MERCADO

El riesgo país se mantuvo al alza y ya escaló más de 20% en lo que va de agosto

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El riesgo país argentino volvió a anotar una nueva jornada con un aumento en su medición y, como consecuencia, llevó a que el alza promedio del mes sea superior al 20%.

Si bien el Gobierno anunció la creación del Programa de Licitación de Plazos Fijos con destino a crédito hipotecario, en base a los fondos del ANSES, el optimismo no se desplazó hacia la rueda financiera y el indicador volvió a anotar una nueva suba.

En concreto, el índice que elabora el JP Morgan subió cinco unidades más (el equivalente a 1%) y cerró la jornada en los 517 puntos. A pocos días de que termine agosto, el riesgo país de Argentina ya lleva una escalada superior al 20%. Sin embargo, no alcanza para limpiar la caída que registra en lo que va del año (9,5%).

La tendencia bajista, que lo había puesto a un paso de perforar los 400 puntos, se revirtió a partir de un clima financiero global más hostil como consecuencia de la incertidumbre que generó la guerra en Medio Oriente, entre otros factores.

La nueva suba del indicador recae, en gran parte, por el flojo desempeño que vienen anotando los bonos soberanos, obteniendo caídas de hasta medio punto (AL29D), mientras que los incrementos son acotados y no superan el 0,3% (GD46D).

A pesar de eso, el Gobierno busca bajar la espuma y sostiene que el riesgo país, en el mandato de Javier Milei, es de 80 puntos básicos teniendo en cuenta el AO27

El bono que emitió ‘Toto’ (Luis Caputo) y que vence dentro del mandato de Milei tiene un riesgo país de 80 puntos básicos”, sostuvo el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, durante su exposición en el Council de las Américas.

En cuanto al movimiento de las acciones argentinas en Wall Street, las mismas promediaron pérdidas en la rueda con Globant a la cabeza (-3,2%), seguida de Tenaris (-1,4%) y Cresud (-1%). Del lado de las ganancias estuvieron Central Puerto, con un avance de 1,5%, continuada por los papeles de Pampa Energía (1,2%) y BBVA (0,8%).

Dentro del ámbito local, el Merval avanzó 0,5% hasta los 3.024.971,01; medido en dólares cerró en US$ 1.886,67 (+0,3%). “Wall Street acompañó con una rueda positiva, impulsada por cierta distensión en los mercados de tasas y petróleo, y el rebote de las tecnológicas antes de la presentación de los resultados de Nvidia“, señaló el reporte matutino de Portfolio Personal Inversiones (PPI).

La Bolsa porteña operó con disparidades y registró subas de hasta 5% (Transener), mientras que del otro lado las pérdidas alcanzaron el 2% impulsadas por Aluar.

En el mercado cambiario se conoció el nuevo precio del tipo de cambio mayorista, mediante el “efecto fixing“, para cancelar vencimientos de bonos por un monto equivalente a US$ 2.600 millones. Ese “fixing” -valor de un activo- quedó fijado por el precio del bono D31G6 (que representa vencimientos por US$2.595 millones).

Mientras el Banco Central sigue con intervenciones, la divisa mostró más espacio para avanzar otro salto en la cotización.

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Vuelve a subir el Riesgo País

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El Riesgo País profundizaba este martes la tendencia al alza que recuperó en las últimas horas de la jornada previa. El indicador de probabilidad de default del JP Morgan se ubicaba en los 514 puntos básicos, 5 más que en el cierre previo.

El Riesgo País alcanzó la semana pasada máximos de 3 meses, impulsado principalmente por factores domésticos, como la debilidad de Javier Milei frente a la opinión pública.

De hecho, se esgrimió como motivo de la baja inicial del lunes la suba del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella (ICG) que mostró en agosto un incremento de 6,4% respecto al mes previo, lo que alentó especulaciones sobre una mejora electoral del Presidente, que buscará su reelección el año que viene.

Pero aún después de difundido el informe, el Riesgo País revirtió la tendencia a la baja y finalizó en 509 puntos, frente a los 505 del cierre previo, con lo cual se licuó el impacto de la mejora del ICG, en caso de que hubiera existido.

Es probable que el impacto haya sido acotado dado que el mismo estudia advertió que la mejora pudo deberse “al error muestral más que a cambios reales en los parámetros de interés”.

El Riesgo País amagó con perforar el piso de 400 puntos en julio, lo que alentó el optimismo financiero de que la Argentina podría volver a los mercados voluntarios de crédito a una tasa razonable.

Pero desde ese piso se produjo un rebote que llevó la medición hasta los 534 puntos el pasado jueves. De allí se produjo una abrupta baja consecuencia de una mejora del escenario internacional que benefició a los activos argentinos.

“La lectura dominante del mercado sigue siendo la preocupación por una recuperación en forma de letra K, con los sectores intensivos en empleo rezagados y la consecuente erosión en los índices de aprobación del gobierno. Ya desde hace semanas, con el riesgo país en mínimos de la era Milei, advertíamos que el mercado no estaba prestando suficiente atención a una serie de datos de actividad e imagen que invitaban a la cautela”, dijo Diego Chemeides, economista jefe de Banco Galicia, a Cronista.com.

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El Riesgo País argentino continúa por encima de los 500 puntos

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El Riesgo País argentino continuaba en la apertura del mercado este jueves por encima de los 520 puntos. De esta manera, el índice acumula tres jornadas consecutivas en alza. 

En tanto, los bonos soberanos en dólares no logran repuntar, lo que demuestra desconfianza de los inversores extranjeros con el Gobierno argentino a pocos meses del inicio de la campaña electoral para las elecciones presidenciales. 

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El riesgo país volvió a 500 puntos

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El riesgo país argentino volvió a tocar los 500 puntos básicos y marcó un brusco cambio de clima para los activos locales. El indicador elaborado por JP Morgan avanzó 3,5% durante la rueda, frente a los 489 puntos del cierre anterior, y acumuló una suba superior al 17% en agosto. El dato adquiere relevancia porque apenas semanas atrás el mercado especulaba con una compresión hacia los 400 puntos y una eventual reapertura del financiamiento internacional.

La corrección no responde a un único factor. La mayor aversión global al riesgo, la prolongación de la tensión geopolítica en Medio Oriente, el incremento de las tasas largas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y un escenario doméstico atravesado por la proximidad electoral confluyen para elevar la prima que los inversores exigen para mantener deuda argentina.

A nivel local, el deterioro de los bonos soberanos constituye uno de los principales canales de transmisión. Los Bonares y Globales registraron bajas de hasta 2,4% en la jornada y acumularon retrocesos de hasta 4,3% durante agosto. Al mismo tiempo, el rendimiento de los bonos estadounidenses a 30 años superó el 5%, elevando la tasa libre de riesgo que funciona como referencia para la valuación de los activos emergentes.

El mercado también comenzó a incorporar con mayor intensidad una variable que hasta hace algunos meses parecía lejana: el riesgo político asociado al proceso electoral de 2027. La discusión ya no pasa solamente por la capacidad del Gobierno para sostener el equilibrio fiscal, sino por la posibilidad de mantener el actual programa económico y su respaldo político después de las elecciones.

Gabriel Bagattini, asesor financiero de Finanzas con Gabriel, planteó que confluyen un escenario internacional más adverso y factores propios de Argentina, entre ellos la cercanía de las elecciones y las dudas sobre la velocidad con la que el país podrá recuperar plenamente el acceso al financiamiento internacional.

Alejandro Bianchi, CEO de AsesorDeInversiones.ar, sostuvo que el mercado comenzó a incorporar nuevamente el riesgo político-electoral. Según su lectura, los inversores adelantaron varios meses una discusión que originalmente podía esperarse para comienzos de 2027: cuál será el respaldo político al Gobierno y, en consecuencia, qué probabilidad existe de continuidad del esquema económico luego de las elecciones.

El deterioro de los indicadores de confianza agrega una señal de alerta. El Índice de Confianza en el Gobierno elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó en julio en 1,94 puntos sobre una escala de 0 a 5, con una caída mensual de 6,5% y el registro más bajo de la actual gestión. A su vez, un informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA señaló que el 61% de los encuestados apoyaba un cambio de gobierno para 2027.

La otra variable doméstica que observa el mercado es el ritmo de acumulación de reservas. Durante agosto continuaron las compras del Banco Central, pero a un ritmo considerablemente inferior al de julio: el promedio diario se ubicó en torno a los US$28 millones, frente a los US$103 millones del mes anterior, con un acumulado de US$249 millones hasta el jueves señalado en el análisis de mercado.

Ese menor ritmo de compras importa porque las reservas constituyen uno de los principales respaldos que los inversores utilizan para evaluar la capacidad de pago futura. Argentina mantiene vencimientos significativos de deuda en moneda extranjera, particularmente concentrados hacia 2027, mientras todavía no recuperó plenamente el acceso normal a los mercados internacionales de capitales.

Rafael Di Giorno, de Proficio, resumió esa lectura al señalar que el Banco Central dejó de comprar dólares a un ritmo significativo como el observado hasta un mes atrás y que, en el escenario actual, desapareció parte de los factores que habían impulsado la compresión del riesgo país.

La dimensión internacional amplifica el movimiento. El incremento de las tasas largas de los Treasuries estadounidenses encarece el costo de oportunidad de invertir en activos emergentes y reduce el atractivo relativo de instrumentos de mayor riesgo. Para Argentina, cuyo mercado soberano continúa presentando una elevada sensibilidad a los cambios en el apetito global, ese movimiento tiene un impacto mayor.

Brasil también aparece como una variable regional a seguir. El real mantiene una evolución favorable en el año, pero comienza a incorporar mayor incertidumbre frente a su propio proceso electoral y a las dudas sobre la trayectoria fiscal futura. Para los activos argentinos, una mayor aversión global al riesgo puede amplificar la volatilidad precisamente por la elevada sensibilidad del crédito soberano.

En paralelo, las acciones argentinas que cotizan en Wall Street acompañaron el deterioro general. Corporación América cayó 5,5%, BBVA retrocedió 3,8% y Edenor perdió 3,2%, mientras Globant avanzó 1,9% y Mercado Libre 1%. En la Bolsa porteña, el índice Merval cedió 1,2% hasta los 2.914.141,17 puntos y, medido en dólares, retrocedió 1,7%, hasta los US$1.844,56.

Entre las acciones locales, BBVA registró una caída de hasta 4,2%, mientras YPF se movió en sentido contrario y avanzó 2,5%. La dispersión entre papeles muestra que el ajuste no afecta de manera homogénea a todas las compañías y que factores específicos de cada empresa continúan teniendo peso aun dentro de un escenario financiero adverso.

La pregunta central para el mercado es si los 500 puntos representan una interrupción transitoria de la tendencia descendente o el comienzo de una recomposición más persistente de la prima de riesgo. Bagattini consideró que el nivel actual no implica todavía un cambio estructural, dado que Argentina continúa muy por debajo de los registros de riesgo observados años atrás. La señal relevante, en cambio, será la capacidad del indicador para estabilizarse o continuar escalando.

Bianchi coincide en que el movimiento no implica necesariamente un deterioro sustancial de los fundamentos fiscales. Argentina conserva una posición fiscal y externa más ordenada que en períodos anteriores y, además, Fitch y S&P elevaron recientemente la calificación soberana desde CCC+ hasta B-. Sin embargo, con un riesgo país en torno a 500 puntos, el mercado comienza a mirar menos el ajuste ya realizado y más la capacidad política e institucional para sostenerlo durante 2027.

Ese cambio de foco es posiblemente el dato más relevante de la rueda. La discusión financiera argentina empieza a desplazarse desde la corrección de los desequilibrios heredados hacia la credibilidad de su continuidad. Para el Gobierno, sostener la estabilidad macroeconómica ya no alcanza por sí solo: el mercado exige señales sobre reservas, financiamiento, deuda y, cada vez más, sobre la capacidad de convertir el programa económico en una política sostenible más allá del calendario electoral.

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Activos argentinos bajo presión: ADRs caen hasta 18% y el riesgo país trepa casi 12% en agosto

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Los activos argentinos profundizaron su castigo durante la segunda semana de agosto, en una señal que empieza a exceder la dinámica estrictamente cambiaria. Con el dólar mayorista estable en torno de los $1.500 y un escenario internacional que ofreció cierto alivio a los mercados emergentes, las acciones y los bonos soberanos locales volvieron a quedar rezagados, mientras el riesgo país escaló hasta los 480 puntos básicos.

El movimiento dejó una fotografía incómoda para el mercado: en lo que va de agosto, los ADRs argentinos acumularon pérdidas de hasta 18%, mientras el riesgo país avanzó casi 12%. En las últimas cinco ruedas, el S&P Merval cedió 4,5% medido en dólares y descendió hasta los US$1.867. La corrección se produjo pese a que Wall Street encontró respaldo en una inflación estadounidense que moderó las expectativas de un endurecimiento monetario de la Reserva Federal.

La divergencia entre Argentina y el resto de los mercados volvió a colocar los factores domésticos en el centro de la discusión. La liquidez continúa ajustada, las tasas de corto plazo permanecen elevadas y la inflación de julio mostró una aceleración hasta 2,1% mensual, frente al 1,9% de junio. A esto se suma una creciente discusión sobre la capacidad de la economía para sostener la recuperación del empleo, los salarios y el consumo, variables que comienzan a adquirir mayor relevancia en la valoración de los activos.

El esquema económico oficial mantiene como prioridad la estabilidad cambiaria y el control de la liquidez. Según el análisis de Eric Ritondale, de Puente, el Gobierno profundizó durante la semana el uso del ancla nominal mediante una combinación de estabilidad del tipo de cambio y una administración más estricta de los pesos disponibles en el sistema financiero. El Banco Central, al mismo tiempo, moderó el ritmo de compra de divisas y las tasas de muy corto plazo se estabilizaron en torno del 20% al 23% después de las tensiones registradas en jornadas anteriores.

El Tesoro consiguió, además, renovar prácticamente la totalidad de sus vencimientos en la última licitación, aunque la demanda volvió a concentrarse en instrumentos de menor plazo. El movimiento de fondos entre el Tesoro, el BCRA y los bancos comerciales contribuyó a reducir parte de la volatilidad, pero no eliminó la restricción de liquidez que atraviesa al sistema.

El problema es que la estabilidad cambiaria tiene un costo cuando se sostiene con tasas elevadas y una oferta monetaria contenida. La estrategia puede contribuir a moderar la inflación y evitar una aceleración de las expectativas devaluatorias, pero también puede enfriar el crédito y postergar decisiones de inversión si la restricción financiera se prolonga.

La inflación de julio agregó una nueva variable a esa ecuación. El 2,1% mensual superó levemente las expectativas del mercado, mientras que la inflación núcleo se ubicó en 1,8%. Aunque las expectativas de largo plazo continúan ancladas alrededor de una inflación mensual de 1,5%, la aceleración reciente reabrió el interrogante sobre cuánto esfuerzo monetario será necesario para sostener el proceso de desinflación.

El mercado laboral y la actividad comienzan así a formar parte de la ecuación financiera. Desde GMA Capital señalaron que las mesas de dinero empiezan a discutir cuánto del aumento del riesgo argentino responde a los recientes traspiés macroeconómicos y cuánto empieza a incorporar el comportamiento de los salarios, el empleo y la heterogeneidad sectorial, junto con el escenario político hacia 2027.

Acciones: ni los buenos balances alcanzaron para revertir la tendencia

La renta variable fue uno de los segmentos más castigados. El S&P Merval llegó a retroceder más de 4% en dólares durante la semana y el sector bancario encabezó las pérdidas, con Banco Macro llegando a caer más de 10%.

La particularidad es que el deterioro bursátil no estuvo acompañado por una temporada de balances negativa. Por el contrario, varias compañías argentinas presentaron resultados superiores a las previsiones. YPF y Pampa Energía superaron en más de 40% las estimaciones de ganancias por acción, mientras Ternium y Telecom también quedaron por encima del consenso.

YPF, además, avanzó en una operación estratégica al aceptar la oferta de Edenor para adquirir el 70% de Metrogas y el 5% de MetroEnergías por US$780 millones. La transacción se encuadra en el proceso de optimización del portafolio de la petrolera y apunta a liberar capital para proyectos de mayor retorno vinculados con Vaca Muerta y las exportaciones.

Sin embargo, el mercado no está premiando exclusivamente los fundamentos corporativos. La percepción de riesgo soberano se convirtió en un factor dominante y terminó imponiéndose incluso sobre las noticias positivas de las empresas.

Los bonos pierden terreno frente a otros emergentes

La deuda soberana también profundizó la corrección. Los Globales retrocedieron a lo largo de prácticamente toda la curva: el GD38 y el GD46 cayeron 1,1%, el GD35 perdió 0,9%, el GD41 bajó 0,8% y el GD30 cedió 0,3%.

El dato relevante no es solamente la magnitud de las pérdidas, sino su comparación internacional. Mientras los bonos argentinos retrocedieron, los de Ecuador avanzaron 0,6%, los de Pakistán 0,5% y los de Egipto 0,4%. El promedio de los mercados emergentes y los bonos del Tesoro estadounidense permanecieron prácticamente estables.

La lectura es contundente: la corrección argentina tiene un componente predominantemente doméstico. No parece responder a una ola generalizada de aversión al riesgo, sino a una reevaluación específica de la economía argentina.

Esto también implica un cambio respecto del primer semestre. Hasta julio, el GD35 acumulaba una ganancia directa del 9% y había superado a Ecuador y al promedio emergente. El retroceso posterior prácticamente borró aquella ventaja y abrió una discusión sobre si el mercado comenzó a incorporar un escenario más complejo para la macroeconomía y la política económica.

La deuda corporativa, en cambio, muestra mayor resistencia. Las Obligaciones Negociables continúan recibiendo flujos, respaldadas por balances sólidos, niveles de endeudamiento relativamente bajos e ingresos sostenidos. Algunas compañías todavía consiguen financiamiento a tasas de 3% anual o inferiores en plazos cortos y las emisiones corporativas acumulan un volumen 30% superior al registrado durante el mismo período de 2025.

Ese comportamiento introduce una diferencia importante dentro del riesgo argentino: mientras el soberano vuelve a ser castigado, el crédito corporativo conserva acceso al mercado. La fortaleza de empresas vinculadas con energía, telecomunicaciones e infraestructura funciona, en este contexto, como una vía de financiamiento alternativa para proyectos productivos aun en un escenario de mayor volatilidad.

El crédito en dólares puede modificar el mapa financiero

La ampliación del crédito bancario en moneda extranjera aparece como otra variable a seguir. La nueva regulación anunciada por el Gobierno permitirá ampliar los destinos de estos préstamos, bajo límites prudenciales específicos y con un tope conjunto equivalente al 15% de los depósitos en dólares de cada entidad para los nuevos destinos.

Para el mercado, el mecanismo podría incrementar la oferta de divisas si las empresas toman esos créditos y los fondos se canalizan a través del mercado oficial. También puede reducir la necesidad de acudir al mercado de capitales, con un eventual impacto sobre la oferta futura de Obligaciones Negociables.

Pero existe una contracara. Mientras el tipo de cambio permanezca estable, el endeudamiento en dólares puede resultar atractivo para las compañías. Una eventual fase de volatilidad cambiaria modificaría rápidamente el incentivo: las empresas endeudadas necesitarían comprar divisas para cancelar sus obligaciones y podrían convertirse en una fuente adicional de demanda.

La política financiera enfrenta, por lo tanto, una cuestión de timing. El crédito en dólares puede profundizar la intermediación y aportar financiamiento productivo, pero su expansión requiere que los riesgos de moneda permanezcan adecuadamente cubiertos.

El escenario externo juega a favor, pero Argentina no logra aprovecharlo

La diferencia con Wall Street resulta significativa. Los datos de inflación de Estados Unidos redujeron las expectativas de un nuevo endurecimiento de la Fed y favorecieron a los activos de riesgo.

El índice de precios al productor estadounidense no registró variaciones mensuales en julio, contra una expectativa de 0,2%, mientras que la medición interanual se desaceleró de 5,5% a 4,7%. La inflación mayorista núcleo avanzó 0,2% mensual, también por debajo de las previsiones.

Con los últimos datos de empleo, IPC e IPP, el mercado comenzó a incorporar una Reserva Federal menos restrictiva. La probabilidad asignada a una suba de tasas en septiembre pasó del 55% al 35%, mientras aumentaron las chances de que la Fed mantenga el rango de 3,50% a 3,75%.

El resultado fue un contexto internacional relativamente favorable para la renta variable y el oro. El S&P 500 incluso llegó a superar los 7.800 puntos, mientras el 85% de las empresas del índice que ya presentaron balances superó las expectativas de beneficios.

Argentina, sin embargo, transitó en sentido contrario.

La señal que deja agosto es que la estabilidad del dólar ya no alcanza por sí sola para sostener las valuaciones. El mercado necesita ahora una combinación más exigente: desinflación consistente, liquidez menos restrictiva, recuperación del empleo y los salarios, crecimiento sostenible y una reducción del riesgo político hacia 2027.

El desafío, desde una perspectiva de desarrollo, consiste en que la estabilidad financiera deje de ser un objetivo defensivo y se transforme en una plataforma para ampliar el crédito, atraer inversión y recuperar el empleo formal. Si ese puente no se construye, la calma cambiaria puede coexistir con una economía de activos locales deprimidos y con un mercado que continúa asignando una prima elevada al riesgo argentino.

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