Adolescencia, la serie de Netflix y la contraofensiva del patriarcado
Hace unos días terminé de ver la serie Adolescencia de Netflix. Realmente impactante por varios sentidos. Por su estética en lo que hace la filmación en tiempo real. La forma de narrar la historia. La interpretación de los personajes, que es increíble y por supuesto la temática que aborda. Es en este último aspecto es el que merece una reflexión desde el Trabajo Social, ya que he leído muchas interpretaciones, pero la totalidad era desde un enfoque psicológico. La historia muestra crudamente las múltiples dimensiones que configuran las problemáticas sociales que abordamos en las intervenciones sociales. La dimensión singular, subjetiva, grupal, familiar, institucional, las relaciones intergeneracionales, los sistemas de codificación, los imaginarios sociales y los mandatos que construye el Patriarcado, entre otras dimensiones. He aquí su complejidad.
No se trata necesariamente de un problema de salud mental. Es mucho más profundo, más grave, más complejo. En todo caso es un grave problema social, que impacta en la salud mental de muches niñes y adolescentes. Porque el protagonista Jamie Miller es un hijo sano del Patriarcado. Un Patriarcado que se fue metamorfoseando en su devenir histórico y que ahora se expande y complejiza a través de las redes sociales, foros virtuales y sitios webs, territorio de niñeces y adolescencias, con nuevos lenguajes y nuevos códigos. Lenguajes y códigos (muchas veces encriptados y desconocidos por nosotros) como es el caso de “la manosfera”, que es un término que se utiliza para referirse a diversas comunidades virtuales interconectadas misóginas. En estos espacios y foros virtuales se producen y reproducen discursos de extrema violencia y odio hacia las mujeres.
En estas comunidades misóginas se construyen nuevos código y símbolos- como los emojis- cargados de supremacía masculina, odio, prejuicios y estereotipos de género. Han creado una subcultura en línea denominada “incels” conformada mayoritariamente por hombres heterosexuales que se identifican como incapaces de tener relaciones sexuales y culpan a las mujeres y a la sociedad de su situación. Esta postura y elección, de acuerdo con el sitio Britannica, “suele expresarse como agravio hacia las mujeres”, ya que la “subcultura incel se ha asociado con la misoginia, el extremismo, la cultura de la violación y expresiones y actos de violencia”. Desde esta subcultura se ha creado la falaz “Regla 80/20” que afirma que el 80% de las mujeres solo tienen relaciones con el 20% de los hombres más atractivos, dejando a los demás sin posibilidades. Todo esto no es otra cosa que la contraofensiva del Patriarcado del Siglo XXI, ante los avances del movimiento feminista.
Contraofensiva Patriarcal que por supuesto no se da solamente en estas “manósferas”o foros (lo vemos en discursos como los de Trump, Milei, Laje entre otros fachos/machos), pero aquí estos espacios virtuales/redes cobran una relevancia significativa al tratarse de espacios de uso intensivo por parte de niñes/adolescentes que están construyendo su identidad, sus subjetividades están en construcción, son subjetividades frágiles, donde la mirada del Otro es constitutiva, donde los pares, el grupo, juegan en papel trascendental y sumamente importante en esta búsqueda de aceptación e identidad colectiva. Se busca pertenecer. Que en la serie se recalcaba mucho como “ser popular”. Y para pertenecer y ser popular hay que diferenciarse/alejarse/aislarse del mundo adulto, en particular de los padres o cuidadores. Hay que seguir determinados parámetros, discursos y ritos de iniciación (en otras épocas era la iniciación sexual con prostitutas) machista. Son subjetividades en riesgo. Vemos un viejo y grave problema operando bajo nuevas formas, nuevas modalidades, nuevos dispositivos, nuevas subjetividades, una misma finalidad: la violencia sexista y el femicidio.
La mirada y abordaje que tenemos que tener respecto a este problema no es una mirada individual, ni patologizante, porque no son casos aislados, en todo caso debemos tener una mirada singular de un grave problema social, que impacta y se expresa en subjetividades sujetadas por este entramado cultural/social. Una mirada política del problema, donde no se desvincule el Ciberbullyn, las diversas formas de violencias sociales, la discriminación, los procesos de subjetivación y el padecimiento subjetivo de les niñes y adolescentes del orden patriarcal-capitalista-colonial y sus nuevas configuraciones e implicancias. Una mirada transdiciplinaria que desborde y traspase las fronteras disciplinares del positivismo decimonónico, por ende una mirada desde el Trabajo Social.
