La COP30 concluye sin un acuerdo para eliminar gradualmente el uso de los combustibles fósiles
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En la ciudad de Belém, Brasil, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, denominada COP30, concluyó sin que se alcanzara un acuerdo para eliminar gradualmente el uso del carbón, el petróleo y el gas, que son, por un amplio margen, los principales impulsores del cambio climático. Más de 80 países habían apoyado una transición hacia la eliminación del uso de combustibles fósiles, pero países productores de petróleo, entre ellos Rusia, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, bloquearon la propuesta.
El acuerdo alcanzado en la COP30 tampoco incluye nuevos compromisos para frenar la deforestación ni aborda el consumo de carne a nivel mundial, otro factor importante del aumento de la temperatura global. Más de 1.600 cabilderos de la industria de los combustibles fósiles y 300 del sector agroindustrial asistieron a la COP30. Por su parte, el Gobierno de Trump no envió ninguna delegación formal a la cumbre climática después de que Estados Unidos se retirara en enero, por segunda vez, del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.
En su lugar, el acuerdo propone una iniciativa voluntaria para acelerar la implementación de los planes climáticos nacionales y fomentar la cooperación internacional para mantener vivo el objetivo del Acuerdo de París de no sobrepasar un aumento promedio de 1,5 grados Celsius. Los países también acordaron un diálogo anual para monitorizar los avances hacia mantener las temperaturas por debajo de ese umbral, que el mundo está en camino de superar pronto.
En la sesión de clausura, el presidente de la COP30, André Correa do Lago, anunció que lideraría dos hojas de ruta voluntarias: una para la transición de los combustibles fósiles de manera justa, ordenada y equitativa, y otra para detener y revertir la deforestación.
Aunque estas hojas de ruta no forman parte del acuerdo formal de la ONU, se invita a todos los países a unirse a ellas. También anunció la primera conferencia sobre el fin de la dependencia del petróleo, gas y carbón, que se celebrará en Colombia en abril del próximo año.
El principal negociador de Panamá, Juan Carlos Monterrey Gómez, dijo que la COP y el sistema de la ONU están fallando a las personas “a una escala histórica” y que los negociadores están defendiendo “las mismas industrias que crearon esta crisis: la industria de los combustibles fósiles y las fuerzas que impulsan la deforestación mundial”.
El comisario europeo de Clima, Cero Emisiones y Crecimiento Limpio, Wopke Hoekstra, dijo que Europa habría querido un acuerdo más ambicioso, pero que al menos iba “en la dirección correcta” porque estaba “dando un paso muy significativo hacia adelante” en términos de financiamiento para la adaptación climática, que beneficiará a las naciones más pobres que sufren los efectos del cambio climático.
Más dinero para la adaptación climática
El acuerdo final incluye un llamado para que las naciones ricas tripliquen al menos el financiamiento desde los 34.700 millones de euros anuales para 2035, para ayudar a los países vulnerables a adaptarse a un clima extremo cada vez peor. La cuestión era uno de los principales puntos de discordia en la COP30.
“El mundo en desarrollo no puede seguir asumiendo por sí solo el creciente costo de la adaptación”, afirmó un miembro de la delegación colombiana. Para financiar proyectos como el refuerzo de edificios o la modernización de infraestructura frente a las tormentas, los países en desarrollo más afectados por el cambio climático necesitarán alrededor de 310.000 millones de dólares al año para 2035, según un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente.
Algunos países en desarrollo se indignaron por la insistencia en condicionar el aumento del financiamiento para la adaptación con la reducción de los combustibles fósiles, acusando a los países ricos, incluida la UE, de chantajear a los Estados más pobres con esta cuestión.
Richard Muyung, enviado ante el presidente de Tanzania y actual presidente del Grupo Africano de Naciones, afirmó que el continente emite 4 % del total mundial de gases de efecto invernadero y ha hecho poco para contribuir al calentamiento global.
“Es como si estuvieras negociando con nuestras vidas por algo que nunca causamos. Así que decían: ‘Si no aceptas la eliminación gradual, no podemos darles el triple de fondos para adaptación’. Dijimos: ‘No podemos aceptar eso”, contó Muyung, cuyo país tiene importantes reservas de combustibles fósiles que quiere desarrollar con la ayuda de Arabia Saudita.
Primeros logros para los bosques y derechos indígenas
Los bosques, vitales para la estabilidad climática y la biodiversidad, ocuparon un lugar destacado en las negociaciones, mantenidas a las puertas de la mayor selva tropical del mundo, la selva Amazónica, que también es un depósito vital de CO₂.
“Sin bosques, no podemos alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”, dijo un portavoz de la delegación que impulsa la inclusión de una hoja de ruta para detener la deforestación en el acuerdo. Una victoria llegó temprano con la creación del Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que pretende recaudar 125.000 millones de dólares mediante inversiones en bonos para recompensar a países que conservan sus bosques, al tiempo que se pagan intereses a los inversores privados.
De este total, unos 25.000 millones de dólares provendrán de fondos públicos en forma de garantías, diseñadas para aprovechar y atraer 100.000 millones adicionales de capital privado. Brasil, Indonesia y Alemania prometieron 1.000 millones de euros cada uno, mientras que Noruega prometió unos 3.000 millones de euros. También llegaron compromisos de Portugal, Francia, Países Bajos y otros.
Este también es el primer acuerdo COP que menciona a comunidades afrodescendientes. Ocurre poco después de que el presidente Lula firmara 28 decretos que reconocían las tierras quilombo, gestionadas por descendientes de esclavos liberados en todo Brasil.
Conceder derechos sobre la tierra a los pueblos y comunidades indígenas se considera una forma clave de combatir la crisis climática. Las tasas de deforestación tienden a ser mucho más bajas en las tierras ancestrales que gestionan.
Mantener el clima en la agenda
Celebrada una década después del histórico Acuerdo de París, la COP30 también sirvió como un recordatorio contundente de lo lejos que está el mundo de alcanzar sus objetivos. Los científicos proyectan un calentamiento catastrófico, de entre 2,6 ºC y 2,8 ºC para 2100 si no cambian las políticas.
Los planes nacionales de acción climática (conocidos como NDC, que la ONU exigió a los países presentar antes de la COP30) han sido criticados por quedar muy lejos de alcanzar el objetivo acordado en 2015.
Turquía acogerá la cumbre el año que viene y compartirá la responsabilidad de organizarla con Australia, después de que ambos países alcanzaran un compromiso en un largo enfrentamiento sobre dónde se celebraría la COP31.
