A seis años de #NiUnaMenos, un fallo ejemplificador

El movimiento Ni Una Menos que se gestó en Argentina hace seis años fue el estallido social y político más importante de los tiempos actuales en nuestro país, cuyas consignas escalaron rápidamente a niveles regionales. Aquella primer marcha, por su heterogeneidad y poder de convocatoria fue fundamental para instalar en la agenda pública y política la problemática del machismo y sus consecuencias mortales sobre los cuerpos de mujeres e identidades feminizadas, abriendo el debate también al respecto de estas consecuencias en la vida de los varones, cuyo cumplimiento del mandato de masculinidad hegemónico empezó a ponerse en crisis con el advenimiento de nuevas generaciones decididas a la disrupción de todo aquello que hasta ahora, les venía determinado sin cuestionamientos.

Las instituciones del Estado también fueron puestas en análisis cuando entendimos aquello que por experiencia propia sabíamos, pero que hasta el momento, no lográbamos ver con claridad: la violencia hacia las mujeres no es un fenómeno aislado, se encuentra inserta en la estructura misma de nuestras relaciones sociales, familiares, sexo-afectivas, en nuestros órganos de gobierno, en leyes, en los medios, en suma, en nuestra cotidianeidad. 

 De a poco fuimos apropiándonos de términos y conceptos que antes solamente pertenecían a la esfera de los y las intelectuales y estudiosos del tema o a feminismos cuyas discusiones solían ser inhabilitadas para el común de las personas, iniciando el proceso de mutación hacia los feminismos populares. La naturalización de las violencias se fue fisurando y eso nos permitió a las mujeres y disidencias hablar de esas micro violencias que soportamos a veces por años mientras resolvemos nuestro día a día, y dotarnos de herramientas para encontrar el acompañamiento que necesitamos, tanto desde nuestros vínculos cercanos  como fundamentalmente, y cada vez más, desde el Estado.

En la antesala de un nuevo aniversario de #NiUnaMenos, el Jurado de Enjuiciamiento de la Provincia de Misiones (órgano constitucional compuesto por tres Ministros del Superior Tribunal de Justicia, dos Diputados y dos abogados del foro local), dio a conocer la sentencia recaída sobre el ahora ex Magistrado Dr. Pedro Alberto Fragueiro, marcando un hito, un punto de inflexión en la historia institucional de nuestra Provincia. Significa un enorme impacto en al menos tres dimensiones. La esfera social, porque la confianza en el servicio de justicia, en la figura del Juez que hasta hace unas décadas representaba casi un semidiós, se vio desplomada. Confianza que es un valor intangible fundamental cuya reconstrucción será un proceso de todos y todas. 

La que refiere al aspecto de nuestras instituciones, dejando en claro que no habrá contemplación ante la violencia por parte de quienes tienen sobre sus espaldas la enorme responsabilidad del servicio público, más aún en las altas esferas de poder, como en este caso, cuya paradigmática circunstancia de tratarse de un Juez de Familia y Violencia Familiar lo hacía aún más grave.

Se trata del primer fallo de estas características que incorpora a su análisis la perspectiva de género y violencias, eje que giró en torno a todos los votos de los jueces y juezas y que sienta un precedente importantísimo en materia doctrinaria. 

Por otro lado, la esfera política, y la claridad del Gobernador en la decisión de no aceptar la renuncia de Fragueiro, posibilitando así que el ex Magistrado se vea sometido a todas las instancias previstas en nuestra Carta Magna, gesto político que le pone el sello a esta convicción que venimos construyendo hace ya muchos años. 

Este jury nos ha puesto a debatir como sociedad sobre conceptos como el poder, la naturalización del acoso y el abuso, los límites de la “normalidad” en el trato con los y las demás y por supuesto, que tipo de instituciones buscamos y pregonamos.

Seguir recuperando esta fecha es mantener la vigencia del tema que para nada está agotado y por el que queda mucho por hacer, las desigualdades persisten, los femicidios y la violencia en todas sus formas también. La naturalización de prácticas violentas es moneda cotidiana, se reproduce hasta el hartazgo en diversos órdenes de nuestra vida, incluso en medios de comunicación que se jactan de “progres” pero que al momento de tratar noticias que incluyan la participación de mujeres en la sociedad o en la vida política, despliegan toda la artillería de violencias sin ponerse colorados, minimizando nuestra trayectoria, silenciando nuestras voces, matando nuestra autonomía.
 Somos muchas sosteniendo la convicción y la fuerza colectiva de las mujeres, reconfirmando todos los días el camino que queremos seguir transitando.  ¡No nos calmamos nada! avanzamos con más fuerza y poder transformador, hasta que el mundo que deseamos sea nuestra normalidad.

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