En un tiempo donde el envejecimiento poblacional, las enfermedades crónicas y la necesidad de asistencia domiciliaria crecen de manera sostenida, una startup desarrollada en Misiones busca resolver uno de los problemas más sensibles de muchas familias: encontrar cuidadores confiables, capacitados y disponibles cuando más se los necesita.
Se trata de Cuidafy, una plataforma tecnológica nacida en Posadas que utiliza herramientas digitales e inteligencia artificial para vincular familias con cuidadores domiciliarios, acompañantes terapéuticos y enfermeros previamente verificados. Detrás del proyecto está el desarrollador misionero Eduardo Carlos Toledo, referente de Toledo Consultora IT, quien decidió transformar una experiencia familiar compleja en una solución concreta con impacto social.
“La idea nace de una experiencia personal muy cercana. Nos tocó vivir una situación donde toda la familia estaba involucrada en el cuidado de un familiar, pero llega un momento donde el desgaste físico, emocional, económico y humano se vuelve insostenible”, cuenta Toledo. “Ahí entendimos que sí o sí necesitábamos apoyarnos en cuidadores de la salud que acompañen a esa persona de forma constante, muchas veces las 24 horas del día”.
Con más de cinco años de experiencia en desarrollo de software, Toledo decidió abordar ese problema desde su especialidad. “Tomé la determinación de resolver un problema que afecta a la sociedad con la tecnología que conozco”, explica en una entrevista con Economis.
Así nació Cuidafy, una plataforma web pensada no solo como una herramienta digital, sino como una red de confianza.
Inteligencia artificial aplicada
La propuesta combina tecnología tradicional de plataformas web con inteligencia artificial para simplificar la búsqueda y el “match” entre familias y profesionales del cuidado.
El sistema funciona a partir de una base de datos donde los cuidadores atraviesan un proceso de onboarding y validación exhaustiva. La plataforma exige documentación personal, certificado de domicilio, boletas de servicio, antecedentes penales y acreditación de estudios o certificaciones vinculadas al área de atención.
“Queremos transmitir confianza y garantía. No se trata solo de registrarse, sino de demostrar que realmente están capacitados para cuidar personas en situaciones delicadas”, explica Toledo.
Las especialidades son amplias: acompañamiento terapéutico, cuidado geriátrico, enfermería general, curaciones, inyectables, higiene personal, traslados, trámites, acompañamiento infantil y atención de pacientes con movilidad reducida, entre otras. Actualmente la plataforma trabaja con unas 22 categorías de servicios.
Una vez validado el perfil, la inteligencia artificial interviene del otro lado de la experiencia: cuando una familia ingresa a buscar asistencia, el sistema autodetecta ubicación, consulta el tipo de necesidad y, mediante agentes automatizados, ofrece fichas con los candidatos más adecuados según cercanía, horarios y especialización.
“La plataforma va llevando al usuario por caminos intuitivos y simples. Primero identifica la localidad, luego pregunta qué tipo de cuidado necesita y a partir de ahí ofrece las mejores opciones disponibles”, detalla el desarrollador.
Romper con la lógica de las agencias
Uno de los puntos más innovadores de Cuidafy está en su modelo económico.
En lugar de retener un porcentaje del ingreso de los cuidadores -como suele ocurrir en muchas agencias tradicionales- la plataforma cobra únicamente una tarifa de conexión de $1.500 al familiar o cliente final para sostener la infraestructura tecnológica.
“Es muy común que las agencias se queden con parte de lo que cobra el cuidador. Nosotros no hacemos eso. Cada profesional maneja libremente sus horarios, define su propia tarifa y nosotros solo cobramos una conexión mínima para el mantenimiento tecnológico”, explica Toledo.
Actualmente existen valores que van desde los $2.500 hasta los $9.000 por hora, dependiendo del nivel de especialización y el tipo de servicio requerido.
La integración con Mercado Pago permite que el acceso sea simple, sin necesidad de cargar tarjetas de crédito ni procesos complejos de alta. Además, el registro de cuidadores se agiliza mediante inicio de sesión con Google, reduciendo fricción y mejorando la experiencia de uso.
Objetivo Argentina
La plataforma fue lanzada oficialmente el 20 de abril y en apenas los primeros días logró reunir más de 65 cuidadores registrados en Posadas, donde hoy funciona como prueba piloto.
“Nuestra zona está delimitada inicialmente a Posadas, pero la plataforma ya está preparada para recibir usuarios de toda la Argentina. El próximo paso es escalar nacionalmente y, más adelante, llegar a Brasil”, adelanta Toledo .
Incluso ya comenzaron a recibir pedidos para ampliar la oferta hacia otros servicios vinculados al cuidado domiciliario: kinesiólogos, podólogos, masajistas, peluqueras, acompañamiento integral de salud y otros servicios complementarios.
“La herramienta tiene una potencialidad enorme para abarcar todo lo que sea cuidado de la salud a domicilio”, sostiene.
Por ahora, la telemedicina no forma parte del roadmap principal. La apuesta está enfocada en el cuidado presencial de personas que no pueden trasladarse y necesitan atención directa en sus hogares.
Más que una app: una solución emocional
Detrás del componente tecnológico, Cuidafy trabaja sobre una problemática profundamente humana: la angustia de no saber en quién confiar cuando un familiar necesita ayuda.
Por eso, lejos de apostar exclusivamente a campañas digitales, el equipo decidió acompañar personalmente a cada cuidador durante el proceso de registro y validación.
“Muchas personas tienen dudas, creen que pueden perder beneficios sociales o no entienden cómo funciona la plataforma. Entonces empezamos a hacer un acompañamiento mucho más humano y personalizado”, señalan desde el equipo.
Ese diferencial -mezclar tecnología con cercanía- parece ser hoy una de las principales fortalezas del proyecto.
Porque en el negocio del cuidado, la confianza sigue siendo el verdadero activo.
Mientras millones de brasileños naturalizaron el uso de Pix como una herramienta cotidiana que transformó la economía de frontera, en Misiones todavía persistía una anomalía: cruzar a Paraguay seguía implicando efectivo, cambistas, pérdida de valor y una burocracia impropia de ciudades que, en los hechos, funcionan como una sola comunidad económica.
Sobre esa falla estructural nació BIVO, una billetera virtual desarrollada íntegramente en Misiones que ya opera en Argentina y Paraguay, y que busca resolver uno de los grandes dolores silenciosos del comercio regional: los pagos transfronterizos.
Detrás del proyecto está Damián Pinto, CEO y founder de la fintech, quien resume la visión con una frase simple: “Queremos que la frontera no sea un límite, sino una comunidad donde todos puedan operar sin restricciones”.
BIVO funciona hace apenas cinco o seis meses, ya suma casi 10.000 usuarios activos y prepara su desembarco en Bolivia y Brasil, con una lógica clara: construir una infraestructura financiera pensada desde la frontera y no desde Buenos Aires.
A diferencia de muchas fintech diseñadas desde los grandes centros urbanos, BIVO nació en Posadas, donde el cruce permanente con Paraguay convierte las dificultades cambiarias en una experiencia diaria.
“La idea surgió porque vivimos eso todo el tiempo. Tenemos empresas en Argentina y Paraguay, cruzamos constantemente el puente y cada vez que había que comprar algo aparecía el mismo problema: cambiar pesos, perder plata con el tipo de cambio, depender del cambista o manejar efectivo en lugares poco seguros”, explica Pinto en una visita a Open1017.com.
Damián Pinto CEO & Founder
La fintech es, en realidad, una evolución natural de otra empresa del grupo: CrediSí, firma financiera con 18 años de operación en Misiones y una década de presencia en Paraguay.
Inicialmente pensaron en una billetera más tradicional, similar a otras del mercado. Pero la realidad fronteriza terminó redefiniendo el producto.
“Nos dimos cuenta de que había una necesidad mucho más concreta: automatizar y hacer seguras las transacciones que hacemos todos los días entre Argentina y Paraguay”, sostiene.
Así nació BIVO.
Cómo funciona: pesos, guaraníes, QR, Mastercard y Pix
La plataforma opera como una PSP (Proveedor de Servicios de Pago) legalmente constituida tanto en Argentina como en Paraguay, lo que le permite ofrecer cuentas de pago, transferencias, cobros y pagos interoperables.
En la práctica, un usuario argentino puede cruzar a Paraguay y pagar directamente con sus pesos mediante QR o transferencia, convertir saldo automáticamente a guaraníes o recargar una tarjeta Mastercard digital que opera en dólares y sirve para comprar tanto en Paraguay como en cualquier parte del mundo.
El paraguayo, a su vez, puede venir a Argentina y pagar con QR interoperable en cualquier comercio, utilizando guaraníes desde su wallet.
“El cambio se hace de manera totalmente automática y transparente dentro de la aplicación. No hay que ir a buscar cambistas ni aceptar tipos de cambio abusivos. Todo sucede en el acto”, explica Pinto .
Además, BIVO ya permite pagar y cobrar mediante Pix, el exitoso sistema brasileño que revolucionó los pagos instantáneos en Brasil y se convirtió en referencia regional.
Ese puente con Pix es la antesala del próximo objetivo: desembarcar formalmente en Brasil durante el próximo año.
La frontera como oportunidad económica, no como problema
La tesis de Pinto es sencilla: Posadas y Encarnación funcionan como una sola ciudad económica, pero el sistema financiero todavía actúa como si existiera una muralla.
“Consumimos productos y servicios de ellos y ellos consumen los nuestros todo el tiempo. Es prácticamente una sola ciudad, pero cuando cruzás esa línea empieza toda la burocracia”, señala. Ese problema impacta directamente sobre el comercio.
Muchos paraguayos llegan a Posadas y no pueden pagar fácilmente. Muchos argentinos cruzan a Paraguay y terminan perdiendo dinero en conversiones poco transparentes. BIVO busca eliminar esa fricción.
“No existe hoy una billetera en Paraguay que permita venir a Argentina y pagar con QR interoperable en cualquier comercio. Nosotros resolvemos eso sin que el comerciante tenga que cambiar nada. Ni siquiera necesita tener BIVO”, remarca.
Ese detalle es central: el comercio argentino cobra normalmente con su QR habitual o terminal POS, mientras el paraguayo paga desde su moneda de origen. La experiencia cambia para ambos lados.
BIBOT: vender por WhatsApp, cobrar online y tener una web gratis
En paralelo al negocio financiero, BIVO acaba de lanzar una nueva herramienta orientada al comercio digital: BIBOT.
Se trata de una solución que permite a comercios de Argentina y Paraguay crear, con un solo click, un catálogo digital, vender por WhatsApp, automatizar respuestas con inteligencia artificial, aceptar pagos con tarjeta, débito, transferencia y además obtener una página web gratuita.
“Con esto pueden vender 24/7, administrar su catálogo, cobrar automáticamente y tener su propia vidriera digital sin costo”, explica Pinto .
La apuesta no es menor: no solo facilitar pagos, sino también expandir la capacidad comercial de pequeñas y medianas empresas que operan en frontera.
Un comercio paraguayo puede venderle directamente a un argentino y viceversa, sin intermediarios ni fricciones bancarias.
Actualmente, las transferencias y cobros por efectivo no tienen costo. Solo los pagos con tarjeta de crédito y débito generan una comisión del 4,5%, con acreditación a siete días, una estructura similar a la de otras plataformas del mercado.
La app ya está disponible para Android y en las próximas semanas llegará a iOS. La tarjeta Mastercard digital se habilita instantáneamente y puede integrarse con Google Pay.
Tras una primera etapa de prueba piloto entre conocidos y comercios cercanos, BIVO ya alcanzó casi 10.000 usuarios activos y comenzó una campaña de difusión masiva.
El próximo paso será Bolivia, luego Brasil y más adelante otros mercados como Colombia, Venezuela, México y Estados Unidos.
La lógica es siempre la misma: zonas donde la frontera no es una línea política, sino una realidad económica cotidiana.
Una fintech misionera con ambición regional
En un ecosistema donde las grandes billeteras digitales nacen en Buenos Aires o São Paulo, BIVO aparece como una rareza valiosa: una fintech nacida en Posadas, desarrollada por talento misionero y pensada desde una necesidad profundamente regional.
“Somos la única billetera virtual oriunda y nativa de Misiones. Está hecha por una empresa misionera, con desarrolladores misioneros, pensada desde acá”, afirma Pinto .
Quizás ahí esté su mayor fortaleza. Porque nadie entiende mejor los problemas de frontera que quienes viven todos los días en ella. Y en ese territorio donde el comercio, la vida cotidiana y la economía no reconocen aduanas emocionales, BIVO quiere convertirse en algo más que una billetera: quiere ser la infraestructura financiera natural de una nueva región sin fronteras.
La reserva Rojaijú Yvórasá, ubicada estratégicamente frente al Parque Piñalito Sur, busca financiamiento internacional para instalar la segunda estación biológica más importante de la provincia. Un proyecto que combina capital privado, ciencia y el soporte institucional del Ministerio de Ecología.
Misiones sumó un nuevo actor clave en su red de conservación privada, pero con una vuelta de tuerca científica. Camila Miravalles Stasta, bióloga y doctoranda, lidera junto a su socio un proyecto de 350 hectáreas en Piñalito Sur (San Pedro) que no solo busca proteger el monte, sino transformar la zona en un hub de investigación y un paso crítico para la fauna regional.
El proyecto apunta a fortalecer la conexión entre áreas clave de conservación. “Nuestros esfuerzos van a ir más que nada para poder conectar la reserva de biosfera de Yabotí con el área la reserva del Urugua-í, ya que estamos en un lugar bastante estratégico para el corredor verde que se podría generar entre ambas áreas”, sostuvo Miravalles Stasta en dialogo con Economis.
Un enclave estratégico entre dos gigantes
La ubicación de Rojaijú Yvórasá no es azarosa. Se encuentra frente a la Ruta Nacional 14, justo en el punto donde el Parque Piñalito Sur (vinculado a la reserva de biosfera de Yabotí) se encuentra con el área de la reserva del Urugua-í.
El Corredor Verde: La reserva funciona como el eslabón perdido para generar un corredor entre ambos bloques boscosos.
Infraestructura vial y fauna: El proyecto contempla, en una primera etapa, la creación de un paso de fauna aéreo (de menor costo y rápida ejecución) para evolucionar hacia un ecoducto a largo plazo, que mitigue la fragmentación del hábitat causada por la traza vial.
El proyecto cobra especial relevancia ante los riesgos que implica la circulación vehicular en áreas de alta biodiversidad. En ese sentido, Miravalles Stasta recordó un hecho reciente “hace poco hubo el atropellamiento de un mono carayá rojo, que es uno de los últimos individuos que queda en Argentina y es un monumento natural para Misiones”.
Los tres pilares del modelo de gestión
El proyecto se diferencia por una visión de mediano plazo estructurada en tres unidades de impacto:
Conectividad Biológica: Restauración y mantenimiento del flujo de especies entre parques provinciales.
Investigación de Nicho: La ambición es crear una estación biológica en un sistema de Araucarias. Actualmente, el único centro de peso está en Iguazú; este nuevo nodo permitiría estudiar especies únicas del sistema de altura de San Pedro.
Educación Ambiental con enfoque productivo: El trabajo con las cuatro escuelas rurales de la zona busca cambiar la narrativa local: que el niño vea el monte no solo como una unidad de producción extractiva, sino como un activo de valor recreativo y ecosistémico.
Financiamiento y seguridad jurídica
La creación de la reserva también tiene una historia personal detrás. “Soy bióloga, mi pareja también es biólogo, y siempre fue un sueño tener una reserva para conservar la selva y los animales”, relató. La oportunidad surgió cuando su padre decidió radicarse en Misiones y le ofreció las tierras para concretar ese objetivo.
El proceso no fue inmediato. Según detalló, la adquisición se realizó en 2021 y demandó varios años de gestiones y adecuaciones hasta lograr la firma del convenio que formaliza la reserva privada. “Fueron muchos esfuerzos hasta poder firmar este convenio que finalmente nos permite ser una reserva privada”, expresó.
Actualmente, el proyecto se sostiene con el “pulmón” de sus fundadores mediante becas de doctorado, lo que subraya el desafío del autofinanciamiento en la conservación privada.
“La idea es mandar proyectos al exterior y traer financiamiento. Recientemente aplicamos a fondos en Australia”, explica Miravalles Stasta, marcando una hoja de ruta clara: exportar servicios ambientales e investigación para captar divisas.
La formalización como reserva privada otorgó al proyecto un marco de seguridad jurídica frente a la tala y la caza furtiva. Según la bióloga, el respaldo del Ministerio de Ecología es fundamental: “Los vecinos, cuando escuchan Ministerio de Ecología, tienen más respeto; ya no es ‘entro, cazo y tiro árboles’”, destaca respecto a la disuasión del delito ambiental.
Lo que hay que seguir de cerca
El éxito de Rojaijú Yvórasá será un termómetro para ver si Misiones puede atraer más inversión de “capital intelectual” (científicos que compran tierras para investigar). La clave reside en la captación de fondos globales y en la ejecución de la infraestructura vial para fauna, un activo que fortalecerá la marca “Misiones” como líder en servicios ecosistémicos.
El presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, trazó un diagnóstico crudo sobre la realidad del sector y aseguró que la construcción atraviesa una etapa de fuerte estancamiento, con una caída acumulada del 25% en los últimos dos años y la pérdida de 120 mil puestos de trabajo directos.
En una entrevista con Economis, durante la reunión de Camarco NEA, que se hizo en el hotel Julio César de Posadas por los 90 años de la institución, el titular de la entidad que representa a más de 1.300 empresas constructoras del país sostuvo que la paralización de la obra pública, la falta de financiamiento hipotecario y la escasa inversión en infraestructura condicionan severamente la recuperación del sector. A su vez, remarcó que la participación del Estado sigue siendo clave para sostener la actividad y cuestionó la baja inversión histórica en rutas, energía, puertos y vivienda.
Weiss explicó que la contracción comenzó incluso antes del cambio de gobierno. “El sector tuvo una caída muy grande del 25% entre mediados de 2023 y mediados de 2024. Ya el segundo semestre de la gestión anterior, la alta inflación complicó seriamente la marcha de los contratos”, señaló.
A ese escenario se sumó luego la decisión del actual Gobierno nacional de paralizar la inversión pública durante el primer semestre de gestión, lo que profundizó el freno de la actividad. “Desde mediados de 2024 hasta la fecha, la actividad está estabilizada: no seguimos cayendo, pero tampoco subimos. Estamos en un nivel 25% inferior al pico de los últimos años”, describió.
El impacto sobre el empleo fue inmediato. Según Weiss, el sector perdió 120 mil puestos de trabajo directos, una cifra que refleja la magnitud de la crisis que atraviesa una de las industrias más intensivas en mano de obra del país.
La obra pública sigue siendo central
Consultado sobre la posibilidad de sostener la actividad sin obra pública, Weiss fue categórico: “La obra pública representa aproximadamente el 33% del total. Es un componente muy importante de la industria”.
Para el dirigente empresario, la infraestructura no puede quedar librada exclusivamente al capital privado. “Sin una infraestructura robusta, es muy difícil que el país tenga el dinamismo económico que debería tener. Necesitamos energía eléctrica, gas, agua, cloacas, ferrocarriles, rutas, puertos”, enumeró.
Y agregó una definición de fuerte tono estructural: “El privado no lo va a hacer por rentabilidad. En el mundo, la inversión privada en infraestructura no supera el 15% del total. Hay nichos como generación eléctrica o algunos puertos, pero no hacen al total de la ecuación”.
Weiss defendió los esquemas de concesión vial impulsados por el Gobierno para determinadas rutas nacionales, aunque advirtió que se trata de una solución parcial. “Estamos totalmente de acuerdo con las concesiones, pero son sobre rutas existentes. Son solamente 9.000 kilómetros de los 40.000 que maneja Vialidad Nacional. El resto no tiene volumen de tránsito suficiente para sostener peajes”, explicó.
Otro de los grandes frentes de preocupación para Camarco es el freno en el mercado de la vivienda. Weiss sostuvo que mientras no exista un sistema sólido de crédito hipotecario de largo plazo, será muy difícil reactivar ese segmento.
“Hasta tanto no haya créditos hipotecarios de largo plazo, es difícil que lo haya, porque los bancos no tienen el fondeo directo. Necesitaríamos un mercado de capitales como ocurre en otros países”, afirmó.
Según indicó, hoy los préstamos se otorgan “a cuenta gotas”, con exigencias difíciles de cumplir y en volúmenes insuficientes para motorizar una recuperación sostenida. “Hay mucha clase media que podría pagar una cuota no superior al alquiler que ya está pagando, pero no encuentra acceso al crédito”, resumió.
Misiones y la infraestructura pendiente
Al referirse a Misiones, Weiss sostuvo que la provincia no escapa al diagnóstico nacional. Reconoció avances y una base de infraestructura importante, pero insistió en que todavía se necesita una mayor inversión pública y privada.
“Misiones tiene infraestructura importante, como muchas provincias del país, pero claramente necesita incrementar fuertemente la inversión en infraestructura y mejorar el mantenimiento de la existente”, indicó.
Además, se mostró a favor de proyectos estratégicos como la represa de Corpus, al considerar que la Argentina arrastra un histórico atraso en materia energética. “Estamos totalmente de acuerdo con todas las obras de infraestructura posibles. La verdad es que estamos atrasadísimos”, afirmó.
Incluso comparó la situación con Brasil: “Brasil tiene sobre el río Paraná 60 represas y sobre el río Iguazú ocho represas. Nosotros estamos muy atrasados en infraestructura. Bienvenido sea que se pueda hacer Corpus”.
Sobre una eventual recuperación del sector, Weiss evitó el optimismo rápido. Consideró que, más allá de quién gobierne en el futuro, la restricción fiscal de la Argentina limita cualquier posibilidad de un salto inmediato en inversión pública.
“El déficit de infraestructura que tiene el país tiene 80, 90 o 100 años. No es que las rutas están mal porque hace dos años no se invierte: vienen mal desde hace muchísimo tiempo”, sostuvo.
Y concluyó con una advertencia que resume la mirada de la principal cámara del sector: “La posibilidad de que cualquier nuevo gobierno tenga mucho dinero disponible para hacer infraestructura no la veo demasiado viable”.
En una provincia donde históricamente la riqueza se midió por lo que se extraía del monte -madera, yerba, té, tabaco o biodiversidad convertida en recurso-, está sucediendo una transformación silenciosa. Tardará años en verse, pero que comienza a transformarse en un legado a perpetuidad. En lugar de cortar monte, de expandir la frontera agraria, hay quienes vieron el negocio en reforestar, en cuidar, en replantar monte caído. Y el negocio está funcionando: consiguió inversiones por siete millones de dólares.
La firma detrás de esta transformación es Nideport, que encontró en Misiones el laboratorio perfecto para desarrollar créditos de carbono de alta integridad. Hace seis meses, el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa – GS1, desarrollado por la empresa Nideport, obtuvo la certificación internacional de Verra bajo los estándares VCS (Verified Carbon Standard) y CCB Gold Label (Climate, Community & Biodiversity – Nivel Oro), el máximo nivel de reconocimiento global por su impacto en clima, comunidad y biodiversidad.
La certificación de 138.000 créditos de carbono (VCUs) posiciona a Vida Nativa como uno de los proyectos de restauración de selvas tropicales más grandes del mundo y el primero de bosque nativo en Argentina en alcanzar este nivel de validación. La certificación abarca dos años, 2021 y 2022, sobre la retención de emisiones en la selva misionera.
Verra -la misma entidad que certifica los bonos de carbono del programa jurisdiccional de Misiones– garantiza que estos créditos poseen trazabilidad, adicionalidad y permanencia verificable, lo que les otorga credibilidad y competitividad en los mercados internacionales.
Juan Núñez -junto a su socio Tomás Gutiérrez– es uno de los empresarios detrás de uno de los proyectos más singulares de la nueva economía verde argentina: transformar la recuperación de bosque nativo degradado en un activo rentable, escalable y financieramente sostenible.
“No podíamos depender de la filantropía. Salvar la selva tenía que ser rentable, porque si no, nunca iba a escalar”, resume, con una frase que funciona como manifiesto de época. “Entendíamos que la filantropía para nosotros no era el camino y que también para que eso sea escalable necesitamos que tuviera rentabilidad. Como cualquier negocio”.
No habla desde el ambientalismo tradicional. Es abogado, viene del mundo de la tecnología y la seguridad, con formación en Israel y trayectoria lejos del universo forestal. Pero encontró en la crisis climática una certeza brutal: el sistema natural del planeta ya no logra regenerarse solo.
“Los umbrales biológicos ya están prácticamente cruzados. El mundo ya no se regenera naturalmente”, dice. “La economía global depende mucho de lo que sucede con los bosques, con la producción incluso hídrica de los ríos y demás, tienen origen en los bosques”.
Juan Núñez y Tomás Gutierrez son los socios fundadores de Nideport, que certificó bonos de carbono en Misiones.
Y allí nació la pregunta fundacional: si toda la economía global depende de los bosques -del agua, del clima, de los suelos, de la biodiversidad-, ¿por qué restaurarlos no podía ser también un gran negocio?
La respuesta apareció en el mercado de créditos de carbono.
Ese sistema, consolidado tras el Protocolo de Kioto y luego reforzado por el Acuerdo de París, permite que empresas que emiten dióxido de carbono compensen su huella comprando créditos generados por proyectos que capturan o evitan emisiones.
Pero no todos los créditos son iguales.
Nideport eligió trabajar en el segmento más exigente y más valorizado: créditos asociados a restauración real de naturaleza, con impacto medible en biodiversidad, trazabilidad tecnológica y licencia social validada con comunidades locales.
“Hoy el mercado está orientado a créditos que restauran la naturaleza. Eso es lo que hacemos nosotros”, explica. “Es un tipo de producto barra servicio ideado para hacer un negocio detrás de restaurar el planeta”.
La compañía emite créditos certificados bajo estándares internacionales de máxima exigencia, entre ellos Verra, principal referencia global del mercado voluntario de carbono, además de la distinción CCB Gold -la máxima calificación por impacto positivo en clima, biodiversidad y comunidades- y una calificación A de Sylvera, que la ubica entre los proyectos IFM de mayor integridad y desempeño del mercado .
La sustentabilidad en Nideport, se construye con datos. La empresa desarrolló una plataforma tecnológica propia basada en inteligencia artificial, drones autónomos y monitoreo forestal en tiempo real que permite supervisar grandes extensiones de bosque y detectar amenazas ambientales antes de que se conviertan en daño irreversible.
Cada árbol plantado está georreferenciado. Cada avance del bosque puede medirse y cada riesgo puede anticiparse.
La estructura incluye tecnología LiDAR, fotogrametría, sensores IoT para detección temprana de incendios e intrusiones, cámaras trampa, cámaras en vivo, imágenes satelitales y protocolos de seguridad orientados a prevenir incendios, monitorear deforestación y detectar incluso caza furtiva en zonas críticas .
Además, incorporan blockchain para garantizar transparencia y trazabilidad total de los créditos emitidos, una condición central en un mercado donde la credibilidad define el valor.
Misiones no es el único territorio en el que invierten. En Uruguay están en la etapa de planificación, gestión y análisis de nuevos ecosistemas y proyectan una expansión global con más de 2 millones de hectáreas evaluadas en múltiples países.
El desembarco en Misiones no fue casual. Uno de los founders tenía tierras en la provincia y fue el anzuelo. Luego, ante complicaciones sucesorias, iniciaron la búsqueda de nuevos campos y encontraron una oportunidad única en el norte misionero: superficies de bosque nativo degradado por décadas de tala selectiva.
“Entendiendo que había una gran oportunidad en Misiones por toda la actividad forestal de bosques nativos”, relata.
No se trata de selva virgen, pero tampoco tierra perdida. Territorios donde todavía sobrevive entre el 20% y el 30% de la biomasa original de un bosque prístino.
“Buscamos tierras que compatibilicen con la emisión de crédito de carbono y que impliquen la necesidad de restaurarlas. Ese es el punto”, explica. “En nuestro caso, en el primer campo que estamos desarrollando, la biomasa está más o menos en un 20% de un bosque prístino”.
Su proyecto insignia es Vida Nativa, en San Pedro, frontera con Brasil: una intervención de 22.878,5 hectáreas sobre el Bosque Atlántico misionero, uno de los ecosistemas más biodiversos y amenazados del continente .
Se trata de una ex forestal belga atravesada por cuatro sierras, con una geografía compleja y una biodiversidad que aún resiste: más de 50 especies endémicas y al menos diez especies en peligro de extinción, incluido el yaguareté .
El modelo fue de arrendamiento con opción a compra. “El arrendamiento genera la rentabilidad que tenía por la extracción de madera, pero con muchos menos conflictos y riesgos”, explica Núñez. “Después adquirimos la tierra y ya la preservamos a perpetuidad”.
Plantar no alcanza: restaurar lleva décadas
Hablar de árboles puede sonar simple. No lo es. La restauración ecológica seria no consiste en plantar especies en línea para una foto institucional.
Implica entender el suelo, los doseles, la dinámica, los corredores biológicos y la recuperación funcional del ecosistema.
En Nideport comenzaron con ensayos en 2021. En 2022 iniciaron plantaciones.
Entre 2023 y 2024 ya superaron los 40.000 árboles nativos plantados y mantienen una proyección de 100.000 árboles para 2026.
“Queremos alcanzar los 100 mil árboles por año, pero con rigor científico. Primero hay que entender el suelo y cómo responde el bosque”, explica. “Hoy ya estamos en 30 mil árboles por año”.
La intervención cubre entre 200 y 300 hectáreas por año, dependiendo del nivel de degradación y de la presencia de “bambucias”, esas etapas de transición natural del monte.
Restaurar completamente un bosque puede llevar entre 20 y 60 años. En algunos casos, incluso siglos.
“La selva puede tardar entre 500 y 1000 años en restaurarse sola. Nosotros aceleramos ese proceso”, dice.
Además, el proyecto ya incorporó una estrategia de conservación a 100 años, una definición poco habitual incluso dentro del mercado internacional de carbono .
Lo que empezó como una idea entre amigos durante la pandemia terminó atrayendo a uno de los fondos más relevantes de América Latina.
“Surge de un grupo de amigos. A mí particularmente se me ocurre que no podíamos ir por la filantropía. Ya conocía el mercado de créditos de carbono por otro inicio de negocio y empezamos a plantear esa idea. Nos agarra la pandemia y en lugar de dedicarle tiempo a Netflix decidimos empezar a desarrollar el modelo”, recuerda.
Draper Cygnus -ligado a Tim Draper, histórico inversor de Tesla y SpaceX- tomó participación en la compañía. Hoy posee el 10%.
En total, entre equity y deuda de impacto, Nideport levantó cerca de siete millones de dólares.
Entre los inversores figuran además Koi Ventures, Antom.la, Alma Vest y Embarca, fondos vinculados a innovación climática y capital de impacto .
Ese capital permitió desarrollar tecnología propia, certificar créditos de carbono -una barrera que muchos proyectos nunca logran superar- y comenzar la fase de retorno. Hoy el negocio ya es rentable.
“Sí, es un negocio rentable. Supera el 40% de retorno”, afirma. “Ya somos un proyecto que logró certificar créditos de carbono, algo que muchos desarrolladores nunca llegan a conseguir”.
Pero advierte: no es un negocio rápido. Requiere paciencia, certificación, tiempo y credibilidad.
No hay greenwashing posible cuando se trabaja con estándares internacionales serios.
En tiempos donde la sustentabilidad suele reducirse a discursos corporativos, Núñez insiste en una premisa poco habitual en el mundo financiero: antes que cualquier aprobación política, importa la licencia social.
Antes que cualquier oficina pública. Primero, la comunidad Mbya.
“Lo importante para nosotros es que el cacique y la comunidad nos den su consentimiento con la comunidad. Eso está antes que cualquier político o estructura de gobierno, los dueños ancestrales de la tierra”, afirma.
Y profundiza: “Eso es el modelo principal. Una vez que tenemos la licencia social, que fue lo primero que hicimos antes de tocar cualquier planta o poner un pie en la tierra, logramos esa aprobación”.
La comunidad Tekoa Alecrín fue el primer actor consultado y hoy forma parte estructural del proyecto, junto al trabajo con cooperativas locales, fortalecimiento comunitario, acceso al agua potable, mejoras habitacionales tradicionales, apoyo educativo y empleo local.
“Nos juntamos con la comunidad, con las cooperativas locales, con el intendente de San Pedro que tiene una apertura muy interesante, y con esa base de licencia social ya estamos conformes”, explica.
Después llegaron las cooperativas, el municipio y recién luego el resto del sistema institucional. En el negocio del carbono, sin legitimidad territorial, no hay proyecto posible.
La burocracia argentina y la urgencia del planeta
Misiones avanza en una estructura provincial para créditos de carbono. La Nación también tiene registros y marcos regulatorios.
Pero para Núñez, el problema sigue siendo la velocidad. “Misiones está recién teniendo una estructura bastante sólida”, señala. “La Nación tiene un tratamiento sobre los créditos de carbono y un registro, pero son realmente estructuras muy burocráticas. Llevamos años en conversación”.
Y ahí aparece una tensión profunda entre la urgencia climática y la lentitud estatal.
Mientras el planeta pierde entre 10 y 20 millones de hectáreas de bosque por año, la regulación suele caminar a velocidad de expediente.
“Si tuviésemos un mercado de créditos de carbono regulado como existe en Japón, en Paraguay o en México, estaríamos en la panacea, pero bueno, es la Argentina”, ironiza Núñez.
“La humanidad necesita restaurar 2.500 millones de hectáreas de bosques desaparecidos”, advierte.
La visión corporativa ya está planteada con una meta concreta: restaurar 45 millones de hectáreas hacia 2035 y consolidarse como referente regional en soluciones climáticas basadas en la naturaleza .
Núñez no evita hablar del contexto político ni de la mirada ambiental del Gobierno nacional.
Sabe que el presidente Javier Milei tiene una visión distante respecto del cambio climático y la agenda ambiental, pero asegura que eso no modifica la convicción de la empresa.
“El Presidente tiene su visión sobre el planeta y sobre lo que es el cambio climático, la restauración ambiental; nosotros tenemos la nuestra”, afirma.
Y remata con una definición que resume su postura: “Así como él no lo frena a nadie, nosotros tampoco, y veremos el impacto que tiene cada uno en el tiempo”.
El legado: devolverle algo a la tierra
Hay una frase que atraviesa toda la conversación y que define más que un modelo de negocios.
“Nosotros generamos recursos naturales donde la mayoría de los modelos se basan en extraer recursos naturales”, dice.
Núñez sabe que el capitalismo define las reglas actuales del juego. Y si la única forma de salvar bosques es que salvarlos sea rentable, entonces prefiere jugar ahí.
“Ojalá que los árboles no tuviesen que pagar por ser salvados. Esto lo hablamos mucho internamente. Nosotros no creamos eso ni pusimos eso ahí”, admite.
“De alguna manera nuestro trabajo y nuestro fundamento es devolver a la tierra lo que está quitando la humanidad”, sostiene. “No sé si es una mochila que nos corresponde, pero sí que asumimos”.
Y concluye con una mirada de largo plazo: “Yo creo que las generaciones futuras particularmente no nos lo van a agradecer. Hoy no sé si se siente tanto, pero estamos muy convencidos de lo que hacemos”.