Oberá volvió a celebrar sus raíces: multitud, trabajo y recambio generacional en la Fiesta del Inmigrante
La 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante bajó el telón en Oberá con una multitud recorriendo el Parque de las Naciones, un balance positivo de la organización y la mirada puesta en el futuro. Además de la gastronomía, la música y las tradiciones que volvieron a convocar a visitantes de distintos puntos del país, la celebración dejó en evidencia el movimiento económico y laboral que se genera alrededor de las colectividades y el creciente protagonismo de las nuevas generaciones.
La última jornada mantuvo el ritmo que caracterizó a buena parte de la edición. Desde las primeras horas, numerosas familias y visitantes llegaron al Parque de las Naciones para recorrer las casas típicas, disfrutar de la gastronomía, acercarse a las tradiciones de cada colectividad y participar de las actividades y espectáculos programados.
Las casas típicas trabajaron a pleno hasta las últimas horas, con una circulación permanente de público. Los escenarios también tuvieron protagonismo, con música, danzas y distintas propuestas artísticas que acompañaron el cierre de una edición marcada por una fuerte convocatoria.
El momento final se desarrolló en el escenario mayor del Parque de las Naciones, donde integrantes del equipo que hizo posible la realización de la 46ª Fiesta Nacional del Inmigrante compartieron con el público la despedida.




La presidenta de la Federación de Colectividades, Marta Wieremiey, realizó un balance positivo y aseguró que “se cumplieron todos los objetivos”. Destacó especialmente el trabajo conjunto de las colectividades, la Federación, los organismos e instituciones que acompañaron la organización y las miles de personas que participaron directa o indirectamente de la celebración.
Entre los objetivos planteados para esta edición estaba sostener el valor de las entradas respecto del año anterior y alcanzar una importante concurrencia al Parque de las Naciones. Wieremiey también puso en valor las inversiones y mejoras realizadas, entre ellas el nuevo Salón de Eventos y Exposiciones y la renovación de diferentes espacios pertenecientes a las colectividades.
La dirigente destacó además la respuesta del público y una programación diseñada para atraer a distintas generaciones. La grilla combinó propuestas que fueron desde la presentación de Jairo hasta las noches destinadas a los jóvenes y al rock, buscando ampliar el alcance de una celebración históricamente asociada a la diversidad cultural.
Una fiesta que también mueve la economía de Oberá
Más allá de los escenarios, la gastronomía y las expresiones culturales, la Fiesta Nacional del Inmigrante moviliza una extensa red de trabajo que suele permanecer fuera del centro de la escena.
El vicepresidente de la Federación de Colectividades, Mario Pizzuti, puso precisamente el foco en esas personas y planteó la necesidad de “hacer visibles a los invisibles”: cocineros y cocineras, bailarines, modistas, técnicos, trabajadores de la feria, personal de seguridad y estacionamiento y numerosos colaboradores que permiten sostener la actividad durante los días de celebración.
Pizzuti remarcó que son miles las personas que aportan tiempo y trabajo, muchas de ellas de manera voluntaria. Solo alrededor de las casas típicas se movilizan más de dos mil personas, una cifra que crece considerablemente al incorporar a bailarines y participantes de las diferentes actividades.
Pero el efecto de la Fiesta trasciende a las propias colectividades. Durante esos días aumenta la demanda de mozos, promotores, técnicos, remiseros, trabajadores de estacionamiento, feriantes, modistas, coreógrafos y otros servicios vinculados directa o indirectamente con la llegada masiva de visitantes.
De esta manera, la Fiesta funciona también como un dinamizador de la actividad económica de Oberá, con impacto sobre el comercio, los servicios y diferentes oficios que encuentran en el evento una oportunidad adicional de ingresos.
Tres mil bailarines y el desafío del recambio generacional
Otro de los aspectos destacados por la conducción de la Federación es la continuidad generacional. La presencia de niños y jóvenes dentro de las colectividades y sus ballets aparece como una de las principales garantías para sostener la celebración en el tiempo.
Según explicaron desde la organización, alrededor de tres mil bailarines forman parte de las diferentes colectividades. Detrás de sus presentaciones existe un proceso de preparación que comienza varios meses antes de la apertura del Parque de las Naciones.
Ese recambio generacional adquiere una dimensión estratégica para una celebración que no solamente busca preservar las tradiciones heredadas de los inmigrantes, sino transmitirlas y resignificarlas entre quienes nacieron varias generaciones después de la llegada de sus antepasados a Misiones.
Wieremiey, con 32 años de participación en la Fiesta, sostuvo que conducir un evento de alcance nacional implica la responsabilidad de mantener el nivel alcanzado y, al mismo tiempo, buscar nuevos desafíos. Para la próxima edición, anticipó, el objetivo será “subirlo un poquito más”.
Y el próximo encuentro ya tiene fecha. La Federación confirmó que la 47ª Fiesta Nacional del Inmigrante se realizará del 2 al 12 de septiembre de 2027.
Así, Oberá cerró otra edición de su celebración más emblemática con el Parque de las Naciones nuevamente convertido en escenario de encuentro entre culturas. Pero detrás de las luces, los bailes y las mesas servidas quedó también otra fotografía: miles de personas trabajando, nuevas generaciones incorporándose a las colectividades y una ciudad que encuentra en la Fiesta no solo una expresión de su identidad, sino también uno de sus grandes motores culturales, turísticos y económicos.

