MERCADO

El riesgo país argentino sigue en baja y se disparan las bolsas por el acuerdo entre EEUU e Irán

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Los bolsas internacionales se dispararon en la apertura con subas fuertes tras el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos y Irán, que le podrían poner fin a la guerra en los próximos días. 

En tanto, el riesgo país argentino volvía a bajar y se posicionaba en 425 puntos, el valor más bajo en ocho años. Se da gracias a la suba en los bonos soberanos, luego de la mejora en la calificación crediticia que recibió el Estado nacional la semana pasada. 

Por otro lado, y raíz del entendimiento entre EEU y los iraníes, el Brent cotizaba a US$82,84, marcando otra caída frente al último cierre.  

Los títulos soberanos anotan avances en Nueva York y el riesgo país se comprime cerca de mínimos de más de ocho años este lunes, en una jornada atravesada por el feriado local por el traslado del Paso a la Inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes. En tanto, los ADRs operan con disparidad.

En Wall Street, los títulos en dólares anotan subas generalizadas, y los Globales trepan hasta 0,9% de la mano del Global 2038 y el Global 2046. Así, el riesgo país se comprime 2,5% en torno a los 426 puntos básicos, su nivel más bajo desde el 27 de abril de 2018.

ADRs, dólar y criptomonedas

Por su parte, los ADRs argentinos operan con disparidad. Mientras los papeles bancarios ganan terreno y suben hasta 3% de la mano de Grupo Supervielle, las energéticas se debilitan por la caída del petróleo e YPF se hunde hasta 6,2%. Entre otros papeles de origen nacional, Edenor lidera las subas con un alza del 3,9%.

A nivel local, el dólar cripto opera en $1.501,56, según Bitso. A su vez, el dólar tarjeta se ubica a $1.885 en este fin de semana largo, en el que el dólar blue se sostiene en los $1.460. Afuera, las criptomonedas avanzan con fuerza: Bitcoin (BTC) escala a los u$s66.753,77 y las principales altcoins lo hacen hasta casi 14%, según Binance.

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El riesgo país se acerca a la barrera de los 430 puntos

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El riesgo país continúa con tendencia a la baja y al promediar la rueda de este viernes es de 433 puntos básicos, aunque los bonos operan con resultado mixto.

El retroceso mantiene el proceso que se inició el jueves tras la mejora de la nota de la deuda pública por parte de Standard & Poor’s.

En caso de que el índice que elabora JPMorgan perfore los 400 puntos se afirma la posibilidad de que el país pueda volver a los mercados voluntarios de crédito.

Esta es una de los objetivos del Gobierno nacional y en especial de la conducción económica. Además, la semana pasada Fitch Ratings también había mejorado la calificación de los bonos argentinos.

En tanto, Moody’s adelantó que en su revisión de julio evaluará la situación de la deuda argentina y se espera que también decida una mejora.

Estas tres firmas son las que influyen en el mercado de bonos mundial a través de sus consideraciones y el hecho de que mejoren la nota implica que hay más dinero disponible de inversores para comprar títulos argentinos. Esto mejora los precios de los bonos y baja la tasa de interés para empresas.

Por su reglamento interno, muchos fondos que manejan activos multimillonarios tienen prohibido invertir en países con mala calificación crediticia.

En forma paralela, la empresa MSCI decidirá en dos semanas si saca a la Argentina de su calificación de “standalone”, fuera de toda posibilidad de inversión, y la ubica en “mercado de frontera”, considerado de alto riesgoso; la aspiración de máxima sería pasar a ser “mercado emergente”.  

El índice MSCI se ocupa del mercado accionario y sus decisiones orientan a los inversores a comprar o vender papeles de un país.

De allí también se explica la suba de las acciones. Al momento, el MERVAL sube 0,5% y los ADRs en Nueva York también experimentan avances

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Finanzas apuesta a extender plazos y captar cobertura: lanza bonos duales hasta 2030 y reabre instrumentos atados al dólar

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La Secretaría de Finanzas volverá a testear este miércoles el apetito del mercado por la deuda soberana con una licitación que combina cobertura inflacionaria, protección cambiaria y financiamiento en moneda dura. La novedad central será el debut de una nueva familia de bonos duales en pesos con vencimientos entre 2028 y 2030, instrumentos que buscan ofrecer a los inversores una cobertura más amplia en un contexto donde la desaceleración de la inflación convive con interrogantes sobre la evolución de las tasas de interés y el tipo de cambio.

La convocatoria, cuya recepción de ofertas se extenderá entre las 10 y las 15 horas del 10 de junio, forma parte de la estrategia del Ministerio de Economía para sostener el proceso de refinanciamiento de vencimientos y, al mismo tiempo, construir una curva de financiamiento más larga en moneda local. La liquidación de las operaciones se concretará el 12 de junio.

El menú diseñado por el equipo económico muestra una señal clara: el Gobierno busca profundizar la migración desde instrumentos de corto plazo hacia deuda de mayor duración, reduciendo los riesgos de refinanciación concentrados en los próximos meses. Para ello ofrecerá tres nuevos Bonos del Tesoro Nacional en pesos duales con vencimientos en diciembre de 2028, diciembre de 2029 y junio de 2030.

Estos títulos presentan una característica distintiva. Al vencimiento pagarán el mayor rendimiento entre dos variables: la actualización por inflación medida a través del CER o la evolución de la tasa TAMAR, que refleja el rendimiento promedio de los depósitos mayoristas de más de 1.000 millones de pesos en bancos privados, más un margen adicional del 3%. De este modo, los inversores quedan cubiertos tanto frente a un eventual rebrote inflacionario como ante un escenario de tasas reales más elevadas.

La aparición de estos bonos duales representa una innovación relevante dentro de la estrategia financiera oficial. En los últimos meses, la baja de la inflación y la estabilización cambiaria modificaron las preferencias del mercado, obligando al Tesoro a ofrecer instrumentos con esquemas de protección más sofisticados para atraer demanda y extender plazos sin convalidar costos excesivos de financiamiento.

Junto con los títulos duales, Finanzas volverá a ofrecer cobertura cambiaria mediante instrumentos dólar linked. En esta oportunidad se emitirán una nueva Letra vinculada al dólar oficial con vencimiento en agosto de 2026 y un Bono dólar linked con vencimiento en diciembre de 2028. Ambos se suscribirán en pesos, utilizando el tipo de cambio de referencia del Banco Central, y devolverán capital ajustado por la evolución del dólar oficial al momento del vencimiento.

La presencia de estos instrumentos revela que, pese al esquema de estabilidad cambiaria impulsado por el Gobierno, sigue existiendo una demanda de cobertura frente a eventuales movimientos del tipo de cambio. Para el Tesoro, esta alternativa permite captar fondos sin necesidad de emitir deuda directamente denominada en moneda extranjera.

El tercer componente de la licitación será la reapertura del BONAR 2028 (AO28), un bono en dólares con cupón del 6% anual y vencimiento en octubre de 2028. A diferencia de los instrumentos en pesos, la suscripción y la integración deberán realizarse exclusivamente con dólares estadounidenses. Además, el Tesoro habilitará una segunda vuelta por adhesión el 11 de junio para ampliar la colocación, con un límite global de emisión de hasta 300 millones de dólares.

La reapertura del AO28 constituye una nueva prueba para medir la capacidad del Gobierno de captar divisas genuinas en el mercado doméstico. Desde la flexibilización cambiaria y la mejora en los indicadores financieros, Economía busca consolidar una fuente de financiamiento en dólares que reduzca la dependencia de organismos multilaterales y fortalezca el perfil de deuda del Tesoro.

Otro aspecto relevante del llamado es la operación de conversión de deuda bajo el marco del Decreto 846/24. Los tenedores del BONCER TZX26 y del Bono Dual TTJ26, ambos con vencimiento en junio de 2026, podrán canjear sus posiciones por los nuevos bonos duales con vencimientos entre 2028 y 2030. La iniciativa apunta a despejar vencimientos concentrados en el corto plazo y trasladar compromisos hacia horizontes más largos, una estrategia habitual en los procesos de administración de pasivos.

Desde el punto de vista financiero, el resultado de esta licitación será observado con especial atención por el mercado. No sólo permitirá medir el nivel de confianza de los inversores en la estrategia económica del Gobierno, sino también evaluar hasta qué punto existe disposición a financiar al Tesoro a plazos cada vez más extensos en un escenario donde la inflación continúa descendiendo, pero persisten desafíos vinculados a la consolidación fiscal, la acumulación de reservas y la sostenibilidad del esquema cambiario.

La licitación también servirá como termómetro para conocer cuál de las coberturas resulta hoy más atractiva para los inversores: la protección frente a la inflación, el resguardo contra movimientos del dólar o la búsqueda de rendimientos reales mediante instrumentos vinculados a las tasas del sistema financiero. La respuesta del mercado ofrecerá señales relevantes sobre las expectativas económicas para los próximos años.

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Las acciones argentinas extienden las bajas mientras la guerra y la Fed dominan la agenda global

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La incertidumbre geopolítica volvió a imponerse sobre el entusiasmo tecnológico en los mercados internacionales y arrastró a los activos argentinos a una nueva jornada de corrección. El S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 0,9% y acumuló su segunda rueda consecutiva en terreno negativo, en un contexto donde las dudas sobre la evolución del conflicto en Medio Oriente comenzaron a neutralizar el optimismo que había generado el boom de la inteligencia artificial en Wall Street.

La corrección local se produjo después de varias semanas en las que Argentina había mostrado una performance relativamente sólida frente al deterioro global. Sin embargo, el regreso de la aversión al riesgo golpeó principalmente a las acciones argentinas que cotizan en Nueva York. Globant encabezó las pérdidas con una caída cercana al 7%, reflejando la sensibilidad del sector tecnológico ante cualquier cambio de humor de los inversores internacionales.

En contraste, las compañías vinculadas a la energía volvieron a mostrar resiliencia. YPF, Pampa Energía y Vista Energy lograron sostener ganancias impulsadas por un nuevo avance del petróleo, que continúa reaccionando a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y a las amenazas sobre la estabilidad de los flujos energéticos globales.

La dinámica no es casual. A medida que aumentan las dudas sobre una resolución definitiva entre Estados Unidos e Irán y persisten los focos de conflicto en la región, el mercado incorpora una prima de riesgo sobre los precios de la energía. El Brent volvió a ubicarse en niveles elevados, consolidando un escenario favorable para las petroleras, pero generando al mismo tiempo mayores presiones inflacionarias sobre las economías desarrolladas.

Para Argentina, el efecto es dual. Por un lado, las empresas energéticas se benefician de un contexto de precios más altos. Por otro, un petróleo caro puede retrasar el proceso de baja de tasas en Estados Unidos y fortalecer al dólar a nivel global, dos variables que suelen afectar a los mercados emergentes.

En ese marco, Wall Street operó con bajas moderadas de entre 0,2% y 0,4%, luego de haber alcanzado máximos históricos en la jornada previa. Los inversores se encuentran atrapados entre dos narrativas contrapuestas: el extraordinario impulso que la inteligencia artificial está generando sobre las ganancias corporativas y la incertidumbre derivada de la geopolítica internacional.

Los balances recientes de gigantes tecnológicos como Dell y Hewlett Packard reforzaron la percepción de que la revolución de la inteligencia artificial está generando una nueva ola de crecimiento empresarial. Sin embargo, el mercado comenzó a preguntarse cuánto tiempo podrá sostenerse ese impulso si el escenario internacional continúa deteriorándose.

A la tensión geopolítica se suma otro factor que empieza a preocupar a los operadores: la política monetaria estadounidense. Los últimos indicadores laborales mostraron una economía más robusta de lo esperado y volvieron a poner en duda la velocidad con la que la Reserva Federal podría avanzar hacia nuevos recortes de tasas.

Actualmente, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantiene en torno al 4,45%, un nivel que sigue siendo elevado para los estándares históricos recientes. Al mismo tiempo, los contratos de futuros comienzan a reflejar una probabilidad creciente de que la Fed mantenga una postura restrictiva durante más tiempo del previsto.

Para los activos argentinos, este escenario representa un desafío adicional. Si bien el riesgo país permanece estable en torno a los 488 puntos básicos y los bonos soberanos operan con variaciones acotadas, el mercado sigue monitoreando tres variables clave: la acumulación de reservas por parte del Banco Central, la estabilidad cambiaria y la evolución de la inflación.

Los analistas destacan que, pese a la volatilidad externa, Argentina continúa exhibiendo una fortaleza relativa superior a la observada en otros episodios de tensión internacional. La combinación de superávit fiscal, mejora en las cuentas energéticas y una reducción gradual del riesgo soberano ha permitido amortiguar parte de los shocks externos.

No obstante, la dependencia de los flujos financieros globales sigue siendo un factor determinante. En un mercado donde la tecnología sostiene gran parte de las ganancias bursátiles y la geopolítica amenaza con alterar las expectativas, cualquier movimiento de la Reserva Federal o una escalada en Medio Oriente puede modificar rápidamente el apetito por riesgo.

Por ahora, los inversores parecen haber optado por una estrategia de cautela. La inteligencia artificial continúa impulsando las valuaciones de las grandes tecnológicas, pero la guerra, el petróleo y las tasas vuelven a recordar que los mercados globales siguen transitando un delicado equilibrio entre crecimiento e incertidumbre.

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SpaceX prepara una salida a bolsa récord de US$75.000 millones

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La próxima gran batalla de Wall Street podría librarse fuera de la inteligencia artificial y dentro de la industria aeroespacial. SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk, evalúa concretar una Oferta Pública Inicial (IPO) histórica con un precio de referencia de US$135 por acción, una decisión que le permitiría recaudar aproximadamente US$75.000 millones y alcanzar una valuación cercana a los US$1,75 billones.

De concretarse en esos términos, la operación se convertiría en una de las mayores salidas a bolsa de la historia moderna y marcaría un punto de inflexión para los mercados globales, que durante los últimos años registraron una fuerte caída en las operaciones de gran escala debido al aumento de las tasas de interés, la volatilidad financiera y la incertidumbre geopolítica.

La novedad no reside únicamente en la magnitud de la oferta. Lo que más llamó la atención de los operadores financieros es que SpaceX estaría dispuesta a fijar anticipadamente el precio de colocación antes de iniciar formalmente el tradicional roadshow con inversores institucionales. Se trata de una práctica poco habitual en Wall Street, donde las empresas suelen establecer rangos de precios que luego se ajustan según la demanda del mercado.

La compañía de Musk proyecta colocar alrededor de 555,6 millones de acciones, una cifra que la posicionaría entre las empresas más valiosas del planeta. Para ponerlo en perspectiva, una valuación de US$1,75 billones ubicaría a SpaceX en una liga reservada para gigantes tecnológicos globales y la acercaría a los niveles de capitalización bursátil de firmas como Apple, Microsoft o Nvidia.

Más allá de la operación financiera, el mercado interpreta este movimiento como una señal de reapertura para las grandes ofertas públicas iniciales. La expectativa es que la salida de SpaceX funcione como catalizador para otras compañías tecnológicas de alto crecimiento que permanecieron fuera de los mercados bursátiles durante los últimos años.

Entre las candidatas más mencionadas aparecen OpenAI y Anthropic, dos de las empresas más influyentes del ecosistema de inteligencia artificial. La eventual llegada de estos jugadores a Wall Street podría inaugurar un nuevo ciclo de financiamiento para el sector tecnológico, comparable al auge de las empresas de internet durante los años noventa o a la explosión de las plataformas digitales en la década pasada.

El interés de los inversores se explica también por la naturaleza híbrida del negocio de SpaceX. A diferencia de otras compañías aeroespaciales tradicionales, la firma combina infraestructura satelital, telecomunicaciones, servicios de lanzamiento espacial, defensa y tecnologías vinculadas al futuro desarrollo de la economía orbital.

Su proyecto Starlink, por ejemplo, se ha convertido en una de las redes de internet satelital más importantes del mundo, con presencia en decenas de países y creciente relevancia estratégica para gobiernos, fuerzas armadas y sectores productivos.

La operación también refleja una tendencia más amplia: el creciente interés del mercado por compañías vinculadas a sectores considerados estratégicos para la próxima década. La inteligencia artificial, la computación avanzada, la conectividad global, la exploración espacial y la infraestructura energética concentran actualmente buena parte de los flujos de inversión internacionales.

Para los mercados emergentes, incluida Argentina, el movimiento no es menor. Las grandes colocaciones tecnológicas suelen actuar como termómetro global del apetito por riesgo. Una IPO exitosa de SpaceX podría mejorar el clima financiero internacional, favorecer el ingreso de capitales hacia activos de mayor rendimiento y fortalecer la liquidez global disponible para inversiones corporativas.

En un contexto donde las tensiones geopolíticas, los conflictos en Medio Oriente y las dudas sobre la política monetaria de la Reserva Federal siguen condicionando a los mercados, la apuesta de Elon Musk aparece como un test decisivo para medir la confianza de los inversores en el próximo ciclo tecnológico.

Si la operación alcanza los niveles previstos, SpaceX no solo batirá récords de financiamiento. También podría convertirse en la puerta de entrada de una nueva generación de gigantes tecnológicos al mercado de capitales global, redefiniendo el mapa de inversiones de la próxima década.

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