El financiamiento, la clave para acceder a las industrias neutras

Hay caminos que una vez iniciados, no permiten la vuelta hacia atrás. Transitarlos suele ser complejo, pues precisa focalizar la perspectiva hacia lo nuevo, y suelen estar colmados con más incertidumbres que certezas. Construir alternativas para un mundo sostenible, es sin dudas, uno de ellos. 

Individuos con prácticas de consumo saludables, conscientes y amigables con el medioambiente. Sectores industriales con engranajes productivos responsables con la salud y el ambiente. Gobiernos impartiendo políticas públicas que acompañen el crecimiento económico y el desarrollo sostenible. Organizaciones sociales del tercer sector impulsoras de proyectos para el cambio social. Todos ellos y en su conjunto, esbozan un escenario utópico al que debemos llegar. 

Pero volvamos a la realidad: el mundo y la salud humana están amenazadas por el cambio climático y la degradación del medio ambiente. Acelerar la transición hacia una industria y mercados con tecnologías y productos limpios, es acuciante..

Hoy, Europa lidera en materia de economía verde. A menos de 100 años del New Deal o el combo legislativo con el que Roosevelt procuró amortiguar la gran depresión en Estados Unidos; se presentó en sociedad el Green Deal, reto presentado por Ursula von der Leyen, presidenta de la comisión de la Unión Europea (UE), para construir un nuevo modelo económico orientado a las emisiones cero de gases de efecto invernadero para 2050.

Con 27 Estados miembros comprometidos, la UE buscará ser la primera región climáticamente neutra del mundo e intentará reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55 % de aquí a 2030, en comparación con los niveles de 1990. “Es crucial lograr estas reducciones de emisiones en la próxima década para que Europa se convierta en el primer continente climáticamente neutro del mundo de aquí a 2050”, indican desde la web oficial de la UE. ¿Cómo prevén hacerlo? A través de políticas en materia de clima, energía, transporte y fiscalidad

A través del nuevo Fondo Social para el Clima, por ejemplo, se apoyará a los ciudadanos de la UE más afectados por la pobreza energética o de movilidad y contribuirá a mitigar los costes para las personas más expuestas a los cambios. Se aportarán en 7 años 72.200 millones de euros para financiar la renovación de edificios, el acceso a una movilidad sin emisiones o con bajas emisiones, o incluso el apoyo a las rentas. En paralelo, también deberán renovarse los edificios públicos, a fin de que utilicen más energías renovables y sean más eficientes desde el punto de vista energético.

Una transición paulatina que no puede descansar en buenas intenciones. El modelo de la economía verde plantea el desarrollo de la mano de la reducción de las emisiones de carbono, eficiencia energética y patrones de consumo responsables; utilizando los recursos de forma eficiente y generando inclusión social. 

En el camino hacia esa economía, no alcanzarán las buenas intenciones. Los esfuerzos locales y regionales son centrales y los organismos internacionales, a través de los financiamientos, cumplen un rol central. 

En conversación con Economis, Gerardo Shwartz, investigador y referente de la Fundación Mediterránea, sostuvo que en los últimos años se evidenció una aceleración en las regulaciones y normas de comercio, así como también respecto de la predisposición de los consumidores para pagar un extra por aquellos productos que sean amigables con el medioambiente, entre otros factores. En consecuencia, indicó que hay un enorme trabajo que se puede realizar con empresas locales. “Todo esto, se va trasladando en la transformación de los sectores productivos y la industria misionera no está ajena. Además, el tema está siendo reflejado en el discurso del gobierno provincial, por lo cual es válido analizar el tema con foco en los sectores como la yerba mate, forestoindustria y agronegocios sobre todo y, por supuesto, la cuestión energética”. 

Cada vez más, entran a escena medidas que sancionarán a aquellas industrias que no sean ambientalmente responsables. Todo indica que, tarde o temprano, las industrias que no logren garantizar su neutralidad de emisiones de gases de efecto invernadero se verán afectadas por medidas impositivas. En ese contexto, trabajar en bloque tanto con el sector empresario como industrial es la mejor estrategia.

BARAJAR Y DAR DE NUEVO. En todos sus niveles -regionales, nacionales, provinciales e incluso, locales-, los gobiernos cobran un rol protagónico en cuanto a los marcos legislativos y regulatorios de la producción y la industria, así como también en términos de inversiones y facilidades fiscales: en sus manos radica la posibilidad de replantear nuevos escenarios. 

Es fundamental que se implementen reglas que tiendan a fomentar el ingreso de las industrias a las economías verdes y castigar a las que no ingresen” expresó el ministro de Industria Nicolás Trevisan en charla con Economis

Misiones a nivel regional lidera conceptos medioambientales y ecológicos, pero también vinculados con el sector empresario en general y su conducta respecto del medioambiente. Un poco por convicción y otro poco por necesidad, lograr la neutralidad de los gases de efecto invernadero, es el norte y la industria es uno de los sectores que más producen CO2 ”, remarcó el ministro. 

La inserción de las industrias en las economías verdes implicará transformaciones y cambios tecnológicos altamente costosos, que lógicamente requerirán importantes inversiones. Menudo desafío en un país en el que, tomando solo un ejemplo, más del 80% de la matriz energética depende de los combustibles fósiles, y en el que el gobierno nacional continúa priorizando las inversiones en esa línea. Las decisiones políticamente correctas siguen apareciendo más en los discursos que en los hechos.

“En el sector energético, por cada $1 invertido en energías renovables y eficiencia se invierten $184 en la generación de energías sucias, monto que se triplicó desde el último análisis de 2019. En particular, el 3,6% de las emisiones de gases de efecto invernadero de Argentina durante 2021 se deberán a los subsidios a la oferta de combustibles fósiles, es decir, serán financiados por el propio Estado”, indica la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), tomando como referencia el análisis de Presupuesto 2021. Reorganizar los subsidios y potenciar la inversión en mejoras de infraestructura, distribución y almacenamiento de energías renovables es urgente.

Acceder a financiamientos será crucial para dirigir el mercado hacia las industrias neutras. Y en esa línea, se va forjando una arquitectura financiera climática de carácter global, compuesta por subvenciones especiales, capitales privados, fuentes multilaterales, fondos especiales, fondos climáticos regionales y un basto etc.  

Una acción climática audaz podría generar al menos US$ 26 billones en beneficios económicos para 2030, según la Comisión Mundial sobre la Economía y el Clima. El informe destaca las oportunidades en cinco sectores económicos esenciales, entre ellos: la energía, las ciudades, los alimentos y el uso de la tierra, el agua y la industria. Así, de tomar medidas climáticas ambiciosas en todas estas áreas se podría reportar pingües beneficios económicos en la creación de más de 65 millones de nuevos puestos de trabajo con bajas emisiones de carbono para el año 2030.

El hecho de que en la COP 26 muchas empresas hayan presentado sus metas para reducir el impacto ambiental como si fueran países, da cuenta no únicamente de la toma de conciencia, sino también de que las empresas como tales van entendiendo a la sostenibilidad como vector de crecimiento económico, o dicho de manera más sencilla: como parte del negocio

Y, en paralelo, cada vez son más los consumidores que se disponen a pagar un diferencial por la producción responsable y con etiquetados ambientales. 

Camino a la neutralidad van aflorando diversas tensiones geopolíticas que se sustentan, se manifiestan y se evidencian en las grandes potencias y que afectan a todos los países en el mundo. Transitarlas y gestionarlas, serán moneda corriente hacia una economía más sostenible.  

Ya sea por convicción o por necesidad, es tiempo de entender que somos parte y sumarnos como protagonistas desde lo individual y lo colectivo con acciones concretas; pues hablar de desarrollo sustentable es nada más y, nada menos, que hablar de sustentar la vida humana. 

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