LA CHACRA

La faena bovina cayó 9% en el primer semestre, pero el mayor peso por animal abre una ventana para estabilizar el rodeo

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La ganadería argentina comenzó 2026 con una señal que puede marcar un cambio de tendencia en el ciclo productivo. La faena bovina acumuló una caída del 9% durante el primer semestre y alcanzó el nivel más bajo de la última década para ese período, pero el menor ritmo de extracción viene acompañado por un incremento histórico del peso de faena, un indicador que mejora la eficiencia del sistema y podría contribuir a recomponer el stock ganadero.

Así surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza los registros preliminares de remisiones a plantas de faena y las perspectivas para el cierre del año. Entre enero y junio se habrían faenado aproximadamente 6.025.000 cabezas, frente a los 6.613.000 animales registrados en igual período de 2025.

En los primeros seis meses del año, la faena bovina estaría superando muy ligeramente los 6 millones de animales.

Como dato preliminar, las remisiones a plantas de faena registradas mediante el DTe registran el traslado de 1.081.077 vacunos durante el último mes. En consecuencia, considerando este último registro, la faena acumulada entre enero y junio sumaría aproximadamente 6.025.000 cabezas.

Comparado con los 6.613.000 vacunos faenados en igual período del año pasado, el volumen actual resulta un 9% inferior y constituye, a su vez, el registro más bajo de los últimos diez años.

Más allá del dato parcial, el aspecto más relevante es proyectar cuál podría ser la faena total del año a fin de evaluar su eventual impacto sobre el ciclo ganadero.

Si bien la faena mensual presenta una relativa estabilidad a lo largo del año, las estadísticas muestran una estacionalidad consistente: la actividad registrada durante el primer semestre suele representar una proporción ligeramente inferior a la de la segunda mitad del año.

Sobre la base de los últimos 25 años, la faena del primer semestre representó, en promedio, el 49% de la faena anual, con un máximo del 51% y un mínimo del 46%.

En términos generales, los años en los que el ritmo de faena fue más acelerado —es decir, cuando más del 50% de la faena anual se concentró en el primer semestre— terminaron registrando un volumen anual relativamente bajo de animales. En cambio, los años en los que la participación del primer semestre fue inferior al promedio tendieron a cerrar con niveles de faena más elevados.

Para el presente ciclo, los datos observados hasta el momento sugieren un escenario de faena más cercano a un ritmo lento que a uno acelerado.

En efecto, la creciente participación de la recría dentro de los sistemas de engorde con destino a faena, sumada al fuerte incentivo económico para agregar kilos antes de la terminación, está desplazando hacia adelante la oferta de animales terminados. Este proceso ya comienza a reflejarse en el incremento del peso de faena: en mayo, el peso promedio de la res en gancho alcanzó un máximo histórico de 240 kilos, con un aumento interanual de 7,5 kilos por res.

Este comportamiento sugiere que una mayor proporción de los animales en producción llegará a faena durante la segunda mitad del año, reduciendo la participación relativa del primer semestre sobre la faena anual.

Bajo este escenario, si se extrapola el volumen faenado hasta junio y se asume que el primer semestre representará entre el promedio histórico (49%) y el mínimo observado en la serie (46%) de la faena anual, los poco más de 6 millones de animales faenados hasta la fecha permitirían proyectar una faena total de entre 12,4 y 13,1 millones de cabezas. Esto implicaría una reducción de entre 500 mil y 1,2 millones de animales respecto de la faena registrada el año pasado.

Como referencia, en 2025, la producción de terneros aportó aproximadamente 14,4 millones de cabezas al sistema, mientras que la faena alcanzó los 13,6 millones. Sin embargo, el stock bovino cerró el año con una caída cercana a las 700 mil cabezas, explicada principalmente por la mortandad natural del rodeo, que habitualmente representa entre el 2% y el 3% de las existencias.

Para el presente año, aun suponiendo una tasa de destete similar o incluso ligeramente superior, el potencial de crecimiento de la producción de terneros se encuentra limitado por una menor cantidad de vientres en servicio. En efecto, el rodeo cuenta actualmente con unas 500 mil vacas menos expuestas a servicio, por lo que difícilmente el número de terneros destetados resulte significativamente superior al del ciclo anterior.

En consecuencia, si la oferta de reposición no aumenta de manera sustancial, la faena anual debería ubicarse entre 1 y 1,5 millones de cabezas por debajo de la registrada en 2025 para permitir que el stock bovino cierre el año en niveles relativamente estables, una vez descontadas las pérdidas naturales del sistema.

En adelante, será clave seguir de cerca la evolución de los feedlots, dada la creciente participación que vienen adquiriendo dentro de la oferta total de animales destinados a faena. Con los datos del primer semestre puede estimarse que más del 37% de los animales remitidos a faena provienen de corrales de engorde, cuando apenas cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%.

Asimismo, la elevada ocupación de los establecimientos de engorde a corral —más de 2,17 millones de animales en stock al 1º de julio, según SENASA, el segundo mayor registro de la serie— reafirma el papel protagónico que seguirán teniendo en la oferta de hacienda durante los próximos meses.
Este incentivo no solo responde a la favorable relación entre el costo del alimento y el valor de la hacienda terminada, sino que además se presenta en un contexto de precios históricamente elevados para la hacienda en general.

En efecto, si bien el precio de la invernada viene mostrando desde el año pasado una relación de reposición relativamente cara respecto de su promedio histórico —habitualmente entre 1,2 y 1,3—, durante el mismo período el costo del maíz medido en kilos de novillito llegó a ubicarse entre un 40% y un 45% por debajo de su promedio histórico (93,4), fortaleciendo significativamente los márgenes del engorde.

En definitiva, el sector atraviesa una de las combinaciones más favorables para la producción ganadera: precios firmes para la hacienda y costos relativos más bajos tanto para el maíz como también para otros insumos necesarios para intensificar los sistemas de producción. Esta mejora en la relación insumo-producto redunda en mayores incentivos para agregar eficiencia y productividad a lo largo de toda la cadena.

En este contexto, el mejor escenario para el sector sería cerrar el año con una faena moderada en número de animales, pero con una mayor eficiencia productiva, reflejada en un incremento del peso medio de faena y, en consecuencia, en una mayor producción de carne por cabeza. De este modo, la menor extracción de animales no necesariamente implicaría una caída proporcional en la producción de carne, al tiempo que contribuiría a estabilizar el stock bovino.

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Los palitos de yerba mate, de residuo industrial a insumo estratégico

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Un equipo del INTA Cerro Azul desarrolla un biocarbón elaborado a partir de palitos de yerba mate que podría mejorar sustratos, capturar carbono durante más de un siglo y generar una nueva alternativa de agregado de valor para la principal cadena agroindustrial de Misiones.

En una provincia donde la yerba mate concentra buena parte de la actividad agroindustrial, incluso los subproductos comienzan a adquirir un nuevo valor estratégico. Investigadores del INTA Cerro Azul avanzan en el desarrollo de un biocarbón elaborado a partir de los palitos de yerba mate, una biomasa residual que podría convertirse en un insumo de alto valor para la horticultura, la producción de plantines, la recuperación de suelos y las estrategias de mitigación del cambio climático.

La investigación es encabezada por la ingeniera agrónoma y magíster Lorena Bárbaro, quien trabaja en la evaluación del denominado biochar, un material sólido rico en carbono obtenido mediante pirólisis, un proceso térmico que transforma biomasa con una disponibilidad mínima de oxígeno. A diferencia del carbón vegetal convencional, cuyo destino es la combustión, el biocarbón está diseñado para permanecer incorporado al suelo o a sustratos durante décadas, reteniendo carbono y mejorando las condiciones físicas, químicas y biológicas del ambiente donde se aplica.

“El objetivo principal es transformar un descarte de la industria yerbatera en un producto con valor agregado y con beneficios tanto productivos como ambientales”, explicó Bárbaro.

La elección de los palitos de yerba mate no fue casual. Si bien representan apenas entre el 2% y el 5% del volumen industrial procesado, constituyen un flujo constante de biomasa disponible en la provincia. Además, presentan una granulometría particularmente adecuada para su utilización en mezclas de sustratos, permitiendo mantener la porosidad necesaria para una correcta retención de agua y aireación de las raíces.

Actualmente el equipo desarrolla el biocarbón utilizando un horno tipo Kon-Tiki, conocido también como horno de “cortina de llamas”, construido junto a una metalúrgica local. Se trata de una tecnología de bajo costo, adaptable a distintas escalas productivas y ampliamente utilizada en proyectos de biochar a nivel internacional.

Su funcionamiento consiste en incorporar sucesivas capas de biomasa dentro del horno, donde la propia cortina de llamas consume los gases liberados durante la pirólisis y evita el ingreso de oxígeno, condición indispensable para obtener un biocarbón de alta calidad.

“La geometría del horno es determinante. La inclinación permite que el proceso ocurra prácticamente sin oxígeno y eso garantiza una mayor estabilidad del carbono obtenido”, explicó la investigadora.

Antes de avanzar con aplicaciones agronómicas, el material fue sometido a una completa caracterización física y química siguiendo protocolos internacionales. Los resultados mostraron un contenido cercano al 70% de carbono estable y parámetros que cumplen con las normas internacionales para biocarbón de calidad.

Ese aspecto resulta central porque determina la permanencia del carbono en el ambiente. Mientras el carbón utilizado como combustible libera nuevamente dióxido de carbono durante su combustión, el biochar permanece incorporado al suelo durante períodos que pueden superar los cien años, funcionando como un mecanismo de secuestro de carbono.

Pero los beneficios no terminan allí. La estructura microscópica generada durante la pirólisis produce una enorme cantidad de microporos que incrementan significativamente la superficie específica del material. Esa característica le permite retener agua, nutrientes y ofrecer refugio para microorganismos beneficiosos, mejorando las propiedades biológicas del suelo o del sustrato donde se incorpora.

“Esos microporos actúan como reservorios de agua y nutrientes y generan un ambiente favorable para los microorganismos. Desde el punto de vista agronómico, ese es uno de los grandes aportes del biocarbón”, señaló Bárbaro.

La próxima etapa de la investigación estará orientada a evaluar su utilización como componente de sustratos para producción hortícola y plantines. El equipo trabaja inicialmente con mezclas comerciales y posteriormente avanzará hacia formulaciones propias, donde el biocarbón reemplazará parcialmente otros componentes tradicionales.

Uno de los desafíos consiste en determinar la proporción adecuada de incorporación. Debido a su elevado pH, el biocarbón no puede utilizarse como único componente del sustrato. Las primeras evaluaciones indican que porcentajes de entre el 20% y el 30% permiten aprovechar sus beneficios sin alterar el equilibrio químico necesario para el desarrollo de las plantas.

La línea de investigación también dialoga con otros proyectos que el INTA desarrolla sobre nuevos sustratos para sistemas de semihidroponía, donde se buscan alternativas locales para reemplazar insumos importados como la turba. En ese contexto, el biocarbón elaborado con palitos de yerba mate podría convertirse en un complemento estratégico para una horticultura más eficiente y sustentable.

Más allá de las aplicaciones productivas, el proyecto incorpora un componente ambiental cada vez más relevante. La valorización de residuos agroindustriales, la captura de carbono y la economía circular aparecen como ejes que posicionan a este tipo de investigaciones dentro de las nuevas estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático.

Si las próximas etapas experimentales confirman los resultados obtenidos hasta ahora, un residuo históricamente subutilizado de la industria yerbatera podría convertirse en un nuevo insumo tecnológico desarrollado íntegramente en Misiones, agregando valor a la principal economía regional y abriendo nuevas oportunidades para una agricultura con menor impacto ambiental.

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Investigan cómo reemplazar la turba por insumos locales para reducir costos en la horticultura

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La búsqueda de sistemas de producción más eficientes y sostenibles llevó al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Misiones a avanzar en una investigación que podría reducir significativamente los costos de la horticultura intensiva en la provincia. El eje del trabajo consiste en desarrollar un sustrato elaborado con materiales locales que permita reemplazar la turba, uno de los principales componentes utilizados en los sistemas de semihidroponía y cuyo elevado costo está asociado a su origen y disponibilidad.

El proyecto es desarrollado por el ingeniero agrónomo Adolfo Vogel, becario profesional del INTA y maestrando en Cultivos Intensivos de la Universidad Nacional del Litoral, bajo la dirección de la ingeniera Lorena Barbaro. La investigación se lleva adelante en la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul y se enfoca en adaptar tecnologías ya consolidadas en otras regiones del país a las condiciones productivas de Misiones.

La semihidroponía aparece como una alternativa para zonas donde la producción en suelo enfrenta limitaciones sanitarias. El sistema permite cultivar sobre sustratos inertes, controlando con mayor precisión variables como el riego, la nutrición y el desarrollo radicular, reduciendo además la incidencia de enfermedades propias del suelo y la necesidad de aplicar agroquímicos.

“En Misiones no existían estudios específicos sobre este sistema de producción. La idea fue comenzar a generar información local para que los productores puedan evaluar esta alternativa con datos obtenidos en nuestras condiciones”, explicó Vogel.

Actualmente, la investigación trabaja con cultivos de hoja implantados en canaletas bajo diferentes proporciones de corteza de pino y turba. La corteza de pino constituye un recurso ampliamente disponible en la provincia gracias a la actividad forestoindustrial y cumple la función de aportar estructura y aireación al sustrato. Sin embargo, la retención de agua y nutrientes continúa dependiendo de la turba, un recurso natural no renovable cuya extracción se realiza principalmente en países del norte de Europa y, en menor medida, en Tierra del Fuego.

“La turba es el componente que mejor funciona para retener agua y nutrientes, pero es un recurso no renovable, costoso y que, además, proviene de zonas muy alejadas. Nuestro objetivo es encontrar materiales disponibles en Misiones que puedan cumplir esa misma función”, señaló el investigador.

Una vez determinada la combinación óptima entre corteza de pino y turba, la segunda etapa del proyecto buscará reemplazar completamente este último componente mediante materiales generados en la provincia. Entre los candidatos aparecen el compost elaborado con bosta de vaca y el compost producido a partir de aserrín, dos subproductos abundantes en la actividad agropecuaria y forestal misionera.

La investigación también evaluará una tercera alternativa nacional basada en una turba vegetal proveniente de Chubut, aunque el objetivo principal continúa siendo desarrollar un sustrato con insumos íntegramente locales que reduzca la dependencia de materiales importados y mejore la competitividad de los productores.

Además del desarrollo del sustrato, el equipo analiza la posibilidad de adaptar otros componentes del sistema de semihidroponía. Actualmente los ensayos utilizan canaletas comerciales fabricadas por una empresa brasileña, elegidas por su estandarización para trabajos científicos. Sin embargo, una vez finalizada la etapa experimental, el desafío será diseñar soluciones con materiales disponibles en la provincia para disminuir aún más los costos de implementación.

Desde el punto de vista productivo, la semihidroponía ofrece ventajas relevantes para los cultivos intensivos. El sistema permite incrementar la eficiencia en el uso del agua y los fertilizantes, mejorar el control sanitario y sostener niveles de producción en establecimientos afectados por enfermedades del suelo, una problemática frecuente en producciones hortícolas como tomate o frutilla.

No obstante, Vogel aclara que su adopción depende de una evaluación económica. “Es un sistema más costoso que la producción tradicional en suelo, por eso resulta conveniente cuando las enfermedades limitan la producción o cuando el producto obtenido tiene un mayor valor comercial que justifica la inversión”, explicó.

La investigación representa un paso hacia la incorporación de tecnologías adaptadas a la realidad productiva de Misiones, combinando innovación, aprovechamiento de recursos locales y economía circular. Si los resultados son positivos, el desarrollo de un sustrato provincial podría disminuir costos, reducir la dependencia de insumos externos y abrir nuevas oportunidades para la horticultura intensiva en la región.

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INTA Misiones anticipa un año desafiante para la yerba mate por el fenómeno de El Niño

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La combinación entre un escenario climático desafiante y la necesidad de incorporar mayor innovación tecnológica marcará la agenda del sector yerbatero y tealero durante los próximos meses. Desde la Estación Experimental Agropecuaria Cerro Azul del INTA Misiones, la ingeniera agrónoma Sandra Molina anticipó que el fenómeno de El Niño podría generar pérdidas significativas en los yerbales si se repiten las condiciones de elevada humedad y prolongados períodos de nubosidad registrados en eventos anteriores.

La investigadora, que actualmente dirige el equipo de investigación en yerba mate y té del organismo, explicó que el principal riesgo no está asociado únicamente al exceso de precipitaciones, sino a la aparición de enfermedades que encuentran en ese contexto ambiental las condiciones ideales para desarrollarse. En particular, advirtió sobre el hongo responsable de la caída de hojas en yerba mate, una enfermedad que, según los ensayos realizados por el INTA, puede provocar mermas de entre el 20 y el 30% en el rendimiento de hoja verde.

Frente a ese escenario, el organismo recomienda anticipar la cosecha dentro de las posibilidades operativas de cada establecimiento. La estrategia busca reducir la exposición de las plantaciones a las condiciones que favorecen la propagación del patógeno, especialmente durante los meses en que se espera mayor intensidad del fenómeno climático.

El desafío adquiere una dimensión adicional para los establecimientos que incorporaron cosecha mecanizada. Molina explicó que las lluvias persistentes dificultan el ingreso de las máquinas a los lotes, ya que el suelo necesita varios días para recuperar la firmeza necesaria para soportar el peso de los equipos. Esa limitación reduce considerablemente las ventanas disponibles para cosechar y obliga a planificar con mayor precisión cada intervención.

En contraste, el cultivo de té presenta una realidad diferente. Si bien las precipitaciones intensas pueden complicar el ingreso de las cosechadoras durante el inicio de la zafra, previsto para octubre y noviembre, el cultivo no enfrenta actualmente problemas sanitarios de la magnitud observada en la yerba mate. El principal condicionante continúa siendo la operatividad de la cosecha mecanizada y no la aparición de enfermedades generalizadas.

Mientras monitorea el comportamiento climático, el INTA profundiza distintas líneas de investigación orientadas a mejorar la competitividad de ambas producciones estratégicas para Misiones.

Uno de los ejes centrales continúa siendo el mejoramiento genético. En yerba mate se desarrollan ensayos regionales que evalúan el comportamiento de distintos materiales en diversas zonas productivas de la provincia. El objetivo es identificar variedades con mejores niveles de rendimiento, pero también con mayor tolerancia frente a plagas, enfermedades y diferentes condiciones ambientales.

A esa línea se incorpora ahora un nuevo componente vinculado a la calidad industrial y comercial de la materia prima. El equipo comenzará a caracterizar los materiales disponibles según su contenido de cafeína y polifenoles, dos atributos que, aunque todavía no constituyen una demanda masiva del mercado, aparecen como variables de creciente interés para consumidores y segmentos específicos de mayor valor agregado.

La investigación busca anticiparse a una tendencia internacional que apunta hacia productos diferenciados según sus propiedades funcionales. Sin embargo, Molina remarcó que estos estudios requieren evaluaciones de largo plazo, ya que la concentración de esos compuestos depende no sólo de la genética sino también de factores ambientales como las precipitaciones, la temperatura y el estrés hídrico registrado en cada campaña.

En el caso del té, el programa de mejoramiento también ingresó en una nueva etapa. Durante el último año comenzaron cruzamientos dirigidos entre materiales ya inscriptos con el propósito de desarrollar nuevas variedades que combinen mayor productividad, calidad química y mejores características organolépticas. Se trata de un proceso que demanda varios años de evaluación antes de obtener nuevos cultivares disponibles para el sector productivo.

Otro de los frentes donde el organismo concentra esfuerzos es la adaptación de tecnologías de agricultura de precisión a las condiciones específicas de los cultivos perennes del noreste argentino. Según explicó la especialista, muchas de las herramientas digitales desarrolladas para la agricultura extensiva de la región pampeana requieren procesos de adecuación antes de ser utilizadas eficientemente en yerba mate y té.

Por esa razón, el INTA trabaja en protocolos específicos que permitan incorporar tecnologías de monitoreo, gestión y mecanización adaptadas a la realidad productiva misionera. El desafío, sostuvo Molina, no consiste únicamente en que los productores adquieran nuevas herramientas, sino en lograr una verdadera adopción tecnológica que permita mejorar la eficiencia en el uso de recursos y optimizar la toma de decisiones.

La investigadora también destacó el acompañamiento técnico que el organismo brinda a los elaboradores de té artesanal, un segmento donde la calidad final del producto adquiere un peso determinante en la comercialización. En ese ámbito, los estudios buscan identificar qué materiales genéticos resultan más adecuados para distintos tipos de elaboración, aportando información que permita diferenciar productos y agregar valor.

Respecto al impacto climático sobre la calidad del té, Molina explicó que las respuestas no son uniformes. Algunos materiales reducen su contenido de cafeína durante períodos de abundantes precipitaciones, generando infusiones más suaves, mientras que otros reaccionan de manera inversa y producen hojas con mayor concentración de cafeína, dando origen a tés más intensos y astringentes.

La combinación entre investigación genética, adaptación tecnológica y monitoreo climático configura una estrategia que apunta a fortalecer la competitividad de dos economías regionales centrales para Misiones en un contexto donde las condiciones ambientales y las exigencias de los mercados evolucionan con creciente rapidez.

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Los árboles vuelven al yerbal: Misiones promueve sistemas productivos más resilientes 

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Durante años, el árbol fue visto únicamente como un componente del monte o de los sistemas forestales. Sin embargo, cada vez más evidencia técnica demuestra que su presencia dentro de los yerbales constituye una herramienta clave para construir sistemas productivos más equilibrados, resilientes y sostenibles. “En ese marco, continuamos promoviendo jornadas de arborización que integran capacitación, planificación e implantación de especies nativas en establecimientos productivos de la provincia” expresó el titular del Ministerio del Agro provincial, Facundo López Sartori.

Una de estas experiencias se desarrolló en la localidad de Guaraní, en la sede de la Cooperativa Agropecuaria e Industrial Yapeyú Limitada (CAIYaL), organizada conjuntamente por el Instituto Misionero del Suelo, la Subsecretaría de Desarrollo y Producción Vegetal, Biofábrica Misiones S.A. y la propia cooperativa. Participaron 23 productores pertenecientes a la entidad anfitriona y a grupos de productores agroecológicos de Los Helechos, Alvear, Oberá y Guaraní.

La jornada comenzó con una instancia de formación e intercambio donde se abordó el papel que cumplen los árboles dentro de los agroecosistemas. “Más allá de aportar sombra, las especies arbóreas contribuyen a regular la temperatura del cultivo y disminuir el estrés hídrico durante los períodos secos” argumentó Guillermo Reutemann, coordinador del Instituto del Suelo. Además, agregó que favorecen la infiltración del agua de lluvia y reducir la erosión, uno de los principales procesos de degradación del suelo en una provincia caracterizada por precipitaciones intensas y relieves ondulados.

Profundizando los beneficios, Luciana Imbrogno, subsecretaria de Producción Vegetal, explicó que la incorporación de árboles incrementa el aporte de materia orgánica, estimula la actividad biológica del suelo y crea hábitats para insectos, aves y otros organismos que participan en el equilibrio natural de los sistemas productivos. “Esta mayor biodiversidad también favorece la presencia de enemigos naturales de distintas plagas, fortaleciendo la estabilidad ecológica de los yerbales”, destacó.

Luego de la instancia teórica, los participantes trasladaron esos conceptos al terreno mediante el diseño y la implantación de un sistema agroforestal en dos hectáreas de un yerbal recientemente establecido dentro del predio de la cooperativa. Allí se implantaron más de 90 árboles bajo un dosel conformado por especies pioneras, una estrategia que busca acompañar el desarrollo inicial del cultivo mientras se consolida una estructura vegetal capaz de brindar protección y múltiples servicios ecosistémicos durante todo su ciclo productivo.

Como parte de la actividad, Biofábrica Misiones entregó 1.125 plantines forestales nativos distribuidos en lotes de 75 ejemplares de composición mixta para aquellos productores que habían solicitado previamente el material. La iniciativa busca extender la arborización a distintos establecimientos de la región y fortalecer la adopción de sistemas agroforestales en las chacras misioneras.

La propuesta también incorpora un componente de investigación aplicada. En el predio de la cooperativa se establecerá un ensayo con Cedro misionero (Cedrela fissilis) para evaluar distintas condiciones de manejo agroforestal que permitan reducir el impacto de la polilla del brote (Hypsipyla grandella), una de las principales limitantes para el desarrollo de esta especie nativa con alto valor ambiental y maderero. Los resultados permitirán generar información técnica para promover su incorporación en sistemas productivos de la provincia.

Estas jornadas forman parte de una estrategia que el Ministerio del Agro y la Producción viene desarrollando en distintos municipios de Misiones para impulsar modelos productivos que integren conservación y producción. La próxima instancia ya se encuentra prevista en Campo Ramón, junto a productores agroecológicos de la Cooperativa El Colono y otros establecimientos interesados en incorporar árboles a sus yerbales

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