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Derechos humanos en los tiempos de la IA: las granjas de bots y el riesgo de la verdad y la transparencia en los procesos electorales

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¿Con quiénes discutimos en las redes sociales?

Una granja de bots es una red de dispositivos, programas o secuencias de comandos que operan de forma automática para controlar miles de cuentas falsas. Su objetivo principal es simular actividad humana masiva para manipular la opinión pública, inflar métricas de interacción o difundir contenidos en redes sociales.

Cómo funcionan

Controlan cientos o miles de perfiles digitales de forma coordinada.

Obligan a los sistemas de plataformas como X, Instagram o TikTok a destacar ciertos temas o etiquetas (hashtags).

Hacen creer que una idea o un candidato tiene un apoyo social mucho mayor al real.

Sin lugar a dudas, y como lo venimos sosteniendo en varios artículos, el avance de la IA y los riesgos de los derechos humanos son cada vez más evidentes.

Usos habituales

Política: campañas electorales para instalar relatos o atacar adversarios.

Comercio: compra y venta de seguidores, visualizaciones y «me gusta» para empresas o marcas.

Ya no somos espectadores y nos encontramos ante una verdadera crisis. Y, sin dudas, necesitamos no solo una regulación, sino una alfabetización digital que incluya al menos:

Conocer la infraestructura de las granjas.

Determinar las identidades «sintéticas».

Verificar los modelos que aparecen falsamente en las redes.

Si bien debemos decir que la IA no cambia el voto de la gente, lo cierto es que trabaja y modifica absolutamente la percepción de la sociedad, desde un debate hasta la posición sobre algún conflicto (ej.: hacer una represa). Es decir que la influencia puede llegar a ser tan grande que puede modificar cualquier decisión, no solo de los gobiernos, sino también de la sociedad al momento de emitir su opinión o voto.

Estos modelos no intentan censurar abiertamente, sino a través de fake news, notas falsas o likes inexistentes.

Está probado, además, cómo los sesgos de la IA amplifican cuestiones absolutamente discriminatorias de minorías religiosas, sexo y razas, y son generadores de campañas de odio que pueden provocar en 30 minutos.

Las empresas de redes sociales emplean sistemas de recomendación basados en la interacción de los usuarios con sus plataformas y el tiempo que pasan en ellas, con el objetivo de maximizar los ingresos publicitarios y, obviamente, la política se ha mechado en ellos.

Estas dinámicas pueden conducir a una mayor exposición a la desinformación de dos maneras, y los algoritmos construidos en torno a métricas basadas en la popularidad son vulnerables a la manipulación por parte de los bots sociales.

1.- La IA generativa es muy económica en relación con el costo/beneficio. 2.- Con una excesiva velocidad. 3.- Desconocemos si el debate es con un bot o una persona.

Los derechos humanos nacieron para proteger a los ciudadanos ante los excesos de los Estados y, en este nuevo escenario, nos encontramos en la era de la inteligencia artificial, donde no existe el cinturón de seguridad.

Mientras en Europa ya existe normativa al respecto y Brasil está discutiendo un marco normativo, en Argentina lo vemos como si fuéramos meros espectadores y no protagonistas o víctimas, que es peor.

Hoy, una granja de bots puede ser operada por una sola persona: hasta 5.000 perfiles y con modismos de la región.

¿Quién entrena a los bots para que la IA hoy pueda revisar tu perfil, tu CV, tus pensamientos y tu ideología antes de conseguir un trabajo?

Sin dudas, estamos frente a la más grande vulneración de nuestros derechos humanos y a vivir en un Estado de derecho.

En Argentina no existe autoridad de aplicación de cuestiones relativas a la IA, ni tampoco la obligación de preservar a los menores de edad, la existencia de filtros de belleza o la obligación de destacar que el contenido fue realizado con IA.

La falta de regulación no es neutralidad: es una decisión política que beneficia a unos pocos.

Lo básico que deberíamos reclamar quienes defendemos los DD. HH. y como ciudadanos, básicamente, es:

Transparencia.

Auditoría y responsabilidad de las plataformas.

Alfabetización digital ciudadana.

Protección a las minorías.

Argentina fue un país que estuvo siempre a la vanguardia de la defensa de los DD. HH., con lo cual debemos meternos de lleno en esta nueva etapa, que va a ser decisoria para sostener a nuestra democracia, y empezar a abordarla con seguridad y responsabilidad.

La responsabilidad es del Estado.

Si no lo hace la Nación, pues deberemos las provincias proteger nuestros derechos legalmente.

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Las líneas entre pasado y presente

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La frase que utilizó el gobernador Hugo Passalacqua en su discurso de homenaje al general José de San Martín, fue pensada minuciosamente para trazar una línea entre el pasado y el presente. “San Martín era un patriota, pero también era un hombre de libertades, que no podía convivir con un sistema monárquico. Esa voluntad de libertad de San Martín está asociada al fin del absolutismo. ¿Qué es el absolutismo? Es creerse que uno es dueño de todo, el Estado soy yo. Luis XIV, y l’État c’est moi. Yo soy el Estado. Yo decido qué tenés que decir y qué no tenés que decir, qué pensar y qué leer, quien crece y quien no. Yo decido porque soy yo, soy el absoluto. San Martín peleó contra ese absoluto, entregó su vida para que no vuelva ese absoluto. Esa voluntad de libertad para algo, no libertad para que el opresor ponga el pie sobre el oprimido”. 

La frase describe lo que se quiere dejar atrás. El uso del francés es un dardo con un único destinatario. Detrás de él, en el escenario armado en la localidad de San José, por donde alguna vez pasó el general Manuel Belgrano en su periplo hacia Paraguay, observaban callados Oscar Herrera Ahuad y Maurice Closs, dos ex gobernadores que le dan sustento al Movimiento por lo que Viene, que contiene hoy a casi la totalidad de los intendentes de la ex Renovación, a 18 diputados del mismo espacio y a cuatro diputados nacionales y dos senadores. 

Casi nadie queda del lado de Encuentro Misionero, el espacio que Carlos Rovira pensó como sucesor de la Renovación. Por estas horas nadie sabe si el diputado aceptará mansamente el forzado retiro a cuarteles de invierno o si estará dispuesto a dar una última batalla. En la sesión del último jueves, en la que reapareció después de dos meses, su presencia no pasó inadvertida y no ahorró picardía política: se tomó el trabajo de saludar a cada diputado cercano y buscó la fotografía en la que un par de ellos lo reciben calurosamente. Uno de ellos era Juan José Szychowski, el presidente del bloque de la nueva primera minoría que apenas una semana antes había cuestionado su ausencia con severidad exacerbada.

Sin embargo, en el Gobierno consideran  que ya no importa qué haga Rovira. Ahora el foco estará puesto en la gestión, que, sostienen las principales espadas en el gabinete, comienza a diferenciarse con nitidez de la etapa anterior. 

El ejemplo más cercano que exhiben es el resultado conseguido en la negociación con el ministro de Economía, Luis Caputo, para recuperar tarifas eléctricas subsidiadas. Fue el debut en primera línea del nuevo presidente de Energía de Misiones, Julio César Barreto, uno de los intendentes elegidos para nutrir el equipo de la gestión Passalacqua. El ex intendente de Montecarlo representó a Misiones en la mesa de negociaciones en la que las provincias del Norte consiguieron recuperar una reivindicación que se sentirá en el bolsillo. El principio de acuerdo contempla modificar los actuales bloques de consumo subsidiado y establecer un régimen específico para las zonas cálidas: hasta 500 kWh mensuales durante los seis meses de mayores temperaturas y 300 kWh durante el resto del año.

La estimación de Energía de Misiones es que, con esos parámetros, más del 70% de los usuarios residenciales de la provincia quedarían alcanzados por el beneficio.

La discusión tiene un trasfondo económico considerable. En los últimos dos años y medio, el costo de la energía aumentó alrededor de 423%, como consecuencia de la recomposición del precio mayorista y la reducción de los subsidios nacionales.

Sin embargo, ese incremento no fue trasladado completamente a las facturas.

El Gobierno provincial absorbió durante ese período más de 300 puntos porcentuales del aumento, mediante distintas herramientas y decisiones tarifarias. De esa manera, mientras el costo de abastecimiento trepó más de cuatro veces, el incremento acumulado que terminó llegando a usuarios residenciales, comercios e industrias rondó el 100%.

Barreto le dijo a Economis que la estimación más optimista es que el impacto económico pueda comenzar a verse dentro de los próximos 45 a 60 días. El calendario no es un detalle. Si los plazos se cumplen, el nuevo esquema podría comenzar a operar cerca del inicio del período de mayor demanda eléctrica en Misiones, cuando las altas temperaturas vuelven a empujar los consumos hacia arriba.

Hay otros elementos que muestran una diferenciación con la orientación política previa. Uno será la salida de Héctor Llera de la presidencia de Marandú, la empresa tecnológica misionera. 

Otros tienen un impacto mucho mayor. El Gobierno dejó de comprar bioinsumos a Agro Sustentable la empresa presidida por Joaquín Basanta, socio de Augusto Marini -dueño de los canales de streaming Blender y Carajo y de la aplicación AlegraMed, que también será dada de baja– que se instaló en el Parque Industrial de Posadas al calor de la ley que prohibió el uso del glifosato en Misiones. Esa ley, cuestionada por las entidades productivas, será ahora modificada en su artículo clave: el 7, que impone la prohibición total del uso del herbicida glifosato, sus componentes y derivados en toda la provincia de Misiones. La redacción original fijaba el inicio de la prohibición tras un período de transición, pero ante los reclamos del sector productivo, la aplicación sufrió postergaciones hasta 2030. Ahora la prohibición recién comenzará a regir cuando se encuentre un sustituto probado. La ley generaba un conflicto, particularmente con las condiciones de los países a los que Misiones exporta té, que no permiten fertilizantes amigables con el ambiente que no tengan sellos o certificaciones, lo que no fue tenido en cuenta originalmente. 

La política fiscal también tendrá un capítulo de diferenciación. Comenzó con el fin de la mal llamada “aduana paralela” -que provocó un abrupto corte en el flujo de recaudación en momentos de escasez de recursos-, siguió con la eliminación de retenciones automáticas en billeteras digitales, transferencias bancarias y operaciones financieras. Se está trabajando en un mecanismo de precisión para desactivar la bomba de los saldos a favor y puede haber novedades en patentes, para emparejar la situación con provincias cercanas. 

Sentido común”, repiten en el Gobierno, como la cualidad que identifica al nuevo tiempo.  

La situación, claro, no está para grandilocuencias. Misiones perdió 814 empresas en el último año y 6.546 empleos registrados. Desde que asumió Javier Milei, Misiones acumula una pérdida de 12.324 empleos (-11,3% vs. noviembre de  2023). La obsesión es cuidar y recuperar el empleo. Claro está que no depende solo de la voluntad política local. En el país entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se redujo la cantidad de empleadores en 30.633 casos (33,5 por día). En el mismo período, se perdieron 411.613 puestos de trabajo registrados en unidades productivas (-4,18%), 450 puestos por día.

El sentido común que busca recuperarse en Misiones, parece estar ausente en la Nación. El presidente Javier Milei afirmó que “el sector privado formal está igual” y puso en duda el cierre de empresas: “Es muy deshonesto mirar solo las que cierran. Es cierto que desaparecen empresas, pero son de una sola persona”.

Pero los datos oficiales dicen otra cosa. Hay 30.000 empresas menos, incluso después de contabilizar las nuevas aperturas. Y si se pretendiera explicar esa caída con el argumento -casi exótico- de que cierran firmas de un empleado mientras nacen otras con planteles de diez trabajadores, esa supuesta transformación debería reflejarse en una expansión del empleo registrado. Los datos -nuevamente, los oficiales- muestran exactamente lo contrario.

Pero el Presidente parece decidido a vivir la realidad de acuerdo a sus propios datos. Milei asoció la morosidad récord en las familias argentinas con la venta de televisores para el Mundial. “Compraron y dejaron de pagar”, tira. 

La mora crediticia de las familias argentinas permaneció en 12,8% en junio, conforme a los datos publicados por el BCRA. En la comparación interanual pasó de 5,1% a 12,8%, lo que representa un incremento de 7,7 p.p. (+151%).

La mora llegó a los 19 meses de suba y los últimos datos son de junio 2026, el mes del Mundial. El pico de venta de televisores fue en mayo, con más de 40% de aumento interanual, pero quienes compraron en esa época todavía no pueden estar atrasados por falta de tiempo. Y el dato, no menor… Este fue el mundial en el que se vendieron menos televisores de los últimos tres, según datos del mercado. 

No es el único consumo que cae. En junio de 2026, las ventas en los grandes supermercados registraron un descenso real del 3,1% interanual, la sexta baja

consecutiva. 

En Misiones, las ventas totalizaron $ 27.274 millones en mayo de 2026 y en relación con igual mes del 2025 mostraron una caída del 7,3% real, la décimo cuarta consecutiva, aunque crecieron mensualmente 5,6% respecto a mayo.

El escenario económico será clave para definir el político. El Gobierno confía en que la contención de la inflación alcanzará para sostener la reelección presidencial, pero es el único dato que sustenta ese sueño, ya que el desempleo y la pérdida de ingresos comienzan a hacerse sentir en cada encuesta. 

La oposición busca rearmarse sin demasiada coherencia por ahora. El peronismo logró una foto de unificación, con Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, pero no parece alcanzar para aplacar la interna. Sin embargo, el peronismo comenzó a mover sus alfiles. Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel, Juan Manuel Olmos, Federico Achával y Emir Félix llegaron a Misiones para mantener una reunión de trabajo con el partido y avanzar sobre una agenda que combina intereses provinciales, producción regional y posicionamiento político. La foto con el gobernador Hugo Passalacqua no pasó desapercibida y marca el distanciamiento del misionero con las huestes libertarias, más a gusto con la conducción de Rovira. 

Tolosa Paz, Michel y Félix manifestaron su disposición a acompañar el proyecto impulsado por Herrera Ahuad para reducir el IVA sobre la harina y la fécula de mandioca, además de sostener el reclamo por una emergencia para la producción yerbatera, uno de los sectores centrales de la economía misionera “La gente no se equivocó en 2023. Los equivocados fuimos nosotros”. La frase, pronunciada por Olmos durante el encuentro del peronismo federal en Posadas, condensa una admisión de responsabilidad por el triunfo libertario y el esbozo de una autocrítica necesaria. 

Ese diagnóstico tiene una consecuencia inmediata: no alcanza con esperar el desgaste de Milei. Michel, diputado nacional y uno de los dirigentes que busca darle forma a una construcción peronista federal, lo puso en otros términos. “El peronismo todavía es visto como oposición, no como alternativa”. Y mientras permanezca en ese lugar, puede acumular críticas pero no necesariamente votos. La salida que propone es bastante menos épica y mucho más difícil: volver a hablar con la gente.

El PRO también coquetea con la idea de un revival. Mauricio Macri sondea la posibilidad de una alianza con los libertarios. Pero el senador Martín Goerling, quien asumió la presidencia del partido en Misiones, prefiere una propuesta autónoma. Se anota también en la carrera por la gobernación, en soledad o con un frente amplio. 

Habrá que ver con quien. El radicalismo es la alianza obvia, pero también está buscando su propio frente, al que imaginan integrado al diputado Ramón Amarilla. Pero el ex comisario dice que no se casa con nadie y que, si hay alianza, será él quien la encabece. Los libertarios todavía no se definen. El ex tenista Diego Hartfield pica en punta, pero Adrián Núñez busca sumar la pata empresaria antes de definir candidatos.

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Dos velocidades: la economía que exporta y la economía que consume

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Hay una imagen que empieza a repetirse con demasiada frecuencia en la economía argentina: mientras algunos sectores alcanzan récords, otros siguen acumulando caídas. Misiones ofrece hoy uno de los ejemplos más claros de esta economía a dos velocidades y particularmente esta semana volvimos a ver, con datos, la manifestación de este escenario.

Por un lado, las exportaciones misioneras atraviesan un momento excepcional. Misiones viene marcando máximos históricos tanto en montos como en cantidades exportadas y sostiene su liderazgo dentro del NEA, con una estructura donde tienen un peso significativo las manufacturas y la agregación de valor. El perfil exportador misionero se diferencia fuertemente de las otras provincias de la región justamente por su agregado de valor, que redunda no solo en mayores cantidades sino también en mejores precios. Esto es la consecuencia de contar con un esquema económico mucho más fuerte en términos de productividad en comparación con otras provincias de la región. 

Sin embargo, del otro lado, el mercado interno muestra una realidad completamente diferente. Por caso, en junio las ventas en supermercados de Misiones cayeron 7,3% interanual en términos reales (la decimocuarta caída consecutiva) y acumularon una baja del 10,4% durante el primer semestre. La demanda interna es justamente lo que explica este fenómeno: el 63,6% de los empresarios relevados por INDEC dicen que el factor relevante de la baja de ventas es la falta de demanda interna, cuando hace tres meses ese número era del 57,3%. 

No se trata simplemente de dos datos que evolucionan en direcciones opuestas. Lo verdaderamente relevante es que la distancia entre ambos mundos parece ampliarse mes a mes. La economía que vende hacia afuera encuentra mercados, demanda y oportunidades de crecimiento. La economía que depende del bolsillo de los argentinos enfrenta, en cambio, un consumidor que sigue restringiendo sus compras. El resultado es una recuperación profundamente desigual, donde el crecimiento de determinados sectores no necesariamente se traduce en una mejora equivalente de la actividad cotidiana.

Esto tampoco es exclusivamente un fenómeno misionero, sino que es una característica cada vez más visible de la economía argentina. El sector externo puede mostrar una dinámica muy positiva mientras el consumo masivo, el comercio y buena parte de las actividades orientadas al mercado doméstico permanecen rezagados.

La diferencia está en la demanda. Exportar significa encontrar consumidores en otros mercados, mientras que el consumo interno depende de salarios, empleo, crédito, expectativas y capacidad de compra. Naturalmente, cuando esos factores no acompañan, la recuperación del frente externo puede convivir perfectamente con góndolas que venden menos. También esta misma semana, a la par que se conocieron récords de exportación, el INDEC informó que el salario del sector privado registrado cayó 3,0% interanual y -2,6% en el sector público, acumulando una baja desde que asumió Milei del -3,6% para el privado y del -16,5% para el público.

¿La merma de un lado invalida lo positivo del otro? Para nada. Lograr niveles récords exportadores es una excelente noticia debido no solo a que se genera divisas, sino que sostienen parte de la actividad productiva, abren mercados y muestran que existen sectores capaces de competir internacionalmente. El problema es que no alcanzan, por sí solos, para desarrollar una dinámica económica que incluya a todos en el tren del desarrollo. Dicho de otro modo: una provincia con alto perfil exportador es necesaria, pero no es suficiente. Al final del día lo que verdaderamente inquieta en términos de análisis económico es, en el marco de la economía heterogénea, responder a la pregunta de quiénes están creciendo y quiénes están quedando afuera, aunque la respuesta parecería ser obvia.

Aun en este contexto, podemos ser optimistas y optar por la filosofía de mirar el vaso medio lleno. En el costado del frente exportador, la ratificación misionera de su liderazgo en el NEA pero, más aún, su consolidación como provincia manufacturera es altamente relevante para comprender que, con los incentivos correctos, la matriz productiva misionera todavía tiene mucho para crecer y, en ese contexto, tiene mucho para dar en términos de empleo, remuneraciones y derrame sobre otras cadenas productivas. 

En relación con el consumo, aunque el dato general fue negativo, se pueden rescatar algunas cosas: en primer lugar, el consumo en productos de almacén creció 3,2%, revirtiendo la caída del mes anterior fue mayor al 10%. Esto es relevante dado que se trata de la canasta más voluminosa en el caso provincial y que está compuesta, mayoritariamente, de productos de primera necesidad. En segundo lugar, se destaca que las ventas de junio crecieron casi 6% comparado con mayo, lo cual es relevante pensando en una eventual recuperación y julio, con mayor impacto del pago de medio aguinaldo, podría continuar la tendencia. 

Así las cosas, el desafío entonces no pasa por elegir entre exportaciones o consumo interno, sino por lograr que ambas velocidades comiencen a converger. Los récords exportadores muestran que Misiones tiene capacidad productiva, competitividad y margen para crecer, mientras que la recuperación del consumo todavía aparece como la variable pendiente. Los primeros datos de junio y las señales de julio permiten mantener cierto optimismo, pero será necesario que la mejora del frente externo empiece a traducirse en mejores ingresos, más empleo y mayor demanda interna. 

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No pasarás: Palantir, Thiel y la Argentina de Milei en disputa

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Peter Thiel llegó a la Argentina para hacer negocios y se encontró con Gandalf. No con uno: con varios. Disfrazados, con túnicas y bastones, unos manifestantes lo recibieron con una bandera que decía “You shall not pass”. Debajo, una expresión “no oficial” y bien argentina: un insulto de esos que Tolkien jamás imaginó para la Tierra Media.

La escena era graciosa. Casi absurda. Pero también era una síntesis bastante precisa de lo que está en discusión.

Porque Thiel no es solamente un millonario de Silicon Valley que decidió mirar hacia el sur. Es el fundador de Palantir, la empresa cuyo nombre remite a las piedras videntes de Tolkien: objetos capaces de observar a distancia y convertir información en poder.

Y ahí conviene detenerse.

Cómo ya dijimos, ¿Palantir es una piedra que ve y habla?

La pregunta, entonces, no es solamente qué puede ver. Es quién mira, qué ve y para qué.

El periodista Alejandro Bercovich viene siguiendo precisamente esa dimensión del desembarco de Thiel y su vínculo con Javier Milei: no sólo la inversión y los negocios, sino la posibilidad de que la Argentina se convierta en una suerte de laboratorio político, económico y tecnológico.

Y ahí aparece la primera paradoja.

El Gobierno presenta la llegada de capitales como una demostración de confianza internacional. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿qué clase de país estamos construyendo para que esos capitales quieran venir?

Porque Thiel no llega a una Argentina cualquiera.

Llega a la Argentina de Milei: un país que abrió de par en par las puertas a los capitales extranjeros, que convirtió Vaca Muerta en uno de los grandes objetos de deseo de los inversores y que hizo de la desregulación una bandera.

Pero también llega a una Argentina donde las PyMEs salen a la calle para denunciar que están siendo asfixiadas; donde los hogares se endeudan para sostener el consumo; donde crece la morosidad y donde los salarios aparecen entre las principales preocupaciones de la sociedad.

Una Argentina que ofrece oportunidades extraordinarias hacia arriba mientras la presión se acumula hacia abajo.

El “Mapa de la Deuda”, de Delfina Rossi y su equipo, (https://mapadeladeuda.ar/) permite ver aquello que las grandes cifras macroeconómicas suelen esconder: el endeudamiento no es solamente un dato financiero. Está en la tarjeta, en el préstamo, en la cuota y en la familia que llega a fin de mes pateando una deuda hacia el siguiente.

Mientras una Argentina se endeuda, otra discute cómo atraer más capital.

No necesariamente hay contradicción. El problema es quién queda de cada lado de la ecuación.

Una economía puede resultar extraordinariamente atractiva para quien viene a comprar activos, energía, tierras, empresas o datos y, al mismo tiempo, volverse cada vez más difícil para quien vive de un salario.

Ahí la palabra colonia deja de sonar como una provocación literaria.

Ya no hacen falta barcos ni uniformes.

Hay deuda. Hay recursos naturales. Hay tecnología. Hay plataformas. Hay datos. Hay capital financiero. Y hay gobiernos dispuestos a presentar todo eso como sinónimo de libertad.

No es casual que, mientras discutimos el desembarco de Thiel y el poder de Palantir, León XIV haya advertido sobre el riesgo de que la inteligencia artificial se convierta en una nueva forma de colonialismo económico o ideológico.

La advertencia puede venir del Vaticano. La pregunta, sin embargo, es bastante más terrenal:

¿Quién controla la tecnología?

¿Quién controla los datos?

¿Quién controla los recursos?

Y, finalmente, quién controla las decisiones?

Por eso los Gandalfs dejan de ser una anécdota simpática.

Su “no pasarás” adquiere otra dimensión.

Y mientras los Gandalfs ponen humor a una discusión muy seria, la realidad económica empieza a poner nervioso al establishment.

La división frente a Milei ya no es una fantasía opositora. Sectores empresarios empiezan a discutir públicamente si la recesión puede terminar poniendo en riesgo aquello que hasta ahora valoraban del Gobierno: el famoso orden macro.

Eso es bastante más significativo que cualquier encuesta.

Porque cuando quienes apoyan un modelo empiezan a preguntarse si el conductor del modelo puede terminar poniendo en peligro sus propios objetivos, algo empieza a romperse.

Y la respuesta presidencial parece ser siempre la misma: mirar hacia otro lado.

Si hay endeudamiento, la culpa es del endeudado.

Si cae la natalidad, aparecen los “pañuelitos”.

Si hay críticas, aparecen los periodistas.

Si hay problemas políticos, aparecen los enemigos.

Si hay dificultades económicas, aparece otro culpable.

Y cuando la explicación económica no alcanza, la batalla cultural viene al rescate.

La realidad, otra vez, resulta bastante menos obediente que el relato.

El Presidente que prometió gobernar contra “la casta” empieza a tener problemas incluso con sectores del poder económico que deberían sentirse cómodos con su programa.

Las PyMEs marchan.

Los empresarios se preocupan.

El establishment se divide.

Los hogares se endeudan.

Y el Gobierno responde con insultos.

En ese paisaje aparece también Fernando Cerimedo, operador político y digital ligado a la campaña de Milei de 2023, aportante registrado por 28 millones de pesos y ahora detenido en Bolivia en el marco de una causa gravísima: intento de femicidio y, además, corrupción a gran escala.

El hombre que alguna vez fue suficientemente cercano como para formar parte del dispositivo político y comunicacional del presidente boliviano Rodrigo Paz y del propio Javier Milei, ahora parece transformarse en una figura de la que conviene tomar distancia. Pasó lo mismo cuando fue acusado de ser cómplice del intento de golpe de estado en Brasil para tratar de impedir que Lula asuma como presidente.

El viejo “yo no fui”.

Una curiosa costumbre de la política libertaria: los vínculos son sólidos mientras sirven y perfectamente inexistentes cuando dejan de ser convenientes.

Pero hay algo que no puede borrarse con un tuit.

La piedra habla.

Habla la deuda.

Hablan las PyMEs.

Hablan los salarios.

Hablan las persianas bajas.

Habla la morosidad.

Habla el establishment cuando empieza a preocuparse.

Y hablan los datos.

La última encuesta de la Universidad de San Andrés registra 35% de aprobación y 61% de desaprobación para el Gobierno, mientras ubica entre los principales problemas del país la falta de trabajo, los bajos salarios, la corrupción y la pobreza.

La piedra puede mostrar el mundo desde lejos.

Pero hay algo que no puede hacer.

No puede votar por nosotros.

No puede pagar nuestras cuotas.

No puede abrir una fábrica cerrada.

No puede sostener una PyME.

No puede recuperar un salario.

No puede vivir en una casa endeudada.

Eso lo hacen —o lo padecen— las personas.

Por eso quizá la escena más importante de estos días no ocurrió en Silicon Valley ni en una reunión de empresarios.

Ocurrió en la calle.

Unos argentinos disfrazados de Gandalf levantaron un bastón y le dijeron a uno de los hombres más poderosos de la tecnología mundial:

No pasarás.

Y quizá, sin proponérselo, estaban diciendo algo mucho más grande.

Que una sociedad no es un territorio vacío esperando inversiones.

Que los recursos no son solamente activos.

Que los datos no son solamente mercancía.

Que la tecnología no es neutral.

Y que la libertad no consiste en abrir todas las puertas para que entren los poderosos y después pedirle al que quedó adentro que agradezca.

Porque la discusión que empieza a aparecer detrás de Thiel, Palantir, Milei, Vaca Muerta, la deuda, las PyMEs y la inteligencia artificial es, en definitiva, qué Argentina queda después de que todos los que quieren verla desde lejos terminen de mirarla.

Y ahí sí.

No pasarás.

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El show debe continuar, aún después de muertos…

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La industria de los shows póstumos mueve cientos de millones de dólares. En marzo de 2026, seis funciones del holograma de Gustavo Cerati se agotaron en minutos en el Movistar Arena. El anuncio fue deliberadamente ambiguo: “No es tributo. No es homenaje. Es Soda, en vivo.” La pregunta que el negocio no quiere responder: ¿en vivo quién?

Es Soda, en vivo. Soda = Vanguardia.”

La palabra que faltaba era “holograma”. Fue omitida de manera deliberada. Y funcionó: las entradas para las seis funciones del Movistar Arena (21 y 22 de marzo, 6 de abril, 4, 10 y 11 de junio de 2026) se agotaron en cuestión de días. Decenas de miles de personas pagaron para ver a Gustavo Cerati en el escenario. Cerati murió el 4 de septiembre de 2014.

Nadie fue engañado. Todos lo sabían. Y fueron igual.

Eso dice algo sobre la industria y algo todavía más interesante sobre nosotros.

Los shows póstumos son uno de los negocios de mayor crecimiento en la industria del entretenimiento. La gira de Roy Orbison, fallecido en 1988, recaudó más de 35 millones de dólares. La de Whitney Houston recorrió Europa y Estados Unidos con 54 funciones entre 2020 y 2022. El holograma de Tupac Shakur en Coachella 2012 acumuló 15 millones de visualizaciones en YouTube en 48 horas y disparó las ventas del catálogo del rapero. 

Técnicamente ninguno de esos eventos fue un holograma real, todos usaron el “Pepper’s Ghost”, un truco de ilusionismo del siglo XIX que proyecta una imagen en una pantalla traslúcida inclinada. Pero la percepción del público fue la de una resurrección. Y esa percepción es el producto.

La tecnología mejoró exponencialmente desde aquel Coachella. La IA generativa permite hoy reconstruir voz, movimiento y expresión de un artista con una fidelidad que hace diez años era imposible. No se trata solo de proyectar una imagen archivada: es posible generar nuevas actuaciones, nuevas canciones, nuevas interacciones con el público usando el material que el artista dejó en vida como base de entrenamiento.

Eso abre un territorio que la industria está explorando mucho más rápido que lo que la ética, y la ley,  puede seguirle el paso.

Tupac Shakur

†1996

Primera aparición masiva. Coachella 2012, junto a Snoop Dogg y Dr. Dre. 90.000 presentes. 15 millones de visualizaciones en 48 horas. Disparó las ventas de su catálogo. Técnica: Pepper’s Ghost. Su patrimonio lo controla un fideicomiso familiar.

El holograma de Tupac Shakur en Coachella 2012

Michael Jackson

†2009

Billboard Music Awards 2014, performance digital de “Slave to the Rhythm”. Los herederos controlan el patrimonio y autorizan los usos. Catálogo valorado en más de 2.000 millones de dólares al momento de su muerte.

Whitney Houston

†2012

Gira internacional “An Evening With Whitney”, 54 funciones en Europa y EE.UU. Aprobada por su familia. Producida por Base Hologram. Su holograma “compartió” escenario con Christina Aguilera en The Voice — la familia pidió que no se transmitiera por la calidad visual.

CRISTINA AGUILERA Y EL HOLOGRAMA DE WITHNEY HOUSTON

Gustavo Cerati

†2014

“Soda Stereo Ecos”, Movistar Arena, Buenos Aires. Seis funciones agotadas en minutos. Primera vez que Argentina vive este fenómeno a escala masiva con un artista propio. La familia y los miembros sobrevivientes de la banda dieron su aprobación. El anuncio evitó deliberadamente la palabra “holograma”.

Amy Winehouse

†2011

Gira programada para 2019, cancelada. Base Hologram encontró “ciertas dificultades y sensibilidades”  probablemente relacionadas con la naturaleza pública de su muerte por adicciones. El caso más claro de que no todo artista fallecido es igualmente “hologramable” sin costo reputacional.

El negocio tiene una lógica que se entiende fácilmente: un artista fallecido no cobra, no se niega, no tiene caprichos creativos, no pide renegociar el contrato y no envejece. El catálogo sigue generando royalties. El patrimonio lo gestionan herederos o fideicomisos que, en muchos casos, tienen incentivos económicos muy claros para autorizar estas producciones.

Pero el dinero es solo la capa más visible del problema. Debajo hay preguntas que la industria prefiere no formular porque no tienen respuesta cómoda.

LAS PREGUNTAS QUE EL NEGOCIO EVITA

¿Cerati hubiera querido volver al escenario de esta manera? ¿Quién decide cómo suena, cómo se mueve, qué canciones canta un artista que no puede opinar? ¿Los herederos tienen derecho a tomar esas decisiones? ¿Y si el artista se hubiera negado en vida?

La dimensión legal es un territorio en construcción. En Argentina no existe regulación específica sobre el uso de la imagen y la voz de personas fallecidas con fines comerciales mediante IA. En Estados Unidos, algunos estados como California y Tennessee aprobaron leyes que protegen la “personalidad digital” de los artistas, pero la regulación federal es inexistente. En Europa, el Reglamento de IA de 2024 tiene previsiones generales sobre deepfakes pero no aborda específicamente el uso comercial de artistas fallecidos.

El vacío legal es conveniente para la industria. Y la industria lo sabe.

Hay una dimensión más filosófica que los análisis de mercado raramente incluyen. Cuando Cerati tocaba en vivo, había algo impredecible en cada función. Un error de guitarra corregido al vuelo. Una improvisación que nunca se repetiría. Una mirada al público en el momento exacto. La imperfección y la contingencia eran parte del evento. Eso es lo que hace que un recital sea irrepetible y lo que justifica el precio de la entrada.

El holograma de Cerati es perfecto. Hace exactamente lo que fue programado para hacer, en el orden exacto, con la misma entonación, el mismo gesto, el mismo silencio antes del estribillo. Noche tras noche. En las seis funciones.

¿Es eso un recital? ¿O es una experiencia museística muy cara?

El filósofo Walter Benjamin escribió en 1935 sobre “el aura” (si, el concepto existe mucho antes de la actualidad en la que se la “farmea”) de la obra de arte original esa cualidad irrepetible que la copia mecánica destruye. Su argumento era sobre la fotografía y el cine. Nunca imaginó un concierto. Pero la pregunta que planteó es exactamente la misma: ¿qué pierde la experiencia artística cuando puede reproducirse con perfecta fidelidad? La respuesta que la industria de los shows póstumos no quiere escuchar es que lo que se pierde es precisamente lo que hacía que valiera la pena estar ahí.

Y sin embargo. Las seis funciones de Soda Stereo se agotaron. Hay algo en la demanda que no puede descartarse simplemente como un engaño masivo o como nostalgia mal procesada.

Tal vez sea esto: la muerte de alguien que amabas, un músico cuya voz fue la banda sonora de momentos que no olvidás, deja un duelo que nunca termina de cerrarse. La industria de los shows póstumos no vende tecnología. Vende una ilusión de continuidad. La posibilidad de estar, una vez más, en el mismo espacio que esa voz. De sentir que el tiempo no pasó del todo, o que pasó de una manera que no tiene que ser definitiva.

Eso no es un negocio menor. Es uno de los negocios más humanos que existen: el de la negación de la pérdida.

La pregunta que queda, entonces, no es si la industria va a seguir haciéndolo. Va a seguir, y va a crecer, porque la tecnología se abarata y la demanda no desaparece. La pregunta es bajo qué reglas.

¿Quién decide qué canciones canta el holograma de un artista que murió antes de poder opinar?

¿Quién controla cómo evoluciona su imagen digital en los próximos veinte años?

¿Puede la IA generar una canción “nueva” de Cerati  con su voz, su estilo, sus influencias  y venderla como parte del catálogo?

¿Y si alguien ya lo está haciendo?

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