Rodrigo Alvarez

Economista. Socio y Director de Analytica

Lord Voldemort al rescate del BCRA

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La nueva conducción del Banco Central ha demostrado ser más pragmática y agresiva que la anterior, demostrando que está dispuesta a utilizar todas las herramientas que dispone y, quizás, algunas más. En Analytica bautizamos a su máxima autoridad “Voldemort” por la implementación de “artes obscuras” o fuera del manual, cuyo predecesor seguía como dogma religioso.
Esta semana Voldemort hizo uso de su poder. Decidió limpiar la hoja de balance del BCRA que estaba, desde el punto de vista estructural, en “falsa escuadra”. La elevada tasa de interés real generó el primer déficit cuasi-fiscal en la gestión Cambiemos. De profundizarse esta tendencia corría riesgo parte del acuerdo con el FMI que atañe no sólo al saneamiento patrimonial de la autoridad monetaria, sino también el que compete a la inflación, por un eventual financiamiento del déficit con emisión monetaria. Por otra parte, la bola de Lebac de corto plazo implicaba un “test de confianza” todos los meses, generando periódicamente stress cambiario en un contexto de inflación muy elevada.
En la última licitación se dejó vencer una porción importante de Lebac. La “limpieza” vino de la mano de una leve pérdida de reservas y emisión de deuda del Tesoro, lo que implica que una parte del déficit cuasi fiscal lo absorbería el Tesoro o “quedaría en la calle” en “forma de base monetaria” con riesgo de presionar el tipo de cambio. Creemos que ninguna de estas últimas dos opciones garantiza una disminución del riesgo latente para la estabilidad del dólar y de los precios, aunque al menos el BCRA ganó grados de libertad.
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Hacia adelante, más allá del impacto de los intereses que se trasladan al Tesoro, vemos que aumentará el ritmo de absorción monetaria vía reservas si es que se decide mantener el control sobre los agregados monetarios. La reciente concreción de un “swap” para fortalecer las reservas revelan que Voldemort va por todo: limpia el déficit mejorando el ratio pasivos remunerados (deuda del central) sobre reservas, clave para el fortalecimiento patrimonial, sostiene el control de agregados, inflación y tipo de cambio; dejando las reservas en línea con los niveles previos al acuerdo con el FMI. Quizás este último desliz respecto al memorando esté negociado.
El problema estructural que enfrentaba el BCRA se puede observar en el último balance: el proceso de desinflación implica una fuerte emisión de Lebac y elevadas tasas reales para absorber base monetaria y evitar que se traslade al tipo de cambio. Eso es por el lado de los “gastos”. Por el lado de los ingresos, las reservas internacionales, aunque superan a los pasivos remunerados (Lebac y Leliqs), tienen un retorno muy bajo y, además, disminuye con la apreciación real. A su vez, cualquier proceso de desinflación vía “inflation targeting” implica como mínimo el sostenimiento del tipo de cambio real, esto es, que la variación del tipo de cambio crezca 2 o 3 puntos por debajo de los precios domésticos, llevando el rendimiento de las reservas casi a “cero”. Del otro lado, el mismo régimen monetario implica utilizar una tasa superior a la inflación, lo que implica que las reservas siempre deben estar por encima de los pasivos remunerados del BCRA, si es que se quiere emprender el camino de la desinflación “en escuadra”. Además, el valor de las Lebac no debe superar el de las reservas internacionales. En esa dirección apunta la actual estrategia del BCRA. Más aún, el swap con china cerrado recientemente apunta a fortalecer ese indicador de sostenibilidad.
Ese es el diagnóstico. A la hora de la implementación vemos que se decidió remover a todo agente económico NO bancario de la hoja de balance del BCRA, exceptuando al Tesoro por supuesto. Esto es relevante a la hora de aumentar la independencia de la entidad. Sin embargo, en nuestra opinión, el cronograma de “desarme” luce demasiado ambicioso teniendo en cuenta el reducido impacto en reservas que tuvo, hasta ahora, el desarme de Lebac (el equivalente a U$S 5 MM vs.  los U$S 1 MM que efectivamente se redujeron las reservas). Esto se complementó con una suba de encajes. Hacia adelante, si el BCRA quiere mantener la vigilia sobre los agregados, los cuales deben crecer en línea con la inflación como hipótesis de máxima, deberá sacrificar más reservas. Según nuestras estimaciones, se ubicarían por debajo de los U$S 45 MM de manera de mantener reducido el ritmo de crecimiento de los agregados. Algo que no luce compatible con el objetivo de acumulación de reservas del memorando. Esto fue advertido por la autoridad del Banco Central, ya que rápido de reflejos buscó fortalecer las reservas con un swap, llevando el nivel esperado de reservas a los niveles previos a la firma del acuerdo con el FMI. Quizás es parte de lo acordado entre Voldemort y los técnicos del organismo internacional.
De fondo, el BCRA gana independencia mejorando su balance. Sin embargo, el magro resultado en la licitación de letras cortas del Tesoro forzó a las autoridades a subir encajes de manera de evitar que la expansión de base se traslade a precios y tipo de cambio, a costa de sacrificar aún más el nivel de crédito. Aunque esto es un “parche”, pone de manifiesto la inconsistencia entre la reducción de pasivos remunerados y reservas. Dicho de otra manera, Voldemort fue demasiado ambicioso en el ritmo al cual espera mejorar el balance. Creemos, para no mostrar una fuerte caída en las reservas. El swap viene a garantizar que veremos más subastas del BCRA en el MULC sin desatender el equilibrio de su balance (a través del sostenimiento del ratio pasivos remunerados sobre reservas). En un régimen de tipo de cambio flexible con metas de inflación se debe custodiar la independencia del BCRA. Las autoridades actuales son un poco más heterodoxas y vigilan agregados junto al nivel de reservas. Vamos enderezando aquello que estaba en falsa escuadra, preparándonos para un largo e inestable proceso de desinflación.

 
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La hora de las exportaciones

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La economía es un motor V8 consumiendo dólares para funcionar. El impacto de la sequía ubicará el déficit en cuenta corriente en 5,5% del PBI este año, muy por encima del 4,8% registrado en 2017. Si bien el año próximo podríamos esperar una leve mejora en el indicador, estaríamos ante 3 años consecutivos con más de 4 puntos de déficit en cuenta corriente. Nunca, desde que se liberalizaron los flujos de capitales en 1973, la Argentina experimentó un ciclo con tal grado de fragilidad externa. En Analytica creemos que es hora de que el Gobierno ubique la generación de exportaciones, estancada desde 2011, en el mismo orden de prioridad que el proceso de desinflación. Sin sostenibilidad macro no hay desarrollo posible. Llego la hora de las exportaciones.
Luego del golpe de la sequía proyectamos exportaciones de soja por U$S 13.000 M (una caída de USD 2.500 M. respecto a 2017). La retracción en la producción de maíz sumaría una merma de U$S 500 M, llevando la baja total hasta U$S 3.000 MM.
Esto implicaría un déficit en cuenta corriente de 5,5% del producto. En otras palabras, la demanda de dólares antes de considerar la formación de activos netos sería de U$S 35.000 M. Para 2019, el retorno a valores normales de la producción junto con la apreciación cambiaria y una mayor tasa de crecimiento permitirían revertir parcialmente la situación, especialmente en términos del producto, aunque difícilmente se pueda lograr que el déficit en cuenta corriente se ubique por debajo de los U$S 30.000 M.
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Nota: nos acercamos al segundo año consecutivo de déficit de CC mayor a 4 p.p. del PIB. Este escenario ocurrió sólo dos veces en la historia y fue sucedido por una crisis
Por otra parte, los datos asociados a la coyuntura no permiten ser muy auspiciosos respecto a los efectos de la recuperación de Brasil, ni tampoco anticipan una disminución de la formación neta de activos externos (fuga de capitales). En particular, el déficit bilateral con Brasil pasó de U$S 956 M en el primer bimestre de 2017 a U$S 1.307 M este año. Esto ocurre a pesar de la recuperación de las exportaciones industriales asociadas a la mejora del gigante latinoamericano. La formación neta de activos externos, en tanto, se ubicó en los U$S 2.500 M en marzo, promediando U$S 2.300 M en el primer trimestre. Siendo excesivamente conservadores podemos proyectar que se ubicará en los U$S 10.000 M para el año.
Si medimos la fragilidad externa como la suma del déficit en cuenta corriente más la formación de activos, quedan 2 años con un “rojo” aproximado de U$S 40.000 M por año. Esa sería la demanda de dólares. Del lado de la “oferta” observamos un stock U$S 60.000 M de reservas internacionales en poder del BCRA y un Sector Público que espera emitir U$S 5.000 M en lo que resta de 2018. Si suponemos que el Tesoro coloca U$S 15.000 M en 2019 (2,3% del PBI con un déficit financiero estimado en torno a los 5 puntos del producto), se necesitaría sacrificar gran parte de las reservas para “cerrar” la brecha externa, sin generar un shock en el tipo de cambio o la tasa de interés. En este escenario, al cual le asignamos baja probabilidad, terminaríamos el primer mandato de la administración Cambiemos, con déficit gemelos de 5 puntos del producto y con un tipo de cambio real apreciado consecuencia del “ciclo político”.
Por supuesto, el resto de las variables juegan y los precios relevantes –como el tipo de cambio y la tasa de interés- van a moverse. Respecto al primer aspecto, esto se reflejaría principalmente en ingresos de divisas a través de inversiones directas o los préstamos financieros. Sin embargo, el rojo de U$S 40.000 M por año supone una demanda de activos de U$S 10.000 M en 2018 y 2019, cuando se acumulan casi U$S 7.500 M en lo que va de 2018. No sería descabellado que la tendencia observada en la demanda de dólares termine absorbiendo las buenas noticias en materia de ingreso capitales privados; máxime si tenemos en cuenta la persistente fragilidad que proyectamos. Respecto de los precios, en un régimen de libre flotación, el BCRA puede optar por dejar subir el dólar ante un exceso de demanda, vender reservas y/o elevar la tasa de interés. Teniendo en cuenta la aceleración de la inflación observada en los últimos meses asociada al pico de los precios mayoristas en enero y febrero, no parece que el BCRA tenga mucho margen para “dejar flotar” el tipo de cambio. Por lo tanto, es probable que la actual coyuntura, en la que el BCRA vende en el “spot” y sube la tasa de referencia, sea la norma en lugar de la excepción. Este nivel de tensión atenta contra la reputación y credibilidad del BCRA,  el corazón del esquema de metas de inflación.
Es evidente que la actual configuración de las cuentas externas es generadora de volatilidad macro. Creemos que el Gobierno debe tomar cartas en el asunto. El proceso de mejora de la competitividad sistémica de la Argentina es demasiado lento. En Analytica creemos que es necesario acelerar las acciones tendientes a generar mejoras efectivas para los sectores exportadores. Por caso utilizar parte de los recursos que se liberan a través de la política de tarifas y servicios públicos en políticas de promoción de exportaciones. Con un gasto público creciendo bien por debajo de los ingresos y holgura en las metas fiscales es hora de utilizar ese poder de fuego para subsidiar a los sectores exportadores. Ya se probó con créditos blandos, capacitación, inversión en infraestructura y “disciplinamiento” en algunos gremios díscolos. Pero la magnitud del desequilibrio requiere medidas extraordinarias. De hecho el déficit en cuenta corriente medido a través del balance cambiario sigue en franco ascenso (U$S 4.600 M en 1T18 vs. U$S 2.400 M en 1T17), incluso a pesar de la mejora en el tipo de cambio real generada por el salto del tipo de cambio. La postura oficial parece aceptar propuestas neutrales en términos fiscales, pero creemos que es momento de realizar una apuesta más agresiva.
Otra alternativa, más conservadora desde lo fiscal, sería gravar las importaciones de servicios, típicamente asociadas al turismo y trasladar esos recursos a los sectores exportadores. Implicaría un tipo de cambio efectivo diferencial, pero situaciones extremas requieren medidas extremas. Llego la hora de las exportaciones y de la sostenibilidad macro, condición necesaria para el desarrollo.

 
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