Agricultura sostenible: Misiones busca pasar del debate a soluciones para la chacra
La agricultura sostenible dejó de ser en Misiones una discusión exclusivamente ambiental. Ese es uno de los principales ejes que atraviesan desde este jueves la Cumbre Internacional de Agricultura Sostenible, que reúne en Posadas a productores, investigadores, empresas, cooperativas, estudiantes y organismos públicos de Argentina, Paraguay, Brasil y Cuba. El encuentro continuará este viernes en el Museo Histórico Regional Aníbal Cambas.
La pregunta que atraviesa las dos jornadas es más económica que conceptual: cómo lograr que una producción sea capaz de sostenerse cuando enfrenta simultáneamente cambios climáticos, costos crecientes, volatilidad de precios, dificultades de financiamiento y mercados cada vez más exigentes.
La subsecretaria de Desarrollo y Producción Vegetal, Luciana Imbrogno, lo sintetizó en diálogo con Economis al plantear que la sostenibilidad está directamente vinculada con la resiliencia. No se trata solamente, explicó, de cuánto puede producir una chacra en condiciones normales, sino de cuánto puede resistir frente a los “vaivenes” climáticos y políticos sin entrar en crisis ni perder su capacidad productiva.
Esa definición modifica la discusión sobre productividad. Para Imbrogno, ambiente, personas y economía forman parte de una misma ecuación. Por eso la Cumbre incorpora cuestiones que habitualmente aparecen separadas: cooperativismo, género y ruralidad, financiamiento, internacionalización, tecnología, agroecología y mercados. La sostenibilidad, bajo esa mirada, deja de ser una condición ambiental agregada a la producción y pasa a convertirse en una condición de supervivencia económica.
El contexto climático vuelve más concreta esa discusión. Las granizadas, lluvias extraordinarias, inundaciones y otros eventos extremos pueden afectar directamente los ingresos de los productores. Pero el impacto final no depende únicamente del fenómeno natural. También está condicionado por la existencia —o ausencia— de herramientas de emergencia, asistencia, seguros, financiamiento y políticas públicas capaces de amortiguar la pérdida.
“Los eventos climáticos son más inevitables, pero las políticas pueden ayudar a sobrevivir esos eventos”, planteó Imbrogno durante la entrevista. La frase sintetiza uno de los desafíos centrales de la agricultura misionera: pasar de reaccionar después del daño a construir sistemas productivos que tengan mayor capacidad de absorción frente a las crisis.

El problema de producir mucho y ganar poco
La discusión adquiere otra dimensión cuando se incorpora la rentabilidad. En Misiones, donde una parte importante de la estructura productiva está compuesta por explotaciones de pequeña escala, la búsqueda de mayor rendimiento por hectárea no necesariamente equivale a una mejora proporcional en el ingreso del productor.
Imbrogno cuestionó precisamente esa asociación automática entre rendimiento y rentabilidad. Una producción puede obtener más kilos mediante una utilización intensiva de insumos y, sin embargo, dejar un margen menor si los costos de esos insumos son elevados. Por eso propone mirar cuánto queda finalmente en el bolsillo del productor y no solamente cuánto produce la parcela.
La diversificación aparece allí como una herramienta económica antes que como una consigna ambiental. Para una chacra de 20 o 25 hectáreas, explicó, depender de un único cultivo puede aumentar la vulnerabilidad. Tener diferentes producciones permite distribuir riesgos y contar con más de una fuente de ingresos cuando cambia el precio, el clima o el costo de los insumos.
El problema es especialmente sensible cuando esos sistemas dependen de fertilizantes, fitosanitarios u otros insumos vinculados al dólar. Una depreciación cambiaria o un salto de costos puede trasladarse rápidamente a la estructura productiva, reduciendo el margen disponible para las familias rurales.
La discusión sobre monocultivo y concentración de la tierra aparece así vinculada con una preocupación más amplia: el arraigo. Para Imbrogno, la concentración puede terminar desplazando a los pequeños productores, mientras que una matriz diversificada puede contribuir a sostenerlos en la chacra.
Es una cuestión que atraviesa distintas cadenas de Misiones. La funcionaria mencionó los casos forestal, yerbatero y tealero como sectores donde también existe una discusión sobre concentración. El desafío de política pública consiste en encontrar mecanismos que permitan aumentar escala y competitividad sin que ese proceso implique necesariamente la desaparición de los productores de menor tamaño.

Biotecnología: de la investigación al margen productivo
La Cumbre incorpora además una dimensión tecnológica que busca conectar investigación y producción. Uno de los principales espacios está dedicado a la biotecnología y los bioinsumos, con la participación del investigador cubano Rafael Gómez Kosky, vinculado a los procesos de transferencia tecnológica que acompañaron los primeros años de Biofábrica Misiones.
El vínculo tiene una dimensión institucional concreta. Biofábrica y la institución cubana BIOAZCUBA formalizaron recientemente una cooperación para desarrollar proyectos de investigación, transferencia tecnológica, intercambio de especialistas y oportunidades comerciales. La relación también contempla la búsqueda de mercados y clientes potenciales y nuevas iniciativas de investigación y desarrollo.
La discusión que propone Imbrogno es que la tecnología tenga una traducción productiva. Misiones busca aprovechar su capacidad instalada en biotecnología para avanzar sobre bioinsumos y tecnologías aplicadas a cultivos, pero también sobre herramientas digitales e inteligencia artificial capaces de reducir ineficiencias.
Uno de los interrogantes planteados durante la Cumbre apunta precisamente al “costo de producir sin información”: cuánto pierde una explotación cuando toma decisiones sin datos suficientes sobre clima, suelo, mercados o comportamiento productivo. La inteligencia artificial aparece allí no como sustituto del productor, sino como una herramienta para mejorar la calidad de las decisiones.
La lógica es similar a la de la biotecnología: el verdadero resultado no se mide por la sofisticación de la herramienta, sino por su capacidad de resolver un problema concreto de la chacra.

Cooperativas, financiamiento y mercados
La agenda de Posadas también intenta evitar que la sostenibilidad quede encerrada en el laboratorio. Por eso incorpora rondas de negocios, financiamiento, exportaciones e internacionalización de pymes agroindustriales. La propuesta oficial busca conectar productores, empresas, inversores, instituciones y proveedores de soluciones.
El financiamiento es determinante porque muchas transformaciones productivas requieren una inversión inicial que los pequeños productores no pueden afrontar con recursos propios. La incorporación de tecnología, infraestructura, sistemas de riego, mejoras de suelo, certificaciones o procesos de agregado de valor puede mejorar la productividad y reducir riesgos, pero necesita capital y plazos compatibles con el ciclo productivo.
El acceso a mercados representa la otra mitad del problema. Una producción puede ser ambientalmente sostenible y técnicamente eficiente, pero si no consigue un precio que permita sostener a la familia productora, el sistema difícilmente sea sostenible en términos económicos.
Por eso el cooperativismo ocupa un lugar central en la Cumbre. Las cooperativas pueden permitir escala comercial, acceso conjunto a servicios, negociación y transformación de productos que individualmente serían difíciles de procesar o colocar en mercados de mayor valor.
El ejemplo yerbatero vuelve a aparecer como referencia de esa capacidad de concertación. Imbrogno señaló la experiencia de la COPROTE, donde desde hace años se busca acordar precios entre el sector productor primario y la industria tealera. Para la funcionaria, esos mecanismos de coordinación permiten amortiguar conflictos que, cuando desaparecen, pueden terminar expresándose en crisis de ingresos.

La sostenibilidad también se juega en el territorio
La Cumbre Internacional de Agricultura Sostenible incorpora además género y ruralidad, educación ambiental, sistemas participativos de garantía, agricultura regenerativa y gestión territorial. No son capítulos accesorios: forman parte de una discusión sobre quiénes permanecen en el territorio y bajo qué condiciones pueden hacerlo.
En ese punto aparece uno de los desafíos menos visibles de la transición productiva. Cambiar una tecnología o introducir un nuevo cultivo puede ser relativamente sencillo frente a modificar las condiciones económicas que determinan si una familia puede continuar viviendo de su chacra.
El arraigo requiere ingresos, acceso a conocimiento, conectividad, infraestructura, financiamiento y mercados. También requiere organizaciones capaces de representar intereses productivos y políticas públicas que reduzcan la vulnerabilidad ante fenómenos que una familia rural difícilmente pueda absorber por sí sola.
Por eso el encuentro propone una mirada integral. La agricultura sostenible que se discute en Posadas no se limita a reducir el impacto ambiental de la producción. Busca responder una pregunta más compleja: cómo producir, ganar dinero, conservar los recursos y sostener población en el territorio al mismo tiempo.

De la cumbre a la chacra
El desafío para Misiones será transformar las discusiones de estas dos jornadas en instrumentos que puedan ser utilizados fuera del auditorio. La Cumbre incorpora para eso una ronda de negocios y un espacio de innovación destinado a trabajar sobre problemas concretos del sector, con participación de estudiantes, investigadores, productores, empresas y organismos vinculados al desarrollo tecnológico.
Ese pasaje resulta decisivo. Una política de sostenibilidad tiene impacto cuando permite que un productor reduzca costos, diversifique ingresos, acceda a un mercado, mejore su suelo, incorpore una tecnología o resista mejor una emergencia climática. Si el conocimiento queda únicamente en el ámbito académico o institucional, su capacidad transformadora es limitada.
Misiones busca posicionar esa articulación como una política de desarrollo. La participación de actores de Paraguay, Brasil y Cuba amplía además la discusión hacia una escala regional, mientras la presencia de universidades, organismos científicos, empresas y cooperativas permite cruzar conocimiento con necesidades productivas.
Esta edición de la Cumbre llega, entonces, con una discusión más exigente que la simple defensa de una agricultura “verde”. El verdadero desafío es construir una producción que pueda soportar las crisis, generar margen económico, incorporar tecnología sin expulsar al pequeño productor y mantener población en las zonas rurales.
La sostenibilidad, bajo esa perspectiva, no es producir menos para cuidar más. Es diseñar sistemas capaces de producir y permanecer. Y para Misiones, donde la pequeña escala, la diversificación y la agricultura familiar tienen un peso estructural, esa diferencia puede definir buena parte del futuro de la chacra.












