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Darín lleva su Nieve Negra al espacio INCAA de Oberá

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A partir del jueves el Espacio INCAA Oberá reinicia su ciclo de proyecciones en la imponente sala del Cine Teatro con dos importantes producciones argentinas: “Nieve Negra” y “La máquina de hacer estrellas” (3D).

El Espacio INCAA Oberá ofrecerá funciones de jueves a domingo, en horarios entre las 18 y 22 horas, con entradas accesibles para que los obereños disfruten de los últimos estrenos nacionales.

La película de suspenso “Nieve negra” abre la programación 2017 de la sala misionera. Protagonizada por Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín y Laia Costa, y con la participación de Federico Luppi y Dolores Fonzi; el film coproducido entre Argentina y España, es una propuesta tentadora para acercarse al Cine Teatro.

La película puede describirse como un thriller psicológico en un marco natural de gran belleza e impacto visual. “Salvador es hombre de pocas palabras que vive aislado en el medio de la Patagonia. Su silencio obedece a un hecho trágico sucedido en su juventud que lo alejó del resto de su familia. Sin embargo, el pasado lo encuentra en la figura de su hermano Marcos quien, luego de la muerte de su padre, llega junto a su esposa Laura hasta la cabaña para tratar la venta de los terrenos que comparten por herencia. El cruce, en medio de ese paraje solitario e inaccesible, reaviva un secreto dormido durante años”.

“Nieve Negra” puede verse en el Espacio INCAA Cine Teatro Oberá, el jueves 9 a las 20 y 22 hs, el viernes 10, sábado 11 y domingo 12 de febrero, a las 22hs. Valor de la entrada $40. Clasificación: apta para mayores de 16 años con reservas.

La otra propuesta para este fin de semana es “La máquina de hacer estrellas”. La película de animación en 3D nos transporta a un universo imaginario a través de la historia y los maravillosos personajes.

La película tiene como protagonista a Pilo, un chico extraterrestre que vive con su madre (su padre ha desaparecido) en una pequeña casa ubicada en uno de los asteroides del cinturón que rodea al planeta Ankj. Obsesionado con las estrellas y el universo, nadie parece prestarle demasiada atención, con la excepción de su abuelo, que le cuenta cada noche historias respecto de la existencia de una máquina que las produce. Cuando las estrellas comienzan a desaparecer, Pilo iniciará un largo periplo para encontrar el artefacto y recuperarlas.

“La máquina de hacer estrellas” en 3D se puede ver en el Espacio INCAA Oberá, desde el jueves 9 al domingo 12 de febrero, a las 18 horas. Valor de la entrada $40.

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En medio de la tensión salarial con los gremios, sesiona en Mendoza el Consejo Federal de Educación

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El ministro de Educación y Deportes de la Nación, Esteban Bullrich, encabeza desde este mediodía un nuevo encuentro del Consejo Federal de Educación. El mismo se celebra en la provincia de Mendoza hasta mañana.

 

Entre los temas tentativos que se tratarán en la sesión, se  encuentran las presentaciones a cargo de la Secretaría de Evaluación Educativa y del Instituto Nacional de Formación Docente (Infod), así como también la exposición del trabajo en comunidades educativas que realiza la Fundación Pescarmona, y una presentación audiovisual y publicaciones de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, entre otros.

 

Se trata del 11° Consejo que reúne a los ministros de Educación de cada una de las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde la asunción de Bullrich en el Ministerio de Educación y Deportes de la Nación. Las ediciones anteriores se realizaron en las provincias de Buenos Aires, Jujuy, Santa Fe, La Rioja, Chubut, San Juan, San Luis, Tucumán, Río Negro y la Ciudad de Buenos Aires.

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En Estados Unidos comparan a Macri con Trump por sus políticas anti inmigrantes

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BUENOS AIRES, New York Times. – Argentina está tan acostumbrada a celebrar la inmigración como un pilar de la sociedad que un dicho del siglo XIX, “Gobernar es poblar”, sigue en uso hoy en día.

Sin embargo, en un cambio brusco que coincide con las restricciones migratorias establecidas por el gobierno estadounidense de Trump, el presidente Mauricio Macri emitió un decreto que frena la inmigración a Argentina y hasta declaró que los recién llegados de países más pobres de América Latina traen consigo el crimen.

Las medidas anunciadas por Macri a finales de enero han vuelto mucho más fácil deportar a los inmigrantes y restringir su entrada, lo que ha despertado comparaciones con Trump y ha dado pie a un debate feroz sobre la inmigración.

“Un decreto como este asusta a la gente”, dijo Arfang Diedhiou, de 33 años, un inmigrante senegalés que dirige su propia tienda de ropa en Buenos Aires. “Salió justo después de lo que hizo Trump, una coincidencia que me parece muy extraña”.

El presidente argentino, hijo de un inmigrante, ha hecho eco de alguna manera del tema “Estados Unidos primero” de Trump, dejando en claro que su “primera preocupación” debe ser “cuidar a los argentinos, cuidarnos a nosotros”.

“No podemos permitir que, por falta de acción, el crimen siga eligiendo a la Argentina para delinquir”, dijo Macri durante una conferencia de prensa.

Su decreto también ha renovado las críticas sobre sus lazos con el presidente estadounidense, a quien llama su amigo. En la década de los ochenta, Macri trabajó con su padre, un inmigrante italiano y magnate industrial, en un proyecto de bienes raíces en Nueva York que la familia terminó vendiendo a Trump.

Aunque las medidas migratorias de Macri no tienen un alcance tan amplio como la decisión de Trump de detener la entrada de refugiados de todo el mundo y congelar las visas de siete países predominantemente musulmanes, están provocando tensiones diplomáticas en la región. Algunos líderes de América Latina están atacando lo que consideran un intento de imitar las políticas migratorias de Trump y alimentar un sentimiento xenofóbico.

“Hermanos presidentes latinoamericanos, seamos patria grande: no sigamos políticas migratorias del norte”, escribió en Twitter el presidente de Bolivia, Evo Morales.

Sin embargo, las encuestas de opinión en Argentina muestran que hay un amplio apoyo a la limitación de la inmigración y algunos argentinos incluso dicen que el nuevo decreto se queda corto. Un miembro de derecha del congreso incluso está pidiendo que se construya un muro en la frontera con Bolivia.

Claudio Suárez, de 65 años, un trabajador de una pastelería en Buenos Aires, dice que los frenos a la inmigración son “fantásticos”.

“Nadie quiere que llegue la escoria de otros países”, dice. “Muchos extranjeros llegan aquí porque los servicios de salud y la educación son gratis. La ley debería ser aún más estricta”.

La historia de Argentina se ha escrito a partir de olas de inmigración a lo largo de las décadas. Después de que las guerras de conquista del siglo XIX acabaron con muchos pueblos nativos, las autoridades alentaron a millones de inmigrantes, sobre todo a los provenientes de Europa, a llegar para que ayudaran a poblar y desarrollar el país.

Varios gobiernos dieron la bienvenida a personas recién llegadas de América Latina, Asia y África, abriendo el camino hacia la ciudadanía para cientos de miles de inmigrantes y asegurando su acceso a escuelas públicas y servicios de salud.

Los funcionarios del gobierno de Macri, que asumió el cargo en 2015jurando aminorar la polarización y revirtiendo las políticas económicas de su predecesora, Cristina Fernández de Kirchner, argumentan que se sigue manteniendo la apertura hacia los inmigrantes.

Horacio García, la máxima autoridad argentina en materia de migración, defendió la medida y dijo que Argentina seguirá siendo “un país hospitalario y abierto”.

El nuevo decreto de inmigración dice estar enfocado en combatir el crimen, argumentando que el 22 por ciento de los internos en el sistema penitenciario federal son extranjeros (si se toman en cuenta todas las prisiones del país, la cifra ronda el 6 por ciento).

El decreto menciona específicamente al “crimen organizado” como el motivo de las medidas enérgicas, pero extiende los delitos que justifican la expulsión o bloquean la entrada de manera que incluyan cualquier crimen que pudiera llevar a una sentencia de cárcel. A muchos les preocupa que los inmigrantes puedan ser deportados ahora por delitos menores, como bloquear una vía de tránsito durante una manifestación.

Los inmigrantes que busquen oponerse a una orden de deportación tendrán menos de una semana para presentar una apelación. Las medidas anteriores otorgaban 30 días para preparar una defensa y el derecho a contar con un abogado por parte del gobierno.

“Los inmigrantes penden de un hilo porque cualquier cosa podría ser la causa de la deportación”, dijo Gabriela Liguori, directora de laComisión Argentina para los Refugiados y Migrantes, un grupo que defiende los derechos de los inmigrantes.

No obstante, García, el funcionario de inmigración, dijo que las deportaciones solo se enfocarán en crímenes graves y argumentó que la medida era necesaria porque Argentina había quedado indefensa antes los criminales de otros países.

De cara a las críticas, los funcionarios del gobierno de Macri han tenido que aclarar que descartan la construcción de un muro al estilo del de Trump en la frontera con Bolivia.

“Nosotros no tenemos un problema con la inmigración, tenemos un problema con el narcotráfico y con el contrabando”, dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, después de que las autoridades bolivianas preguntaron por qué estaba señalando públicamente a los inmigrantes bolivianos, paraguayos y peruanos como objeto de escrutinio.

A pesar de la conexión de mucho tiempo de Macri con el presidente de Estados Unidos, la victoria de Trump puso al gobierno de Argentina en una posición incómoda. Después de todo, Macri no dejó en secreto que estaba a favor de Hillary Clinton y mencionó que Trump se enfocaba en construir muros.

Sin embargo, luego Macri pareció estar atando lazos con Trump, pues fue el primero de los líderes latinoamericanos en hablar con el presidente electo de Estados Unidos después de las elecciones. La llamada pronto despertó controversia. Un importante periodista argentino declaró que Trump había aprovechado la oportunidad para pedir la ayuda de Macri con el fin de conseguir la aprobación regulatoria para un proyecto de bienes raíces en Buenos Aires. Los voceros de ambos mandatarios negaron que hubiera sido así.

Las autoridades argentinas confirmaron más tarde que la empresa de Trump no contaba con los permisos necesarios para comenzar la construcción. Al final, los planes de una torre de Trump en Buenos Aires se cancelaron debido a la presión que enfrentó el presidente electo con respecto a posibles conflictos de intereses relacionados con tratos internacionales pendientes.

Los críticos afirman que las nuevas restricciones se enfocan en los inmigrantes pobres para distraer la atención de la economía, quepermanece bastante inactiva más de un año después de que Macri subió al poder prometiendo que las políticas que favorecen al mercado conducirían al crecimiento.

El escrutinio a los inmigrantes en tiempos difíciles no es algo nuevo en Argentina, donde las autoridades alaban la historia del país de recibir a migrantes europeos mientras que presentan la inmigración de países vecinos como menos deseable, dijo el sociólogo Guillermo Kantor.

A finales de la década de los noventa, el gobierno del presidente Carlos Menen también tomó medidas drásticas hacia los inmigrantes, asociándolos con el crimen callejero. En 2014, Fernández de Kirchner, la expresidenta, amenazó con expulsar a los extranjeros que cometieran delitos tras una revisión del código penal emitida incluso después de que el gobierno había legalizado el estatus irregular de muchos inmigrantes.

Otras partes de América Latina también están enfrentando brotes de sentimientos en contra de los inmigrantes. Con su país sufriendo una crisis económica, Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, ordenó que se tuviera mano dura con los inmigrantes colombianos en 2015, con lo que muchos huyeron. Una ola de inmigrantes haitianos a Chile está alimentando el debate en ese país sobre el racismo y la discriminación.

En las calles de Buenos Aires, los inmigrantes tuvieron distintas reacciones hacia el decreto de Macri. Jesús Oriona, de 45 años, un boliviano que se mudó a Argentina cuando era adolescente, dijo que el gobierno simplemente estaba “echándole la culpa a los inmigrantes”.

Sin embargo, María Alejandra Alviarez, de 39 años, una enfermera de Venezuela que llegó a Argentina hace un año y trabaja en una tienda de alimentos para la salud, dijo que este país era “libre y abierto” antes del decreto.

“Macri no está diciendo que la gente no pueda migrar, y las personas calificadas como yo aún podrán venir aquí”, dijo.

Otros más aquí argumentan que el cambio es estratégico y que, con la mira en las elecciones legislativas que se celebrarán este año, el presidente argentino busca conseguir puntos políticos a corto plazo al culpar a los extranjeros de males en la sociedad argentina.

“Por supuesto, tenemos nuestros propios indicios de xenofobia, y ahora, bajo el brillo de Donald Trump, quieren diluir el hecho de que un gran porcentaje de nosotros somos hijos o nietos de inmigrantes”, dijo Raúl Kollman, de 68 años, un locutor de radio cuya madre emigró de manera ilegal hacia Argentina huyendo de los nazis.

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El PT ya prepara la candidatura presidencial de Lula

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El senador brasileño por el Partido de los Trabajadores (PT), Humberto Costa, se refirió a la elección presidencial a desarrollarse en Brasil en 2018 y en ese marco, sostuvo que están planeando un “lanzamiento oficial” en julio, de la candidatura presidencial del exjefe de Estado de ese país, Luiz Inacio Lula da Silva.

“Queremos caminar por el país con una propuesta que pueda sacar a Brasil de la crisis”, destacó Costa en declaraciones al programa “El Destape”, que conduce el periodista Roberto Navarro porRadio 10.

Para Costa, el exmandatario y fundador del PT, Lula da Silva, “va a aceptar” ser candidato a presidente por ese partido. “La población sabe de su capacidad. El único problema es que la Justicia va a intentar impedírselo”, cuestionó el senador.

Consultado sobre la posibilidad de que Lula sea arrestado por presunta corrupción en el marco de la causa Lava Jato, que investiga multimillonarios desvíos desde la petrolera estatal Petrobras, Costa dijo: “No creo que vayan a arrestarlo. Son muy cobardes para hacerlo. Además, no hay nada que pueda ser usado en su contra”. “Será una victoria importante. Estamos pensando hacerlo candidato lo más temprano posible”, insistió.

En tanto, se refirió a la situación económica de Brasil y consideró que “las perspectivas son “muy sombrías”. “Las propuesta del gobierno del presidente Michel Temer profundizan la crisis”, agregó al tiempo que concluyó que el desempleo continúa incrementando.

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La desmovilización de las Farc: cuando los enemigos se vuelven vecinos

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LA PAZ, Colombia, New York Times — En la población de La Paz los días por venir pondrán a prueba qué tan bien le queda el nombre.

Después de medio siglo de guerra, los rebeldes de Colombia están dejando las armas, preparándose para ingresar a la vida civil bajo elacuerdo de paz firmado el año pasado. En este pueblo montañoso, nace un nuevo asentamiento de exguerrilleros –hasta ahora son 80 residentes–, uno de los muchos repartidos por todo el país.

Ya casi nadie viste de uniforme, el cual ha sido remplazado por el tipo de prendas que usan los pobladores que viven cerca y que observan a los exguerrilleros con cierto recelo. Las tiendas de campaña con sus postes de madera también desaparecerán y serán sustituidos por una pequeña biblioteca, un centro comunitario, una tienda: un poblado en miniatura que constituye un escalón para salir de la selva.

“Hemos pasado 52 años en hamacas”, narró el comandante de los combatientes, quien todavía usa su nombre de guerra, Aldemar Altamiranda. “Ya era hora de irnos a vivir a casitas”.

A lo largo del país, se calcula que 7000 integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o las Farc, entregarán sus armas a los supervisores de las Naciones Unidas este año. Las armas se fundirán y con ellas se crearán monumentos de guerra. Las Farc también esperan transformarse para convertirse en un grupo político que represente a la izquierda, como los que se crearon después de los conflictos armados en Nicaragua y El Salvador.

El asentamiento en La Paz, llamado Tierra Grata, es la vanguardia del esfuerzo para hacer realidad el tan discutido acuerdo de paz de Colombia. El acuerdo fue revocado por el voto popular a finales del año pasado pero, posteriormente, el presidente Juan Manuel Santos, quien recibió el Nobel de la Paz por buscar poner fin a décadas de conflicto, forzó su aprobación en el congreso.

Sin embargo, la decisión del presidente de someter el acuerdo a la voluntad popular y aun así impulsar el acuerdo de paz es un trago amargo para muchos colombianos, que deja el futuro del pacto en la incertidumbre en caso de que los opositores de Santos asuman el poder cuando él deje la presidencia el año que viene.

La Paz es una prueba fehaciente de las divisiones persistentes del país: aunque estuvieron a favor del plebiscito, cuatro de cada diez residentes votó por revocar el acuerdo de paz. Algunos todavía tienen recuerdos amargos de la guerra y de un enemigo que alguna vez abusó de ellos pero que ahora, de repente, se convirtió en su vecino.

“Muchos tienen la capacidad de perdonar, pero no podemos olvidar la violencia que todos vivimos en esos tiempos”, dijo Julio Fuentes, de 42 años, un médico que dijo haber votado en contra del acuerdo. Fuentes, cuyo hermano fue asesinado a finales de los años noventa, mencionó que ya había hecho la paz con los guerrilleros.

Pero para muchos, advirtió: “Ya es cosa de cada quien si decide hacer lo mismo”.

Este asentamiento de combatientes es uno de los más desarrollados, una extensión del tamaño de un rancho donde las excavadoras han limpiado la maleza. Sobre la tierra roja hay una cancha de fútbol, un comedor de concreto y un área de recepción donde el gobierno espera que los rebeldes comiencen a encontrarse con familiares abandonados hace años.

Los únicos que portan armas aquí son los miembros de la guerrilla. El perímetro está resguardado por el ejército colombiano, que se está adaptando a su nueva función: proteger a los guerrilleros en lugar de luchar contra ellos.

Un contingente de las Naciones Unidas también está apostado aquí, encargado de recolectar las armas de los rebeldes antes de irse para siempre.

El asentamiento se ha convertido en un lugar de reflexión. Ya sin guerra, ahora los rebeldes pasan los días cavilando sobre la vida que elegirán. ¿Regresarán a las poblaciones de las que se fueron y trabajarán la tierra? ¿Se afiliarán al nuevo partido político que los líderes de la guerrilla han prometido crear?

“Muchos miran cómo se hace política aquí, con una corbata y un auto bonito y todo el dinero, y dicen: ‘No podemos hacer eso, no queremos’”, comenta Yimmy Ríos, de 47 años, agente de inteligencia insurgente en el asentamiento. Dijo que será un reto para los guerrilleros abrirse paso lentamente en un paisaje político en el que desconocen cómo dirigir una campaña.

Los primeros electores a los que tienen que ganarse son a los que desconfían de la comunidad de La Paz.

El pueblo, que se ubica a los pies de la sierra de Perijá, una cordillera que durante mucho tiempo fue un refugio rebelde, pasó años asolado por las Farc y sus enemigos paramilitares. En 1997, el alcalde fue asesinado a tiros en la alcaldía por hombres armados, una de las incontables muertes que los residentes atribuyen a la guerrilla.

La turbulenta historia estaba en la mente de Alcides Daza Quintero, el subalcalde de 27 años, cuando encendió el televisor en agosto pasado y vio al presidente Santos anunciar el acuerdo de paz desde el palacio de gobierno. Tras el anuncio vino una sorpresa: el gobierno dijo que este y las Farc habían elegido La Paz como una de las zonas en las que se establecerían los guerrilleros para el desarme.

“Fue como un porrazo”, dijo Quintero, explicando que ninguna de las partes había consultado al pueblo. “Recibir a un grupo que ha estado al margen de la ley como este. Nos dieron duro”.

El resto del pueblo estaba sumido en una profunda ambivalencia. Algunos fueron a protestar a la alcaldía. Otros, como Juan Martínez, un líder comunitario en el poblado cercano de San José del Oriente, argumentaron que la presencia de los guerrilleros sería algo bueno, ya que el Estado pondría atención en su pueblo, donde solo hay agua dos horas al día.

“De este acuerdo han salido promesas”, dijo. “Es, se podría decir, el comienzo de la reconciliación”.

Las Farc siguieron adelante, bajaron de las montañas y se ubicaron en un terreno cercano a La Paz en el otoño. Sin embargo, se toparon con una fría bienvenida: los yukpa, un grupo indígena seminómada que controlaba el terreno, dijeron a los insurgentes que no eran bienvenidos y que pronto tendrían que irse a otra parte.

Después vino el plebiscito de octubre, un rechazo que sorprendió a los rebeldes.

“Estábamos todos pegados al radio, para saber el resultado, y de ahí con los comandantes para que nos dijeran qué seguía”, dijo un guerrillero de 25 años proveniente de la ciudad costera de Barranquilla que se hace llamar José. Al igual que los demás, oculta su nombre por miedo a represalias.

Los principales comandantes de las Farc no tardaron en tranquilizar al público al decir que, a pesar del fracaso del plebiscito, estaban abiertos a renegociaciones y no volverían a la guerra. Altamiranda, el comandante en La Paz, decidió que era hora de presentarse ante sus críticos.

Una noche a finales de octubre, cientos de personas se reunieron en un parque municipal, mientras líderes religiosos, políticos y rebeldes debatían el acuerdo. Las víctimas tomaron el micrófono y hablaron de los seres queridos que habían muerto durante la guerra. Altamiranda pronunció una disculpa pública por los delitos de la guerrilla.

Los acontecimientos lograron conmover a líderes como Sol Marina Torres, de 39 años, quien forma parte del Centro Democrático, el partido de derecha que dirigió la campaña contra el acuerdo, así como los esfuerzos constantes para sabotearlo. Torres decidió alinearse en contra de los líderes de su partido y apoyar la presencia de los guerrilleros en su pueblo, diciendo que no había otra opción más que hacer la paz.

“No puedo estar de acuerdo con todo lo de ese partido”, dijo Torres. “No puedo darle la espalda al bienestar de mi comunidad”.

No todos los eventos públicos han salido tan bien.

Durante una visita de medios informativos a principios de este año, hubo un escándalo cuando se mostraron videos de insurgentes bailando con funcionarios de las Naciones Unidas que estaban ahí para supervisar el proceso de desarme. Los opositores al acuerdo se apoderaron del video y, acto seguido, cuatro miembros de la misión fueron despedidos.

El gobierno sabe que en estos asentamientos hay mucho más en juego que el desarme, ya que ven la posibilidad de que se desarrollen vastos tramos de la provincia que estuvieron fuera de su alcance durante décadas por el conflicto. Uno de los asentamientos yace en una remota selva costera; otro, al final de un camino al que se llega a lomo de mula.

Desde hace décadas no se siente la presencia estable de un gobierno, si es que alguna vez la hubo.

“Estamos hablando de lugares donde han estado las Farc: no había agua ni electricidad”, dijo Carlos Córdoba, director gubernamental de las llamadas zonas veredales.

En el campo a las afueras de La Paz, aún se pueden ver algunas de las facetas de la vida guerrillera. Los combatientes siguen levantándose en la madrugada, a las 4:30, pero para tomar clases sobre el acuerdo de paz, en lugar de marchar. Un guerrillero patrulla el campo cautelosamente con un arma al hombro.

Otras escenas han cambiado. A la entrada del campo, una joven guerrillera abrazaba a sus familiares. La familia lloraba.

La mayoría de los combatientes entrevistados dijeron que planeaban quedarse con las Farc, que ahora consideran su familia, y las seguirán bajo cualquier encarnación política que asuman en los próximos años.

“No había manera de salir de donde vengo”, dijo Yackeline, de 32 años, una guerrillera que huyó a un campo rebelde cuando tenía 13 porque dice que era el único lugar donde podía recibir educación.

No se había puesto en contacto con su familia, pero dijo que lo haría. Iba poco a poco, un paso a la vez, y cada cambio de vida después del conflicto estaba lleno de sorpresas.

“Nos levantamos de los colchones cansados, como si no hubiéramos dormido”, contó. “Es que no estamos acostumbrados a usarlos”.

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