“La oración activa la fe”

En su mensaje de esta semana, el Pastor Guillermo Decena explica que “una de las cosas que nos abre la puerta a mayores niveles de fe y que no nos dejará desfallecer, es la oración de búsqueda, de clamor y de adoración delante de Dios. Es por esto que nunca debemos dejar de servir al Señor”. 

“Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: –¡Aumenta nuestra fe! –Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza –les respondió el Señor–, podrían decirle a este árbol: ‘Desarráigate y plántate en el mar’, y les obedecería. “Supongamos que uno de ustedes tiene un siervo que ha estado arando el campo o cuidando las ovejas. Cuando el siervo regresa del campo, ¿acaso se le dice: ‘Ven enseguida a sentarte a la mesa’? 

¿No se le diría más bien: ‘Prepárame la comida y cámbiate de ropa para atenderme mientras yo ceno; después tú podrás cenar’? ¿Acaso le darían las gracias al siervo por haber hecho lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, deben decir: ‘Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber” (Lucas 17:5 al 10 NVI). 

Cuando sus discípulos le piden a Jesús que les aumente la fe, les hace ver que ahí mismo está la falencia más grande en los hijos de Dios, pues si tuvieran aunque sea una fe muy pequeña, se podrían hacer cosas extraordinarias y sobrenaturales. Pero lo que evidentemente les quiere enseñar, es que la fe, siendo un don de Dios, tiene mucho que ver con la actitud de servicio, de honra y de humildad, reconociendo que somos sus criaturas y también de sacrificio, entendiendo que todo esfuerzo nunca es demasiado y que Dios no nos debe nada pues nosotros hemos recibido ya demasiado en la cruz del calvario. 

Cuando tengo una actitud de servicio y de adoración hacia Dios y no desfallezco en la tarea, sino que lo hago con alegría, amando y buscando a un Dios tan maravilloso, entonces mi fe crecerá. 

Una de las cosas que nos abre la puerta a mayores niveles de fe y que no nos dejará desfallecer, es la oración de búsqueda, de clamor y de adoración delante de Dios. Es por esto que nunca debemos dejar de servir al Señor. 

Este fue el caso de Job, que le adoraba, que le buscaba y servía con gran respeto. Esto lo vemos en el primero y segundo capítulo de Job; la prueba tremenda que pasó Job termina en victoria, porque había fe en su corazón, y esto se ve en las declaraciones de su boca que expresa lo que tenía en su interior. 

Entonces en medio de las tremendas luchas interiores Job declaraba: “Yo sé que mi redentor vive, y que al final *triunfará sobre la muerte. Y cuando mi piel haya sido destruida, todavía veré a Dios con mis propios ojos. Yo mismo espero verlo; espero ser yo quien lo vea, y no otro. ¡Este anhelo me consume las entrañas! “Ustedes dicen: Vamos a acosarlo, porque en él está la raíz del mal. Pero cuídense de la espada, pues con ella viene la ira justiciera, para que sepan que hay un juez” (Job 19:25 al 29 NVI) 

Podemos ver que Job en medio de tanta soledad y de tanto rechazo, porque estaba muy enfermo, creía en la justicia del Juez justo. Para crecer en la fe vamos a tener que ser siervos de Dios, que es un inmenso privilegio, y entender que después de hacer lo que debemos hacer delante de su presencia, Él tiene que “saciarse” primero y luego vendrá la saciedad espiritual para nosotros. 

Y la oración es darle a Él reconocimiento de nuestro origen y de dónde venimos, es reconocer su autoridad sobre nosotros, reconociendo que Él es fuente de toda nuestra bendición y orar es aceptar que dependemos de Él en todo. Por eso sin oración no habrá fe. 

El Pastor Guillermo Decena enumera algunos puntos importantes:

– LA ORACIÓN COMO EJERCICIO QUE HACE CRECER LA FE. 

En Filipenses 4:6 dice “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. 

Nos dice el Señor aquí que la preocupación no arregla nada, pero la oración soluciona todo, y cuando vamos viendo las respuestas a las oraciones y los ruegos, vamos a crecer en la fe, claro que sí, pues vemos la inmensa fidelidad de Dios, y además cuando vemos que las promesas de Dios se cumplen, y son sí y amén en Cristo Jesús, entonces podemos decir que la oración desata el poder más grande del universo, ¡que es el poder de Dios! 

Y como toda actividad santa se retroalimenta con fe, más oración genera más fe y si tenemos fe la oración será más efectiva. Al ver la efectividad de clamar a Dios, la fe se acrecentará. Y la fe es algo esencial para orar con victoria. 

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos11:24 NVI). La tarea nuestra es creer, y el influjo de la fe milagrosa vendrá. 

– EL EJEMPLO DE JESÚS. 

“Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido” (Salmo 14:2 NVI) 

¿Quién buscará a Dios? Desde siempre, el Señor ha buscado a la gente, pero la gente no busca a Dios, por esto envía a Jesús el Señor, para mostrarnos en forma práctica lo que pretende de sus hijos, cómo comportarse y cómo deberíamos orar. 

Para recibir la bendición había multitudes, pero para orar estaba Jesús solo. Aquí está la lucha, ¡pero también está la victoria! El que persevera en la oración crecerá en la fe. Jesús les enseñó a orar con la enseñanza de palabra y con el ejemplo. Ellos lo verían orar y esas imágenes no se les borrarían jamás. Veamos el ejemplo de Jesús en su oración personal: 

¿CUÁNDO ORABA? 

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”(Marcos 1:35 NVI). Así que de mañana el Señor nos enseña a buscar la bendición de Dios, debemos imitar al Señor. 

“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23 NVI) ¡Así que también de tarde oraba el Señor! Debemos imitarlo siguiendo sus pisadas. 

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lucas 6:12 NVI). O sea que de noche también oraba! 

Tal vez deberíamos preguntarnos ¿Cuándo no oraba el Señor? Hermanos, el Señor nos tiene en la mira, si somos seguidores de Cristo el Maestro, entonces quiere decir que debemos orar sin cesar y clamar a Dios en todo momento (1° Tesaloniseses 5:17 NVI). 

Con estos pasajes podemos ver claramente la importancia que Jesús le daba a la oración. Ahora veamos también. 

¿DÓNDE ORABA? 

En el primer pasaje dice oró en el desierto, también dice que oró en el monte, y evidentemente oró en el valle, así que hermano no hay excusa para que dejemos de orar por cuestión del lugar. 

Es por esto cuando Cristo el Señor fue ascendido al cielo, sus discípulos no tenían dudas, había que orar como la única manera que la presencia y el poder de Dios esté con ellos. 

“Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6:2 al 4 NVI). 

Ellos no fueron levantados como apóstoles por casualidad, sino que Jesús sabía a quién eligió, guiado por el Espíritu Santo, ellos tenían su personalidad y sus virtudes y defectos, pero una cosa tenían en sus conciencias: sin oración no podrían hacer nada, separados de Jesús nada podrían hacer, así que ellos dejaron cualquier cosa, delegaron actividades y se dedicaron fundamentalmente a la oración y al ministerio de la Palabra. 

¿DE QUÉ MANERA SE DEBE ORAR? 

Con insistencia inquebrantable, de una manera incansable, clamar y orar en forma continua, pues el Señor Jesús enseñó muchas veces el valor de la insistencia. Además que Él es el mismo por todos los siglos (Hebreos 13:8 NVI). 

Fíjense cuál es su pensamiento cuando lo buscaban intensamente y reclamaban de Él: Cuando Jesús recibió la noticia, se retiró él solo en una barca a un lugar solitario. Las multitudes se enteraron y lo siguieron a pie desde los poblados. 

Cuando Jesús desembarcó y vio a tanta gente, tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos (Mateo 14:13-14 NVI). Jesús se acababa de enterar que asesinaron a Juan el Bautista, y se quiere retirar a meditar y descansar en el desierto, pero he aquí el corazón de nuestro Señor: la multitud de gente le siguió y Él lejos de rechazarlos los atendió, porque sencillamente Él se compadece de las almas que sufren. 

Es por esto que el Señor desde hace mucho dice a todos los que pueden creer en él; “Clama a mí, y yo te responderé…y te mostraré cosas grandes y ocultas que tu no conoces” (Jeremías 33:3 NVI) Esto te lo dice porque Dios te quiere dar respuestas ahora, no en la eternidad. 

Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de victoria!

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