El auge de los neonazis alemanes
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Como si se tratara de un hecho irónico, Alemania está asistiendo a un escenario que va totalmente en contra de las lecciones que la historia le supo dar en algún momento, en uno de los episodios más oscuros de la humanidad. El grito de la ultraderecha vuelve a ser una realidad en este país.
Curiosamente, el partido político en cuestión se llama “Alternativa para Alemania”. Se trata de un partido, propiamente dicho, ubicado en el ala más recalcitrante de la derecha en la brújula ideológica. Casi como una reivindicación a los años del nazismo y sus concepciones, AfD se erige como la fuerza más votada del este alemán, arrasando en las elecciones municipales, principalmente en Turingia.
El extraño caso alemán
Un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla, reza un dicho popular, y no está tan alejado de la realidad. Hay situaciones que por la perpetración de un sistema en donde sus cimientos o bases más fuertes no se han movido con el tiempo, situaciones exógenas y endógenas confluyen en hitos que arrastran a las similitudes de carácter histórico.
Hoy es Alemania. Un país que padeció la cara más dura del fascismo en manos del Tercer Reich de Adolf Hitler, es el que vuelve a poner, poco a poco, en cargos de decisión a la ultraderecha.
Es cierto, los escenarios y contextos históricos cambiaron, aunque las adaptaciones de las ideas parecen ser una constante. La gran incógnita pasa por saber cómo un pueblo como el alemán, con todas las políticas de resarcimiento histórico, se permite generar espacios para que la ultraderecha vuelva a proliferar.
Tres hechos pueden ser el principio de una explicación a este fenómeno. De lo macro a lo micro. Así como durante la década de 1920, las ideas de Hitler fueron tomando forma y aceptación en la extinta República de Weimar (hoy Alemania), mucho tuvieron que ver los vaivenes de las crisis. Hay una coincidencia en los mayores momentos de popularidad de Hitler cuando la crisis política y económica era más aguda en el país.
Hoy Alemania atraviesa una crisis de identidad, cómo toda Europa, lo cual es mucho más abarcativo que simplemente lo político. La guerra en Ucrania y la vasta dependencia energética de Rusia llevaron a una aceleración del empobrecimiento europeo y relegándolo, en mayor o menor medida, de la cúpula de los hegemones mundiales, teniendo a Estados Unidos, Rusia y China como los principales actores del poder global.
Esta crisis de identidad lleva a un segundo punto que se desprende del mismo: las migraciones. Conocida es la situación de Europa por la falta de políticas de contención para las oleadas de migrantes que de manera “ilegal” arriban al viejo continente, desde África y Asia. Esto trae consigo a nuevas modificaciones en el tejido social europeo. Esa Europa blanca y cristiana parece ser cosa del pasado, con un auge vanguardista que forma parte de los libros de historia. El arribo de migrantes en demasía provocó que una Europa musulmana y otra “africana” comience a formarse desde el seno de la misma.
La multiculturalidad no es un problema, pero gran parte de los grupos de derecha en Europa acusan a los migrantes como los responsables de delitos que van desde los más comunes hasta de la proliferación del terrorismo internacional. Más allá de que esto pueda tener un fuerte sesgo valorativo, hay una realidad de cambio social pujante en Europa, y es cierto que la migración es parte de esa problemática. Al decir esto, estamos diciendo que el refugio en la ultraderecha es, por un lado, una esperanza a que puedan dar una respuesta radical a este tema y por otro lado, un cachetazo a la izquierda y los centros más moderados que no pudieron contener ni limitar esta situación.
El tercer punto es histórico y quizás el más “rebuscado” pero tiene que ver con el pasado. La ultraderecha arrasó en el este alemán, la zona de ocupación y mayor influencia comunista en años de la Guerra Fría. Pareciera ser que haber sufrido más recientemente los vejámenes del socialismo que del nazismo, juega un papel importante a la hora de poner los ismos más radicales sobre la mesa.
El miedo europeo
¿Y si sale bien? Repiten con algo de esperanza los seguidores de Javier Milei en Argentina, haciendo mención a la profunda crisis económica en la que se encuentra el país y que gran parte tiene que ver con las decisiones del actual presidente, sin embargo parecen mantener un ápice de esperanza al intentar ver “la luz al final del túnel”. Muchos europeos se preguntan eso al ver la experiencia alemana, el ascenso derechista en Francia con Le Pen, con VOX en España y con Meloni en Italia.
Sin embargo, ni el más derechista en Twitter está libre de dudas. Hoy los europeos saben que perdieron varios escaños en el concierto internacional debido a múltiples factores pero también entienden que las ideas radicales los pueden arrastrar a una crisis internacional aún más grande.
Si la experiencia alemana comienza a crecer aún más, puede servir de efecto dominó para que en otros países agarren fuerza las derechas extremas. ¿Es descabellado pensar en una Europa netamente de derecha? El abandono al progresismo es paulatino pero cada vez más latente en países y líderes que se expresan ante este tipo de ideario. Quizás la palabra derecha es un tanto corta como para poder explicar la totalidad de los hechos, y habría que sumar al autoritarismo como parte de esto. Putin en Rusia, Xi Jinping en China, petro – monarquías musulmanas ultra ricas, el mismo Netanyahu en Israel y hasta la posibilidad del retorno de Donald Trump en Estados Unidos es muestra de ello. Si hay algo que demostraron los líderes europeos tras la salida de Ángela Merkel del poder en Alemania y del Brexit es una absoluta debilidad en política exterior en comparación de los países y regiones previamente nombrados.
Hay que saber que Europa siempre fue la vanguardia. Lo que pasó ahí, luego se replicó en otras partes del mundo. Hoy parece haber movimientos derechistas más asentados en otros lares, aunque sin la preponderancia global, aunque el posible giro europeo pueda ser la gota que rebalse el vaso y ponga en la primera plana política a la ultraderecha en el mundo. Quien dice que la historia no es cíclica, a veces parece equivocarse.
