El combinado nacional vendió la primera tanda de 600 mil Fan Tokens en minutos. Frente a la elevada demanda en todo el mundo, colapsó la plataforma de Socios. Fueron superadas todas las estimaciones de ventas que se habían proyectado previamente.
La Selección Argentina sacó una criptomoneda y batió todos los récords. Según informó Leandro Petersen, gerente comercial y de marketing de la AFA, la Albiceleste vendió sus primeros 600 mil Fan Tokens en menos de tres horas. Por la alta demanda en todo el mundo, colapsó la plataforma.
La primera edición de los Fans Tokens de la Selección @Argentina se agotó en tres horas.
La idea surgió de un proyecto junto a la empresa Socios, que utiliza tecnología para ofrecer a organizaciones deportivas una herramienta para monetizar a los fanáticos. Las criptomonedas brindan la posibilidad de formar parte de encuestas, descuentos, promociones exclusivas y diversas experiencias.
“El acuerdo es un paso importante que tiene que ver con la creación de una nueva unidad de negocios digital. La Selección Argentina es una marca global con fanáticos en todo el mundo y la creación de los Tokens oficiales nos permite llegar a todos esos fanáticos, hacerlos sentir cerca del equipo y de sus ídolos”, expresó Petersen, según consigna Infobae.
El CEO de Socios, Alexandre Dreyfus, también se refirió a la explosiva demanda que agotó las criptomonedas albicelestes. “Agotado en 2 minutos. 200k extra. Felicitaciones Argentina. Fan Token está completamente agotado. 600 mil fichas”, expresó.
Argentina es la primera selección en lanzar su Fan Token, uniéndose a gigantes del fútbol mundial como Manchester City, FC Barcelona, Paris Saint-Germain, Juventus o AC Milan.
Tercer día de recuento de votos del Tribunal Electoral, instalado en el Parque del Conocimiento. Lento pero seguro avanza el escrutinio definitivo en Misiones que ya cuenta con el 96,3 por ciento de las mesas escrutadas. Una vez finalizado se publicarán los números oficiales finales y los nombres que ocuparán cada una de las bancas.
El escrutinio definitivo en Misiones comenzó el jueves a primera hora y este sábado lleva su tercer día de recuento de votos, con las particularidades y limitaciones que exige la pandemia. El pabellón 3 del Parque del Conocimiento es el espacio donde se acondicionó todo para que el Tribunal Electoral de la provincia.
Faltan únicamente las mesas de tres Andresito, Puerto Iguazú, San Antonio y Bernardo de Irigoyen para finalizar el recuento y se mantienen en toda la provincia una amplia victoria del Frente Renovador
Por 85 votos, Juntos por el Cambio se quedó con la Defensoría del Pueblo de Oberá
Carlos Bernhardt le dio con ese escaso margen el único triunfo provincial a ese sector de la oposición.
El escrutinio definitivo de las elecciones del domingo pasado, tuvo ayer su segunda jornada en el Parque del Conocimiento. A diferencia del primer día, se trabajó en 17 mesas escrutadoras que lograron contabilizar casi todas las actas de las urnas correspondientes a 76 municipios, ya que Posadas finalizó en la noche del jueves.
El trabajo se completaría hoy con las localidades que restan corroborar y la posterior oficialización de las actas y resultados por parte del Tribunal Electoral.
La novedad de ayer fue la ratificación del único triunfo que tuvo Juntos por el Cambio en Misiones: se quedó con la Defensoría del Pueblo de Oberá. Así, asumirá Carlos Bernhardt siendo su suplente Luciana Barella. Reemplazará a Patricia Nittmann, la defensora en funciones. La diferencia fue de apenas 85 votos, superando a los candidatos del Frente Renovador, Juan Carlos Rossberg y Verónica Noguera.
De igual manera, se espera por la confirmación oficial del Tribunal Electoral de la provincia, mediante la lectura del acta de cierre del escrutinio definitivo.
Sin cambios en Posadas
También se conoció que los siete concejales electos por Posadas que comenzarán sus funciones en diciembre serán Horacio Martínez y María Eva Giménez, por el sublema “Ciudad de Todos”; Daniel “Colo” Vancsik de “Imaginate Ciudad”; y Malena Mazal del sublema “Ciudadanía Activa”, todos por el Frente Renovador. Por la oposición entrarán Pablo Velázquez de “Un Camino Seguro” (reelecto); Pablo Argañaraz de “Te Quiero Mejor”; y Santiago Koch por “Evolución”.
Escribe Lone Engbo Christiansen, Ashique Habib, Margaux MacDonald y Davide Malacrino – Producir y consumir más bienes y servicios con la misma cantidad de trabajo suena demasiado bien como para ser cierto. En realidad, es completamente posible. El aumento de la productividad es uno de los ingredientes principales del aumento del crecimiento económico y de los ingresos. Todo es cuestión de aumentar la productividad de los trabajadores.
Para muchos de nosotros, la pandemia de COVID-19 ha cambiado la forma en que trabajamos y consumimos. La cuestión es de qué forma afectarán estos cambios a nuestra productividad, tanto ahora como en el futuro.
Si bien es difícil predecir la productividad a largo plazo, en especial en el contexto actual, son dos canales por los que la pandemia podría influir sobre la productividad: la aceleración de la digitalización y la reasignación de trabajadores y capital (por ejemplo, máquinas y tecnologías digitales) entre las distintas empresas y sectores. Nuestra reciente nota examina la manera en que todo esto funciona.
Impulso a la productividad
La pandemia ha acelerado el cambio hacia la digitalización y la automatización, entre otras formas, con el comercio electrónico y el trabajo a distancia, y es poco probable que estas tendencias den marcha atrás.
Es probable que estos cambios tengan un impacto sobre la productividad. Las recientes inversiones en herramientas digitales —desde aplicaciones de videoconferencia e intercambio de archivos hasta drones y tecnologías de minería de datos— pueden conseguir que seamos más eficientes en el trabajo. El siguiente gráfico representa, para una muestra de 15 países entre 1995 y 2016, que un aumento del 10% en la inversión de capital intangible (que es donde se registran en las estadísticas nacionales los activos como las tecnologías digitales) se asocia a un aumento de aproximadamente el 4½% de la productividad de la mano de obra, lo que reflejaría el papel del capital intangible en la mejora de la eficiencia y las competencias.
En comparación, un impulso al capital tangible (como son los edificios y la maquinaria) se asocia con aumento ligeramente menor de la productividad. A medida que la COVID-19 se disipe, las empresas que han invertido en activos intangibles, como son las tecnologías digitales y las patentes, podrían ver aumentada su productividad como resultado.
Sin embargo, los beneficios no revertirían en todos de forma uniforme. Debido a que la inversión en activos intangibles es sensible a las condiciones del crédito, la inversión intangible podría desacelerarse si las condiciones financieras se endurecen o los balances de las empresas empeoran como resultado de la crisis. Esta evolución, junto con el hecho de que muchas empresas grandes y dominantes (sobre todo en los sectores de servicios digitales) han tenido mejores resultados que sus homólogas durante la crisis, podría contribuir a un aumento del poder de mercado, lo que, con el tiempo, podría frenar la innovación.
Además, algunos empleos vulnerables a la automatización podrían no recuperarse nunca, lo que implicaría pérdidas de trabajo, desempleo de larga duración y trabajadores en busca de empleo en otros sectores en los que sus aptitudes no son las adecuadas. Esta sería la otra cara más oscura de los aumentos de productividad derivados de una mayor digitalización.
La reasignación durante la pandemia
Como la pandemia ha afectado de forma muy diferente a los distintos sectores, es probable que se produzca cierto grado de «reasignación de recursos», por ejemplo, movimientos de trabajadores entre empresas al ser despedidos o contratados. Esto sucede al menos por dos razones (posiblemente relacionadas): i) la rotación de empresas que entran y salen del mercado y ii) los cambios en la demanda de consumo.
En primer lugar, el flujo de mano de obra y capital hacia empresas más productivas suele aumentar la productividad y puede contribuir a amortiguar el golpe de una recesión (por ejemplo, si los trabajadores despedidos son contratados por empresas más productivas). El siguiente gráfico, que presenta un análisis basado en datos a nivel de empresa de 19 países durante 20 años, muestra que los sectores con una reasignación de recursos mayor tienden a experimentar una disminución significativamente menor de la productividad total de los factores durante las recesiones y a recuperarse con mayor rapidez.
Las medidas de política económica pueden influir sobre el grado de reasignación que existe entre empresas y, por tanto, sobre el aumento de productividad, aunque la dirección no está clara. Por ejemplo, el apoyo fiscal generalizado durante una crisis podría respaldar la productividad si contribuye a que sobrevivan las firmas con mayor potencial. Sin embargo, también podría mantener recursos atrapados en empresas menos productivas, lo que podría frenar el aumento de la productividad en general. El grado en que estas fuerzas se compensan entre sí todavía no se conoce y depende del nivel de mano de obra y capital que fluye hacia las empresas más productivas.
En segundo lugar, el traslado de la demanda desde servicios presenciales, en los que el producto por trabajador suele ser relativamente bajo (por ejemplo, restaurantes, turismo, puntos de venta físicos), hacia soluciones digitales y sectores en los que el producto por trabajador es mayor (por ejemplo, comercio electrónico y trabajo a distancia) sugiere que la reasignación de recursos entre sectores podría haber aumentado la productividad en general. Aun así, existe una gran incertidumbre sobre los efectos duraderos de todos los cambios que se han producido durante la pandemia y, mientras algunos sectores probablemente vayan a repuntar (por ejemplo, el turismo), otros sufrirían cambios más permanentes (por ejemplo, el comercio minorista).
Políticas económicas que pueden ayudar
Velar por que la reasignación de recursos sea eficiente y proteger al mismo tiempo a los grupos vulnerables puede contribuir a que la recuperación sea fuerte. Esto puede lograrse de muchas formas, entre otras:
Promover la competencia que facilite la salida y la entrada de empresas para limitar el poder de mercado.
Brindar apoyo a los trabajadores desplazados, con el reajuste gradual de las políticas de apoyo desde el mantenimiento del empleo hacia la reasignación, para facilitar la adaptación a la nueva normalidad a medida que la recuperación gane velocidad. Los esfuerzos de reconversión profesional de los trabajadores, que incluyen la capacitación en el puesto de trabajo, también contribuirán a mejorar la inclusividad, así como a impulsar el capital humano y fortalecer el crecimiento potencial.
Por último, para aprovechar los aumentos de productividad de la inversión en intangibles, es fundamental garantizar que las empresas viables tengan acceso adecuado a financiamiento.
Pese al daño económico causado por la pandemia de COVID-19, las inversiones en tecnología y conocimientos tecnológicos podrían contribuir a mejorar la productividad. No obstante, para que esta posibilidad se materialice y sea ampliamente compartida, las políticas económicas desempeñan un papel fundamental.
La carga fue detectada a orillas del río Uruguay cuando iba a ser exportada desde un puerto natural no habilitado y sin los correspondientes avales aduaneros. Hay un hombre involucrado en el hecho.
Personal de la Prefectura Naval Argentina incautó más de 8.350 kilos de maíz de origen ilegal, en un operativo realizado en la localidad misionera de El Soberbio, en coordinación con el Ministerio de Seguridad de la Nación para mantener las fronteras del país seguras.
La mercadería fue secuestrada a la altura del kilómetro 1.148 del río Uruguay, en donde personal de la Institución, que patrullaba la zona ribereña para prevenir el delito, detectó un grupo de personas que manipulaba bultos en la costa.
El personal se dirigió inmediatamente al lugar donde pudo localizar a uno de los sospechosos rodeado de bolsas. Se trata de 167 bultos con 8.350 kilos de maíz que pretendían ser exportados sin pasar por los controles aduaneros.
Prefectura secuestró el cargamento y dejó la mercadería a disposición de la Dirección General de Aduanas de Oberá.
El siguiente artículo se propone analizar lo que comúnmente se llama en el lenguaje popular argentino “vivir en una burbuja”, bajo la perspectiva de las respuestas y vivencias que atravesaron las familias de los barrios privados en contraposición con las familias de los barrios populares en el contexto de pandemia sanitaria.
Escribe Emmanuel Miranda* – Como respuesta a este atípico último año atravesado por el coronavirus, como sociedad hemos generado y creado nuevas formas de comportamiento y de relaciones. Uno de los componentes más importantes de esta manera de relacionarnos está diagramado por las formas en que nos comunicamos y en definitiva por la manera en que nos expresamos. El lenguaje como herramienta que no es neutra y la epistemología como su rama fundamental y constitutiva, son expresiones importantes para analizar y poder entender los contextos.
Según Google Trends, la sociedad argentina ha modificado las búsquedas de palabras en forma masiva. Durante el año 2019 las más buscadas fueron Copa América, Dónde Voto y Cyber Monday. Para el mismo periodo analizado del 2020, las palabras más solicitadas al buscador fueron Coronavirus, Google Classrom y Trámites a Distancia. En las búsquedas acerca de “qué” y “cómo”: pasamos de buscar “a qué hora juega argentina”, “a qué hora era el eclipse” y “qué se conmemora el 17 de junio” a buscar “qué es el coronavirus”, “qué es el estado de sitio”, “qué pasó el día en qué nací” y “qué es el AMBA”. En el “cómo”: pasamos de indagar acerca de “cómo van las elecciones”, “cómo saber dónde voto” y “cómo hacer huevos de pascuas” a indagar sobre “cómo saber si cobro el IFE de la Anses”, “cómo hacer barbijos” y “cómo hacer alcohol en gel”. Todo un signo de cambio de época.
En este sentido, el COVID trajo casi anexadas palabras como virus, distanciamiento, cuarentena, protocolo (la vida fue un protocolo este año) y últimamente con las aperturas de las ligas de futbol profesionales y de las escuelas, se ha añadido el concepto de “burbuja”.
Para el lenguaje popular en la jerga callejera y muy argentinizada, vivir en una burbuja era sinónimo de una persona que estaba aislada de lo que pasaba o bien que no era capaz de comprender aquello que sucedía a su alrededor.
Hace poco, leyendo una nota de La Nación1 que destacaba el poco contagio del coronavirus en los barrios cerrados y la estrategia que habían abordado allí, fue donde pensé cómo fue el abordaje en los barrios populares del Conurbano. Es así que me puse a investigar las condiciones de ambas realidades. En esta lógica algunas de las preguntas que se suscitaron fueron: ¿Cómo fue vivir en una burbuja este año? ¿Fue posible desarrollar el concepto de burbuja en los barrios populares? ¿Quiénes pudieron cumplir con este requisito? ¿Cómo fue el cumplimiento de la cuarentena en los barrios populares y los barrios privados?
Para ello, analizamos la diferencia entre los barrios populares y los barrios privados en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) sobre cómo fueron las estrategias en base a la prevención y control del COVID. Esta idea surge sobre la base de un informe elaborado por la Universidad Nacional de General Sarmiento sobre las condiciones de vida y estrategias de Hogares en la cuarentena en el Conurbano.
Haciendo sólo un análisis descriptivo acerca de los barrios privados y los barrios populares según el censo elaborado por el Registro Nacional de Barrios Populares durante 2018, existen en el Conurbano 1.044 barrios populares. Allí viven más de un millón de personas que representan el 15 % de toda la población del conurbano. En total son 336.848 familias que viven en condiciones de vulnerabilidad, ya que no están garantizadas todas las condiciones habitacionales básicas. Muchos de estos barrios están caracterizados por: el hacinamiento, la falta de agua potable y de cloacas y condiciones de ingreso muy bajas. En cuanto a los barrios privados (o comúnmente llamados “countries”), en base a datos obtenidos del Sistema de Barrios Cerrados de la provincia de Buenos Aires, existen en el Conurbano alrededor de 256 sobre un total estimado de 871. Allí se estima que viven en total alrededor de 300 mil personas. La mayoría de estos se encuentran en el municipio de Pilar, donde existen 86 barrios cerrados o privados declarados.
Haciendo una estratificación por zonas del Conurbano, mientras que en la zona norte por cada barrio privado hay 2 barrios populares, en la zona oeste la relación es de 1 por cada 22 y en la zona sur ese número es de 1 a 9.
En general, una de las distinciones de los barrios privados es que cada desarrollo inmobiliario cuenta con una planificación inicial que luego se torna una realidad. Para ejemplificar, el barrio privado Santa María de Tigre cuenta con 400 hectáreas y, en su estatuto tiene un límite de urbanización de 1.215 personas y 168 viviendas. En estas planificaciones se estima además cuánto territorio se le dedicará al espacio verde y a construir zonas de esparcimiento.
En contraposición, los barrios populares son desarrollos improvisados, impulsados por la urgencia de muchas familias de contar con un techo, sin evaluar demasiado los riesgos de las zonas y las condiciones de habitabilidad. Como ejemplo, en el barrio El Garrote (Tigre) viven 700 familias en una superficie de 7.80 hectáreas.
Cumplir con las condiciones exigidas por el Gobierno Nacional acerca de las peticiones relacionadas al Coronavirus tales como el distanciamiento social, es mucho más fácil de cumplir en los barrios privados que en los barrios populares. Esta verdad de perogrullo tiene su sustento en que las condiciones de distanciamiento social, aislamiento y baja densidad poblacional hacen que en caso de registrarse contagios, construir una o en este caso otra “burbuja” y elaborar estrategias de contención del virus sean muchos más efectivas.
En el relevamiento realizado por la Universidad de General Sarmiento en barrios populares se analizó el cumplimiento del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) en un contexto donde se decretaba la vuelta a la Fase 1 (8 – 28/7). De allí los datos que se desprenden reflejan que: • El 60% de referentes territoriales informan que el nivel de acatamiento fue parcial. • Un 30% informa que es bajo. • Sólo un 10% de los referentes considera un nivel alto de acatamiento.
Sin embargo, cuando se indagaron las causas acerca del porqué de la dificultad de cumplir con el ASPO, se identificaron los siguientes patrones y causas.
Estigmatización por parte del barrio a los casos positivos y estrechos;
Violencia de Género;
Relación con las fuerzas de seguridad;
Situación laboral y de ingresos;
Implementación del Ingreso Familiar de Emergencia;
Abastecimiento y asistencia alimentaria;
Cuidado de niños/as y adolescentes;
Problemas por consumo problemático.
Es decir, la pandemia sólo reforzó y puso de manifiesto la dificultad del Estado para cumplir con las exigencias que demanda una sociedad vulnerabilizada. Los resortes del Estado muchas veces oxidados, hacen que construir una “burbuja” en estos barrios implique condenar a estas familias a vivir condiciones que son peores que las que viven en su vida habitual en sociedad.
Repensar las estrategias para abordar las problemáticas globales en condiciones de políticas urbanísticas no sólo debe ser una necesidad, debe ser una condición.
*Emmanuel Miranda: Miembro de GEO Estudio y Opinión. Licenciado en ciencias políticas UCA. Especialistas en temas electorales UNSAM. Data Science en Acámica. Dirección Nacional Electoral, Ministerio de Modernización de Nación, Jefe de Gabinete en Subsecretaría de Género y Diversidad Sexual PBA; Coordinador de Políticas públicas Secretaría de Derechos Humanos PBA.