La violencia de género es parte de un sistema de organización social desigual..!
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Frente a la hegemonía patriarcal, las demandas son contra-hegemónicas ..
…. La lucha por la equidad de género es anticapitalista y anti-patriarca l – Dra. Graciela Dimarco-
Conferencia Honoris causa FHyCs. UNaM 2017-
Históricamente el sistema patriarcal vigente viene asignando a varones y mujeres posiciones jerárquicas diferentes en el ámbito público y privado. Este sistema de jerarquización, se ha venido cuestionando y denunciando fuertemente a través de organizaciones políticas y grupos feministas que mantienen como bandera las acciones redistributivas y de equidad social. Si bien todavía persisten las prácticas machistas que mantienen a las mujeres sumisas, anuladas y dependientes, se ha logrado instalar la discusión en el ámbito de lo público, constituyendo esa temática en agenda política de los gobiernos en los últimos años.
La comprensión acerca de lo que se espera de uno u otro sexo se denomina género. Es la construcción histórica, social y cultural que sintetiza lo que la sociedad espera de esa diferencia biológica. Esa diferencia ha ido generando desigualdad social e injusticia, multiplicando las situaciones extremas de subordinación que ha llevado que en las últimas décadas los casos de femicidios sean cada vez más numerosos.
Los medios de comunicación, como formadores de opinión por excelencia, en los últimos años han aportado a visibilizar las situaciones de violencias; pero al mismo tiempo en la mayoría de las ocasiones han ayudado a reproducir el discurso machista; poniendo el ojo y hasta la responsabilidad casi exclusivamente en las mujeres; justificando (pareciera) el accionar del agresor, poniendo como argumento la vestimenta, horarios o caratulando de “crimen pasional”.
No obstante, el tema toma visibilidad y los actores sociales empujan para que se expresen políticas públicas en el Estado, desde donde se generan políticas de promoción, prevención y asistencia a las víctimas en situaciones de violencias (línea 137, comisaría de la mujer, ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, etc.), permitiendo que la sociedad comience a empoderarse de estas herramientas y a reconocerse como sujetos de derechos. Las instituciones, como las grandes receptoras de denuncias hoy demuestran que las situaciones de violencias de géneros pasaron de ser una situación individual, doméstico, privado a ser un problema público, que involucra a todos. En Argentina las denuncias por violencia de género aumentan paulatinamente. No es casual que los centros de
investigación, las crónicas y redes sociales expliciten que en los últimos años las estadísticas van en ascenso (de haber cada 30 horas un femicidio (por año) paso a haber uno cada 18hs)i. Argentina, un país con una de las tasas más altas de feminicidio de América Latina.
Ahora bien, es necesario entender que las violencias de géneros son propias de sociedades desiguales, es parte de su organización y sistema social; traduciéndose (o materializándose) estas desigualdades en el ámbito laboral, político, domestico, etc. Reproduciéndose en cada espacio una estructura patriarcal y de subordinación generando de esta manera una sociedad más desigual. Esto lleva a analizar que las violencias de géneros no son un problema nuevo, sino que las formas que adquiere en la actualidad, subsumido en la lógica del capitalismo salvaje, llevan a que se manifiesten y sean reconocidos como un problema político.
Las construcciones de las relaciones sociales estuvieron supeditadas a la antinomia varón
– mujer, determinando el “deber ser” a partir del sexo biológico, ubicando a la mujer en un lugar de subordinación y como responsable exclusiva del cuidado del hogar y crianza de los hijos; ubicándola casi de manera natural en un lugar de dependencia, inequidad e injusticia social.
No obstante, a partir de las transformaciones sociales, culturales y económicas; las mujeres se han ido incorporando al ámbito público laboral. Esta situación no produjo una disminución en las desigualdades de género, sino al contrario traslado las diferencias al mercado laboral, en donde se observa diferencias en la remuneración por igual trabajo, un número escaso de lugares jerárquicos ocupados por mujeres. Asimismo, en cuestiones de ascensos la capacidad intelectual de las mismas es deslegitimada, ubicándola siempre como objeto de posesión de alguien. Por otra parte, esta incorporación al mercado laboral, no rescindió a la mujer de las cuestiones del hogar y de los mandatos históricos en las cuales las tareas asignadas son vinculadas al hogar, a la crianza y a la atención permanente del varón.
En este sentido, la lucha por la emancipación no puede ser individual, no acaban en discursos de carácter inclusivo. Sino que la lucha se da en todos los espacios (institucionales, comunitarios) discutiendo, cuestionando y dando la batalla cultural. Solo a través de una sociedad que se involucra, se siente parte y hace suyas las luchas y las reivindicaciones puede avanzar hacia una sociedad más justa, igualitaria y soberana.
Si bien, en la actualidad este gobierno busca instalar una vez más (través de sus discursos y decisiones) esa división de que lo privado es privado (personal- domestico) ensañandose en avasallar los derechos conquistados por el pueblo, se cree que, solo un pueblo organizado y presente en las luchas puede seguir evitando un nuevo recorte del Gobierno iiNacional en el ámbito de la prevención de la violencia y la promoción de los derechos humanos – lo quisieron hacer discrecionalmente restando 67 millones de pesos del presupuesto destinado a combatir la violencia machistaiii. Pero, debido a los permanentes reclamos y movilizaciones dieron vuelta atrás. Por ello, la lucha contra la violencia, la lucha por la equidad, no puede estar escindida de la lucha por la justicia en la búsqueda del buen vivir.
Es necesario evitar la fragmentación social (objetivo del modelo neoliberal) y asumir como pueblo el mandato histórico que demanda el contexto. Esto solo es posible a través de la organización y la articulación de los diferentes sectores sociales (estudiantes, trabajadores, organizaciones, movimientos sociales, técnicos, profesionales, desocupados, etc.), a fin de que el pueblo marque la agenda y determine la importancia de los temas y los problemas que atañen a la sociedad, a partir de demandas y hechos concretos que día a día suceden en la cotidianeidad de los ciudadanos.
Aun el desafío histórico está presente y con mucha más fuerza, considerando que los casos de femicidios aumentan día a día. Es necesario romper con esa matriz cultural instalada y aceptada como la única forma de relación social; dejar de reproducir las prácticas machistas que sólo llevan a consolidar y sostener los ideales de “ser hombre” o “ser mujer”. Es necesario construir nuevas formas de relación social, basadas en el respeto, la igualdad y solidaridad entre las personas. No se puede seguir justificando los hechos de violencia machista con la idea de la mujer como objeto o hasta incluso como propiedad privada de alguien (la maté porque era m ía). Esto último lleva entender como en contextos de modelos neoliberales las desigualdades aumentan, considerando que se trata de un orden básicamente patriarcal, donde todo puede convertirse en mercancía (incluso el cuerpo de la mujer), potenciando la individualidad, la competencia y dominación de los que más tienen sobre los que menos tienen, postergando as í la Ciudadanía plena de las mujeres.
Apelando de esta manera a los desafíos, se sostiene que la salida de estas formas de ser y hacer, al decir de Merino, es CIVILIZATORIA.
La liberación de los cuerpos y la garantía de un buen vivir, solo se lograra a través de las acciones colectivas y la organización de hombres y mujeres que creen que es posible una sociedad con equidad y justicia social.
i Instituto de Políticas de Género Wanda Taddei.
ii Presupuesto que había sido asignado por el Congreso al Consejo Nacional de las Mujeres (CNM) y el Plan Nacional de Acción (PNA) contra la violencia de género.
iii El mandatario argentino dijo que la violencia machista es el “centro de la agenda” de su Gobierno. Aún así, recortó cerca de 4 millones de dólares del presupuesto 2017. https://www.telesurtv.net/news/Macri-recorta-el- presupuesto-para-combatir-la-violencia-de-genero-20170223-0056.html
