Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Buena recuperación del mercado de trabajo de Posadas, con alzas en empleo y baja en desocupación

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Al segundo trimestre de 2025, el aglomerado de Posadas presentó una considerable mejora de las principales tasas del mercado de trabajo en comparación con el período  anterior. En los últimos tres meses, logró incrementar su población activa, mejoró tasa de empleo y redujo la desocupación. Si bien en la comparación interanual las tasas de actividad y empleo se redujeron, el repunte trimestral permite trazar un horizonte de mediano plazo algo más optimista. 

Posadas: principales tasas del mercado de trabajo 

En el segundo trimestre de 2025, la Tasa de Actividad en Posadas se ubicó en 43,6%,  presentando una expansión de 1,0 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior,  aunque aún se mantiene -1,3 p.p. en la comparación interanual. La variación positiva  trimestral equivale a unos cuatro mil nuevos activos en los últimos tres meses (y -4 mil respecto al segundo trimestre 2024). 

Por su parte, la Tasa de Empleo fue del 44,1% en Posadas, lo que representa un significativo incremento de 1,7 puntos contra el trimestre anterior, variación que generó 7 mil nuevos ocupados en los últimos tres meses. En la comparación interanual, esa tasa muestra variación de -0,4 puntos, aunque sin impacto en valores absolutos. 

Asimismo, la Tasa de Desocupación fue del 4,3%, cayendo en 1,7 puntos porcentuales a nivel trimestral. Esto equivale a que tres mil personas dejaron de ser desocupadas en comparación con tres meses atrás. También esta tasa cae en la comparación interanual (- 2,0 p.p.) aunque en este caso motivado por la caída de actividad en ese nivel comparativo. 

En conclusión, los resultados del segundo trimestre 2025 en Posadas muestran una mejora  muy significativa en comparación con el trimestre anterior: amplió la población  económicamente activa (de 45,1% a 46,1%, sumando cuatro mil nuevos activos), se incrementó la población ocupada (de 42,4% a 44,1%, logrando siete mil nuevos ocupados) y se redujo la población desocupada del 6,0% a 4,3% (tres mil desocupados menos).

La importancia de estos resultados radica en que Posadas logró disminuir la tasa de desocupación vía empleo y no vía inactividad: la población activa creció en 4 mil personas y los desocupados cayeron en tres mil personas: esas siete mil personas fueron absorbidas  directamente por el empleo, cuyo crecimiento de la tasa equivale a esa cantidad de personas que pasaron a ser ocupadas. 

¿Cómo se ubicó Posadas en el plano regional y nacional? 

Posadas ratificó su liderazgo en el NEA con las mayores tasas de actividad y de  empleo. En relación con la primera, el 46,1% de tasa de actividad de Posadas está muy por  encima del resto de los aglomerados del NEA: Gran Resistencia tuvo 44,0%, Corrientes 40,8% y Formosa 40,0%; también supera ampliamente la media regional del noreste (43%). 

Por su parte, la tasa de empleo misionera también lidera con comodidad en la región, siendo el único aglomerado que supera (y con creces en este caso) el 40%: mientras que Posadas marcó 44,1%, Gran Resistencia tuvo 39,4%, Formosa 38,2% y Corrientes cierra el  ranking regional con 38,0%. La media regional fue de 40%. 

Finalmente, la tasa de la desocupación de Posadas es la más baja de la región: con 4,3%,  queda por debajo Formosa (4,4%), Corrientes (6,7%) y Gran Resistencia (10,3%), mientras que la media NEA es de 6,7%. 

En el plano nacional, Posadas muestra la 16° mayor tasa de Actividad (y 3° en el Norte  Grande), ubicándose 2 puntos por debajo de la media nacional. 

En la tasa de Empleo, Posadas se ubica 13° en el país (y de nuevo tercera en el Norte Grande) quedando -0,4  puntos respecto a la media nacional; mientras que la tasa de Desocupación posadeña es la octava más baja del país y quedó tres puntos por debajo de la media nacional. 

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ATN: la caja negra del poder que Milei se niega a soltar

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En la arquitectura fiscal argentina existe una herramienta que cobró altísima relevancia en los últimos dos años y resulta clave en el vínculo financiero entre Nación y provincias: los Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Esos aportes hoy están en el centro de la agenda económica: primero, por la sanción de ley de reforma de su distribución; y luego, por el veto del presidente Javier Milei, que se conoció el jueves por la noche. 

Empecemos por lo básico: ¿Qué son los ATN? Los Aportes del Tesoro Nacional nacen con la misma ley 23.548 de Coparticipación Federal de Impuestos. Esa norma establece que el Fondo de ATN se destinará a atender situaciones de emergencia y desequilibrios financieros de los gobiernos provinciales y que el Ministerio del Interior será el encargado de su asignación; además, establece que el 1% de la masa coparticipable bruta se destinará a ese fin. 

Entonces, se trata de un fondo que tiene una composición automática (se financia con el 1% de los impuestos coparticipables) pero, a diferencia de la coparticipación, tiene un régimen de distribución discrecional: es el Gobierno nacional, vía ministerio del Interior, el que decide su asignación a determinada provincia en función de las situaciones de emergencia dadas. 

Aquí encontramos el primer punto de conflicto: si bien la norma establece que su razón de ser es la de financiar emergencias y/o desequilibrios financieros, en la práctica, dada su discrecionalidad, los ATN se convirtieron mayormente en una herramienta de premio o castigo de la administración central hacia los subnacionales. La discrecionalidad de los ATN es triple: quién, cuánto, y cuándo

Es decir, el Gobierno nacional de turno tiene plena independencia de enviar ATN a quien quiera, por el monto que quiera y en el momento que quiera. 

Esto, con el tiempo, se tradujo en una enorme diferencia en favor del Tesoro nacional que deriva de su subejecución. Vamos a los datos. En el año 2017, el fondo ATN totalizó unos $21.354 millones pero se envió a las provincias apenas $3.875 millones, es decir, el 18%. En 2018, se distribuyó apenas el 16% y bajó al 8% en el año 2019.

En el año 2020, se dio una situación puntual: se distribuyeron ATN por $67.195 millones cuando el Fondo ATN había recaudado un total de $24.363 millones; es decir, se distribuyó el 196% del fondo. Esto se dio por la emergencia de la pandemia del Covid-19 cuya situación demandó mayores envíos a provincias. ¿Pero cómo se explica que se haya pagado más ATN de lo que se recaudó por ese fondo? La respuesta es simple: usando remanentes. Lo dejamos ahí, pero más adelante volvemos con esto que es crucial. 

En 2021, volvió la subejecución del fondo ATN: se pagó el 70% del total del fondo y en 2022 cayó al 26%. En 2023, se recuperó parcialmente y llegó al 78%, aunque empujó mucho la situación de fin de año: ya con Milei electo, el entonces ministro Sergio Massa pagó a las provincias ciertos remanentes del año anterior del fondo ATN para garantizar pagos de salarios y aguinaldos de diciembre. 

Este pago se dio entre el 7 y 8 de diciembre, es decir, apenas días antes de dejar el gobierno. 

Ya con Milei a cargo del gobierno, en 2024 los ATN se derrumbaron: se pagó apenas el 7% del fondo constituido. 

Si acumulamos la información de punta a punta, entre 2017 y 2024 el fondo ATN recaudó un total de $1,17 billones y se distribuyeron sólo $0,37 billones: el 32%. La pregunta natural que surge de esto es: ¿qué pasa con los fondos que no se reparten? Ese remanente, según la normativa vigente, debe ser trasladado al ejercicio siguiente pero como reserva, como lo expresa la Auditoría General de la Nación, que agrega, “salvo que por las leyes que correspondan se resolviera expresamente que todos los recursos asignados deben ser distribuidos en el ejercicio en que se integran”. Esa ley es la que se sancionó en el Congreso, pero que vetó Milei

En esta línea, ¿qué pasó en 2020? La emergencia sanitaria y económica fue el fundamento para el uso de remanentes de ejercicios anteriores y por ello se distribuyó más ATN que los constituidos en el año. 

Hagamos un resumen que nos ayude a entender la situación. En primer lugar, legalmente, los fondos pertenecen a las provincias ya que surgen de la masa coparticipable, tienen como destino las provincias y su uso no puede ser otro que para transferirlos a los subnacionales. 

Sin embargo, dado que la ley faculta al Ejecutivo nacional a distribuir los ATN según emergencias y/o desequilibrios, no existe garantía de su real asignación a las provincias, hecho que queda evidenciado en la alta subejecución que tiene el fondo. En esa línea, como no hay una definición clara de qué constituye una emergencia o un desequilibrio financiero, la discrecionalidad del poder de turno es aún mayor. 

Con todo esto, hay una cosa clara: los fondos ATN pertenecen a las provincias y no a la Nación, que en este caso actúa como un mero administrador de los mismos, aunque con facultades sobredimensionadas. 

Estas fueron las razones que esgrimieron los gobernadores al momento de presentar el proyecto de ley que luego fue sancionado por ambas cámaras convirtiéndolo en Ley N° 27.794. ¿Qué dice ese texto? Que “los recursos que correspondiere distribuir al Fondo de Aportes del Tesoro Nacional a las provincias creado por él artículo 3° inciso d) de la Ley 23.548 serán redistribuidos de conformidad con las previsiones de los artículos 3° y 4° de dicha norma” y que la redistribución “procederá en forma diaria y automática y en las mismas condiciones que las dispuestas en el artículo 6° de la Ley 23.548 y los recursos que la compongan serán considerados a cualquier efecto como integrantes de la masa de fondos coparticipable prevista en dicha ley mientras subsista la vigencia de la presente”. Traducción: los ATN dejan de ser discrecionales, se distribuyen siguiendo la misma distribución porcentual que la coparticipación y su envío a las provincias será por goteo diario, también al igual que los fondos coparticipables. Esta reforma le permite a las provincias contar con un flujo de fondos garantizado y evitar así la triple discrecionalidad que tiene actualmente el reparto de ATN, que mencionamos antes. 

El veto de Milei, esperado, dejó igualmente mucha tela por cortar. En términos argumentativos, es bastante flojito. El decreto 652/2025, donde está expresado el veto total del Poder Ejecutivo, dice entre otras cosas que “la existencia de este Fondo (ATN) resulta imprescindible, ya que dota al Estado Nacional de una herramienta que complementa el régimen automático de coparticipación y permite dar respuesta a situaciones extraordinarias que no pueden ser previstas y atendidas a partir de un sistema de reparto rígido y automático” y luego añade, en esa línea, que la ley sancionada por el Congreso “priva al Estado Nacional de una herramienta de acción inmediata frente a emergencias y desequilibrios financieros que requieren decisiones rápidas y acordes a su carácter imprevisto” y que “la privación de este instrumento para afrontar contingencias graves implica un menoscabo concreto de las facultades y recursos del Estado Nacional”.

Para muestras, basta un botón. En marzo de este año, Bahía Blanca sufrió un temporal que dejó un saldo trágico de 18 víctimas fatales, cientos de heridos y más de mil cuatrocientos personas debieron ser evacuadas. Desde el gobierno municipal y provincial afirmaron que se requerirá aproximadamente $ 400.000 millones para la reconstrucción de la ciudad. Ante eso, el gobierno nacional activó un ATN, dado que se trataba de una condición de emergencia. Pero lo enviado fue por apenas $ 10.000 millones, cuando solo entre enero y febrero de este 2025 el fondo ATN acumulaba un excedente de $ 120.000 millones y, si se sumaba el saldo no distribuido del año 2024, el disponible del fondo superaba los $ 750.000 millones. 

En efecto, el Gobierno nacional retaceo el envío de ATN cuando la situación ameritaba una asistencia todavía mayor dado que se contaba con los recursos suficientes. 

Entonces, la ley aprobada en el Congreso no “privó” al Estado nacional de fondos para asistencia; por el contrario, el propio Gobierno se privó a sí mismo al decidir restringir el uso de los fondos. 

El ejemplo de Bahía Blanca es gráfico para entender que las razones que esgrime el Ejecutivo son débiles, pero hay muchos más casos. Emergencias ígneas, hídricas, climáticas, agropecuarias y económicas que las provincias han sufrido y que no han sido atendidas o lo hicieron de manera muy parcial. 

Si la Nación se borra de las emergencias, ¿por qué entonces dejarle la distribución de esos fondos? Tienen que volver a las provincias, que son las dueñas originales de los mismos. 

Entre 2017 y 2024, la provincia de Misiones recibió el 6,4% de los ATN distribuidos a nivel nacional. Si se compara con la participación misionera en la distribución efectiva de recursos coparticipables (3,2%), entonces los ATN sirvieron, en determinados momentos puntuales, para de alguna manera “compensar” parcialmente la enorme asimetría de la coparticipación con la tierra colorada, aunque es notablemente insuficiente. 

¿Qué pierde Misiones con este veto? La posibilidad de incorporar unos $7.500 millones a las arcas entre septiembre y diciembre y así poder reforzar programas de Gobierno en un contexto de caída de la actividad y de expectativas algo nubladas para el resto del año. 

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El empleo misionero: el motor de la chacra y la recuperación salarial

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En un contexto general de muy lenta recuperación del empleo en la Argentina, los datos adelantados para junio de 2025 presentan un cuadro favorable para Misiones, donde el empleo registrado en el sector privado, de acuerdo con los registros de la SRT, presentó un aumento de 1,8% mensual, que equivale a la creación de unos 2.087 empleos, para completar 108.492. 

Esta suba está explicada principalmente por el agro, que exhibió un alza de 16,0% incorporando un total de 1.972 empleos, es decir, representó el 96% de la expansión total. Pero hubo otros sectores con una buena dinámica: los servicios profesionales crecieron al 6,0% (+144 empleos), el comercio se expandió 0,8% (+203 empleos) y la Industria en +0,7% (153 empleos).

En contraste, hubo caídas de considerable magnitud: las actividades administrativas (-4,3% con -169 puestos), los servicios de alojamiento y comidas (-3,9% con -160 empleos) y los servicios artísticos (-2,8% con -49 puestos) presentan las variaciones negativas más importantes. 

De la mano de un aumento del empleo, también se observó una variación positiva en la cantidad de empleadores registrados: Misiones alcanzó los 12.627, con una suba mensual de 0,9% (+83). También el agro tuvo un fuerte protagonismo: creció al 6,1% la cantidad de empleadores, secundando a la Minería (+10,0%). En el comercio, en cambio, pese al alza del empleo, se redujo la cantidad de empleadores en 0,6% y lo mismo se ve en la industria (-0,2%). Esta situación podría ser síntoma de un proceso de concentración: pequeños comercios o industrias que se retiran o dejan de figurar como empleadores, mientras que las firmas de mayor tamaño amplían sus plantillas y absorben trabajadores. Esto implica que el empleo total crece, pero se distribuye en menos empresas, reflejando un mercado más concentrado y con mayores escalas de operación.

En este contexto, ¿por qué el agro está a la cabeza de la recuperación de junio? El notable crecimiento del empleo agropecuario en Misiones durante junio responde, en gran medida, a la marcada estacionalidad de las actividades rurales, en especial las vinculadas con la zafra yerbatera, que atraviesa uno de sus momentos de mayor intensidad en este período del año, que se traduce en un incremento puntual pero significativo en la cantidad de trabajadores registrados en el sector. A esto, se suman otros factores posibles como la estacionalidad en subsectores como el forestal y el tabaco. 

La combinación de estos cultivos, con distinta intensidad, refuerza la tendencia de que junio sea un mes donde la demanda de empleo agropecuario formal alcanza uno de sus puntos más altos en el calendario anual.

Los datos de la SRT para Misiones nos permiten además estimar el nivel salarial. La masa salarial creció 2,1% real mensual en el sector privado, pero el salario promedio lo hizo en 0,2%. Esto se explica por el alza de los puestos de trabajo que producen mayor masa salarial pero no necesariamente el salario promedio se mueve a igual ritmo. 

Más de la mitad de los sectores de actividad mostró incrementos de su salario real promedio en este mes: los mayores salarios corresponden a Suministro de Electricidad (+12,0%), Construcción (+3,8%), y Suministro de Agua (+2,8%). 

En el agro, que fue el protagonista en la creación de empleo, el alza salarial fue del 1,1% mensual real, al tiempo que en la industria (0,9%) y el comercio (0,1%) tuvieron variaciones marginales. En cambio, el sector de la Finanzas, que es el que exhibe el mayor salario promedio de la provincia, sufrió una merma del 4,2%. 

Para sintetizar la información, durante junio el mercado laboral formal de Misiones mostró un importante crecimiento impulsado casi exclusivamente por el agro, que traccionó tanto en cantidad de empleos como en nuevos empleadores. En materia salarial, se observó una leve recuperación real del poder adquisitivo promedio, aunque con ciertas heterogeneidades hacia dentro de cada rubro. 

En conjunto, el panorama laboral provincial de junio combina dinamismo en el empleo privado con un salario real estabilizado, lo que configura un escenario positivo respecto a los observados en meses previos. 

Pero aquí cabe realizar una muy importante aclaración: al analizar la evolución del empleo registrado es fundamental tener en cuenta que existen distintas fuentes de información oficial que no siempre reflejan exactamente los mismos niveles ni tendencias. 

Las dos bases más utilizadas son el SIPA y la SRT, y si bien ambas se refieren al universo de empleo formal, presentan diferencias de alcance y metodología que explican las discrepancias. En esta oportunidad, hablamos de los datos que arrojó la SRT, pero veamos las diferencias. 

El SIPA, gestionado por la ANSES, releva el total de trabajadores que realizan aportes al sistema previsional; en cambio, la SRT se enfoca en los trabajadores asalariados que cuentan con cobertura de riesgos del trabajo a través de una ART (Aseguradora de Riesgos del Trabajo) o un sistema equivalente de autoseguro en el caso de grandes empresas. 

Pero además, otra diferencia clave entre ambas fuentes es que el SIPA publica datos tanto en su serie original como en serie desestacionalizada, mientras que la SRT solo ofrece información en valores absolutos sin corrección estacional. La desestacionalización implica aplicar métodos estadísticos que eliminan los efectos propios de las variaciones recurrentes del calendario —como cosechas, zafras, vacaciones o ciclos administrativos— para poder identificar la tendencia de fondo en la evolución del empleo. Esto permite que en el SIPA se observen con mayor claridad los cambios estructurales del mercado laboral, sin que queden distorsionados por los picos estacionales. En cambio, los datos de la SRT reflejan directamente la realidad de cada mes, lo que los hace muy útiles para entender la dinámica coyuntural pero más sensibles a la estacionalidad. 

Esto podría reflejarse en Misiones por lo analizado anteriormente respecto a los datos de junio, donde el agro, por factores estacionales, registró un fuerte aumento de mano de obra y provoca que la SRT muestra un salto pronunciado de empleo en junio (que luego tiende a revertirse); en SIPA, al aplicar la desestacionalidad, disipa ese efecto resaltando la tendencia de mediano plazo. La implicancia es que para analizar la evolución estructural del empleo conviene recurrir al SIPA, mientras que para capturar la coyuntura inmediata y estacionalidad sectorial resulta más ilustrativo trabajar con los datos de la SRT. Al respecto, los datos de junio para SIPA se conocerán en una semana, por lo que estaremos atentos a cómo varía su estimación en función de estas diferencias metodológicas descritas. 

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La economía entró en una meseta: los efectos en provincias

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El enfriamiento o amesetamiento de la economía llegó quizás en el momento menos oportuno para el gobierno nacional. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) medido por el INDEC registró una baja del 0,7% mensual en junio, siendo la segunda caída consecutiva (-0,2% en mayo) y ratificando así un proceso de enfriamiento para el segundo trimestre, que se movió apenas 0,1% contra el trimestre anterior. 

El resultado mensual estuvo explicado por sectores muy sensibles a la economía y al empleo, como en la Industria Manufacturera (-4,4% se) y el Comercio (-3,9%se). 

Si bien, al tomar la serie desestacionalizada durante toda la era Milei la economía crece 3,3% (comparado con noviembre 2023, mes previo al cambio de gobierno), los últimos datos dejan en evidencia la desmejora del indicador dado que, por caso, en febrero del corriente se ubicaba 4,7% por encima, por lo que el enfriamiento de los últimos meses también se verifica en este nivel comparativo. 

No son para nada alentadores los primeros datos de julio: pronósticos privados iniciales marcan una continuidad de esta dinámica. Por ejemplo, la consultora Equilibra estima una caída del 0,3% mensual; Analytica pronostica -0,1% y el Índice General de Actividad de Orlando Ferreres (IGA-OIJ) exhibe una merma del 1,0% mensual. Este último indicador en particular, al momento de ser presentando, manifestaba que se evidencian “las dificultades que está teniendo la actividad para mostrar una expansión en 2025”.

¿Qué está pasando en este contexto? Tras la profunda recesión inducida a inicios de 2024, hacia mediados de ese año comenzó un proceso de recuperación apoyado en la desinflación, el reacomodamiento de precios relativos, la estabilidad fiscal y expectativas de crecimiento elevadas. Pero desde abril de este año el cuadro macroeconómico empezó a deteriorarse, acuciado por crecientes ruidos políticos que elevaron la incertidumbre. 

En paralelo, el programa monetario sufrió varios reveses, obligando al Banco Central a tomar medidas correctivas (tasas de interés en alza, encarecimiento del crédito, mayores exigencias de encajes) para evitar presiones cambiarias, con el costo de frenar aún más el crédito y aumentar la deuda en instrumentos locales.

Con la actividad entrando en una meseta hacia junio, con perspectivas negativas para julio y un agosto que no promete un cambio de tendencia, el impacto sobre las provincias es muy significativo: frena intentos de recuperación donde habían comenzado y agrava el cuadro en aquellas que aún no habían logrado repuntar.

El primer efecto se observa en las finanzas provinciales. Los datos de coparticipación de agosto mostraron un alza de apenas 3,2% interanual, después de un agosto 2024 donde habían caído 19,0%. Así, se ubicaron en el segundo peor nivel real desde 2018, solo por encima del catastrófico 2024. Algo similar ocurrió con las transferencias automáticas totales, que crecieron 2,4% interanual, pero también marcaron el segundo peor registro desde 2017.

En términos acumulados, los envíos por coparticipación crecen apenas 0,6% entre enero y agosto pero caen para todos los mismos períodos desde 2018 a 2023; las transferencias automáticas totales crecen 4,1% contra el 2024 pero presentan niveles inferiores a todos los períodos enero-agosto desde 2018 a 2023. Para ponerlo en números, a pesos de hoy, el conjunto de subnacionales perdió 5,3 billones de pesos contra, por ejemplo, el mismo período acumulado del 2022 o $ 4,8 billones vs. 2023. 

Misiones no escapa a esta dinámica: en lo que va de 2025, sus envíos automáticos están entre 10% y 11% por debajo de 2022 y 2023, lo que equivale a una pérdida de 172 mil millones de pesos contra 2022 y 150 mil millones contra 2023, casi un mes completo de transferencias.

El escenario de corto plazo no es optimista en relación con esto: Milei aseguró ante empresarios nucleados en la CICYP que profundizará el recorte del gasto público para sostener el superávit fiscal, en un contexto en el que los ingresos no crecieron como se esperaba y que las medidas como la quita de retenciones provocan la necesidad del gobierno libertario a aplicar más “motosierra” para cumplir la meta fiscal con el FMI. En ese escenario, las transferencias a provincias, esta vez las no automáticas, vuelven a estar en la lupa. 

Los datos parciales al 25 de agosto muestran que durante agosto los envíos a provincias por fuera de la copa venían -21%, aunque restan aún cuatro días hábiles de datos para ver si cambia la tendencia. En Misiones, el dato muestra una merma del 46% real en ese mes y difícilmente revierta el resultado con los datos de los días faltantes, aunque podría disminuirlo. 

Aún con esto, los envíos entre enero y julio estaban -63% respecto a 2023 en términos reales para el contexto de distritos y -91% para el caso de Misiones. La pregunta que surge en este marco es ¿Dónde más recortarán los envíos a provincias? Es cierto que todavía hay cierto margen de maniobra para el Gobierno nacional, que no le movería demasiado el panorama en busca de cumplir su meta de superávit pero, sí significará un golpe importante para los estados subnacionales. 

Pero los impactos en provincias del deterioro general de actividad y de las condiciones macro no se limitan a lo fiscal, sino también a otros indicadores de la economía. Por caso, ayer se conocieron los primeros datos de patentamientos de agosto que sostuvieron una suba interanual del 31,7% pero mostraron una baja del 13,0% contra julio debido al encarecimiento de los vehículos por movimiento del dólar y de menor acceso al crédito ante el encarecimiento de este. 

En Misiones la situación fue similar: mantuvo alzas contra el año pasado, aunque mucho más leves (2,7%) pero cayó 21,7% vs. julio, un resultado que salvo en Santiago del Estero, se vio en todo el país. 

En paralelo, nuevos datos de la construcción conocidos esta semana mostraron también la enorme dificultad de este sector para recomponerse. En junio, el empleo total nacional en la construcción cayó 0,5% mensual (-1.847 empleos) pero en Misiones la merma fue del 6,2% mensual (-334 empleos), rompiendo con cuatro meses de alzas consecutivas en la comparación mes/mes, lo que grafica también como el escenario global golpea al sector en el último tiempo, en el contexto de lenta recuperación de este sector respecto a otros. 

En resumen, el amesetamiento de la economía nacional empieza a trasladar de manera contundente sus efectos a las provincias, tanto en lo fiscal como en la economía real. La desaceleración de la actividad limita la recaudación nacional y, por ende, los fondos distribuidos, generando tensiones crecientes en las cuentas provinciales. A la par, sectores claves como el comercio, la construcción y el mercado automotor muestran retrocesos que golpean directamente al empleo y al consumo regional. 

En este escenario, las provincias se enfrentan a un doble desafío: sostener la gobernabilidad con menos recursos y, al mismo tiempo, gestionar economías locales que pierden dinamismo. Si la economía nacional no encuentra un nuevo impulso en los próximos meses, el impacto territorial será más profundo, reforzando las desigualdades entre distritos y poniendo en tensión el vínculo fiscal entre Nación y provincias.

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Entre la recuperación y la desigualdad: radiografía de los ingresos en Posadas

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La semana pasada adelantamos que íbamos a analizar la evolución de los ingresos de los habitantes de Posadas según los datos de la EPH-INDEC. El dato central es que, en el primer trimestre de 2025, el ingreso per cápita familiar (IPCF) alcanzó los $510.450, el valor más alto del NEA y con un crecimiento real del 39% respecto al mismo período de 2024. A partir de allí, retomamos el tema para profundizar en sus componentes.

En primer lugar, ¿a qué se refiere el ingreso per cápita familiar (IPCF)? Según la definición del INDEC, se trata del cociente entre la suma de los ingresos totales individuales de los miembros del hogar y su cantidad de integrantes. Naturalmente, en hogares con más miembros el ingreso total suele ser mayor, pero también lo son las necesidades de gasto. Además, no todos los integrantes de un hogar generan ingresos. 

Dicho de manera simple: no es lo mismo un hogar de cuatro personas con dos perceptores de ingresos que uno de siete personas con solo tres perceptores.

En línea con esto, no debe confundirse IPCF con salario, por ejemplo, no solo por el hecho de que, al ser per cápita considera a miembros sin ingresos, sino porque además los ingresos de un hogar están determinados por salario (en caso de que exista) y por ingresos no laborales, que pueden ir desde el cobro de un programa social como de la renta de inversiones. Aún con estas consideraciones, el IPCF es un buen indicador de condiciones de vida en aspectos monetarios y es una de las variables (no la única) para determinar, por ejemplo, indicadores de pobreza. 

Como se dijo, al primer trimestre de 2025 el IPCF de Posadas fue de $510.450, el mayor valor en el NEA. Si se observa la serie histórica, la capital misionera se mantuvo siempre en esa posición, lo cual se verifica tanto en los informes semestrales de pobreza del INDEC como en el análisis de microdatos de la EPH de frecuencia trimestral.

Ahora bien, cómo se desagrega ese IPCF: para esto, cabe observar los IPCF para cada decil de ingresos, que son una herramienta estadística utilizada para analizar la distribución del ingreso en la población. Consisten en dividir a todos los hogares (o personas) en diez grupos de igual tamaño, ordenados desde el menor hasta el mayor nivel de ingresos. De este modo, cada decil representa al 10% de la población: el primer decil corresponde al 10% con menores ingresos, mientras que el décimo decil agrupa al 10% con mayores ingresos. Este enfoque permite observar con mayor precisión las brechas entre distintos segmentos sociales y evaluar la desigualdad en la distribución de los recursos económicos.

En Posadas, el decil 1, es decir, el de menores ingresos, mostró un IPCF de $ 207.205, un 60% menos que la media del IPCF del aglomerado. 

Por su parte, el decil 10 (el de mayores ingresos) mostró un IPCF de $ 1.382.183 (+171% de la media general). Entre el decil 1 y decil 10, hay una brecha de 6,67, cuando en el primer trimestre era de 6,78. Es una diferencia menor, pero marca una reducción de la brecha de ingresos. ¿Por qué se produjo esa brecha? Porque el decil 1 mostró una variación interanual real del 22,6% de su IPCF mientras el decil 10 creció en 20,7%. Esa diferencia permitió reducir la brecha de desigualdad y mostró un mejor desempeño en los hogares de menores ingresos. 

Ahora bien, el IPCF total de Posadas creció 39,2%. Esto demuestra que tanto el decil 1 como el 10, si bien mejoraron con fuerza, lo hicieron bastante por debajo del total general. ¿Dónde estuvo entonces el mayor impulso en el aglomerado? Hubo una mejora muy importante en el decil 3, donde el IPCF creció al 78,2%, aunque debe destacarse el hecho de que venía bastante retrasado: por caso, en el cuarto trimestre 2024 había caído 7,2%, mientras que en el decil 1, por ejemplo, ya había mostrado alzas del 26,2%. La otra suba fuerte se ve en el decil 6 con 49%, siendo también que había caído en el trimestre anterior (-5,8%) y en el decil 9 con +47,3% (con baja en el trimestre previo del -14,8%).

Es decir, se puede observar una especie de corrección: los deciles con mayores alzas se recuperan de caídas en el período anterior y los de crecimiento más moderado ya habían iniciado un proceso de recuperación.

El dato más relevante es que, más allá de la intensidad desigual, todos los deciles mostraron aumentos de su IPCF en el primer trimestre de 2025, algo que no había ocurrido ni en 2023 ni en 2024.

Para comprender mejor estas variaciones, es útil observar otro indicador: el Ingreso Total Individual (ITI). Este refleja el monto total que percibe cada persona, tanto de fuentes laborales como no laborales. La diferencia con el IPCF es metodológica: mientras el ITI mide ingresos a nivel individual, el IPCF los ajusta por tamaño del hogar. Esto explica que, aunque el ITI crezca con fuerza, el incremento en el IPCF puede ser menor, dado que los ingresos deben repartirse entre todos los miembros del hogar.

¿Para qué miramos el ITI? Para ver si la mejora de ingresos viene de fuentes laborales o de las no laborales. Pero antes, ¿qué entendemos por fuentes no laborales? Esto abarca un amplio abanico de opciones, desde jubilaciones o pensiones; alquileres, rentas o intereses; utilidades, beneficios o dividendos; seguro de desempleo; indemnización por despido; beca de estudio; cuota de alimento; aportes de personas que no viven en el hogar, subsidios estatales; venta de pertenencias personales; y herencias, entre otros. Algunos ingresos no laborales pueden ser fijos (es decir, lo cobran todos los meses como una jubilación, un alquiler o una AUH) y otros pueden ser de única vez o de vez ocasional, pero todo lo efectivamente percibido se suma al momento de elaborar estos datos.

¿Qué nos muestran los datos para Posadas? En primer lugar, hay que señalar que el ITI promedio de Posadas se ubicó en $ 744.209 y creció 46%, un alza superior al del IPCF. La diferencia en las variaciones se explica por la forma en que se construyen ambos indicadores. Mientras que el ITI refleja la evolución de los ingresos de cada persona en particular, el IPCF pondera esos ingresos según el tamaño del hogar y la cantidad de integrantes que lo componen. De esta manera, aun cuando los ingresos individuales crezcan con cierta intensidad, al distribuirlos entre más miembros de un hogar el aumento efectivo per cápita puede ser menor.

Ahora bien, volviendo al ITI, los datos muestran que el 74% del total corresponde a ingresos laborales y el 26% a ingresos no laborales. Pero dicha distribución cambia según el decil donde nos paremos. En los deciles 1 y 2, los ingresos no laborales explican entre el 45% y 48% del ingreso individual total; pero en los deciles 9 y 10 explican el 11% y 23% respectivamente. Este último dato parece ser algo extraño: mayor ingreso no laboral en el decil más rico: esto responde a una recomposición de ingresos por revaloración de activos, algo que los deciles más chicos no tienen.

¿Pero cómo cambió esta composición entre el inicio del 2024 y el de 2025? En el primer trimestre 2024, los ingresos no laborales del decil 1 explicaban el 34% del ITI, pasando al 48% en el primer trimestre 2025; similar, pero en mucha menor intensidad, en el decil 2 pasó del 44% al 45%. ¿Qué puede explicar esto? Posiblemente, la mejora real en asignaciones familiares (la “Asignación Universal para Protección Social”, AUH entre otros, creció 36% en el primer trimestre). Por su parte, en el otro extremo, los ingresos no laborales explican el 35% en el decil 9 en 2024 y bajaron al 11% en 2025, pero en el decil 10 pasó de 18% al 23%. ¿Cómo entenderlo? En el caso del decil 9, esta caída en la participación de los ingresos no laborales puede vincularse a la importancia relativa que tienen en este grupo las jubilaciones y pensiones de haberes altos, así como algunas rentas secundarias (por ejemplo, alquileres) que tendieron a rezagarse en el último tiempo. 

Por el contrario, en el decil 10 los ingresos no laborales están más asociados a rentas de capital y financieras, que se expandieron en términos relativos y lograron incrementar su participación en 2025. 

Por ende, vemos un comportamiento similar entre el decil 1 y el decil 10, aunque por razones muy diversas. 

En resumen, Posadas muestra un escenario de mejora generalizada, con un IPCF que creció con fuerza y, por primera vez en varios años, con todos los deciles en alza. Esta expansión se tradujo en una leve reducción de la brecha entre los extremos de la distribución, aunque la desigualdad estructural sigue siendo significativa y aquí hay que estar muy alertas para poder conocer niveles de pobreza: aun con un incremento de los ingresos, la distribución podría “contener” con cierta intensidad una eventual mejora en esa tasa.

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