Óptica Spinelli abrió oficialmente una nueva temporada con la presentación de su colección primavera-verano, una propuesta que combina las últimas tendencias en gafas de sol, diseño y tecnología aplicada al cuidado de la salud visual. La firma reunió a clientes y amigos en Posadas para mostrar las novedades que marcarán los próximos meses.
La presentación tuvo como una de sus protagonistas a la marca Bull, que desembarcó con su colección completa de anteojos de sol y una amplia variedad de modelos.
“Estamos inaugurando la colección primavera-verano con todo lo nuevo en gafas de sol y esta vez nos acompaña Bull, que es una marca muy conocida a nivel nacional y que a nuestros clientes les encanta. Trajimos la colección completa para que puedan venir, conocerla y elegir”, explicó Sabrina Spinelli, durante el lanzamiento.
La nueva temporada encuentra además a Óptica Spinelli en plena etapa de crecimiento y consolidación de sus sucursales en Misiones. Uno de los movimientos más recientes fue la renovación de su presencia en Puerto Iguazú, donde la firma se trasladó a un nuevo local.
“Hace poco nos mudamos de sucursal en Iguazú y la verdad es que fue un éxito total. Cada vez buscamos mejorar más, especialmente el asesoramiento que les damos a nuestros clientes, y ofrecer nuevas alternativas para cuidar la salud visual”, destacó Spinelli.
La apuesta por los lentes multifocales
Más allá de las tendencias de moda, la empresa puso el foco en uno de los segmentos que viene mostrando mayor crecimiento: los lentes multifocales.
Spinelli señaló que la óptica profundizó su especialización en este tipo de soluciones y que la incorporación de nueva tecnología permitió mejorar sensiblemente la experiencia de los usuarios.
“Estamos siendo especialistas en lentes multifocales y cada vez nos eligen más clientes. Durante mucho tiempo se dijo que los multifocales mareaban o que era difícil acostumbrarse, pero con la tecnología que incorporamos el año pasado logramos cambiar mucho esa experiencia”, explicó.
La innovación fue presentada en diciembre pasado en Posadas y, según destacó la empresaria, representó “una revolución” para la atención de los pacientes que necesitan combinar distintas graduaciones en un mismo lente.
La estrategia de Óptica Spinelli apunta así a unir dos dimensiones que cada vez tienen mayor peso entre los consumidores: la estética y el cuidado de la visión. Anteojos que acompañan las tendencias de cada temporada, pero también asesoramiento personalizado y tecnología para responder a las necesidades visuales de cada cliente.
Con la nueva colección primavera-verano, la firma vuelve a renovar su propuesta en Misiones, apoyada en la expansión territorial, la incorporación de marcas reconocidas y una apuesta sostenida por mejorar la experiencia de quienes llegan a sus sucursales.
Moala, la chocolatería de autor creada en Ushuaia durante la pandemia por el maestro chocolatero Adrián Ramírez Cantarell, abre su primer local en Buenos Aires en el marco de la celebración del Día Internacional del Chocolate, el domingo 13 de septiembre.
Ubicado en El Salvador 4723, Palermo Soho, el nuevo espacio cuenta con 120 metros cuadrados. La apertura marca un nuevo paso en la expansión de la marca, que ya está presente en Ushuaia y El Calafate, y propone una experiencia donde el chocolate convive con el diseño, la ilustración, la arquitectura y una identidad visual especialmente desarrollada para cada ciudad.
La llegada de Moala a Buenos Aires se da en un momento en el que el chocolate comienza a atravesar una transformación similar a la que vivieron el café de especialidad, el vino o la coctelería. Deja de ser pensado únicamente como un producto de consumo o un regalo tradicional para convertirse en una experiencia asociada al origen, el diseño, la calidad, la identidad y el compartir. En ese escenario, la marca apuesta por llevar la chocolatería hacia un territorio en el que el producto es tan importante como todo el universo creativo que lo rodea.
Actualmente, Moala produce más de 20.000 kilos de chocolate al año, cuenta con 75 tipos de productos entre trufas, bombones, tabletas y figuras de chocolate, y registra un crecimiento sostenido del 15% anual. Con la apertura de Palermo, suma además una capacidad productiva propia en Buenos Aires y amplía una propuesta que busca combinar oficio chocolatero, creatividad y diseño.
Pero más allá de los números, Moala construyó una identidad propia a partir de una idea simple: reinterpretar el chocolate para crear piezas extraordinarias a partir de la intensidad del fin del mundo.
En un mercado históricamente asociado al consumo impulsivo, al souvenir turístico o a la chocolatería tradicional, Moala propone una mirada distinta. Sus bombones se exhiben como piezas de colección, el packaging funciona como parte de la experiencia y cada ciudad donde opera la marca desarrolla un universo visual propio.
“El chocolate tiene algo muy especial: una pieza pequeña puede despertar un recuerdo, cambiarte el ánimo o simplemente regalarte un buen momento. Para nosotros es una de las expresiones más puras de la pastelería y por eso buscamos trabajar cada chocolate con la máxima calidad, pero también con creatividad y sensibilidad”, explica Adrián Ramírez Cantarell, fundador y maestro chocolatero de Moala.
La propuesta combina técnica chocolatera, materia prima de origen internacional, rellenos elaborados artesanalmente y una fuerte apuesta por el diseño. El cacao utilizado proviene principalmente de África Occidental y Sudamérica, mientras que las coberturas son seleccionadas en Bélgica, Francia y Ecuador. También incorporó maquinaria proveniente de Italia y cuenta con moldes que fueron realizados en exclusiva e importados desde Bélgica. La marca además desarrolla sus propios rellenos y pastas de frutos secos, sin conservantes y bajo procesos propios.
El nuevo local se destaca por contar con un sector de producción a la vista, donde el público puede ver parte del proceso de elaboración: terminaciones, detalles, pinceladas y el trabajo manual que vuelve única a cada pieza.
Un chocolate con identidad
En Moala, artistas, ilustradores y diseñadores forman parte del proceso creativo de cada propuesta. Su trabajo atraviesa el packaging, la ambientación de los locales y los distintos elementos visuales de la marca, construyendo una identidad particular para cada destino. De ese cruce entre arte, chocolate y territorio surgieron algunos de sus personajes de chocolate más reconocibles: la oveja de El Calafate, el pingüino de Ushuaia y ahora la vaca de Buenos Aires, figuras que reinterpretan el espíritu de cada ciudad.
La apertura de Palermo suma así un nuevo capítulo al universo de la marca, esta vez inspirado en Buenos Aires. La arquitectura, las calles, los espacios verdes, los íconos urbanos, la flora y la fauna porteña se traducen en ilustraciones, colores, packaging y productos exclusivos que le dan al nuevo local una personalidad propia.
Entre los productos destacados para la apertura se encuentran las cajas Vaquitas, las tabletas personalizadas, las cajas premium y las colecciones de bombones especialmente desarrolladas para el nuevo local como los bombones en diseño y sabor: medialuna, cacao, maní y flat white. También los chocolates con pochoclo y los tabletones en más de 18 sabores para elegir.
El espacio cuenta con productos insignia creados en la Patagonia concebidos como el corazón conceptual de la marca y como un puente entre el origen fueguino de Moala y su desembarco en la capital argentina. Frutos rojos, calafate y frambuesas patagónicas se destacan en los rellenos de estos chocolates.
“Nacimos en Ushuaia, pero nuestro diferencial nunca fue solamente el lugar donde estamos. Lo que nos interesa es la libertad creativa que surge de crear lejos de las fórmulas tradicionales. Eso es lo que intentamos transmitir en cada producto, cada colección y cada espacio”, agrega Ramírez Cantarell.
Con esta apertura, Moala suma su tercer local y el primero fuera de la Patagonia, en una etapa que marca el inicio de su expansión hacia nuevos mercados sin abandonar su lógica de autor: producir con diseño, sostener la calidad y desarrollar una identidad propia para cada ciudad.
Fact Sheet
Superficie: 120 m²
Producción anual: 20 toneladas de chocolate
Producción mensual: 1,5 toneladas
Crecimiento anual: 15%
75 productos disponibles + colecciones especiales
Locales: Ushuaia, El Calafate y Buenos Aires
Capacidad productiva en Buenos Aires: 25 toneladas anuales
En tiempos en los que todo parece urgente, Coca-Cola invita a detenerse un momento y volver a poner en el centro aquello que realmente importa: los encuentros auténticos alrededor de una mesa compartida.
The Coca-Cola Company presenta en Argentina su nueva campaña global “El mundo puede esperar” (The World Will Wait), una invitación a detenerse un momento, dejar de lado las distracciones diarias de la rutina y reconectar con quienes queremos través del valor de compartir una comida.
La propuesta busca conectar especialmente con las generaciones Z y Millennials, que, aunque viven al ritmo de agendas cada vez más exigentes, siguen valorando profundamente esos encuentros auténticos que fortalecen los vínculos alrededor de una mesa.
En este sentido, la iniciativa surge para desafiar la tensión cultural de elegir las cosas aparentemente ‘urgentes’ de la vida por encima de disfrutar de esos encuentros cotidianos, demostrando que la verdadera conexión ocurre cuando se prioriza el vínculo con los seres queridos por encima de las obligaciones diarias.
“En un mundo que exige constantemente nuestra atención, hemos observado una creciente tensión entre nuestros consumidores —especialmente en las generaciones más jóvenes— que desean sinceramente una conexión genuina, pero que a menudo se sienten abrumados por las presiones de la vida diaria”, afirmó Arnab Roy. “‘El mundo puede esperar’ está diseñada para inspirarnos y recordarle a todos que algunos momentos son demasiado importantes como para postergarlos.
Queremos reencender la alegría de compartir la mesa, posicionando a Coca-Cola como el acompañante perfecto que une a las personas”. Por su parte, sobre el desembarco de esta plataforma en el país, Victoria Castagnino, Directora Senior de Marketing para Coca-Cola Argentina y Uruguay, expresó: “En Argentina, país donde la mesa y las charlas de sobremesa son un ritual sagrado, esta propuesta cobra un sentido aún más especial. Vemos que en el día a día los argentinos valoran más que nunca esos ratitos de desconexión para estar con la gente que quieren. ‘El mundo puede esperar’ nace como un recordatorio de que no hay nada más urgente que sentarnos a compartir con amigos o familia, demostrando que cuando nos juntamos, todo lo demás puede esperar”.
La campaña integral en el país incluye:
Contenido Audiovisual Evocador: Dos spots principales, “Laptop Face” (“Cara de Laptop”) y “La reunión más importante”, retratan situaciones cotidianas con las que el público se identificará fácilmente, donde las personas eligen priorizar la mesa por encima de las obligaciones laborales, recordándonos que nada es más urgente que los momentos que compartimos en la mesa alrededor de una comida y una Coca-Cola. Movimiento de Influencers #AFKMeals: Inspirándose en el popular término gamer “AFK” (Away from Keyboard / Lejos del teclado), Coca-Cola transforma la costumbre de disculparse por estar desconectado en un símbolo de orgullo por priorizar los encuentros del mundo real. Creadores de contenido e influencers locales invitarán a sus comunidades a compartir sus momentos #AFKMeals, impulsando una acción colectiva para alejarse de las pantallas y conectar alrededor de la comida. Vía Pública (OOH) y Digital: Gráficas visuales que contraponen las situaciones ‘urgentes’ de todos los días con la alegría irremplazable de compartir una mesa con seres queridos, llevando mensajes gancheros como “Lo “urgente” puede esperar, disfrutar juntos no” o “Nadie dijo nunca: ‘Esta pizza pudo ser un mail’”, entre otras. Además, las activaciones digitales ofrecerán la oportunidad de acceder a experiencias exclusivas mientras se promueven los momentos de encuentro.
A través de estas iniciativas, “El mundo puede esperar” busca reconectar a los argentinos con el placer simple y el poder emocional de comer juntos, convirtiendo a Coca-Cola en el acompañante perfecto que reúne a las personas en el corazón de cada mesa compartida.
La médica ginecóloga Silvana Gamarra convirtió una experiencia personal vinculada con la alimentación en dos emprendimientos que hoy generan empleo y suman una nueva propuesta gastronómica a Oberá. Ketolandia nació como panadería saludable y Poketo amplió el concepto hacia la cafetería y los bowls. Ahora, el proyecto familiar comienza a estudiar un próximo paso: desarrollar un modelo de franquicias.
Oberá atraviesa un momento particularmente dinámico en materia comercial. En una ciudad que viene recibiendo nuevas inversiones, ampliaciones y propuestas gastronómicas, también empiezan a ganar terreno emprendimientos que no compiten solamente por precio o ubicación, sino que intentan construir un concepto propio.
En ese escenario nacieron Ketolandia y Poketo, dos proyectos de una misma familia y forjados a partir de una misma idea: ofrecer alternativas para quienes buscan reducir el consumo de harina de trigo, azúcares refinados y productos ultraprocesados.
Detrás de ambos está Silvana Carolina Gamarra, médica ginecóloga desde 2006, formada además en medicina ortomolecular y nutrigenómica. Su ingreso al mundo empresarial no significó abandonar la medicina. En cierta forma, ocurrió exactamente al revés: fue desde su experiencia profesional, sus estudios y, especialmente, su historia personal que comenzó a imaginar el negocio.
“Si yo puedo mejorar, pueden mejorar otras personas”, resume Gamarra al explicar el razonamiento que terminó convirtiéndose en un proyecto comercial.
El primer paso fue Ketolandia, que abrió sus puertas en noviembre de 2024. La propuesta fue desarrollar una panadería diferente de la tradicional. Allí no se utiliza harina de trigo y las recetas incorporan alternativas como harina de almendras, coco o garbanzos. Tampoco trabajan con azúcar de mesa, sino que recurren, según cada producto, a stevia, eritritol o frutas.
La premisa es sencilla pero ambiciosa: conservar una costumbre profundamente argentina -comer pan, medialunas, tortas y otros productos de bollería- modificando los ingredientes con los cuales se elaboran.
El catálogo fue creciendo. Hoy incluye panes de molde y de campo, ciabattas, medialunas, productos de repostería y otras variedades. También desarrollaron alfajores con diferentes rellenos y una línea propia de helados en palito denominada Sin Cero, elaborada bajo el mismo concepto de reducción de azúcares.
Las mermeladas, el dulce de batata y el membrillo son elaborados en la propia panadería. Según explica Gamarra, tampoco utilizan conservantes ni colorantes y privilegian materias grasas como el aceite de oliva, aceite de coco y, dependiendo de las recetas, manteca.
Pero Ketolandia no nació de un estudio de mercado convencional. Nació de una historia.
Gamarra cuenta que durante buena parte de su vida convivió con distintos malestares y que, con el tiempo, identificó una intolerancia al gluten, aunque aclara que no es celíaca.
A partir de allí comenzó a modificar su alimentación, investigó alternativas y realizó distintas formaciones, incluso en España, relacionadas con dieta cetogénica y nutrición.
Esa búsqueda personal fue transformándose paulatinamente en otra cosa. “Se me abrió un panorama y un nuevo estilo de vida”, recuerda.
La experiencia también estuvo atravesada por la historia de su padre, quien padecía diabetes e hipertensión y sufrió un accidente cerebrovascular antes de fallecer. Aquello terminó convirtiéndose en uno de los motores emocionales del proyecto.
Gamarra comenzó a preguntarse por qué una persona que debía restringir determinados alimentos encontraba tan pocas alternativas cuando quería comprar algo tan cotidiano como una medialuna, un panificado o una torta.
De esa pregunta surgió una oportunidad. No se trataba de decirle al consumidor qué debía comer, sino de darle la posibilidad de elegir.
“Por lo menos que exista la opción que en su momento yo me planteaba que mi papá no tenía”, explica.
Esa combinación entre experiencia personal, formación profesional y demanda insatisfecha fue la semilla de Ketolandia.
La recepción del mercado terminó empujando el segundo paso. Ketolandia comenzó a recibir clientes de Oberá y de localidades cercanas, entre ellos personas con diferentes restricciones alimentarias o consumidores que simplemente habían decidido modificar algunos hábitos.
A partir de esa demanda, la familia detectó que había espacio para ampliar el concepto. Así nació Poketo, que abrió sus puertas en julio de 2026. Esta vez la apuesta fue más allá de una panadería.
Poketo incorpora una cafetería saludable. El cliente puede armar su propio bowl seleccionando carnes, vegetales, semillas y toppings, con la intención de resolver una comida completa dentro de una rutina cotidiana marcada por el trabajo, la escuela, los horarios y la falta de tiempo.
El concepto apunta precisamente a una de las transformaciones del consumo urbano: existe un público que quiere comer de determinada manera, pero que no siempre dispone del tiempo necesario para preparar esos alimentos.
Poketo intenta ocupar ese espacio. La cafetería mantiene la filosofía que dio origen a Ketolandia. Utiliza cacao 100%, distintas bebidas elaboradas a partir de ingredientes como remolacha y zanahoria y alternativas que buscan evitar azúcares refinados.
Dos conceptos, una misma dirección
Los dos emprendimientos funcionan uno junto al otro, en Jujuy 394, Oberá. Ketolandia ocupa el local A y Poketo el local B. Sin embargo, cada espacio fue diseñado con una identidad diferente.
En la panadería, los productos están exhibidos en canastas sobre una mesa central. El cliente elige personalmente las piezas que quiere comprar, se pesan y finalmente se determina el precio. La inspiración surgió de una panadería que Gamarra conoció durante uno de sus viajes.
Poketo, en cambio, fue pensado también como un lugar de permanencia. Cuenta con sillones, mesas para grupos pequeños y una mesa de mayor tamaño destinada a reuniones familiares. Además, incorporaron un pequeño sector literario con libros para adultos y niños.
La intención es que el espacio permita hacer algo que muchas veces parece haber desaparecido de la experiencia gastronómica: quedarse.
Tomar un café, conversar, leer, escuchar música o simplemente reducir por un rato la velocidad de la rutina y el protagonismo del teléfono celular.
Los emprendimientos son también una empresa familiar. Gamarra trabaja junto a su marido, Marcelo, abogado de profesión. Ambos participan activamente de la operación cotidiana y cuentan con empleados tanto en la panadería como en la cafetería.
De ese modo, dos profesionales provenientes de actividades completamente diferentes terminaron construyendo una nueva unidad económica y generando puestos de trabajo alrededor de una idea que inicialmente había surgido dentro de su propia casa.
La familia, de hecho, fue el primer laboratorio del proyecto. Gamarra recuerda que uno de sus objetivos era que su hijo, hoy de 12 años, pudiera incorporar determinados hábitos no como una imposición sino entendiendo las razones detrás de cada elección.
El cambio comenzó en la mesa familiar y después saltó al mercado. “Mi esposo es abogado, yo soy médica”, señala al describir un recorrido empresarial que no había comenzado originalmente en el mundo gastronómico.
La historia de Poketo y Ketolandia se inserta además en un proceso más amplio.
Oberá viene mostrando en los últimos años una creciente dinámica de inversiones comerciales y gastronómicas. Nuevas marcas, ampliaciones, emprendimientos locales y conceptos diferentes están modificando gradualmente la oferta de la ciudad y reforzando su condición de centro económico de la zona Centro de Misiones.
En ese mapa, los emprendimientos de Gamarra aportan una característica particular: la especialización.
Esa diferenciación puede ser, precisamente, una de las claves para competir en mercados urbanos donde la oferta gastronómica es cada vez mayor. Y el proyecto ya empieza a mirar más allá de Oberá. El crecimiento despertó consultas para replicar el modelo en otras localidades.
Gamarra confirma que ya recibieron pedidos para desarrollar franquicias y que la familia está trabajando sobre esa posibilidad. El desafío no es menor.
Una de las fortalezas del producto -la ausencia de conservantes- también representa una dificultad logística. Algunos panificados tienen una ventana de entre 24 y 48 horas antes de necesitar congelación, lo que obliga a diseñar cuidadosamente cualquier eventual esquema de producción, almacenamiento y distribución. “Es una logística bastante compleja, pero no imposible”, reconoce.
Por eso, antes de expandirse, buscan terminar de ajustar los procesos. El objetivo, sin embargo, está definido.
“El propósito a largo plazo sí es una franquicia”, asegura Gamarra. Si ese salto finalmente se concreta, Ketolandia habrá recorrido en pocos años un camino significativo: de una necesidad personal a una panadería; de la panadería a una cafetería; de un emprendimiento familiar a una marca con potencial para replicarse fuera de Oberá.
Es también una pequeña postal de la transformación empresarial que atraviesa la ciudad. Silvana Gamarra resume la filosofía detrás de su apuesta con una frase que, además de explicar su relación con la alimentación, permite entender la lógica con la que decidió emprender: “La salud y la alimentación son una inversión y no un gasto”.
El té ya no quiere quedar asociado únicamente a una taza caliente durante la merienda. En Misiones, un emprendimiento busca correr ese límite y convertir a la infusión en protagonista de reuniones sociales, barras de tragos y propuestas gastronómicas. La apuesta de Apasionaté es ampliar las ocasiones de consumo y explorar un mercado que todavía tiene margen para crecer.
El té empieza a abandonar el lugar que tradicionalmente ocupó en la mesa misionera. Ya no se trata solamente de una infusión caliente asociada al desayuno, la merienda o una pausa cotidiana. También puede convertirse en una bebida fría, integrar una copa de bienvenida, formar parte de una barra de tragos o funcionar como base de un cóctel con o sin alcohol. Esa transformación es el terreno sobre el que Rita Salguero construyó Apasionaté, un emprendimiento que desde 2019 busca ampliar la manera de consumir y experimentar el té.
La marca atraviesa ahora una nueva etapa. En pocos meses tendrá su primer local comercial en la galería Bencivenga de Posadas, un paso que marca el crecimiento de un proyecto que hasta el momento se desarrolló principalmente a través de la venta directa y las redes sociales. El desembarco físico permitirá acercar la propuesta a un público más amplio y consolidar una identidad comercial alrededor de los blends, las infusiones y las experiencias vinculadas con el té.
Salguero es diseñadora de blends, sommelier de té, terapeuta vibracional y docente. Desde ese recorrido desarrolló una propuesta que combina conocimiento técnico, creatividad y una búsqueda por ampliar los momentos y espacios en los que el té puede formar parte de la vida cotidiana. Actualmente trabaja con 14 líneas de blends, además de variedades de té en hebras como negro, verde, blanco y oolong.
“Apasionaté” nació con una idea concreta: darle mayor valor al té más allá de la infusión tradicional. Para Salguero, el desafío consiste en cambiar la asociación inmediata que existe entre la palabra té y una taza caliente. La propuesta apunta a incorporar la bebida en reuniones sociales, copas de bienvenida, barras de tragos y coctelería, tanto con alcohol como sin alcohol.
La tendencia ya tiene antecedentes en otros mercados, donde el té frío forma parte de la oferta habitual de bebidas. En Argentina, en cambio, ese consumo todavía está en una etapa de desarrollo. “Hay un mercado, empezó, pero todavía no es masivo”, explicó Salguero, al señalar que ya existen propuestas de té listo para consumir y bebidas elaboradas a partir de esta infusión.
El cambio también encuentra una oportunidad en una nueva generación de consumidores que busca combinar practicidad y productos asociados a lo natural. En ese escenario, el té puede ocupar un espacio entre las bebidas tradicionales y las nuevas alternativas de consumo, especialmente cuando se presenta en formatos fríos, listos para beber o integrados a experiencias gastronómicas.
Para introducir esos hábitos, Apasionaté apuesta particularmente por los blends. La explicación es sensorial: las combinaciones con frutas, pétalos de flores, esencias y especias permiten suavizar el sabor y aportar aromas y notas dulces que facilitan el acercamiento de quienes todavía no tienen incorporado el consumo habitual de té.
La estrategia también pone en valor una materia prima que tiene una fuerte presencia productiva en Misiones. La provincia cuenta con condiciones y conocimiento acumulado para producir té, pero el desafío no termina en la producción primaria. Parte de la oportunidad está en desarrollar nuevos productos, formatos y experiencias capaces de capturar mayor valor dentro de la cadena.
En esa búsqueda, el trabajo de Apasionaté se ubica en un segmento todavía pequeño, pero con posibilidades de expansión: el de las bebidas a base de té y la incorporación de la infusión a la gastronomía y la coctelería. El objetivo no es reemplazar la taza tradicional, sino ampliar el mercado y los momentos de consumo.
La llegada del primer local propio representa, en ese sentido, algo más que una apertura comercial. Para un emprendimiento nacido en 2019, significa pasar a una nueva escala de operación y construir un punto físico desde el cual desarrollar la marca, exhibir sus productos y acercar al consumidor una experiencia que hasta ahora estuvo principalmente mediada por las redes.
“Apasionaté” busca que el té deje de ser solamente una bebida asociada a determinados horarios y se convierta en un ingrediente capaz de acompañar encuentros, celebraciones y nuevas experiencias gastronómicas. El próximo paso será en Posadas, donde la marca tendrá su primera vidriera comercial y podrá poner a prueba una apuesta que combina producción local, innovación y cambio de hábitos de consumo.