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El INYM cumplió la mayoría de edad, con cuentas pendientes y nuevos desafíos

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El 15 de julio de 2002 el presidente, Eduardo Duhalde, por pedido de Misiones, firmó el decreto que dio nacimiento al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Pasaron 18 años y el INYM cumplió la mayoría de edad, con cuestiones por resolver y desafíos pendientes, pero en un momento inédito para el sector productivo, con precios 75 por ciento por encima de los valores oficiales. Un regreso inesperado del oro verde, que, sin embargo, hay que sostener en el tiempo sin dañar la sustentabilidad de toda la cadena. 

El INYM germinó en la desazón. Eran tiempos turbulentos,  el país estaba inmerso en una de sus peores crisis, y los yerbateros en Misiones no daban más. Hartos, reclamaban recomponer los precios de la materia prima, e hicieron sonar sus voces y el motor de los tractores en primero tímidamente en manifestaciones en las chacras hasta irrumpir en la ciudad capital con el recordado “tractorazo” en la plaza 9 de Julio, que fue la eclosión de un proceso que se inició a mediados de los 90 después de que, en el auge del menemismo, Domingo Cavallo le pusiera fin a Comisión Reguladora de la Yerba Mate.

Hugo Sand, el líder de aquella revuelta, describe en detalle cómo se vivía. “Todo comienza con los bajos precios de aquella época. Yo andaba por Andresito, tenía una pequeña chacra allá. Nos daban vales de comestibles que canjeábamos en Brasil y así a todos los colonos. La industria nos pagaba con mercadería brasileña”, cuenta. 

Hugo Sand, bisnieto de una pareja de inmigrantes de Colonia Finlandesa

El productor recuerda que el primer intento por visibilizar el estado de situación se dio con Mario Losada como “presidente”, en octubre de 2000. El senador vino a Posadas “a cargo del Poder Ejecutivo” y los productores trajeron pilas de esos vales ultrajantes para mostrar cómo se sobrevivía en la chacra. Obviamente, no pasó mucho. 

Pero comenzó a cobrar fuerza la idea de una protesta mayor, que en principio fue pactada en Cruce Karaben, pero que terminó llena de tractores en las calles de Oberá. Allí se envalentonaron y decidieron venir a Posadas. El tractorazo estaba en marcha. 

Esta vez la política tuvo que poner atención. El Gobierno provincial puso a su gente a trabajar y el diputado nacional por el radicalismo, Raúl Solmoirago, empujó la ley en la Cámara baja. El gran logro, después de la sanción, fue que la reglamentación se defina en Posadas. 

“La ley yerbatera es una buena herramienta mal utilizada. Espero que Juanjo (Szychowski), la pueda poner en funcionamiento. Tengo esperanza, creo en la ley. Hay que proteger a los pequeños productores, el capitalismo nunca va a derramar, al contrario, levanta paredes. Hay que mirar el té que está totalmente desregulado, en manos de los mismos dueños de la yerba y se quedan con toda la ganancia”, asegura Sand quien ahora va por un paso más: “Tenemos que avanzar en que sea una actividad sustentable y no uso de herbicidas”. 

El primer tractorazo fueron cerca de 30 días de solidaridad de los vecinos de Posadas y de toda la provincia. De sonidos de bocinas, de oradores, de actos. El escenario improvisado dejaba ver enormes tractores estacionados frente a la Casa de Gobierno, lugar obligado para detenerse y entender cómo se vivía en la chacra misionera en aquellos años. 

Cuentan las anécdotas de la época, que tardaron un año en juntar el dinero y los insumos para trasladarse. 

“Nos pagaban con cheques a 300 días, mercadería, con vales de combustible, con tickets para comprar en Brasil que alcanzaban para comprar un arroz, un fideo, y depende el comercio un poco de carne”, recuerdan. 

La Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM) y el Mercado Consignatario Nacional de la Yerba Mate Canchada habían desaparecido y nadie los protegía. Nadie los escuchaba. 

“Me acuerdo que (Carlos) Rovira en ese momento (gobernador) me pide que le llevemos el proyecto (de creación del instituto) a (Eduardo) Duhalde. Y me fui, viajé y lo busqué en Olivos, y primero me recibió Chiche (Duhalde) y después me reuní con él. Hasta jugamos al fútbol me acuerdo. Fui varias veces a Buenos Aires con pedidos de los productores, fueron varios intentos”, se detuvo a recordar Ricardo Rosano, que trabajaba con el entonces ministro del Agro, José Fabio. 

No fueron los únicos coloquios, sino que se involucró a todo el arco político en un momento en que la prioridad estaba lejos de la tierra colorada. El país se incendiaba después de la fugaz gestión de Fernando De la Rúa, que profundizó la crisis económica y social heredada de los 90. En ese contexto se le dio forma al organismo regulador yerbatero, que nació por presión de la producción y la mirada reticente del sector industrial. Pero de alguna manera fue el paso inicial para recuperar el timón de la actividad que tiene su mayor despliegue territorial en Misiones. Ese nacimiento en plena turbulencia hizo que el INYM fuera una mesa imperfecta, que hasta ahora se sigue puliendo. 

¿Quién decidió lo de la unanimidad para la votación?

En realidad fue un acuerdo entre las partes porque los productores tenían miedo de quedar afuera de las decisiones entonces se optó por la unanimidad, contesta Rosano. 

“Yo era chico, estaba terminando quinto año, y escuchaba lo que decían en las reuniones mi padre, Omar Peterson. Dirigentes como Martín Tonn, Carlos Ort, Koch, Hugo Sand, Carlos Buls. Yo aprendí mucho de ellos. Hoy los jóvenes tenemos que agradecer su lucha”, dice Julio Peterson, que llevó – lleva – el reclamo del sector y supo encabezar también protestas  que quedaron en la memoria. 

“Era una época difícil, nadie regulaba los precios, (la hoja verde valía 5 centavos), los secaderos pagaban lo que querían. Yo me acuerdo que nos fuimos a Buenos Aires en dos colectivos a reclamar. Nos reunimos con Eduardo Duhalde, con Chiche Duhalde, con Raúl Alfonsín, con Carlos Menem, hasta con Mario Losada. Cuando se estaban preparando los tractores y la lucha en Posadas, yo había terminado de rendir mis últimas materias. Y mi papá me dijo, bueno ahora que terminaste te voy a llevar a Posadas. Era mi premio. Él es mi ídolo de la vida. El que me enseñó a luchar por mis derechos”. 

Peterson, hoy legislador, asegura que a 18 años de creación del instituto, “recién se ve que está madurando, es un proceso. Es una gran herramienta y hoy tenemos un presidente (Juan José Szychowski) que conoce la necesidad del productor, que conoce su realidad, que sabe de números, es contador, que sabe de las necesidades del trabajador”. 

Observó que a su entender, la industria debe transitar el mismo camino: “Madurar, y entender que también hay que cuidar al consumidor”, porque “sin consumidor no existimos”, dice. 

La Ley es la 25.564, del 21 de febrero de 2002. Se reglamentó el 13 de julio de ese año.  

No era un día más, le permitió al sector más débil de la cadena formar parte de la mesa de decisiones.  

Hubo actos y festejos en el Cruce de San José (ruta provincial 105 y nacional 14). Con ensordecedoras  bocinas los tractores abandonaron la plaza de Posadas y los productores entonaron el Himno Nacional. 

EI 19 de julio de 2002 se realizó la primera reunión formal del directorio para recomponer los precios de la materia prima (hoja verde y yerba mate canchada). Fabio fue el encargado de presidir el encuentro. Peterson era uno de los que estaba en la plaza. 

“Ojalá algún día sea un orgullo para mi hijo. De vender mil kilos por una bolsa de harina, o de arroz, a vender mil kilos por 35 mil pesos”, asegura el hoy diputado provincial. 

Por ese entonces también visitaba la plaza Juan José Szychowski, productor y dueño de un pequeño secadero. Llevaba mercaderías a sus amigos de la chacra y ayudaba en lo que podía. Fue uno de los que participó de las primeras reuniones para reglamentar la flamante norma. Hoy Juan José Szychowski es el presidente del INYM en una etapa que transcurre con precios inéditos para la materia prima, que se acercan a los 50 centavos de dólar. 

Tenemos que actualizar el instituto al nuevo mundo y nuevos desafíos. Estar preparados para ofrecer el producto a las nuevas formas de consumo, fortaleciendo lo tradicional, pero con la mente abierta. Se hizo mucho, pero tenemos que seguir con la mente abierta en una visión de largo plazo”, dice Szychowski. 

“Hay que reconocer el esfuerzo de los productores que vinieron en plena crisis, a plantarse para construir esta herramienta, que cambió la historia de la yerba en Misiones y norte de Corrientes. Es una de las pocas economías regionales que está funcionando. Y es un sector que mostró en este escenario de pandemia, un compromiso con la salud, con mejores formas de trabajo, en un trabajo conjunto entre industria y productores”, explica.

Ahora el desafío del INYM es avanzar en beneficios, como una obra social que contenga a los pequeños productores. También, para preservar el buen momento económico que viven hoy las chacras yerbateras, se analiza limitar las plantaciones, para evitar las cíclicas sobreofertas. Una de las variables es limitar en diez hectáreas las plantaciones nuevas por unidad productiva. De este modo se produciría un balance entre los pequeños productores asociados en cooperativas y los gigantes con muchas hectáreas plantadas, que pueden romper el equilibrio a la hora de fijar precios. 

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