El señor de la noche y una vuelta al primer amor

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Hace más de cuatro décadas que Carlitos vive enamorado de las discotecas. Es un ejemplo de pasión, dedicación y visión. Desde sus inicios hasta hoy, se define como un hombre que disfruta de la noche, bien entendida.

Carlos Raúl Pereira es dueño de uno de los locales bailables más conocidos de Posadas: Cedros Megadiscos. Con casi veinte años desde su apertura en la avenida Santa Catalina, miles de personas pasaron por allí para vivir una noche distinta, al ritmo de la cumbia, la cerveza y los shows en vivo.

Pero su historia comenzó muy lejos de las pistas. En los años 70, siendo muy joven, empezó a trabajar en el rubro maderero junto a su padre, apoderado de una importante firma de Buenos Aires que operaba en Misiones. La fiebre de la madera fue lo que los trajo a la tierra colorada.

Madera Pereira fue pionera en instalar obrajes en la zona de Moconá, cuando el acceso aún se hacía por Paraiso, a 13 kilómetros de San Pedro por la ruta 14. En ese entonces no había caminos ni puentes construidos.

“Fuimos entrando con la maquinaria que teníamos: topadoras, motoarrastradoras… Tuvimos obraje en el lugar, trabajando con las firmas Laharrague y Arrieta, que eran muy importantes en la provincia, con extensiones desde el río Paraná hasta el Uruguay. Comprábamos la madera, la elaborábamos, la llevábamos a Posadas y de ahí a Buenos Aires en vagones. En esa época se trabajaba mucho con el ferrocarril”, recuerda.

El terreno donde hoy funciona su boliche era, en aquel entonces, un depósito de maderas. A lo largo de los años, el negocio creció: llegaron a tener un aserradero y una flota de camiones. Pero Carlitos es de esos hombres que ven oportunidades donde otros no. En un momento, transformó aquel depósito de maderas en un depósito… de ananá.

Todo comenzó con una propuesta de un amigo: instalar una planta envasadora en la zona de Aurora, conocida por sus plantaciones de ananá. Sin dar muchas vueltas, el proyecto se concretó y montaron una envasadora en Saltinho, a 10 kilómetros de Colonia Aurora, sobre el río Uruguay.

“Hice un estudio y descubrí que Argentina importaba ananá por unos 25 millones de dólares al año. Entonces pensé: en Aurora ya hay plantaciones, solo falta incentivar la producción local para cubrir la demanda y que ese dinero quede en el país”, explicó.

La demanda creció tanto que decidieron trasladar la planta a Posadas y comenzaron a importar ananá desde Brasil para complementar la producción nacional, que era estacional. “Estuvimos en ese rubro cuatro o cinco años. Luego, por diversos motivos, dejamos la actividad, pero nunca dejamos la madera”, dijo.

Las luces de la noche

Las discotecas siempre fueron una pasión para Carlitos. Cada fin de semana salía con sus amigos a disfrutar de la noche posadeña, en alguna whiskería. Hasta que en los años 80, todavía en paralelo con la envasadora, abrió su primer local bailable en la calle Bolívar y lo llamó Cedros.

“El nombre lo elegí por la madera. El cedro es una de las especies más valiosas, de primera calidad. Fue un homenaje a tantos años en el rubro y a los éxitos que tuvimos”.

El local ofrecía espectáculos en vivo y hasta organizaba desfiles con modelos de Buenos Aires, ya que en esa época Misiones no tenía escuelas de modelaje.

Tuve la suerte de conocer gente que trabajaba para ayudar al hospital, entonces hacíamos fiestas solidarias y lo recaudado era para el pabellón de niños. Se hizo muchísimo por el hospital en ese momento”, recuerda.

El boliche era una sociedad con amigos y, con el tiempo, decidieron venderlo a Power. Pero la noche seguía llamando. En los 2000, ya de manera unipersonal, Carlitos abrió Copacabana en la Costanera. “Trabajábamos con una pizzería en la planta baja, y en el segundo y tercer piso estaba la parte bailable”.

Después de un tiempo, por distintos motivos, vendió el lugar. “Cuando vendí Copacabana, me sentí vacío. No tener un boliche me abrumaba. Entonces decidí invertir en una nueva propuesta, en ese mismo terreno que fue durante años un depósito. Volví a mi primer amor: la madera. Y le puse nuevamente Cedros”.

Esta vez, con una propuesta completamente distinta: orientada a un público más adulto, con un perfil tropical. Cedros Megadiscos tiene tres pistas, una zona VIP y shows en vivo. “Tuve la suerte de comprar esa propiedad hace muchos años. Ahora queda frente a la terminal de ómnibus, así que viene gente de todo el país, incluso de Brasil y Paraguay. Todos terminan frente a Cedros, todos lo conocen”.

Hoy Cedros trabaja en un 80% con bandas provinciales, y algunos días llegan a presentarse hasta siete grupos en vivo. Abre sus puertas los viernes de 21 a 5, y los sábados de 19 a medianoche.

A sus 70 años, Carlitos sigue proyectando. Está en plena cuenta regresiva para abrir un nuevo boliche. “Le vamos a dar una onda distinta a la cervecera. Va a ser más tropical. Estamos a días de la gran inauguración”.

Lecciones de vida

Carlitos reflexiona sobre la importancia de no quedarse quieto ante las oportunidades que da la vida: “Hay que equivocarse mucho para aprender a salir adelante. Siempre hay algo bueno en cada error. La gente a veces no quiere equivocarse y así no llega a nada. Si sos trabajador, siempre vas a salir adelante. Hay que dar vuelta la página y volver a empezar”.

Reconoce que mantenerse comercialmente en Argentina no es fácil. Pero insiste en que la clave está en innovar. “A Misiones viene mucha gente de otras provincias con buen poder adquisitivo, que busca tranquilidad. A esa gente hay que darle de comer y hacerla divertir. Hay oportunidades”.

Y, finalmente, deja una enseñanza que repite como un mantra: “El secreto del éxito es ser feliz con lo que uno tiene. A veces la gente tiene mucho y quiere más. Se olvida de quienes no tienen nada. Hay que mirar a los costados, porque siempre hay alguien que necesita. Si tenés un techo, comida y salud, ya tenés todo. Y si encima estás rodeado de buenos amigos, con quienes tomar un vino y jugar al truco, ¿qué más podés pedir?”.

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