Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

El dólar colchón ¿motor del consumo?

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A medida que avanza el programa económico del Gobierno nacional, surgen nuevas iniciativas orientadas a profundizar la corrección macroeconómica y a fortalecer el proceso de bimonetarización de la economía, o, como algunos lo llaman, de dolarización endógena. Estas propuestas, naturalmente, no están exentas de polémica.

En las últimas semanas, en el marco del doble objetivo de “dar más libertad a los argentinos” y “remonetizar la economía”, el Gobierno lanzó el denominado Plan de Reparación Histórica de los Ahorros de los Argentinos. El propósito es que los ciudadanos comiencen a movilizar los ahorros que durante años estuvieron fuera del sistema financiero. El llamado “dólar colchón” no es una figura abstracta: estimaciones públicas y privadas coinciden en que, entre cajas de seguridad, cuentas en el exterior y billetes guardados en domicilios, los argentinos conservan entre 200 y 270 mil millones de dólares

Se trata de una expresión inequívoca de la desconfianza estructural que imperó en la Argentina durante décadas, y que ahora se busca revertir a través de un marco normativo más flexible que el vigente hasta hace poco.

La lógica del plan es relativamente sencilla en lo conceptual: una vez estabilizada la macroeconomía, con inflación en retroceso y un tipo de cambio sostenible, se pretende remonetizar la economía apelando a esos ahorros no declarados. El objetivo es que estos se integren al circuito económico, convirtiéndose en un motor de reactivación del consumo y la inversión. 

Sin embargo, la gran incógnita es: ¿eso puede suceder? La respuesta es afirmativa, pero requiere condiciones muy concretas.

La primera es imprescindible: avanzar en las modificaciones normativas que permitan utilizar dinero no declarado sin penalización. La segunda, establecer reglas de juego claras y sostenibles en el tiempo, algo que el Gobierno insiste en garantizar. La tercera, ofrecer incentivos concretos al consumo y la inversión, para evitar que esos fondos sean simplemente dilapidados. Si estas condiciones se cumplen, podríamos estar ante un escenario donde los dólares ahorrados comiencen a circular, generando un efecto dinamizador en sectores clave como los bienes durables, la construcción y el turismo.

Comprender dónde podrían producirse los mayores impactos es clave para entender la lógica del esquema. Algunas críticas apuntan a que el consumo no se vería beneficiado, con el argumento de que quien hoy no consume tampoco tiene dólares ahorrados, ya que lo que le falta es dinero. Pero partir de esa premisa sería erróneo. Es evidente que quienes tienen ahorros no los destinarán al consumo básico, pero sí podrían canalizarlos hacia sectores con capacidad de arrastre sobre el resto de la economía.

Como señalamos: bienes durables, construcción y turismo. En el primer caso, el uso del “dólar colchón” podría reactivar la cadena de electrodomésticos o la compra de vehículos, rubros que ya están mostrando señales de recuperación gracias a la reaparición del crédito. Esta dinámica, a su vez, impactaría positivamente en el empleo y los ingresos de los trabajadores de estos sectores. En turismo, el efecto podría sentirse tanto en la demanda de viajes como en pequeñas inversiones hoteleras y gastronómicas. La construcción, por su parte, se vería beneficiada tanto en obras menores (como ampliaciones de viviendas) como en desarrollos más ambiciosos.

El impacto en las provincias no sería homogéneo, pero sí puede resultar positivo en la mayoría. En aquellos territorios con menor bancarización y limitado acceso al sistema financiero, el “dólar colchón” cumple una doble función: reserva de valor y fuente latente de consumo. Este fenómeno es más marcado aún en zonas de frontera o con alta informalidad comercial. Si mejora la confianza, esos dólares podrían dinamizar sectores rezagados, desde la construcción hasta el comercio.

Además, si esos ahorros se canalizan hacia los bancos -de forma directa o indirecta- también podrían transformarse en crédito para el consumo o la producción. De hecho, ya se observa a entidades financieras ofreciendo cuentas remuneradas o plazos fijos en dólares. El siguiente paso será ofrecer líneas de crédito con condiciones más favorables que las del pasado reciente.

Desde el punto de vista de las provincias, el plan genera un doble interés. Por un lado, la adhesión al esquema permitirá el acceso a información tributaria clave para una mejor administración fiscal. Por otro, el impacto económico puede derivar en mayores niveles de consumo, actividad económica y, en consecuencia, una mejora en la recaudación impositiva en un contexto de creciente preocupación por la caída de ingresos.

Catamarca y Tucumán ya firmaron los convenios con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), y Misiones está próxima a hacerlo. En esta última, la expectativa es particularmente alta. Misiones posee un fuerte potencial de crecimiento económico a partir de pequeñas y medianas inversiones que podrían emerger con esta “liberación” del dólar colchón

La construcción es uno de los sectores que más podría beneficiarse, especialmente por inversiones privadas de escala media que dinamizarían el rubro de forma decisiva. En turismo, la oportunidad es aún mayor, dada la ventaja comparativa de la provincia en este ámbito, con un impacto directo sobre toda la cadena de valor, desde la infraestructura hasta el consumo.

El mercado automotor también podría consolidar su recuperación, que ya se viene observando en los primeros meses del año. El comercio, en general, podría ver una reactivación tangible, especialmente si se fortalece la formalización de las operaciones.

Desde el punto de vista fiscal, el impacto también sería significativo. Cada transacción formal genera recaudación, y la clave hoy no es recaudar más, sino recaudar mejor. La caída interanual del 1,1% en la recaudación del IVA durante mayo —que afecta la coparticipación— es un dato que enciende alarmas. En paralelo, el consumo informal reduce también los ingresos provinciales. El plan apunta a revertir esta tendencia, eliminando trabas burocráticas que desalientan la formalización. El caso paradigmático es el de los supermercados, donde se cortaban tickets para evitar declarar montos exigidos por los organismos de control. Estas prácticas, lejos de ser anecdóticas, reflejan una estructura de desincentivos que el nuevo esquema busca corregir.

Como todo plan orientado a movilizar capitales no declarados, el riesgo existe y debe ser cuidadosamente gestionado. Pero, en términos generales, los beneficios potenciales parecen superiores. El plan podría constituir, si se dan las condiciones adecuadas, el impulso que necesita la economía para reactivar uno de sus motores clave: el consumo.

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Potencia exportadora: Misiones y un perfil agroindustrial que hace la diferencia

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Como se ha señalado en más de una ocasión, Misiones cuenta con una fortaleza en sus características productivas y exportadoras que la distingue dentro de la región del NEA: un perfil marcadamente agroindustrial, en contraste con la matriz primarizada de las otras provincias del nordeste. Históricamente, productos como la pasta para papel y celulosa, el té, la yerba mate, el tabaco Burley y los productos forestales han sobresalido en el catálogo exportador misionero. A esto se suma un rasgo distintivo: si bien se trata de bienes de origen natural, en su mayoría atraviesan procesos de industrialización que les otorgan un mayor valor agregado.

Sin embargo, junto a estas ventajas, también persisten ciertos desafíos. La matriz exportadora provincial muestra una alta concentración: más del 80% de las ventas externas se explica por menos de cinco posiciones arancelarias. Aún más relevantes son las dificultades logísticas, que no solo complejizan el proceso de exportación, sino que además lo encarecen. En este sentido, la reactivación del Puerto de Posadas comienza a corregir parte de estas distorsiones y abre una oportunidad para mejorar la competitividad de las exportaciones misioneras.

Dicho esto, volvamos sobre la principal característica misionera: un perfil industrializado que es superior en la región del NEA. Este punto es relevante por más de una razón. En primer lugar, un perfil manufacturero agroindustrial conlleva mayor valor agregado y mejores ingresos, debido a que los productos industrializados incorporan procesos productivos que aumentan su valor de mercado, lo que equivale a decir que por la misma cantidad de materia prima, se obtiene más ingreso. A la par, se produce mayor generación de empleo más calificado y sostenido: la producción agroindustrial requiere más mano de obra que la producción primaria, un empleo que además suele ser más formal, mejor remunerado y estable. Una economía más industrializada tiende a crear puestos de trabajo más diversos, desde operarios hasta técnicos e ingenieros.

Desde el punto de vista de la exposición a los escenarios internacionales, un perfil mayormente agroindustrial tiene menor (aunque no nula) vulnerabilidad a los precios internacionales

Las provincias con alto perfil primarizado están altamente expuestas a fuertes oscilaciones de precios en los mercados internacionales, como la soja, donde si bien hay tiempos de fuerte bonanza, también hay las de fuertes caídas. 

En cambio, los productos con valor agregado tienen precios más estables. Si bien no están exentos de volatilidades de precios, como pasó esta temporada en Misiones por caída en precios internacionales, están algo menos expuestos que otras economías. 

Desde el punto de vista del “derrame”, los procesos agroindustriales generan mayores efectos multiplicadores en la economía local: demanda insumos, servicios logísticos, tecnología, transporte, energía, etc., que fortalecen el tejido productivo provincial y generan mayores oportunidades para pequeñas y medianas empresas.

Hay muchas más razones para indagar pero, en resumen, un perfil exportador agro industrializado no solo mejora las condiciones económicas generales sino que crea condiciones para un desarrollo más equilibrado, inclusivo y sustentable. En ese sentido, Misiones tiene una ventaja relativa frente a otras provincias del NEA. 

¿Cómo vemos reflejado esto en los datos? Hay dos formas directas de ratificar la posición agroindustrial misionera en la región. En primer lugar, su importancia relativa en las exportaciones manufactureras. En el primer cuatrimestre, Misiones concentró el 57% de las manufacturas agropecuarias del NEA y el 79% del total regional en las industriales

Por ende, Misiones explicó el 64% del total de manufacturas exportadas por el NEA, ratificando y fortaleciendo al mismo tiempo su perfil exportador en la región. Este grado de participación manufacturera misionera sobre la región no es nuevo, sino que es constante a lo largo de los años. 

En segundo lugar, el impacto del valor agregado se da por el lado de los precios promedio de exportación, un indicador clave para entender la calidad, el posicionamiento y el valor de lo que la provincia vende al mundo. No se trata solo de cuánto se exporta en términos de volumen, sino de cuánto se gana por cada unidad exportada. Un precio promedio alto suele indicar que el producto exportado no es simplemente una materia prima, sino que ha pasado por procesos de industrialización, mejora de calidad, empaque, diseño o certificación. 

Además, son un indicador de posicionamiento competitivo en mercados internacionales, a la par que tener mayores precios promedio suele traducirse en mejoras de recaudación y en mayor rentabilidad para las empresas, entre otras cosas.

Los datos de 2025 muestran que Misiones lidera la región en este indicador, con un precio promedio de USD 667,5 por tonelada. En comparación, Chaco alcanza USD 317,5, Corrientes USD 535,6 y Formosa USD 399,9. La diferencia con Chaco es especialmente significativa: mientras esa provincia exportó USD 110 millones y 347 mil toneladas, Misiones vendió USD 147 millones con solo 221 mil toneladas

Es decir, Chaco exportó mayor volumen, pero Misiones generó ingresos mucho mayores por tonelada, con una brecha de USD 350,1.

A nivel nacional, Misiones sigue siendo un actor menor en volumen y monto, condicionado por su ubicación y la falta de infraestructura, una problemática recurrente en el norte argentino por años de abandono. Sin embargo, en términos de precios promedio de exportación, su posicionamiento es destacado.

En el primer cuatrimestre, el precio promedio argentino fue USD 575,3 por tonelada. Misiones lo supera con USD 667,5, ubicándose como la provincia con el undécimo mayor precio promedio del país, la más alta del NEA y la quinta en el Norte Grande

Incluso, este valor de Misiones supera a provincias líderes en volumen exportador como Buenos Aires (USD 617,6), Santa Fe (USD 508,1) y Córdoba (USD 422,5).

Dada esta situación, continuar impulsando el crecimiento y la diversificación de las exportaciones es clave para el desarrollo sostenible de Misiones. No solo contribuye a generar divisas que alivian las restricciones externas del país, sino que también fortalece el entramado productivo local, impulsa empleo calificado y estimula innovación e inversión. En un contexto nacional e internacional complejo, profundizar la inserción internacional de su agroindustria y avanzar hacia una mayor sofisticación exportadora permitirá a Misiones consolidar su perfil diferenciado en el NEA y ampliar su influencia en el escenario nacional.

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Frontera adentro: la lupa en la resiliencia del comercio misionero

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¿Debemos ser optimistas o pesimistas respecto al comercio misionero en 2025? Con esa pregunta quisiera comenzar un breve repaso de lo que ha sido la evolución del comercio como sector de actividad económica en la provincia de Misiones.

Complejo como pocos, el comercio misionero no solo está condicionado por el contexto socioeconómico, sino, sobre todo, por su posición fronteriza. Nada nuevo por conocer, aunque aún mucho por comprender. Su ubicación estratégica convierte a Misiones -especialmente en puntos clave como Posadas, Puerto Iguazú y Eldorado- en zonas de intercambio constante con los países vecinos, lo que impulsa un dinamismo comercial difícil de replicar en otras regiones del país. Sin embargo, ese dinamismo es altamente volátil: el sector se expande cuando el tipo de cambio resulta favorable para los visitantes extranjeros, pero se ve golpeado cuando sucede lo contrario.

Por ende, la principal característica del comercio misionero es su alta exposición a los vaivenes macroeconómicos, tanto nacionales como internacionales, y con ello, la necesidad permanente de reconvertirse, adaptarse y volverse más competitivo para subsistir primero y evolucionar después. Aunque podríamos mencionar otros desafíos estructurales —como las cuestiones logísticas o tributarias—, el factor que verdaderamente mueve la aguja es su geografía y todo lo que ello implica.

Aun con estas particularidades, ¿Qué podemos observar del comercio misionero en los últimos 20 años? Empecemos por su peso dentro de la economía provincial. Entre 2004 y 2023, el Comercio representó en promedio el 14% del Producto Bruto Geográfico (PBG) de Misiones, ubicándose de manera constante entre los sectores de mayor aporte. Si bien ha mostrado cierta volatilidad (como en 2016, cuando cayó al 12%, o en 2011, cuando alcanzó el 15%), estas variaciones respondieron principalmente a los ciclos económicos nacionales, que suelen impactar más directamente en los sectores ligados al consumo.

Por lo general, cuando el PBG misionero retrocedía como consecuencia de una recesión nacional, el Comercio sufría caídas aún más pronunciadas, ya que el impacto sobre el consumo se percibe de forma inmediata. Ejemplos claros: en la crisis de 2009, la economía misionera cayó 5%, pero el comercio se desplomó un 10%. En 2016, con una baja del 2% a nivel provincial, el comercio cayó un 5%; y en 2019, con recesión y coletazos de la crisis cambiaria, la economía provincial retrocedió 2% y el comercio, otra vez, un 5%.

De forma inversa, en épocas de expansión económica, el comercio suele ser el primero en recuperarse, especialmente cuando hay una mejora del ingreso disponible en los hogares. Entre 2006 y 2007, por ejemplo, el PBG misionero creció 5%, pero el comercio lo hizo en un 8%. En el rebote post-crisis de 2009, en 2010 la economía provincial creció 8% y el comercio, 10%. Lo mismo ocurrió en 2011. En 2017, el único año de crecimiento durante la gestión Macri, el PBG creció 2% y el comercio 4%. Incluso en 2022 se repitió la dinámica: +3% para la provincia y +4% para el sector.

Existe, sin embargo, un caso atípico: el año 2020. La pandemia provocó una caída generalizada de la economía a nivel global debido a las restricciones para operar con normalidad, la pérdida de empleo y demás efectos de la emergencia sanitaria. La economía misionera cayó 4%, pero el comercio creció 5%. ¿La razón? El cierre de fronteras volcó al consumo interno una masa de recursos que usualmente se gastaba fuera del país, lo que disparó la actividad comercial. De hecho, el comercio misionero fue el único del país que creció ese año.

En resumen, el comercio en Misiones explica el 14% de la economía provincial en promedio, con fuertes oscilaciones derivadas de los ciclos económicos argentinos. Pero más allá de esas fluctuaciones, hay un dato clave: entre 2004 y 2023, el sector creció un 42%, alcanzando en 2023 el valor bruto agregado más alto de toda la serie histórica. Es decir, el comercio misionero tocó su techo histórico como actividad económica.

Además, el Comercio es uno de los sectores con mayor generación de empleo registrado en la provincia. Entre 2004 y 2023, explicó en promedio el 18% del empleo formal, pasando del 15% en 2004 al 22% en 2023. El crecimiento del sector también se tradujo en una notable capacidad de absorción de mano de obra, en una provincia con una población en constante expansión.

Durante ese período, el empleo formal en el comercio creció un 145%, mientras que el total del empleo formal privado en Misiones lo hizo en un 64%. En otras palabras, el comercio duplicó el ritmo de creación de empleo del promedio provincial. En ese marco, cobró especial relevancia el comercio minorista: en 2023 empleaba más personas que todo el sector comercial en 2006. En 20 años, ese segmento creció un 149%, superando incluso al promedio del sector, lo que confirma su papel dinamizador no solo dentro del comercio sino en toda la economía provincial.

Dicho todo esto, 2024 marcó sin dudas un retroceso para el comercio y para la economía provincial en general. Aún sin cifras definitivas, los efectos de la crisis son visibles: la devaluación y el salto inflacionario deterioraron el poder adquisitivo de los salarios; la posterior apreciación cambiaria en dólares desvió el flujo de consumo hacia Paraguay y Brasil; y la recesión impactó en el empleo, reduciendo los ingresos disponibles para consumo.

A diferencia de otros ciclos, en este 2025 la recuperación todavía no se consolida, principalmente porque, si bien hay cierta mejora en los ingresos, esta no alcanza para reactivar con fuerza el consumo. Frente a este escenario, es necesario ser proactivos con políticas que otorguen herramientas tanto para los comercios como para los consumidores. En este punto, Misiones se diferencia del resto del país con la continuidad de los programas Ahora.

Como se destacó recientemente en Economis, los programas Ahora alcanzaron un volumen récord de casi $20 mil millones en ventas durante el primer trimestre, con una facturación 74% superior a la de 2024 y un 5% por encima de 2023. Aún con margen para crecer más, resulta evidente que los Ahora permitieron una importante recuperación en las ventas, especialmente entre diciembre de 2024 y marzo de 2025, etapa clave para reimpulsar al sector.

En este contexto de estancamiento, los Ahora funcionan como una locomotora que empuja el tren del consumo. Pero, para que esa marcha no se detenga, se necesita de más acompañamiento, sobre todo en el plano nacional, con medidas de alcance macroeconómico.

El comercio misionero es un sector dinámico, resiliente y vital para la economía provincial. Pero también enfrenta desafíos complejos que deben ser abordados si se pretende liberar todo su potencial y amortiguar las recurrentes crisis que, una y otra vez, ponen a prueba su capacidad de resistir y crecer.

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Super IVA ¿Cómo impactaría en Misiones?

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Otra vez las provincias, sus ingresos y su relación con la Nación entran en la agenda pública. En el marco del deseo de realizar una reforma tributaria amplia, días atrás el ministro de Economía, Luis Caputo manifestó cierta voluntad de avanzar hacia una reformulación del IVA, basada en la descomposición de la alícuota general del 21% en dos tramos: un 9% nacional fijo y un porcentaje variable que quedaría bajo potestad de las provincias. ¿Qué busca el gobierno nacional con esto? Rediseñar el esquema de recaudación y distribución de los tributos entre la Nación y las jurisdicciones provinciales, convocar a una “competencia fiscal” entre provincias pero sobre todo, poner la discusión política en los desincentivos que genera el esquema de reparto actual.  

¿Cómo es el sistema actual del IVA hoy? El tributo tiene una alícuota general del 21% (con algunas excepciones de alícuotas especiales) que lo recauda íntegramente el ente recaudador nacional. Sobre el total del IVA recaudado (neto de devoluciones y reintegros), se hace una primera separación: el 1,9% va a ARCA como aporte por autarquía. Luego, del neto de ese aporte, el 89% de la recaudación va a la masa coparticipable bruta y el 11% a la Seguridad Social. A los fines de simplificar esta explicación, vamos a detenernos un momento en ese 89% que va a la masa coparticipable bruta. Cuando el IVA llega a esa instancia, comienza la distribución primaria de la coparticipación: el 40,24% va al Tesoro Nacional, el 57,36% a las Provincias, el 1% a ATN y el 1,40% a CABA. Tras esta distribución, comienza la distribución secundaria, que es asignarle a cada provincia un porcentaje de la torta que le toca de la distribución primaria. 

Hagamos un breve ejercicio. Supongamos que la recaudación del IVA es de 1.000 pesos. Quitamos el aporte a ARCA, quedan 981 que comienzan a repartirse: para la masa coparticipable van 873,1 pesos y para la Seguridad Social van 107,9. Tenemos que ver ahora cómo se distribuye el monto de la masa coparticipable: de esos 873,1 pesos que se reparten, unos 351,3 van al Tesoro Nacional, 500,8 a las provincias, 8,7 al fondo ATN y $ 12,2 a CABA. De esos  500,8 pesos que van a provincias, ¿cuánto llega a Misiones por coparticipación? $ 17,2

Volvamos a la propuesta de Caputo. Decíamos que la propuesta implica dividir esa alícuota en 9% para la Nación (no coparticipable) y el resto fijado por cada provincia que quedará en las arcas locales. A priori, podemos suponer un 12% para “completar” el 21% actual, aunque ahí entra en juego la competencia fiscal: poner alícuotas más bajas para atraer potenciales inversiones. Este “IVA provincial”, si bien se recaudaría sobre sobre la misma base imponible, su administración y uso sería de los gobiernos subnacionales. 

Pero agregamos otra cosa: está también la intención de una eventual sustitución del Impuesto a los Ingresos Brutos, ya que este nuevo esquema permitiría, o pretendería, absorber dentro del IVA provincial al impuesto a los Ingresos Brutos que es el principal tributo de recaudación propia de las provincias. 

¿Cuáles son las limitaciones para este esquema? En primer lugar hay cuestiones de armonización y coordinación, ya que deberían crearse órganos de coordinación fiscal federal para evitar superposiciones, arbitrariedades o desequilibrios entre jurisdicciones. Quizás, algo similar a lo que ocurre con la comisión arbitral de Ingresos Brutos actual vía Convenio Multilateral. Además, se requeriría establecer pautas mínimas comunes, como alícuotas máximas, base imponible uniforme y mecanismos de compensación. Pero también y no menos importante, se debería reformular la inscripción tributaria o bien, crear mecanismos para asegurar que el IVA provincial se pague efectivamente en el lugar de la transacción realizada. ¿Por qué esto? Actualmente ocurre que una empresa determinada puede vender bienes en Misiones pero tener domicilio fiscal en CABA: por ende, un misionero paga (junto a su compra) el 21% por IVA del bien adquirido, pero cuando la empresa paga ese IVA al ente recaudador, el registro indica que la operación corresponde a una empresa de la ciudad autónoma. Esto genera que el registro tributario marque IVA pagado en CABA, y no en Misiones. Un nuevo esquema como el que propone Caputo debería contemplar que el IVA provincial registre con precisión el lugar de la transacción y no el domicilio fiscal de la empresa, algo que ya ocurre con Ingresos Brutos. 

¿Cuáles serían los principales efectos de una reforma de este tipo? En primer lugar, cada provincia dependería de su propia recaudación del tramo local. Naturalmente, las provincias con mayor actividad formal y consumo se verán, parcialmente, beneficiadas. Sin embargo, las provincias más dependientes de transferencias y con menor volumen de actividad económica podrían ver reducidos sus ingresos si no logran recaudar de forma efectiva el componente local. Respecto a la potencial sustitución o incorporación de Ingresos Brutos a ese IVA provincial, hay una ventaja en la posibilidad de reducir la distorsión del sistema tributario ya que ese impuesto grava el producto en cadena y esto traería consigo una mejora en la competitividad y eficiencia económica. Pero como riesgo, está el hecho de que Ingresos Brutos representa más del 70% de la recaudación tributaria propia de muchas provincias. 

Por ende, si la recaudación del IVA provincial no compensa esa pérdida, podría haber un problema de fondeo en muchas provincias. 

La situación por provincia es muy dispar. Existen distritos con alto volumen de consumo como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe que tienen una importante capacidad de recaudación por IVA provincial que, a su vez, tornaría viable la absorción de Ingresos Brutos sin prescindir de recaudación y al mismo tiempo son perdedoras netas en el esquema de coparticipación actual. Por ende, con una correcta administración de un nuevo esquema podrían ser ganadoras netas. En el otro extremo tenemos a provincias con bajo consumo y alta informalidad como Formosa, Chaco y Santiago del Estero, a las que este esquema podría provocar potencialmente una mayor autonomía fiscal pero estarían altamente vulnerables si no logran recaudar el IVA provincial, registrando una caída de ingresos por pérdida del IVA coparticipado.

¿Qué vemos para Misiones? Hay diferentes cuestiones para analizar. En primer lugar, los fondos coparticipables derivados del IVA representaron en 2024 el 29% de los ingresos corrientes de la provincia, mientras que los de Ingresos Brutos lo hicieron en un 28%. Por ende, estamos hablando de “poner en juego” el 57% de los ingresos corrientes de la provincia. Acá hay una ventaja para Misiones: el IVA representa un volumen menor que otras provincias de la región. Por caso, en Chaco representó el 41%, en Corrientes el 40% y en Formosa el 47%. Por ende, la provincia, que a su vez es la que muestra mayor volumen de consumo en la región, Misiones podría incrementar su base de recaudación por IVA en el caso de aplicar un esquema que contemple todos los ajustes necesarios para su correcta implementación. En el caso del Ingresos Brutos, hay claroscuros. Es por lejos la provincia con mayor recaudación de ese impuesto en la región: representa el 28% cuando en Chaco lo hace en el 8%, en Corrientes el 10% y en Formosa el 5%. ¿Por qué claroscuros? Por el lado positivo, una eventual absorción de Ingresos Brutos podría reducir las distorsiones propias de ese impuesto. Pero por el lado crítico, podría haber una merma recaudatoria si no se aplican herramientas de control. En este punto, es difícil pronosticar qué va a predominar en ventaja de la provincia: una eventual baja de Ingresos Brutos o una eventual suba de IVA. 

Con estas variables en consideración, Misiones está mucho mejor parada que otras provincias de la región por dos razones: mayor autonomía fiscal (por ende, menor impacto en cambios de regímenes de distribución) y mayor volumen actual de aportes impositivos al ARCA. Como lo hablamos hace tres meses en esta nota de Economis, en 2024 Misiones aportó el 35,4% del total del NEA de recaudación de impuestos coparticipables, muy por encima de  Corrientes (26,6%), Chaco (25,3%) y Formosa (12,7%) y al mismo tiempo es la que menos recibe en la región: apenas el 21,3% cuando Chaco captó el 31,8%, Corrientes el 23,9% y Formosa el 23,0%. Es decir, Misiones tiene mucho más para ganar que para perder, algo que se afirma aún más cuando se observa que hay una fuerte subestimación recaudatoria de Misiones por el hecho de que muchas empresas que producen en la provincia tienen su domicilio fiscal en CABA. 

Pese a estar mejor parada que las otras provincias de la región, no podemos decir con seguridad que sería un esquema beneficioso para la provincia, no por falta de virtudes provinciales sino por cierta desconfianza en la implementación: antes de avanzar en la reforma tributaria puntual, hace falta corregir muchísimas distorsiones de registro, articulación, control y ejecución. 
Lo que queda claro es que el sistema tributario actual es altamente perjudicial para Misiones: subestima la actividad económica provincial y perjudica la caja provincial por recibir menos de lo que aporta. Es necesario avanzar hacia nuevos esquemas, pero con el debate necesario y con las correcciones suficientes que permitan gozar de las ventajas que podría traer.

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Del mito a los números: Misiones se afirma como líder industrial del nordeste

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Tal como se detalla en esta nota de Economis, el gobernador Passalacqua se refirió al desarrollo industrial de Misiones, remarcando no solo el liderazgo en exportaciones sino también su rol protagonista en la logística regional. Muchas veces no se pondera de manera correcta la importancia del sector industrial en Misiones, quizás por una incorrecta comparación con los grandes polos industriales del país que se llevan la mayor parte de las miradas, minimizando así la fuerte presencia de actividad industrial en otros puntos de la patria, sobre todo en el norte argentino. 

Lo cierto es que, aun estando un poco lejos del desarrollo industrial del centro del país, Misiones tiene un enorme liderazgo a nivel regional que la posiciona de manera muy relevante pensando en su expansión de la mano de inversiones. 

El atractivo misionero, muchas veces ligado a lo turístico, no se agota en ello; por el contrario, en materia de producción se pone a la cabeza del nordeste argentino y compite en el podio del norte nacional. 

Para poder ver en números esta situación, tenemos que observar el Valor Agregado Bruto (VAB) provincial. El VAB provincial es una medida del valor que aportan todas las actividades económicas dentro de una provincia descontando el valor de los insumos intermedios utilizados en el proceso productivo. Por ende, se trata de una forma de medir el aporte económico real de los distintos sectores productivos de una provincia. Tiene similitud con el Producto Bruto Geográfico (PBG), pero se diferencia en que este último incluye los impuestos netos de subsidios sobre la producción. 

El VAB por provincia lo aporta la CEPAL en un estudio elaborado en conjunto con el ministerio de Economía de la Nación y hace unas pocas semanas, se actualizaron los datos hasta el año 2023. Si bien parece quedar algo viejo el dato, dado sobre todo a las particularidades del 2024, tiene una alta relevancia para observar un proceso a lo largo de los años y el posicionamiento provincial en algunos sectores en particular. 

¿Qué nos dice el VAB de la industria misionera? Para el año 2023, y tal como se repite en los años previos, la Industria Manufacturera es la que representa el mayor volumen dentro del VAB provincial: el 18,6% de la economía misionera se concentra en esta actividad. 

Ya vemos en un primer lugar el enorme peso de este sector en la economía provincial. Frecuentemente se escucha que es el turismo e incluso el comercio la actividad económica predominante en Misiones, pero lo cierto es que la Industria es la que domina desde hace ya muchos años. Por caso, en 2013, es decir una década atrás, la industria también era el sector predominante representando el 20,4% de la economía local. 

La industria no solo en dominante por ser la actividad de mayor peso en la economía local, sino que además mantiene una importancia distancia con el resto: el Comercio se posiciona como el segundo sector en la economía con el 13,6% del total provincial, mientras que la Enseñanza completa el podio con el 10,6%. 

Pero más importante aún es su posicionamiento a nivel regional, algo clave para pensar en el desarrollo a mediano y largo plazo y la posibilidad de atraer inversiones. En el NEA, la Industria Manufacturera representa el 10,8% de la economía regional, un número que está impulsado hacia arriba gracias a Misiones, ya que en el resto de las provincias de la región este sector representa menos del 10% de sus economías: 8,4% en Chaco, 8,4% en Corrientes y 5,9% en Formosa. Estos números, frente al 18,6% de Misiones, marcan la enorme diferencia de perfil productivo misionero

Si miramos la participación por provincia en el VAB industrial del NEA, se fortalece la posición misionera: en 2023 representó el 46,7% de toda la industria del nordeste, con amplia distancia contra Chaco (25,4%), Corrientes (20,9%) y Formosa (7,0%). 

Al observar estos datos, podemos incluso repensar algunos elementos discursivos que predominaron en los últimos años, como el que Corrientes se configuraba como el gran actor industrial de la región, cuando su VAB industrial sigue estando incluso por debajo de Chaco. El mito decía que Corrientes era más atractiva para la industria por su laxa política fiscal. Los datos desmienten esa mirada.

El fuerte protagonismo misionero en la industria regional también se puede ver en el empleo: los últimos reportes de enero muestran que el 48% de los empleos industriales de la región están en Misiones; además, en esa misma línea, la provincia concentra el 43% de las empresas industriales asentadas en el NEA

Más allá de las muchas potencialidades y atractivos que tiene Misiones, sin duda es la industria la protagonista central, posicionándose como un eje central para el desarrollo y el progreso de la economía local, no solo por su capacidad de generar empleo de calidad, sino también por su impacto en la agregación de valor, la dinamización de las cadenas productivas y fortalecimiento del entramado económico regional, que a su vez promueve la innovación tecnológica y aumentan la competitividad provincial. Apostar al crecimiento industrial implica avanzar hacia una Misiones más diversificada, resiliente y con mayores oportunidades para su gente.

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