Silvana Martinez

Presidenta de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales. Doctora en Ciencias Sociales. Licenciada y Magíster en Trabajo Social. Docente investigadora Categoría I UNMDP.

Adolescencia, la serie de Netflix y la contraofensiva del patriarcado

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Hace unos días terminé de ver la serie Adolescencia de Netflix. Realmente impactante por varios sentidos. Por su estética en lo que hace la filmación en tiempo real. La forma de narrar la historia. La interpretación de los personajes, que es increíble y por supuesto la temática que aborda. Es en este último aspecto es el que merece una reflexión desde el Trabajo Social, ya que he leído muchas interpretaciones, pero la totalidad era desde un enfoque psicológico. La historia muestra crudamente las múltiples dimensiones que configuran las problemáticas sociales que abordamos en las intervenciones sociales. La dimensión singular, subjetiva, grupal, familiar, institucional, las relaciones intergeneracionales, los sistemas de codificación, los imaginarios sociales y los mandatos que construye el Patriarcado, entre otras dimensiones. He aquí su complejidad.

No se trata necesariamente de un problema de salud mental. Es mucho más profundo, más grave, más complejo. En todo caso es un grave problema social, que impacta en la salud mental de muches niñes y adolescentes. Porque el protagonista Jamie Miller es un hijo sano del Patriarcado. Un Patriarcado que se fue metamorfoseando en su devenir histórico y que ahora se expande y complejiza a través de las redes sociales, foros virtuales y sitios webs, territorio de niñeces y adolescencias, con nuevos lenguajes y nuevos códigos. Lenguajes y códigos (muchas veces encriptados y desconocidos por nosotros) como es el caso de “la manosfera”, que es un término que se utiliza para referirse a diversas comunidades virtuales interconectadas misóginas. En estos espacios y foros virtuales se producen y reproducen discursos de extrema violencia y odio hacia las mujeres.

En estas comunidades misóginas se construyen nuevos código y símbolos- como los emojis- cargados de supremacía masculina, odio, prejuicios y estereotipos de género. Han creado una subcultura en línea denominada “incels” conformada mayoritariamente por hombres heterosexuales que se identifican como incapaces de tener relaciones sexuales y culpan a las mujeres y a la sociedad de su situación. Esta postura y elección, de acuerdo con el sitio Britannica, “suele expresarse como agravio hacia las mujeres”, ya que la “subcultura incel se ha asociado con la misoginia, el extremismo, la cultura de la violación y expresiones y actos de violencia”. Desde esta subcultura se ha creado la falaz “Regla 80/20” que afirma que el 80% de las mujeres solo tienen relaciones con el 20% de los hombres más atractivos, dejando a los demás sin posibilidades. Todo esto no es otra cosa que la contraofensiva del Patriarcado del Siglo XXI, ante los avances del movimiento feminista.

Contraofensiva Patriarcal que por supuesto no se da solamente en estas “manósferas”o foros (lo vemos en discursos como los de Trump, Milei, Laje entre otros fachos/machos), pero aquí estos espacios virtuales/redes cobran una relevancia significativa al tratarse de espacios de uso intensivo por parte de niñes/adolescentes que están construyendo su identidad, sus subjetividades están en construcción, son subjetividades frágiles, donde la mirada del Otro es constitutiva, donde los pares, el grupo, juegan en papel trascendental y sumamente importante en esta búsqueda de aceptación e identidad colectiva. Se busca pertenecer. Que en la serie se recalcaba mucho como “ser popular”. Y para pertenecer y ser popular hay que diferenciarse/alejarse/aislarse del mundo adulto, en particular de los padres o cuidadores. Hay que seguir determinados parámetros, discursos y ritos de iniciación (en otras épocas era la iniciación sexual con prostitutas) machista. Son subjetividades en riesgo. Vemos un viejo y grave problema operando bajo nuevas formas, nuevas modalidades, nuevos dispositivos, nuevas subjetividades, una misma finalidad: la violencia sexista y el femicidio.

La mirada y abordaje que tenemos que tener respecto a este problema no es una mirada individual, ni patologizante, porque no son casos aislados, en todo caso debemos tener una mirada singular de un grave problema social, que impacta y se expresa en subjetividades sujetadas por este entramado cultural/social. Una mirada política del problema, donde no se desvincule el Ciberbullyn, las diversas formas de violencias sociales, la discriminación, los procesos de subjetivación y el padecimiento subjetivo de les niñes y adolescentes del orden patriarcal-capitalista-colonial y sus nuevas configuraciones e implicancias. Una mirada transdiciplinaria que desborde y traspase las fronteras disciplinares del positivismo decimonónico, por ende una mirada desde el Trabajo Social.

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El debate público sobre la cuestión judicial: aportes desde el Trabajo Social

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Desde mi posición como Presidenta de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales, organización que representa a más de tres millones de Trabajadoras y Trabajadores Sociales de todo el mundo, pero particularmente desde mi condición de mujer, Trabajadora Social, feminista y ciudadana argentina, quiero realizar algunos aportes desde el Trabajo Social, respondiendo a la convocatoria formulada en este sentido por nuestro Presidente de la Nación el 29 de julio último, en la presentación del Proyecto de Ley de Organización y Competencia de la Justicia Federal.

La Cuestión Judicial es fundamentalmente una cuestión de derechos, y más apropiadamente, de vigencia del Estado de Derecho y esta cuestión es precisamente el fundamento más profundo del Trabajo Social como profesión que tiene como Principios Fundamentales en Argentina la defensa y reivindicación de los Derechos Humanos, la Justicia Social, el ejercicio efectivo de la Ciudadanía y la plena vigencia de la Democracia como forma de gobierno y forma de vida. Estos principios están establecidos por la Ley de Orden Público Nº 27.072 denominada Ley Federal de Trabajo Social, sancionada precisamente por el Congreso de la Nación un 10 de Diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos y también Día Nacional del Trabajador/a Social en Argentina.

La Cuestión Judicial no atañe solamente ni es privativo de abogados y abogadas. Es una cuestión que atraviesa a toda la sociedad y a todas las disciplinas de las Ciencias Sociales. Es una cuestión transdisciplinaria y por tanto también atañe e involucra al Trabajo Social, no solamente como profesión de las Ciencias Sociales sino por las competencias que tiene como tal. Precisamente, lo que hace el Trabajo Social en todas sus intervenciones es generar las condiciones para que los ciudadanos y ciudadanas puedan ejercer real y efectivamente sus derechos. En este sentido, es una profesión que siempre busca reivindicar, abogar, reparar, restituir y ampliar derechos, además de denunciar e intervenir en situaciones de violación de estos derechos.

La Cuestión Judicial siempre impacta en el mundo de la vida y la vida cotidiana de los sujetos sociales donde precisamente está presente e interviene el Trabajo Social. El mundo de la vida es el espacio compartido de significaciones sociales, de experiencias compartidas con otros, de construcción de subjetividad e intersubjetividad. Es el espacio de la memoria, de las vivencias y de la existencia misma. Este mundo se va construyendo en la vida que transcurre todos los días, es decir en la vida cotidiana y es aquí donde se sufren y se padecen las injusticias y las desigualdades sociales, el abuso de poder, la ausencia de justicia y la imposibilidad material de poder ejercer derechos.

En la Cuestión Judicial se condensa el orden social patriarcal-capitalista-colonial. Este orden, construido sobre múltiples opresiones y violencias, profundiza y perpetúa la dominación y las desigualdades sociales. Desde este orden se encubren los privilegios, se garantiza la impunidad de los ricos y poderosos y se culpabiliza y condena a los pobres, las mujeres, las comunidades indígenas, las disidencias sexuales y la clase trabajadora. Desde este orden se defienden los derechos de las grandes corporaciones transnacionales y se ignoran o desprecian los derechos de los sectores populares y de los pueblos originarios. Cientos de sentencias, prácticas judiciales y publicaciones dan cuenta de esto.

El Trabajo Social también da cuenta de esto, porque conoce el padecimiento subjetivo que implica vivir sin justicia o como paria en su propia tierra por el solo hecho de ser pobre, mujer, negro/a, inmigrante, indígena, discapacitado/a, trans o travesti. Las cárceles argentinas también dan cuenta de esto. Muchos genocidas gozan de prisión domiciliaria. Los que endeudaron al país, arrasaron la economía, destruyeron fuentes de trabajo, evadieron impuestos, lavaron dinero y fugaron capitales, no están en las cárceles, están libres, y muchos de ellos paseando por Europa o Estados Unidos. La Cuestión Judicial es en definitiva una cuestión social: una cuestión de construcción y reproducción del orden social.

Para poder llevar a cabo una transformación estructural en esta cuestión, es imprescindible una mirada democrática, republicana, transdisciplinaria, descolonial, feminista y de derechos humanos, en todos los niveles, fueros y jurisdicciones de la Justicia. Además de cambios en la organización y competencia de la Justicia Federal, que ya de por sí constituye un avance significativo, estamos ante una oportunidad histórica para avanzar en otros cambios más profundos y sustantivos: los imaginarios, valores, creencias y discursos; las prácticas y procedimientos judiciales; la publicidad y transparencia de los actos; la formación de jueces y juezas, magistrados y magistradas, funcionarios y funcionarias judiciales y la evaluación del desempeño como cualquier funcionaria o funcionario público que tiene que dar cuentas de sus actos en un régimen republicano y democrático.

El Trabajo Social en este sentido tiene mucho que decir y aportar en el debate público de la Cuestión Judicial, desde su propia experiencia de intervención social, desde una mirada holística, desde un enfoque de interseccionalidad de género(s)-racialidad-clase-sexualidad y desde una perspectiva emancipadora transdisciplinaria. Por su producción de conocimientos, formación y trayectoria profesional, muchos Trabajadores y Trabajadoras Sociales pueden y deberían ser convocados/as para integrar equipos de trabajo o comisiones asesoras. Esta incorporación podría marcar la diferencia, en términos de acercar y poner la Justicia al servicio del Pueblo.



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