MADERA DURA

El sector foresto industrial presentó una agenda común para crecer

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Mientras gran parte del debate económico argentino gira en torno a cómo generar divisas, empleo y crecimiento federal, el sector foresto-industrial sostiene que una parte importante de esa respuesta ya existe. Con una de las mayores disponibilidades de recursos forestales de la región, capacidad para atraer inversiones, industria instalada, tecnología, conocimiento y una demanda internacional en expansión por productos renovables, Argentina cuenta con condiciones objetivas para ampliar su participación en los mercados globales, desarrollar nuevas inversiones y consolidar una bioeconomía con fuerte impacto territorial.

Ese fue el eje central del encuentro organizado por el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR) en el marco de la Exposición Rural de Palermo, donde representantes de las principales entidades de la cadena compartieron diagnósticos, cifras y propuestas para demostrar el protagonismo del sector a la hora de aportar a una verdadera política de desarrollo.

Un recurso estratégico que todavía tiene margen para multiplicar su impacto

Con la coordinación general de Claudia Peirano, directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), el punto de partida estuvo a cargo de Pablo Ruival, presidente de la entidad, quien describió la magnitud del patrimonio forestal argentino y el potencial aún no desarrollado de la actividad.

Argentina cuenta con aproximadamente 1,36 millones de hectáreas de bosques cultivados, con elevados niveles de productividad y una disponibilidad creciente de madera proveniente de plantaciones sostenibles. Sin embargo, esa fortaleza todavía no encuentra un correlato en el comercio internacional.

Mientras el país exporta alrededor de 700 millones de dólares anuales en productos foresto-industriales, Uruguay supera los 3.000 millones, Chile ronda los 6.500 millones y Brasil supera ampliamente los 17.000 millones. Esta diferencia refleja tanto la brecha existente como el enorme margen de crecimiento disponible para la Argentina. Ruival sostuvo que el país dispone de condiciones naturales, productividad, experiencia técnica y estándares de manejo forestal capaces de posicionarlo entre los principales proveedores mundiales de productos forestales sostenibles, siempre que logre consolidar un marco de previsibilidad para nuevas inversiones.

Integrar producción forestal y ganadera: una oportunidad para producir más en la misma superficie

La mirada sobre el desarrollo territorial se amplió con la presentación de Ignacio Méndez Cunill, representante de la Comisión de Forestación y Bosques Nativos de la SRA, quien expuso el potencial de los sistemas silvopastoriles como modelo de integración entre forestación y ganadería. Lejos de representar actividades competitivas entre sí, explicó que ambos sistemas pueden complementarse, mejorando el aprovechamiento de la tierra, diversificando ingresos, favoreciendo el bienestar animal y fortaleciendo la sustentabilidad de los establecimientos productivos.

El desarrollo de estos modelos aparece, además, como una alternativa especialmente atractiva para numerosas regiones del país, al permitir combinar producción, conservación y agregado de valor dentro de un mismo esquema productivo.

Carbono: una oportunidad que trasciende el ambiente y abre nuevos negocios

La transición hacia economías bajas en carbono también ocupó un lugar central durante la jornada. Federico Moyano, representante de la Mesa Argentina de Carbono y presidente de ProSustentia, explicó que los mercados voluntarios de carbono se consolidan como una de las herramientas de mayor crecimiento a nivel internacional y representan una oportunidad concreta para que Argentina genere nuevas fuentes de ingresos asociadas a la captura y reducción de emisiones.

Los proyectos forestales se ubican entre los principales generadores de créditos de carbono a escala global, lo que abre posibilidades para atraer inversiones, fortalecer economías regionales y diversificar la rentabilidad del sector. Más allá del componente ambiental, el mercado de carbono fue presentado como una herramienta económica capaz de impulsar la innovación, el financiamiento y el desarrollo productivo, integrando a la actividad forestal dentro de una de las agendas de mayor dinamismo en la economía mundial.

Competitividad y agregado de valor: la oportunidad de industrializar más madera en Argentina

La competitividad fue otro de los ejes centrales del encuentro. Desde FAIMA, Daniel Vier, secretario general de la entidad, sostuvo que el crecimiento de la cadena requiere políticas de Estado capaces de brindar previsibilidad, promover inversiones y estimular el agregado de valor dentro del país. En ese escenario, destacó el potencial de la construcción con madera como una herramienta estratégica para ampliar el mercado interno, acelerar los tiempos de obra, incorporar innovación tecnológica y generar empleo industrial de mayor calidad.

Vier remarcó además que fortalecer la competitividad no solo implica producir más, sino también desarrollar nuevos mercados, incrementar las exportaciones y consolidar una industria capaz de transformar localmente un recurso renovable de enorme disponibilidad.

Cuando los residuos se convierten en energía y desarrollo

La bioenergía fue presentada como otro de los grandes vectores de crecimiento para la cadena. Osvaldo Kovalchuk, presidente de ASORA, mostró cómo la producción de pellets permite transformar subproductos forestales en un combustible renovable con creciente demanda internacional, promoviendo un mejor aprovechamiento del recurso y fortaleciendo la economía circular.

Además de reducir desperdicios, esta industria contribuye a diversificar la matriz energética, generar nuevas inversiones y ampliar las oportunidades de agregado de valor en origen, especialmente en las regiones forestales.

Innovación, celulosa y papel: un sector que acompaña la transformación de la economía

El recorrido por la cadena concluyó con la presentación de Juan Sackmann, presidente de AFCP, quien expuso el papel estratégico que cumplen las industrias de la celulosa y el papel dentro de la bioeconomía. La creciente demanda mundial de envases sostenibles, empaques renovables y materiales de origen forestal posiciona a esta industria frente a nuevas oportunidades de crecimiento, impulsadas por la sustitución progresiva de materiales fósiles y la expansión del comercio electrónico. En ese contexto, Sackmann destacó la necesidad de continuar incorporando innovación, eficiencia y sostenibilidad como pilares para fortalecer la competitividad de toda la cadena.

Una agenda común para transformar el potencial en desarrollo

En el cierre, el subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal de la Nación, Manuel Chiappe, destacó el valor estratégico de la foresto-industria para el desarrollo productivo del país y la necesidad de generar condiciones que favorezcan la inversión, la competitividad y el agregado de valor. También acompañó la jornada la directora nacional de Forestoindustria, Sabina Vetter, ratificando el acompañamiento institucional a una actividad considerada clave dentro de la agenda de bioeconomía.

Más allá de las particularidades de cada presentación, todos los expositores coincidieron en un mismo diagnóstico: Argentina posee recursos, conocimiento, capacidad industrial y oportunidades concretas para invertir y crecer, pero necesita consolidar un entorno competitivo que permita transformar esas ventajas comparativas en empleo, exportaciones, desarrollo regional e inversiones de largo plazo.

El encuentro dejó un mensaje compartido: la foresto-industria argentina ya no necesita demostrar que posee recursos, conocimiento técnico o capacidad productiva. El verdadero desafío consiste en convertir esas fortalezas en una estrategia sostenida que permita atraer inversiones, ampliar exportaciones, generar empleo de calidad y consolidar al sector como uno de los grandes motores de la bioeconomía nacional.

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La construcción modular con madera gana terreno en los entornos más desafiantes

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Desde campamentos mineros y bases operativas de petróleo y gas hasta escuelas rurales, hospitales de emergencia y puestos para brigadistas, los expertos de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines – FAIMA – enfatizan que la construcción modular en madera comienza a consolidarse como una de las respuestas más eficientes para desarrollar infraestructura en lugares donde la logística suele ser el principal obstáculo. Su rapidez de montaje, menor impacto ambiental y capacidad de adaptarse a distintos terrenos impulsan una tendencia que crece en todo el mundo.

Construir donde el desafío no es la obra, sino llegar

Levantar una escuela en una comunidad aislada, instalar una posta sanitaria en una zona rural, montar un campamento para brigadistas forestales o desarrollar infraestructura en proyectos mineros y energéticos plantea un desafío que va mucho más allá de la construcción: cómo transportar materiales, reducir tiempos de ejecución y minimizar el impacto sobre el entorno. En ese escenario, la construcción modular en madera aparece como una alternativa cada vez más utilizada a nivel internacional. La mayor parte de la obra se fabrica previamente en plantas industriales y luego se traslada al destino final para su montaje, reduciendo significativamente la complejidad de los trabajos en el lugar.

Cinco ventajas que explican por qué esta tendencia gana terreno

1. Rapidez para responder donde el tiempo importa

A diferencia de los sistemas tradicionales, la construcción modular permite fabricar gran parte de la obra fuera del sitio. Diversos proyectos internacionales muestran que los tiempos de ejecución pueden reducirse entre un 30 % y un 50 %, permitiendo que oficinas, campamentos, aulas o postas sanitarias entren en funcionamiento en cuestión de días o pocas semanas.

2. Menos logística, menos impacto

Al llegar prácticamente terminadas desde fábrica, las construcciones requieren trasladar menos materiales, reducir la cantidad de personal en obra y disminuir la intervención sobre el terreno, una ventaja especialmente valiosa en áreas naturales, regiones montañosas o sitios de difícil acceso.

3. Adaptación a geografías complejas

La construcción modular en madera puede instalarse sobre fundaciones mínimas o pilotes, adaptándose a terrenos irregulares y reduciendo el movimiento de suelo. Esta característica la convierte en una solución especialmente atractiva para zonas rurales, parques nacionales, bases científicas o proyectos ubicados lejos de los centros urbanos.

4. Mayor eficiencia energética

La madera posee excelentes propiedades de aislamiento térmico natural, contribuyendo a mantener temperaturas interiores más estables y reduciendo la demanda de calefacción o refrigeración. En regiones con climas extremos, esta ventaja adquiere un valor estratégico tanto desde el punto de vista operativo como económico.

5. Infraestructura flexible para necesidades cambiantes

Una de las principales fortalezas del sistema es su capacidad de desmontarse, trasladarse o reutilizarse cuando cambian las necesidades del proyecto. Campamentos temporarios, instalaciones para grandes obras, hospitales de emergencia o módulos educativos pueden reubicarse en otros destinos, extendiendo su vida útil y optimizando la inversión.

Mucho más que viviendas

Aunque suele asociarse a soluciones habitacionales, la construcción modular en madera amplía cada vez más su campo de aplicación. Campamentos mineros, bases operativas para petróleo y gas —como las requeridas por desarrollos como Vaca Muerta—, puestos para brigadistas forestales, escuelas rurales, refugios de montaña, bases científicas, infraestructura para parques nacionales e incluso hospitales de emergencia forman parte de un universo donde la velocidad de ejecución, la eficiencia logística y la sustentabilidad resultan determinantes.

Para FAIMA, la industrialización de la construcción representa una oportunidad para ampliar las aplicaciones de la madera, aportar soluciones innovadoras a desafíos concretos de infraestructura y consolidar un modelo constructivo alineado con las nuevas demandas de eficiencia, sostenibilidad y desarrollo territorial.

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La energía que hoy se desperdicia: la biomasa aparece como la gran oportunidad para rescatar a la forestoindustria misionera

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Mientras la forestoindustria atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas, una oportunidad emerge desde aquello que históricamente fue considerado un descarte. Lo que hasta hace poco eran montañas de aserrín, virutas, cortezas y restos de madera comienza a ser visto como un activo estratégico capaz de generar energía, diversificar ingresos y transformar el modelo de negocios de uno de los principales complejos productivos de Misiones.

Esa es la visión que plantea el ingeniero forestal y consultor en industrias agroforestales Ronald Vera, quien sostiene que el verdadero salto de competitividad del sector ya no dependerá únicamente de producir más madera, sino de aprovechar integralmente cada árbol que ingresa al aserradero. En un contexto marcado por la caída del mercado interno, la pérdida de rentabilidad y el aumento permanente de los costos, la biomasa aparece como una alternativa capaz de convertir un problema ambiental en una oportunidad económica.

“La energía puede terminar siendo más rentable que la propia madera”, resume Vera en una entrevista con LT 17 Radio Provincia al describir un cambio de paradigma que ya comenzó a consolidarse en los principales polos forestales del mundo.

Misiones continúa siendo el principal polo forestal y forestoindustrial de Argentina, concentrando la mayor capacidad instalada para la transformación de madera. Sin embargo, la actividad enfrenta una combinación de factores que presionan sobre su rentabilidad.

La retracción de la construcción paralizó buena parte del mercado interno, tradicional motor del consumo de madera. Aunque las exportaciones crecieron, el atraso cambiario redujo significativamente los márgenes del negocio. A esto se suman los incrementos en combustibles, logística, salarios e insumos industriales, además de una creciente ruptura en la cadena de pagos que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas.

Según Vera, muchas pymes reciben cheques sin respaldo suficiente, lo que demora los cobros y dificulta afrontar obligaciones salariales, impositivas y financieras.

Pero mientras el escenario comercial se vuelve más complejo, otra realidad comienza a ganar protagonismo dentro de los establecimientos forestales.

El negocio que hoy queda al costado del aserradero

Cada tronco que ingresa a un aserradero deja una enorme cantidad de material que no termina convertido en tablas, vigas o tirantes.

“De una tonelada de rollizos apenas la mitad se transforma en madera aserrada. El resto históricamente fue considerado un residuo”, explica Vera.

Ese material incluye costaneros, chips, corteza, virutas y aserrín, que durante años fueron acumulándose en predios industriales o directamente abandonados en el monte tras los trabajos de raleo.

Desde una perspectiva económica, allí aparece uno de los mayores márgenes de crecimiento de la cadena forestal.

En lugar de representar un costo ambiental, esos subproductos pueden convertirse en materia prima para generar electricidad mediante biomasa, producir pellets para calefacción, abastecer plantas de tableros MDF o alimentar nuevas industrias vinculadas a la bioeconomía.

La propuesta implica abandonar la lógica tradicional del aserradero como productor exclusivo de madera para transformarlo en un centro integral de aprovechamiento forestal.

El pellet, por ejemplo, se fabrica únicamente con madera comprimida, sin aditivos químicos. Su demanda crece de manera sostenida tanto en Europa como en América por su utilización como combustible renovable para calefacción e industrias.

La biomasa también permite abastecer centrales termoeléctricas capaces de generar electricidad utilizando residuos forestales que hoy carecen de valor comercial.

Para Vera, el cambio conceptual es profundo. “La energía es el recurso económico más importante del mundo. Nosotros hoy estamos dejando pudrir esa energía en el monte o al costado de los aserraderos.”

Además del beneficio económico, el aprovechamiento de estos materiales reduce significativamente el pasivo ambiental generado por la acumulación de residuos y disminuye el riesgo de incendios forestales.

La tecnología ya existe; el desafío es financiarla

El principal obstáculo no es tecnológico sino financiero. Hace dos décadas, instalar un aserradero de escala media demandaba alrededor de 600.000 dólares. Hoy una planta con equipamiento moderno requiere inversiones cercanas a los tres millones de dólares.

A ese incremento se suma la dificultad para acceder a líneas de crédito de largo plazo con tasas compatibles con proyectos industriales cuya recuperación lleva varios años.

Según el especialista, el desarrollo de la biomasa necesita una estrategia pública que combine financiamiento, capacitación y promoción de inversiones, más que subsidios permanentes.

También demanda nuevos perfiles profesionales.

La automatización de los procesos productivos redujo la necesidad de mano de obra destinada al esfuerzo físico y abrió espacio para ingenieros electrónicos, especialistas en mecatrónica, programadores, técnicos en automatización y profesionales ambientales capaces de operar industrias cada vez más tecnificadas.

Más allá del contexto económico, Vera considera que la salida para la forestoindustria no pasa únicamente por esperar una recuperación del mercado interno.

El desafío consiste en generar mayor valor agregado sobre la materia prima disponible, diversificar la producción y aprovechar recursos que hoy permanecen subutilizados.

También reclama una mayor articulación entre el sector público y el privado para facilitar inversiones, impulsar nuevos mercados internacionales y garantizar reglas claras para el desarrollo industrial.

En esa visión, la biomasa deja de ser solamente una fuente de energía renovable y pasa a convertirse en una política de desarrollo territorial. Significa crear nuevos negocios sin ampliar la superficie forestada, reducir el impacto ambiental de la actividad, generar empleo calificado y aumentar la competitividad de una cadena productiva estratégica para Misiones.

En tiempos donde la rentabilidad de la madera enfrenta crecientes desafíos, el futuro podría estar menos en los tablones que salen del aserradero y más en aquello que durante décadas quedó olvidado al costado de la producción. Allí, entre virutas, chips y aserrín, la forestoindustria comienza a descubrir una nueva fuente de riqueza capaz de transformar una crisis en una oportunidad de desarrollo sostenible.

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Ecología y el sector maderero acordaron una mesa técnica-jurídica para analizar los alcances del RePIA

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Este martes se llevó a cabo una reunión en el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables para abordar las inquietudes planteadas por representantes del sector de la madera y analizar los alcances del Registro Provincial de Infractores Ambientales (RePIA), recientemente reglamentado. Como resultado del encuentro, se acordó conformar una mesa técnica-jurídica que tendrá lugar en las próximas semanas con el objetivo de analizar los planteos presentados y profundizar los aspectos vinculados a la implementación del sistema.

De la reunión participaron el ministro de Ecología, Martín Recamán; el subsecretario de Ordenamiento Territorial, Lucas Russo; el director general de Bosques Nativos, Milton Morán; la directora general de Asuntos Jurídicos, Antonella Bortolotti; y el coordinador del Programa de Créditos de Carbono, Augusto Abdulhadi. En representación de la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (AMAyADAP), participaron el diputado provincial Miguel Núñez (PRO) y el abogado Fernando Acosta.

Durante el encuentro, los representantes del sector maderero expusieron cuestionamientos vinculados al alcance de la Resolución Nº 182/26, particularmente respecto de las garantías del debido proceso, la presunción de inocencia, las facultades para su dictado y la interpretación de algunos aspectos de la reglamentación. En ese marco, las autoridades del Ministerio brindaron precisiones sobre el funcionamiento del registro y acordaron abrir una instancia de trabajo técnico para analizar cada uno de los planteos.

Desde el Ministerio se explicó que el RePIA no crea nuevas infracciones ni modifica el régimen sancionatorio vigente, sino que constituye una herramienta administrativa destinada a centralizar en una única plataforma digital la información sobre sanciones ambientales firmes, con el objetivo de agilizar los trámites, fortalecer la transparencia y brindar mayor previsibilidad a quienes realizan gestiones ante el organismo.

Asimismo, se aclaró que el registro no incorpora denuncias, actuaciones preliminares ni expedientes en trámite. La inscripción se realiza únicamente cuando existe una sanción administrativa firme, una vez finalizado el procedimiento correspondiente y garantizado el derecho de defensa.

También se informó que el sistema alcanza a personas físicas y jurídicas sancionadas por infracciones ambientales, cualquiera sea la actividad que desarrollen, y que sus efectos administrativos se limitan exclusivamente a autorizaciones, programas, beneficios y trámites gestionados por el Ministerio de Ecología. Además, contempla mecanismos de regularización: una vez cumplidas las sanciones y las medidas de remediación correspondientes, cesan los efectos administrativos de la inscripción, mientras que el antecedente se conserva únicamente para el seguimiento de eventuales reincidencias previstas por la normativa.

No obstante, la mesa técnico-jurídica prevista para las próximas semanas dará continuidad al trabajo iniciado durante este encuentro, consolidando un espacio de diálogo entre el Ministerio de Ecología y el sector maderero. El objetivo es acompañar la implementación de una herramienta orientada a agilizar los trámites ambientales, fortalecer la transparencia, brindar mayor previsibilidad a los administrados y consolidar una gestión pública más eficiente.

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Quema prescripta: la herramienta que gana respaldo científico para prevenir incendios

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Especialistas advierten que la supresión total del fuego genera un “déficit” peligroso de quemas, acumulando combustible vegetal que tarde o temprano desata incendios incontrolables.

Tras décadas de aplicar políticas basadas en la extinción absoluta de cualquier foco ígneo, la evidencia científica plantea un cambio radical de paradigma: para prevenir las catástrofes de incendios rurales, es indispensable utilizar el fuego de manera planificada. Desde la Red de Manejo de Incendios Rurales destacan el aporte científico que sustenta -con evidencia científica- que la quema prescripta se consolida como la estrategia de prevención más eficiente y sustentable frente a la crisis climática actual.

La ecología moderna ha demostrado que el fuego cumple un rol vital en la dinámica natural de numerosos paisajes globales y locales. Históricamente, ecosistemas como los pastizales pampeanos, el palmar de yatay o los bosques secos evolucionaron junto al fuego. Al suprimir cada chispa de forma sistemática, se genera lo que la ciencia denomina un “déficit de fuego”: la hojarasca, ramas y pastos secos se acumulan año tras año, transformándose en una inmensa reserva de combustible lista para arder bajo las peores condiciones climáticas.

El dato que desafía el sentido común: Un metaanálisis internacional que evaluó tres décadas de datos científicos confirmó que la aplicación de quemas prescriptas (solas o combinadas con el raleo de árboles) reduce entre un 62% y un 72% la severidad de los incendios posteriores. Al eliminar de forma controlada el material combustible fino superficial, se evita que un fuego fortuito escale y se convierta en un incendio de copas inmanejable.

La quema prescripta es una disciplina técnica estrictamente planificada. No consiste en “prender fuego el campo”, sino en aplicar fuego sobre una superficie delimitada, bajo una ventana meteorológica óptima (con rangos específicos de humedad, temperatura y viento) y ejecutada por personal altamente capacitado. Mediante índices técnicos como el Fire Weather Index (FWI), se calcula con precisión el comportamiento del fuego para asegurar que sea de baja intensidad, limpiando el sotobosque o el pastizal envejecido sin dañar la estructura de los árboles ni el suelo.

En Argentina, la efectividad de esta herramienta ya cuenta con antecedentes sólidos respaldados por investigadores del CONICET y diversas universidades nacionales. Ensayos realizados en plantaciones forestales de Misiones, Neuquén, Chubut y Santiago del Estero demostraron que las quemas prescriptas reducen los combustibles finos entre un 24% y un 71%, protegiendo de forma económica la inversión forestal de décadas. Asimismo, programas aplicados en la Reserva Campos del Tuyú (Buenos Aires) y el Parque Nacional El Palmar (Entre Ríos) han demostrado que las quemas prescriptas en parches no solo previenen siniestros extremos, sino que restauran la biodiversidad nativa, controlan especies invasoras y multiplican la calidad del forraje para la fauna y el ganado.

“El combustible que no se quema de forma controlada hoy, es la leña de un incendio catastrófico mañana. La diferencia entre quemar y quemar bien es lo que nos separa de tragedias históricas como la de Puerto Madryn en 1994, donde la acumulación desmedida de pasto seco alimentó un fuego extremo.”

Desde la Red de Manejo del Fuego Rural enfatizan que el desafío de fondo no es intentar expulsar de forma imposible el fuego de los entornos rurales y forestales, sino aprender a convivir con él. Implementar políticas públicas y gestión privada integrales que habiliten y promuevan las quemas prescriptas es la vía más sensata para resguardar la infraestructura, potenciar las economías regionales, proteger las cuencas de agua potable y salvar vidas humanas.

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