Delfina Rossi

Economista. Docente.

¿Por qué molesta tanto la clase media?

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En el país de no me acuerdo, andamos un poco perdidos sobre la pertenencia a la clase social.

Si todos somos clase media, nadie lo es. La sociología ya identificó ese problema de autopercepción hace rato: los ricos creen que simplemente son clase media, y los trabajadores y trabajadoras empobrecidas se sienten clase media porque quizás viven en la casa que pudieron dejarles sus padres, aunque sus ingresos nunca hubiesen permitido el sueño de la casa propia, o por tener un celular flip a pesar de pagar el mínimo de la tarjeta de crédito.

Así, en el país de no me acuerdo, andamos un poco perdidos sobre la pertenencia a la clase social. Hay una confusión que radica en diferenciar flujos de stock, es decir si bien por ingresos (flujo) uno puede tener una u otra pertenencia de clase, por riqueza (stock) puede tener otra. Y normalmente el stock también da círculo social, relaciones y el famoso capital social del que hablaba Bourdieu. Pero la confusión es muy coherente también con el clima de época: para los libertarios las clases no existen, son solo individualidades.

Pero esa clase media, que Svampa caracteriza como una clase que intenta comportarse como una clase alta y vota en contra de sus intereses, identifica a la educación y al consumo cultural como su escalera de ascenso social. Y ese acceso está puesto en jaque hoy por las políticas de ajuste de Javier Milei.

En septiembre, una pareja con dos hijos (as) en la Ciudad de Buenos Aires y teniendo casa propia, tenía que juntar $993.854 para no ser pobre, mientras que en septiembre del 2023 ese monto era de $322.275, es decir se triplicó la línea de pobreza. ¿Y los salarios? Bien gracias, ahí siguen planchados (o recuperándose muy de a poquito) para garantizar el ancla antiinflacionaria y de reducción del riesgo cambiario que necesita el Sr. Presidente.

Volvamos a la clase media. Ese mismo informe de informe del GCBA, indica que para considerarte clase media en la Ciudad si estás en pareja y tenés hijos y también casa propia (detalle no menor), necesitas ganar entre $1.548.416 y $4.954.931 por mes. Insisto, si ganás con tu pareja $1.500.000 y pagan alquiler, pertenecen un sector medio frágil o no pobres vulnerables. Esto implica que es muy sencillo que con una pequeña variación del tipo de cambio, aumento de tarifas, o que tengas que afrontar un gasto extraordinario, entonces te caigas en la pobreza.

¿Qué hicimos mal para caernos de la clase media? Nada. O sí, facilitarle la autopista a Milei para este gobierno. La clase media argentina o el “medio pelo” como diría Jauretche, abultada gracias a los años de incorporación de los trabajadores y trabajadoras a las políticas del Estado a partir del primer peronismo y luego con el kirchnerismo, reniegan de su origen y pierden perspectiva política al mimetizarse con la cultura dominante de las clases altas. Pero hoy, que no alcanzan sus bolsillos para comprar los famosos AL30, para aprovechar la caída del riesgo país para comprar CEDEARS, que no disfrutan la caída de los precios de los bienes finales importados porque usan la tarjeta de crédito para ir al supermercado o pagar el ABL, hoy, esa clase media está fragmentándose, una vez más, al igual que sucedió en los 90s.

Puede que esa clase media aún no se sienta interpretada por el peronismo, pero desprecia las formas de Milei, la incapacidad de sostener el INCAA, le indigna que la misma Mirtha Legarnd sea su representante de valores básicos de convivencia de la Argentina. Porque es también ese grupo social el que aprovecha las obras sociales financiadas por el trabajo y los sindicatos, la cultura en las calles, en los teatros, en los museos. Es también quien usa el subte, el tren, el colectivo. Sufre la inseguridad, está preocupada por los cortes de luz, y le llegan facturas de servicios que poco tienen que ver con sus ingresos. Hoy la clase media, que quizás se había olvidado de su carácter intrínsecamente de laburante, se ve contra la espada y la pared del juego de Milei.

La realidad es que Javier Milei, Caputo y Sturzenegger no necesitan de la clase media para validar su apoyo social y político. La troika argentina dispone de otros mecanismos “neofacistas” de dominación, y sabe que la clase media es la que piensa, cuestiona y defiende intereses democráticos. Esa clase media molesta al proyecto político de Javier Milei, porque también quiere comer de la torta de los milmillonarios.

Hoy esa clase que era media puede que aún se encuentre en estado de shock, desconcentrada, cansada, agotada, desanimada. Pero solo cabe mirar a los pibes y pibas de las universidades y de las secundarias que defienden nuestras casas de estudios, para saber que la única salida es construyendo nuevamente la alianza con quienes han sido históricamente excluidos y vulnerados pero que son el alma de nuestra patria. Es el 99% del país contra el 1% que representa la troika de Milei.

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Elegir quién negocia con el FMI

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Alguna vez leí que el éxito o el fracaso de un gobernante debería medirse según cuántos grados de libertad le deja a su sucesor. Solo con esta vara ya podemos determinar que el gobierno de Mauricio Macri fue nefasto, porque dejó al país en una situación de extrema vulnerabilidad macroeconómica y con un tutor externo: el FMI.

Repasemos datos conocidos pero olvidados muchas veces. Cristina Fernández de Kirchner entregó una economía desendeuda en dólares pero en diciembre del 2015, Juntos por el Cambio inició el proceso de liberalización cambiaria, desregulación del mercado capitales y del comercio exterior que terminó, como era esperado, en el FMI. En junio del 2018, el organismo internacional le otorgaba 50 mil millones de dólares a la Argentina, con la absurda condición de devolverlo en solo tres años, cláusula de imposible complimiento. Entre junio y diciembre del 2018 la devaluación del peso fue del 52% y lo salarios registrados cayeron 10% en términos reales. La inflación anual llegó al 50% casi el doble respecto a la del 2017.

El gobierno del Frente de Todos cuando asume en diciembre del 2019 y frena los desembolsos, quedando la deuda en 44 mil millones más los intereses, y la enorme tarea de tener que renegociar las condicionalidades, y al mismo tiempo gobernar: ganar grados de libertad, ir recuperando márgenes de maniobra para poder elaborar un programa económico propio con objetivos nacionales, garantizando el crecimiento económico, la actividad industrial, la generación de empleo.

¿Qué está sucediendo en estas semanas? El acuerdo renegociado con el FMI obliga ahora a la Argentina a tener revisiones trimestrales para obtener desembolsos parciales del acuerdo de facilidades extendidas y poder afrontar los absurdos vencimientos del primer programa de Stand-by. Así, en estos días el equipo de Sergio Massa tuvo que reordenar las prioridades a cumplir con el FMI y conseguir un acuerdo a nivel de los equipos técnicos sobre la quinta y sexta revisión, en un contexto de extrema vulnerabilidad de las reservas internacionales producto de la mayor sequía de los últimos 100 años, que dejó al país sin 20.000 millones de USD de exportación. En suma, esta negociación le permitirá al país acceder a 5,5 mil millones de DEGs (la moneda del FMI), que son equivalentes a 7,3 mil millones de USD.

El objetivo ha sido buscar medidas que efectivamente ayuden a fortalecer la acumulación de reservas y al mismo tiempo bloquear la demanda del FMI originaria de devaluar la moneda nacional. Nuevamente, el entendimiento que se alcanzó a nivel técnico muestra la diferencia cuando quién negocia frente al FMI es un gobierno que defiende su soberanía y al trabajo argentino, frente a un gobierno entreguista como el de Juntos que aplicó las medidas ortodoxas del fondo: devaluación y ajuste fiscal, que generó recesión y pobreza.

Un poco más de memoria. El gobierno de Macri siguió con el recetario neoliberal en el 2019. La devaluación al 9 diciembre fue del 59%, los salarios registrados cayeron 7% descontada la inflación, siendo que está última llegó al 54% anual. Para coronar, a pesar de los 45 mil millones de dólares que desembolsó el FMI entre 2018 y 2019, las reservas internacionales cayeron por 5 mil millones de dólares. Como decía Néstor Kirchner, “los muertos no pagan las deudas”. Argentina necesita sostener el crecimiento económico, la producción industrial y el empleo, y ese objetivo lo debería compartir el FMI.

La reciente negociación que cerró Sergio Massa respetó el máximo objetivo de cuidar el trabajo de los argentinos y evitar un shock inflacionario.

A su vez, en la medida de incluir en los bienes el impuesto PAIS a una tasa del 7,5%, se dejó afuera a los insumos y bienes intermedios vinculados en forma directa a productos de la canasta básica alimentaria. Cumplir con el Fondo no puede implicar que a los argentinos les cueste poner un plato de comida sobre la mesa.

Obviamente, lo ideal sería no tener al organismo incumbiéndose en nuestra economía pero gracias a Macri sobre eso hoy no podemos hacer nada.

En las próximas elecciones también vamos a estar eligiendo quién negocia con el principal prestamista del país. Los argentinos y las argentinas pueden fácilmente comparar quien defendió mejor sus intereses desde el 2018 a hoy.

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