Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

El Norte Grande no es solo asimetrías, también es oportunidad

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El relanzamiento del proceso de integración regional del Norte Grande fue a toda máquina, y si bien aún los gobernadores conservan una actitud muy proactiva al respecto, parecería ser que desde las autoridades nacionales levantaron un poco el pie del acelerador. Podría ser por la cuestión sanitaria, o podría ser también como una reacción a las consecuencias que trajo la primera medida para la región.

Recordemos que meses atrás, el presidente Fernández anunció la reducción de aportes patronales para las provincias del Norte Grande, de modo tal de fomentar el empleo privado formal y alentar así a las empresas a tomar personal, enmarcado siempre en un contexto de recuperación de la actividad que, de fortalecerse, requerirá de mano de obra y por ende, de nuevas vacantes laboral, algo tan necesario para todo el país pero especialmente para las provincias del NEA y del NOA. 

La medida trajo cola: por un lado, la recepción altamente positiva de los gobernadores, del arco política y del empresariado del norte grande. Pero por el otro, trajo reclamos: San Juan fue la primera provincia en pedir también ser incluida en un régimen especial que vaya por el mismo camino. Luego, y con críticas aún más vehementes, se sumó Mendoza. 

Ambos reclamos son muy válidos. Lo mismo lo serían si otras provincias se suman a la discusión. Al fin y al cabo, los costos laborales son uno de los principales problemas que plantean las empresas para tomar personal. Dejando de lado ideologías o dogmas, tienen razón. Pero, además, el alto costo laboral también impacta en el trabajador, porque en un escenario de limitado salario, terminan perdiendo ellos: pudiendo ganar diez, ganan nueve (u ocho, o siete)

Hasta el momento, ese fue el único anuncio concreto vinculado a la agenda de temas que desarrollaron los gobernadores del Norte Grande, y hay dos pendientes y en boga: cuestión subsidios al transporte, y tarifa energética. Del lado del Gobierno nacional, hubo palmadas en la espalda, pero ninguna novedad en el avance. Como dijimos antes, puede tratarse de pasar a un segundo plano por la actual emergencia sanitaria, o podría tratarse de tomarse un descanso (incumpliendo la promesa del Presidente de hacer un anuncio por mes para el Norte Grande) por los efectos colaterales que trae. 

Tal como pasó con el anuncio de índole laboral, cualquier otro anuncio vinculado a la agenda de temas del Norte Grande podría traer coletazos, y con ellos, roces de tipo políticos que le sumen un problema al gobierno. Pero, además, también hay una cuestión económica: si bien la actividad nacional muestra señales de recuperación, ahora algo más limitada por las últimas medidas sanitarias, las arcas nacionales no tienen demasiado margen para volcar miles de millones de pesos en costo fiscal de determinadas medidas, o en transferencias directas. ¿Podría el Gobierno, en caso de no contar con esa disponibilidad, redireccionar el gasto para cumplir demandas históricas? Puede, pero ahí prima la política, no la economía. 

¿Esto pone en riesgo la “avanzada” del Norte Grande? No necesariamente. El foco está puesto en la reducción de asimetrías, que es condición necesaria para lograr un despegue de la región, con crecimiento y desarrollo. Pero, además, el Norte Grande está repleto de oportunidades, hasta hoy muy poco aprovechadas. 

Litio, cítricos, té, yerba, algodón, madera, minerales, maíz, trigo, soja y ganadería, entre otros, deberían ser apenas el punto de partido de la región, y no el destino final. ¿Por qué decimos esto? Porque la estructura productiva del norte es mayormente primaria, con escaso valor agregado. Esa corta cadena tiene varias consecuencias, pero entre ellas, y yendo a la micro, hay una fundamental: pagamos más caros los productos cuya materia prima nació de nuestra tierra. Ejemplos sobran: textiles es uno; alimentos es otro. 

Pero esos sectores no son los únicos. El Norte Grande mostró una enorme potencialidad en materia de economía del conocimiento que necesita impulsos. El norte, así tan relegado como se lo ve, exporta servicios vinculados a la tecnología que no deberíamos pasarlo por alto, principalmente por su impacto en el desarrollo local. 

En cada una de las diez provincias que componen el Norte Grande, hay dos, tres, cuatro empresas o emprendedores innovando, y muchas veces, solos. Acá es donde hace falta acompañamiento que fomenten la actividad. Acompañar e invertir en innovación no es, como muchos creen, direccionar recursos a los más pudientes o a quienes no viven en estado de vulnerabilidad. Por el contrario, es una enorme apuesta al desarrollo del empleo, a la revalorización de servicios y a un potencial crecimiento colectivo que repercute en mucha más gente que la que está directamente involucrado. Salvando las distancias, miremos a Mercado Libre: un proyecto basado en tecnología que permite que hoy un vendedor de frutas al costado de la ruta venda el doble que lo vendía antes por el mero hecho de tener la opción de pago a través del celular.

Por eso, cuando hablamos del Norte Grande, debemos pensarlo en términos de oportunidades para reducir asimetrías, y no en reducir asimetrías para generar oportunidades, y no solo para sus habitantes, sino para el conjunto de la nación. 

Con la excepción de la pandemia, que todavía nos pega fuerte y nos sigue teniendo en estado de incertidumbre, no hay otro factor que imposibilite la toma de medidas concretas, factibles y reales para lograr todo lo que antes se dijo. 

A menudo se habla de “buscar consensos”, “llegar a acuerdos”, “convocar a todos los sectores”. Lamentablemente, la mayoría de las veces son frases vacías. Pero hay algo positivo: todo eso, el Norte Grande ya lo tiene, y por eso, ahora no queda otra que actuar.

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Avances y desafíos para el segundo semestre

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En marzo 2020, con el inicio de las medidas definidas en el marco del ASPO, la Argentina vio caer todos sus principales indicadores económicos, que repercutió lógicamente en consecuencias sociales de gran magnitud y que dolieron aun más por el escenario recesivo que traía el país desde hacia casi dos años atrás.

Con la industria cerrada, el consumo retraído y sin acceso al crédito, el deseo de fondo era “aguantar la piña” hasta tanto la situación sanitaria permita volver a mover la economía.

Marzo 2021 fue distinto, considerablemente mejor que el año anterior, pero tampoco podemos afirmar estar mejor en la plena vieja normalidad. Aun así, es importante que gran parte de estos indicadores mencionadas antes hayan mostrado recuperación, que es no es lo mismo que crecimiento, pero es condición necesaria para, justamente, crecer.

En términos generales, las provincias del norte argentino han soportado mejor la crisis y las del centro y la Patagonia la pasaron (y pasan) algo peor. Detrás de ello, hay varios factores: en primer lugar, el alto grado de empleo publico mantuvo relativamente estable el ingreso de una buena porción de las familias, situación distinta a aquellos distritos donde el empleo privado o cuentapropistas es más fuerte y que han sido mas afectados por la coronacrisis. Además, aun dentro de la actividad productiva, hay sectores que lograron salir airosos o otros que sufren aun la situación. También, la asistencia del Estado a través de programas de impulso al consumo ha sido importantes, pero afecta en diferente medida por provincia por el volumen de beneficiarios, caso IFE.

Finalizado marzo, y habiendo cumplido un año en pandemia, provincias como Misiones muestran avances importantes: crece el empleo, se movilizan sectores claves como la construcción y la industria, mejora el consumo de básicos y de durables.

Para dar una pauta de esto, podemos observar que Misiones tuvo su primer incremento interanual del empleo en la construcción tras dos años de caídas; a la par de eso, se dispara el consumo de cemento en niveles importantes (93,4% en marzo, influenciado por la baja base comparativa pero también por el impulso al sector mostrado ya desde agosto en adelante).

En relación al consumo, la provincia tuvo una fuerte alza en supermercados, con una particularidad: no solo fue la más alta del país en términos globales, sino que, además, lidero en rubros claves que hacen al consumo básico familiar, como los productos de almacén y de limpieza. Respecto a los durables, en los últimos seis meses Misiones tiene un promedio de incremento de venta de 0km de cerca del 60%, y suba al 80% solo en los tres primeros del año.

También en relación a la actividad económica, el Índice de Desarrollo para la Gestión (proyecto de investigación de la Fundación Konrad Adenauer, Argentina, el Instituto de Ciencias de la Administración -ICDA- de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), y la Fundación ICES) determinó que Misiones es la provincia del NEA con el mayor nivel de actividad y muestra además la mejor dinámica fiscal, pero tiene aspecto a resolver aún, vinculadas sobre todo a la transparencia.

En línea con ello, las cuentas públicas misioneras muestran que, además de la expansión de la recaudación (líder a nivel nacional), hay un importante gasto en inversión de capital provincial, como también de las transferencias al sector privado por aplicación de los programas de fomento al consumo. Obra pública y consumo pareciera ser el tándem que eligió el gobierno renovador para el impulso provincial.

El segundo semestre del año está a la vuelta de la esquina. Precios para abajo, salarios para arriba, inversión en buen ritmo y consumo acelerado serán los desafíos principales.

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Inflación vs consumo: un problema de no acabar

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La problemática de la inflación en la Argentina es tema recurrente desde hace ya varios años, sin que podamos observar medidas que repercuta en una sostenida desaceleración del alza de precios y viendo, como consecuencia, como este fenómeno devora el poder de compra de la gente, que aún teniendo más pesos en el bolsillo
compra cada vez menos.

El problema es tal que, aún en las provincias que vieron un importante repunte en su actividad económica, como Misiones, la capacidad de compra de la población no ve mejoras, ya que los precios continúan un ritmo de aceleración mucho más fuerte.

Una muestra simple de ello es observar cuanto crecen los precios en comparación con las ventas de determinados rubros fundamentales para los hogares. Si nos quedamos solo con los relativo a lo alimenticio, que es quizás el aspecto más importante a relevar sobre todo en las provincias del NEA por su alta incidencia en el gasto de los hogares,
podemos reconfirmar la premisa de que no hay, por el momento, recuperación económica alguna que permita volver a ganarle a la inflación.

Tomemos un primer ejemplo, que cruza los datos de las ventas de productos de almacén en Misiones contra el alza de precios de la división “alimentos” en la región del NEA, para el período enero 2018 – febrero 2021. En ese total, que abarca 38 meses de relevamiento, en veinte de ellos las ventas crecieron por encima de la inflación. parece no ser un mal dato, pero atentos al detalle: de esos veinte meses, trece fueron entre febrero 2018 y febrero 2019, y solo siete en los últimos 24 meses.

De hecho, Misiones vio sus últimos crecimientos de ventas sobre alza de precios en los primeros tres meses del 2020, para no volver a observarlos hasta el momento. ¿El agravante? En el último mes relevado (febrero 2021), la brecha entre alza de precios y evolución de ventas fue del 17,5%, la segundo más alta de todo el periodo analizado.

Una situación similar se observa al ver la evolución de las ventas de carnes contra el alza de precios de la apertura “Carnes y derivados” del IPC NEA: solo en 12 de 38 meses hubo ventas por encima del incremento de precios, y solo en los últimos tres meses relevados (diciembre 20 a febrero 21), la brecha promedio fue del 24%, impulsado por el abismal incremento de precios que vio el NEA en diciembre 2020 de esta apertura, que llegó al 20% mensual, que no fue un golpe sino directamente un balazo en el corazón del consumo de la población.

Si queremos ser un poco más optimistas, podemos ver la situación del rubro panadería. Las ventas crecieron sobre el alza de precios en apenas 6 de 38 meses relevados, pero con una curva que tiene una clara desaceleración: de hecho, en febrero 2021, ultimo mes relevado, fue la primera vez en 30 meses que las ventas estuvieron por encima. Sin embargo, esta tendencia está en jaque por los nuevos aumentos de la materia prima que se anunciaron semanas atrás que podrían volver a poner la curva de precios por encima de las ventas.

Una ultima comparación podemos hacerla con las ventas relativas a frutas y verduras y su contraste con el alza de precios de esas aperturas. Hace más de un año (más precisamente, 15 meses), las ventas corren por debajo de la suba de precios y la brecha promedio de ese período es del 25%, que se había achicado en enero y volvió a abrirse fuertemente en febrero.

No hay que dejar de mencionar que este rubro es el que muestra, a nivel interanual, el mayor incremento de precios en la región del NEA.

Bueno, pero ¿qué pasa con el salario? ¿Los incrementos salarios alcanzan a superar el alza de precios de alimentos? Desde hace 31 meses que no.

La cuestión salarial en el norte argentino es un tema todavía mas complejo y preocupante que en el resto del país, ya que se tiene los menores de la Argentina tanto en términos nominales como en paridad de poder adquisitivo. Misiones, aún con un 2020 de recuperación y crecimiento muy importante, no es ajeno a esto.

Los últimos datos disponibles para comparar estas dos variables son de diciembre 2020 (IPC llega a abril 2021 pero salarios no), y tomamos para este análisis solo lo correspondiente al salario del trabajador registrado del sector privado en la provincia de Misiones.

Cruzando su evolución contra solo la división de Alimentos del IPC NEA, estos últimos crecen por encima en los últimos 31 meses: la ultima vez donde el salario le ganó al alza de precios de alimentos en la provincia fue en mayo 2018, apenas un poco después del estallido de la crisis cambiaria, momento del inicio de la recesión que aún continuamos atravesando.

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¿Cómo llega Misiones a las elecciones?

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El 6 de Junio los misioneros irán a las urnas para elegir Diputados provinciales y concejales en doce municipios, en lo que será la primera contienda en el país. 

A nivel provincial, la principal disputa está entre la lista de la Renovación (que pone en juego diez bancas) que encabeza el doctor Martín Cesino; y las de Juntos por el Cambio con “Pepe” Pianesi a la cabeza (con seis bancas en juego).

Todas las proyecciones estiman una cómoda victoria del Frente Renovador a partir de una combinación de factores históricos, y del actual momento que atraviesa Misiones, que le dan al oficialismo una batería de logros a mostrar para pedir el apoyo en la continuación del proceso de gobierno misionero. 

Pero la gran incertidumbre no corre tanto en el resultado final sino en cómo se verá (o no) afectado el proceso a partir de la situación sanitaria actual, y considerando el hecho de que, desde 2003 a la fecha, la participación electoral fue siempre mayor en las elecciones generales que en las legislativas. 

Si observamos los datos únicamente de las elecciones legislativas de los últimos 15 años, nos encontramos con cuatro jornadas electivas (2005, 2009, 2013 y 2017) que tuvieron un promedio de participación electoral del 72,2% del padrón. Pero si analizamos el total de las jornadas electivas de 2003 a la fecha (que son nueve, incluyendo legislativas y generales), el promedio de participación sube al 75,3%. Esto no es nada nuevo: el interés por elegir Gobernador e intendentes, es decir, el atractivo de votar primeros mandatarios es considerablemente mayor que votar legisladores. Este fenómeno se da en Misiones y en todo el país. 

En Misiones, el récord de participación electoral se dio en 2015 con el 82,4%, y en 2019 fue el segundo mejor registro con el 78,6%. En la última jornada exclusivamente legislativa (2017), la participación fue del 77,1% del padrón. ¿Es posible igualar este nivel este año?

La situación sanitaria misionera no está (ni estuvo) entre las más críticas y, de hecho, el manejo de la pandemia desde la perspectiva sanitaria es una de las banderas de lucha de la Renovación. Los datos de los últimos años nos muestran que, cuanto mayor es la participación, mejor le va a la Renovación. 

Además de la cuestión de la participación electoral, es interesante analizar cómo cambia el comportamiento del votante según el tipo de elección: las últimas tres elecciones a gobernador de la provincia, la Renovación las ganó superando el 60% de los votos; pero en las tres últimas elecciones legislativas, también las ganó el oficialismo local, pero con un techo del 45%. Esto nos muestra que, a la hora de votar solo legisladores, el interés del votante es mucho más disperso, y aquí juegan varios argumentos: el buscar “mayor control al gobierno”, cierto “equilibrio de poder”, o bien, darle la oportunidad de acceder a una banca a aquellas fuerzas que no tienen chances de gobernar.

Las brechas se amplían fuertemente: en el año 2019, la Renovación sacó el 68,9% en la categoría Diputados; en la elección anterior (2017, solo legislativo), obtuvo el 38,4%. Similares situaciones se repiten los años previos. Es decir, la figura del candidato a gobernador tracciona fuertemente. Esto, de nuevo, no es ni nuevo ni exclusivamente misionero, sino que se da en la gran mayoría de los distritos del país, pero nos permite analizar cómo podrá darse la elección que se viene.

Dicho esto, ¿cómo llega Misiones a la jornada electiva? O quizás sea mejor preguntarse cómo llegan las fuerzas políticas que compiten. 

La Renovación tiene historia y presente que mostrar. Es innegable que cuenta con un amplio apoyo ciudadano que da por descontado una victoria en los comicios, a partir de haber registrado un año y medio de gestión, atravesado por pandemia, pero con una actividad económica en auge y con diferentes indicadores sociales mostrando mejoras. 

“Primero Misiones” es un eje de campaña basado no en las promesas a futuro (propias de una campaña electoral) sino en mostrar lo hecho y en los desafíos de cara al futuro. Aún con muchos factores jugando en contra, la provincia ha sabido salir muy bien parada de los peores momentos de la pandemia, y “ayudada” por un factor clave como fue el cierre de fronteras, demostró que la dicotomía de salud o economía no existía como tal y que se podía gestionar ambos frentes de manera exitosa. 

Por supuesto que Misiones todavía tiene muchos pendientes a resolver, pero parte de una base mucho más fuerte que otras provincias, y en este punto, es de destacar que el rol de la legislatura misionera ha sido mucho más productiva que en otras jurisdicciones: la base fundamental de la labor legislativa, por lo menos durante el 2020, se basó en la innovación de la gestión. 

Por su parte, las fuerzas opositoras corren muy por detrás, pero no debe ignorarse su potencial poder de fuego, sobre todo en aquellas que tienen una fuerte identidad desde lo ideológico, o desde lo territorial. La elección misionera, en este contexto, se basa no en la pregunta de quién va a ganarla, cuantas bancas se llevará cada fuerza.

Tanto en términos sanitarios como en términos políticos, Misiones será la gran protagonista de todo el país el domingo 6 de junio.

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En Misiones se reactiva el empleo privado y baja el empleo público

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Uno de los temas que predominaron en la agenda pública de los últimos años tiene que ver con el tamaño del estado en sus niveles de gobierno, y al referirnos a “tamaño”, uno de los aspectos preponderantes de análisis tiene que ver con la cantidad de trabajadores públicos que tienen no solo la administración provincial, sino también las provincias. 

Desde inicios de los 2000, y acelerándose aún desde 2010, las provincias argentinas notaron que el mercado laboral privado formal no podía absorber toda la mano de obra disponible que existía, y, por ende, las provincias empezaron a actuar como empleadores. A esto, se le sumaba el hecho de que, históricamente, en provincias más pequeñas y con desarrollo, el empleo público era el más cotizado, no solo por estabilidad, sino incluso también por cuestiones de salarios. 

La combinación de esos factores, y otros que se fueron dando en el camino (entre ellos, la “mano de obra política”) hicieron que lleguemos a estos tiempos con muchas provincias con “exceso” de personal, implicando eso un fuerte peso para el estado en términos de erogaciones. 

Vamos a los datos: elaboramos un ranking de provincias que mide la cantidad de trabajadores públicos provinciales cada 100 asalariados privados registrados. Para esto se considera solo los empleados que pertenecen a la planta de la provincia, y no incluye ni a trabajadores municipales y a los agentes públicos nacionales con asiento en las provincias, por la falta de disponibilidad de datos. 

Los resultados muestran que hay cinco provincias que tienen un desfase notorio: tienen más empleados públicos que privados, y otras que están casi a la par. 

Catamarca lidera de manera cómoda el ranking: tiene 238 empleados públicos provinciales cada 100 asalariados registrados en el sector privado; le sigue Formosa con 183, La Rioja con 140, Santiago del Estero con 131 y el Chaco con 119. 

No llama la atención el hecho de que todas las provincias mencionadas forman parte del Norte Grande argentino: esta es la región donde más se hizo (y hace) evidente el enorme peso del estado en términos de empleabilidad, que se da por un mix de falta de oferta privada, la cuestión aspiracional mencionada previamente, y el factor político.

Las posiciones número 6 y 7 también pertenecen a provincias del norte (Corrientes y Jujuy con 99 y 78 empleados públicos cada 100 privados, respectivamente), por lo que el norte acapara los primeros siete lugares del ranking.  

¿Qué ocurre en Misiones? Se ubica en el puesto 14 sobre las 24 jurisdicciones, con una proporción de 59 empleados públicos provinciales cada 100 asalariados privados formales. Dentro del Norte Grande, se ubica octava, solo por encima de Tucumán (57 cada 100) y Salta (54 cada 100).

Esto marca, a priori, dos cuestiones importantes: el peso laboral del estado provincial es mucho más bajo que otras de la región, y ello implica a su vez menos presión sobre el gasto salarial; y por el otro, que existe un mercado privado que, si bien sufrió vaivenes propios de pandemia, es aún robusto. 

Cabe destacar en este punto que Misiones, a diciembre del 2020, mostraba una retracción en la comparación interanual contra el mismo mes de 2019, pero seguía teniendo el mercado laboral privado más grande del NEA, con casi 94 mil asalariados registrados contra los 69 mil de Chaco, los 74 mil de Corrientes y los 23 mil de Formosa. 

Pero, además, también debe resaltarse la cuestión comparativa contra 2019: en Misiones se observa una reducción de la participación de empleados públicos cada 100 privados. Así como dijimos que en 2020 era de 59, en 2019 era de 64 y se ubicaba en el puesto 10 sobre 22 jurisdicciones (no se incluyen para ese año a La Rioja y San Juan por falta de datos).

Volviendo a la cuestión del tamaño del mercado laboral privado, cuando se mide la cantidad de asalariados registrados del sector privado en base a la población total provincial, Misiones cuenta con la mayor proporción dentro del NEA en 2020: tiene 74 trabajadores privados cada 1.000 habitantes, bastante por encima de Corrientes (67), Chaco (58) y Formosa (39), aunque en la comparación nacional aún muestra bajos niveles, característica propia de la región y que está actualmente en la agenda regional para fomentar el empleo formal privado.

Por último, realizando la comparación de trabajadores públicos provinciales por población, la situación es igual: los mejores resultados en el NEA los muestra Misiones, registrando solo 44 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes (con una importante reducción contra 2019, cuando fue de 49); en la región le sigue Corrientes (66 cada 1.000 habitantes), Chaco (68) y Formosa (71).

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