MADERA DURA

Certificación forestal: pymes de Misiones y Corrientes demuestran que el modelo puede abrir mercados

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La certificación forestal suele asociarse con grandes empresas, estructuras complejas y procesos difíciles de afrontar individualmente para productores y PyMEs. Sin embargo, una experiencia que ya funciona en Misiones y Corrientes comienza a mostrar otro camino: agruparse para compartir estructuras, implementar requisitos y acceder colectivamente a herramientas de certificación que permitan mejorar competitividad y abrir oportunidades comerciales.

Ese fue uno de los principales ejes del encuentro sobre Certificación Forestal PEFC y Modelos Grupales, realizado el lunes 24 de agosto, que reunió a representantes del sector público y privado de las dos principales provincias forestales del país. Durante la jornada se presentaron los requisitos que deben cumplir tanto productores forestales como industrias para incorporarse a modelos grupales de certificación PEFC y, especialmente, se analizó la experiencia de APICOFOM Sustentable, un certificado grupal integrado por PyMEs de Misiones y Corrientes que implementaron los requisitos de Cadena de Custodia PEFC.

“Lo más importante de este evento es contar el caso de éxito del certificado grupal de APICOFOM, donde un conjunto de empresas PyMEs de Misiones y Corrientes implementaron los requisitos de Cadena de Custodia”, explicó Florencia Chavat, directora ejecutiva de PEFC Argentina. ¿En qué se traduce concretamente? En la posibilidad de que las empresas puedan asegurar el origen de los materiales que procesan, realizar declaraciones respecto de esos productos y acceder a mercados internacionales, explicó Chavat.

Certificar no es solamente llegar a nuevos mercados

Uno de los aspectos que atravesó la jornada fue precisamente ampliar la mirada sobre los beneficios de la certificación. La implementación de sistemas que aseguren la trazabilidad no sólo permite demostrar el origen sostenible de los materiales. También puede convertirse en una herramienta para revisar y ordenar el funcionamiento interno de las propias empresas.

“La implementación de estos procedimientos y de un sistema de gestión que asegure la trazabilidad ordena los procesos productivos, los hace más competitivos y eficientes y permite una mejor vinculación con los clientes”, señaló Chavat.

A ello se suma la posibilidad de demostrar garantías de sostenibilidad y aspectos vinculados con la manera en que trabajan las empresas, incluyendo requisitos relacionados con la salud y seguridad de sus trabajadores.

Esta mirada fue compartida también desde APICOFOM. Su presidente, Guillermo Fachinello, destacó que la certificación no representa únicamente una herramienta para acceder a mercados nuevos y de mayor valor, sino que contribuye a generar empresas más eficientes, mejorar cuestiones vinculadas con la seguridad y optimizar costos.

Una agenda compartida entre Misiones y Corrientes

La convocatoria reunió además a autoridades de las dos provincias, reforzando la dimensión regional que tiene el desarrollo forestal y forestoindustrial del NEA. Participaron Luis María Mestres, secretario de Desarrollo Foresto Industrial de Corrientes; Martín López, designado para asumir como subsecretario de Desarrollo Forestal de Misiones, junto con integrantes de su equipo; Federico Fachinello, ministro de Industria de Misiones; y la ingeniera forestal Graciela Flores, vicepresidenta del Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones, además de representantes de empresas forestales y forestoindustriales, consultores y profesionales del sector.

El encuentro permitió así poner sobre la mesa uno de los desafíos que enfrenta la cadena forestal argentina: cómo ampliar la superficie y la cantidad de empresas certificadas incorporando a actores de menor escala, para que las exigencias crecientes de trazabilidad y sostenibilidad de los mercados no se conviertan en una barrera de entrada.

Los modelos grupales aparecen en ese escenario como una alternativa especialmente relevante, al permitir que distintas empresas o productores avancen dentro de una estructura común y puedan abordar colectivamente parte de las exigencias que supone un proceso de certificación.

Para PEFC Argentina, la experiencia desarrollada por las empresas de APICOFOM permite llevar esa discusión del terreno teórico a un caso concreto. La certificación deja así de ser solamente una exigencia para determinados mercados y comienza a funcionar como una herramienta de gestión: permite conocer y demostrar el origen de la materia prima, ordenar procesos, generar trazabilidad, fortalecer la relación con clientes y mejorar la competitividad de las empresas.

Y, para las PyMEs forestales y forestoindustriales de una región que concentra buena parte de la producción argentina, el modelo grupal plantea una posibilidad adicional: que el tamaño de una empresa no determine por sí solo su capacidad de demostrar cómo produce y competir en mercados cada vez más exigentes.

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Cristián Infante, CEO de Arauco: “Han cerrado muchas plantas de celulosa en el Hemisferio Norte, porque no pueden competir con los precios actuales; nosotros sí podemos”

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Cristián Eustaquio Infante Bilbao (59) lleva 30 años en Arauco. Son muy pocos los que llevan más tiempo que él en la compañía más grande que integra el holding Empresas Copec y que desde 2011 lidera como gerente general.

Arauco eso sí no es la misma empresa de hace tres décadas. Si en los años ‘90 su negocio principal por lejos era la celulosa, el principal insumo para la fabricación de papel, hoy esa pulpa ha pasado a ser casi exactamente la mitad de su negocio. En el primer semestre, sus ingresos totales fueron US$ 3.081 millones, el 50,4% provino de la celulosa y el 49,5% de la madera, de productos tales como paneles, contrachapado y madera aserrada.

Sin embargo, la empresa controlada por el grupo Angelini sigue apostando por su producto histórico. De hecho, está construyendo su mayor planta de celulosa, Sucuriú, en el estado de Matto Grosso do Sul en Brasil. Son US$4.600 millones de inversión para sumar 3,5 millones de toneladas a su producción actual de 5 millones, lo que la pondrá en el segundo lugar del mundo después de otra brasileña, la gigante Suzano, que produce 12 millones. La construcción lleva ya un 75% de avance: “Esperamos en septiembre u octubre del próximo año tener el primer fardo de celulosa”, señala en una entrevista con el diario La Tercera de Chile.

¿De qué les sirve ser el segundo productor del mundo?

-Cuando tienes escala, tus costos se reducen, entonces te permite tener un costo de producción más competitivo y, al final, ¿en qué termina eso? Que el consumidor, cuando va a comprar papel en el supermercado, va a comprar más barato.

¿Por qué Brasil?

-La tasa de crecimiento de los bosques -la cantidad de metros cúbicos de madera que es capaz de generar una héctarea de bosque- en Brasil y en el norte de Argentina es extraordinaria. Es mayor que en Chile. En Chile, la mejor tasa de crecimiento para el eucalipto es de 40 metros cúbicos por hectárea por año. En Brasil y en Argentina, hay lugares que crecen cerca de 100 m3/há. Entonces, hay un potencial enorme de crecimiento.

Hoy el 62% de los activos de Arauco está en Chile, pero también tienen una planta en la provincia de Misiones, al norte de Argentina, y otra en Uruguay.

Y ahora van a Brasil, donde tienen 250 mil hectáreas plantadas y esperan llegar a 400 mil, para operar a plena capacidad.

Aunque con los ojos de hoy, Sucuriú es una apuesta grande y atrevida. No sólo por el tamaño de la inversión, cuyo financiamiento al menos ya está asegurado por tres fuentes: un préstamo de US$2.200 millones del BID, CFI y la agencia de crédito Finnvera de Finlandia; un aporte de capital de Empresas Copec de US$1.200 millones; y sus propios flujos.

Sino porque el precio de la celulosa hoy en día no atraviesa por su mejor momento. Al revés.

“Hemos tenido los precios más bajos, en términos reales, de los últimos 25 años”, reconoce Infante.

La razón viene del otro lado del Pacífico: la crisis inmobiliaria china. Los permisos para construcciones nuevas en el gigante asiático han caído persistentemente desde el 2020 y hoy son un 25% de lo que eran hace seis años. Con este desplome, 65 millones de metros cúbicos de madera quedaron sin destino. Y como había madera barata, China, un importador neto, empezó a levantar plantas de celulosa para ocuparla y así elevar su producción de pulpa y de papel.

“Hoy hay una sobrecapacidad de producción de papel en China muy fuerte. De hecho, sus plantas están produciendo al 60% de su capacidad, con lo cual, hay mucha oferta, y los precios del papel están muy bajos. Entonces, si los precios del producto final están bajos, es difícil que el precio de la celulosa pueda subir”, explica Infante.

18.08.2026 Cristian Infante, gerente general de Arauco Foto: Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Por ello, la confianza del CEO de Arauco depende de China, adonde venden poco más de la mitad de su celulosa: espera que su mercado inmobiliario se recupere y su consumo per cápita de papel siga creciendo a las actuales tasas del 6,5%.

“En la medida que el mercado vaya haciendo un catch up, estamos seguros que los precios van a subir. Hoy día los precios de la fibra larga, sin ir más lejos, están a niveles históricamente bajos”, advierte.

Esto ha llevado a que varios productores del norte, en países como Canadá y Finlandia, hoy no cubran sus costos, por lo que se está viviendo una readecuación de la industria.

“Han cerrado muchas plantas en el Hemisferio Norte. En los últimos dos años cerraron más de 2 millones de toneladas de capacidad de producción, y hay otros que están anunciando cierres por tres o seis meses, porque se dan cuenta que a estos precios no pueden competir. Nosotros sí podemos, pero ellos no”, resalta.

De hecho, cuenta que toda su producción ya la tienen vendida, aunque al bajo precio que cotiza el mercado. “Somos de los que tenemos los costos más competitivos del mundo. Estamos pasando un momento complejo en la industria, pero esto no es sostenible y los precios se van a recuperar”, asegura, recurriendo a una trayectoria que le ha hecho lidiar con los altibajos de este rubro.

Potenciar el Chile forestal

Aunque la gran apuesta de Arauco esté en Brasil, Infante espera que Chile no quede atrás.

Porque el país ha perdido cientos de miles de hectáreas en capacidad forestal. Hace una década, Chile contaba con 2,5 millones de hectáreas de plantaciones de bosques y hoy existen 1,9 millones. Los bosques, que tardan 20 años en crecer, son talados y no vuelven a ser plantados.

En los últimos 10 años había sido la violencia en el sur y el robo de madera la principal razón de ello. Pero eso se ha reducido. “Hay que reconocer que se ha hecho un muy buen trabajo”, dice.

Pero Infante siente que para volver a recuperar el negocio forestal, debe existir un instrumento de fomento como el decreto ley 701, promulgado por la dictadura en los años ‘70, “que lamentablemente es un instrumento que tiene mala prensa”, reclama, pero que puede favorecer a los pequeños y medianos forestadores, que son los que no están plantando.

“El ministro (de Agricultura, Jaime) Campos lo ha dicho explícitamente: que el gobierno está trabajando en una herramienta que permite efectivamente incentivar la forestación”, resalta.

¿Qué debería tener ese instrumento de fomento?

-Hay distintos instrumentos. Pero muchas veces se da ayuda económica al forestador, de manera de incentivar al momento de la plantación y al ir desarrollándola, de manera que no tenga que esperar 20 años y pueda ir recibiendo flujos anticipadamente.

Arauco posee 600 mil hás de bosques en Chile. En total, con Brasil, Argentina y Uruguay, reúne cerca de un millón de hás entre los cuatro países. Y planta a un ritmo de 40 mil hás en Chile y de 65 mil hás en Brasil.

“El gobierno habla de que en Chile hay un potencial de forestar dos millones de hectáreas. Por lo tanto, si pensamos que hoy hay 500.000 hás que no se han vuelto a plantar, y si se subiera en un millón y medio más, con 2 millones de hás da para varias plantas de celulosa y varios aserraderos, da para potenciar una industria de forma muy potente”, proyecta.

La nanocelulosa, ¿el futuro?

Seguir apostando por la celulosa tiene una justificación. Aunque pareciera que el mundo consume menos papel, dada la irrupción digital, la tendencia es contraria: el mercado global crece persistentemente a tasas del 2% a 3% anual. Y en China, el principal comprador de Arauco, este incremento es del 6,5%.

Por varias razones. En la medida que los países más pobres se van desarrollando, las personas van crecientemente aumentando su consumo de papel, por ejemplo de uso sanitario, como el tissue. Además, gracias al comercio electrónico, todo viene empacado en cartón, lo mismo que los productos de las góndolas de supermercados, que han ido dejando atrás el plástico.

“El crecimiento del consumo de celulosa y de papel viene creciendo estable y además han aparecido otros usos para la celulosa”, sostiene.

Y allí destaca lo que está ocurriendo con la pulpa textil, es decir, celulosa para hacer ropa. “La viscosa y el lyocell, que son las telas que se hacen con la celulosa, vienen creciendo a tasas muy fuertes”, sostiene. “La celulosa ofrece una alternativa renovable, reciclable y que compite directamente con el algodón”, acota.

El consumo global de algodón ha estado detenido en 20 millones de toneladas por una década y no crece por temas medioambientales, principalmente de consumo de agua.

Pero además, la celulosa se está usando tan ampliamente como en componentes para automóviles, aviones o teléfonos móviles.

Pero tambien están trabajando en usos más sorprendentes de la pulpa de madera y, con mayor desarrollo tecnológico, con la llamada nanocelulosa: un descubrimiento que podría revolucionar la industria de los materiales de alta resistencia, como el acero.

Infante explica orgulloso: “Las nanocelulosas son componentes de la celulosa que cuando tú las encadenas (químicamente) de determinada forma, puedes hacer un filamento que es más resistente que el acero y es tan liviano como el kevlar. Son materiales de alta resistencia, mucho más livianos que el acero, y vienen de la madera. Es un desarrollo que estamos haciendo en el sur de Chile”.

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Cambium Timber apuesta a cambiar la construcción argentina con una planta de CLT de US$20 millones en Corrientes

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La Argentina tiene madera, territorio forestal y un déficit habitacional significativo, pero todavía no consiguió convertir esos recursos en una industria capaz de transformar la forma en que se construye. Ese es el punto de partida de Cambium Timber, el proyecto que impulsa Pablo Baldomá y que prevé una inversión de más de US$20 millones en Gobernador Virasoro, Corrientes, para instalar la primera planta argentina de producción industrial de madera contralaminada, conocida como CLT (Cross-Laminated Timber).

Baldomá presentó el proyecto en Posadas, durante el encuentro organizado por la Asociación Forestal Argentina (AFoA) por sus 80 años, donde compartió escenario con referentes de las principales inversiones forestales que están tomando forma en Corrientes y la región. La propuesta de Cambium introduce una diferencia sustancial respecto de buena parte del debate tradicional de la forestoindustria: en lugar de limitarse a buscar nuevos mercados para la madera, pretende crear una nueva demanda a partir de un sistema constructivo industrializado.

El principal riesgo de este proyecto es que la demanda no está, la tenemos que crear”, explicó Baldomá. La definición resume la apuesta empresarial y, al mismo tiempo, expone el principal desafío de una industria que todavía debe convencer a arquitectos, desarrolladores, constructores y consumidores de que la madera estructural puede ocupar un lugar mucho más relevante en la construcción argentina.

De la madera como materia prima a un sistema constructivo

Cambium no se presenta solamente como una empresa forestal. Baldomá la definió como una compañía con “tres corazones”: tecnológico, industrial y constructor. La planta fabricará paneles de madera maciza industrializada, entre ellos CLT y madera laminada encolada, con procesos de alta precisión destinados a que buena parte del trabajo de construcción ocurra antes de que los componentes lleguen a la obra.

El proyecto prevé una capacidad inicial de aproximadamente 15.000 metros cúbicos anuales y una producción equivalente a unos 55.000 a 60.000 metros cuadrados de construcción por año, dependiendo del sistema utilizado. La nave industrial tendrá unos 4.800 metros cuadrados y se levanta en el predio donde funcionó el antiguo aserradero Pomera Maderas.

La inversión forma parte de un proceso mayor del Grupo Insud, que ya mantiene una presencia significativa en la región a través de forestaciones, energía y otras actividades. Según lo expuesto durante el encuentro, el grupo acumula más de US$250 millones invertidos en el NEA.

La maquinaria que permitirá poner en marcha la nueva industria está llegando desde Europa. El último contenedor con equipos de la empresa eslovena Ledinek Engineering se encuentra rumbo al Puerto de Buenos Aires y el montaje de la línea está previsto para comenzar en septiembre. La expectativa de Cambium es terminar la instalación hacia fines de 2026 y comenzar la producción entre diciembre y los primeros meses de 2027.

Pero la tecnología representa solamente una parte del desafío. Baldomá sostuvo que instalar una planta de estas características en Argentina resulta aproximadamente 30% más caro que hacerlo en Europa, debido principalmente a la combinación de impuestos y costos logísticos. Incluso señaló que transportar los contenedores desde Buenos Aires hasta Virasoro puede resultar más costoso que traerlos desde Europa hasta el puerto argentino.

Ese diferencial es una de las restricciones que la nueva industria deberá enfrentar para competir. La otra está dentro del propio mercado: la madera estructural todavía no tiene en Argentina el mismo nivel de aceptación cultural, normativa y técnica que alcanzó en otros países.

El desafío de construir demanda y cambiar la percepción sobre la madera

La apuesta de Cambium parte de una premisa que Baldomá considera central: la madera no debe competir solamente por precio. El CLT, según explicó, no es actualmente más barato que los sistemas tradicionales de mampostería o ladrillo. La oportunidad está en ofrecer otra combinación de precisión, velocidad, diseño, industrialización y calidad arquitectónica.

La forma en la que se construye es anacrónica, vieja, sucia”, planteó durante su exposición. Frente a ese diagnóstico, la empresa busca trasladar a la construcción parte de la lógica industrial que ya existe en otros sectores: diseñar digitalmente, mecanizar los componentes, producirlos con precisión y llevarlos a obra listos para ser ensamblados.

El modelo ya funciona en otros mercados. Uruguay cuenta desde 2022 con una planta de madera maciza industrializada de gran escala, mientras Chile y Brasil desarrollaron proyectos de edificios y estructuras de varios pisos utilizando CLT y madera laminada. En Argentina, en cambio, los avances todavía son puntuales y no existe una planta con una producción integral de estas características y certificación internacional.

La experiencia internacional es precisamente uno de los argumentos utilizados por Baldomá para plantear que el límite no está en las propiedades del material, sino en la forma en que el mercado argentino lo interpreta. Después de vivir cinco años en España, el empresario recorrió más de 30 fábricas de CLT antes de definir el proyecto. Su objetivo, según explicó, es trasladar a la Argentina una industria que en Europa, Estados Unidos y Australia ya dejó de estar asociada exclusivamente con viviendas económicas o construcciones de baja escala.

La comparación que eligió durante el encuentro fue histórica. Así como la Torre Eiffel contribuyó en 1889 a demostrar las posibilidades estructurales del acero, Cambium busca un proyecto emblemático que permita mostrar qué puede hacerse con madera estructural en altura.

Queremos mostrar la altura y mostrar el bosque en los edificios de altura en Argentina”, resumió Baldomá.

La empresa incluso abrió la posibilidad de desarrollar un proyecto icónico que funcione como demostrador tecnológico y arquitectónico. El objetivo no es solamente vender paneles, sino generar una construcción que permita que el mercado vea, toque y comprenda el potencial del material.

La oportunidad social: industrializar la construcción para agregar valor en origen

La dimensión más relevante del proyecto excede a Cambium y alcanza a la estructura productiva del NEA. Si la planta logra consolidar una demanda doméstica para CLT y otros productos de madera estructural, podría contribuir a desplazar parte del negocio forestal desde la venta de materia prima hacia productos de mayor valor agregado.

Ese cambio resulta especialmente relevante para Corrientes y Misiones. La región cuenta con una masa forestal considerable y una cadena industrial desarrollada, pero enfrenta desde hace años el desafío de transformar una mayor proporción de ese recurso en productos industrializados capaces de competir en mercados de mayor valor.

La discusión también alcanza a la vivienda. Desde el sector forestal se plantea que la industrialización de la construcción con madera puede reducir tiempos de obra y mejorar la previsibilidad de los proyectos. En el modelo de CLT, los paneles pueden salir de fábrica cortados, perforados y mecanizados de acuerdo con el diseño, reduciendo trabajos y desperdicios en el lugar de construcción.

El potencial, por lo tanto, no está únicamente en construir más rápido. Está en cambiar la organización económica de la obra, trasladando una parte importante del proceso desde el sitio de construcción hacia una fábrica.

Ese modelo puede abrir una oportunidad para el periodismo de soluciones: no existe una promesa automática de que el CLT vaya a resolver el déficit habitacional argentino ni de que la madera vaya a reemplazar al hormigón. Pero sí aparece una alternativa concreta para atacar algunos de los problemas estructurales de la construcción tradicional: baja productividad, desperdicio de materiales, incertidumbre sobre costos y plazos y escasa industrialización.

Para que esa posibilidad se convierta en una solución a escala, sin embargo, deberán alinearse otras variables. La propia empresa identifica como obstáculos los costos logísticos, la normativa estructural, la falta de clasificación técnica de la madera y la necesidad de formar profesionales y generar confianza en el mercado.

El cuello de botella que puede definir el futuro: la materia prima

La expansión de la madera estructural también plantea una pregunta incómoda para la región: ¿hay suficiente madera para sostener una nueva etapa de industrialización sin comprometer el abastecimiento futuro?

Durante el encuentro de AFoA se advirtió que Corrientes posee alrededor de 500.000 hectáreas de plantaciones forestales, pero que la superficie no está creciendo significativamente. Las áreas cosechadas son replantadas, pero no necesariamente se incorporan nuevas hectáreas al ritmo que requeriría una expansión sostenida de la industria.

Misiones enfrenta una situación similar desde otra escala: durante la última década no logró superar las 12.000 hectáreas anuales de nuevas plantaciones, según los datos expuestos durante la jornada. Entre Ríos, por su parte, redujo su superficie forestada hasta unas 100.000 hectáreas.

El dato obliga a mirar más allá de la fábrica. Una planta de CLT puede ser una pieza de una transformación industrial, pero necesita detrás una política forestal capaz de asegurar materia prima, inversiones de largo plazo y una cadena logística competitiva.

Baldomá lo planteó desde la perspectiva de la propia empresa: la instalación de la planta representa apenas “el diez por ciento del desafío”. El otro 90% consiste en lograr que el mercado adopte el producto, que las normas acompañen, que los arquitectos lo incorporen a sus proyectos y que aparezcan edificios capaces de demostrar que la madera puede ser utilizada a escalas que hoy parecen ajenas a la construcción argentina.

Ahí aparece la verdadera dimensión del proyecto. Cambium no está solamente construyendo una fábrica en Virasoro: está intentando construir un mercado alrededor de una tecnología que Argentina todavía no incorporó masivamente.

Si el proceso funciona, el impacto podría exceder a una empresa y convertirse en una nueva vía de agregado de valor para la forestoindustria del NEA. Si fracasa, el problema probablemente no estará en la capacidad de fabricar CLT, sino en la dificultad histórica de la Argentina para articular materia prima, industria, logística, regulación, financiamiento y demanda.

La planta que comienza a instalarse en Corrientes será, en ese sentido, un experimento industrial y también de política económica. El desafío será demostrar que un árbol plantado en el NEA puede terminar convertido no en un rollizo exportado, sino en una estructura de alta precisión capaz de formar parte de los edificios de la próxima generación.

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Forestación: Central Puerto proyecta un aserradero de US$ 200 millones y reclama cambios para competir

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En ese escenario, Adrián Salvatore, de Central Puerto, planteó una integración vertical desde las plantaciones hasta la industria y advirtió que logística, regulación y escala condicionan nuevas inversiones forestales. Fue en el marco de la presentación en Posadas de los lineamientos del proyecto para instalar un aserradero en la zona de Santa Rosa, Corrientes. La iniciativa contempla procesar alrededor de 450.000 metros cúbicos de madera por año y abastecerse de unas 30.000 hectáreas de plantaciones.

La propuesta se inscribe en la expansión de Central Puerto hacia nuevos negocios. La compañía, tradicionalmente vinculada al sector energético, incorporó en los últimos años inversiones forestales y mineras y, más recientemente, petroleras. En el caso forestal, Salvatore explicó que la decisión apunta a ir más allá de la tenencia de activos y avanzar en la captura de valor dentro de la cadena productiva.

La empresa incorporó hace aproximadamente tres años unas 180.000 hectáreas forestadas, de las cuales unas 90.000 corresponden a plantaciones de eucalipto y pino. Sobre esa base, la estrategia consiste en desarrollar una industria capaz de procesar parte de esa producción y generar una cadena integrada en la región mesopotámica.

“El diseño nuestro es un aserradero que estaría procesando unas 450.000 metros cúbicos por año”, explicó Salvatore durante el encuentro organizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA). La localización responde, entre otros factores, a la distribución geográfica de las forestaciones y a la necesidad de garantizar el abastecimiento de largo plazo de la planta.

La escala del proyecto también expone una de las discusiones centrales del sector: cómo generar condiciones para que las inversiones forestales puedan alcanzar dimensiones competitivas internacionalmente. Salvatore señaló que el proyecto enfrenta desafíos vinculados con el marco regulatorio y con la posibilidad de acceder a beneficios destinados a grandes inversiones.

En particular, marcó una brecha para los proyectos que quedan en una zona intermedia: inversiones demasiado grandes para encuadrar en determinados esquemas orientados a pequeñas empresas, pero que tampoco alcanzan los umbrales establecidos para los proyectos de mayor escala. Según planteó, una inversión forestal de entre US$100 millones y US$200 millones puede resultar significativa para la economía regional, aunque no necesariamente alcance los parámetros de programas diseñados para megaproyectos de otros sectores.

La cuestión no es menor para la forestoindustria. La competencia internacional obliga a comparar no solamente la productividad de las plantas, sino también el costo de llevar la madera hasta los mercados. Para Salvatore, la logística constituye actualmente uno de los principales condicionantes para el desarrollo de nuevas inversiones.

“Si para poner el material arriba de un barco nos cuesta tres, cuatro, cinco o seis veces más que a un competidor nuestro, cualquier proyecto va a tener un límite”, sostuvo. La distancia a los puertos, los costos de transporte y las restricciones vinculadas con la infraestructura terminan trasladándose al precio final y reducen la capacidad de competir en mercados internacionales.

En esa discusión aparece también el cabotaje como una herramienta potencial para reducir costos. El empresario consideró que una mayor oferta logística y una regulación que permita aprovechar las vías navegables podrían modificar sustancialmente la ecuación de los proyectos forestales de la región.

El planteo coincide con una preocupación que atraviesa a las principales empresas del sector: la industria puede alcanzar niveles de eficiencia dentro de las plantas, pero pierde competitividad cuando la producción sale de la tranquera. La distancia entre los centros forestales de Corrientes y Misiones y los puertos de exportación convierte a la logística en una variable estratégica para definir nuevas inversiones.

Pero Salvatore agregó otro componente: la necesidad de que el sector forestal construya una agenda común. A su criterio, muchas de las dificultades que enfrenta la actividad son abordadas actualmente mediante gestiones individuales de empresas o cámaras, cuando podrían requerir una estrategia colectiva.

El empresario tomó como referencia al sector petrolero, al que definió como altamente competitivo pero capaz de coordinar posiciones entre empresas y con el Estado en cuestiones consideradas estratégicas. Para la forestoindustria, planteó avanzar en una dinámica similar, tanto para resolver problemas regulatorios y logísticos como para aprovechar oportunidades comerciales.

La paradoja que señaló resulta especialmente relevante: mientras dentro del mercado argentino persiste la discusión sobre exceso o falta de madera y una demanda interna debilitada, existen oportunidades concretas en mercados internacionales que podrían ampliar la salida para la producción. El desafío consiste en articular información, inversiones, logística y capacidad industrial para convertir esa demanda potencial en operaciones concretas.

La integración vertical que impulsa Central Puerto se ubica precisamente en ese cruce. La disponibilidad de materia prima constituye una ventaja inicial, pero el paso siguiente requiere transformar ese recurso en productos con mayor valor agregado y colocarlos competitivamente en el mundo.

Para Salvatore, la oportunidad existe, pero exige modificar las condiciones que rodean a la producción. La inversión en capacidad industrial debe estar acompañada por infraestructura, energía, transporte, regulación y mecanismos que permitan sostener proyectos de distintas escalas.

En ese sentido, el proyecto de Santa Rosa funciona como un caso testigo de una discusión más amplia. La Argentina dispone de una base forestal capaz de sostener industrias de mayor escala, pero convertir ese potencial en exportaciones y empleo industrial requiere que la competitividad no termine en la puerta del aserradero.

La conclusión del empresario apuntó justamente hacia allí: el próximo salto del sector no dependerá únicamente de plantar más árboles o instalar más capacidad industrial, sino de construir una cadena capaz de operar con costos competitivos y una agenda común. Para una región que busca ampliar su inserción internacional, la discusión dejó de ser solamente cuánto puede producir la forestoindustria y pasó a ser cuánto valor puede retener antes de que esa madera llegue al mercado global.

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Acon Timber ya procesa 700.000 m³ de madera y reclama bajar el costo logístico

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A dos años del inicio de sus operaciones, Acon Timber alcanzó un ritmo de consumo de madera de alrededor de 700.000 metros cúbicos anuales en su planta de Virasoro, Corrientes, por encima de los 600.000 a 650.000 m³ previstos para la primera etapa. La empresa ya trabaja sobre nuevas inversiones para ampliar su capacidad, pero su principal desafío dejó de estar dentro del aserradero: ahora está en la logística, la energía y los costos que enfrenta para llegar a los mercados internacionales.

El dato fue presentado por Nicolás Crisp durante el encuentro realizado en Posadas por los 80 años de la Asociación Forestal Argentina (AFoA), donde expuso sobre la evolución de la planta y los obstáculos que enfrenta la industria forestal para transformar su potencial productivo en una plataforma exportadora competitiva.

“Como dije recién, a nivel productivo estamos en donde esperábamos estar, ligeramente por arriba”, explicó Crisp en diálogo con Economis. Para esta primera etapa, Acon Timber había dimensionado un consumo de entre 600.000 y 650.000 metros cúbicos de madera por año y actualmente proyecta superar los 700.000 m³.

La operación atraviesa ahora una segunda fase. Después del proceso de puesta en marcha, capacitación y estabilización de la planta, el foco pasó hacia la eficiencia, la productividad, la calidad y, especialmente, la logística, tanto para abastecer de materia prima al complejo como para colocar la producción en el exterior.

La escala permite dimensionar el impacto de la operación. Con un consumo anual superior a los 700.000 m³ de pino, la planta genera alrededor de 350.000 m³ de producto terminado y unas 90.000 toneladas de pellets. El volumen exportador ronda los 900 contenedores mensuales.

La capacidad industrial instalada, sin embargo, tiene margen para crecer. La línea de aserrado fue concebida desde el inicio para consumir hasta 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año. El límite actual aparece en los procesos posteriores, particularmente en el secado y en la disponibilidad de energía y vapor necesaria para acompañar una mayor producción.

Por eso, la siguiente etapa de inversiones contempla nuevos secaderos, calderas y líneas de clasificación, entre otras instalaciones. La compañía ya adelantó parte de ese programa: durante 2025 incorporó siete nuevos secaderos con una inversión aproximada de US$7 millones y durante este año puso en marcha una nueva línea de producción.

La estrategia de Acon Timber, sin embargo, está condicionada por una pregunta que excede las fronteras de la planta: cuánto cuesta producir en Corrientes y cuánto cuesta sacar esa producción hacia los mercados internacionales.

“Puertas para adentro creemos que somos competitivos. Necesitamos esa competitividad tranquera para afuera”, sintetizó Crisp. La distancia es un factor determinante. Desde Virasoro hasta los puertos existe un recorrido cercano a los 1.000 kilómetros, que se transforma en un componente significativo de la estructura de costos.

Para una empresa que exporta el 100% de su producción, la logística no es un elemento accesorio. Es parte del producto que se ofrece al mercado internacional. Un costo adicional de transporte puede determinar si una operación resulta competitiva frente a productores ubicados más cerca de los puertos.

En ese punto, Crisp puso especial atención sobre el desarrollo de alternativas de transporte fluvial y la posibilidad de avanzar con una ley de cabotaje que permita ampliar la oferta logística. “Necesitás opciones y soluciones, oferta logística que venga a retirar esa carga”, sostuvo.

La discusión incorpora a los puertos de la región como parte de una infraestructura productiva que todavía necesita mayor integración. El empresario mencionó las alternativas existentes en Posadas, Ituzaingó y Corrientes, pero remarcó que la clave será contar con una red capaz de retirar grandes volúmenes de producción y conectarlos con los mercados externos a costos competitivos.

El planteo adquiere relevancia porque el crecimiento de las inversiones forestales en Misiones y Corrientes no puede analizarse únicamente desde la capacidad de los aserraderos. Si la producción industrial aumenta pero el costo para trasladarla hasta los mercados permanece elevado, parte de la ventaja competitiva generada en la planta se pierde antes de llegar al puerto.

Crisp también señaló otros costos menos visibles que impactaron sobre el proyecto una vez que comenzó a operar. Entre ellos ubicó la burocracia asociada al comercio exterior, la cantidad de documentación requerida para cada operación, los tiempos vinculados con Aduana y las dificultades para recuperar saldos de IVA derivados de las inversiones.

“Es difícil exportar desde Argentina”, planteó. Según explicó, todavía existen numerosos pasos y documentos en las operaciones de comercio exterior, algunos de ellos en formato papel, además de procesos que demandan tiempo para recuperar créditos fiscales.

Para una inversión de esta escala, esos tiempos también tienen una dimensión financiera. Los recursos inmovilizados durante períodos prolongados elevan el costo efectivo del proyecto y afectan la capacidad de las empresas para continuar invirtiendo.

El diagnóstico de Acon Timber coincide con una de las principales discusiones que atraviesan actualmente a la forestoindustria regional: el desafío ya no es demostrar que existe materia prima ni capacidad industrial, sino generar las condiciones para que esa producción pueda competir en igualdad de condiciones en el mundo.

“Necesitamos generar un entorno más competitivo que nos permita ser más competitivos como sector y como país”, sostuvo Crisp. La empresa compite directamente en mercados internacionales y, una vez que la producción llega al puerto, enfrenta reglas similares a las de otros exportadores. La diferencia se juega antes, en el costo de llegar hasta allí.

La escala de Acon Timber también plantea una oportunidad para el conjunto de la cadena. La empresa estima que tiene capacidad técnica para duplicar su volumen de producción, aunque para hacerlo deberá completar inversiones en etapas posteriores, particularmente en generación de energía y vapor, secado y otros procesos industriales.

El empresario considera que el potencial no se limita a las grandes inversiones. La mejora de las condiciones logísticas puede modificar también la ecuación de los pequeños y medianos aserraderos de Misiones y Corrientes y, hacia atrás, generar incentivos para aumentar la producción forestal.

“Una vez que estás en el puerto las reglas son las mismas para todos”, explicó. Si se consigue reducir el costo de llegar hasta ese punto, la mejora puede trasladarse a toda la cadena: desde la industria de transformación hasta el productor forestal que decide volver a plantar.

Ese es, precisamente, el salto que todavía debe dar la región: pasar de un sector con potencial a una plataforma forestal exportadora integrada. Para Crisp, el camino requiere eficiencia dentro de las fábricas, pero también infraestructura, energía, simplificación administrativa y alternativas de transporte que permitan conectar la producción del NEA con el mundo.

La experiencia de Acon Timber muestra que la inversión privada puede anticiparse y asumir el riesgo de instalar capacidad industrial a gran escala. Pero también expone el límite de esa estrategia cuando los costos externos a la fábrica reducen la competitividad del proyecto.

El próximo capítulo de la forestoindustria regional, por lo tanto, no se definirá solamente dentro de los aserraderos. Se jugará también en los puertos, las rutas, los sistemas de transporte, la energía y las reglas que determinan cuánto cuesta exportar. Si esas variables logran alinearse, la capacidad industrial instalada en Misiones y Corrientes puede dejar de ser solamente una promesa de desarrollo y convertirse en una plataforma sostenida de exportaciones, empleo e inversión.

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