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Parques Nacionales incorporará 40 guardaparques y abre una señal de gestión en áreas protegidas

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El Directorio de la Administración de Parques Nacionales formalizó el 9 de abril la apertura de un concurso para cubrir 40 cargos de guardaparques técnicos (categoría GT-2), en el marco de la Resolución 112/2026 publicada este 13 de abril en el Boletín Oficial. La decisión, respaldada por el presupuesto vigente y el nuevo régimen de carrera aprobado en 2022, reactiva el ingreso de personal en áreas protegidas en un momento donde el Gobierno redefine prioridades en la administración pública. ¿Se trata de un refuerzo operativo o de una señal política sobre la presencia estatal en territorios estratégicos?

Un proceso encuadrado en la nueva carrera de guardaparques

La medida no surge de manera aislada. Se inscribe en el rediseño institucional del Cuerpo de Guardaparques Nacionales establecido por el Convenio Colectivo homologado por el Decreto 647/2022, que introdujo un esquema de carrera con dos agrupamientos: Técnico y de Conservación Territorial.

En ese marco, la resolución activa el mecanismo formal de selección previsto en ese régimen, con convocatoria abierta y publicación obligatoria en el Boletín Oficial, la cartelera de empleo público y sedes del organismo. El objetivo es avanzar con la cobertura de cargos financiados en la planta permanente, específicamente en el Agrupamiento Técnico.

El proceso incluye además la implementación de una etapa clave: el Curso de Habilitación para el Agrupamiento Técnico, cuya currícula fue aprobada días antes. Esta instancia funciona como filtro profesional y operativo, y define el ingreso efectivo al sistema.

Para sostener el procedimiento, el organismo designó un comité de selección con representación interna y externa, e incorporó veedores sindicales de UPCN y ATE, en línea con lo establecido por el propio régimen. También se nombró una coordinación concursal encargada de ordenar las etapas y garantizar los plazos.

Recursos, presupuesto y continuidad operativa

El llamado se apoya en la Ley de Presupuesto 2026 y en la decisión administrativa que distribuyó los créditos del ejercicio. No es un dato menor: la cobertura de estos cargos implica disponibilidad efectiva de recursos en un contexto donde el gasto público está bajo revisión.

Desde el punto de vista operativo, la medida responde a una necesidad explícita: sostener el proceso de incorporación continua de personal en áreas protegidas. En términos prácticos, eso significa reforzar la presencia territorial del Estado en parques nacionales, donde las tareas técnicas —monitoreo, conservación, control— requieren personal calificado.

El dato cuantitativo es preciso: 40 vacantes en el nivel técnico, una escala acotada pero significativa dentro de la estructura del organismo.

Entre ajuste y selectividad

En términos de correlación de fuerzas, la decisión introduce un matiz en la política de empleo público. Mientras otras áreas avanzan en recortes o reestructuraciones, Parques Nacionales habilita ingresos, aunque bajo un esquema regulado y con requisitos específicos.

El movimiento puede leerse como una señal de selectividad: no se expande el Estado de manera general, pero se refuerzan funciones consideradas estratégicas. La conservación ambiental, la gestión territorial y el control en áreas protegidas aparecen, en este caso, como prioridades que justifican la incorporación de personal.

Al mismo tiempo, la inclusión de sindicatos como veedores mantiene un canal institucional activo en un contexto donde las relaciones laborales en el sector público atraviesan tensiones. No hay ruptura, pero tampoco expansión indiscriminada.

Un proceso que recién empieza

La apertura del concurso no resuelve por sí sola la cuestión de fondo: la capacidad operativa real en parques nacionales dependerá de la ejecución efectiva del proceso, la formación de los seleccionados y su despliegue en territorio.

En las próximas semanas habrá que observar dos variables. Por un lado, el nivel de convocatoria y la competencia por los cargos, que marcará el atractivo del sistema. Por otro, la velocidad del proceso, en un esquema que exige múltiples etapas administrativas y formativas.

El Gobierno mueve una pieza en un tablero más amplio: el del rediseño del Estado. Pero el impacto final no se medirá en la resolución publicada, sino en cuántos de esos 40 cargos terminan efectivamente ocupados y operativos en el terreno.

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Misiones avanza en la reintroducción del mono carayá rojo para evitar su extinción en el país

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Misiones avanza en una estrategia clave para la conservación de su biodiversidad con el desarrollo de un proyecto que busca evitar la extinción del mono carayá rojo (Alouatta guariba) en Argentina. A través de un proceso de reintroducción planificado y el trabajo articulado entre organismos provinciales, nacionales y organizaciones especializadas, la iniciativa apunta a recuperar a largo plazo las poblaciones de esta especie críticamente amenazada, actualmente reducida a un número mínimo de ejemplares en la selva misionera.

En este contexto, la doctora en Ciencias Biológicas Luciana Oklander, presidenta de Neotropical Primate Conservation Argentina (NPC), brindó detalles sobre los avances y las acciones en marcha. El proyecto es impulsado por la ONG en articulación con el Ministerio de Ecología, el Instituto Misionero de Biodiversidad (IMiBio) y el Estado nacional, en el marco del Plan Nacional de Conservación de Primates.

La situación es alarmante. “En Argentina se estima que hay menos de 30 individuos adultos del mono carayá rojo”, explicó Oklander. La especialista remarcó que la especie se encuentra restringida exclusivamente a la Selva Misionera, particularmente en el área del Parque Yabotí, lo que agrava aún más su vulnerabilidad. Ante este escenario, en 2023 se llevó adelante un taller con los actores involucrados, donde se definieron acciones concretas. “Debido a la situación crítica de esta especie, que incluso fue considerada entre los 25 primates más amenazados del mundo, decidimos avanzar en un plan de restauración poblacional porque todos los pronósticos indicaban que podía extinguirse en el país”, agregó.

El proyecto contempla una estrategia binacional con Brasil, donde existen ejemplares en cautiverio debido a la pérdida de hábitat. “Este plan entre los dos países es ideal, porque los animales que están en cautiverio allá no tienen suficiente ambiente donde ser liberados, mientras que en Argentina contamos con bosque disponible para su reintroducción”, explicó.

Como parte del protocolo sanitario, los ejemplares que serán trasladados desde Brasil llegarán vacunados contra la fiebre amarilla y atravesarán estrictos controles. “Van a cumplir una cuarentena de un mes en Brasil y otro mes en Argentina, antes de iniciar el proceso de adaptación en el área de reintroducción”, detalló.

El primer sitio elegido para este proceso es el Parque Provincial Cruce Caballero, un área donde la especie habitaba: “Ese lugar tenía monos y hoy está vacío, justamente por los brotes de fiebre amarilla. Incluso existe un sendero llamado Sendero de los Monos, que hoy no tiene ejemplares”, indicó la investigadora.

Allí se implementará una “suelta blanda”, un mecanismo de adaptación progresiva. “En un recinto de presuelta, los animales comienzan a familiarizarse con el ambiente, alimentándose de las especies vegetales del lugar, mientras se realiza un seguimiento constante hasta su liberación definitiva”, explicó Oklander. Este proceso contará con la participación de guardaparques, técnicos y voluntarios.

El proyecto también incorpora una fuerte estrategia de educación ambiental en las comunidades cercanas. “Vamos a continuar trabajando con talleres en escuelas para dar a conocer la vuelta del carayá rojo en Argentina. Esto ya lo venimos haciendo y la respuesta fue impresionante, incluso de personas mayores que recuerdan cuando estos monos estaban presentes en la zona”, relató.

Con avances en los estudios de hábitat, acuerdos institucionales y procesos administrativos en marcha para la importación de ejemplares, Misiones se prepara para dar un paso clave en la conservación de una de sus especies más emblemáticas. Si el proceso resulta exitoso, no solo permitirá evitar su extinción en Argentina, sino también recuperar funciones ecológicas y fortalecer el vínculo entre las comunidades y su entorno natural.

Una especie con alto valor ambiental en peligro

Entre las principales causas de la drástica disminución de la especie se encuentran la caza y los brotes de fiebre amarilla. En este sentido, Oklander destacó un aspecto clave: “Son animales muy sensibles a este virus, por eso se los considera centinelas o guardianes de la salud. Cuando mueren, alertan a la población sobre la presencia del virus, que se transmite por mosquitos”. A su vez, aclaró que no representan un riesgo directo para las personas ya que no contagian a los seres humanos.

Más allá de su valor para la biodiversidad, el mono carayá rojo cumple un rol ecológico fundamental. “Son jardineros del bosque. Al alimentarse de frutos, dispersan semillas que luego germinan, ayudando a regenerar el monte de manera natural”, destacó. Este servicio ecosistémico resulta clave para la salud de la selva y tendría un alto costo si debiera ser reemplazado por intervención humana.

Finalmente, Oklander subrayó el valor cultural de la especie en la región: “En la zona de frontera con Brasil,el mono aullador es muy reconocido. Incluso hay expresiones culturales asociadas, y existe la creencia de que cuando el monte aúlla, es porque está sano”, cerró.

La recuperación del mono carayá rojo representa una acción estratégica para restituir procesos ecológicos clave y fortalecer la resiliencia de la Selva Misionera. En este sentido, el proyecto no se limita solo a la conservación de una especie, sino que se inscribe en una mirada integral y consolida el compromiso de Misiones con la protección de su patrimonio natural a largo plazo.

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El sector forestal defiende la reforma a la ley de Manejo del Fuego

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La Red de Manejo del Fuego Rural presentó ante las Comisiones de Asuntos Constitucionales y de Legislación General del Honorable Senado de la Nación su posición técnica respecto a las modificaciones a la Ley de Manejo del Fuego (Ley N.º 26.815), incluidas en el Proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada (Exp. PE 13/26).

Desde la entidad -que coordina Claudia Peirano, directora de la Asociación Forestal Argentina y que integra la facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones- señalaron que la reforma no implica una flexibilización ambiental, sino que busca corregir distorsiones del régimen vigente que han generado efectos jurídicos y económicos adversos sin reducir los incendios.

“Evitar tratar como culpables a quienes sufren un incendio”

Según explicaron, la normativa actual (Ley N.º 27.604) introdujo restricciones automáticas sobre el uso del suelo tras incendios, sin distinguir su origen ni las circunstancias del siniestro. “Se configuró un esquema que, en la práctica, presume culpabilidad y aplica consecuencias sobre propietarios que también son víctimas del incendio”, indicaron desde la Red.

En ese sentido, advirtieron que este enfoque:

  • no ha demostrado eficacia en la reducción de la siniestralidad,
  • genera incentivos que desalientan la denuncia de incendios,
  • y produce efectos económicos desproporcionados sobre las tierras afectadas.

Protección ambiental: qué se mantiene

La entidad remarcó que la reforma mantiene intacta la protección de los bosques nativos, conforme al ordenamiento territorial establecido por la Ley N.º 26.331. Las modificaciones se concentran en eliminar restricciones generalizadas que hoy se aplican también sobre tierras productivas, sin diferenciación ni sustento técnico.

Uno de los ejes del planteo es la ausencia de evidencia científica que respalde los plazos de restricción de uso del suelo (hasta 30 y 60 años). Desde la Red señalaron que:

  • los tiempos de recuperación varían según el ecosistema,
  • en muchos casos son significativamente menores,
  • y pueden incluir cambios en el uso del suelo como parte del proceso de restauración.

La entidad también advirtió que el régimen vigente genera pérdida de valor de los activos, incertidumbre para la inversión y restricciones que afectan el uso productivo del suelo de manera desproporcionada.

Desde la Red señalaron que la discusión responsable de la problemática de los incendios rurales requiere un abordaje más amplio, que incluya prevención, detección temprana, ataque rápido, control, identificación de causas y responsabilidades y restauración.  “Este debate excede el alcance del proyecto presentado y requiere una discusión específica sobre políticas de gestión integral del fuego”, indicaron.

Finalmente, destacaron que la reforma en tratamiento representa una oportunidad para alinear la normativa con principios básicos del derecho y evitar efectos contraproducentes. “La protección ambiental y el respeto al debido proceso no son objetivos en conflicto. Corregir una regulación que genera distorsiones es un paso necesario para construir políticas públicas más eficaces”, concluyeron.

El planteo oficial busca retrotraer el esquema a una versión anterior, bajo el argumento de que permitiría equilibrar la protección ambiental con la continuidad de la actividad privada. “Si un productor sufre un incendio, no puede disponer de su propiedad, lo que agrava aún más la pérdida económica”, sostuvo el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuando anunció las reformas.

El debate se da en un contexto marcado por incendios recurrentes en distintas regiones del país, particularmente en el sur argentino. Según estimaciones de organizaciones ambientalistas, miles de hectáreas fueron afectadas en los últimos meses, lo que reaviva la discusión sobre los mecanismos de prevención, control y regulación del uso del suelo tras los siniestros.

En paralelo, el paquete incluye cambios en la Ley de Tierras Rurales, que actualmente limita la compra de campos por parte de extranjeros. La normativa vigente establece un tope del 15% del territorio nacional en manos foráneas, junto con restricciones por nacionalidad, superficie y ubicación en zonas estratégicas.

La intención oficial es flexibilizar esos límites para facilitar el ingreso de capitales internacionales en sectores considerados clave.

Desde el Ejecutivo sostienen que actividades como la producción agropecuaria, la minería y la energía requieren inversiones de gran escala, lo que implica acceso a extensiones significativas de tierra.

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Derrame de petróleo en México expone problemas de contaminación

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CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Un derrame de petróleo en el Golfo de México a comienzos de marzo se extendió por más de 600 kilómetros, incluyendo siete reservas naturales, y se originó en una embarcación aún no identificada y en dos “emanaciones naturales”, informaron este jueves autoridades mexicanas.

Sin embargo, las autoridades descartaron la posibilidad de daños ambientales severos por el derrame frente a la costa del estado de Veracruz, en el este del país.

La difusión de los resultados preliminares se produjo tras semanas de controversia por la falta de transparencia en el caso.

El secretario de Marina, almirante Raymundo Morales, explicó que el análisis de imágenes satelitales y las inspecciones en la zona permitieron identificar tres fuentes del derrame: una embarcación fondeada frente a la ciudad portuaria de Coatzacoalcos, en Veracruz; un sitio geológico donde el crudo emerge de forma natural, conocido como “chapopotera”, ubicado a 8 kilómetros de ese puerto; y otra emanación natural en la Bahía de Campeche. Morales indicó en conferencia de prensa que la embarcación aún no fue identificada porque, a comienzos de marzo, había 13 barcos navegando en la zona que todavía no habían sido inspeccionados.

También admitió que la fuente del derrame “permanece activa” y que una de las principales proviene de “las emanaciones naturales en Cantarell, en la Bahía de Campeche”.

“Estas filtraciones de petróleo tienen una emisión constante y natural; sin embargo, en el último mes se registró un mayor flujo de contaminantes”, señaló.

Cinco meses antes, lluvias intensas e inundaciones provocaron la ruptura de un oleoducto y otro derrame, también en Veracruz, que se extendió por 8 kilómetros a lo largo del río Pantepec.

En el derrame de marzo, Morales precisó que el petróleo cubrió un área de unos 600 kilómetros, incluyendo 200 kilómetros de costa en los estados de Veracruz y Tabasco. Hasta el momento, se han recolectado “430 toneladas de hidrocarburos”.

La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, informó que el derrame afectó a siete áreas naturales protegidas en Veracruz y Tabasco, aunque insistió en que “no se han detectado daños ambientales severos”.

Las autoridades ambientales identificaron al menos seis especies —entre ellas tortugas marinas, aves y peces— afectadas por la contaminación.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) informó que se recolectaron hidrocarburos en la Reserva de la Biósfera Los Tuxtlas, el Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano, el Santuario Lechuguillas, el Santuario Playas de Totonacapan, el Área de Protección de Flora y Fauna Sistema Arrecifal Lobos-Tuxpan y al sur del Santuario Playa de Rancho Nuevo, todos en Veracruz. También se realizaron tareas de limpieza en la Reserva de la Biósfera Pantanos de Centla, en Tabasco.

Por su parte, la organización internacional Oceana, dedicada a la conservación de los océanos, señaló que, según reportes de comunidades de la Red del Corredor Arrecifal del Golfo de México, el derrame provocó la muerte de tortugas marinas, un manatí y diversas especies de peces, además de daños en 17 arrecifes.

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De la biodiversidad a la captura de carbono, salvar al bisonte beneficia a Europa

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El bisonte europeo, el mayor mamífero terrestre salvaje del continente, protagoniza una de las historias de recuperación ambiental más contundentes de Europa. Tras haber estado al borde de la extinción a comienzos del siglo XX, hoy vuelve a expandirse en distintos países y, además de recuperar su lugar en los ecosistemas, se consolida como un actor clave en la restauración ambiental y la mitigación del cambio climático.

De la desaparición al renacer

Conocido también como wisent, el bisonte europeo llegó a poblar vastas regiones del continente. Sin embargo, la presión de la caza y la pérdida de hábitat lo llevaron a una situación crítica: en 1927 fue abatido el último ejemplar salvaje en el Cáucaso, y apenas sobrevivían menos de 60 individuos en cautiverio.

Desde la década de 1950 comenzaron los programas de reintroducción, que hoy muestran resultados contundentes. En la última década, la población en libertad creció de 2.579 a cerca de 7.000 ejemplares, con núcleos importantes en Polonia y Bielorrusia. Actualmente, también hay manadas en Reino Unido, Rumanía, Alemania, Suiza y Lituania.

En los Cárpatos meridionales de Rumanía, por ejemplo, más de 100 bisontes viven nuevamente en libertad gracias a proyectos de renaturalización, mientras que en Bulgaria reaparecieron en estado salvaje por primera vez desde la Edad Media.

Ingenieros del ecosistema

Más allá de su recuperación numérica, el impacto del bisonte europeo sobre los ecosistemas es profundo. Su comportamiento natural —pastoreo, derribo de árboles, remoción de corteza y baños de polvo— transforma el paisaje y favorece la regeneración de los bosques.

En el bosque de Blean, en Kent (Reino Unido), donde fueron reintroducidos en 2022, ya se observan cambios significativos. La apertura del dosel forestal permite que llegue más luz al suelo, facilitando el crecimiento de nuevas especies vegetales y aumentando la diversidad biológica.

Este rol de “ingenieros del ecosistema” contribuye a restaurar entornos más complejos y resilientes frente al cambio climático.

Aliados en la captura de carbono

El aporte del bisonte europeo también se extiende al plano climático. Un estudio de la Universidad de Yale (2024) sugiere que las manadas reintroducidas en Rumanía podrían contribuir a capturar y almacenar carbono equivalente a las emisiones anuales de hasta 84.000 vehículos a combustión.

Este proceso se explica por varias dinámicas: el pastoreo homogéneo de pastizales, la fertilización natural del suelo mediante nutrientes reciclados, la dispersión de semillas y la compactación del terreno, que evita la liberación de carbono.

Aunque las estimaciones presentan márgenes de variación, el consenso científico apunta a que la reintroducción de grandes herbívoros puede ser una herramienta relevante en estrategias de mitigación climática.

Efectos en cadena: de los bosques a las aves

El impacto positivo del bisonte también alcanza a otras especies. En los Países Bajos, por ejemplo, se detectó que aves paseriformes utilizan el pelaje que los bisontes pierden en primavera para construir sus nidos.

Este material, suave y aislante, mejora las condiciones de incubación y podría influir en el éxito reproductivo de las aves, lo que abre nuevas líneas de investigación en biodiversidad funcional.

El regreso del bisonte europeo no solo representa un logro en conservación, sino también una señal sobre el potencial de los modelos de rewilding. La restauración de especies clave puede generar efectos multiplicadores en biodiversidad, captura de carbono y resiliencia de los ecosistemas, con impactos indirectos en economías regionales ligadas al turismo de naturaleza y a los servicios ambientales.

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