El gobernador Hugo Passalacqua recibió a representantes de Ánima River Cruises, una empresa que proyecta incorporar cruceros de alta categoría para conectar Puerto Iguazú y Posadas a través del río Paraná.
La propuesta permitirá hacer realidad un viejo anhelo y recorrer las Cataratas, la selva misionera, otros saltos y las reducciones jesuíticas. La embarcación será remodelada en Europa y llegará a la provincia en agosto de 2027, con el objetivo de ampliar la oferta turística de Misiones mediante un servicio similar al que se brinda en importantes destinos internacionales.
Passalacqua recibió al presidente de Ánima River Cruises, Felipe Menéndez, y a otros integrantes de la empresa, quienes presentaron un ambicioso proyecto turístico privado para incorporar cruceros fluviales de alta categoría por el río Paraná y ofrecer una nueva manera de recorrer y conocer la provincia.
La iniciativa busca ampliar la experiencia de quienes visitan las Cataratas del Iguazú y extender el circuito turístico hacia otros atractivos de la provincia. El recorrido proyectado permitirá embarcar en Puerto Iguazú, navegar por el Alto Paraná y desembarcar en Posadas, con distintas paradas para conocer la selva misionera, otros saltos y las reducciones jesuíticas. El mismo itinerario también se realizará en sentido inverso, con salida desde Posadas hacia el norte.
Durante el encuentro, Passalacqua destacó el valor de las inversiones privadas para el crecimiento del turismo en Misiones y expresó el acompañamiento del Gobierno provincial a las iniciativas que generan nuevas oportunidades para Misiones. Asimismo, el gobernador recordó las dificultades de conectividad que atravesó históricamente Misiones y la relevancia que alcanzaron el transporte fluvial y la actividad naviera. Indicó que, después de décadas en las que esta vía perdió protagonismo debido a diferentes condiciones económicas y logísticas, la provincia avanza en su recuperación y mencionó como ejemplo el desarrollo del Puerto de Posadas.
Menéndez explicó que el proyecto apunta a incorporar en Misiones una modalidad turística consolidada en Europa, Estados Unidos, Egipto y distintos países de Asia. “La idea es desarrollar cruceros de río de alta categoría que expandan la frontera turística de Iguazú hacia el resto de la provincia”, afirmó.
El presidente de Ánima River Cruises detalló que el pasajero podrá realizar todo el recorrido sin cambiar de alojamiento. “Va a deshacer las valijas una sola vez y conocer todo el Alto Paraná y las Cataratas, sin quedar limitado solamente a Iguazú. Queremos que también pueda descubrir la selva misionera, los saltos que existen a lo largo del trayecto y las misiones jesuíticas”, explicó.
La empresa ya adquirió en Europa la embarcación que se utilizará para prestar el servicio. Según adelantó Menéndez, el barco será remodelado completamente en su interior para ofrecer prestaciones cinco estrellas, similares a las de los cruceros que recorren ríos europeos como el Danubio. Está previsto que sea trasladado hacia la Argentina en junio de 2027 y llegue a Posadas durante agosto.
Menéndez también valoró la recepción del gobernador y consideró fundamental el trabajo articulado con el Estado provincial. “Las ideas del gobernador respecto de la provincia entusiasman. Recibimos un apoyo muy cálido del Gobierno de Misiones, que será importante para desarrollar la infraestructura y generar vínculos con el Ministerio de Turismo y las autoridades locales. Esta reunión fue el puntapié inicial”, expresó.
La compañía cuenta con experiencia en navegación comercial y en la operación de embarcaciones de pasajeros en otros lugares del mundo. El proyecto presentado busca trasladar ese conocimiento al Alto Paraná y consolidar un nuevo producto turístico que tenga a Misiones como protagonista.
También participaron de la reunión Marina Menéndez, Jorge Álvarez y Sebastián Braun, integrantes del equipo de Ánima River Cruises.
Antes de los paquetes turísticos, los vuelos internacionales, Disney, Turquía, Miami, Europa, las reservas digitales y los mensajes de WhatsApp, hubo algo mucho más elemental: una persona entregándole dinero a otra porque confiaba en que iba a volver con él convertido en otra moneda. Ocurría en Santo Tomé, Corrientes, hace casi siete décadas.
El abuelo de Carolina Mazza y sus hermanos recibían dinero de vecinos que necesitaban cambiar moneda cuando el negocio todavía no tenía la estructura ni la regulación actual. Viajaban a Buenos Aires o Brasil y regresaban con la moneda que les habían encargado.
El capital inicial de aquella empresa, por lo tanto, no fue solamente financiero. Fue reputacional. “Así arranca, basado en la confianza”, cuenta hoy Carolina Mazza. Y cuando se le pregunta qué permitió construir la empresa familiar durante todos estos años, agrega inmediatamente un segundo componente: “Confianza y mucho trabajo”.
Casi 70 años después, esa pequeña historia fronteriza se transformó en una de las compañías referentes del turismo en Misiones. Y ahora acaba de cruzar nuevamente una frontera: Mazza Turismo abrió una oficina en Encarnación.
No es un movimiento menor. Después de consolidarse durante décadas en el mercado misionero, la compañía pone un pie en una economía que Carolina observa en expansión y empieza a pensarse en una escala regional. Al mismo tiempo, la cuarta generación de la familia se incorpora al negocio.
Es un nuevo capítulo para una empresa que aprendió a sobrevivir a casi todo: cambios de moneda, crisis argentinas, transformaciones tecnológicas, nuevas formas de consumir, tragedias familiares y una revolución completa en la manera de viajar.
Con el tiempo, aquella actividad familiar vinculada al cambio de monedas tomó una estructura formal. Llegaron las habilitaciones del Banco Central y la primera casa de cambio funcionó en Santo Tomé. Después, el padre de Carolina tomó una decisión que sería determinante para la historia posterior: recién casado, se mudó junto a su esposa a Posadas y abrió allí la casa de cambio.
Luego se incorporarían otros integrantes de la familia. Entre ellos estaba Chela, tía de Carolina, que no tenía demasiado entusiasmo por el negocio cambiario y empezó a mirar hacia otro lado. Eran comienzos de los años setenta y los viajes comenzaban a convertirse en una actividad con un enorme horizonte por delante. Apostó al turismo. Vista desde 2026, la decisión parece lógica. Hace más de medio siglo era una lectura empresarial de futuro.
Carolina reconoce allí un rasgo que atravesó a la familia: la capacidad de observar lo que está cambiando y animarse a modificar el negocio antes de que el cambio resulte evidente para todos.
“Una empresa que no se capacita, que no mira el futuro, obviamente no crece”, sostiene. La definición resume buena parte de la historia de Mazza. Cada generación recibió algo construido por la anterior, pero también tuvo que transformarlo. Para Carolina, respetar las raíces no significa inmovilizarse, sino conservar determinados valores mientras la empresa se adapta al mundo que viene.
Esa tensión entre legado y transformación es uno de los grandes desafíos de cualquier compañía familiar. Sobrevivir durante casi siete décadas exige mantener una identidad, pero también saber abandonar a tiempo aquello que alguna vez funcionó.
La tragedia que cambió su vida
Carolina Mazza es licenciada en Administración de Empresas. Hace casi 30 años acababa de recibirse, ya era madre de su hija mayor y comenzaba a incorporarse a la empresa.
Su padre decidió que antes de ocupar responsabilidades mayores tenía que conocer el negocio desde abajo. Pasó por caja, archivos, documentación para el Banco Central y diferentes áreas administrativas. En aquel momento probablemente no imaginaba cuánto iba a necesitar ese aprendizaje.
Entonces ocurrió el accidente aéreo de Austral en Fray Bentos. En ese vuelo del 10 de octubre de 1997 viajaban su abuelo y su tía Chela, precisamente quien estaba al frente del área de turismo. No hubo sobrevivientes.
El golpe familiar fue enorme y, al mismo tiempo, dejó un vacío inmediato dentro de la compañía. Carolina era la integrante de la familia con formación profesional para asumir esa responsabilidad. La decisión prácticamente no admitía tiempos.
“Tenés que hacerte cargo”.
Y había un detalle que volvía todo más urgente: alrededor de 450 chicos tenían un viaje a Disney en marcha.
No había plataformas digitales capaces de ordenar automáticamente cada reserva ni teléfonos inteligentes que concentraran la información. Había carpetas. Grandes carpetas con pasajeros, vuelos, servicios, autorizaciones y cada detalle de una operación enorme.
Carolina tuvo que estudiarlo todo mientras atravesaba el duelo. Se apoyó en las personas que habían trabajado con su tía, recibió el acompañamiento de su padre y salió adelante.
Su primer gran viaje profesional fue Disney con 450 chicos. “Fue un éxito. Creo que fue mi mejor Disney”, recuerda.
La frase tiene algo de paradoja. Uno de los momentos más dolorosos de su vida terminó señalándole el camino profesional que seguiría durante las siguientes tres décadas.
Ella no había imaginado dedicarse exclusivamente al turismo. Hoy dice que no se ve haciendo otra cosa.
Desde afuera, trabajar viajando por el mundo parece un privilegio. Y lo es. Carolina disfruta profundamente de su profesión, pero conoce también la parte que no aparece en las fotografías.
Durante años tuvo que dejar a sus hijos para acompañar grupos durante diez o quince días. Disney se convirtió en uno de los productos emblemáticos de Mazza y también en una ausencia recurrente en su propia casa. Su cumpleaños coincidía con esos viajes y durante mucho tiempo prácticamente nunca pudo celebrarlo con sus hijos en la fecha correspondiente.
Ellos terminaron incorporándolo a la dinámica familiar: mamá tenía que estar trabajando en Disney y el cumpleaños se festejaba después.
Es una dimensión del mundo empresario que suele quedar escondida detrás del resultado. Construir una compañía exige capital y decisiones, pero también consume tiempo. Y el tiempo que se entrega al negocio siempre sale de algún lado.
Carolina conoce además otra característica del oficio: el empresario difícilmente termina de trabajar cuando baja la persiana.
Habla de sus empleados como “guerreros”, pero marca una diferencia inevitable. El colaborador termina su jornada y vuelve a su casa. Quien conduce la empresa se lleva buena parte de ella en la cabeza.
A las diez u once de la noche puede seguir buscando tarifas, respondiendo consultas, revisando la administración o controlando bancos. No necesariamente porque exista un problema, sino porque siempre queda algo pendiente.
“No cerrás la puerta de la empresa y decís ‘bueno’. No se separa nunca”.
Detrás del glamour de los destinos internacionales hay, en definitiva, una empresa. Con números, empleados, proveedores, impuestos, pasajeros, contingencias y responsabilidades que siguen existiendo aunque el horario comercial haya terminado.
“Nosotros no vendemos viajes, tratamos con personas”. En casi 30 años, Carolina vio cambiar por completo la industria.
Cuando comenzó, la agencia concentraba información que el cliente difícilmente podía obtener por su cuenta. Hoy cualquier persona puede comparar cientos de vuelos desde un teléfono, reservar un hotel en otro continente, alquilar un departamento, contratar traslados, comprar entradas y construir un itinerario completo sin hablar con nadie. Eso obligó a redefinir el negocio.
Carolina lo explica con una frase que funciona casi como declaración de principios: “Nosotros no solo vendemos viajes. Nosotros tratamos con personas”.
Un viaje rara vez es apenas un pasaje y una habitación. Detrás puede haber un cumpleaños, un aniversario, una luna de miel, una separación, el viaje de una familia que ahorró durante años o el sueño de unos padres que quieren llevar por primera vez a sus hijos a Disney.
Por eso sostiene, medio en broma, que quienes trabajan en turismo también terminan siendo un poco psicólogos. Hay que escuchar la historia para entender qué viaje está buscando realmente el cliente.
Esa relación explica también por qué muchos pasajeros terminaron convirtiéndose en amigos. Carolina disfruta especialmente de las salidas grupales y conserva vínculos que continúan mucho después del regreso. Hay reuniones con quienes viajaron a Turquía, encuentros con grupos de Miami, comidas de fin de semana y amistades nacidas a miles de kilómetros de Misiones.
El producto terminó, pero la relación continuó. Para ella, esa es una parte central del negocio. Puede demorarse un vuelo, fallar un transfer o no responder un hotel exactamente a las expectativas. Lo que el pasajero difícilmente perdona es sentirse abandonado.
“Que alguien vuelva de un viaje y te diga que fuiste parte de su sueño, que fuiste parte de esa ilusión y que fue el mejor viaje de su vida, es la mejor recompensa que nosotros podemos tener”.
Mazza no reniega de la tecnología. La usa. Ese mismo día necesitaba definir dónde convenía alojar a unas pasajeras que viajarían a una exposición en París y recurrió a la inteligencia artificial para analizar ubicaciones, distancias y alternativas según los aeropuertos. Es una herramienta que incorporó al trabajo cotidiano y que permite resolver consultas que antes demandaban mucho más tiempo.
Pero una cosa es usar tecnología y otra muy distinta entregarle el viaje.
Ahí Carolina marca el límite. Una plataforma puede encontrar una tarifa, comparar hoteles o armar un itinerario en segundos. Lo que no puede hacer es conocer realmente al pasajero, interpretar sus temores, anticiparse a determinadas necesidades o responder cuando algo sale mal a miles de kilómetros de casa.
Ese es el terreno en el que Mazza Turismo pretende competir. No contra la inteligencia artificial, sino con algo que la tecnología todavía no puede ofrecer: experiencia, criterio y respaldo humano.
“Vos sabés que atrás hay alguien de la agencia que está atento”, explica. Si surge una duda con un transfer, cambia un vuelo o aparece un problema en destino, hay una persona que conoce la operación y puede intervenir. “Eso es impagable”.
La transformación digital no necesariamente condena a las agencias de viajes, pero sí las obliga a justificar mejor su existencia. Emitir un pasaje dejó de ser suficiente porque el pasajero puede hacerlo solo. El valor está en saber qué conviene, conocer aquello que Google no siempre cuenta, anticipar problemas y tener capacidad de respuesta cuando el viaje deja de funcionar como estaba previsto.
Viajar también es parte del trabajo
En Mazza hay una concepción particular de la capacitación: viajar es trabajar.
No solamente porque permite conocer hoteles y destinos, sino porque proporciona una clase de información que difícilmente aparece completa en una pantalla.
Carolina lo explica con detalles concretos. Saber qué recorrido encontrará el pasajero al bajar de un avión, dónde está Migraciones, hacia qué lado debe caminar para retirar una valija, en qué piso encontrará un transfer o cuál es la conexión más sencilla puede parecer información menor hasta que uno aterriza cansado, en un aeropuerto desconocido y a miles de kilómetros de casa.
Ese conocimiento acumulado se convierte en capital de la empresa.
“Gran parte de esas capacitaciones para nosotros son los viajes. Para nosotros viajar es trabajo, porque lo replicamos después en eso que el pasajero necesita”.
Por eso, cuando arma equipos, Carolina pone primero una condición que no aparece en ningún sistema de reservas: calidad humana.
Después vienen la formación profesional, la geografía, las tarifas, la economía, los medios de pago, los sistemas específicos como Amadeus y una capacitación permanente que exige saber cada vez más sobre un mundo enorme. Pero el conocimiento técnico no compensa un mal trato.
“Un pasajero puede perdonarte cualquier cosa menos que vos no lo trates bien”, afirma.
Liderar es hacer crecer al otro
Su concepción del liderazgo sigue la misma lógica. Carolina no cree en el jefe que necesita que todas las decisiones pasen por su escritorio. Para ella, conducir significa ayudar a los demás a crecer, abrir espacios para que puedan desarrollarse y dar libertad para trabajar sin perder el control necesario de una organización.
También reivindica la cercanía. Entiende que debe existir respeto entre quien conduce y su equipo, pero no una distancia artificial. Una relación humana sólida, sostiene, puede mejorar incluso ese respeto y fortalecer el compromiso con la empresa.
Hay una experiencia personal detrás de esa mirada. Cuando tuvo que hacerse cargo del turismo después de la muerte de su tía, fueron precisamente los integrantes de aquel equipo quienes la ayudaron a entender rápidamente el negocio y sacar adelante una operación gigantesca.
Casi treinta años después, dirige intentando que el conocimiento no quede encerrado en la cabeza de una sola persona.
Paraguay: la decisión de cruzar el Paraná
La apertura de una oficina en Encarnación es la decisión empresarial más importante de esta nueva etapa de Mazza Turismo. Después de décadas de liderazgo en Misiones, la compañía cruza el Paraná y comienza a pensarse como una empresa regional.
Carolina viene observando la transformación de Paraguay desde hace tiempo y utiliza a Encarnación como la medida más cercana de ese cambio.
Recuerda una ciudad muy diferente. Años atrás, dice, desde la costa paraguaya se veía a Posadas como una gran concentración de luces mientras Encarnación conservaba una escala mucho menor. Hoy esa distancia se redujo drásticamente. “Vos mirás desde el río Encarnación y es una gran ciudad”.
Su lectura va más allá de la transformación urbana. Ve a Paraguay como un país en pleno desarrollo y entiende que allí existe un mercado suficientemente importante como para justificar la expansión.
Mazza, además, no desembarca como una marca completamente desconocida. Ya tiene clientes paraguayos y décadas de presencia en una región donde las fronteras comerciales son bastante más porosas que las administrativas. También hay consumidores de Posadas que compran servicios en Paraguay, lo que agrega otra oportunidad para la nueva oficina.
La apuesta es utilizar uno de los activos más importantes construidos durante casi siete décadas -la reputación- para competir en un mercado nuevo.
“Que tengan también la confianza de decir: una empresa tan seria como Mazza ahora está en Paraguay y yo puedo ir a comprar allá”, explica.
La frase vuelve a conectar el presente con el origen. El abuelo recibía dinero porque la gente confiaba en que regresaría con la moneda encargada. Décadas después, la empresa pretende cruzar otra frontera apoyándose en el mismo intangible.
La apuesta paraguaya también permite asomarse a la mirada que Carolina tiene sobre el clima de negocios argentino.
No romantiza la tarea empresaria en ninguno de los dos países, pero cuando habla de Argentina identifica un problema recurrente: la dificultad para proyectar. “Acá es muy difícil. No imposible, pero difícil”.
En turismo, los cambios económicos y regulatorios tienen impacto inmediato. Un nuevo impuesto o una modificación en la forma de liquidar una operación obliga a tocar sistemas, rehacer presupuestos, recalcular precios y explicar al cliente por qué una cotización realizada pocos días antes ya no puede sostenerse.
Carolina cuestiona especialmente la forma en que muchas veces se implementan las decisiones. Una norma puede anunciarse un viernes o un sábado y comenzar a regir inmediatamente, mientras las empresas todavía no tienen sistemas preparados para aplicarla.
Para una actividad que vende con anticipación y opera en monedas diferentes, esa incertidumbre se multiplica. El pasajero que pidió una cotización el viernes puede volver el lunes y encontrarse con otro precio sin que la empresa haya modificado un solo componente del viaje.
“Uno no puede proyectar”, resume.
Paraguay aparece, en ese contexto, como una oportunidad de crecimiento y también como una diversificación geográfica para una compañía acostumbrada a navegar la volatilidad argentina. No significa abandonar Misiones. Significa ensanchar el mercado.
La expansión hacia Encarnación coincide con otro movimiento decisivo: la incorporación de la cuarta generación familiar.
Pilar, hija de Carolina, tiene 30 años. Es arquitecta, pero eligió trabajar en turismo y hoy está al frente del área de Disney. También asumirá responsabilidades en la nueva sucursal paraguaya.
Su historia dentro de la empresa comenzó mucho antes de que pudiera decidir una profesión.
Cuando tenía alrededor de tres años acompañaba a su madre a las reuniones informativas sobre Disney. Carolina debía trabajar y la llevaba con ella. La niña se sentaba y escuchaba.
Una tarde, una amiga del abuelo llegó a la oficina y, jugando, le preguntó si podía venderle un viaje a China. La respuesta de Pilar quedó en la memoria familiar:
“Señora, yo de China no sé nada. Pero si quiere le vendo un viaje a Disney”. Tenía tres años.
El supuesto cliente decidió escucharla y Pilar comenzó a explicarle los programas que tantas veces había oído presentar a su madre. Hoy dirige justamente esa área y comienza a tomar mayores responsabilidades dentro de la empresa.
Para Carolina, la llegada de una nueva generación aporta algo indispensable: otra velocidad.
Cuando ella comenzó, la publicidad se hacía en los diarios. Hoy alguien puede decidir un viaje después de ver una historia de Instagram. Muchos clientes ni siquiera pisan la oficina y completan prácticamente toda la operación por WhatsApp.
Pilar creció dentro de ese lenguaje digital. Herramientas que para una generación requieren adaptación son naturales para la siguiente.
Carolina no lo vive como una amenaza a su forma de conducir, sino como un complemento. La empresa familiar empieza a preparar la sucesión incorporando conocimiento nuevo sin desprenderse de la experiencia acumulada.
El desafío es enorme. Muchas compañías familiares consiguen crear riqueza; bastante menos logran transferirla junto con la cultura empresarial que permitió generarla.
Mazza está entrando en esa etapa.
La obsesión por no perder el liderazgo
Después de tantas crisis, cambios tecnológicos y transformaciones del mercado, Carolina reconoce que hay algo que sigue empujándola. Pasión, primero. Orgullo, después.
“Sé que soy la empresa líder en el mercado y no quiero perder ese liderazgo”.
No lo plantea como una posición adquirida para siempre. Al contrario. Sabe que sostenerla obliga a moverse, abrir destinos, encontrar productos, incorporar tecnología y buscar nuevos mercados. Paraguay forma parte de esa lógica.
También aparece la responsabilidad de construir una empresa suficientemente grande para que la generación que viene encuentre oportunidades dentro de ella. Carolina tiene tres hijos y no descarta que los otros dos puedan incorporarse en algún momento.
“Me gusta donde estoy y quiero seguir ahí y quiero seguir creciendo”, afirma.
No es una mala definición de competitividad empresarial: llegar primero puede ser difícil; permanecer obliga a empezar de nuevo casi todos los días.
Cuando la conversación sale finalmente de los balances, los pasajeros y los destinos, aparece una Carolina mucho más personal.
¿Qué la hace sentir orgullosa?
La primera respuesta es su familia.
Después habla de su propia vida. No fue sencilla. Además de las pérdidas que marcaron su ingreso al turismo, tuvo que criar prácticamente sola a sus tres hijos después de que el padre muriera cuando eran pequeños. Con el tiempo reconstruyó su vida afectiva, pero recuerda aquellos años como otra etapa en la que no había demasiado margen para detenerse.
No cuenta esa historia desde la queja.
La utiliza para explicar una forma de mirar la vida. “Estamos en este mundo para eso. No podemos pasar por la vida amargados, por más que nos pasen cosas que no sean las más lindas”, dice.
Hay algo de esa filosofía en la empresa que dirige. El turismo, después de todo, comercializa uno de los bienes más particulares de la economía: experiencias que las personas esperan convertir en recuerdos.
Carolina lleva casi treinta años organizando esos momentos para otros mientras construía su propia historia entre aeropuertos, hijos, pasajeros, empleados, crisis y decisiones empresariales.
Cuando mira hacia atrás no habla primero de facturación, cantidad de pasajeros o sucursales. Dice que ama lo que hace.
Y quizá allí esté una de las claves para entender cómo una empresa consigue atravesar casi siete décadas y llegar a la cuarta generación sin convertirse simplemente en una reliquia familiar.
Los negocios necesitan números, profesionalización, tecnología, equipos y estrategia. Las empresas que quieren sobrevivir durante generaciones necesitan algo más difícil: conseguir que quienes vienen detrás todavía quieran formar parte de la historia. Ese es, probablemente, el verdadero patrimonio empresario que Carolina Mazza recibió de las generaciones anteriores y que ahora intenta entregar a la siguiente.
Javier Milei llegó por primera vez a Misiones como presidente. Lo hizo para cerrar el 47 encuentro anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, ante empresarios y referentes del sistema financiero reunidos en el hotel Loi Suites de Puerto Iguazú. Habló durante una hora, ponderó el “potencial productivo” de la provincia y desplegó una cerrada defensa de su programa económico.
A pocos kilómetros, sin embargo, otra postal atravesaba su visita. Productores yerbateros se concentraron con tractores sobre la ruta nacional 12, en el acceso a las 600 Hectáreas, para reclamar mejores precios para la hoja verde y respuestas frente a una crisis que golpea especialmente a los pequeños agricultores.
Muchos de ellos eran los mismos que tres años atrás habían celebrado el triunfo de Milei con tractores, banderas argentinas y motosierras. Esta vez, la motosierra quedó del otro lado de la protesta. El Presidente no hizo ninguna referencia al reclamo, no pronunció la palabra yerba y tampoco anticipó medidas para una economía regional atravesada por el derrumbe de los precios y la pérdida de rentabilidad.
Su mensaje fue en sentido contrario: no habrá correcciones motivadas por la protesta social ni por el calendario electoral. Habrá más ajuste sobre la política, más apertura económica, nuevas reformas y una profundización del rumbo iniciado en diciembre de 2023.
“Yo acá entré por el bronce. Toda mi vida estuve predicando lo que había que hacer. No voy a llegar a este momento para borrar con el codo lo que escribí con la mano”, sentenció.
El contraste quedó expuesto desde el comienzo de la visita. Milei habló ante uno de los auditorios empresariales más importantes del país, mientras sobre la ruta los productores intentaban hacer visible una crisis que ya se siente en toda la cadena yerbatera.
La protesta ocurrió en el mismo territorio que le había dado un respaldo significativo al discurso libertario contra la regulación estatal. En 2023, parte del sector rural recibió con entusiasmo la promesa de eliminar controles, cupos e intermediaciones. Tres años después, productores que acompañaron aquella irrupción reclaman algún tipo de intervención frente a precios que no cubren los costos mínimos de producción.
El Presidente eligió no responder. Aunque abrió su exposición destacando a Misiones como una provincia “con tanto potencial productivo”, no vinculó esa definición con la situación concreta de su principal economía regional.
En cambio, reivindicó la necesidad de separar “el ruido de los fundamentos”, un principio que consideró central para las finanzas y para la conducción del Estado. Dentro de esa lógica, las protestas sectoriales fueron presentadas como parte de la resistencia inevitable de los intereses afectados por las reformas.
“Estamos llenos de gente ruidosa que se queja. Si quieren hacer una omelette, tienen que romper los huevos. Si hay un entramado prebendario, va a patalear. Es así”, afirmó.
Milei dedicó buena parte de su discurso a despejar cualquier expectativa de flexibilización en tiempos electorales. Aseguró que su compromiso es terminar “de una vez y para siempre con la maldita inflación” y que modificar la política monetaria devolvería rápidamente al país a una dinámica de suba de precios.
“No tiene sentido flexibilizar la política monetaria, porque hace doce meses que la base monetaria no cambia. Si cambio la política monetaria y la hago laxa, la inflación la tenemos a la vuelta de la esquina”, advirtió.
También buscó presentar su permanencia en la política como una misión acotada. Recordó que renunció a la jubilación presidencial de privilegio y definió su vínculo con el Estado como “un contrato por cuatro años, con opción a ocho”. Después, aseguró, pretende volver a ganarse la vida en el sector privado.
“Si por un capricho electoral modificara mi forma de actuar, mis conferencias y todo lo que dije durante mi vida pasarían a valer cero. Voy a redoblar la ortodoxia. No voy a cambiar la política hasta derrotar la inflación”, sostuvo.
La credibilidad, dijo, es “la materia prima de las políticas públicas” y fue “poco honrada por la política argentina”. Se presentó como el primer presidente “liberal libertario” de la historia y afirmó que su tarea consiste en sustituir la discrecionalidad por reglas permanentes.
El jefe de Estado destacó el avance de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, destinada -según explicó- a quitarle al Gobierno la posibilidad de financiarse mediante emisión monetaria. A ese límite sumó la imposición de un “grillete fiscal” para impedir nuevamente el déficit en la administración nacional.
La pretensión excede su mandato. Milei quiere que las reglas fiscales y monetarias condicionen a los futuros gobiernos y reduzcan al mínimo la capacidad de la política para modificar el rumbo económico.
“A largo plazo le ponemos grilletes a la política”, definió.
También anticipó una segunda etapa de la reforma tributaria conocida como Inocencia Fiscal, que describió como una transformación destinada “al ciudadano honesto”, y defendió una mayor apertura comercial.
“No se dejen engañar por los prebendarios a los que les gusta cazar en el zoológico. Esta no es todavía una economía abierta: necesita más apertura”, aseguró.
Para ejemplificarlo, cuestionó las políticas proteccionistas aplicadas a determinados sectores industriales. Mencionó el caso de los neumáticos y sostuvo que, para preservar 920 empleos, los argentinos terminaban pagando cubiertas hasta cuatro veces más caras.
Según Milei, la pérdida de discrecionalidad estatal representa una ganancia directa para las empresas porque evita que las reglas sean modificadas “a mitad del partido”. Incluso comparó la profundidad de su programa con otros procesos históricos: “Ni siquiera los militares se animaron a hacer las reformas que nosotros hicimos”.
El tramo más político del discurso estuvo dedicado a las elecciones de 2027. Milei se mostró convencido de que La Libertad Avanza volverá a imponerse y aseguró que un resultado similar al conseguido en los últimos comicios le permitiría obtener la mayoría en Diputados y quedar a solamente dos senadores del quórum propio en la Cámara alta.
“El año que viene les vamos a ganar, porque dudo que los argentinos sean tan tontos como para querer volver al pasado”, lanzó.
La eventual construcción de una mayoría parlamentaria aparece como la llave para una segunda oleada reformista.
“Si con este Congreso hicimos todas estas reformas, abróchense los cinturones porque ahí van a ver lo que es acelerar a fondo”, adelantó.
La promesa fue acompañada por otra definición terminante: “No vamos a aflojar en la disciplina fiscal”. Milei sostuvo que el objetivo central es quitarle “de una vez y para siempre las cadenas al sector privado” y consolidar un modelo económico que pueda extenderse durante dos períodos presidenciales.
El Presidente calificó a su administración como “la mejor gestión económica de los últimos cien años en la Argentina” y acusó al peronismo y a la oposición de “mover permanentemente el arco” para evitar reconocer los resultados.
Afirmó que entre 2011 y 2023 la Argentina dejó de crecer y sufrió un retroceso de su producto bruto interno por habitante. Frente a ese escenario, aseguró que su Gobierno logró quebrar el techo previo y alcanzar “el PBI per cápita más alto de la historia”.
“Llevamos 27 meses de crecimiento seguido, les guste o no les guste a los corruptos periodistas”, disparó.
Según su interpretación, la economía acumulará un crecimiento cercano al 20 por ciento en cuatro años, por encima del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y “quintuplicando” el desempeño argentino de los cien años anteriores.
“Al final, efectivamente soy especialista en crecimiento, con o sin dinero”, ironizó.
Milei sostuvo además que su programa redujo diez veces la inflación, bajó la pobreza en 25 puntos y permitió que catorce millones de personas salieran de esa condición. Contrastó esos resultados con los del kirchnerismo, al que responsabilizó de haber hecho caer la economía argentina durante años en los que el mundo crecía.
Afirmó que alrededor de 450 puntos del riesgo país corresponden al “riesgo kuka”, es decir, a la posibilidad que los inversores asignan a una reversión del modelo. Recordó que en 2023 el indicador llegó a ubicarse cerca de los 3.000 puntos y prometió seguir reduciéndolo a medida que se despeje la incertidumbre política.
Milei presentó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones como la plataforma de un flujo de capitales “que nunca se vio en el país”. Aseguró que existen proyectos aprobados por 45.000 millones de dólares y otros 150.000 millones pendientes de evaluación.
Las inversiones se concentran, según enumeró, en energía, minería y siderurgia. El Presidente vinculó ese proceso con la posibilidad de que la Argentina recupere peso geopolítico y fortalezca su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.
También rechazó que exista atraso cambiario. Señaló que el país registra niveles récord de exportaciones y consumo con superávit de cuenta corriente, y destacó que trece de los quince sectores relevados por el Estimador Mensual de Actividad Económica se encuentran en crecimiento, “el mejor registro en quince años”.
Otro de los ejes fue el mercado laboral. Milei aseguró que la ocupación se mantuvo estable y que durante su administración fueron creados 500.000 puestos de trabajo, “una cifra que no van a ver en ningún lado”.
Cuestionó las mediciones concentradas exclusivamente en el empleo formal y rechazó que el trabajo informal deba ser descartado como una ocupación de menor valor. “No es de calidad robar. Trabajar está bien”, afirmó.
El mandatario sostuvo que el mercado informal ya representaba cerca del 50 por ciento del empleo antes de su llegada al poder y que la creación de puestos no registrados es parte de la reasignación de recursos provocada por el cambio de modelo.
También desestimó la idea de una economía funcionando “a dos velocidades”. Según explicó, quienes utilizan esa definición “no saben nada de equilibrio general”, porque cualquier shock económico genera movimientos diferentes entre sectores, como si la economía fuera “una coctelera”.
La reforma laboral, dijo, busca facilitar que esos nuevos empleos migren hacia la formalidad cuando termine de estabilizarse el escenario político. Incluso aseguró que los salarios informales se encuentran 60 por ciento por encima de los niveles anteriores, lo que interpretó como una señal de funcionamiento del programa.
La mora como costo de la normalización crediticia
Milei también respondió a las advertencias sobre el crecimiento de la mora entre familias y empresas. Sostuvo que el aumento de los incumplimientos es una consecuencia matemática de la expansión del crédito y no una prueba directa del deterioro económico. “Si no prestaran, la mora sería cero”, argumentó.
Según su explicación, el riesgo crediticio bajó y permitió que familias y pequeñas y medianas empresas que antes estaban excluidas comenzaran a calificar para recibir financiamiento. Comparó las críticas al aumento de la mora con cuestionar el crecimiento de los accidentes después de la masificación del automóvil.
Para Milei, se trata de costos propios de una transición. Para una parte de la sociedad, en cambio, son señales del esfuerzo que demanda el programa y de una recuperación que todavía no alcanza de la misma manera a todos los sectores.
La primera visita presidencial de Milei a Misiones dejó así dos escenas simultáneas. Dentro del Loi Suites, empresarios y ejecutivos escucharon una exposición cargada de cifras, promesas de estabilidad y garantías de continuidad. Pese al escenario, hubo pocos y tibios aplausos. Sobre la ruta nacional 12, productores yerbateros que alguna vez vieron en la motosierra una esperanza reclamaron respuestas ante el desplome de sus ingresos.
El presidente Javier Milei anunció una ofensiva diplomática, económica y judicial contra las empresas y los actores internacionales que participen en la explotación de recursos naturales en las Islas Malvinas sin autorización de la Argentina.
En un mensaje transmitido por cadena nacional, el mandatario anticipó la firma de un decreto destinado a acelerar los procedimientos sancionatorios contemplados en la Ley 26.659, que establece condiciones para la exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina.
El paquete incluirá, además, el envío al Congreso de una serie de proyectos para endurecer las penas contra las compañías que intervengan en actividades petroleras, pesqueras o económicas dentro del área en disputa. Según adelantó Milei, las firmas sancionadas no podrán trabajar en el territorio nacional y sus responsables podrán quedar expuestos a procesos judiciales en ausencia.
“Las Malvinas son argentinas por historia y por derecho, no hay discusión al respecto”, afirmó el Presidente al presentar la iniciativa, acompañado por integrantes del Gabinete nacional.
Milei sostuvo que el reclamo diplomático debe estar respaldado por instrumentos concretos capaces de elevar el costo económico y jurídico para quienes participen en proyectos promovidos por la administración británica en las islas.
“No alcanza con sostener nuestro reclamo. El Estado argentino tiene la obligación de utilizar todas las herramientas diplomáticas, económicas, judiciales y legales disponibles para defender nuestra soberanía y nuestros recursos”, señaló.
El objetivo declarado es disuadir tanto a empresas privadas como a Estados extranjeros de intervenir en emprendimientos vinculados con la explotación de hidrocarburos y otros recursos naturales en las Malvinas y sus espacios marítimos circundantes.
Cerca de 180 advertencias a empresas y 29 países
El Presidente reveló que la Cancillería argentina ya envió cerca de 180 notas de desaliento a compañías y gobiernos involucrados directa o indirectamente en proyectos económicos en las islas.
Las comunicaciones alcanzaron a actores radicados en más de 29 países y forman parte de la estrategia oficial para advertir sobre las consecuencias legales de operar en una zona cuya soberanía continúa bajo disputa.
El decreto anunciado por Milei buscará darle “mayor celeridad” a la aplicación de la Ley 26.659. Esa norma prevé sanciones para las personas físicas o jurídicas que desarrollen actividades hidrocarburíferas en la plataforma continental argentina sin contar con la autorización correspondiente.
La decisión apunta especialmente contra las compañías vinculadas con nuevos proyectos petroleros en el Atlántico Sur. El Gobierno pretende evitar que las demoras administrativas reduzcan la eficacia del régimen sancionatorio y habiliten a las empresas a avanzar antes de recibir una penalización efectiva.
El Ejecutivo también propondrá reforzar las restricciones para que las compañías involucradas no puedan operar, contratar ni desarrollar negocios dentro de la Argentina. La arquitectura definitiva de las penas dependerá de los proyectos que sean enviados al Congreso.
Una base naval para reforzar la presencia en el Atlántico Sur
La segunda pata del anuncio será militar y logística. Milei confirmó que asignará mayores recursos al Ministerio de Defensa para avanzar con la construcción de una base naval en Tierra del Fuego.
La instalación buscará reforzar la presencia argentina en el extremo austral, ampliar la capacidad operativa de la Armada y consolidar la proyección estratégica sobre el Atlántico Sur y la Antártida.
El anuncio coloca nuevamente a Tierra del Fuego en el centro de la política de defensa. Su posición geográfica resulta determinante para el control de los accesos marítimos, la vigilancia de los recursos naturales y el sostenimiento logístico de las campañas antárticas.
“Eso exige leyes adecuadas, organismos del Estado coordinados y herramientas efectivas para avanzar en un objetivo que trasciende a cualquier gobierno”, expresó Milei.
Con el decreto, las reformas legislativas y la futura base naval, la Casa Rosada procura mostrar un cambio de escala en la política sobre Malvinas: sostener el reclamo diplomático, pero acompañarlo con sanciones económicas, acciones judiciales y una presencia más fuerte en el Atlántico Sur.
La implementación efectiva dependerá ahora de tres factores: el contenido final del decreto, el respaldo que consiga el paquete legislativo en el Congreso y los recursos presupuestarios que reciba el Ministerio de Defensa para materializar la infraestructura anunciada.
Los tiempos de la política son distintos. Apenas tres años después de la prohibición del uso del glifosato en las chacras misioneras, la Cámara de Diputados votó por unanimidad eliminar esa prohibición. Incluso con el voto de Carlos Rovira, impulsor de aquella ley resistida por todo el arco productivo.
Con el mismo énfasis con el que se defendió la prohibición, la Cámara de Representantes de Misiones puso fin por unanimidad este jueves a uno de los capítulos más controvertidos de la política productiva provincial. “Se terminó el divorcio entre el sector productivo y la política”, definió Enrique Bongers, el presidente de la Asociación Maderera de Aserraderos y Afines del Alto Paraná al destacar la decisión del gobernador Hugo Passalacqua.
Después de tres años de reclamos, prórrogas y advertencias del sector privado, la Legislatura modificó el artículo 7 de la Ley VIII N.º 103 y eliminó la prohibición expresa del uso de glifosato, sus componentes y productos afines en todo el territorio misionero.
La reforma obtuvo dictamen favorable durante la mañana de este jueves y fue incorporada sobre tablas en la sesión nocturna. El acompañamiento de todos los bloques le otorgó un fuerte respaldo político a una decisión que había sido reclamada por productores yerbateros, forestales, tabacaleros, tealeros, ganaderos, citrícolas y representantes de la agricultura familiar.
El cambio no deroga la política de promoción de los bioinsumos ni abandona el objetivo de avanzar hacia una producción con menor impacto ambiental. Lo que desaparece es la obligación de eliminar el glifosato en una fecha predeterminada, aun cuando no existieran sustitutos disponibles, eficaces y económicamente accesibles.
La transición quedará ahora sujeta al desarrollo y la autorización de fitosanitarios más amigables con el ambiente por parte de los organismos nacionales competentes y de las autoridades de los países compradores de productos misioneros. El Poder Ejecutivo provincial tendrá la facultad de establecer los plazos, las condiciones y los requisitos para avanzar en ese proceso.
En términos jurídicos, la modificación representa mucho más que una nueva prórroga. Hasta ahora, la prohibición seguía formando parte de la ley y solamente se postergaba su entrada en vigencia. Con la reforma sancionada, el veto automático desaparece y es reemplazado por un esquema gradual, condicionado por la tecnología disponible, las autorizaciones sanitarias y las exigencias comerciales.
La Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos fue aprobada en junio de 2023 como una de las apuestas ambientales más ambiciosas de Misiones. La norma creó un marco para promover la investigación, el desarrollo, la producción, el registro, la comercialización y la utilización de productos biológicos.
Sin embargo, su artículo 7 incorporó la disposición que desató el conflicto: prohibió en toda la provincia el uso de glifosato, sus componentes y productos afines. La aplicación fue diferida durante dos años con la intención de permitir una reconversión progresiva de los sistemas productivos.
Desde el comienzo, las entidades rurales advirtieron que el plazo legal no contemplaba la realidad de las chacras. El cuestionamiento no se concentró solamente en el costo de los bioinsumos, sino también en su disponibilidad, su eficacia agronómica y la falta de homologación en los mercados nacionales e internacionales.
Antes de que la prohibición entrara plenamente en vigor, el gobernador Hugo Passalacqua dispuso mediante el Decreto 1608/24 una prórroga de cinco años. De esa manera, el horizonte de aplicación se trasladó hasta 2030.
Posteriormente, el Decreto 1675/25 extendió la posibilidad de utilizar el herbicida hasta que los organismos nacionales y los países de destino de las exportaciones autorizaran alternativas más amigables con el ambiente. Esa decisión ya había introducido el criterio que ahora quedó incorporado definitivamente a la ley.
La reforma impulsada por Passalacqua y presentada con la firma de 18 diputados convirtió aquella salida transitoria en una nueva regla permanente. La Legislatura dejó de fijar una fecha rígida y estableció que el reemplazo deberá avanzar cuando existan herramientas capaces de responder a las necesidades reales de cada cadena productiva.
Como había señalado Economis al anticipar la modificación, el cambio no supone una reivindicación del herbicida, sino el reconocimiento de que una prohibición sin sustitutos probados podía aumentar los costos, reducir los rendimientos, fomentar aplicaciones informales y colocar a Misiones en desventaja frente a otras provincias y países competidores.
Un respaldo transversal del sector productivo
La sanción llegó con la conformidad de las principales organizaciones agropecuarias, económicas y forestoindustriales de Misiones y la región.
La Sociedad Rural Argentina respaldó la iniciativa al considerar que aporta estabilidad y certidumbre a los productores. El posicionamiento de una de las entidades de mayor peso político del agro nacional reforzó la demanda para que las transformaciones ambientales sean acompañadas por condiciones técnicas y económicas concretas.
La Confederación Económica de Misiones también manifestó su conformidad. La entidad había cuestionado la prohibición desde su sanción y llegó a reclamar la derogación completa de la Ley de Bioinsumos en representación de productores, cooperativas, pequeñas y medianas empresas, asesores técnicos y organizaciones vinculadas con las cadenas forestal, yerbatera, tabacalera, tealera, ganadera y citrícola, además de la agricultura familiar y el comercio.
Para la CEM, la adecuación del artículo 7 permite recuperar previsibilidad y evitar que la producción misionera deba competir bajo restricciones que no existen en otras jurisdicciones.
La Asociación Forestal Argentina, que recientemente celebró su 80.º aniversario en Posadas, sostuvo que la nueva norma otorga estabilidad con rango legal. La entidad remarcó que actualmente no existen en el mercado sustitutos de eficacia equivalente comprobada para el control inicial de malezas, una etapa decisiva en la implantación forestal.
También acompañaron la modificación la Asociación de Productores, Industriales y Comerciantes Forestales de Misiones y Norte de Corrientes y la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná. Ambas entidades consideraron que la reforma termina con la incertidumbre normativa que condicionó durante los últimos años las decisiones de inversión y los planes productivos del sector.
El objetivo ambiental se mantiene
La eliminación de la prohibición no implica que Misiones abandone la investigación y el desarrollo de bioinsumos. La política provincial continuará apoyándose en organismos como Biofábrica Misiones, universidades e institutos científicos para generar productos basados en microorganismos nativos y soluciones adaptadas a las condiciones locales.
El cambio está en el método. La sustitución ya no dependerá de una fecha impuesta por ley, sino de la existencia de alternativas que estén probadas, certificadas, disponibles a escala, sean económicamente accesibles y tengan reconocimiento en los mercados donde se comercializa la producción misionera.
La nueva redacción busca evitar una contradicción que había quedado expuesta durante el debate: un productor podía verse impedido de utilizar glifosato en Misiones aun cuando el herbicida estuviera autorizado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria y admitido por el país comprador. Al mismo tiempo, podía ser obligado a utilizar productos biológicos que todavía no contaran con homologación fuera de la provincia.
Con la votación unánime, la Legislatura cerró esa etapa. La provincia conserva el horizonte de una producción sustentable, pero reconoce que la transformación deberá construirse con ciencia, escala, asistencia técnica y competitividad.