El Grupo Dass -de capitales brasileños- informó que continuará con la producción de calzados deportivos en el establecimiento que posee en la localidad misionera de Eldorado, que cuenta con una plantilla de personal de 330 trabajadores.
La planta de Eldorado, que comenzó a funcionar en 2008 con 70 trabajadores y alcanzó su pico más alto de producción en 2015, con 22 mil pares de zapatillas diarias y 1.500 trabajadores, se encontraba virtualmente paralizada debido a la retracción económica y la reducción en el consumo en medio de la pandemia de coronavirus.
“La lectura del mercado y las políticas de gobierno, sumado a la transferencia de algunas líneas (a la matriz de Brasil) y nuestra vocación industrial impulsaron nuestro coraje para asumir riesgos y mantener la continuidad de las actividades en la fábrica”, señaló Joao Batista Da Silva, directivo del grupo, en un comunicado.
“Estamos convencidos que el Gobierno realizará las gestiones necesarias para reactivar el consumo y la protección de la industria nacional”, añadió.
La decisión de retomar continuar la actividad se tomó el viernes, en el marco de un encuentro virtual que el directivo de Dass mantuvo con dirigentes de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (Uticra) y funcionarios de los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Productivo, donde abordaron temas relacionados con el sector del calzado y la incidencia de la pandemia en la producción industrial.
La filial argentina del Grupo Dass es proveedora de indumentaria deportiva de los principales clubes de fútbol del país, a través de sus marcas Fila y Umbro.
Esta semana se cerró el canje de los bonos ley extranjera, dando el paso más difícil del proceso de reestructuración de la deuda pública soberana, que había empezado hace algunos meses rearmando la curva de financiamiento del Tesoro en pesos. El resultado del acuerdo fue exitoso: la aceptación llegó al 93,5% y, gracias a la activación de las Cláusulas de Acción Colectiva (CAC), el 99% de la deuda quedó reestructurada. Dicho de otra manera, la participación de los holdouts quedó reducida a sólo el 1%: cerca de USD 650 millones de los USD 65.300 millones en juego.
El siguiente paso fue el canje de los casi USD 42.000 millones de deuda en divisas bajo ley local, que ya en el período de aceptación temprana consiguió el aval del 98,8% de los tenedores, y que probablemente se amplíe en las dos semanas que restan para el fin de la etapa de aceptación tardía. El elevado porcentaje de aceptación se dio en parte, gracias a la alta tenencia del sector público de estos bonos (el piso de aceptación era del 43%), pero además por la penalidad de quedar holdout, que implicaría permanecer con el bono reperfilado hasta diciembre de 2021.
De esta manera, Argentina logró reestructurar más de USD 105.000 millones de su deuda en moneda dura -casi 80% en manos de privados- regularizando gran parte de su situación. Esto le permitirá aliviar de forma significativa los compromisos en divisas en el corto plazo, gracias a la extensión de plazos y a la fuerte reducción en las tasas de interés. En efecto, descontando los compromisos intra-sector público, los vencimientos originales que ascendían a USD 48.000 millones hasta 2024, solo sumarán USD 6.500 millones tras el canje. En otros términos, el acuerdo supone un debt relief de casi USD 41.500 millones en el corto plazo.
El último paso del proceso de reestructuración será la reformulación del préstamo Stand By (SBA) contraído con el FMI en 2018. Descontando el pago de intereses previstos para noviembre, esos pasivos suman casi USD 46.500 millones, de los cuales cerca de USD 5.000 millones vencen el año que viene (entre capital e intereses). Por este motivo, la intención del Gobierno es acelerar las conversaciones para llegar a un acuerdo durante el primer trimestre del 2021.
Por lo tanto, tiene sentido analiza cuáles serían las condiciones del nuevo acuerdo. En este sentido, aparecen dos alternativas principales: la firma de un nuevo Stand By (SBA) o de un Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, por sus siglas en inglés). Los EFF poseen varias características que los diferencian de los (SBA), aunque las más relevantes residen en qué condicionalidades exigen y qué plazos de desembolso y devolución demandan.
Respecto a las condicionalidades, su “dureza” depende del tipo de problema que el programa busca resolver y, en este sentido, los EFF son más exigentes que los SBA. Concretamente, dado que los SBA buscan dar una respuesta rápida a problemas de financiamiento de corto plazo, las condiciones para sus desembolsos se limitan a metas cuantitativas (niveles de déficit fiscal, de endeudamiento, de reservas internacionales, etc.). En cambio, los EFF se destinan a países con problemas estructurales de balance de pagos y, eventualmente, de crecimiento. En consecuencia, la forma que tiene el FMI de garantizar la devolución del préstamo es exigir adicionalmente una serie de reformas estructurales.
Por caso, los dos últimos EEF firmados por Ecuador (marzo de 2019 y agosto de 2020) incluían reformas tributarias, laborales, de “eficientización” del gasto público (desde moderaciones en los salarios públicos hasta la racionalización de los subsidios energéticos), mayor autonomía del Banco Central y otras modificaciones de orden institucional. ¿Serán iguales las exigencias hacia nuestro país? No necesariamente, pero es probable que involucre algunos de estos aspectos, que podrían requerir pasar por el Congreso y podrían generar algunas rispideces políticas.
En materia de plazos, el EFF es más flexible en cuanto a la devolución del préstamo, dado que los cambios estructurales requieren más tiempo para madurar. A diferencia del SBA, cuya devolución se estipula entre 3 y 5 años, el reembolso en un EFF puede ir de los 4 a los 10 años, pagándose en 12 cuotas semestrales iguales. Por lo tanto, si el nuevo acuerdo se cerrara durante el primer trimestre del año próximo, tal como busca el gobierno, los pagos de un EFF se harían entre 2025 y 2031, a la par que los de un SBA serían entre 2024 y 2027. Como el capital a devolver es igual en ambos casos, las cuotas del EFF son más relajadas que las del SBA.
Planteando ambos escenarios, 2024 y 2025 (dependiendo si se firma un SBA o EFF, respectivamente) serían los años en que comenzaría a devolverse el préstamo del FMI. En el caso del SBA, en 2024 nuestro país debería cancelar USD 9.000 millones con el organismo multilateral, por lo que sumando los USD 3.500 millones a pagar bonistas, los compromisos en moneda dura superarían los USD 12.000 millones.
Asimismo, los vencimientos totales superarían USD 25.000 millones en promedio en 2025 y 2026, pues concentrarían los pagos más fuertes con el FMI. En cambio, bajo un EFF los compromisos más importantes comenzarían en 2025 (USD 12.300 millones) y se mantendrían en torno a los USD 17.00 millones entre 2026 y 2031.
De cara los próximos años, ¿dónde se centrarán los desafíos para que la sostenibilidad de la deuda quede garantizada? Sabemos que estos acuerdos ayudar a calmar las expectativas en el corto plazo, pero aun así será necesario cumplir tres condiciones:
Dados los abultados vencimientos en moneda dura a partir de 2025, Argentina deberá recuperar el acceso al mercado voluntario de crédito a una tasa de interés razonable. A favor, el escenario global actual de gran exceso de liquidez ayudaría (desde el inicio de la pandemia, muchos países de la región han tomado deuda a tasas inferiores al 5% anual). No obstante, la tensa relación del gobierno con los mercados podría ser un problema en este sentido.
Consolidación de las cuentas públicas, que tambiénestará contenido en el acuerdo con el FMI. Será necesario un programa fiscal que garantice un sendero de reducción gradual del déficit. Según lo adelantó el propio Ministro de Economía, el rojo primario bajaría a 4,5% del PBI en 2021 (según nuestras estimaciones rondaría 7% este año). Aunque también podría interpretarse como la primera jugada en el tire y afloje con el FMI que tendrá lugar en los próximos meses -ser la primera “propuesta” del gobierno en esta negociación-, este porcentaje ya asume cierto ajuste para el año electoral.
Lo más importante para el final: nada de esto bastará si la disponibilidad de divisas no alcanza para que el Sector Público “compre” el excedente. Por ende, generar condiciones para un salto exportador del sector privado -o generar un boom de ingreso de inversiones productivas, lo que parece muy poco probable en el corto plazo-, permitiendo ampliar de manera significativa la oferta transable, será clave para poder enfrentar esos vencimientos en moneda dura.
A modo de conclusión, resalta que el proceso de reestructuración de la deuda pública empezó con el pie derecho, pero que todavía queda mucho camino para llegar a buen puerto. El acuerdo que se alcance con el FMI no es trivial y el Gobierno deberá optar entre condicionalidades más estrictas y un cronograma de devoluciones más descomprimido, o de forma alternativa, ganar grados de libertad en materia de política económica, a costa de vencimientos más concentrados y abultados en el corto plazo. Cualquiera fuera el caso, para que la sostenibilidad de la deuda quede garantizada, será necesario romper con la lógica del estancamiento y la falta de dólares de la última década. Ojalá lo logremos.
El candidato presidencial demócrata, Joe Biden, sería el más votado en las elecciones estadounidenses del próximo 3 de noviembre con 52% de apoyo, frente a 42% que lograría el actual mandatario y aspirante a la reelección, Donald Trump, según una encuesta.
El estudio, elaborado por de YouGov para la CBS, revela además que la principal preocupación que orienta la decisión de a quién votar es la situación económica, seguida de la salud, el coronavirus y las últimas protestas contra el racismo y la violencia policial.
En cuanto al nivel educativo, los votantes con título universitario apoyan mayoritariamente a Biden, mientras que los votantes que no cuentan con ese nivel de educación se vuelcan en su mayoría por Trump, añade la consulta, reproducida por la agencia de noticias Europa Press.
Si bien Biden cuenta -según el sondeo- con más votos, ello no significa que tenga asegurada su llegada a la Casa Blanca, ya que en EEUU la elección presidencial queda a cargo de los delegados que se eligen en cada estado, y el número de representantes está vinculado con la población de ese estado.
De esa manera, quien conquiste estados como Texas, Nueva York o Florida, que colocan más delegados en el Colegio Electoral, puede volcar a su favor el resultado final, a pesar de haber cosechado menos votos que su adversario.
En estados clave como Wisconsin, sede de un reciente caso de violencia racista y con 10 delegados en juego, Biden tiene 6 puntos de ventaja sobre Trump (50-44%).
El estudio se basa en 2.493 entrevistas a votantes registrados de todo el país y a 1.006 en Wisconsin. El margen de error es de más menos 2,4 puntos a nivel nacional y de más menos 3,7 puntos en Wisconsin.
Trump, cuya gestión de la pandemia es rechazada por la mayoría de los estadounidenses (EEUU es largamente el país con más contagios y más muertos), intentará un golpe de efecto previo al 3 de noviembre, día de las elecciones, con el lanzamiento de una vacuna contra la Covid-19.
El presidente ha dicho en los últimos días sin ambages que pretende contar con una vacuna para fines de octubre, como para que los estadounidenses lleguen a las urnas al menos sabiendo que el virus que tanto mal le hizo a la economía del país y que provocó tantas muertes -a hoy 188.634- podría terminar de castigarlos pronto.
La “prisa” presidencial empuja a las grandes farmacéuticas estadounidenses a considerar la posibilidad de salir públicamente para reafirmar su seriedad y fiabilidad en las
pruebas sobre las vacunas. Un compromiso con la seguridad que a Trump no parece importarle de cara al objetivo de permanecer en la Casa Blanca, reseñó la agencia de noticias Ansa.
“No creería en su palabra sobre una potencial vacuna”, retrucó secamente Kamala Harris, la candidata demócrata a la vicepresidencia, invitando a los estadounidenses a confiar más en los científicos.
Harris, sin embargo, fue mucho más allá al calificar al presidente de “incompetente” en el manejo de la pandemia y la crisis que ha causado sobre el mercado laboral.
Después del colapso del segundo trimestre causado por la pandemia, se espera para el
PIB un fuerte repunte en el período julio-septiembre: en el orden de “25-35%”, dijo el ministro del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin.
A pesar de esto, el presidente cree que se necesitan más estímulos a la economía, pero las negociaciones entre demócratas y republicanos en el Congreso están estancadas en este frente y un acuerdo parece lejano.
El domingo cerró sin nuevos casos de coronavirus después de los registrados el fin de semana en Salto Encantado. Misiones sigue con 59 contagios confirmados.
Tres años después de su inauguración, la Escuela de Robótica de Misiones renovará su esplendor, con un flamante edificio que estará listo para la vuelta a clases presenciales en la pospandemia. Fachada nueva, aulas remodeladas y con mayor espacio interno y laboratorios con la más moderna tecnología formarán parte de esta nueva etapa de la Escuela de Robótica.
“Hay una parte que está a punto de terminarse y luego iremos por una nueva etapa. Todavía no nos dieron fecha, pero la idea es que esté listo para cuando termine la pandemia para albergar a nuestros 4.700 estudiantes”, dijo a Economis Solagne Schelske, directora de la Escuela.
Las nuevas instalaciones se erigieron sobre el edificio original, con cambios en la fachada y el interior.
Desde su apertura, la primera escuela pública de robótica en la Argentina, ganó diversos premios en el ámbito nacional e internacional. Además de su sede central en Posadas, el proyecto de la red de espacio Makers tiene como uno de los objetivos hacer llegar la robótica y el modelo educativo innovador de la Escuela de Robótica a todos los rincones de Misiones, acercando herramientas tecnológicas y una propuesta pedagógica innovadora a los jóvenes, y adultos.
Los espacios Makers empezaron a implementarse el año 2019 con 5 espacios en toda la provincia abarcando la franja etaria de los 18 años en adelante. Es una propuesta formativa homóloga a los trayectos de High Makers que se llevan a cabo en la Escuela de Robótica y en el Polo Tic Misiones.