan existido animales prehistóricos en su territorio, sino porque la geología local dificulta enormemente la preservación de restos.

Un dinosaurio que llegó desde el fin del mundo

El Kank australis apareció en sedimentos de la Formación Chorrillo, cerca de El Calafate, en Santa Cruz. Cuando este animal recorría la región, la Cordillera de los Andes todavía no existía y el paisaje era radicalmente distinto al actual.

Donde hoy predominan el viento, la estepa y las bajas temperaturas, hace 70 millones de años existía una red de ríos, lagunas y bosques que sostenía una biodiversidad extraordinaria.

En ese ecosistema convivían peces, ranas, tortugas, serpientes, mamíferos primitivos y algunos de los últimos dinosaurios que habitaron Sudamérica antes de la extinción masiva provocada por el impacto del meteorito. Entre ellos figuraban el gigantesco depredador Maip macrothorax, el saurópodo Nullotitan glaciaris y ahora también el recién descrito Kank australis.

Más cerca de una garza que de Jurassic Park

El nuevo dinosaurio pertenece al grupo de los unenlagiinos, parientes australes de los famosos velociraptores.

Pero la comparación tiene límites. Las investigaciones sugieren que Kank australis pudo haber tenido hábitos muy distintos a los depredadores veloces popularizados por Hollywood. Sus dientes presentan pequeñas crestas adaptadas para sujetar presas resbaladizas. Además, las vértebras del cuello muestran estructuras similares a las observadas en aves pescadoras modernas.

La hipótesis de los investigadores es provocadora: este dinosaurio podría haberse comportado más como una garza que como un cazador terrestre clásico. Un pescador especializado en ambientes acuáticos. La imagen obliga a revisar muchas ideas instaladas sobre los raptores.

La pieza encontrada antes de la tormenta

Los primeros restos aparecieron en 2018. Sin embargo, el fósil decisivo tardó varios años en llegar.

Durante una expedición marcada por nevadas y condiciones extremas, uno de los técnicos del equipo encontró una vértebra cervical parcialmente incrustada en la roca. Poco después una tormenta obligó a abandonar el lugar.

Aquella pieza terminó siendo fundamental. Una vez preparada en laboratorio, reveló características anatómicas desconocidas para la ciencia. Era la evidencia que faltaba para demostrar que se trataba de una especie nueva.

La confirmación llegó tras años de trabajo de campo, análisis comparativos, tomografías computadas y estudios microscópicos realizados por investigadores argentinos y japoneses.

El vacío entre Patagonia y Antártida

El descubrimiento tiene otra consecuencia científica relevante. Hasta ahora, la mayoría de los unenlagiinos conocidos provenían del norte patagónico. Kank australis extiende significativamente su distribución hacia el extremo austral del continente.

Eso permite conectar poblaciones conocidas en Patagonia con registros hallados en la Antártida y reconstruir mejor la evolución de estos dinosaurios en los antiguos territorios del hemisferio sur. Para los paleontólogos, el hallazgo ayuda a llenar uno de los vacíos geográficos más importantes del Cretácico tardío sudamericano.

El sueño pendiente

Pese a la magnitud del descubrimiento, Motta mantiene una obsesión personal. Volver a Misiones.

Las posibilidades existen. Aunque gran parte de la provincia está formada por basaltos volcánicos poco favorables para la conservación fósil, algunas áreas presentan afloramientos sedimentarios capaces de preservar restos antiguos. San Ignacio. Santa Ana. Corpus. Candelaria.

Nombres que aparecen con frecuencia en las conversaciones entre geólogos y paleontólogos.

Allí podría encontrarse algún día la primera evidencia fósil significativa de la provincia.

Por ahora no hay certezas. Pero tampoco las había cuando comenzaron a aparecer pequeños dientes y fragmentos óseos en una montaña cercana a El Calafate.

Seis años después, aquellos restos terminaron convirtiéndose en una nueva especie de dinosaurio.

Quizás la próxima historia empiece mucho más cerca. Bajo la tierra colorada de Misiones.

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Científicos argentinos descubrieron que el dengue, el Zika y la fiebre amarilla comparten el mecanismo de replicación

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Veinte años después de haber realizado uno de los descubrimientos más importantes de la virología argentina moderna, la científica Andrea Gamarnik volvió a quedar en el centro de la escena internacional. La investigadora de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y su equipo demostraron que el mecanismo que utiliza el virus del dengue para replicarse no es exclusivo de esa enfermedad: también está presente en todos los virus del género Orthoflavivirus, entre ellos el Zika, la fiebre amarilla y el virus del Nilo occidental.

El trabajo, publicado recientemente en la revista científica PLOS Pathogens, representa un avance de enorme relevancia sanitaria porque identifica un “talón de Aquiles” común en virus responsables de graves enfermedades humanas transmitidas por mosquitos y garrapatas.

“Descubrimos que todos los virus del género Orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la célula”, explicó el químico Santiago Oviedo-Rouco, investigador del Laboratorio de Virología Molecular de la FIL y autor principal del estudio, en un reportaje escrito por Nora Bär.

La investigación retoma un hallazgo realizado por el equipo de Gamarnik en 2006, cuando identificaron una región específica del ARN del dengue que actúa como promotora de la replicación viral: una señal que le indica a la polimerasa dónde y cuándo comenzar a copiar el genoma del virus. Lo novedoso es que ahora comprobaron que esa estructura está conservada en todos los virus del mismo género.

Para demostrarlo, los investigadores desarrollaron “virus quimera”: utilizaron el dengue como base y reemplazaron su región promotora por secuencias equivalentes de otros flavivirus. El resultado fue contundente: el mecanismo funcionó exactamente igual.

“Logramos verificar que eso que descubrimos en dengue está presente en todos los miembros de este género que son transmitidos por mosquitos y garrapatas”, destacó Gamarnik.

Pero el trabajo no terminó allí. En colaboración con investigadores de Canadá, el equipo realizó además un screening de moléculas capaces de unirse a esa región promotora del ARN viral e inhibir la replicación. Entre más de mil compuestos analizados, dos mostraron capacidad para frenar la reproducción del dengue, Zika y fiebre amarilla en células humanas sin generar toxicidad.

El hallazgo abre la posibilidad de desarrollar un antiviral de amplio espectro, algo especialmente buscado por la comunidad científica internacional ante enfermedades para las cuales todavía no existen tratamientos específicos aprobados.

“Es una prueba de concepto de que hay moléculas pequeñas que pueden servir como drogas para impedir que el virus se replique en células infectadas”, señaló Gamarnik, quien aclaró que todavía resta un largo proceso de validación y desarrollo clínico.

Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es el enfoque terapéutico elegido. Mientras la mayoría de los antivirales apuntan a proteínas, el equipo argentino utilizó una estructura de ARN viral como blanco farmacológico, una estrategia relativamente nueva y compleja debido a la dificultad histórica para estudiar estas moléculas tridimensionales dinámicas.

El avance fue posible gracias a herramientas de modelado computacional desarrolladas junto al equipo de Mernoosh Arrar, del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y el Conicet, que permitieron simular cómo interactúa esa región del ARN con la polimerasa viral.

Para el virólogo Humberto Debat, del INTA, el trabajo representa un aporte de enorme valor científico y sanitario. “Esa conservación estructural la hace un gran blanco de potencial terapéutico. Hoy no tenemos ningún medicamento antiviral específico aprobado para tratar infecciones por estos flavivirus”, sostuvo.

El descubrimiento adquiere especial relevancia en un contexto global marcado por la expansión del dengue y otras enfermedades transmitidas por vectores, impulsadas por el cambio climático, la urbanización y la circulación creciente de mosquitos en nuevas regiones.

Sin embargo, mientras el trabajo recibe reconocimiento internacional, Gamarnik advirtió sobre el fuerte deterioro del sistema científico argentino. “Estamos en una situación muy compleja. Cada trabajo es un acto de resistencia”, afirmó. Actualmente, su laboratorio funciona principalmente con financiamiento internacional proveniente de Canadá y del Instituto Pasteur de París.

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Ciencia con impacto real: la validación a campo para potenciar a la producción

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En el sector agroforestal, la innovación de laboratorio sólo es verdaderamente exitosa cuando demuestra su eficacia en el suelo. Bajo esta premisa, Biofábrica Misiones lleva adelante un estricto proceso de validación a campo, el último y más crucial eslabón en el desarrollo de protocolos de variedades de especies a partir de micropropagación. El objetivo es claro: asegurar que el material genético de origen conocido se traduzca en rendimientos superiores para los productores de la región. 

Floricultura: Crisantemos en validación

En el esquema de validación actual de Biofábrica tiene un espacio particular para el sector florícola, con un fuerte avance en el cultivo de crisantemos micropropagados, destinados tanto para la conformación de plantas madres sanas como para la producción comercial de flor de corte.

Actualmente, el equipo técnico se encuentra registrando el comportamiento de estas variedades en territorio. Los ensayos en tiempo real se están llevando a cabo en parcelas estratégicas del INTA y de manera directa en las instalaciones del productor especializado Yamada, en Colonia Luján.

“Llevar los crisantemos micropropagados a entornos de validación reales, como el predio de Yamada y las estaciones del INTA, nos permite constatar la sanidad y el vigor de las plantas madres fuera de la burbuja del laboratorio. Es un paso clave para asegurar que el sector florícola local compita con la más alta calidad comercial”, destacó Luciana Imbrogno, Gerente General de Biofábrica.

¿Qué significa validar un desarrollo vegetal?

Validar un plantín implica evaluar su desempeño real cuando llega a las manos del colono. El proceso verifica que la planta se desarrolle adecuadamente y que tenga un rendimiento compatible —o superior— a las variedades comerciales, sumando todas las ventajas de un ejemplar micropropagado (libre de enfermedades y con crecimiento uniforme).

Para lograrlo, el equipo profesional de Biofábrica, en conjunto con técnicos e instituciones, instala parcelas y ensayos. Allí se prueban técnicas de manejo y se evalúan las características vegetales desde su establecimiento, pasando por el desarrollo vegetativo, hasta la producción final.

En este sentido, Imbrogno subrayó: “Validar es la garantía que le damos al productor. Una vez que confirmamos el potencial de producción a campo, la comercialización se puede realizar de forma segura, garantizando que el colono obtenga altos rendimientos”.

Alianzas que generan valor 

Si bien la experiencia y el conocimiento de los productores rurales es esencial, el trabajo de validación adquiere una robustez institucional superior gracias a las alianzas estratégicas que Biofábrica mantiene con actores clave de la región.

Actualmente, se trabaja en co-creación con el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, el INTA, la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y la Universidad Nacional del Alto Uruguay (UNAU). El trabajo conjunto de los profesionales es esencial para dar consistencia estadística a los datos, generando no solamente productos listos para el mercado, sino también información científica valiosa para la provincia.

Bioinsumos

La validación de tecnologías no se limita a las plantas; los bioinsumos agrícolas de la firma también atraviesan un riguroso testeo en territorio.

Un ejemplo reciente y contundente tuvo lugar en la Escuela Agrotécnica de Eldorado, en el marco de una tesis de grado de la carrera de Agronomía enfocada en el cultivo de bananos. El ensayo evidenció que al complementar la fertilización química convencional con el bioinsumo Mihoba, se obtuvo más del doble de racimos y el doble de peso promedio en comparación con las parcelas que solo recibieron fertilización tradicional, sin el acompañamiento biológico.

Finalmente, desde la institución recordaron que estas validaciones en el área de bioinsumos cumplen un rol regulatorio estricto, ya que constituyen los respaldos técnicos que deben ser presentados ante el SENASA para obtener los registros oficiales correspondientes, habilitando así su distribución segura en los mercados.

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