ECONOMIA

PyMEs industriales en retroceso: la producción cayó 11% y el empleo 4,5% en el segundo trimestre

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La recuperación de la industria PyME argentina sigue sin aparecer. El segundo trimestre de 2026 cerró con nuevas caídas de producción y empleo, mientras que los dos indicadores que permiten mirar algunos meses hacia adelante —actividad y confianza empresarial— continúan enviando señales de cautela.

La Encuesta Coyuntural de la Fundación Observatorio PyME, realizada sobre unas 400 empresas manufactureras de todo el país, registró entre abril y junio una contracción interanual de la producción del 11% y una reducción del empleo del 4,5%. El deterioro, además, no fue homogéneo: golpeó con mayor intensidad a las empresas pequeñas que a las medianas.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa lo que esperan los propios industriales. El PMI-PyME, índice anticipatorio del ciclo de actividad, cerró el trimestre en 44,3 puntos sobre 100. Aunque recuperó 10,3 puntos respecto del muy débil primer trimestre, todavía quedó 0,7 puntos por debajo del nivel de un año atrás y, fundamentalmente, permaneció lejos del umbral de 50 que marca el ingreso a una fase expansiva.

Es decir: hubo rebote respecto del piso de comienzos de año, pero todavía no recuperación.

Los cinco motores del PMI siguen en rojo

El detalle del indicador ofrece una fotografía todavía más elocuente. Ninguno de los cinco componentes que integran el PMI logró superar los 50 puntos durante el segundo trimestre.

La señal más delicada proviene del stock de materias primas e insumos, que quedó en apenas 39,4 puntos. Este indicador refleja las decisiones anticipadas de compra: cuando las empresas reducen inventarios, generalmente están preparando una menor actividad futura.

La cartera de pedidos, el componente con mayor peso dentro del índice porque funciona como una señal temprana de la demanda que deberán atender las fábricas, alcanzó 42,6 puntos. De las empresas consultadas, 41,1% indicó que sus pedidos disminuyeron respecto del trimestre anterior, contra apenas 26,4% que informó un aumento.

La producción marcó 45,4 puntos y el empleo, 44,7. En este último caso hay un elemento relevante: a diferencia de otros componentes del PMI, no surge de una percepción empresarial sino de la evolución concreta de las dotaciones. El 23,8% de las firmas redujo personal respecto del trimestre previo, frente a sólo 13,1% que aumentó su plantilla.

El componente más cercano a la neutralidad fue el tiempo de entrega de proveedores, con 48,9 puntos, aunque también permaneció en terreno contractivo. El cuadro de la página 2 del informe del Observatorio PyME muestra así una particularidad contundente: pedidos, producción, empleo, entregas y stocks están simultáneamente debajo de 50.

PMI-PyME | II trimestre 2026

IndicadorPuntosSeñal
PMI general44,3Contracción
Cartera de pedidos42,6Contracción
Producción45,4Contracción
Empleo44,7Contracción
Tiempo de entrega48,9Contracción
Stock de insumos39,4Contracción
Umbral de expansión50,0

El PMI tiene precisamente valor predictivo porque sintetiza variables —pedidos, producción, empleo, entregas y stocks— que suelen reaccionar antes de que los cambios aparezcan plenamente reflejados en las estadísticas tradicionales de actividad.

La confianza mejora, pero sigue dominando el pesimismo

La otra señal de alerta surge del Índice de Confianza Empresaria PyME (ICE-PyME). En el segundo trimestre se ubicó en 43 puntos, con una recuperación de 2,7 puntos frente al trimestre anterior pero una caída de 4,5 puntos respecto del mismo período de 2025.

Es el cuarto trimestre consecutivo por debajo de los 50 puntos, nivel a partir del cual predominan las percepciones optimistas entre los empresarios industriales.

Aquí, sin embargo, aparece una grieta interesante entre presente y futuro.

Las condiciones actuales recibieron apenas 32,2 puntos, pese a mejorar dos puntos respecto del trimestre anterior. En la comparación interanual, están 6,8 puntos por debajo del segundo trimestre de 2025.

Las expectativas, en cambio, alcanzaron 52,1 puntos, recuperaron 3,8 puntos trimestrales y consiguieron atravesar nuevamente la frontera del optimismo.

La diferencia entre ambos indicadores alcanza prácticamente 20 puntos.

En otras palabras, los empresarios PyME describen un presente muy deteriorado, pero todavía conservan expectativas de que la situación mejore durante el próximo año.

La paradoja: esperan una mejora, pero no invierten

El dato probablemente más revelador del relevamiento aparece cuando se pregunta si éste es un buen momento para invertir en maquinaria y equipos.

La respuesta arroja apenas 34,6 puntos, una caída de 1,7 puntos respecto del trimestre anterior y de 5,7 puntos en comparación con un año atrás. Fue, de hecho, el único componente del ICE que empeoró durante el segundo trimestre.

La aparente contradicción es significativa. Las expectativas generales volvieron a terreno positivo y las expectativas de rentabilidad alcanzaron 52,5 puntos, pero esa mejora todavía no consigue transformarse en decisiones concretas de inversión productiva.

También persiste una diferencia importante según qué evalúe el empresario. El índice referido a la situación de la propia empresa alcanzó 47,5 puntos; la percepción sobre el país, 42; y la correspondiente al sector industrial en el que opera, apenas 39,3 puntos. Los tres permanecen debajo del nivel neutral y todos están peor que hace un año.

Rebote no es recuperación

La lectura conjunta de los indicadores dibuja una industria PyME que atravesó un segundo trimestre todavía contractivo, aunque algo menos pesimista que el comienzo del año.

El PMI recuperó más de diez puntos trimestrales, pero el propio Observatorio PyME advierte que parte de esa mejora responde al patrón estacional habitual del segundo trimestre: entre 2023 y 2025, el rebote promedio entre el primero y segundo trimestre había sido de 7,7 puntos. Aun después de la recuperación reciente, el indicador quedó en 44,3 y por debajo del nivel registrado doce meses atrás.

Algo similar ocurre con la confianza. El empresario empieza a imaginar un escenario futuro algo mejor, pero todavía observa condiciones actuales muy débiles y posterga inversiones.

Esa combinación —producción en baja, menor ocupación, pedidos débiles, reducción de stocks y escasa predisposición a invertir— muestra que la industria PyME continúa atravesando una fase defensiva. Antes que ampliar capacidad o incorporar trabajadores, buena parte de las empresas parece concentrada en adecuar estructuras y capital de trabajo a un nivel de demanda todavía insuficiente.

Y allí reside probablemente la principal señal hacia los próximos meses: las expectativas comenzaron a recuperarse antes que la economía real de las fábricas. Para hablar de un cambio de ciclo, esa mejora deberá finalmente traducirse en más pedidos, producción, inversión y empleo.

El relevamiento de la Fundación Observatorio PyME comprende un panel representativo de alrededor de 400 PyMEs manufactureras de entre 10 y 249 ocupados, relevadas mediante muestreo probabilístico estratificado en todo el país.

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Cerraron más de 800 firmas en un año y la caída ya es récord

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De acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT) de la Nación, Misiones registró en mayo un total de 8.367 empresas empleadoras del sector privado, mostrando una caída del 8,9% respecto a igual mes de 2025, equivalente  al cierre de 814 firmas en el último año. El dato exhibe además tres agravantes: se trata del menor volumen de empresas de toda la serie histórica (el registro  de este indicador inicia en enero de 2015); en segundo lugar, el descenso del 8,9%  registrado es el más fuerte también de toda la serie histórica y; en tercer lugar, la intensidad del descenso acelera por decimoprimer mes consecutivo, indicando que lejos de haber  alcanzado un piso que permita la recuperación, las unidades productivas misioneras  todavía están en pleno proceso de sangría. 

Entre los 18 sectores de actividad, se observa una situación generalizada de  retrocesos, pero en diferentes intensidades. En ese marco, hay cinco sectores con  descensos de doble dígito en mayo, siendo éstos los Servicios Artísticos, Recreativas, Culturales y Deportivos (-11,6%). Comercio (-11,5%), Servicios Profesionales (-10,2%),  Servicios de Alojamiento y Comida (-10,2%) y Explotación de Minas y Canteras (-10,0%), entre estos, acumularon una pérdida de 458 firmas en el último año, aunque de ese total  unas 358 se explican sólo por el comercio.  

Luego se ubicaron los Servicios de Transporte y Almacenamiento (-9,0%), Construcción (- 8,5%), Industria Manufacturera (-8,5%), Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura (- 8,3%), Información y Comunicaciones (-7,4%), Servicios inmobiliarios (-5,5%), Intermediación Financiera (-4,7%), Servicios de Asociaciones (-4,5%), Actividades Administrativas (-3,6%), Enseñanza (-3,1%) y Suministro de Agua (-2,4%). 

Entre todos estos acumularon un total de 295 firmas perdidas, donde se destacan el Agro con -126 y la  Industria con -84. 

Por el contrario, solamente Servicios Sociales y de Salud (+1,4%) y Suministro de electricidad (+7,1%) exhibieron subas en el último año, aunque en conjunto explicaron apenas 5 nuevas firmas.  

Si se compara los niveles actuales contra los de noviembre 2023, previo al cambio de gobierno, la situación es similar pero, en este caso, es la Construcción el sector que presenta la mayor caída relativa con -23,2%, mientras que el Comercio es la que soporta la mayor pérdida en términos absolutos (-469).

En el plano nacional, la caída del 8,9% de Misiones de mayo 2026 es la segunda más fuerte  del país, solo superada por La Rioja (-16,1%); por ende, se convierte también en el peor  desempeño relativo del NEA, en un contexto donde solamente una provincia en todo el país  logra mejoras (Neuquén con +0,1, empujada por Vaca Muerta). 

En valores absolutos, las 810 empresas que perdió Misiones en el último año son el quinto valor más alto del país, solo por debajo de las  “cuatro grandes” (Santa Fe, CABA, Córdoba y Buenos Aires). 

Si la comparación se hace contra noviembre de 2023, la caída misionera de 11,7% es la sexta más profunda del país aunque la segunda más leve del NEA, ya que tanto Chaco (- 12,5%) como Corrientes (-11,8%) exhiben descensos superiores; también en esta  comparación, Neuquén es la única provincia del país con variación positiva (+1,7%). En  valores absolutos, las 1.113 firmas perdidas en Misiones son la séptima cifra más alta del país.

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Martín Cabrales: “El empresario está para crear riqueza, es la única forma de combatir la pobreza”

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Hay una paradoja que define bastante bien el negocio de Cabrales y, de alguna manera, también explica buena parte de la gimnasia que desarrolló el empresariado argentino durante décadas: la compañía compra en dólares una materia prima que el país prácticamente no produce, la industrializa, le agrega valor y después la vende mayoritariamente en pesos.

Es, como lo define Martín Cabrales, presidente de la empresa y tercera generación de la familia, casi “el proceso inverso de la economía argentina”.

Cabrales fue entrevistado en Construyendo Negocios, el podcast conducido por Mariano Sirena, donde desplegó una conversación que comenzó con el café, pero rápidamente avanzó hacia una discusión mucho más amplia: qué Argentina imagina el empresariado, qué está haciendo bien el gobierno de Javier Milei, qué reformas todavía faltan y por qué considera indispensable reconstruir la cultura del trabajo.

También habló de educación, mérito, informalidad laboral y del papel que deberían asumir los empresarios en una economía con elevados niveles de pobreza. Y reveló dos proyectos que condensan buena parte de esa mirada: el trabajo que realiza junto con la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, para formar baristas y generar oportunidades laborales para jóvenes, y la apuesta de Cabrales para desarrollar café producido en la Argentina.

El café verde llega desde Brasil, Colombia, Perú y otros grandes países productores. Su precio se referencia internacionalmente, mientras que del otro lado del mostrador aparecen el peso, el consumo doméstico, los costos argentinos y una historia económica atravesada por saltos cambiarios, inflación y crisis recurrentes.

Cabrales lleva 85 años navegando esas aguas.

Y Martín Cabrales habla desde esa perspectiva: la de un empresario que administra el presente, pero está obligado a pensar en décadas.

Un commodity en dólares, una taza que se vende en pesos

-Si tuviera que explicarle el negocio del café a alguien que no lo conoce, ¿cómo lo definiría?

-Argentina es un exportador natural de commodities. El negocio del café es la inversa: importamos un commodity, lo descomoditizamos, le ponemos valor agregado y lo comercializamos internamente y, si podemos, exportamos.

La definición resume el primer gran desafío financiero de la actividad. Cabrales paga la materia prima en dólares y cobra a sus clientes en pesos.

En cualquier economía ese descalce obliga a administrar cuidadosamente compras, inventarios y precios. En la Argentina, durante décadas de volatilidad cambiaria, se convirtió casi en una especialidad.

“Tenemos 85 años en el mercado. Hemos vivido todo tipo de situaciones y etapas”, dice.

La empresa construyó sobre esa experiencia un negocio que ya no consiste simplemente en comprar café verde, tostarlo y ponerlo en una góndola. Cabrales habla de trazabilidad “del cafetal a la taza”, certificaciones, tecnología, capacitación, distribución, servicio técnico, máquinas instaladas en gastronomía y una marca que necesita ser alimentada permanentemente.

“Nunca terminás de construir una marca”, resume.

La inflación baja, pero todavía queda el “costo argentino”

La conversación con Sirena inevitablemente deriva hacia la economía.

Para Cabrales, uno de los cambios centrales del escenario actual es la desaceleración inflacionaria. Menos inflación, sostiene, no solamente estabiliza precios: modifica la administración cotidiana de las compañías y obliga a recuperar una disciplina que durante años quedó distorsionada por la nominalidad.

Con precios que dejan de correr permanentemente, el margen vuelve a depender mucho más de la eficiencia.

“Hoy el costo y el margen tenés que cuidarlos permanentemente desde la compra hasta la venta y, sobre todo, hasta la cobranza. El negocio no termina en la venta, termina en la cobranza”, explica.

-¿Qué hizo bien este Gobierno?

-Una de las cosas que hizo bien fue bajar la inflación. Hay que seguir bajándola. El Gobierno no está conforme y uno tampoco con una inflación del 2%; obviamente quiere tenerla en cero. Pero te sacó un peso importante porque la inflación te come el poder adquisitivo.

La contracara sigue siendo una estructura de costos que considera pesada. Cabrales habla de una “mochila tributaria terrible”, financiamiento todavía caro y elevados costos logísticos.

Su ejemplo es deliberadamente gráfico: en determinadas situaciones puede resultar más caro enviar un camión dentro de la Argentina que despachar un contenedor hacia Europa.

Por eso considera que la agenda económica debería profundizar la modernización laboral, avanzar sobre impuestos y reducir los costos derivados de la logística y la infraestructura.

Cabrales evita ubicarse en el terreno partidario, pero no esquiva las preguntas de Mariano Sirena sobre Javier Milei.

Valora especialmente que el Presidente reivindique públicamente al empresario y recuerda que Milei llegó a calificarlos como “héroes”.

-¿Ve un Gobierno que comprende más al sector privado?

-Creo que este Gobierno tiene totalmente en carpeta estos temas. El Presidente ha dicho que los empresarios somos héroes. Creo que, a pesar de los vaivenes y de lo que se pueda decir, él y su equipo tienen conciencia de sacarnos de alguna forma toda esa mochila. Han facilitado un montón de trámites.

Su evaluación positiva no significa considerar terminadas las reformas.

Para Cabrales, la modernización laboral es apenas un comienzo. “¿Es perfecta? No. ¿Es suficiente? No. Es un gran comienzo”, plantea.

Algo similar ocurre con la inflación: celebra el descenso, pero entiende que la meta final debe ser la estabilidad. Y después aparece la cuestión tributaria.

Su planteo es que el Estado debe existir, pero no transformarse en un peso que termine asfixiando la capacidad de producir, invertir y contratar.

“El Estado tiene que sacar esa pata de encima del empresario y dejarnos a los empresarios hacer todo lo que sabemos hacer”.

“El empresario está para crear riqueza”

Detrás de esa definición aparece una discusión más profunda sobre la legitimidad social de la actividad empresaria.

Cabrales cuestiona la mirada según la cual la búsqueda de rentabilidad constituye en sí misma un problema. Una empresa, dice, necesariamente debe generar beneficios para poder existir, reinvertir y crecer.

Pero coloca inmediatamente una segunda condición: la creación de riqueza debe traducirse en empleo, educación, cultura, buenos salarios, formalidad e inversión.

“El industrial, el empresario está para crear riqueza, es la única forma que hay para combatir la pobreza”, sostiene.

La frase es probablemente una de las definiciones económicas más fuertes de toda la entrevista. Para Cabrales, la industria tiene además un efecto que excede ampliamente la fábrica.

Una planta cambia el territorio donde se instala: demanda caminos, proveedores y servicios; genera empleos; aparecen escuelas, clubes y actividad comercial. La industria transforma una materia prima, pero al mismo tiempo puede transformar una comunidad.

Por eso insiste varias veces sobre una misma idea: “Dar trabajo, dar trabajo, dar trabajo”.

Allí la conversación ingresa en uno de los terrenos más sensibles.

Cabrales considera que la Argentina sufrió una erosión profunda de la cultura del trabajo y del mérito.

-¿Se perdió la cultura del trabajo?

-Sí, mucho. El tema del mérito se ha perdido. No culpa de la gente, no culpa de la gente en general, sino por malas políticas.

Su diagnóstico apunta a un fenómeno generacional. Habla de generaciones que crecieron viendo a padres y abuelos sin trabajar y considera que reconstruir ese tejido será mucho más complejo que modificar una regulación económica.

“No es fácil, cuesta, pero no es imposible”, señala. La herramienta central, para él, es la educación.

“La educación no es un gasto, la educación es una inversión”, sostiene.

Pero introduce además una responsabilidad adicional: no deposita toda esa tarea sobre el Estado.

Cabrales cree que el empresario también tiene obligaciones. “Cuando no está el Estado por distintas situaciones, los empresarios tenemos que apoyar todo lo que sea educación y cultura. Si no lo hacemos porque nos gusta, hay que hacerlo por conveniencia también, porque no se puede tener un país inculto, un país que no es educado”.

Durante la entrevista en Construyendo Negocios, Cabrales reveló que trabaja junto con Sandra Pettovello en el desarrollo de una escuela de oficios para formar baristas.

La elección no es casual. El crecimiento de las cafeterías, el avance del café de especialidad y la profesionalización gastronómica incrementaron la demanda de personal capacitado. Además, se trata de un oficio que puede aprenderse mediante cursos relativamente cortos y que posee demanda internacional.

“Estamos desarrollando junto con Sandra Pettovello una escuela de oficios de baristas para darle trabajo, salida laboral a la gente en forma rápida, sobre todo a la gente joven que necesita, de pronto no puede, no tiene tiempo o no tiene las posibilidades de capacitarse con carreras largas”, explicó.

Para Cabrales, el barista simboliza además algo que la tecnología todavía no pudo reemplazar completamente: la mano humana.

Puede haber máquinas automáticas, cápsulas, robots y sistemas cada vez más sofisticados, pero en la alta gastronomía la preparación continúa dependiendo del conocimiento de quien está detrás de la máquina.

Y esa combinación -capacitación breve, demanda laboral y posibilidad de movilidad- convierte al oficio en una herramienta concreta para la inserción de jóvenes.

Sin embargo, para recuperar inversión y empleo Cabrales cree que no alcanza con una buena coyuntura.

Argentina necesita previsibilidad.

“Lo que falta son políticas de Estado. Hoy tenés gobiernos que llegan y cambian todo lo que hizo el gobierno anterior”, cuestiona.

Su propuesta pasa por construir consensos alrededor de algunos pilares básicos que permanezcan durante décadas y cuya modificación requiera mayorías políticas amplias.

“Yo creo mucho en el consenso, en pactos que permitan que determinadas cosas sean para siempre o a muy largo plazo. Eso también te da seguridad jurídica para los inversores”, sostiene.

La mirada probablemente tenga mucho que ver con administrar una compañía cuya escala temporal excede largamente cualquier período presidencial.

Cabrales atravesó 85 años de economía argentina.

Su fundador fue un inmigrante español. Después llegó la segunda generación. Martín pertenece a la tercera y actualmente la familia trabaja sobre el tránsito hacia la cuarta.

Mirar solamente el trimestre, en ese contexto, sería imposible.

-¿Cómo hace una empresa familiar para atravesar tantos cambios?

-Primero, pasión. Pero evidentemente se tiene que estar acompañado de profesionalismo, información, asesoramiento y determinadas variables. La pasión es el motor, pero la decisión es de negocio.

Cabrales cree que uno de los errores más peligrosos de una empresa familiar es confundir familia con administración.

Por eso la compañía elaboró protocolos familiares, modificó estatutos y estableció condiciones para el ingreso de integrantes de la familia. Incluso tomó una decisión especialmente significativa: el CEO debe ser un profesional externo y no un Cabrales.

La familia conserva la propiedad, la dirección estratégica y la cultura. La administración profesional tiene su propia lógica.

“Hay que anticiparse a los problemas”, explica. Eso significa discutir antes de que aparezcan los conflictos quién puede ocupar cargos, qué formación necesita, cómo se producen los recambios generacionales e incluso cómo se relacionan los familiares políticos con la compañía.

La regla tiene una finalidad económica, pero también emocional: proteger simultáneamente a la empresa y a la familia. Que continúe la compañía, pero también “el asado o la paella de los domingos”.

Cuando el apellido familiar coincide con el nombre del producto, separar empresa y vida privada se vuelve todavía más difícil.

Cabrales recuerda reuniones familiares donde inevitablemente se hablaba de café, proveedores extranjeros que pasaban las fiestas con la familia y una infancia atravesada por conversaciones sobre la empresa.

“Uno se cría ahí”, cuenta.

Hay riesgos en esa mezcla, admite. Pero también una ventaja difícil de reproducir mediante manuales corporativos: sentido de pertenencia.

Para Cabrales, esa “mística” constituye un activo intangible.

No alcanza, sin embargo, con la tradición. La empresa invirtió en nuevos blends, envases, cápsulas compatibles con sistemas internacionales, certificaciones, trazabilidad, máquinas y capacitación. También comenzó a incorporar inteligencia artificial en diferentes procesos.

Porque una compañía de 85 años puede apoyarse en su historia, pero no sobrevivir únicamente de ella.

“Nunca hay que pensar que la empresa está armada, que está formada, que está terminada. El proceso es continuo”.

El cafetal argentino

El proyecto que probablemente sintetice mejor esa mezcla entre tradición y futuro está lejos de Mar del Plata. Está en Tucumán.

Argentina prácticamente no produce café a escala comercial. Pero Cabrales asegura que las modificaciones climáticas comenzaron a abrir posibilidades productivas en el norte del país, especialmente en Tucumán y Salta -en Misiones comienza a experimentarse y hay técnicos misioneros trabajando para la firma-.

Tucumán, explica, convirtió el desarrollo del cultivo en una política de Estado y ya comenzó a obtener pequeñas cosechas.

Las cantidades todavía son mínimas. Pero Cabrales mira mucho más adelante.

Según relató, existe la expectativa de que a futuro puedan desarrollarse entre 8.000 y 10.000 hectáreas. La empresa ya firmó un convenio con los caficultores para comprar esas cosechas y trabaja sobre certificaciones y desarrollo comercial.

“Ya este año vamos por la segunda cosecha. Es muy chica todavía, pero ya es un hecho”, anticipó.

Y entonces aparece el sueño.

-¿Hasta dónde puede llegar este proyecto?

-Algún día poder exportar café. Primero que se consuma acá, pero poder exportar café argentino, 100% elaborado, cultivado en Argentina, con Marca País.

“Me encantaría que Argentina sea un exportador de café y Cabrales sea la marca que exporte el primer café argentino”.

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El crédito desde una perspectiva de largo plazo

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Por Guillermo Bermúdez / Fundación FIEL – En diversas ocasiones, desde la presente columna, se abordó la cuestión del crédito al sector privado en cuanto a su participación en la hoja de balance del sistema financiero en los meses recientes; en lo referido al impacto del alza de tasas activas y el deterioro de los ingresos del público sobre la mora bancaria; respecto a los cambios regulatorios necesarios para canalizar los depósitos en dólares hacia el crédito en esa moneda a personas que no generan divisas -restricciones del artículo 23 del decreto 905 del año 2002-; así como la caracterización del episodio de recuperación de los préstamos desde inicios de 2024.

El objetivo del presente análisis es ampliar al inicio de la Convertibilidad el repaso presentado en abril[1] cuando se revisó la situación del crédito y los depósitos en la hoja de balance del sistema financiero desde 1994, en momentos en el que el crédito al sector público absorbía una proporción menor de la capacidad prestable y la Convertibilidad del peso y el carácter bimonetario de la economía habían propiciado una marcada dolarización del sistema financiero. Adicionalmente, se exploran potenciales factores de corto plazo que obstaculizarían un repunte más dinámico de los préstamos en los meses por venir.

En julio de 2026, el crédito al sector privado alcanza $ 135.9 billones, de los cuales $ 100.2 billones –un 74%- corresponden a líneas de financiamiento en pesos. Este nivel de préstamos totales se coloca unos $ 4.6 billones en moneda constante por debajo del pico alcanzado en diciembre pasado durante el último episodio de recuperación del crédito iniciado en abril de 2024. En perspectiva histórica, la marca también se coloca por debajo de otros picos como el de agosto de 2018, cuando los préstamos al sector privado sumaron $ 169.8 billones, el de diciembre de 2013 ($ 147.3 billones) o el de diciembre de 1998 ($ 154.5 billones). De lo anterior surge que el stock actual de préstamos se encuentra por debajo de marcas históricas.

La comparación resulta menos favorable cuando se la realiza en relación al PBI. En la actualidad, el stock de préstamos al sector privado representa 11.2% del producto, mostrando un retroceso respecto a febrero pasado, cuando la relación alcanzó 12.8%, y colocándose por debajo de marcas previas como septiembre de 2018 (15.3%), o enero de 2000, cuando el stock trepó hasta 21.5% del PBI alcanzando la relación más elevada en cerca de cuatro décadas.

Pero el nivel actual de crédito en relación al producto no sólo es bajo en la comparación con los registros del pasado reciente, sino que también lo es en la comparación con el tamaño de los préstamos en economías de la región o con niveles de ingreso similares a los de Argentina. En efecto, la relación de crédito al sector privado en Uruguay alcanza 31%, en Chile supera el 70%, en Brasil el 75%, en Paraguay el 56%, en Latinoamérica y el Caribe el 48% y para los países de ingresos medios altos 136%, de acuerdo a datos del Banco Mundial.

Tal como se ha mencionado anteriormente, el nivel actual de créditos -y depósitos- en relación al PBI, en la comparación histórica e internacional, vuelve a señalar un potencial para la profundización financiera de la economía.

Gráfico 1

Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.

Al respecto, del lado del fondeo en pesos, aún existe espacio para un mayor recorte de los requisitos mínimos de liquidez, dando continuidad a la normalización de la política de encajes en marcha desde diciembre del año pasado y que en abril los redujo a 45% para las cuentas a la vista, con la posibilidad de integrar en efectivo el 31.5% y el resto con títulos de deuda pública. La demora en un más acelerado recorte de encajes, que propicie una mayor dinamización del crédito, viene dada por la debilidad de la demanda de pesos, y de ello un potencial impacto sobre la desinflación. Lo anterior, sin perder de vista que unos mayores requisitos de liquidez contribuyen a ampliar el spread de tasas de interés encareciendo el crédito. Asimismo, sobre la recuperación del crédito gravita una mayor selectividad en el otorgamiento de préstamos por parte de las entidades bancarias luego del aumento de la irregularidad de cartera que se tuvo desde comienzos de 2025.

Del lado, del fondeo en dólares, hoy los depósitos del sector privado en esa moneda superan los USD 40.2 mil millones -colocándose en niveles récord desde la Convertibilidad-, mientras que los préstamos en dólares ascienden a USD 24.1 mil millones. De lo anterior, la búsqueda por parte de algunas entidades bancarias de lograr la flexibilización de la normativa relativa al otorgamiento de créditos en esta moneda a personas sin capacidad directa de generación de divisas. A partir de ello, el BCRA mediante la Comunicación A 8446 dispuso habilitar a los bancos a otorgar este tipo de créditos a personas que cuenten con el aval directo de una empresa con capacidad de obtener ingresos en dólares y que se constituya como principal pagador. Al respecto, si bien el BCRA establece el marco prudencial, son las entidades financieras las que deberán escudriñar el perfil crediticio de los potenciales tomadores de crédito y tomar la decisión del otorgamiento. El salto de la mora en las líneas en pesos durante 2025 sugiere que las entidades podrían mostrar una mayor reticencia respecto a los casos en el que los créditos en moneda dura continúen siendo destinados a la prefinanciación de exportaciones.

Aun cuando el nivel actual del crédito resulte bajo, el episodio de recuperación iniciado en abril de 2024 ha sido el más dinámico en la comparación con otros eventos similares que tuvieron lugar desde comienzos de los noventa.

Tomando en consideración el crecimiento real del crédito al sector privado, desde 1991 pueden identificarse seis episodios de recuperación[2], dos de los cuales corresponden a la década del noventa, uno en el comienzo de los dos mil, dos en la segunda década de este siglo y finalmente el reciente iniciado a comienzos de 2024.

A los fines de comparación del crecimiento de los préstamos en cada uno de estos episodios, teniendo en cuenta que se tienen diferencias de duración entre cada uno de ellos –por ejemplo, el iniciado en abril de 1991 se prolongó por 46 meses hasta febrero de 1995 y el que tuvo comienzo en septiembre de 1995 duró 39 meses, hasta diciembre de 1998-, se calculó la tasa media mensual, tanto para el crédito total como para las líneas en pesos y dólares.

Como se observa en el Gráfico 2, el episodio de recuperación del crédito iniciado en abril de 2024 resultó el más dinámico en la comparación con los cinco restantes, superando con holgura incluso el registrado en los primeros cuatro años de la Convertibilidad.

En efecto, en el inicio de la Convertibilidad el crecimiento del crédito avanzó hasta 1995 a un ritmo mensual de 2.1% para el total de préstamos, 1.7% para los denominados en pesos y 2.4% para los otorgados en dólares. De este modo, en 46 meses el crédito sumó 9.5% del PBI alcanzando un equivalente de 16.9% del producto. Por su parte, el último episodio de crecimiento del crédito mostró un ritmo mensual del 4.6% para los préstamos en pesos, 5.7% para los otorgados en dólares y del 4.8% para el total. De este modo, entre abril de 2024 y diciembre de 2025 el stock de crédito creció hasta un equivalente de 11.8% del PBI sumando en el período 7% del producto. Con todo, el episodio actual tuvo una tasa mensual de crecimiento que multiplicó por 2.7 la registrada entre abril de 1991 y febrero de 1995 para los préstamos en pesos y por 2.3 en el caso de los créditos en dólares y para el total de préstamos, aunque el avance en términos del PBI resultó algo más bajo.

El episodio de recuperación, superado el impacto de la crisis de México –efecto Tequila-, mostró un más moderado ritmo de crecimiento del crédito en la comparación con años previos, desde niveles que duplicaban las líneas en pesos y triplicaban los otorgados en dólares en la comparación con abril de 1991. Fue hacia el fin de esa fase de crecimiento del crédito donde la relación del crédito a PBI se colocó entre los máximos históricos.

A lo largo de 1999 y 2000, se sucedieron esporádicamente alzas mensuales del crédito que no anotaron una continuidad. Más tarde, las restricciones a la operatoria bancaria en efectivo hacia diciembre de 2001, la posterior suspensión de la Ley de Intangibilidad de depósitos a comienzos de enero de 2002, y la consecuente pesificación asimétrica de depósitos y créditos, afectó marcadamente al sistema financiero, demorando hasta bien entrado 2004 la recuperación del crédito. En efecto, desde el punto de vista de la actividad sectorial, la intermediación financiera continuó profundizando su caída desde comienzos de 2002 hasta el primer semestre de 2004, rezagando la mejora de otros sectores de servicios como el comercio o el transporte que, a comienzos de 2003, ya mostraban avances.

En aquella fase de recuperación, el comportamiento más dinámico lo mostraron los créditos en dólares con un alza mensual real de 2.6% hasta inicios de 2008, bien por delante de las líneas en pesos que crecieron a un ritmo mensual del 1.5%, pero desde niveles muy bajos –los préstamos en dólares alcanzaban el 11% del total, muy por debajo del 63% que ostentaban en diciembre de 1998 o el 59% de febrero de 1995-.

En relación a lo anterior, la pesificación de depósitos que siguió al abandono de la Convertibilidad, determinó que la participación de los depósitos en dólares se redujera drásticamente, relación que se mantiene en bajos niveles hasta la actualidad. En efecto, los depósitos en dólares promediaron entre 1991 y 2000 una participación del 58% y desde 2002 a la actualidad, 14% con una tendencia de aumento en los dos últimos años y medio.

Gráfico 2

Fuente: Elaboración propia en base a BCRA e INDEC.

La recuperación del crédito iniciada en abril de 2010, que se prolongó hasta fines de 2013, se caracterizó por un marcado retroceso de los préstamos en dólares, los que se recortaron a un ritmo mensual del 1.6%, cayendo a menos de la mitad al fin del episodio –pasaron de $ 14.5 billones a $ 7.1 billones medidos en moneda constante-. No hay que perder de vista que, hacia octubre de 2011, el gobierno de Cristina Fernández comenzó a implementar restricciones para la operatoria de divisas –cepo cambiario- iniciando con el requerimiento de permisos ante AFIP para la realización de operaciones cambiarias. Las restricciones se fueron profundizando a lo largo de 2012 –declaraciones juradas anticipadas de importación, límites a la compra de divisas con fines de ahorro y para turismo, etc.-, propiciando el despegue de la brecha de cambio, sin lograr contener la pérdida de divisas por parte del BCRA, y produciendo el marcado retroceso del crédito en dólares.

Luego de la unificación cambiaria de fines de 2015, durante los primeros meses de la gestión de Cambiemos, el crédito en términos reales mostró un retroceso en el primer semestre a causa de un avance de la inflación por encima del ritmo de aumento de los préstamos, motorizada en parte por algún reordenamiento de precios relativos a partir de la corrección del atraso tarifario. Desde agosto de 2016, el crédito retomó un sendero de crecimiento, con un mayor dinamismo para las líneas en dólares, nuevamente desde bajos niveles de participación en el crédito total.

Desde el pico de agosto de 2018 y por los próximos seis años, el crédito y el sistema financiero fueron reduciéndose en términos del PBI hasta mínimos históricos en un contexto en el que el financiamiento monetario del déficit generaba una inflación rampante que propiciaba la desmonetización, el BCRA dilapidaba divisas y el Sector Público ocupaba una proporción creciente en el balance del sistema financiero.

Hacia abril de 2024, la relación de crédito al sector privado con el PBI tocó 4.8%, un mínimo histórico –en el que también se ubicaban los agregados monetarios-, y es desde allí que se tiene el último episodio de recuperación del crédito que, como se mencionó, resultó el más dinámico, superando el de la primera parte de la década de los noventa. En este episodio, no sólo el crecimiento del crédito en pesos resultó el más veloz, sino también en el caso de los préstamos en dólares. Este aumento no sólo fue propiciado por un alza de los depósitos en esa moneda a partir de la Ley de exteriorización de activos de la segunda mitad de 2024, sino también a causa de una preferencia por parte de las firmas exportadoras de optar por el fondeo en dólares en un contexto de mayor estabilidad cambiaria y compresión de la brecha.

Como se mencionó en la columna de junio[3], el recorte de las tasas de interés y la mora en los meses por venir, no parecen suficientes para desatar un episodio de recuperación del crédito como se tuvo a inicios de 2024, en parte por una oferta más selectiva de las entidades bancarias, y en parte porque el costo del crédito resulta aún elevado.

Al respecto, además de los encajes bancarios -en niveles históricamente altos-, encarece el costo del financiamiento la elevada carga tributaria, comenzando por impuestos nacionales -el impuesto al valor agregado computado sobre la tasa activa y el impuesto a los créditos y débitos bancarios-, siguiendo por ingresos brutos a nivel provincial y sumando otras tasas municipales.

De lo anterior, a la búsqueda de movilizar el crédito en moneda dura hacia sectores sin capacidad de generación de divisas, debería anteponerse el recorte del componente tributario del costo del financiamiento, lo que contribuiría al mismo tiempo a la reducción de la irregularidad-, de modo de dinamizar una recuperación más acelerada del crédito, y de ello de la actividad y el empleo.

En síntesis. En la comparación histórica la dinámica de crecimiento del crédito en la fase de recuperación iniciada a comienzos de 2024 supera con holgura a la mejor experiencia en materia de préstamos que tuvo lugar en la primera parte de la Convertibilidad. El actual nivel de crédito resulta bajo en la comparación histórica e internacional, lo que permite avizorar una profundización financiera en el futuro cercano, de mayor parsimonia que en el pasado reciente, en parte explicado por la mora y un elevado costo del financiamiento, el que incluye una elevada carga tributaria.


[1] https://fielfundacion.org/blog/2026/04/13/creditos-y-depositos-del-sector-privado/

[2] Comprendidos entre 04.1991 – 02.1995; 09.1995 – 12.1998; 05.2004 – 01.2008; 04.2010 – 12.2013; 08.2016 – 08.2018 y 04.2024 – 12.2025.

[3] https://fielfundacion.org/blog/2026/06/06/recorte-de-tasas-y-mora-seran-insuficientes/

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El segundo semestre viene con grillete fiscal

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Por Isidro Guardarucci / Fundación FIEL – El primer semestre cerró con superávit fiscal nacional, una noticia que sigue siendo importante para un país poco acostumbrado a sostener cuentas públicas ordenadas. Sin embargo, la comparación real contra 2025 confirma que la holgura se achicó bastante. El resultado primario acumulado a junio es casi 30% menor al del año pasado y el financiero cae más de 60%. A nivel provincial, la historia es similar: balance primario positivo, pero con una caída del 50% frente a 2025. En este contexto, el gobierno nacional anunció el “grillete fiscal”.

Primer semestre nacional: el signo positivo ya no alcanza

A junio, el Sector Público Nacional No Financiero acumuló un superávit primario de $7,3 billones y un superávit financiero de $1,5 billones, ambos medidos a precios de 2026. El resultado sigue en terreno positivo y esto no debe minimizarse: el ancla fiscal continúa siendo el activo central del programa económico.

Pero el dato relevante está en la comparación interanual. Medido en términos reales, el resultado primario acumulado cae 28,3% respecto de enero-junio de 2025. El resultado financiero se reduce 64,6%. La explicación general es historia repetida. Los ingresos caen más que el gasto. Los recursos totales retroceden 5,0% real y los tributarios lo hacen 6,5%. El gasto primario también baja, pero apenas 1,9%. No hay desborde del gasto en el agregado, pero sí una combinación menos favorable para sostener el superávit. No obstante, aún en este contexto, la iniciativa de reducir la presión impositiva continúa: los números de julio reflejarán la baja de derechos de exportación a bienes industriales, con el objetivo de su eliminación total dentro de los próximos doce meses.

Cuadro 1

Ejecución acumulada enero-junio (millones de $ de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Ingresos débiles, otra vez

La recaudación tributaria acumulada a junio vuelve a mostrar una baja amplia, que se sitúa en 6,5% cuando se compara en moneda constante contra la primera mitad del año pasado. Los Derechos de Exportación son el principal factor: caen 40,8% real y explican una pérdida de alrededor de $2,3 billones frente al primer semestre de 2025. En segundo lugar, aparece el IVA, con una merma real de 7,8% y una pérdida de $1,4 billones. Los aportes y contribuciones a la seguridad social completan el grupo principal, con una caída de 3,8% y $1,1 billones menos.

Estos tres componentes explican buena parte del retroceso. No tienen la misma lectura económica, pero sí el mismo efecto fiscal. Los Derechos de Exportación reflejan cambios de alícuotas, cantidades, precios y tipo de cambio; el IVA es una señal más cercana a consumo y actividad interna; los aportes y contribuciones dependen de la dinámica del empleo formal y la masa salarial. En conjunto, muestran que la recuperación de la recaudación todavía no aparece con la fuerza necesaria.

Hubo algunas compensaciones. Ganancias creció levemente en términos reales, Bienes Personales también aportó algo y el resto de tributos aumentó 7,7%. Pero estos movimientos no alcanzan para revertir el saldo general. El punto de fondo es que, con menor inflación, el fisco necesita bases imponibles reales más fuertes. La nominalidad ya no hace el trabajo.

Gráfico 1

Aportes a la variación de la recaudación (millones de $ de 2026)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Gasto: ajuste más tenue y partidas que vuelven a crecer

Del lado del gasto primario, la baja agregada del 1,9% real luce modesta frente a la caída de los ingresos. Algunas partidas siguen mostrando recortes relevantes: las transferencias corrientes a provincias caen 35,6%, los gastos de funcionamiento no salarial 14,3%, el gasto de capital nacional 11,6%, las transferencias de capital a provincias 13,9%, el resto de prestaciones sociales 11,6% y las remuneraciones 7,1%.

Sin embargo, otras líneas muestran recomposiciones. Las jubilaciones y pensiones contributivas crecen 3,1% real, la AUH aumenta 3,8% y las transferencias a universidades suben 10,5% (merced a la actualización de salarios acordada hace unos meses, la cual tendrá un impacto adicional en agosto). En estos casos, la dinámica no sorprende: después del fuerte ajuste inicial, algunas partidas empiezan a recuperar poder de compra o reciben decisiones específicas de recomposición.

El rubro que más sobresale sigue siendo subsidios económicos, con un aumento real de 29,6% en el acumulado. La explicación está, otra vez, en energía. Entre enero y junio, los subsidios energéticos se ubican alrededor de 78% por encima del mismo período de 2025, mientras que transporte cae cerca de 7%. No estamos de vuelta en los niveles más desordenados de la historia reciente, pero sí ante una partida que siempre conviene mirar con poca complacencia.

Así, el balance del primer semestre exige una lectura menos celebratoria que la del resultado nominal. El superávit sigue, pero ya no se sostiene con la misma facilidad. Para cumplir objetivos fiscales, el segundo semestre requerirá que la recaudación acompañe más o que la administración del gasto sea más activa.

Provincias: primer trimestre con menos colchón

El archivo de ejecución provincial del primer trimestre permite mirar la situación subnacional en valores constantes, a precios del primer trimestre de 2026. Para hacer la comparación, se excluye La Pampa, la cual continúa con su situación irregular en términos de presentación de información y publicación por parte del gobierno nacional homologando su metodología (como hace con las otras jurisdicciones). Sobre los 23 fiscos comparables, las provincias cerraron el primer trimestre de 2026 con superávit primario y financiero, pero con una fuerte reducción respecto a 2025 (el cual mostró una baja sensible frente a 2024, aunque con un contexto particular).

El resultado primario agregado fue de $1,7 billones, equivalente a 4,9% de los ingresos totales. El resultado financiero fue de $0,9 billones, 2,4% de los ingresos. Son números positivos. Pero en el primer trimestre de 2025 el superávit primario había sido de $3,4 billones y el financiero de $2,7 billones. En 2024, favorecido por una licuación mucho más intensa del gasto, el resultado había sido todavía más holgado.

Cuadro 2

Ejecución provincial consolidada primer trimestre, 23 jurisdicciones (billones de $ del 1T 2026)

Fuente: elaboración propia en base a DNAP, Ministerio de Economía.

El mapa provincial, de todos modos, sigue siendo heterogéneo. En 2026, 18 de las 23 jurisdicciones comparables mostraron superávit primario y 17 tuvieron resultado financiero positivo. Es decir, no se trata de una crisis generalizada. El agregado se deteriora porque algunos casos pesan mucho y porque el colchón promedio se achicó.

La lectura de fondo es conocida, pero conviene repetirla. Las provincias tienen gastos rígidos: salarios, cajas previsionales propias en varios casos y servicios esenciales como salud, educación y seguridad. Del lado de los ingresos, dependen de la coparticipación y de Ingresos Brutos. Cuando la inflación se desacelera, la licuación deja de ayudar y la prudencia fiscal vuelve a depender menos de la inercia y más de decisiones efectivas de gasto.

Grillete fiscal y el futuro

El gobierno se enfrentará a un segundo semestre donde su objetivo será preparar el terreno para un 2027 con elecciones. En Argentina, esto es sinónimo de turbulencias y hacer la tarea este año implica minimizar los riesgos futuros. En este contexto es que el gobierno nacional anunció recientemente el “Grillete Fiscal”. Una señal de compromiso fiscal que, independientemente de sus formas, es necesaria de cara a un 2027 donde el ciclo político mete la cola en la estabilidad macroeconómica.

El mentado grillete puede resumirse como el intento del Ejecutivo de transformar el déficit cero de una decisión de política económica en una regla institucional permanente. La idea central es que el Presupuesto deba cerrar siempre equilibrado o con superávit, sin financiamiento monetario del BCRA, y que toda ley que implique más gasto tenga que explicitar su fuente de financiamiento. Si no lo hace, el Ejecutivo buscaría poder diferirla, recortar otras partidas o incluso declararla inaplicable. Ante la falta de acuerdo para reestablecer el sendero superavitario, incluso se suspenderían los sueldos del alto funcionariado del Ejecutivo.

El anuncio ha sido grandilocuente, con un esquema de castigos e incentivos agudos que podría ser contraproducente en caso de no cumplirse. Esto es especialmente relevante en el caso argentino, toda vez que una regla que propone mecanismos que operan ante dos meses de desvíos es posible que ponga límites demasiado estrictos.

En cualquier caso, un contexto en el que los ingresos reales muestran debilidad y el superávit primario se achica, esta regla opera como una señal de compromiso con el programa económico, pero también como un factor de tensión política: cualquier recomposición de gasto deberá venir acompañada por un recorte equivalente, una fuente de ingresos o una mayor presión sobre otras partidas.

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