El rojo que se agranda: el ajuste de Nación en Misiones supera los 200 mil millones
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Hace unos días, en el marco de la presentación del proyecto de Presupuesto provincial para el ejercicio 2025, el ministro de Hacienda de Misiones manifestó, tal como lo escribió en sus redes sociales: “Si consideramos la caída en la Coparticipación (como resultado de la recesión de la actividad económica), los recortes en las Transferencias Discrecionales y en la Inversión Real Directa del Estado nacional, hasta agosto pasado los misioneros dejamos de percibir en total 184 mil millones de pesos”.
La cifra es impactante desde todo punto de vista y grafica de modo contundente el enorme perjuicio que el escenario actual y, sobre todo, la política nacional, generan en las provincias.
Nos animamos a ir un poquito más allá de las declaraciones del ministro y calcular la pérdida incluyendo septiembre, a partir de los datos ya disponibles. Lejos de aliviar de algún modo la cifra manifestada por el titular de la cartera económica provincial, septiembre vino a echar más leña al fuego. Por esos mismos tres conceptos mencionados, coparticipación, transferencias “discrecionales” e inversión real directa, la pérdida de Misiones en los nueve meses del año ya alcanza los $ 214.391 millones a valores actuales. Estamos hablando del equivalente a 2,1 meses de coparticipación promedio del año que la Provincia dejó de recibir por decisión, directa o indirecta, del Estado nacional.
Repasemos rápidamente esos números. Por coparticipación federal (y conceptos automáticos de leyes especiales y compensaciones), Misiones recibió en los nueve meses del año $942.736 millones. Es la única provincia del NEA que, en el acumulado anual, no llega todavía al billón de pesos recibidos, producto de la asimétrica, injusta y desactualizada ley de coparticipación vigente. Esa cifra equivale, en moneda constante, a un descenso interanual acumulado de 12,5%. Esa caída, a su vez, equivale a una pérdida de recursos por $131.627 millones. A lo largo de todo el año hemos visto cómo estos recursos mostraron descensos reales de fuerte magnitud, siendo de doble dígito salvo en dos oportunidades: mayo y septiembre. Esos dos meses fueron el mejor y “menos malo”, respectivamente, pero no por algún acierto del Gobierno nacional o una mejora de la actividad económica que impulsó la recaudación, sino por hechos aislados y de único impacto. Recordemos: en mayo, la coparticipación creció 23,8% luego de iniciar el año con bajas promedio del 20%. Fue un enorme respiro para las cajas provinciales, pero esa suba estuvo basada exclusivamente en el impacto de la devaluación de diciembre: en mayo se produce el vencimiento del impuesto a las Ganancias de sociedades correspondiente al cierre del 2023, y en el caso de las empresas con activos dolarizados (bancos, por ejemplo) la devaluación alteró el balance de esos activos y disparó el pago de impactos al momento de pesificarlos. Hecho único de impacto único.
En septiembre, la caída de los recursos automáticos fue la menor del año, bastante aceptable si se la compara con los meses anterior (-1,8% en Misiones). Ese mes, la coparticipación neta cayó 14%; sin embargo, el menor descenso del total de las transferencias estuvo exclusivamente explicado por el régimen especial de pago del impuesto a los Bienes Personales que surgió con la aprobación del paquete fiscal de la ley BASES, consistente en la condonación de hasta el 60% de intereses de las cuotas ya vencidas y principalmente, por el pago anticipado del tributo por cinco períodos fiscales con menor alícuota. Es decir, se recaudó en un mes lo que se debió recaudar en cinco ejercicios en el caso de las personas que optaron por esa variante. Esto generó que Bienes Personales crezca 453% real interanual y produjo un alza en los recursos hacia las provincias. De nuevo: hecho único de impacto único. El resto de los componentes de la recaudación se siguió derrumbando, principalmente el IVA (-16%).
En resumen, quitando los casos excepcionales y de aplicación única que se vieron en mayo y septiembre, el resto de los meses mostró la verdadera cara de la recesión a partir de un derrumbe significativo de la recaudación tributaria que grafica ese estado recesivo.
Vayamos a los envíos no automáticos, mal llamados discrecionales. Ya es harto conocido los conceptos por los cuales Misiones y otras provincias perdieron la totalidad de los fondos, siendo los casos más emblemáticos los del FONID y los de la Caja Previsional provincial, pero lo cierto es que la poda de la Nación fue aún más allá que eso. Entre enero y septiembre, Misiones recibió $16.928 millones, cifra que representa una caída en términos reales del 80,8%, un récord para esta variable. Ese descenso equivale a una pérdida de recursos del orden de los $70.494 millones para la provincia. En esa pérdida se refleja no solo el corrimiento del Estado nacional de sus compromisos asumidos, sino también el total abandono a las gestiones provinciales, situación que ratifica mes a mes la frase, hoy más real que nunca, que dijo Milei a inicios de año: “(a las provincias) las voy a fundir”.
Esa decisión del Estado nacional generó que algunas provincias deben afrontar con los escasos recursos propios programas que tienen continuidad histórica: no se le puede quitar de un día al otro el FONID a los docentes, por ejemplo. Entonces, a las gestiones locales le crecen los compromisos a asumir pero se le reducen los recursos. Esto naturalmente genera que el ajuste del gasto público debe realizarse aún a expensas de abandonar cualquier proceso de desarrollo.
Un tercer punto para analizar, que mencionó el ministro misionero, es el de la Inversión Real Directa: dinero que la Nación ejecuta en la provincia (y que no va a la administración provincial) en materia de inversión pública. Ese concepto, entre enero y septiembre del año, cayó 73% real interanual en Misiones: equivale a la pérdida de $12.271 millones que son (o eran) directamente ejecutados en proyectos de inversión y obra pública. Ante la falta de recursos propios suficientes para compensar ese abandono nacional, la construcción se derrumbó en todo el país, mostrando caídas en el empleo que no sucedieron siquiera en la peor etapa de la recesión 2018-2019.
Sumemos: 131.627 millones de pérdida en concepto de coparticipación y transferencias automáticas (impactos de una recesión que en gran parte es autogenerada); 70.494 millones de pérdida por poda de transferencias no automáticas de la Nación y otros $ 12.271 millones perdidos por recorte en la inversión real directa: son $ 214.391 millones de pérdida para Misiones, que deberían haberse aplicado en programas educativos, mejoras salariales, impulso a la obra pública, promoción social, entre otros.
