ENTREVISTAS

Exclusivo Economis: California abre La Casona y un nuevo centro de logística en un fuerte plan de expansión

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Cuando muchas empresas priorizan la cautela, la cadena California decidió acelerar su plan de expansión en Misiones. Ricardo “Pilo” Cáceres, propietario del grupo supermercadista, adelantó en exclusiva a Economis que la firma pondrá en funcionamiento un inédito espacio gastronómico sobre avenida López y Planes, incorporará personal y avanzará con un ambicioso centro de logística y producción que concentrará buena parte de sus operaciones industriales en Posadas.

El empresario, que conduce una compañía con más de 2.000 trabajadores en el NEA, sostuvo que la decisión responde a una filosofía que mantiene desde hace décadas: reinvertir las ganancias para generar más empleo y mejorar la infraestructura de la empresa.

La principal novedad llegará entre fines de agosto y los primeros días de septiembre, cuando abra sus puertas La Casona del California, un nuevo espacio que funcionará en un edificio histórico completamente restaurado sobre avenida López y Planes, en la esquina con la calle Rocamora.

Cáceres explicó que no será únicamente un punto de venta, sino un espacio pensado para la experiencia del cliente. “Va a ser una linda experiencia”, resumió el empresario al describir el proyecto durante una visita a Open1017.

El lugar combinará producción gastronómica con espacios recreativos para cumpleaños, reuniones y actividades familiares, buscando transformarse en un nuevo punto de encuentro para los posadeños.

La apertura también implicará nuevas incorporaciones de personal.

Según adelantó Cáceres, en una primera etapa el emprendimiento demandará entre 12 y 15 nuevos trabajadores, que se sumarán a la estructura de California en Misiones, donde cuenta con un promedio de mil empleos, de una planta global de 2.500 en todo el NEA. 

El empresario remarcó que la prioridad será contratar mano de obra local y destacó que cada expansión representa una oportunidad para seguir generando empleo privado.

“Siempre tratamos de reinvertir para crear más fuentes de trabajo”, afirmó durante la entrevista.

La empresa trabaja con el objetivo de abrir el establecimiento antes del 20 de agosto. La obra civil y las instalaciones generales están prácticamente terminadas: los contratistas comenzaron a retirarse y las tareas se concentran en la limpieza, las terminaciones, la colocación del mobiliario y el diseño de la cartelería.

Será la primera vez que un establecimiento de la cadena adopte un nombre de fantasía propio. La denominación elegida será La Casona del Cali, aunque funcionará bajo la marca paraguas de California Sociedad Anónima.

El establecimiento será habilitado formalmente como supermercado, con anexos de bar, rotisería y panadería. La propuesta tendrá una orientación marcada hacia los productos elaborados por la propia empresa.

El concepto combinará cafetería, comidas al paso, rotisería y venta de productos de elaboración propia. Los clientes podrán consumir café, licuados, panificados, pastas, comidas preparadas y platos comercializados por peso o presentados en bandejas previamente fraccionadas.

El modelo de atención será similar al de Cali Bar: no habrá un servicio gastronómico tradicional con mozos, sino un sistema ágil en el que cada persona podrá elegir su comida, retirarla y consumirla en las mesas del establecimiento.

El predio completo tiene una superficie aproximada de entre 1.100 y 1.200 metros cuadrados. La empresa cuenta actualmente con más de 500 metros cuadrados construidos y proyecta completar alrededor de 600 metros cuadrados adicionales.

La Casona contará con espacios interiores y exteriores, alrededor de 40 o 50 mesas y una capacidad estimada de hasta 200 personas. Durante el verano también podrá utilizarse plenamente el sector externo.

La cocina contará con equipamiento para cocciones simples, un horno de apoyo, cámara de fermentación y cámara de frío. La mayor parte de los productos llegará desde el sistema central de elaboración de la empresa, aunque el local podrá completar determinados procesos antes de la venta.

Abrirá desde las primeras horas de la mañana

Uno de los elementos distintivos será el horario. California prevé abrir La Casona entre las 5.30 y las 6 de la mañana, con la intención de atender a trabajadores, estudiantes y personas que comienzan temprano su jornada.

La propuesta inicial estará concentrada en artículos de supermercado, panadería, cafetería y comidas elaboradas. En una segunda etapa, la compañía analizará ampliar los espacios, incorporar más mesas y sumar nuevos servicios según la respuesta del público.

El proyecto de mayor escala, sin embargo, está detrás del funcionamiento cotidiano de la empresa.

El segundo proyecto tiene una escala considerablemente mayor. California está desarrollando sobre la avenida Domínguez, en un predio que se extiende hasta la calle Ruiseñor, un nuevo centro de logística y producción.

El complejo tendrá aproximadamente 6.000 metros cuadrados construidos, distribuidos en dos plantas. Allí será trasladada la producción propia que desde la década de 1970 funciona en la sucursal de la avenida Lavalle.

El supermercado de Lavalle continuará abierto. Lo que será trasladado es el sistema de elaboración centralizada, incluyendo las áreas de panadería, pastas y rotisería.

La liberación de esos espacios permitirá evaluar posteriormente una ampliación de los servicios en Lavalle, incorporar nuevos rubros o mejorar el estacionamiento, uno de los principales problemas de esa sucursal debido al intenso tránsito de la zona.

El centro fue concebido como una plataforma de distribución capaz de abastecer tanto a los locales actuales como a las futuras aperturas.

California se prepara para habilitar su novena sucursal y contempla, posteriormente, sumar entre dos y tres establecimientos adicionales. Para sostener esa expansión necesita aumentar la capacidad productiva y disponer de más plataformas de carga y descarga.

El nuevo centro podrá recibir y estacionar hasta diez camiones de distribución. Esa capacidad representa un salto respecto de la infraestructura actual de Lavalle, donde la empresa opera con seis vehículos y dos plataformas para abastecer sus sucursales.

La compañía considera que el proyecto tiene una vida útil mínima de 20 años y fue diseñado con margen suficiente para incorporar nuevas líneas productivas y acompañar el crecimiento durante las próximas décadas.

Energía e infraestructura para crecer

La magnitud del proyecto obligó a California a desarrollar una infraestructura eléctrica específica.

La planta actual de Lavalle opera con una potencia de 13,2 kilovoltios. Para el nuevo complejo se construye una línea de 33 kilovoltios desde la zona de las avenidas Cocomarola y Domínguez, explicó el gerente de Recursos Humanos, Jorge Aguirre

La inversión incluye una bajada de energía de Energía de Misiones, transformador propio y un grupo electrógeno capaz de sostener la producción en caso de interrupciones del suministro.

La capacidad instalada no fue calculada únicamente para cubrir las necesidades actuales. También contempla futuras ampliaciones, nuevas maquinarias y el crecimiento de la red comercial.

El centro concentrará equipamiento industrial para la elaboración y conservación de alimentos.

La empresa ya adquirió hornos de mayor capacidad, instaló montacargas y avanza con la incorporación de cámaras frigoríficas, una central de frío y tanques de gas.

El objetivo es centralizar la producción de panadería, pastas y rotisería, estandarizar los procesos y aumentar el volumen de elaboración sin perder la calidad que caracteriza a la marca.

La centralización también permitirá ordenar el traslado diario de los productos hacia las distintas sucursales y reducir la presión sobre la planta de Lavalle, que quedó limitada frente al crecimiento de la cadena.

La empresa espera finalizar el centro logístico antes de fin de año, aunque los plazos dependerán de la instalación de los sistemas de frío, la entrega del equipamiento y la ejecución de las obras eléctricas.

Según Aguirre, los proyectos técnicos ya están definidos, pero cada componente requiere procesos de presupuestación, fabricación, pago, entrega e instalación que pueden extenderse entre 20 y 30 días.

Parte de la maquinaria fue adquirida con uno o dos años de anticipación y ya se encuentra disponible. La compañía trabaja ahora en completar las instalaciones necesarias para ponerla en funcionamiento.

La obra se financia íntegramente con recursos propios. La empresa no recurrió a créditos externos ni a endeudamiento para llevar adelante el proyecto. Los fondos provienen de la recaudación y de las ventas de la propia cadena, bajo una política de reinversión impulsada por Cáceres.

La construcción también tiene un fuerte componente local. La compañía contrató mano de obra, empresas constructoras y proveedores de Posadas y Misiones, siempre que las condiciones técnicas y los precios fueran competitivos.

Algunos componentes especializados, como determinados tableros eléctricos y sistemas de transferencia, debieron encargarse a firmas de otras provincias. Sin embargo, la mayor parte de la inversión se ejecuta con contratistas y proveedores de la región.

Con La Casona del Cali y el centro logístico, California no solamente amplía su presencia comercial. También construye la infraestructura necesaria para una nueva etapa de expansión. Para Cáceres, el crecimiento de California responde a una convicción que atraviesa toda la historia de la empresa.

El empresario sostuvo que el capital debe permanecer “al servicio de la gente”, transformándose en infraestructura, tecnología y nuevos puestos de trabajo antes que inmovilizarse.

“El dinero es justamente para invertir”, resumió el dueño de California, convencido de que el crecimiento empresarial debe traducirse también en desarrollo para la comunidad.

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El pan de cada día: Petri cumple diez años con 150 empleos y un plan de expansión

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Hay empresarios que hablan de balances. Otros hablan de inversiones. Sergio Petri habla de disciplina. No es casual. Quien hoy conduce una empresa con cinco sucursales, 150 trabajadores y una marca consolidada en el mercado misionero comenzó muy lejos de ese presente. A los 16 años dejó San Vicente para ir a Buenos Aires a aprender el oficio de panadero. Décadas después, esa decisión se transformó en una empresa familiar que acaba de cumplir diez años y que hoy celebra el aniversario con el sorteo de un automóvil cero kilómetro, una apuesta comercial tan audaz como simbólica. El último logro fue la apertura de la sucursal Itaembé Guazú de Petri, que dejó atrás el concepto “panadería” para transformarse en un supermercado capaz de competir de igual a igual con marcas ya consolidadas. El enorme salón de ventas tiene de todo y con una estética moderna, muy iluminada y atractiva. Pero detrás de los salones se produce la verdadera magia de Petri: una enorme panadería, con decenas de trabajadores, harina, masas de distintos tipos, todo a un ritmo vertiginoso. En otro rincón del salón, el depósito palpita la logística de entrada y salida de mercaderías para abastecer a los distintos locales. 

Detrás de la celebración por los diez años hay una historia mucho más profunda: la de una familia que decidió construir futuro en uno de los países más imprevisibles para emprender.

Una empresa familiar que cumple diez años en la Argentina ya es una novedad“, resume Petri con una mezcla de orgullo y alivio. No exagera. Las estadísticas muestran que menos de un tercio de las empresas familiares logra atravesar esa primera década de vida. Ellos lo hicieron. Y lo hicieron juntos.

“Somos cinco en la familia y los cinco estamos metidos en la empresa”, cuenta. Su esposa y sus tres hijos participan activamente del negocio, de las decisiones y también de las discusiones que inevitablemente aparecen cuando familia y trabajo conviven bajo el mismo techo. Pero lejos de verlo como un problema, Petri lo entiende como una fortaleza.

“Siempre buscamos consenso. Conversamos mucho. Yo aporto la experiencia y ellos traen una mirada más moderna. Esa combinación está dando buenos resultados”, confiesa en un reportaje concedido a Open1017.

Diez años alcanzan para atravesar varias Argentinas. Inflación, pandemia, cambios de reglas, caída del consumo, aumento de costos. Petri las vivió todas. Sin embargo, asegura que el momento actual tiene una dureza distinta.

“No quiero decir nada novedoso porque todos sabemos lo que está pasando. El consumo está en baja y nosotros no somos ajenos. Estamos sobreviviendo”.

No hay dramatismo en el tono. Hay realismo. Describe una ecuación que hoy atraviesa a buena parte de las pequeñas y medianas empresas: “Es una crisis mucho más dura que otras. Los costos fijos crecieron mucho más rápido que las ventas”.

“Los márgenes son muy finitos. El gasto fijo aumentó muchísimo y las ventas no acompañan. Queda muy poco margen para sostener el negocio”.

Aun así, evita instalarse en la queja. Prefiere mirar hacia adentro antes que observar a la competencia.

“Trato de enfocarme en lo nuestro. Creo que la situación es general, pero mi energía está puesta en seguir haciendo”.

Y ese “seguir haciendo” tiene un significado concreto: sostener 150 puestos de trabajo.

Cada decisión comercial, incluso el gran sorteo por el aniversario, responde también a ese objetivo.

“Todo esto busca generar más ventas. Si logramos vender más, también podemos cuidar el empleo”.

En toda la entrevista aparece una frase que probablemente explique mejor que cualquier análisis económico la mentalidad de un emprendedor.

Los emprendedores arrancamos todos los días menos diez“. Petri hace una pausa.

Después explica. “Todos los días tenemos compromisos: salarios, alquileres, proveedores, impuestos. Antes de empezar ya tenemos una mochila enorme. Entonces no queda otra que salir a comerse el mundo”.

No habla de motivación. Habla de disciplina. Y ahí aparece otra de las definiciones que funcionan casi como una filosofía empresarial.

Creo que la disciplina marca la diferencia. En los momentos buenos y en los malos. No se trata de esperar inspiración. Se trata de hacer todos los días lo que hay que hacer“.

Es una mirada que probablemente explique por qué, aun reconociendo la complejidad económica, nunca pensó en bajar los brazos.

“Sí, hubo momentos muy difíciles. Pero nunca dejamos de mirar para adelante.”

La historia personal de Sergio Petri comienza en una familia humilde de San Vicente. “Vengo de la colonia. De la chacra”.

A los 16 años emigró a Buenos Aires para aprender el oficio de panadero. Después volvió a Misiones, siguió trabajando en panaderías y, cuando la familia creció y las responsabilidades también, decidió dar el salto a emprender.

El primer local fue el inicio de un recorrido que hoy suma cinco sucursales y una marca ampliamente reconocida en el área metropolitana de Posadas.

Sin embargo, el sueño todavía no terminó.

“Nos gustaría llegar a toda la provincia.”

No será inmediato.

La coyuntura económica obliga a ser prudentes y hoy no proyectan nuevas aperturas. “Las ganas siempre están”.

Un auto para celebrar algo más importante

El aniversario número diez llegó acompañado por una decisión poco habitual: regalar un automóvil cero kilómetro. Petri reconoce que no fue una decisión sencilla.

“La verdad es que no nos sobraba la plata para comprar un auto y sortearlo”.

Entonces, ¿por qué hacerlo?

Porque el premio simboliza otra cosa. Celebrar que una empresa familiar pudo consolidarse. Celebrar que siguen apostando por Misiones.

El sorteo se realizará el domingo 2 de agosto, en vivo, frente a la sucursal de Itaembé Guazú, con escribano público y transmisión abierta. Habrá diez premios, aunque todas las miradas estarán puestas en el automóvil.

La mecánica también refleja la obsesión de Petri por la transparencia: el cupón ganador será llamado telefónicamente hasta cinco veces en el mismo momento. Si nadie responde, se extraerá otro cupón.

“Queremos entregar el premio ese mismo día. Queremos que todo el mundo vea cómo se hace”.

Mientras muchos empresarios hablan de expansión, rentabilidad o inversiones, Sergio Petri vuelve una y otra vez sobre las personas. Habla de su familia, de sus empleados, de disciplina. Habla del oficio.

Quizá ahí esté la explicación de por qué una panadería terminó convirtiéndose en una empresa que da trabajo a 150 familias.

Porque detrás del pan nunca hubo solamente harina, levadura y hornos. Hubo una manera de entender el trabajo. Y una convicción que, después de diez años, sigue intacta.

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Construcciones Flash: el modelo que acelera la arquitectura en Misiones

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Construir una casa siempre fue sinónimo de tiempo. De meses -a veces años- entre planos, materiales, albañiles y una obra expuesta al clima, a la inflación y a los inevitables imprevistos. Pero ese paradigma empieza a resquebrajarse. En Misiones, una nueva generación de empresas apuesta por un modelo que traslada buena parte del proceso desde el terreno hacia la fábrica, industrializando la construcción de la misma manera en que la industria automotriz revolucionó la fabricación de vehículos.

La tendencia aún es incipiente, pero crece. Ya no se trata solamente del steel frame, un sistema que comenzó a difundirse hace algunos años en el país, sino de estructuras metálicas más robustas, diseñadas digitalmente y fabricadas con precisión antes de llegar al lote. El objetivo es simple: construir mejor, más rápido y con mayor previsibilidad.

Una de las empresas que impulsa este cambio es Construcciones Flash, radicada en Aristóbulo del Valle. En poco más de un año de actividad ya entregó más de diez proyectos y alrededor de 800 metros cuadrados construidos, especializados en viviendas modulares, locales comerciales, quinchos y cabañas destinadas al turismo.

Dennis Steinhorst, responsable del área comercial de Construcciones Flash, sostiene que el sistema representa una evolución respecto del steel frame convencional. “Trabajamos con perfiles de acero plegados de entre 1,8 y 2 milímetros de espesor, mucho más reforzados. Además, al fabricar nosotros mismos las estructuras podemos aplicar tratamientos anticorrosivos incluso en el interior de los perfiles, algo que prolonga su vida útil y mejora el comportamiento frente a la humedad”, explica. Esa ingeniería, agrega, permite ofrecer construcciones modulares destinadas tanto a viviendas familiares como a emprendimientos turísticos, locales comerciales y proyectos transportables para distintas provincias del país.

Dennis Steinhorst

Pero la verdadera ventaja aparece cuando se habla de tiempos.

Mientras una obra convencional puede extenderse durante varios meses, una vivienda modular pequeña puede completarse en apenas diez días hábiles. Incluso proyectos superiores a los 100 metros cuadrados pueden estar terminados en alrededor de dos meses. Esa reducción de plazos también disminuye costos indirectos, reduce la exposición a la inflación de materiales y permite comenzar a utilizar o rentabilizar la inversión mucho antes.

En una provincia donde el turismo continúa expandiéndose y la demanda habitacional sigue siendo elevada, esa velocidad abre nuevas oportunidades. No solo para quienes buscan construir su vivienda, sino también para desarrolladores de complejos turísticos, comercios e inversores que necesitan recuperar capital en menos tiempo.

La velocidad es, según Steinhorst, el principal factor que explica el creciente interés por este tipo de obras. “Una vivienda pequeña puede estar terminada en unos diez días hábiles y una casa de más de cien metros cuadrados demanda alrededor de sesenta días. Es muchísimo más rápido que la construcción tradicional y eso también reduce el costo de mano de obra”, afirma. Pero, asegura, el atractivo no termina allí: “La gente busca una casa que tenga la misma durabilidad que una construcción convencional, pero con menos mantenimiento y con tiempos mucho más cortos”.

La industrialización también cambia la lógica del negocio. Muchas de estas construcciones pueden fabricarse completamente en planta y trasladarse en camión listas para su instalación. Eso permite llegar a distintos puntos del país sin montar grandes equipos de obra, una ventaja que la empresa ya explora con proyectos vinculados al desarrollo de Vaca Muerta y módulos para estaciones de servicio.

Otro aspecto novedoso es el financiamiento. Ante la ausencia de créditos hipotecarios accesibles, algunas constructoras comenzaron a ofrecer planes propios. En este caso, los clientes pueden iniciar un plan de pago mensual y, una vez alcanzado aproximadamente el 50% del valor de la vivienda, comienza la construcción mientras continúan abonando el saldo restante. Las cuotas se actualizan según el índice de la construcción, pero sin los costos financieros habituales del sistema bancario.

Para Steinhorst, el cambio no pasa únicamente por el sistema constructivo, sino también por la manera de acceder a la vivienda. “Hoy mucha gente no puede obtener un crédito hipotecario. Por eso desarrollamos un sistema de financiación propia. El cliente comienza pagando cuotas y, cuando alcanza aproximadamente el cincuenta por ciento del valor de la vivienda, iniciamos la obra. El resto lo sigue abonando ya viviendo en su casa”, explica. Es un esquema que traslada parte del financiamiento desde el sistema bancario hacia la propia empresa y que busca responder a una demanda cada vez más frecuente en el mercado.

Más que una moda, la construcción industrializada parece responder a una necesidad. Frente a un mercado que exige reducir costos, acortar plazos y ofrecer mayor previsibilidad, el modelo gana terreno como una alternativa cada vez más competitiva.

La arquitectura también cambia. Ya no alcanza con diseñar buenos espacios; ahora también importa cómo se producen. Y en ese cambio de paradigma, Misiones empieza a construir una nueva forma de pensar la vivienda: más industrial, más eficiente y adaptada a los desafíos de una economía donde el tiempo vale tanto como los materiales.

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Mario Paredes: “La yerba mate debe dejar de venderse solo como infusión y posicionarse como un alimento funcional”

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La discusión sobre el futuro de la yerba mate comienza a desplazarse del precio de la hoja verde hacia un debate más profundo: cómo agregar valor a uno de los principales recursos naturales de Misiones. Para Mario Paredes, referente de Yerba Mate Fidel de Eldorado y uno de los jurados del Primer Mundial de la Yerba Mate, el desafío ya no pasa únicamente por vender más paquetes de yerba tradicional, sino por reposicionar el producto como un alimento funcional con potencial para competir en los mercados internacionales de nutrición, bienestar y alimentos saludables.

Tras participar del certamen internacional, Paredes sostiene que el evento marcó un punto de inflexión para toda la cadena productiva. A su juicio, la competencia representa el inicio de un proceso similar al que atravesó el vino décadas atrás, cuando dejó de ser únicamente una bebida para transformarse en un producto asociado a la calidad, la identidad territorial y el prestigio internacional.

“Pensamos que es el comienzo para que la yerba mate tenga calidad, prestigio y tradición como hoy ocurre con el vino. Ese es el camino para mejorar nuestra querida yerba mate”, afirmó.

El empresario considera que la materia prima producida en Misiones todavía posee un enorme potencial desaprovechado. Mientras la industria continúa enfocada principalmente en la infusión tradicional, el mundo demanda ingredientes naturales para suplementos nutricionales, bebidas funcionales y alimentos saludables.

Del mate al alimento funcional

Según Paredes, el principal cambio de paradigma consiste en dejar de presentar la yerba mate exclusivamente como una tradición cultural.

“Exportar el mate implica exportar una costumbre que forma parte de nuestra identidad, pero resulta mucho más complejo. En cambio, debemos enseñar de qué otras maneras puede consumirse la yerba mate aprovechando todas sus propiedades nutricionales”, explicó.

Para el productor, la hoja contiene un conjunto de vitaminas, minerales, polifenoles y antioxidantes cuya utilización aún resulta limitada dentro del modelo industrial vigente.

Su propuesta apunta a desarrollar nuevos alimentos de alto valor agregado que aprovechen integralmente esos compuestos bioactivos y permitan acceder a mercados donde el consumo funcional crece de manera sostenida.

Un sistema de secado para preservar nutrientes

Dentro de esa estrategia, Yerba Mate Fidel desarrolló un proceso propio de elaboración basado en hojas puras, sin palo, sometidas a bajas temperaturas.

Paredes cuestionó el sistema tradicional de secanza utilizado por buena parte de la industria, al considerar que las altas temperaturas necesarias para secar el palo terminan deteriorando componentes nutricionales presentes en la hoja.

“El alto tratamiento térmico perjudica a la hoja. Nosotros desarrollamos un sistema inverso de secado utilizando únicamente hojas, para conservar sus propiedades”, señaló.

Como resultado de ese procedimiento, asegura que lograron preservar una concentración significativamente superior de vitamina C respecto de la yerba elaborada mediante procesos convencionales.

El empresario también sostuvo que las investigaciones realizadas sobre este tipo de elaboración permitieron detectar elevados niveles de magnesio, un mineral cuya deficiencia afecta actualmente a una parte importante de la población mundial.

“La yerba mate posee una enorme riqueza nutricional. Si logramos conservar esas propiedades, estamos frente a un alimento funcional con muchísimo potencial”, afirmó.

Brasil marca el ritmo de la innovación

Durante la entrevista, Paredes también planteó una autocrítica sobre el posicionamiento argentino frente al crecimiento de la industria brasileña.

El referente misionero aseguró que el Mundial de la Yerba Mate dejó en evidencia el fuerte desarrollo alcanzado por Brasil tanto en calidad como en innovación de productos.

Incluso reveló que el máximo galardón del certamen fue obtenido por una yerba elaborada en Brasil bajo procesos propios del vecino país.

“La yerba de excelencia que obtuvo el mayor puntaje fue producida en Brasil. Eso demuestra hacia dónde está evolucionando el mercado”, sostuvo.

A su entender, la industria brasileña logró interpretar con mayor rapidez las nuevas tendencias de consumo, particularmente entre los públicos jóvenes, mediante productos con menor estacionamiento, mayor presencia de hoja y características similares al denominado padrón uruguayo.

Además, advirtió que el avance no se limita a la producción. “Hoy encontramos yerba brasileña en supermercados de Capital Federal y también observamos cómo desarrollaron toda una industria de accesorios. En el Mundial incluso debimos catar utilizando bombillas, termos y mates fabricados en Brasil”, relató.

Innovar para mejorar la rentabilidad de los productores

Para Paredes, la actual crisis que atraviesan miles de pequeños productores obliga a buscar alternativas distintas al esquema tradicional de comercialización.

Considera que la innovación, la investigación y el desarrollo de nuevos alimentos representan una oportunidad concreta para mejorar el ingreso de la producción primaria.

“No vamos a cambiar la industria tradicional si hoy ese modelo les resulta rentable. La innovación probablemente surja desde los pequeños emprendedores que busquen desarrollar productos de mayor calidad”, afirmó.

En ese sentido, destacó el trabajo que viene desarrollando la Academia Argentina de la Yerba Mate, impulsada por su hijo Leonardo Paredes, como una herramienta para profesionalizar el conocimiento sobre la cadena yerbatera.

Educación para construir valor

La formación aparece como otro de los ejes estratégicos planteados por Paredes.

A través de la Academia se busca capacitar a productores, estudiantes, profesionales y consumidores sobre historia, procesos productivos, análisis sensorial y propiedades nutricionales de la yerba mate.

“Queremos que cada misionero se convierta en un comunicador de la yerba mate. Muchas veces somos nosotros mismos quienes menos conocemos el verdadero potencial de nuestro producto”, sostuvo.

Desde su perspectiva, la construcción de una cultura del conocimiento resulta indispensable para posicionar internacionalmente a la yerba mate como un alimento premium y no únicamente como una bebida tradicional.

La apuesta, concluye, consiste en recuperar el vínculo original que los pueblos guaraníes mantenían con la planta: un recurso alimentario de alto valor nutricional que hoy puede abrir nuevas oportunidades para la economía regional si logra combinar innovación, investigación científica y agregado de valor desde el origen.

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En Andresito, la tierra del yerbal nace una nueva industria de la mano del bambú

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En una provincia acostumbrada a pensar su desarrollo productivo alrededor de la yerba mate, la forestoindustria y el té, una nueva experiencia intenta abrir camino hacia una actividad casi inexistente en la Argentina: la industrialización del bambú como materia prima para productos de alto valor agregado.

El proyecto se desarrolla en Comandante Andresito y San Antonio. Detrás de la iniciativa está Miguel Campos, ex secretario de Agricultura de la Nación, acompañado por un grupo de inversores y ex colaboradores que decidieron apostar por un esquema de integración vertical. El objetivo es producir la materia prima, transformarla industrialmente y abastecer a sectores que hoy dependen de importaciones.

La planta industrial ya está instalada en Andresito. Las máquinas atraviesan las últimas etapas de montaje. Si los plazos previstos se cumplen, la producción comenzará antes de fin de mes.

La apuesta combina rentabilidad económica, generación de empleo y captura de carbono. Un modelo de triple impacto que busca demostrar que el bambú puede convertirse en una nueva alternativa productiva para Misiones.

La elección de la provincia no fue casual. Campos explica que durante varios años analizaron distintas regiones del país antes de decidir la localización definitiva. La búsqueda apuntaba a encontrar condiciones agroecológicas capaces de sostener una producción intensiva y permanente. Misiones apareció rápidamente como la mejor opción.

Las precipitaciones abundantes, la temperatura media estable y la calidad de los suelos ofrecen condiciones similares a las de varias regiones asiáticas donde el bambú constituye una industria consolidada.

“Buscábamos una actividad que complementara a la yerba mate y no que compitiera con ella. Después de evaluar distintas regiones, encontramos que Andresito tenía prácticamente las mejores condiciones agroecológicas para desarrollar una microcuenca de bambú con escala industrial”, explica Campos.

El proyecto se desarrolla sobre dos establecimientos de 50 hectáreas cada uno. En total, cien hectáreas cultivadas con una variedad específica de bambú seleccionada por su productividad y calidad industrial.

La genética llegó desde India

La especie elegida es Bambusa balcooa, una variedad ampliamente utilizada en Asia para aplicaciones industriales y estructurales. 

El equipo evaluó distintas especies antes de optar por una planta que ofrece elevados rendimientos de biomasa, fibra homogénea y comportamiento controlado.

Uno de los principales temores asociados al bambú es su carácter invasivo. Sin embargo, Campos aclara que esta variedad pertenece al grupo de crecimiento en mata, por lo que no se expande agresivamente mediante rizomas como ocurre con otras especies.

La experiencia comenzó con la importación de apenas 10.000 plantas desde la India.

Luego intervino un laboratorio de cultivo de tejidos del INTA Córdoba, donde se realizó el proceso de micropropagación. Posteriormente, viveros especializados de Entre Ríos multiplicaron el material vegetal hasta alcanzar las 100.000 plantas necesarias para implantar toda la superficie.

El resultado es una plantación homogénea, con genética controlada y diseñada específicamente para abastecer procesos industriales.

Una industria que hoy depende del exterior

El núcleo económico del proyecto es la producción de carbón activado, un insumo estratégico utilizado en múltiples actividades industriales. Sirve para purificación de agua, refinación de hidrocarburos, clarificación de bebidas, filtrado de sustancias químicas y fabricación de productos cosméticos, entre otros usos.

La Argentina consume aproximadamente 4.500 toneladas anuales. La mayor parte llega desde el exterior.

En muchos casos se fabrica a partir de cáscara de coco proveniente de Asia.

La planta de Andresito apunta a producir unas 600 toneladas por año cuando funcione a pleno.

“Argentina importa alrededor de 4.500 toneladas de carbón activado por año. Nosotros no pretendemos reemplazar todo ese volumen, pero sí ofrecer una alternativa nacional de calidad para industrias que hoy dependen exclusivamente de proveedores externos”, señala.

Entre los potenciales usuarios aparecen grandes compañías energéticas, alimenticias y de servicios. YPF, AySA y Arcor figuran entre los consumidores habituales de carbón activado, aunque el mercado incluye también cientos de pequeñas y medianas industrias.

La calidad del producto dependerá del nivel de activación alcanzado durante el proceso térmico.

Ese parámetro, medido mediante el denominado índice de yodo, permite adaptar la producción a distintas necesidades industriales.

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es el aprovechamiento integral de la biomasa. El carbón activado representa apenas uno de los productos finales.

Durante el proceso también se genera biochar o biocarbón, un material que gana protagonismo en la agricultura regenerativa por su capacidad para mejorar suelos y fijar carbono durante largos períodos. 

A eso se suma el ácido pirolañoso, un líquido obtenido durante la pirólisis de la madera de bambú.

Por cada tonelada de chip procesada pueden obtenerse más de 200 litros.

Su utilización crece en la agricultura, donde funciona como bioestimulante y protector natural. También encuentra aplicaciones en la industria alimenticia como saborizante para productos ahumados.

La lógica industrial es simple: maximizar el valor agregado y minimizar residuos Prácticamente toda la biomasa se transforma en productos comercializables.

Del carbono a los bonos verdes

La dimensión ambiental constituye otro de los pilares del emprendimiento. El bambú es reconocido mundialmente por su extraordinaria velocidad de crecimiento y su capacidad de capturar dióxido de carbono.

Según las estimaciones del proyecto, solo el sistema radicular aporta una captura equivalente a unas 15 toneladas anuales de CO₂ por hectárea. A eso debe sumarse el carbono retenido en los productos obtenidos.

El biochar, por ejemplo, puede mantener secuestrado carbono durante décadas o incluso siglos cuando se incorpora al suelo.

Los responsables analizan avanzar en procesos de certificación que permitan monetizar esos servicios ecosistémicos mediante mercados voluntarios de carbono.

Todavía no forma parte del flujo económico principal. Las certificaciones tienen costos elevados y demandan varios años de validación. Pero aparece como una fuente adicional de ingresos para el mediano plazo.

Construcción y desarrollo regional

El potencial industrial no termina en el carbón activado.

Cuando la plantación alcance madurez productiva, el esquema contempla una cosecha anual sostenible de postes estructurales.

Las proyecciones hablan de unos 100.000 palos de bambú por año.

Cada uno tendrá aproximadamente 3,5 metros de longitud y entre siete y ocho centímetros de diámetro.

La producción apunta al mercado de la construcción, donde el bambú gana espacio como material renovable, resistente y de baja huella ambiental.

La posibilidad de desarrollar nuevos usos industriales abre un horizonte más amplio para la cadena. Muebles. Estructuras livianas. Componentes constructivos. Biomateriales. Un universo todavía poco explorado en Argentina.

Empleo en una región golpeada

La planta de Andresito comenzará operando con entre 30 y 40 trabajadores directos. A eso se suman empleos rurales, logísticos y de servicios asociados, una cifra significativa para una región que atraviesa dificultades derivadas de la crisis yerbatera y la desaceleración económica.

La importancia del proyecto trasciende el número inicial de puestos de trabajo.

“No estamos hablando solamente de plantar bambú. Estamos construyendo una cadena de valor nueva para la Argentina, con producción primaria, transformación industrial y potencial para generar empleo, sustituir importaciones y, en el futuro, participar del mercado de bonos de carbono”, resume Campos.

“La idea siempre fue desarrollar un proyecto de triple impacto: económicamente viable, socialmente inclusivo y ambientalmente positivo”.

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