Darío Diaz

Doctor en Ciencias Económicas con Mención en Economía (Universidad Nacional de Córdoba)-Investigador-Consultor-Docente

Cuando la audacia provincial anticipa al Premio Nobel de Economía 2025: Misiones y la Revolución del Conocimiento

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La ceremonia en Estocolmo de hoy 13 de octubre de 2025 consagró a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt con el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel. Su reconocimiento trasciende el mérito académico: constituye una validación científica rigurosa de aquellas sociedades capaces de transformar el conocimiento en motor de prosperidad sostenida.
Mientras la Real Academia Sueca anunciaba su veredicto, a más de doce mil kilómetros de distancia, en el nordeste argentino, una provincia escribía —sin aspavientos mediáticos— un capítulo empírico que los manuales de economía del desarrollo deberán estudiar con detenimiento.

Misiones representa hoy un fenómeno singular en América Latina: un territorio históricamente periférico que decidió rechazar los determinismos geográficos y construir ventajas competitivas propias mediante la apuesta decidida hacia la economía del conocimiento. Lo extraordinario radica en que esta transformación comenzó años antes de que los laureados recibieran su galardón, anticipando con visión estratégica aquellos principios que ahora celebra la comunidad científica internacional.

La arquitectura conceptual del progreso

Los trabajos de Mokyr descifraron el enigma del crecimiento moderno identificando un mecanismo preciso: las sociedades prosperan cuando establecen retroalimentación virtuosa entre conocimiento científico (aquel corpus teórico acumulado) y conocimiento prescriptivo (la capacidad técnica para materializar ideas en aplicaciones concretas).
Su investigación histórica reveló que Inglaterra lideró la Revolución Industrial no por casualidad, sino porque cultivó sistemáticamente aquello que denominó “mechanical competence”: una masa crítica de técnicos, artesanos e innovadores capaces de traducir conceptos abstractos en máquinas funcionales.

Aghion y Howitt, desde una perspectiva complementaria, formalizaron matemáticamente el concepto schumpeteriano de “destrucción creativa”. Demostraron que el progreso genuino surge cuando nuevas innovaciones desplazan tecnologías obsoletas, generando ciclos donde empresas emergentes desafían incumbentes, obligando a toda la estructura productiva a renovarse continuamente.
Sociedades con instituciones flexibles —capaces de gestionar las tensiones del cambio tecnológico— obtienen tasas de crecimiento superiores.

Misiones: laboratorio de innovación institucional

La gestión provincial comprendió tempranamente una lección fundamental: ningún territorio progresa sostenidamente sin invertir deliberadamente en capital humano especializado.
La creación en 2017 de la Escuela de Robótica fue una apuesta audaz —la primera institución pública de su tipo en Argentina— que democratizó el acceso a competencias tecnológicas desde edades tempranas.

La Ley de Educación Disruptiva (2018) institucionalizó una transformación pedagógica profunda. La Escuela Secundaria de Innovación y la Red de Espacios Makers extendieron este modelo educativo al interior provincial, concretando lo que Mokyr llamó “practitioners”: hacedores capaces de implementar conocimiento abstracto.

El proyecto Silicon Misiones materializa esta visión: más que un parque industrial, es un ecosistema integral que une coworking, laboratorios, aceleradoras y vinculación academia-empresa. Responde conceptualmente al modelo de Aghion y Howitt: facilita la entrada de nuevos actores, reduce costos de experimentación y promueve la destrucción creativa.

Los números que validan la estrategia

Según el Instituto Provincial de Estadística y Censos (IPEC), entre 2014 y 2024 el empleo privado registrado en Misiones creció 45%, de 79.000 a casi 115.000 puestos.
La economía del conocimiento 4.0 creció un 58%, sumando 5.472 nuevos empleos intensivos en tecnología.

Sectores antes inexistentes —como I+D, reparación de equipos de comunicación o fabricación farmacéutica— emergieron con fuerza. Actividades administrativas especializadas crecieron 780%, telecomunicaciones 55%, programación y difusión 60%, y actividades profesionales y científicas 66%.
El 27% del empleo actual en la economía del conocimiento no existía hace una década, materializando la teoría de la destrucción creativa.

Inclusión social como resultado económico

Los trabajadores de la economía del conocimiento ganan 188% más que otros sectores y casi ningún hogar del rubro padece pobreza habitacional extrema (frente al 9,7% del resto).
Esto se traduce en viviendas dignas, educación de calidad y proyectos vitales sostenibles.
Cuando el conocimiento se convierte en política pública, el crecimiento deja de ser promesa y se convierte en bienestar tangible.

Infraestructura digital: fundamento del cambio

Marandú Comunicaciones fue clave: entre 2016 y 2022 Misiones pasó del puesto 12° al 8° en accesos a internet, multiplicando por cinco sus conexiones y liderando el NEA en conectividad móvil.
Esta infraestructura democratiza el acceso tecnológico y permite que startups prosperen fuera de las metrópolis.

Diversificación mediante biotecnología

La Biofábrica Misiones y sus proyectos en cannabis medicinal reflejan la diversificación tecnológica provincial.
Con instituciones como el Parque Tecnológico de Misiones (PTMi) y ADEMI, la provincia articuló apoyo a emprendedores de agroindustria, biotecnología y energías renovables.

Cultura de la innovación: el factor intangible

La Ley de Fomento al Emprendimiento Misionero y el Centro de Formación de Emprendedores consolidaron una narrativa social favorable al cambio.
En mayo de 2025, Misiones fue la primera provincia argentina en legislar la incorporación de Inteligencia Artificial en todos los niveles educativos, anticipándose al debate mundial sobre su uso ético y productivo.

El Fondo de Crédito: democratizando el capital

El Fondo de Crédito de Misiones (FCM) permitió el acceso financiero a emprendedores fuera del sistema bancario.
Siguiendo la lógica de Aghion y Howitt, este instrumento equilibra la destrucción creativa, evitando exclusiones sociales y facilitando nuevos ingresos al ecosistema productivo.

Resiliencia en contextos adversos

Mientras Argentina enfrentó recesiones entre 2018 y 2024, Misiones no destruyó empleo formal y mantuvo un crecimiento del 45% en el empleo privado.
Los departamentos vinculados a polos de innovación se expandieron con fuerza.
La diversificación y la educación tecnológica generaron una estructura económica anticíclica, donde el conocimiento actúa como estabilizador frente a crisis externas.

De la periferia al protagonismo

El caso misionero desafía los determinismos históricos del subdesarrollo.
Demuestra que con voluntad política, inversión sostenida y educación tecnológica, una provincia periférica puede transformar su estructura productiva en una década.

Una lección de anticipación estratégica

Misiones anticipó en la práctica lo que Mokyr, Aghion y Howitt formalizaron en teoría.
Su economía del conocimiento creció 58%, sus trabajadores ganan el triple y gozan de mejores condiciones de vida.
Es la prueba empírica de que invertir en conocimiento genera crecimiento auto-sostenido.

Epílogo: del reconocimiento teórico a la consolidación práctica

El Nobel 2025 valida retrospectivamente la visión misionera.
La teoría celebrada en Suecia encontró su laboratorio en el corazón de América Latina.
Misiones demuestra que la periferia puede dejar de serlo mediante apuestas audaces por el conocimiento.Los resultados -empleo de calidad, resiliencia y bienestar- confirman que el desarrollo sostenido no es un accidente geográfico, sino una decisión política deliberada.

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Argentina: balance 2020 y perspectivas 2021

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La aparición del COVID-19, tuvo un claro impacto negativo, en primer lugar, sobre la oferta agregada de bienes y servicios de la economía, es decir, de la producción, y, en segundo lugar, a la demanda agregada, ya que la velocidad en la que se propagó conjuntamente con la cantidad de muertes, generó un aumento del nivel de aversión al riesgo de las personas. Esto significa, menor oferta y menor demanda. 

Por el lado de la oferta, el aislamiento implica una caída transitoria de la fuerza laboral, que se traduce en una caída transitoria del ingreso. No obstante, frente a un nivel de consumo guiado por el ingreso permanente (esto significa que puede ser financiado), el primero debería permanecer constante. En consecuencia, el ahorro debe caer. 

La inversión puede estar determinada por el efecto conjunto de dos fuerzas al menos: a) la perspectiva de largo plazo, b) los animal spirits, el “optimismo espontáneo” de los seres humanos en los negocios, el cual influye en el nivel y en el ritmo de la inversión. 

Si domina la primera fuerza, esta caída transitoria del ingreso, frente a un nivel de consumo que esté determinado por el ingreso permanente, ello conlleva a una caída en el ahorro, pero la inversión no varía, por lo que el desequilibrio interno entre el ahorro y la inversión, ajusta con un mayor déficit de cuenta corriente, dada una tasa de interés internacional. Además, la demanda de dinero no disminuye por el motivo especulativo, aunque sí lo hace por el menor ingreso por lo que el nivel de precios debería subir. Y por último, la demanda de factores solo se ajusta siguiendo a la contracción de la oferta de trabajo, por lo que habrá capacidad instalada ociosa sin desempleo, puesto que la menor demanda laboral estará alineada con la retracción de la oferta, por lo que los salarios nominales no caerán, mientras que los reales, sí lo harían en función del comportamiento de la demanda de dinero respecto al ingreso, es decir, si lo considera corriente o permanente.

Ahora bien, si la inversión cae al mismo nivel del ahorro, debido a la segunda fuerza, en este caso pesimista de la situación hacia el futuro, el resultado de la cuenta corriente seguiría siendo el mismo que del inicio; en el mercado monetario, el menor ingreso haría caer la demanda de dinero y por ende se incrementaría el nivel de precios, y en el mercado de factores, habría una mayor capacidad instalada ociosa junto con mayor desempleo y/o una mayor caída del salario real.

Otra situación distinta, es cuando la caída de la inversión es mucho mayor que la del ahorro, explicado por una situación de pánico, en la cual, habría una mejora en la cuenta corriente, un incremento de la demanda de dinero, y por consecuencia, un nivel de precios menor, y por último respecto a las condiciones del mercado de factores, habría mayor ociosidad de la capacidad instalada y una menor demanda de trabajo, generando menores salarios reales y/o desempleo, dependiendo del grado de rigidez del mercado de trabajo. 

Respecto al tipo de cambio, cuando la tasa de interés correspondiente al equilibrio interno está por encima de la internacional, ello trae como consecuencia un ingreso de capitales que aprecia la moneda doméstica y genera una caída en las exportaciones netas, y un deterioro de la cuenta corriente. Lo contrario sucede cuando la tasa de interés del equilibrio interno está por debajo de la internacional.

El impacto desde la teoría económica a los países fue heterogéneo dependiendo si se trataba de países avanzados, emergentes con posibilidad de financiamiento o emergentes sin dicha posibilidad, como Argentina. 

Me concentraré en los últimos dos tipos de países. El primero, aquellos que tienen acceso al financiamiento. Aunque el shock negativo en el plano productivo sea similar a los avanzados, el cambio de portafolio a favor de los activos que emiten los países desarrollados, genera una caída en la demanda de los títulos públicos de estos países, haciendo subir la tasa de interés, impactando en un incremento del riesgo país por la caída del retorno en los bonos de los países desarrollados y una caída en el precio de los bonos emergentes. Por ejemplo Brasil subió un 28,1% su riesgo país entre septiembre de 2020 y marzo del mismo año. Además, la fuga hacia los activos considerados más seguros también impacta de manera negativa en la inversión real de los países emergentes por la disminución del precio de las acciones, siendo la inversión menor; el incremento del costo del financiamiento por caída en el precio de los bonos corporativos, y por el aumento en la tasa de interés que debe enfrentar el país debido al aumento en su nivel de riesgo. Todo esto conlleva una fuerte caída en el nivel de inversión real, en mayor proporción que la caída del ahorro, generando un superávit de cuenta corriente. Respecto al mercado de factores, la demanda de trabajo cae mucho más que la oferta agregada, por el derrumbe de la inversión, por lo que hay presión a la baja de los salarios nominales. Debido a la caída del ingreso y a la menor inversión, se produce una caída en la utilización de la capacidad instalada. Respecto al mercado financiero, la mayor tasa de interés y la caída del ingreso, generan una contracción de la demanda de dinero, poniendo presión alcista al nivel de precios y conjuntamente con la salida de capitales o formación de activos externos, esto lleva a la pérdida real del valor de la moneda. En el caso que haya tipo de cambio fijo, o en países dolarizados (como Ecuador), esto conlleva a una pérdida de reservas o salida de divisas del sistema, generando un menor nivel de precios, es decir, una deflación, que, al necesitar una mayor caída de los salarios nominales, la existencia de rigideces en el mercado laboral, se puede derivar en una explosión en la tasa de desempleo. 

Ahora hablaré de Argentina, país emergente, pero sin acceso al financiamiento. El nivel de actividad económica (medido por la variación del PBI real, es decir, el producto bruto interno a precios de 2004) al tercer trimestre del año 2020, cayó un 10,2% frente al mismo trimestre del año anterior. El consumo privado, un 14,7%; la inversión privada (formación bruta de capital) un 10,3%; el consumo público un 6,5%; las exportaciones un 17,0% y las importaciones un 22,0%. De los 16 sectores económicos que conforman el PBI, en 14 de ellos se observó una disminución de su actividad. Sin embargo, al comparar respecto al segundo trimestre del año 2020, el PBI desestacionalizado creció un 12,8%; el consumo privado un 10,2%; el público un 2,7%; la inversión privada un 42,9%, y las importaciones un 10,9%. En cambio, las exportaciones, volvieron a mostrar una disminución del 1,4%. 

El ultimo dato disponible de actividad, que en realidad consiste en un estimador mensual de la actividad económica, corresponde a octubre del año 2020, que exhibe una caída interanual del 7,4%, pero una variación positiva del 1,9% respecto a septiembre. Cuando se compara el acumulado, es decir, los diez primeros meses del año, se exhibe una caída del 11,3% respecto al mismo período de 2019. El nivel de actividad desestacionalizada de octubre, es levemente superior al existente en febrero del año 2010 (134,1 vs 132,8), es decir, hemos retrocedido 10 años en el valor de la producción final de bienes y servicios de la economía argentina. 

Lo que más me preocupa, es lo relacionado a la inversión. La formación bruta de capital fijo, que comprende construcciones (edificios y obras civiles), maquinaria y equipos, investigación y desarrollo, recursos biológicos cultivados y exploración minera, entre otros, se encuentra actualmente un 18,6% por debajo del tercer trimestre del año 2010. En su participación en el producto bruto, la misma representa un 18,5%, siendo que se requiere 16,0% solo para reponer stock de capital existente, y así mantener la capacidad (frontera de posibilidades) de producción constante, es decir, solo para compensar la depreciación (la pérdida de valor de un bien como consecuencia de su desgaste con el paso del tiempo), pero no hay inversión tendiente a ampliar el stock de capital para poder producir más. En los últimos años, el promedio de participación fue del 14,3% (2016), 15,2% (2017), 14,7% (2018); 13,5% (2019); 12,6% (primer trimestre 2020), 9,5% (segundo trimestre 2020). Es decir, por debajo del 16,0%; solo destrucción del capital. Desde 2009 hasta 2015, el promedio fue del 16,2%, con un rango entre 15,6% y 17,2%. Esto genera un desplazamiento hacia abajo de la frontera de posibilidades de la producción, menores tasas de ahorro e inversión, menor capacidad de producción, un achicamiento de la economía.

Un menor nivel de inversión, se traduce en un crecimiento económico menor. La tasa de crecimiento promedio anual del PBI entre el 2012 y el 2019 fue del -0,3%. Si lo dividimos en dos subperiodos, entre el 2012 y el 2015 un +0,4%; y entre el 2016 y el 2019, -1,0%. Este año se estima una caída del 12,5%, por lo que el crecimiento promedio anual en todo el periodo 2012-2020 sería del -1,6% anual. Esto impacta significativamente en un menor crecimiento económico, entendido como el incremento del producto bruto interno per cápita, es decir, el PBI por habitante, puesto que, en el último año, el mismo se estima que se derrumbe en un 13,5%. Entre el 2015-2020, un -20,3% y comparando entre 2011-2020, un -23,6%. El PBI per cápita que cierra este año 2020, sólo se encuentra un 4,2% por encima del año 2004.

La recuperación para el año 2021, comparando el cuarto trimestre de dicho año frente al cuarto trimestre del 2019, año pre-pandemia, es heterogénea entre los países. China puede crecer un 10,2%; el mundo un 4,9%; Estados Unidos un 0,5%. En cambio, Europa, puede decrecer un -1,0%, América Latina un -2,5%, y Argentina, un -3,4%. Desagregando Latinoamérica, para el mismo período, Brasil (-1,5%), Perú (-8,6%), Chile (+3,1%), México(-4,6%), Colombia (-3,6%). Estos pronósticos están condicionados a que la velocidad y la magnitud de la recuperación económica dependa de la velocidad con que cada país distribuya masivamente la vacuna y la capacidad de aplicar políticas de estímulo que contribuyan a la recuperación. El dólar se seguirá depreciando un poco y con la menor volatilidad en 10 años, implicando mejores precios para las commodities. 

Volviendo a Argentina, antes de la pandemia, se le puso fin a la austeridad fiscal, ya que había intención de crear algún “espacio fiscal” con la suba de impuestos y la reestructuración de deuda para incrementar el gasto. Respecto a la política monetaria, la misma era expansiva (bajando la tasa de interés e incrementando la expansión de moneda) con el fin de reanimar el crédito al sector privado. La política cambiaria era un “crawling peg” para mantener constante el tipo de cambio real y con el cepo a la demanda de dólares para comprar el exceso de oferta de divisas del mercado cambiario (producto del alto superávit comercial) e incrementar las reservas del BCRA. 

Luego de la pandemia, hubo grandes cambios. En lo referente a la política fiscal, el déficit primario pasó al 6,5%-8,4% del PBI en 2020, por incremento del gasto-covid y la caída de la recaudación. La política monetaria, sin crédito externo e interno y con escasas reservas, hubo que recurrir a la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal. En cuanto a la política cambiaria, por el exceso de pesos, saltaron las brechas, se evaporó el superávit comercial y se generó una crisis cambiaria con el BCRA perdiendo reservas. Respecto a la reestructuración de deuda, si bien fue tardía, resultó parcialmente exitosa, puesto que no logró frenar la crisis de confianza y se acumularon muchos vencimientos de deuda para la gestión que le suceda a Alberto Fernández.

El gasto público de los tres niveles (total nación, total provincias y total municipios) como porcentaje del PBI se estima que cierre el año 2020, con el 49,9%. Para financiar al mismo, no solo se incrementaron la cantidad de tributos vigentes (pasó de 163 en el 2019 a 165 en el 2020) aumentando claramente la presión tributaria; sino que también la emisión monetaria, a niveles muy significativos. 

Pero volviendo a la parte fiscal. Con solo 11 tributos, se recaudaría más del 90%; con 6, más del 70%. La ineficiencia y el costo de administración tributario es notable en nuestro país. Una empresa tendrá obligaciones tributarias de acuerdo a su rama de actividad, tamaño, sede administrativa, cantidad de jurisdicciones donde realiza su actividad, etc. Por ejemplo, una empresa que se dedique a la venta mayorista y minorista de productos electrónicos nacionales e importados; de tamaño mediano, sociedad anónima, con personal en relación de dependencia, con sede en la provincia de Córdoba, pero en distribución en varias provincias, se verá alcanzado directa o indirectamente por 47 impuestos, regímenes o normas procedimentales. Esto muestra la complejidad del sistema tributario argentino desde el punto de vista de los sujetos pasivos del mismo en lo referido al cúmulo de legislación tributaria que deben conocer, a la permanente actualización de las mismas que deben contemplar, a la cantidad de declaraciones juradas que deben presentar periódicamente y al número de liquidaciones de pago mensuales o anuales que deben realizar. 

Por consecuencia, esto se refleja también en el peso de los impuestos en el precio de los bienes. Tomemos, el rubro alimentos y bebidas, considerando IVA, Ganancias, impuesto al cheque, internos y las cargas de la seguridad social; impuesto a los ingresos brutos; tasas de inspección, seguridad e higiene. Por ejemplo, 1 litro de leche entera armonía. El precio final promedio: $45,25. Allí los impuestos representan $15,45, es decir, el 38,4%. Un aceite de girasol cada día 1500 cc, cuyo precio final promedio asciende a $121,00, los impuestos suman $50,70 de dicho precio, es decir, el 41,9%.

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal calcula todos los años la carga tributaria que recae sobre familias asalariadas tipo en Argentina. La característica central es que el jefe de hogar trabaja formalmente (en blanco) y que luego el ingreso de bolsillo obtenido se consume también formalmente (en blanco). Es decir que se calculan los tributos tanto al momento de generar sus ingresos como al momento de consumir los bienes y servicios. El día de la independencia tributaria, que es la fecha del año a partir de la cual el ingreso está libre de tributos o impuestos, para un ingreso mensual de bolsillo de $33.250, es el día 28 de junio. Un trabajador asalariado formal en Argentina debió trabajar en el año 2019 entre 180 y 212 días para cumplir con las obligaciones tributarias de los tres niveles de gobierno, dependiendo de sus ingresos.  En consecuencia, el “Día de la independencia tributaria” se ubica en Argentina entre el 28 de junio y el 31 de julio, en función de cuáles sean sus ingresos.

Esto se relaciona con el PBI per cápita, porque este último se desploma todos los años, porque cada vez se agranda más al Estado, ahogando más al sector privado.

¿Qué pasará con el dólar? Es clave observar el poder adquisitivo del peso. Para que el dólar “baje” (técnicamente, el tipo de cambio nominal disminuya), el peso debería incrementar su poder adquisitivo. Esto se lograría: o bien, que haya una disminución de la oferta monetaria (a partir de una demanda de dinero constante, es decir, sin que los argentinos huyan del peso o quieran más pesos), o un incremento de la demanda de dinero (mientras la oferta monetaria permanece constante, es decir, sin que el BCRA emita), o bien, una combinación de ambas, un incremento de la demanda de dinero y una disminución de la oferta monetaria.

Mientras exista “el cepo” (las restricciones a la libre compra de dólares al tipo de cambio oficial), es de esperar que la demanda de dinero caiga, por lo que disminuye el poder adquisitivo del peso, y por ende mayor incremento del dólar y de la inflación; luego un nuevo descenso del poder adquisitivo del dinero (nuevamente mayor dólar e inflación) por la política monetaria expansiva del BCRA; y por último, nueva caída adicional del poder adquisitivo del dinero por la nueva caída de demanda de dinero. Y además, otros efectos del cepo cambiario, son los relacionados al exceso de oferta en los mercados de bonos (generando un menor precio de los bonos e incrementando el costo del capital, y disminuyendo la inversión), de bienes, con menor producción y actividad, y de trabajo, con menor empleo y menores salarios.

La asistencia al tesoro acumulada desde noviembre del 2019 hasta el mismo mes del 2020 (compuesta en un 60% en utilidades contables del Banco Central y en un 40% en adelantos transitorios), asciende a $1.989.387.000.000. Esto fue en parte esterilizado (retirado del mercado) mediante pases y LELIQs, que entre ambos se incrementaron en $732.483.000.000. Esto representa un aumento, por parte de los pases pasivos del 263,5% y del stock de LELIQs, del 103,6%. Por su parte, la base monetaria (circulación monetaria + cuenta corriente en el BCRA) se incrementó en los últimos 12 meses, $768.055.000.000, representando un incremento interanual del 48,9%, y alcanzando la significativa suma de $2.337.726.000.000. No solo se recurrió a instrumentos de deuda para retirar liquidez del mercado, sino que también, a partir de la venta de reservas internacionales, que, en dicho periodo, se redujo en un 9,9%.

La asistencia del BCRA al tesoro nacional rompió un récord histórico en los últimos años, constituyendo para el año 2020, un 8,3% del producto bruto interno, siendo que, en el año 2019, solo fue del 2,5%; en el año 2018 (0,2%), 2017 (1,4%), 2016 (2,0%) y 2015 (2,7%). Entre los años 2003-2020, el segundo valor más alto de asistencia al tesoro por parte del BCRA respecto al PBI, fue en el año 2014, con un 3,2%. Hasta el mes de octubre del 2020, el déficit fiscal fue del 6,4% del PBI y la emisión de pesos del BCRA al tesoro nacional fue equivalente al 6% del PBI. Es decir, el 94% del déficit fue financiado con emisión de pesos. El gobierno nacional espera cerrar el año 2020 con un déficit primario del 8,3% del PBI y con un déficit fiscal del 10,3% del PBI. Si se analiza la emisión primaria de pesos, se apreciaría que llegaría al 8,3% del PBI. Es decir, en el año 2020, el BCRA estaría financiando el 80% del déficit fiscal con emisión, tanto por la vía de transferencia de utilidades como de adelantos transitorios. El agregado monetario M2 (billetes y monedas en poder del público + cuenta corriente en pesos + caja de ahorro en pesos) creció interanualmente en el mes de noviembre un 97,0%. Esta fuerte monetización sin su contrapartida en una fuerte inflación fue posible por el cepo cambiario, y la cuarentena, esta última generando un incremento involuntario de la tenencia de pesos, por ende, una demanda monetaria forzosa, ante la imposibilidad de gastar con negocios cerrados y por el incremento del ahorro precautorio. Sumado también a los límites de extracción en cajero automático, la solicitud de turnos por internet, la imposibilidad de cobrar cheques por ventanilla y obligación a depositar, imposibilidad de realizar operaciones como el contado con liqui a aquellos que recibieron subsidios del Estado por la cuarentena, etc. Para el mes de abril de 2020 el dinero resguardado en los bancos en términos reales como depósitos, representaba el 94% de la cantidad de “dinero en poder del público”. Esto fue reduciéndose a medida que transcurrieron los meses, y a noviembre del 2020, representaba el 59,5%.

Como consecuencia de “la dominancia fiscal” que implica que la política monetaria está determinada por las necesidades del Tesoro, cuando la base monetaria se expande en forma exponencial, como asimismo los pasivos no monetarios remunerados (LELIQs y pases, antes LEBAC), que son promesa de emisión futura, ambos fenómenos son inflacionarios y minan el poder adquisitivo del peso. Todo esto sumado un patrimonio neto relevante quebrado, lo cual es certeza de más devaluación e inflación a futuro. El dinero, las LELIQs y los pases netos, son un pasivo del Banco Central. Como todo pasivo, se honran con el capital (las reservas “de verdad”) que el deudor (BCRA) tiene en su activo. Cuanto mayor sea el activo en relación al pasivo, mayor será la capacidad de repago y por ende más alto el valor de mercado de la deuda. Por el contrario, a menor activo y mayor pasivo, menor capacidad de repago y consecuentemente menor valor de la deuda. El punto es que la deuda del BCRA no es otra cosa que el dinero. Y el valor del dinero no es otra cosa que su poder adquisitivo. El dinero tiene solo valor instrumental; su valor está expresado en términos relativos, o sea; en términos de su capacidad para comprar bienes y servicios. Si por un lado las reservas (activos relevantes) caen y por el otro, la base monetaria, LELIQs y pases netos (pasivo relevante) crecen, el balance (patrimonio neto) del Central se quiebra cada vez más y consecuentemente, el valor de su deuda se reduce. Esta caída del valor de su deuda no es otra cosa que la pérdida del poder adquisitivo del dinero. Con el deterioro del balance se necesitan más unidades de peso para comprar la misma cantidad de dólares (devaluación) y de bienes y servicios (inflación).

Al 23 de diciembre de 2020, las reservas brutas, asciende a US$ 39.216.000.000. Sin embargo, si se descuentan los pasivos que el BCRA debe responder, como ser los encajes (depósitos de la gente, US$11.135.000.000), los Swap (US$ 19.900.000.000); BIS (US$3.160.000.000); otros depósitos en dólares del gobierno/Repo (US$500.000.000) y DEG’s (US$1.344.000.000), obtenemos las reservas netas, que ascienden a US$3.177.000.000. 

Para esa misma fecha, la Base monetaria por su parte, asciende a $2.443.707.000.000 y las LELIQs y pases, $2.767.605.000.000, por lo que la suma de la Base monetaria y los pasivos monetarios remunerados asciende en total a $5.211.312.000.000. 

A partir de estos valores podemos decir que el tipo de cambio de dolarización (es decir, si se liquidan todos los pasivos monetarios frente a las reservas), ascendería a $1.640 por dólar. Siendo que el 30 junio del año 2020, el mismo ascendía a $601 por dólar; el 31 de diciembre del 2019, a $312 por dólar, y el 7 de agosto de 2019, a $134 por dólar. 

Otro indicador clave es el riesgo monetario, que se construye como el cociente entre las LELIQs y los pases como numerador, y la base monetaria como denominador, multiplicado por cien. El mismo asciende a 113,3%. En octubre ascendía a 111,7%; en julio a 104,0%, y en el mes de febrero, a 76,0%. Cuanto mayor es el indicador, mayor es el riesgo de una expansión monetaria que se traduzca en presiones devaluatorias e inflacionarias. En otras palabras, la promesa de emisión latente, puede más que duplicar la base monetaria, generando una mayor oferta monetaria, y siempre que no se incremente la demanda de dinero en la misma proporción (debido a una menor velocidad de circulación del dinero o una mayor actividad económica), una mayor presión en los precios. 

Los agentes económicos son racionales y no basan sus expectativas de inflación en función a los valores pasados de la inflación, sino que utilizan toda la información disponible para formar sus expectativas sobre los precios y las cantidades futuras. Luego, basándose en estas expectativas racionales, toman sus decisiones con el objeto de maximizar su utilidad esperada a lo largo de la vida. A partir del modelo de expectativas racionales, al formar nuestras expectativas de inflación a partir de la emisión futura, la cantidad de dinero queda siempre antecediendo la suba de precios según el siguiente orden: el Banco Central anuncia la emisión monetaria, los agentes económicos forman sus expectativas de inflación en función del anuncio, y estas expectativas influyen en el aumento del nivel general de precios. El dinero es neutral, por lo que la política monetaria es ineficaz para afectar las variables reales de la economía, y no sirve para acelerar la tasa de crecimiento del PBI y bajar el desempleo. La política intervencionista de estimulación de la demanda agregada con emisión monetaria produce solo inflación y nunca efectos reales. 

Según la teoría de las expectativas racionales, la tasa de inflación prevista o expectativa de inflación es igual a la tasa prevista de crecimiento de la oferta monetaria, que se relaciona con la emisión para pagar el déficit fiscal, cuasifiscal y la compra de dólares para pagar la deuda, exceda a la tasa de crecimiento real de la economía en el largo plazo. La inflación prevista es igual a todo lo que el Banco Central emita por encima de la tasa de crecimiento del PBI potencial, que es la tasa de crecimiento de largo plazo. Podría haber efectos reales (en el PBI y empleo) si y solo si hay error en la formación de expectativas de emisión. Una subestimación de la emisión monetaria conduce a que la tasa de desempleo caiga por debajo de la tasa natural de desempleo y el nivel de actividad se acelere por encima del PBI potencial. Con expectativas racionales, no existiría error (promedio) en las expectativas de emisión monetaria; es decir, los agentes económicos predicen correctamente la emisión monetaria. Entonces se puede decir que la política monetaria es neutral, es ineficaz para influir en las variables reales de la economía y no puede hacer que se acelere el nivel de actividad y/o baje la tasa de desempleo, pero a más emisión monetaria, más previsiones de emisión, más inflación esperada y más inflación observada.

El presupuesto del año 2021, proyecta un escenario fiscal que requerirá mucha emisión monetaria. Si solo se compara los primeros meses del año 2021, las necesidades financieras entre diciembre del 2020 y marzo del 2021, asciende a $1.278.000.000.000, lo cual se desagrega en $682.000.000.000 en déficit primario; $246.000.000.000 en intereses en pesos del Tesoro y $350.000.000.000 en intereses del BCRA. Esto se financiará en un 45,0% con emisión de base monetaria para el tesoro (representando aproximadamente el 22% de la base monetaria actual). El 55,0% restante con colocación de deuda del Tesoro menos vencimientos de capital y colocación de deuda del BCRA.

 Es clave decir que, si se tuviera que comparar 2020 con 2021, en este año existen más condicionantes y obstáculos, puesto que existe un alto nivel de pasivos remunerados, por lo que será difícil al Banco Central colocar LELIQs al ritmo del 2020. En el mejor de los casos podría absorber el monto de los intereses pagados. Además, las reservas internacionales de libre disponibilidad como lo señalé anteriormente están en valores muy bajos, para poder vender y absorber pesos. Como los encajes están más bajos, no se puede seguir disminuyéndolos más para estimular el crédito, y, por último, lo que la emisión monetaria solo podrá recaudar señoreaje vía el impuesto inflacionario (con una tasa de inflación más alta).

Entonces, concluyendo. El cuarto trimestre del 2020 puede dejar una caída estimada interanual del PBI de -6,6%, siendo el promedio de todo el año -10,6%. Esto dejaría para el 2021 un arrastre positivo de 4 puntos, proyectándose una suba del PBI de aproximadamente 6,4%. Para el último trimestre del 2023, el PBI estaría en el mismo nivel que el cuatro trimestre de 2019 (es decir, crecimiento interanual del 2021 del +6.4%; 2022, del 2,3% y 2023, del 2,4%. Asimismo, como se había señalado que el PBI per cápita del 2020 era similar al del 2005, por encima del 2004 en un 4,2%, el PBI per cápita para el año 2023, será similar al del 2006.

Respecto a la inflación, medida por el índice de precios implícitos (IPI), crecería un 49,0% (dic 2021-dic 2020). Si se considera el Índice de Precios al Consumidor, el mismo sería del 51,0% para el mismo periodo. El tipo de cambio nominal oficial para diciembre del 2021 sería de $125.5; es decir, una devaluación del 51,0%. 

Para el año 2021, con un déficit primario estimado del 4,0%, las necesidades financieras ascienden a $4.138.000.000.000, es decir, un 9,4% del PBI. Constituido por $2.160.000.000.000 de déficit primario; $532.000.000.000 de intereses en pesos del Tesoro y $1.446.000.000.000 de intereses del BCRA. Allí la financiación estimo que puede darse en un 34,5% con emisión de base monetaria (representando un 46,0% de la base monetaria actual); y un 65,5% entre colocación de deuda del Tesoro y colocación de deuda del BCRA. 

El programa económico para que el país vuelva a crecer a tasas más altas y de manera sostenida debería centrarse en crear las condiciones para recuperar la inversión privada y aumentar la productividad de la economía (incentivando a la economía del conocimiento, la tecnología, el capital humano, y la educación). Es necesario fortalecer el marco institucional, reducir la permanente volatilidad de las reglas, recrear un clima atractivo para la inversión privada, reduciendo la presión tributaria, y para ello primero el gasto público y luego el cuantioso déficit fiscal.

Por último, dejo las reflexiones de los economistas del PLAN FENIX, donde dejaron en un documento, allá por el año 2001, las condiciones para el desarrollo económico y la elevación de la calidad de vida de acuerdo a la teoría y la historia económica

1. Estabilidad institucional y política.

2. Aumento del empleo e incorporación de la fuerza de trabajo al proceso de crecimiento como requisito de integración del tejido social

3. Funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados de bienes y servicios, financieros y reales.

4. Equilibrios macroeconómicos sólidos sobre la base de altas tasas de ahorro interno e inversión, financiamiento genuino del sector público, competitividad internacional, reducción drástica del déficit crónico en la cuenta corriente del balance de pagos. Esto requiere, entre otros requisitos, la búsqueda flexible de precios relativos consistentes con el mantenimiento del poder adquisitivo y el equilibrio externo, y una baja tasa de inflación.

5. Competitividad de la producción nacional, limitando el endeudamiento externo a la capacidad de generación de divisas e inversiones privadas directas en actividades transables que, como mínimo, mantengan en equilibrio sus operaciones en divisas.

6. Incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico en todo el sistema económico y social, participando de las corrientes dinámicas del comercio internacional compuestas por bienes y servicios altamente diferenciados.

7. Presencia de un Estado que asegure el desarrollo nacional, la integración social, la equidad distributiva y el bienestar.

8. Soberanía monetaria, cambiaria y fiscal, dentro del contexto de la economía internacional.

9. Existencia de mercados de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio.

10. Desarrollo de concepciones arraigadas en la realidad nacional y orientadas a dar respuestas a los desafíos y oportunidades de la economía mundial.

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La lucha contra la pobreza y el Premio Nobel de Economía ¿Misiones es vanguardista en sus políticas públicas?

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El lunes 14 de octubre, a las 6.45 am (hora argentina), la Academia Real de Ciencias Sueca anunció el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, a los doctores en Economía Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global. La francesa Duflo, el indio Banerjee y el estadounidense Kremer, se preguntaron: ¿cuál es la mejor manera de diseñar medidas que reduzcan la pobreza global? Utilizando investigaciones innovadoras basadas en experimentos de campo (ensayo controlado aleatorio), los galardonados sentaron las bases para responder a esta pregunta que es clave en la lucha contra la pobreza.  La contribución clave consistió en que el problema de la pobreza global se debe dividir en interrogantes más pequeños, pero más precisos, a nivel individual o grupal. A partir de estimar el impacto causal de una determinada intervención, programa o política, se puede medir la efectividad o no, de las mismas en la reducción de la pobreza y el mejoramiento del bienestar.

Como señalan Abhijit Banerjee y Esther Duflo, la productividad difiere enormemente, no solo entre países ricos y pobres, sino también dentro de los países pobres. Algunas personas o empresas utilizan la última tecnología, mientras que otras (que producen bienes o servicios similares) utilizan medios de producción obsoletos. La baja productividad promedio se debe en gran medida a que algunas personas y empresas quedan relegadas. ¿Refleja esto una falta de crédito, políticas mal diseñadas o que a las personas les resulta difícil tomar decisiones de inversión completamente racionales? El enfoque de investigación diseñado por los galardonados de este año aborda exactamente este tipo de preguntas.

El presente artículo hace énfasis únicamente a la educación, aunque los economistas hayan estudiado diversos tópicos, como la salud, el género, el acceso al crédito, entre otros. En materia educativa entonces, los científicos estudiaron qué intervenciones incrementaron los resultados educativos al menor costo posible. En los países de bajos ingresos, los libros de texto son escasos y los niños a menudo van a la escuela con hambre. ¿Mejorarían los resultados de los alumnos si tuvieran acceso a más libros de texto? ¿O darles comidas escolares gratuitas sería más efectivo? A mediados de la década de 1990, Michael Kremer y sus colegas decidieron trasladar parte de su investigación de sus universidades en el noreste de los EE. UU al oeste rural de Kenia para responder a este tipo de preguntas. Realizaron una serie de experimentos de campo en asociación con una organización no gubernamental (ONG) local. Aquí surge una pregunta básica: ¿por qué los investigadores eligieron usar experimentos de campo? Porque si se desea examinar el efecto de tener más libros de texto en los resultados de aprendizaje de los alumnos, por ejemplo, simplemente comparar escuelas con diferente acceso a los libros de texto no es un enfoque viable. Las escuelas pueden diferir de muchas maneras: por ejemplo, las familias más ricas generalmente compran más libros para sus hijos, por lo que las calificaciones sean probablemente mejores. Una forma de sortear estas dificultades es asegurar que las escuelas que se comparan tengan las mismas características en promedio. Esto se puede lograr dejando que el azar determine qué escuelas se localizan en diversos grupos para efectuar la comparación pertinente. A diferencia de los ensayos clínicos tradicionales (provenientes de las ciencias médicas y naturales), los galardonados han utilizado experimentos de campo en los que estudian cómo se comportan los individuos en sus entornos cotidianos. Kremer y sus colegas tomaron una gran cantidad de escuelas que necesitaban un apoyo considerable y las dividieron al azar en diferentes grupos. Todas las escuelas de estos grupos recibieron recursos adicionales, pero en diferentes formas y en diferentes momentos. En un estudio, un grupo recibió más libros de texto, mientras que en otro estudio se investigó lo referente a las comidas escolares gratuitas. Debido a que el azar determinó qué escuela obtuvo qué, no hubo diferencias promedio entre los diferentes grupos al comienzo del experimento. Por lo tanto, los investigadores podrían vincular de manera creíble las diferencias posteriores en los resultados del aprendizaje con las diversas formas de apoyo. Los experimentos mostraron que ni más libros de texto ni comidas escolares gratuitas hicieron ninguna diferencia en los resultados del aprendizaje. Si los libros de texto tuvieron algún efecto positivo, solo se aplicaron a los mejores alumnos. Experimentos de campo posteriores han demostrado que el problema principal en muchos países de bajos ingresos no es la falta de recursos. En cambio, el mayor problema es que la enseñanza no está suficientemente adaptada a las necesidades de los alumnos. En el primero de estos experimentos, Banerjee y Duflo estudiaron programas de tutoría correctiva para alumnos en dos ciudades indias. Las escuelas en Mumbai y Vadodara tuvieron acceso a nuevos asistentes de enseñanza que apoyarían a los niños con necesidades especiales. Estas escuelas fueron ubicadas aleatoriamente en diferentes grupos, lo que permitió a los investigadores medir de manera creíble los efectos de los asistentes de enseñanza. El experimento mostró claramente que la ayuda dirigida a los alumnos con dificultades de aprendizaje era una medida efectiva a corto y mediano plazo.

La provincia de Misiones destinó en el 2019, más del 30% de su presupuesto total en las áreas de educación y cultura. Pero al margen de la cantidad de recursos públicos destinados como inversión en el capital humano, en los últimos años se han trazado una serie de políticas públicas estructurales y significativas, que generan expectativas muy favorables respecto a la calidad educativa en el mediano plazo, las bases para consolidar un desarrollo sostenible en el tiempo (económico, social y ambiental) para todos los misioneros. Sin tomar en cuenta las jornadas institucionales de las que participaron 30.310 docentes; los docentes certificados de la Formación en Servicio; los ateneos didácticos; la formación de los directores de los niveles obligatorios que se encuentran finalizando su formación en gestión educativa; la capacitación de los docentes en gestión, lengua y matemáticas a través del programa Escuelas Faro; el boleto estatal estudiantil gratuito, más de cuarenta edificios escolares nuevos y más de cien refacciones, ampliaciones y remodelaciones a establecimientos de los distintos niveles de enseñanza (bajo un contexto de crisis económica nacional); un inicio normal del ciclo lectivo y con más de 180 días de clases; el Observatorio Astronómico de las Misiones; la robótica educativa, etc; el aspecto clave y coincidente con los resultados hallados por los galardonados del Premio nobel en Economía 2019, como se dijo anteriormente, es que la mayor efectividad de cualquier política educativa se basa simplemente en que “la enseñanza esté lo suficientemente adaptada a las necesidades de los alumnos”. Y la manera en que la Provincia de Misiones lo está gestando y haciendo realidad, es mediante la implementación del modelo flipped learning (aula invertida), integrando la educación disruptiva (conjunto de acciones, estrategias y metodologías de enseñanza, que permiten la introducción de avances e innovaciones con miras a la transformación de los procesos educativos, mediante las Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento (TAC) y los usos que se desarrollan en el ámbito de la educación y la comunicación) y la educación emocional (proceso de enseñanza y aprendizaje de las habilidades y competencias emocionales y sociales, como: autoestima, autoconciencia, empatía, perseverancia, autoconocimiento, autocontrol y el arte de escuchar, entre otros; mediante el acompañamiento y fortalecimiento de la persona en el ejercicio y perfeccionamiento de la misma), sumado a un trabajo de los docentes en equipo y con propuestas curriculares interdisciplinarias. Todas ellas con su marco normativo e institucional (LEY VI – N.° 209; LEY VI – N.° 212, entre otras), bajo el impulso de la Presidencia de la Cámara de Representantes de la Provincia de Misiones. Entonces, nuestra provincia es vanguardista y cuenta con respaldo científico en la concepción y en el diseño de sus políticas públicas.

Volviendo a los aportes de los galardonados por el Premio Nobel de Economía 2019, cabe decir que los experimentos bien diseñados son altamente confiables, ya que tienen validez interna. Este método se ha utilizado ampliamente en ensayos clínicos tradicionales para nuevos productos farmacéuticos, que han reclutado participantes especialmente. La pregunta a menudo ha sido si un tratamiento particular tiene o no un efecto estadísticamente significativo. Los experimentos diseñados por los laureados de este año tienen dos características distintivas. Primero, los participantes tomaron decisiones reales en sus entornos cotidianos, tanto en el grupo de intervención como en el grupo de control. Esto significaba que los resultados de probar una nueva medida de política, por ejemplo, a menudo se podían aplicar en el sitio. En segundo lugar, los científicos premiados confiaron en la idea fundamental de que gran parte de lo que queremos mejorar (como los resultados educativos) refleja numerosas decisiones individuales (por ejemplo, entre alumnos, padres y maestros). Por lo tanto, las mejoras sostenibles requieren una comprensión de por qué las personas toman las decisiones que toman, las fuerzas impulsoras detrás de sus decisiones. Banerjee, Duflo y Kremer no solo probaron si cierta intervención funcionó (o no), sino también por qué. Para estudiar los incentivos, restricciones e información que motivaron las decisiones de los participantes, los galardonados utilizaron la teoría del contrato y la economía del comportamiento. Para mayor información de las contribuciones de los laureados se recomienda leer los antecedentes científicos que la Academia Sueca comparte en su sitio web. El enlace es https://www.nobelprize.org/prizes/economic-sciences/2019/advanced-information/ o bien para acceder directamente al paper, en

https://www.nobelprize.org/uploads/2019/10/advanced-economicsciencesprize2019.pdf.

Otras investigaciones de los economistas premiados referidas a educación, fue cómo la ausencia de incentivos claros y responsabilidad para los maestros, se refleja en un alto nivel de absentismo. Las reformas educativas que adaptan la enseñanza a las necesidades de los alumnos son de gran valor, pero mejorar la gobernanza escolar y exigir la responsabilidad de los maestros con perfeccionamiento y evaluación permanente son determinantes.

Las contribuciones de Banerjee, Duflo y Kremer han alentado e inspirado a una nueva generación de investigadores a seguir su ejemplo.  Debido a su trabajo, los experimentos de campo se han convertido en el método estándar de los economistas del desarrollo al investigar los efectos de las medidas para aliviar la pobreza. En menos de dos décadas, el enfoque microeconómico empírico promovido por Banerjee, Duflo y Kremer ha cambiado la forma en que los economistas del desarrollo llevan a cabo su investigación, logrando nuevos resultados sustantivos y mejorando la capacidad de la humanidad para mitigar la pobreza global.

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La educación como motor del desarrollo económico

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La tecnología, la eficiencia, y la acumulación de factores, entre ellos, el capital humano, son determinantes inmediatos del nivel de renta per cápita de un país.
El supuesto central de la teoría del capital humano es que los individuos invierten en sí mismos para conseguir aumentar sus capacidades productivas; estos incrementos de productividad se traducirán en mayores rentas salariales en el futuro.
El crecimiento y el desarrollo económico genera múltiples abanicos de investigaciones respecto a la incidencia en la distribución del ingreso, en la erradicación de la pobreza, y en la calidad de vida de las personas.
Luego de presentar los orígenes del capital humano, su conceptualización, los tipos de medición, y algunas características principales del mismo, se reflexiona sobre los determinantes del crecimiento y el desarrollo económico. Posteriormente, en el presente artículo se presenta un modelo simple de interdependencia entre el ingreso y el capital humano, utilizando el modelo de Ljungqvist (1993).
 
Introducción
Las mejoras en la salud y en la educación de las personas son centrales en cualquier proceso de desarrollo económico. Ambas, influyen positivamente en las capacidades del individuo para producir. Una persona más educada, y más saludable, puede producir más, mejorando por ende su productividad y, por lo tanto, la recompensa dada por el mercado de trabajo. Si se incrementan los recursos actuales para mejorar la salud o la educación del individuo, se producirá un aumento de la productividad futura de la persona y del ingreso.
El presente artículo tiene como objetivo principal, presentar un modelo simple de interdependencia entre el ingreso y el capital humano, utilizando el modelo de Ljungqvist (1993), para ilustrar tres puntos teóricos importantes. El primero, la retroalimentación entre ingresos e inversiones de capital humano, que puede servir como la base de una teoría de la distribución del ingreso. Es decir, las familias más ricas, pueden invertir más en capital humano, y, por lo tanto, obtener más ingresos en el futuro. Segundo, a largo plazo, con rendimientos marginales crecientes en la inversión de capital humano, los beneficios de invertir en el mismo disminuyen, generando un nivel similar de capital humano en la población. Y, por último, el tercer punto teórico, respecto a que, si todos tienen acceso a las mismas oportunidades de inversión, entonces en el largo plazo, los ingresos y los niveles de capital humano convergerán.
Antes de presentar el modelo, se introduce brevemente a los orígenes del capital humano, la conceptualización, los tipos de medición, y algunas características principales del mismo, el credencialismo, el institucionalismo y el enfoque radical.
Por último, se realiza una reflexión personal sobre los determinantes del crecimiento y el desarrollo económico.

  • El Capital Humano

 
A mediados del siglo XX nace la economía de la educación. Theodore Schultz, profesor de Economía de la Universidad de Chicago, acuña la expresión «capital humano» en una conferencia pronunciada en 1959: «humano» porque está incorporado al hombre, y «capital» porque es fuente de satisfacciones futuras, de ganancias futuras o de ambas cosas.
Con esta expresión quería resaltar la importancia que tiene la formación de las personas sobre la productividad y sobre el crecimiento económico. La conferencia de Schultz constituye, para muchos, el «acta de nacimiento» de la economía de la educación. Durante los primeros años de los sesenta, los trabajos de Schultz, y de otros economistas como Edward Denison y Gary Becker, fueron dando cohesión y coherencia a toda una teoría sobre las inversiones en capital humano: es la «revolución» del capital humano.
La teoría del capital humano es una expresión que hace referencia a la capacidad productiva de los seres humanos, de forma similar a la de cualquier otro stock de capital en cuya producción y mantenimiento se incurre en costos, pero del que se esperan también ingresos. Su desarrollo comenzó a finales de los años cincuenta, a raíz de los trabajos sobre crecimiento económico de Robert Solow. Sin embargo, podemos decir que su nacimiento efectivo se produjo algunos años más tarde, cuando la prestigiosa Journal of Political Economy publicó en 1962 un suplemento sobre «La inversión en seres humanos» (Investment in Human Beings).
El supuesto central de la teoría del capital humano es que los individuos invierten en sí mismos para conseguir incrementar sus capacidades productivas individuales; estos incrementos de productividad se traducirán en mayores rentas salariales en el futuro. Las personas adquieren, por ejemplo, cuidados sanitarios, compran voluntariamente educación, gastan tiempo buscando empleo, compran información acerca de las oportunidades del empleo, emigran buscando mejores oportunidades de empleo, etc. Estos fenómenos (salud, educación, información o emigración) pueden ser considerados como gastos de inversión más que como gastos de consumo.
Hoy día se suele definir el capital humano como los conocimientos, habilidades, competencias y otros atributos incorporados en los individuos (OCDE, 1998). El capital humano se adquiere principalmente a través de la educación formal: en la escuela, en el instituto, en la universidad; pero también en el mercado de trabajo a través de la experiencia y la formación.
El uso del término ‘capital humano’ como concepto aglutinador de un conjunto de factores como ser la nutrición, la salud, la educación formal y la capacitación en el trabajo, centra la atención en el papel de los gastos en estos factores como “inversiones”. Este enfoque es un poderoso dispositivo analítico, y será particularmente útil para explorar los vínculos entre la distribución de los gastos en capital humano y las distribuciones de ingresos y riqueza. Al mismo tiempo, sin embargo, este enfoque no debe restar relevancia al reconocimiento del valor que las personas otorgan a la buena salud y a la educación en sí mismas, aparte de su papel instrumental en la generación de ingresos futuros.
La población de un país pobre, por supuesto, no es uniformemente pobre. Existe una pobreza persistente en aquellos países, y en muchos casos, hay un alto grado de desigualdad de ingresos. Una de las manifestaciones más visibles de esta desigualdad es la gran dispersión en la salud y la educación alcanzada por las personas que viven en cualquier país pobre. En este artículo, se presenta la idea de que existe una causación conjunta entre el ingreso y el capital humano, y que esto, combinado con los rendimientos crecientes de las inversiones en capital humano y mercados de crédito (imperfectos), genera una trampa de la pobreza. Las personas relativamente ricas pueden invertir en capital humano, lo que les permite obtener suficientes ingresos para seguir siendo ricos. A la inversa, los pobres no pueden invertir en capital humano y, por lo tanto, obtienen bajos ingresos y siguen siendo pobres. La causa conjunta de la inversión en capital humano y el ingreso, por lo tanto, puede proporcionar una teoría de la distribución del ingreso.
Los economistas plantean la hipótesis de que el logro educativo, la salud y la nutrición de un individuo afectan la capacidad de trabajo de esa persona. Una mejora en la salud, la nutrición o la educación, incrementa la productividad de una persona y, por lo tanto, su ingreso. De hecho, existe una asociación muy fuerte entre el ingreso familiar (o la riqueza) y estos aspectos del bienestar.
Sin embargo, cualquier investigación empírica de la influencia del capital humano en el ingreso se dificulta por el hecho de que las personas valoran la salud y la educación de ellos mismos y de sus familiares. Las personas más ricas pueden permitirse adquirir más de estos bienes valiosos. La asociación positiva entre el ingreso, la salud y la educación podría reflejar la elasticidad positiva de la demanda de los componentes del capital humano en lugar de un vínculo directo entre el capital humano y la productividad. Algunos de los desafíos de investigar las relaciones empíricas entre el capital humano y el ingreso se presentan también en este artículo.
El nivel y la distribución del capital humano dentro de una economía también tienen efectos importantes en la tasa de innovación tecnológica en esa sociedad.
Que haya una causalidad bidireccional entre el ingreso y el capital humano difícilmente puede ser discutida. Existe claramente un efecto de la demanda de ingresos en cada uno de los componentes del capital humano. La misma frase “capital humano” nos recuerda la causalidad inversa, desde la salud y la educación de un individuo hasta su productividad, salario e ingresos. La fuerza de cada una de estas relaciones, sin embargo, es un asunto empírico y está sujeto a debate continuo.
También hay una fuerte evidencia sobre la fortaleza de la relación inversa, desde aspectos del capital humano hasta la productividad y el ingreso. Considere primero el efecto de la educación en la productividad. Existe una evidencia clara de una fuerte relación positiva entre la escolaridad de un niño y las ganancias futuras de ese niño. Sin embargo, hay una variedad de dificultades conceptuales y estadísticas que complican la interpretación de esta regularidad. Sin embargo, se explica de manera más convincente con referencia al papel de la educación como una inversión en capital humano que aumenta la productividad futura del individuo. Además, parece ser que el aumento de las ganancias asociado con la educación adicional es mucho más alto en los países pobres que en los países ricos [ver Psacharopoulos (1985) y Schultz (1988)].
La posibilidad de que la salud y el estado nutricional de un trabajador afecten su productividad subyace a la noción del salario de eficiencia.
En economía, los salarios de eficiencia son un concepto que se encuadra en el nuevo keynesianismo (especialmente utilizado por los economistas Carl Shapiro y Joseph E. Stiglitz​) para explicar la causa de una parte del desempleo de las economías de mercado contemporáneas.
En economía laboral, la hipótesis del salario de eficiencia argumenta que los salarios, al menos en algunos mercados, están determinados por más que simplemente oferta y demanda. Específicamente, señala el incentivo de los gerentes empresariales de pagar a sus empleados salarios mayores que el promedio del mercado para incrementar su productividad o eficiencia económica. Esta productividad laboral incrementada paga por los salarios relativamente altos. Esta teoría desempeña un papel importante en el análisis económico del mercado laboral.
Existen varias teorías (o “microfundaciones”) sobre por qué los empleadores pagan salarios de eficiencia (salarios por encima de la tasa de mercado), como ser: el evitar el “riesgo moral”, minimizar la rotación de trabajadores, selección adversa, teorías sociológicas y las nutricionales, estas últimas, ya que los salarios de eficiencia pueden permitir a los trabajadores alimentarse lo suficiente para evitar enfermedades y ser capaces de trabajar más arduamente y con mayor productividad. Por último, cabe destacar que el trabajo revisado por Strauss y Thomas (1995) ahora establece claramente que el estado de salud y nutrición son determinantes importantes de la productividad y los ingresos en los países pobres.
Respecto a cómo medir el stock de capital humano, hay, al menos, tres enfoques (OCDE, 1998):

  1. Nivel de estudios de la población adulta, como, por ejemplo, mediante el número promedio de años de educación formal completa y la proporción de adultos que han completado cada ciclo educativo.
  2. Evaluación de las habilidades de la población adulta.

III. Midiendo el capital humano vía salarios.
La pregunta que surge ahora es: ¿por qué mayor educación se traduce en mayores ingresos?
A continuación, se exponen los principales enfoques económicos que intentan explicar la correlación positiva entre niveles de estudios y salarios, y que se pueden reducir principalmente a cuatro: «teoría del capital humano», «credencialismo», «institucionalismo» y «corriente radical».
Cada uno de estos enfoques aporta su propia explicación acerca de las motivaciones que empujan a un sistema económico a premiar monetariamente a los esfuerzos educativos.  Discrepan, básicamente, del significado de la educación desde el punto de vista económico y su relación con la productividad y los salarios.
 

  • La teoría del capital humano versus credencialismo

 
Gary Becker afirmó que los ingresos varían a lo largo del ciclo vital de un individuo de acuerdo con el perfil típico edad-ingresos.
Tal perfil sugiere: bajos ingresos cuando el individuo es joven y sin experiencia; mayores ingresos, hasta alcanzar su máximo, aproximadamente en la mitad del ciclo vital; ingresos inferiores más tarde.
El perfil variaría de acuerdo con el nivel educativo del individuo, con un sucesivo movimiento ascendente en el perfil asociado con niveles mayores de educación
Los «perfiles edad-ingresos» tradicionales son relaciones simples que demuestran cómo la estructura de ingresos de los individuos está distribuida a través de la edad y el nivel de educación (ver gráfico n° 1).
El gráfico nos describe cinco características fundamentales del modelo:

  1. los ingresos aumentan con la edad, alcanzando un máximo, y luego comienzan a decrecer.
  2. El perfil es más elevado, cuanto mayor es el nivel de educación.
  3. El nivel absoluto de ingresos, a cualquier edad, es mayor para las personas con mayor educación (I3> I2 > I1)
  4. El diferencial de ingresos, a cualquier edad, tiende a aumentar con el nivel de educación (b > a).
  5. Cuanto mayor es el nivel de educación, más rápido es el aumento de los ingresos


Gráfico 1. «Perfiles edad-ingresos»: el modelo del capital humano
Fuente: Extraído de (Salas Velasco, 2008, p. 178)
 
El más completo (y desarrollado) modelo teórico que nos permite comprender la relación educación-ingresos es el «modelo del capital humano» [Becker (1964); Mincer (1974)].
Según la «teoría del capital humano», el proceso educativo supone invertir en una forma de capital (capital humano) que incrementa la capacidad productiva de las personas; cuanto mayor sea el nivel educativo alcanzado por estas, más productivas serán y, en consecuencia, la disposición de las empresas a pagarles salarios más elevados será también mayor.
Por tanto, esa mayor productividad de las personas con más estudios justificaría las diferencias salariales en un mercado competitivo
Los principales autores del credencialismo—como Arrow (1973), Spence (1973) o Stiglitz (1975)— sostienen que, al caracterizarse el mercado de trabajo por la información imperfecta los empleadores recurren a un conjunto de indicadores o señales para identificar a los individuos más capaces (o «hábiles») en los procesos de contratación.
La educación puede ser una buena señal para este objetivo, porque el sistema educativo, al ir imponiendo pruebas y obstáculos de dificultad creciente, actúa como un «filtro» que separa a los más capaces de los menos capaces.
Los primeros pueden lograr un mayor nivel educativo y ganar mayores salarios, puesto que una mayor educación es una señal para los empleadores de que estos individuos son más hábiles —consecuentemente más productivos en la empresa y, por tanto, recompensados con mayores salarios—
En definitiva, y al igual que el «enfoque del capital humano», los salarios reflejan productividad (se paga más al más productivo), pero la «corriente credencialista», a diferencia de la «teoría del capital humano», sostiene que un mayor número de años en el sistema educativo no aumenta la productividad de los individuos, sino que un mayor número de años en el sistema educativo acumulando títulos, credenciales, etc., es una señal de más capacidad.
Y si las empresas encuentran realmente que aquellos con más educación son más productivos, continuarán usando la educación como una señal de productividad más alta, aunque la educación, en sí misma, no tenga nada que hacer con el aumento de la productividad.
 

  • La interpretación institucionalista y el enfoque radical

 
Para las «teorías institucionalistas» (lado de la demanda de trabajo), la relación de causalidad educación-productividad-salarios hay que buscarla en la empresa, y no en los individuos.
Para autores institucionalistas como Doeringer y Piore (1971, 1983) y Thurow (1975, 1983), la productividad está en el puesto de trabajo y no en los individuos como implícitamente suponen las teorías anteriores.
En el «modelo de competencia por los puestos de trabajo» de Thurow (1975, 1983), los empleadores diseñan los puestos de trabajo asignándoles niveles de responsabilidad, posibilidades de promoción, cantidad de entrenamiento y formación, salarios, etc.
Estos puestos forman una cola («cola de los puestos»), estando en la cabeza los mejores: mayores salarios, posibilidades de promoción y alta responsabilidad.
En el mercado de trabajo, de acuerdo con este modelo, los individuos no compiten por salarios, sino más bien por puestos de trabajo.
No obstante, el modelo también contempla otra cola para los empleados potenciales («cola de las personas»), estando aquellos con más educación a la cabeza de la cola. ¿Por qué? El empleador busca en la mayor cantidad de educación un indicador de adaptabilidad rápida de la persona al puesto (mayor entrenabilidad) y, en un momento posterior a la contratación, un indicador de la mayor capacidad de estos individuos para absorber la formación.
Por tanto, aquellos individuos con un mayor nivel educativo se beneficiarán más de las oportunidades de conseguir los mejores empleos al ubicarse en los primeros puestos de la cola, y más probable será que obtengan altos niveles de ingresos (al ser puestos mejor remunerados).
Respecto a la “Dualización del mercado de trabajo” esta corriente contempla el mercado de trabajo dividido en dos segmentos o mercados: primario y secundario (Reich et al., 1973).
En el «mercado primario» están los «buenos trabajos». Este mercado se caracteriza por la estabilidad y seguridad en el empleo, tasas salariales altas y uso de tecnologías relativamente avanzadas e intensivas en capital.  En este segmento se sitúan los trabajadores mejor formados y cualificados, y suele existir presencia de sindicatos.
Por el contrario, en «el mercado secundario» las condiciones de trabajo conllevan bajos salarios, escasa formación, alta inestabilidad en el empleo y elevada rotación.
Para los dualistas, la asignación de los trabajadores a cada segmento del mercado de trabajo vendrá determinada por las oportunidades laborales de las personas.
El tener acceso o no al «mercado primario» condiciona poder acceder a buenos trabajos (con altos salarios) y a tener formación en la empresa.
Otra teoría es la denominada “La teoría de los mercados internos de trabajo”. Un mercado interno de trabajo (MIT) se contempla como una especie de escalera laboral con un determinado número de puestos jerarquizados de acuerdo con las cualificaciones requeridas para su desempeño, antigüedad en la organización, etc.  Las empresas contratan a los trabajadores desde el mercado externo para los puestos base: puestos que requieren menor nivel de responsabilidad y cualificación y están, consecuentemente, peor retribuidos. El mercado interno y el mercado externo se conectan a través de los llamados «puertos de entrada/salida».
Gracias a este punto de conexión entre ambos mercados los individuos pueden entrar en la organización, cubriendo un puesto de baja responsabilidad y remuneración.
El resto de puestos son asignados internamente por la empresa, promocionando a los trabajadores internos a través de escaleras laborales bien definidas en la organización.
Para los institucionalistas, como Doeringer y Piore (1971, 1983), los empleados de una empresa tienen unos derechos y privilegios adquiridos que los protegen de la competencia externa.
Generalmente, entre esos derechos se encuentran determinadas garantías de seguridad en el empleo y posibilidades de ascenso.
El resultado final puede ser que los individuos «más educados» tengan más probabilidad de entrar en la empresa a través de los «puertos E/S», ascender rápidamente y llegar a obtener mayores ingresos.
Un enfoque alternativo para explicar la correlación existente entre educación e ingresos procede de los economistas radicales o marxistas.
Los autores de la «escuela radical» proponen una interpretación totalmente diferente del vínculo entre educación, productividad e ingresos.
Desde su punto de vista, en los ingresos percibidos por los individuos influye la inteligencia y el origen socioeconómico (por ejemplo, el nivel educativo de los padres).
La publicación, en 1976, de la obra Schooling in Capitalist America, de Bowles y Gintis, desafía claramente al «enfoque del capital humano», y ha llegado a convertirse en la referencia bibliográfica más habitual sobre el pensamiento radical en economía de la educación.
Bowles y Gintis (1976) afirman que la educación aumenta la productividad de los trabajadores.
Sin embargo, argumentan que el nexo de unión entre educación y productividad no es la adquisición de cualificaciones, como mantiene la «teoría del capital humano», sino la reproducción de la estructura de clases de la sociedad.
Una vez que se tienen en cuenta otros factores como el cociente intelectual o la procedencia socioeconómica, el efecto de la educación sobre los ingresos de los individuos es poco importante.
 

  • Un modelo simple de interdependencia entre capital humano e ingreso

 
Esta sección examina las implicaciones de la interdependencia entre el ingreso y el capital humano utilizando un modelo adaptado de Ljungqvist (1993).
Comenzamos suponiendo que todos los agentes tienen las mismas preferencias y habilidades básicas. Los agentes viven para siempre y maximizan una función de utilidad estándar, adicionalmente separable,
0e-ρtUctdt, (1)
Donde ct es el consumo al momento t de un solo bien que se produce. El bien se comercializa a nivel internacional y la producción de cada país está determinada por los rendimientos constantes de la función de producción a escala utilizando capital físico (Kt), trabajo no calificado (Ut), trabajo calificado (St), es decir, F(Kt,Ut,St). Un trabajador no calificado puede transformarse (instantáneamente) en un trabajador calificado utilizando γ(1) trabajadores calificados (educadores). Esta educación le permite al trabajador mantenerse capacitado por un período, después del cual debe ser reentrenada. La interpretación natural es que cada período representa una generación, y que los agentes representan un tipo de dinastía familiar.
Consideraremos solo los equilibrios de estado estable; por lo tanto, eliminamos el subíndice de tiempo t de toda notación.
Hay tres tipos de empleo: trabajar como obrero calificado (S), trabajar como educador (E) y trabajar como obrero no calificado (U).
Normalizando la población a 1, tenemos que S+E+U=1. Sea H el número de trabajadores educados. Entonces, S+E=H. Al recordar que los trabajadores educados deben recibir una nueva capacitación después de un período, se puede ver que, en un estado estable, el número de maestros requeridos para mantener la reserva H de trabajadores educados es E=γH. Por lo tanto, el número de trabajadores calificados que participan en la producción es S=1-γH, y el número de trabajadores no calificados es U=1-H. Suponemos que los trabajadores no pueden pedir prestado para financiar su educación. Por lo tanto, el costo de la educación (el salario del maestro) debe acumularse como ahorro antes de que un trabajador pueda ser educado.
Ahora se puede ver que el estado de la economía del país (en estado estable) está determinado completamente por el número de trabajadores educados, H. El capital físico se comercia internacionalmente a una tasa de descuento igual a ρ. Por lo tanto, para cualquier número de trabajadores educados, el stock de equilibrio de capital en el país está determinado implícitamente por
ρ=F3(1-γH, 1-H, KH) (2)
Donde el subíndice i indica la derivada parcial respecto al i-ésimo argumento. De hecho, los salarios de los trabajadores con educación (los calificados y los educadores) y los sin educación, están determinados por:
wsH=F11-γH, 1-H, KH,
wuH=F2(1-γH, 1-H, KH)
(3)
La tasa de retorno de la inversión en capital humano r(H) se determina implícitamente por
wsH=01e-rHTwsHwUHdT (4)
El lado izquierdo de la ecuación es el costo de la educación, mientras que el lado derecho, es el valor descontado del incremento de los salarios como consecuencia de la educación.
Un número de trabajadores educados H caracterizará un equilibrio de estado estable siempre que, a los precios de los factores determinados por ese número: a) los trabajadores educados eligen mantener su capacitación (pagando por un reentrenamiento nuevo en cada período) y, b) los trabajadores sin educación eligen no invertir en educación.
Los trabajadores educados elegirán mantener su educación si la tasa de rendimiento del capital humano como se define en (4) es al menos tan alta como ρ, el rendimiento de la inversión en capital físico. Este será el caso siempre que la diferencia salarial entre trabajadores capacitados y no capacitados sea lo suficientemente grande.
Si asumimos que la tecnología es tal que la tasa marginal de sustitución entre trabajadores calificados y no calificados disminuye para cualquier K positivo, entonces la diferencia salarial disminuye en H.
Por lo tanto, si existe un H* tal que rH*, entonces rH para todo H<H*.
Es decir, si hay un número de trabajadores capacitados de tal manera que el diferencial salarial en un estado estable sea lo suficientemente grande como para que el retorno a la capacitación sea tan alto como el retorno del capital físico, entonces el retorno a la capacitación será mayor que el retorno al capital físico para cualquier estado estacionario con un número menor de trabajadores capacitados.
La existencia de algún H *> 0 está garantizada si la tecnología educativa es lo suficientemente productiva en relación con el rendimiento del capital físico, y si
wu=0  ⋏ ws>0    (5)
Las suposiciones en (5) garantizan que, a medida que disminuye el número de trabajadores calificados, la proporción entre el salario calificado y el no calificado se hace arbitrariamente grande.
Por lo tanto, hay una serie de trabajadores educados H *> 0 en los cuales el retorno de la inversión en educación es al menos tan alto como el retorno de tener capital físico. En estados estables con este o un número menor de trabajadores educados, las dinastías de trabajadores educados elegirán invertir en la educación en cada generación sucesiva de trabajadores.
Ahora queda por ver si existe un número de trabajadores educados H (0, H *), de manera que los trabajadores sin educación no invierten en educación y, por lo tanto, permanezcan empleados como mano de obra no calificada. Si es así, entonces este número de trabajadores educados caracteriza un equilibrio para esta economía.
Dado que, para cualquier número de trabajadores educados H (0, H *), el retorno a invertir en educación es al menos tan alto como el de invertir en capital físico, los trabajadores sin educación optarían por invertir en educación si tuvieran suficiente capital, o si pudieran pedir prestado para financiar la capacitación. Por lo tanto, nuestra suposición de un mercado de capital imperfecto, de manera que las ganancias laborales futuras no puedan servir como garantía para un préstamo para educación, es esencial. Si hubiera un mercado de capitales perfecto, no podría haber un estado estable con H < H *, y la gente sería indiferente entre invertir en educación e invertir en capital físico.
Considere a un individuo sin educación y sin activos. La tasa de preferencia de tiempo es igual a la tasa de interés, por lo que el mismo prefiere un flujo constante de consumo. Si decide permanecer sin educación, su flujo constante de consumo es
cu=wu (6)
Una vez que la persona ha sido capacitada, puede consumir a la tasa constante de
cs=ws (7)
El individuo puede convertirse en un trabajador educado pagando el costo ws. Para acumular los ahorros necesarios para pagar la capacitación, deberá reducir su consumo por debajo de cu durante algún periodo. Durante esta fase de acumulación, será óptimo elegir un flujo de consumo constante, ca<cu. Dado ca, el tiempo T(ca) que tomará acumular ws está determinado por
0T(ca)eρtwucadt=γws (8)
Este trabajador no educado puede elegir un bajo consumo actual con una rápida acumulación y, por lo tanto, una educación temprana, o un mayor consumo actual con una acumulación más lenta, y un retraso mayor hasta que logre el mayor nivel de consumo de cs. El individuo elige entonces ca de la siguiente manera:
0T(ca)e-ρtUcadt+T(ca)e-ρtUcsdt, (9)
Sujeto a ca<wu.  
Si se supone que c* resuelve la ecuación (9), el trabajador decidirá no invertir en educación si
0T(c*)e-ρtUc*dt+T(c*)e-ρtU(cs)dt≤0e-ρtUcudt (10)
Considere la desigualdad (10) como H → 0. Dadas las suposiciones en (5), a medida que el número de trabajadores educados disminuye, el salario no calificado se aproxima a cero, mientras que el salario calificado permanece alejado del cero.
c *, que es estrictamente menor que el salario no calificado, se acerca a cero más rápido que el salario no calificado. Al mismo tiempo, el costo de la educación ws aumenta en relación con el salario no calificado.
El tiempo que lleva acumular los ahorros requeridos para la capacitación aumenta. Si se realiza el supuesto tradicional de Inada de que la utilidad marginal del consumo se aproxima al infinito a medida que el consumo se acerca a cero, entonces la pérdida de la utilidad para renunciar al consumo para acumular ahorros para la educación supera la ganancia retrasada de un mayor consumo en el futuro.
Para cualquier H suficientemente pequeño, la desigualdad (10) se mantiene y un trabajador sin educación y sin activos permanece sin educación. Cualquier H ≤ H * para el cual (10) se mantiene, puede ser un equilibrio.
Los trabajadores educados optan por seguir siendo calificados. (H es menor o igual que H *, por lo que el retorno de la inversión en educación es al menos tan grande como el retorno al capital físico). Los trabajadores sin educación y sin activos siguen sin ser calificados y sin activos, porque el costo de renunciar al consumo por mucho tiempo lo suficiente para acumular los ahorros necesarios para financiar la capacitación, es demasiado alto.
 

  • Algunas reflexiones personales sobre los determinantes del crecimiento y desarrollo económico

 
Un objetivo importante de los países pobres es el desarrollo económico y el crecimiento económico. Los dos términos no son idénticos. El crecimiento puede ser necesario, pero no suficiente para el desarrollo. El crecimiento económico se refiere a aumentos en la producción o ingreso per cápita de un país. La producción generalmente se mide por el producto bruto interno (PBI) o la producción total de bienes y servicios de una economía. El desarrollo económico se refiere al crecimiento económico acompañado por cambios en la distribución del producto y la estructura económica.
Al igual que con los niños, por ejemplo, el crecimiento implica un énfasis en las medidas cuantitativas (altura o, en términos económicos el PBI), mientras que el desarrollo centra su atención sobre los cambios en las capacidades (como la coordinación física y la capacidad de aprendizaje o en términos económicos, la capacidad de la economía para adaptarse a los cambios en los gustos y la tecnología).
La acumulación de factores, la tecnología y la eficiencia son determinantes inmediatos del nivel de renta per cápita de un país. Es decir, afectan directamente a la renta. Según mi opinión, estas tres medidas son los únicos determinantes inmediatos de la renta y de la producción. Cualquier diferencia de renta per cápita entre dos países tiene que deberse a alguna combinación de diferencias de estos tres determinantes; asimismo, cualquier crecimiento de la renta per cápita de un país tiene que deberse al crecimiento de uno o más de estos determinantes.
Pero el análisis de los determinantes inmediatos de la riqueza o de la pobreza de un país no nos dice todo lo que queremos saber. Decir que un país es pobre porque tiene un bajo nivel de acumulación de factores, tecnología o de eficiencia no es responder totalmente a la pregunta de por qué es pobre. Es vital comprender los determinantes fundamentales o más profundos que subyacen a estos determinantes inmediatos.
Un elemento que influye especialmente en los tres determinantes inmediatos de la renta es la conducta de los gobiernos. Los gobiernos influyen en la acumulación de factores (por ejemplo, brindando educación) y en el progreso tecnológico (por ejemplo, financiando la I+D, es decir la investigación y el desarrollo), pero especialmente en la eficiencia de la economía. Estableciendo las reglas del juego de las empresas y los trabajadores, influyen de una manera determinante en la cantidad de esfuerzo que se dedica a las actividades productivas frente a las improductivas y en la forma en que se organiza la producción en la economía. Generalmente, los países pobres tienen un gobierno negativo para el crecimiento en varios aspectos: hay más corrupción política, se despilfarra más y se tiende más a limitar el comercio y la formación de nuevas empresas. Igualmente, no está tan claro hasta qué punto un mal gobierno es una causa o un síntoma de la pobreza en estos países.
Por lo que se refiere a otros determinantes fundamentales posibles del desarrollo económico de un país, como, por ejemplo, la desigualdad de la renta, la cultura y los factores geográficos, no está tan claro la dirección de las consecuencias que los mismos generan. ¿Con esto que quiero decir? La desigualdad de la renta produce tanto efectos positivos como negativos en la acumulación de factores de la producción. La presencia de un nivel mayor de desigualdad es positiva para la acumulación de capital físico, pero negativa para la acumulación de capital humano. La desigualdad de la renta influye, sobre todo, a través de su relación con el gobierno: en los países en los que hay desigualdad hay más inestabilidad política y más presiones para que se redistribuya la renta, aunque no necesariamente más redistribución real. La otra conclusión destacada sobre la desigualdad de la renta es su persistencia; en los países en los que hay más desigualdad, las raíces de la desigualdad actual de la renta se remontan a muchos siglos atrás.
En el caso de la geografía, ésta afecta al crecimiento y no al revés. Un claro ejemplo: la estrecha correlación entre el nivel de PBI per cápita y los factores geográficos como la distancia con respecto al ecuador constituye una prueba clara de que la geografía ha sido una de las fuerzas que han determinado la distribución mundial actual de la renta. Pero la vía exacta a través de la cual influye la geografía (a través de su influencia histórica en las instituciones, de su influencia en la productividad agrícola o de su influencia en el entorno relacionado con las enfermedades) está menos clara.
Con respecto a la cultura, no existe todavía en la ciencia económica, un método certero que pueda identificar cuál es el sentido de la relación causal entre el crecimiento económico y la cultura. Algunos de los aspectos que se toman en cuenta son: la apertura de las nuevas ideas por parte de la sociedad, el esfuerzo o la concepción del valor del trabajo respecto al ocio, la predisposición al ahorro, el valor de la confianza o la honestidad como filosofía de vida, y la influencia del capital social. Este último se refiere al valor de las redes sociales que tienen los individuos y de la tendencia de los miembros de esas redes a hacer cosas los unos para los otros. El capital social es el pegamento que hace posible que la sociedad se mantenga unida. Facilita la confianza, la información fluye fácilmente dentro de las redes sociales, por lo que en una sociedad que tenga una buena red social sus miembros aprovecharán eficientemente las oportunidades económicas. Por último, y referido a la cultura, quiero mencionar la influencia de la capacidad social. Dicha capacidad, se refiere a las cualidades sociales y culturales que permiten a un país aprovechar las oportunidades económicas. La capacidad social incluye: la experiencia de la población en la organización y la gestión de grandes empresas; la capacidad de los residentes de un país para aprovechar la economía de mercado, por ejemplo, por medio de la especialización y el comercio; una actitud compatible con la ciencia empírica, es decir, una creencia en la causa y el efecto, en contraste con la superstición y la magia; y una visión social que pone el acento en la vida en la tierra, en lugar de considerar que ésta es relativamente poco importante en comparación con la existencia espiritual. Los países cuya economía está subdesarrollada, pero tiene suficiente capacidad social, pueden aprovechar las oportunidades que brinda la interacción con el mundo desarrollado, a través de la transferencia de tecnología, el comercio, y los movimientos de capitales. Esos países conseguirían rápidamente los mismos niveles de vida que tienen los países líderes. Los países pobres que carecen de capacidad social estarán condenados al estancamiento económico. Aunque existen fundadas razones para creer que las cualidades que engloba la capacidad social influyen significativamente en el proceso de desarrollo económico, la capacidad social es difícil de medir.
Los determinantes fundamentales, que actúan a través de la acumulación de factores, del desarrollo tecnológico y de la eficiencia de la producción, son las fuerzas últimas que determinan el destino económico de un país. Pero sería presuntuoso decir que los determinantes fundamentales marcan el destino. En la explicación de las causas por las que unos países son ricos y otros son pobres, se debe tener en cuenta los accidentes históricos, como la ascensión de un líder sin escrúpulos en un momento clave de la historia de un país
Por último, los determinantes fundamentales no siempre afectan de la misma forma a la economía. Las características de un país perjudiciales para el crecimiento en el pasado pueden ser irrelevantes o incluso beneficiosas gracias al progreso tecnológico o a otros cambios de la estructura de la economía mundial.

Conclusión

El modelo expuesto proporciona una teoría simple de la desigualdad de ingresos persistente generada por las desigualdades en el capital humano. Los ricos pueden permitirse invertir en capital humano y, como consecuencia, ganar altos ingresos y seguir siendo ricos. Los pobres no pueden costearse la capacitación y, por lo tanto, obtienen bajos ingresos y siguen siendo pobres. Hay dos características del modelo que son esenciales que genera esta desigualdad persistente. Primero, existe una imperfección crucial en los mercados de crédito. Los trabajadores no pueden pedir prestado para financiar su educación, presumiblemente porque el aumento de las ganancias futuras de la capacitación no se puede prometer como garantía para un préstamo. Si los préstamos educativos estuvieran disponibles, entonces, mientras la educación fuera una inversión valiosa (es decir, mientras el rendimiento de la educación fuera al menos tan grande como el rendimiento del capital físico), los trabajadores sin educación simplemente pedirían préstamos suficientes para financiar “capacitación”, repagando el préstamo con el consiguiente aumento de ganancias. La desigualdad de ingresos no persistiría sin un fracaso del mercado crediticio.
En segundo lugar, existe una fuerte forma de rendimientos crecientes de la inversión en capital humano. En este modelo, un trabajador es educado o no, por lo que la educación no es divisible. Esto trae como consecuencia directa que un pequeño gasto en capacitación (menos de lo que se requiere para capacitar completamente a un trabajador) no genera retorno alguno. Es la dificultad de reducir el consumo lo suficiente, y durante el tiempo suficiente, para ahorrar la suma global requerida para financiar la educación, lo que impide que los trabajadores sin educación se capaciten. Si la inversión en capital humano, en cambio, mostrara rendimientos decrecientes “normales”, los trabajadores sin educación acumularían gradualmente la educación hasta que todos los trabajadores estuvieran igualmente bien capacitados.
Finalmente, cabe señalar que los supuestos de un mercado de capital imperfecto y los rendimientos crecientes de la inversión en capital humano (junto con la variedad de supuestos técnicos más específicos que se ha realizado) generan no solo una teoría de la distribución del ingreso, sino también equilibrios continuos. Se ha visto que es posible tener equilibrios de estado estable con toda una gama de trabajadores capacitados. Los equilibrios de estado estable existen con un gran número de trabajadores capacitados, un diferencial relativamente bajo entre salarios calificados y no calificados, y una tasa de retorno a la educación que solo es igual al retorno de la inversión en capital físico. También existe con un pequeño número de trabajadores capacitados, grandes diferencias en los salarios obtenidos por trabajadores calificados y no calificados, un retorno a la educación muy alto y un grupo de trabajadores no entrenados que no pueden permitirse reducir su consumo lo suficiente como para ahorrar los fondos requeridos para la formación.
Este modelo es solo uno de los varios mecanismos posibles a través de los cuales la interacción entre el capital humano y el ingreso puede generar trampas de pobreza y una desigualdad de ingreso persistente. Es importante mencionar que existen otros posibles mecanismos, como la nutrición, las externalidades asociadas a lugares geográficos cercanos, y las imperfecciones del mercado crediticio que interactúan con la elección laboral para producir una trampa de la pobreza persistente.
 
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