Juan Carlos Argüello

Periodista, director de Economis

Fate, un síntoma

Compartí esta noticia !

Cuando en las próximas horas el Senado convierta en ley la Reforma Laboral -concebida con la premisa de aliviar cargas empresarias y bajo la promesa, todavía incierta, de dinamizar la creación de empleo- el presidente Javier Milei sumará una nueva pieza a su arquitectura económica. En poco más de dos años de gestión, ese engranaje ya incluye el mega DNU de desregulación, la Ley Bases, un presupuesto moldeado por el ajuste y dos salvatajes financieros: uno del Fondo Monetario Internacional y otro del siempre gravitante “Tío Donald” en Estados Unidos. 

Sin embargo, más allá del sostenido superávit financiero, los resultados concretos exhiben una fragilidad evidente. La inflación, lejos de estar bajo control, continúa mostrando una tendencia ascendente desde mayo del año pasado, aun en un contexto de fuerte intervención y cuestionamientos sobre la credibilidad de las estadísticas oficiales.

Mientras se celebra la flexibilización laboral, el cierre de Fate se transformó en un síntoma de la agonía económica: 920 despidos en un miércoles negro, que desnudó los efectos de la apertura de importaciones al mismo tiempo que una desprotección de la producción nacional. No es, ni cerca, un problema exclusivo de la única fábrica de neumáticos de capital nacional, sino un caso testigo de un mal de época que provocó la pérdida de 21.938 empleadores desde diciembre de 2023 (30 por día) y la destrucción de 290.600 puestos de trabajo registrados –más de 400 puestos por día-.

Nadie en el oficialismo puede explicar cómo la Reforma Laboral ayudará a recuperar ese empleo perdido. La oposición y los menos crédulos advierten que eso no sucederá. 

No es que no se crea en las buenas intenciones del Gobierno, sino que los antecedentes no son positivos. La reforma es muy similar a otra que se aprobó a los apurones en los primeros meses del gobierno de Fernando De la Rúa. La recordada “ley Banelco” se emparenta con el proyecto actual, que retoma, casi sin matices, los mismos ejes que ya se intentaron en el pasado: ampliación del período de prueba, descentralización de la negociación colectiva, debilitamiento de la ultraactividad de los convenios, habilitación de modalidades contractuales precarias, reducción o pago parcial del salario y la imposición de cláusulas atadas a la productividad. 

El Gobierno tuvo que quitar el artículo 44, que incluía el “exceso” de imponer descuentos de hasta el 50 por ciento por enfermedad para los trabajadores. 

El conjunto tiene una lógica repetida en otros tiempos de la Argentina: hay que sufrir el presente para aspirar a un futuro, potencial, lejano, que será mejor. Álvaro Alsogaray pedía resignación con su célebre “hay que pasar el invierno”; en 1961, Roberto Alemann insistía en que “suframos hoy, que mañana estaremos bien”. En 1989, Carlos Menem ensayaba el optimista “estamos mal, pero vamos bien”; en 2001, poco antes del estallido, Fernando de la Rúa aseguraba que “lo peor ya pasó”; en 2016, Mauricio Macri prometía “el segundo semestre” y “la luz al final del túnel”. 

En 2024, Javier Milei hablaba de una “salida en V corta” también en el segundo semestre. Distintos contextos, distintas recetas y signos políticos, pero una constante narrativa: la promesa de que el sacrificio presente será recompensado en un futuro inmediato que, casi siempre, se anuncia más cercano de lo que la realidad termina permitiendo.

La reforma laboral fue aprobada en Diputados en medio de un paro general de la CGT. Contundente. El cuarto en la era Milei, que ya se convirtió en el tercer presidente con mayor número de huelgas, detrás de De la Rúa y Raúl Alfonsín. Según la central obrera, se trata del primer paso de una resistencia a la reforma, que seguramente terminará siendo judicializada y con escaso apoyo político: Un monitoreo de la consultora Zentrix sobre la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei muestra un cambio significativo en la percepción social. En noviembre de 2025, el 55% de los consultados se manifestaba a favor de la reforma, mientras que el 39% se declaraba en contra. Sin embargo, en la medición de febrero de 2026, el apoyo descendió al 48,6%, mientras que el rechazo escaló al 45,2%.

En nombre de la “modernización”, el núcleo del planteo apunta a flexibilizar las condiciones laborales bajo la premisa de dinamizar el mercado de trabajo.

Ese esquema en el año 2000 fue impulsado en su momento por la ministra de Trabajo de la alianza: Patricia Bullrich, promotora también del descuento del 13 por ciento a estatales y jubilados. La promesa era la misma: la flexibilización sería el camino para generar empleo. Un argumento similar usó la senadora, ahora libertaria, Patricia Bullrich para defender la iniciativa rediseñada por Federico Sturzenegger, otro ex alianza, que ahora lidera el plan de desregulación, mientras su esposa cierra jugosos contratos con el Estado. 

A la luz de la experiencia acumulada, la ecuación -menos regulación a cambio de más empleo- no se verificó. De la Rúa se escapó en helicóptero días antes de las navidades de 2001, con 20 por ciento de desocupación y cerca de tres millones de personas sin empleo. 

Hoy la Argentina alcanzó un nuevo máximo en precariedad laboral. Según el Indicador de Trabajo Desprotegido, elaborado en base a la Encuesta Permanente de Hogares, más de 6 millones de personas se desempeñan en puestos de baja calidad laboral, el nivel más alto desde que el INDEC publica esta serie en 2016. El dato refleja un deterioro estructural del mercado de trabajo, con fuerte impacto en jubilados y trabajadores mayores.

La industria advierte que la reforma laboral no cambiará el desequilibrio. En un comunicado, la Unión Industrial remarcó que “las principales economías del mundo no dudan en desplegar instrumentos de defensa comercial cuando perciben amenazas sobre sus cadenas de valor estratégicas”. 

Frente a prácticas de dumping, subsidios encubiertos o distorsiones sistémicas, los Estados intervienen para resguardar su entramado productivo. Pretender que la Argentina compita en un escenario de apertura irrestricta, sin herramientas equivalentes ni correcciones internas, supone ignorar esa evidencia comparada. La Argentina atraviesa una combinación de caída del consumo, suba de costos y competencia externa barata. ¿Si no hay a quien vender, cómo mejorará la ecuación?

El dogma libertario pretende que con menos regulaciones, el mercado se ordenará solo, generará empleo y habrá crecimiento. La yerba mate es un ejemplo cercano de que la desregulación no implica un círculo virtuoso: desplome de precios de la materia prima, con un impacto brutal en el sector productivo, acompañado por importaciones libres y sin control de calidad, lo que amenaza a la misma industria y promueve una guerra comercial de precios bajos con costos por las nubes. Sturzenegger es quien se jacta de hacer realidad la desregulación yerbatera. Los productores no tienen nada para celebrar. El viernes iban a reunirse con el presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, pero Rodrigo Correa pegó el faltazo sobre la hora. Las entidades productivas firmaron un documento en el que expusieron el estado de situación: las entidades sostienen que desde la asunción del presidente Javier Milei, en diciembre de 2023, el sector atraviesa “quizás el peor momento de su historia”, marcado por una fuerte caída del precio de la hoja verde y la eliminación de herramientas regulatorias.

Apuntan específicamente a los decretos 70/2023 y 81/2025, que limitaron facultades del INYM en materia de fijación de precios y regulación del mercado. Según los productores, la pérdida de esas atribuciones dejó al sector sin un instrumento clave para equilibrar la cadena y proteger a los pequeños y medianos yerbateros.

“¿Quién puede subsistir en la Argentina de hoy, donde el combustible y otros servicios esenciales no paran de subir, con un promedio de rendimiento de 6 mil kilos por hectárea, cobrando 180 pesos por kilo y con pagos a 120 días o más?”, plantean en el documento.

“A través de este escrito, evidenciándose claramente que la política de desregulación provoca un criminal deterioro socio económico, le solicitamos formalmente, señor Rodrigo Correa, que gestione, desde el lugar que ocupa en la Institución y ante quien corresponda, la devolución de todas las facultades del INYM y que cese el desguace de normativa y de la estructura de la Institución, que se aceleró a partir de su presencia”, señala el acta firmado por los productores.

La Provincia quiere que el INYM por lo menos sugiera un precio de referencia y convocó a la industria a una reunión para el 10 de marzo para analizar la situación de toda la cadena y evaluar avances del Centro de Transacción de la Yerba Mate. 

La crisis productiva en la yerba mate es una consecuencia de las políticas nacionales, pero con efecto focalizado en Misiones, como Fate en Buenos Aires, Dass en Eldorado, La Granja Tres Arroyos en Entre Ríos o cientos de pymes en cada punto del país. Las respuestas a esas crisis “locales” son siempre de las provincias, gobernadores e intendentes. Sin embargo, al mismo tiempo, son demonizados por el “costo político” y los “gastos estatales”. Pero sin esa contención, el tejido social ya hubiera implosionado. 

Es la paradoja del momento. Los gobernadores deben negociar la sobrevivencia con Nación y se les exige atender los estallidos. Al mismo tiempo se les cuestiona si se oponen a las políticas nacionales y si no logran contener sus consecuencias. 

Misiones lo puede hacer gracias a una política económica sostenida en el tiempo, aunque está cada vez más exigida. Fue la primera provincia en acordar incrementos salariales para el sector docente y de la seguridad y ya tiene agendados encuentros con otros sectores de la administración pública. 

En conjunto, el salario docente insume alrededor de 60 mil millones por mes. De cada diez pesos que se destinan a educación en Misiones, aproximadamente 6 salen directamente del presupuesto provincial. 

A eso se suman el Boleto Estudiantil y diversos programas de cuidado del bolsillo que continúan vigentes desde hace varios años, desde crisis anteriores. Decisiones políticas al servicio de la sociedad. El gobernador Hugo Passalacqua trazó una línea: se congeló el sueldo hasta diciembre de este año y redobló la exigencia sobre el gabinete para estar cerca y mostrar resultados. La eyección de una funcionaria de Turismo por sus comentarios desaprensivos, es una prueba de que no habrá tolerancia a desvíos.

Compartí esta noticia !

De reformas y urgencias

Compartí esta noticia !

“… Del otro lado tenemos esto”. El tuit del presidente Javier Milei apuntaba a un grupo de “manifestantes” violentos al momento en que se debatía en el Congreso la reforma laboral y el Gobierno se anotaba una victoria contundente. 

Más allá de la obviedad de que la violencia era protagonizada por los infiltrados de siempre -con asistencia perfecta y una relación simbiótica con las fuerzas del orden-, el mensaje presidencial desnuda el momento que atraviesa la política: puesta en escena, agenda única ante leyes anacrónicas y una oposición silenciosa, ausente de la calle y sin reacción en los debates, mientras que la economía está cada día más complicada y sin un horizonte promisorio.  

En lo que va del gobierno de Javier Milei hay casi 22 mil empresas menos, con fuerte acento en la construcción, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Con relación a noviembre de 2023, el sistema de riesgos del trabajo sumaba 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores. En noviembre de 2025, el sistema contabilizó 490.419 empresas y 9.566.571 trabajadores. En el caso de Misiones, la contracción del empleo cubierto resulta más pronunciada. Las personas trabajadoras cubiertas en unidades productivas pasaron de 139.960 en diciembre de 2023 a 130.311 en noviembre de 2025. La pérdida es de 9.649 puestos bajo cobertura, lo que representa una baja del 6,9%, más del doble del promedio nacional.

También disminuyó la cantidad de empleadores con personal declarado en la provincia, que pasaron de 9.638 a 8.807, una reducción del 8,6%.

Sin embargo, el ministro de Economía, Luis Caputo, anticipa que a pesar del ajuste brutal de los últimos dos años, “se vienen meses duros” por escasez de recursos.

La economía argentina vuelve a transitar un laberinto que no le resulta desconocido. No es que el gasto haya explotado ni que el Estado haya perdido súbitamente la disciplina: el problema es más silencioso y, por eso mismo, más complejo. Los ingresos se enfrían, la actividad pierde vigor y el financiamiento empieza a exhibir límites cada vez más visibles. Cuando la recaudación se desacelera en términos reales durante seis meses consecutivos y enero perfora el piso más bajo de los últimos 16 años ajustado por inflación, la señal es inequívoca. 

Según datos de ARCA, los ingresos alcanzaron 18,33 billones de pesos -un aumento nominal del 22% interanual-, pero insuficiente frente a la inflación. Detrás de la cifra se esconde una economía que pierde dinamismo y un equilibrio fiscal que, sin crecimiento, se vuelve cada vez más frágil.

Ajeno a las señales de alerta en la economía, el Presidente se anotó sendas victorias en el Congreso, que dio medias sanciones a la Reforma Laboral y a la baja de la edad de imputabilidad, a los 14 años. No fueron las leyes “ideales” y hubo que negociar artículos, pero ambas normas forman parte de la oferta política libertaria. 

Claro que había que modernizar la ley laboral, vetusta y anclada en el tiempo, pero la nueva ley no parece estar diseñada para estimular la economía ni la creación de empresas, mucho menos para proteger a los trabajadores. De hecho, se mantienen impuestos -Ganancias se coparticipa y si se eliminaba se iba a desfinanciar a las provincias- y privilegios sindicales. 

En cambio, para el trabajador implica el fin de las horas extras, jornadas laborales más extensas, indemnizaciones podadas, descuentos por enfermedad, vacaciones fraccionadas y “colaboradores” sin relación de dependencia. ¿Servirá el menú para generar empleo en medio de un derrumbe que en los últimos dos años se cobró cerca de 200 mil puestos formales, con una industria que funciona a media máquina y escasos brotes verdes? Ni los más optimistas se animan a vaticinar una respuesta positiva. Sin embargo, fue una sesión de película. Dentro y fuera del recinto.

En paralelo a ese mercado laboral expulsivo y con escasas oportunidades, se endurece la legislación penal que ahora considera a los chicos de catorce años como un adulto penalmente responsable. Pudo ser peor. El Gobierno quería que la edad sea de 13 años, pero la resistencia de los gobernadores y algunos diputados obligó a “suavizar” la ley que ocupó grandes titulares en los diarios y minutos de televisión sin mucha profundidad y con ansias punitivistas. Lo cierto es que los delitos cometidos por menores de 18 años representan entre el 1,5% y el 5% de los delitos graves en distritos densamente poblados. 

En términos globales, la participación de menores de 18 años en causas penales equivale apenas al 0,06% del total de delitos penales registrados. En Misiones, entre el 1,5% y el 2,5% de los delitos son cometidos por menores de edad, y cerca del 90% de esos casos corresponden a delitos contra la propiedad. En 2024, 1.788 niños, niñas y adolescentes tuvieron al menos una causa penal iniciada en la justicia nacional, lo que representó una caída del 4,5% respecto al año anterior.

¿Realmente ameritaba una baja de la edad de imputabilidad con tanta premura? ¿Sin casi debate? Hay muchas voces encontradas. El mapa revela que el delito cometido por menores no es un flagelo. 

Muchos son los interrogantes también sobre cómo atender este nuevo público judicial y carcelario en tiempos de recursos escasos. Se destinan apenas 23 mil millones para aplicar la ley. No alcanza siquiera para nuevos centros de detención en todo el país, mucho menos para profesionales, cuerpos penitenciarios especiales y contención, ya que no se puede poner a un menor en una misma celda que un adulto. 

Hoy el sistema carcelario está colapsado. Misiones alberga en sus cárceles a detenidos por causas federales. Se mezcla a ladrones de gallinas con narcotraficantes. En esa convivencia, lo más probable es que el ladrón de gallinas sea tentado por delitos de ganancias mayores.

En el debate en Diputados quedó claro que la premura por la aprobación de la ley era exclusiva del Gobierno. El diputado misionerista Oscar Herrera Ahuad hizo notar lo obvio: sin recursos, la ley resulta “operativamente inviable y fiscalmente irresponsable”. Una carga para las provincias, a las que al mismo tiempo se les exige bajar el gasto público y la presión fiscal. Curiosamente, hace poco nada más, el oficialismo amenazaba con meter presos a los diputados que aprueben leyes sin especificar de dónde saldrían los recursos para ponerlas en práctica. ¿Quiénes serán los responsables cuando la ley esté vigente? Los gobernadores, los sistemas policiales y penitenciarios de las provincias. La Nación, es un ente inasible, pero sus decisiones afectan la vida diaria y el bolsillo de cada uno de los argentinos. 

Basta repasar cómo la desregulación del mercado yerbatero impacta directamente en la vida de miles de pequeños productores, a los que la Nación ignora, con una enorme pérdida de rentabilidad y una caída del precio de la materia prima. La Provincia inevitablemente debe hacerse cargo de las consecuencias de esas políticas, aunque las herramientas no estén en su poder. 

El presidente de la Legislatura, Sebastián Macías recibió el viernes al presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Rodrigo Correa y al diputado Adrián Núñez para analizar la situación del universo yerbatero y ver cómo podría mejorar el precio de la hoja verde. Macías puso énfasis en el control de calidad y frenar la importación, además de promover nuevos mercados para aumentar la demanda. Los libertarios salieron del encuentro con una afirmación: “La desregulación ha contribuido a un aumento del consumo interno y a niveles récord de exportaciones, fortaleciendo el posicionamiento de la yerba mate argentina en el mercado nacional e internacional”.

Desde el espacio señalaron que, si bien aún existen aspectos por mejorar, “el rumbo está trazado y debe sostenerse” con seriedad institucional, promoviendo mayor competitividad y previsibilidad para todos los actores involucrados. 

Los números pueden ser engañosos. Es cierto que el 2025 fue el año récord para las exportaciones, pero no es una consecuencia de la desregulación, sino de un intenso trabajo de promoción del INYM y de las propias industrias. Se enviaron al exterior 60.011.180 kilos, por un valor total de 116,34 millones de dólares, con un precio promedio de 1.938,64 dólares por tonelada. Pero hace unos años el promedio por tonelada era de 2.500 dólares y con costos mucho menores. 

En el mercado doméstico, el desempeño también fue positivo, aunque con matices. Durante 2025, la yerba mate a salida de molinos destinada al consumo interno sumó 266.788.512 kilos, lo que representó una suba del 3,08% respecto de 2024. Pero todavía está debajo del año 2023, que fue el máximo histórico en ventas internas, con 285.430.373 y debajo de los últimos cinco años. El 2020, durante la pandemia, fue el más parecido, con 268.776.695 kilos. La desregulación no hizo aumentar el mercado interno y dejó a la yerba mate como la única economía regional en rojo desde marzo de 2024, según el semáforo de Coninagro. 

La visión de Misiones es diametralmente opuesta a la del espacio libertario. La Provincia advierte que la desregulación rompió el equilibrio en la cadena yerbatera. Lo mismo que con el rol del Estado. La Renovación entiende que el Estado debe intervenir donde la economía necesita estímulos y particularmente, en el cuidado del bolsillo familiar. El gobernador Hugo Passalacqua ratificó la vigencia del Boleto Estudiantil Misionero, que permite ahorrar a una familia hasta dos millones de pesos al año en transporte, al mismo tiempo que fortalece la igualdad de oportunidades para los chicos de todos los niveles educativos.

Lo mismo sucede con la decisión de extender las medidas de alivio fiscal, para que el dinero quede en empresas y las familias, al mismo tiempo que pueden cumplir con sus obligaciones tributarias. 

Al mismo tiempo, el Gobierno provincial comenzó a dialogar con los estatales -docentes y policías- para comenzar el año con tranquilidad. La respuesta, nuevamente, será local, aunque los interrogantes sean externos.

Compartí esta noticia !

Metas distorsionadas

Compartí esta noticia !

Acomodando lo que se pueda, con la máxima creatividad posible, realismo del contribuyente y sin dañar el equilibrio fiscal”, le había dicho el gobernador Hugo Passalacqua a Economis hace unos días en relación con las medidas fiscales tomadas para aliviar el bolsillo y reactivar la economía. 

En esa línea se enmarca la decisión de elevar el umbral para que las empresas misioneras se conviertan en agentes de retención y percepción de Ingresos Brutos. Se busca recuperar dinamismo en una actividad económica arrastrada a una recesión autoinfligida por decisiones “de la macro”.  

El nuevo piso se estableció en una facturación de 1.800 millones anuales, en lugar de los 1.300 millones del año pasado, con una suba por encima de la inflación, lo que debe redundar en mayor flujo de caja para al menos 2.700 empresas que serán beneficiadas directamente.

El objetivo es darle vitalidad a la economía ante la ausencia de acciones y respuestas por parte del Gobierno nacional que no parece interesado en atender las realidades que estén fuera de su rango de visión ideológica.

La decisión política misionera llega en un escenario en el que la recaudación propia está en zona compleja: cayó 6,9 por ciento en 2025, como reflejo de la menor actividad económica. Por eso tiene más valor. Al contrario de las lecturas simplistas sobre la “presión fiscal”, la política tributaria no es un dogma, sino que se adapta a la realidad económica con estímulos específicos. 

El contraste con la política económica nacional está a la vista. El Gobierno de Javier Milei recurrió a usuales prácticas “populistas” para adaptar la realidad a sus intereses. 

La salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos dejó en evidencia al Presidente y al ministro de Economía, Luis Caputo, quien admitió que no estaban de acuerdo con los resultados que iba a arrojar la nueva medición del Índice de Precios al Consumidor -más adecuado a los consumos actuales y con mayor peso de los servicios-, por lo que decidieron no utilizarlo, pese a los compromisos con el Fondo Monetario y un trabajo de varios años, que ahora fue dejado de lado. 

El nuevo IPC aparecerá cuando la inflación tienda a cero, dijo Caputo. O cuando convenga. En realidad, lo que se evitará con la postergación es la visibilidad del impacto de los nuevos aumentos en los servicios -energía, gas- previstos para este mes y marzo. El nuevo IPC tenía una mayor preponderancia de esos servicios y en consonancia, iba a frenar “la baja” de la inflación, que en realidad no baja desde mayo del año pasado. El mayor peso en las tarifas energéticas, de 14,5% del total en vez del 9,8% del IPC actual, tendría correlato en el cálculo final de la inflación de febrero por el 16% de aumento en gas y 3,6% en la luz.

Lo curioso es que hasta esta semana nadie cuestionaba el nuevo cálculo del Indec. De hecho, un reporte del Banco Central lo destacaba en diciembre porque “no debería afectar significativamente la tendencia inflacionaria esperada”. 

Caputo no intentó siquiera disimular la decisión de postergar la publicación del nuevo IPC hasta “cuando convenga”. 

“Marco (Lavagna) tenía como fecha para implementarlo ahora. Con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que implementar el cambio una vez que el proceso de deflación esté totalmente consolidado”, detalló Caputo. El ministro blanqueó que Milei pidió no difundir el nuevo índice y avisó que “seguiremos con el actual hasta que esté consolidada la desinflación”.

Esa decisión no implica sólo manipular los números de la inflación, sino que el achatamiento impacta en una cadena de variables, como salarios, jubilaciones, paritarias o el cálculo de gastos en el Presupuesto. 

Desde enero, el dólar oficial se ajusta por la inflación, una condición explícita del Fondo Monetario Internacional. Si se alteraba la metodología actual y el Índice de Precios al Consumidor arrojaba un número más alto, el esquema quedaría atrapado en una dinámica peligrosa. A mayor inflación, mayor ajuste del dólar; a mayor dólar, más expectativas inflacionarias, y el ciclo vuelve a empezar. Para evitar esa espiral, el Gobierno optó por no actualizar el IPC. Tras haber comprimido la actividad económica para forzar una baja de la inflación y comprobar que ni siquiera así logra domarla, ahora elige intervenir sobre el termómetro antes que sobre la fiebre.

Lo mismo que se le cuestionó al Indec manejado por Guillermo Moreno o cuando Marcos Peña cambió las metas de inflación anunciadas por el Banco Central aquel memorable 28 de diciembre de 2017. En aquella mesa estaban sentados el jefe de Gabinete de Mauricio Macri, acompañado por el ministro de Finanzas, Luis Caputo y el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, que hoy son figuras excluyentes del gobierno de Milei. 

“Queremos transmitirles a los argentinos la tranquilidad enorme de tener un equipo económico con una misma visión de hacia dónde ir y de trabajar en equipo”, cerraba aquella recordada conferencia de prensa el jefe de Gabinete, Marcos Peña. 

No hubo tranquilidad. La inflación estimada en 10 + o – 2 por ciento terminó en 47 por ciento A partir de ese día, el Gobierno de Macri entró en declive, tuvo que pedir auxilio desesperado al FMI y terminó perdiendo las elecciones. 

A diferencia de entonces, el FMI ya es un actor clave de la política económica y Donald Trump es a Milei lo que fue Christine Lagarde. 

Habrá que ver si los resultados son distintos, pero The Wall Street Journal, ya advirtió que el episodio está “poniendo a prueba la confianza de los inversores en la reforma económica” del presidente Javier Milei. El matutino financiero sostuvo además que la controversia “revive el recuerdo de los esfuerzos de sus predecesores peronistas por manipular los datos de precios al consumidor”.

Lo que no puede tapar la demora del nuevo IPC son los indicadores económicos, que marcan una depresión profunda sin señales de recuperación. 

La industria manufacturera encadenó su sexta caída interanual consecutiva en diciembre, al arrojar un retroceso del 3,9% versus el mismo mes de 2024. De este modo, los datos volvieron a reflejar que se trata del sector más afectado por el modelo económico impulsado desde el Gobierno.

El análisis sectorial expone un mapa preocupante: 10 de las 16 divisiones industriales registraron caídas interanuales. Los retrocesos más profundos se dieron en textiles (-25,7%), prendas de vestir y calzado (-16,7%), automotores (-19,4%) y maquinaria y equipo (-14,8%), sectores intensivos en empleo y clave para el entramado productivo nacional.

Incluso dentro de los rubros que lograron crecer, el desempeño es heterogéneo. Alimentos y bebidas apenas avanzaron 0,8%, mientras que yerba mate, té y café retrocedieron 4,5%, un dato especialmente relevante para las economías regionales. La industria vinculada al consumo masivo muestra signos de agotamiento, presionada por la caída del poder adquisitivo.

Para el Gobierno, sin embargo, la culpa no es propia, sino de la misma industria que no se anima a competir. “Nunca compré ropa en Argentina porque es un robo”, dijo un locuaz Caputo. En la industria no están muy contentos con la posición oficial. La Federación de Industrias Textiles Argentinas alertó que estas prácticas se reflejan en una caída de la actividad cercana al 37% y en niveles de utilización de la capacidad instalada inferiores al 30% en el sector textil. “El problema actual no es la falta de competitividad, es la competencia fraudulenta”, afirmaron desde la entidad, que reclamó el cumplimiento de las normas vigentes de comercio exterior y el restablecimiento de condiciones de competencia justa como paso indispensable para recuperar producción, empleo y desarrollo industrial en la Argentina.

No parece haber demasiado interés en atender esas demandas. De hecho, hay funcionarios que se regodean en lo contrario. El asesor presidencial Miguel Boggiano lo expresó con claridad: “Se van a fundir. Se tendrán que ir a otro lugar. Se fundirán. Yo no tengo vergüenza en decirlo”.

El ministro del Interior, Diego Santilli exhibió ante los productores nucleados en Coninagro, una muestra clara de que el Gobierno no está dispuesto a atender reclamos ni advertencias. En el encuentro con la entidad se dedicó a “vender” la reforma laboral que Milei espera tener aprobada antes de marzo, más que a escuchar los planteos del campo y la chacra. El presidente de Federación de Cooperativas de Misiones, Gustavo Hein, expuso ante Santilli la crítica situación del sector yerbatero durante la reunión del Consejo de Coninagro, realizada el miércoles por la noche.

Hein detalló ante el funcionario que “el yerbatero es un mercado especial” que requiere reglas de juego diferentes a las del mercado general, debido a sus características propias. En ese sentido, sostuvo la necesidad de contar con instrumentos específicos que permitan equilibrar la oferta y la demanda, evitar la depresión de los precios que recibe el productor y, al mismo tiempo, garantizar que el consumidor pague un precio razonable por el producto terminado.

Hein señaló que Santilli escuchó el planteo con atención y se mostró receptivo, al tiempo que manifestó que ya estaba al tanto de la problemática, dado que había dialogado previamente sobre el tema con el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua.

El funcionario nacional indicó que la cuestión deberá canalizarse a través de la Secretaría de Agricultura de la Nación, ámbito en el cual se deberían formalizar los planteos y abrir una instancia de diálogo y negociación.

“El desafío es convencer a la Secretaría de que el sector necesita otros instrumentos para mejorar la situación del productor”, resumió Hein, al sintetizar los pasos que, a su entender, deberían seguir tras el encuentro. Agricultura conoce en detalle la situación, ya que el Instituto Nacional de la Yerba Mate depende de ella, pero está claro que la política de desregulación no es una variable que esté en negociación. 

En el Gobierno provincial tienen claro que la solución para la yerba mate no vendrá de la mano de notas o reclamos a Nación -aunque sea una batalla que no se abandona-, porque entiende que la desregulación forma parte de la matriz ideológica libertaria. Habrá que ser pacientes y creativos para encontrar alternativas que cuiden a los productores primarios. El tabaco es una muestra de que las negociaciones colectivas pueden arrojar resultados positivos: el precio acordado establece un valor de $4.602 por kilo de tabaco Burley para la calidad más alta, denominada B1F, en boca de acopio. El aumento está bastante por encima de la inflación. Sin embargo, un grupo de productores bloquea el ingreso a la Asociación de Plantadores de Tabaco de Misiones, en reclamo de un aumento mayor. A nadie sorprende que dirigentes libertarios estén al frente de la protesta.

Compartí esta noticia !

Techint, Mercado Libre, Dass y Goya, hilos de la misma madeja

Compartí esta noticia !

Don Chatarrín”, bautizó el presidente Javier Milei a Paolo Rocca, el presidente del grupo Techint, en medio de una disputa que estalló por la licitación que ganó un grupo indio para abastecer de caños de acero un gasoducto desde Vaca Muerta. La extraña pulseada con quien fue uno de sus aportantes de campaña fue in crescendo y tiene en vilo a las principales corporaciones del país por el nivel y por las consecuencias que podrían derivar de la eventual caída de uno de los gigantes. 

Milei fue a fondo. A través de sus redes sociales, el Presidente decidió no argumentar: eligió subrayar. Citó un posteo de un usuario afín que acusaba sin eufemismos a Paolo Rocca de haber jugado “all-in” para que el gobierno llegara a su fin tras las elecciones de septiembre. El mensaje cerraba con una sentencia lapidaria: “Jubilate, tano. Perdiste”.

Milei no agregó explicación ni matiz. Sumó apenas una palabra. Pero en el lenguaje de las redes y del poder, alcanzó: “Dato”.

La derrota de Techint en la licitación para proveer los caños de un ducto de casi 500 kilómetros no es un dato menor ni un simple revés empresarial. Se trata de un proyecto estratégico, clave para transportar gas desde Vaca Muerta hasta Río Negro y habilitar su exportación. En otras palabras: infraestructura crítica para uno de los pocos motores genuinos de dólares que tiene hoy la Argentina.

La adjudicación quedó en manos de la firma india Welspun y abrió una grieta incómoda en el corazón del debate económico actual: ¿hasta dónde llega la apertura y dónde empieza el daño estructural?

Desde el Grupo Techint la reacción fue inmediata. No sólo expresaron su malestar, sino que adelantaron que evalúan avanzar con un recurso antidumping. El argumento es conocido, pero no por eso menos relevante: competencia desleal, precios imposibles de igualar y una decisión que, bajo la lógica del menor costo inmediato, termina golpeando de lleno a la producción y al empleo industrial local.

El punto no es defender a una empresa en particular -Techint es un gigante global que sabe competir-, sino preguntarse qué señal se envía cuando un proyecto energético estratégico prescinde de proveedores nacionales con capacidad instalada, experiencia y empleo argentino detrás. No es una discusión ideológica, sino de desarrollo.

La paradoja es evidente. Se impulsa Vaca Muerta como política de Estado, se la presenta como la gran palanca exportadora del futuro, pero al mismo tiempo se importan insumos clave para hacerla posible. El gas será argentino, pero una parte sustancial del valor agregado viajará en barco desde Asia.

El riesgo es claro: que la lógica de la apertura sin red termine desarmando eslabones industriales que luego cuesta décadas reconstruir. Porque cuando una planta baja persianas, no se pierde sólo producción; se pierde conocimiento, empleo calificado y soberanía tecnológica.

La licitación perdida por Techint no es un episodio aislado. Es un síntoma. Y como todo síntoma, merece algo más que silencio o resignación: merece una discusión seria sobre qué modelo productivo quiere la Argentina cuando decide cómo y con quién construye su futuro energético.

La disputa no es menor. Mercado Libre, la empresa fundada por Marcos Galperín, un entusiasta de las políticas expresadas por Milei, también se queja de la excesiva permisividad de la apertura comercial. El boom de las compras puerta a puerta, acelerado por la liberación de importaciones impulsada por el gobierno de Javier Milei, empezó a mostrar su costado más áspero. Mercado Libre salió a confrontar de lleno a Temu, a la que denunció ante la Secretaría de Comercio por presunta competencia desleal y publicidad engañosa. La respuesta de la plataforma china, fundada por Colin Huang fue judicial.

La paradoja es llamativa: Mercado Libre cuestiona prácticas comerciales que, según sostiene, violan las normas básicas de lealtad comercial: descuentos extremos condicionados, reglas poco claras y una “gamificación” que promete beneficios que rara vez se materializan sin cumplir requisitos crecientes. La Secretaría de Comercio tomó nota, abrió una investigación formal y dictó una cautelar para frenar esas prácticas.

El telón de fondo es contundente: las compras de argentinos en plataformas asiáticas crecieron casi 300% interanual, empujadas por un esquema de importaciones más laxo. La apertura funciona, pero también tensiona. Y no sólo en términos fiscales o logísticos, sino en la protección al consumidor y en la competencia entre jugadores que operan bajo reglas muy distintas. Y en el empleo. La crisis textil es inédita. 

Desde Mercado Libre insisten en que el reclamo no es contra la apertura -que respaldan y de la que participan- sino contra la falta de condiciones equitativas, lo mismo que reclamó un empresario forestal misionero al Gobierno nacional. Una postura que también refleja una preocupación mayor: el impacto de este modelo sobre las pequeñas y medianas empresas locales, que siguen siendo el corazón del comercio digital argentino.

Ambos debates son reflejo del impacto del nuevo modelo en la economía real. Suena lindo, pero tiene consecuencias. 

En la otra punta de la Argentina hubo otra expresión de la mirada libertaria sobre las empresas que están atravesando una de las peores crisis económicas de los últimos años y que piden a gritos un poco de respaldo del Estado. Fue en Misiones, donde la concejal libertaria María Elena Fernández se metió en la discusión entre el forestal Nicolás Ocampo y el ex tenista Diego Hartfield por la competitividad del sector, afectada por la caída de las ventas, suba de costos y apertura de importaciones. “Este sector por 40 años fueron subsidiados y beneficiados con créditos fiscales por ley 25.080 y lloran. No fue suficiente regalarle 40 años para que sean rentables”, escribió la concejal posadeña. En otro comentario, profundizó el tono: “500 pymes dudo. Mano de obra esclava sí creo”. Y cerró con una acusación aún más agresiva: “Unos pocos vivos se enriquecieron y quieren seguir con su fiesta”.

Lejos de bajar el tono, la edil acusó de la crisis a Misiones por el cobro de Ingresos Brutos -una muletilla que es repetida en el coro libertario- y comparó la situación de las empresas misioneras con las de Corrientes, donde “se establecen empresas y no sufren los impuestos al IVA y a Ganancias que padecen los misioneros”. Desconoce que ambos impuestos son nacionales. Pero parece no importar el dato, sino el relato. El ex tenista Diego Hartfield se quejó de los gobernadores que reclaman compensaciones por la (mayor) caída de ingresos que generará la aprobación de la reforma laboral. “Esto es un cambio de era para nuestro país y hay que mirar en el largo plazo. Acá se está pensando en bajar impuestos para que haya una reactivación económica fuerte que después, probablemente, termine en una mejor y mayor recaudación. Probablemente. 

“Para hacer ese paso hay que pasar por un momento duro, de reducir la carga del Estado, achicar los gastos, eficientizar las cuentas”, reflexiona el ex tenista mientras transpira en una cinta. 

La realidad marca que en Corrientes, “donde no sufren los impuestos al IVA y a Ganancias”, acaba de cerrar la histórica industria textil Alal , en Goya y dejó a 260 personas sin empleo. “Es difícil sostener una empresa cuando no hay ventas. En la caída del consumo que está atravesando en este momento Argentina se hace muy difícil seguir sosteniendo la empresa”, admitió el gobernador de Corrientes, Juan Pablo Valdés. Corrientes no grava con Ingresos Brutos a la industria, pero ese dato, que podría robustecer el relato antiestado, en realidad, lo desmitifica: en la tierra del chamamé hay apenas 555 industrias activas, mientras que en Misiones hay 963. En el último año ambas provincias sufrieron una idéntica caída porcentual de industrias: 8,2 por ciento.  

“Hay preocupación industrial porque empieza a colapsar el sector. Competir con la importación con las empresas extranjeras es muy difícil. Es más costoso comprar un producto hecho en Argentina que hecho en otros países”, advirtió Valdés.

Según explicó, la falta de ventas atraviesa a distintas actividades. “Todos están preocupados porque no hay ventas, la industria yerbatera también, la forestal lo mismo”, enumeró, al anunciar que ya se solicitó una audiencia con el ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, prevista para entre el 9 y el 13 de febrero. Allí, adelantó, se expondrá la situación de las industrias correntinas y el impacto que el actual contexto económico tiene sobre la producción local. “No hay margen para aumentos salariales”, admitió el heredero del poder correntino y reconoció que sin una ayuda nacional, no podrá hacer frente a los compromisos. En paralelo, los 74 municipios correntinos atraviesan una crisis financiera y administrativa de enorme magnitud. Cesación de pagos, balances irregulares, falta de transparencia y declaraciones de emergencia económica se multiplican, mientras el discurso oficial insiste en el equilibrio fiscal.

De este lado del Chimiray, Misiones no escapa a la crisis -Dass volvió a despedir a 43 operarios, hay empresas en crisis y caída de empleo-, pero la enfrenta mejor armada, precisamente por su política fiscal, que le permite al Estado blandir un abanico de herramientas para acompañar a empresas, sostener a municipios y estimular el consumo. Pero no es un dogma. La política fiscal es una herramienta que se vuelve flexible cuando importa. En lo que va del año el gobernador Hugo Passalacqua anunció varias medidas de alivio que buscan proteger la economía, sin poner en riesgo el equilibrio financiero que tanto gustan exigir en la oposición. 

La baja del Impuesto sobre los Ingresos Brutos para los combustibles, la extensión de beneficios fiscales para profesionales e industrias, la prórroga de vencimientos y los descuentos en el Impuesto Inmobiliario configuran un paquete que apunta a sostener actividad y previsibilidad, dos palabras hoy escasas en la economía argentina.

Las nuevas alícuotas del Impuesto Provincial Automotor 2026 van en esa línea: aumentos muy por debajo de la inflación. Según el análisis de las valuaciones interanuales 2025–2026, el incremento promedio general del tributo se ubica en el 13,93% y alcanza a 171.909 dominios en toda la provincia. El dato, leído en frío, podría pasar desapercibido; leído en contexto, marca una diferencia frente a otros tributos que crecieron muy por encima de la inflación real de los bolsillos.

Más aún: más del 71% de los vehículos registra aumentos interanuales de hasta apenas el 10%, mientras que 8.060 dominios presentan variaciones nulas o incluso negativas. No es casual. La intención política es explícita: evitar saltos abruptos en la carga tributaria y sostener previsibilidad para la mayoría de los contribuyentes.

A eso se suma una decisión de fondo que trasciende el corto plazo. La nueva exención total por antigüedad, que beneficia a más del 30% del parque automotor misionero, introduce un alivio fiscal estructural. Automóviles particulares con más de 20 años, camiones, camionetas y furgones con 25 años o más -reconociendo su rol productivo- y motocicletas con más de 15 años quedan directamente exentos.

No se trata solo de un gesto social. Es una definición de política tributaria: dejar de gravar activos de bajo valor fiscal pero alto valor social y productivo. En especial, para trabajadores, familias y pequeños productores que utilizan esos vehículos como herramienta cotidiana.

El paquete fiscal misionero no resuelve los problemas macroeconómicos del país -ninguna provincia puede hacerlo-, pero sí construye un sendero propio: menos shock, más previsibilidad y un Estado que ajusta sin desentenderse del impacto real sobre la economía cotidiana. En tiempos de motosierra discursiva, ese matiz también cuenta.

En contraste, el Gobierno nacional que hace una bandera -discursiva- de la baja de impuestos, lejos está de dar previsibilidad y de pensar en el bolsillo de los que hacen malabares para llegar a fin de mes. 

Hace unos días se conoció el nuevo esquema de subsidios energéticos que eliminó las categorías. Tener o no tener subsidio es la cuestión. En el norte, los gobernadores pelearon para que se contemple el calor del verano y por eso se elevó el tope de consumo subsidiado a 550 kv/h mensuales. El beneficio durará hasta febrero y en marzo bajará a apenas 150 kv/h, cuando el verano ni siquiera amaga con irse de Misiones. De hecho, en marzo suele darse el pico de consumo misionero y todo lo que supere ese 150 pagará tarifa plena. A pesar de las advertencias de la Provincia, el nuevo esquema no admite contemplaciones. El Gobierno de Milei quería hacerlo retroactivo al 16 de enero. Habrá que prepararse para un cimbronazo en las boletas.

Compartí esta noticia !

Davos y los consejos de Maquiavelo

Compartí esta noticia !

El Foro de Davos es un escenario donde los poderosos exhiben su visión del mundo y tratan de imponer sus ideas que replican el patrón del orden mundial. Los más poderosos son más escuchados y los otros ocupan roles secundarios. Donald Trump fue este año el más esperado por sus demandas territoriales, exigencias de sumisión y el destrato a otros líderes, sobre todo de Europa. 

Trump amenazó con aplicar aranceles adicionales del 10 por ciento a los países europeos que hagan maniobras militares en Groenlandia (Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia, además de Noruega y el Reino Unido), así como del 200 por ciento sobre vinos y champagnes franceses por la negativa del mandatario galo de entrar en la Junta de Paz para Gaza ideada por el republicano.

El argentino Javier Milei, a diferencia de su debut en 2024 y las expectativas del año pasado, pasó casi desapercibido, repitió su esquema discursivo en el que desprecia el rol del Estado y abogó por un capitalismo libre de ataduras. “Lo más responsable que pueden hacer los políticos es dejar de molestar a quienes están creando un mundo mejor”, dijo. También sentenció la muerte definitiva de Maquiavelo

Davos fue pensado para trabajar en torno a los desafíos globales más urgentes a través de la cooperación público-privada. No sucede eso. En la práctica no hace más que desnudar las estructuras del poder real, donde importan mucho más las bravuconadas de Trump que el colorido aportado por otros presidentes. 

El primer ministro canadiense, Mark Carney fue uno de los destacados oradores y expuso justamente esa fragilidad: “Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima. Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos: vías marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los mecanismos de resolución de controversias. Este compromiso ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en plena ruptura, no en plena transición”, sentenció. 

“Durante las dos últimas décadas, una serie de crisis -financiera, sanitaria, energética y geopolítica- ha puesto de manifiesto los riesgos de una integración mundial extrema. Más recientemente, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio de coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. Es imposible “vivir en la mentira” de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se convierte en la fuente de tu subordinación”, expresó el canadiense.

Mark Carney fue el “disidente” de Davos, un poco más que Emmanuel Macron, el presidente francés, quien hizo un llamado a la Unión Europea a no dudar a la hora de aplicar el mecanismo anticoerción cuando “no somos respetados y no se respetan las reglas del juego”.

Macron dijo que Europa debe mantenerse “en sus principios”: “No hay que bajar los ojos, no hay que ceder a la ley del más fuerte, ya que esto conduce a una política del más fuerte y a un enfoque neocolonial. El neocolonialismo no es la solución”, subrayó el presidente francés. “Europa tiene herramientas muy poderosas y debemos utilizarlas cuando no se nos respeta y cuando no se respetan las reglas del juego”, continuó el presidente francés.

Ante una audiencia compuesta por dirigentes políticos y económicos, Macron instó a asumir la “responsabilidad” de afrontar esas tendencias y “actos brutales”. “Preferimos el respeto a la animalidad, la ciencia a las teorías conspirativas y el Estado de derecho a la brutalidad”, afirmó Macron, quien elogió que Europa sea “un lugar donde el Estado de derecho y la previsibilidad siguen siendo la norma”. Sus palabras, sin embargo, fueron eclipsadas por el reflejo de sus anteojos Pacific S 01, de la marca iVision Tech, que cotizan 770 dólares en el mercado. Los medios y los mercados reaccionaron al evidente parecido al Tom Cruise de la primera película de Top Gun. 

Milei no tuvo tanta exposición ni atención mediática. Quizás porque el debate está en otras esferas. A diferencia de lo que expresa el Presidente argentino, el mundo no se está convirtiendo en algo mejor, sino que se profundizan las desigualdades y, gracias a Trump -su mecenas-, se está volviendo más inseguro, con la ley del más fuerte por encima de los acuerdos internacionales. 

Más allá de la retórica, la economía global no tiende a ser más equilibrada ni el reparto de los ingresos un poco menos desigual. Por el contrario. 

El mejor ejemplo es la Argentina bajo la gestión libertaria. La radiografía del mercado laboral del tercer trimestre de 2025 deja un dato imposible de maquillar: el empleo formal retrocede mientras la informalidad avanza. No es un fenómeno marginal ni transitorio, sino el rasgo dominante de la dinámica del trabajo en la Argentina actual, de acuerdo con los últimos registros del INDEC.

Sobre un total de 22.668.000 de puestos de trabajo, apenas 11.063.000 corresponden a asalariados públicos y privados registrados. En contraste, los asalariados no registrados suman 5.6 millones y los trabajadores por cuenta propia alcanzan los 5.9 millones. La suma de estas dos modalidades -11.605.000- ya supera al empleo asalariado formal, una señal inequívoca del deterioro estructural del mercado laboral.

Este corrimiento hacia la informalidad no ocurre en el vacío. Se da en paralelo a una fuerte pérdida del salario real –los salarios registrados perdieron fuerte en noviembre y el poder adquisitivo cayó 6,4% en la era Milei-, con especial impacto en los ingresos del sector público, los trabajadores bajo convenio y, naturalmente, los informales, que quedan completamente expuestos al ajuste. El trabajo es cada vez más precario y peor pago.

La comparación interanual termina de cerrar el cuadro: respecto del tercer trimestre de 2023, los asalariados registrados se redujeron en 222.000 personas, mientras que el empleo “en negro” creció en 231.000 y el trabajo por cuenta propia se expandió en unas 400.000 personas, en su mayoría también fuera de todo esquema formal. Menos empleo protegido, más supervivencia individual: ese es el saldo concreto del mercado laboral hoy en la Argentina.

El propio diagnóstico oficial refuerza esta lectura. Según la Secretaría de Trabajo, “la totalidad de las nuevas inserciones corresponden a puestos no registrados en el sistema de seguridad social”. En base a datos del Indec, la población ocupada no registrada creció entre los terceros trimestres de 2024 y 2025 un 5,3%, mientras que el empleo registrado cayó un 0,6%. El ajuste no sólo eliminó empleo, lo empujó fuera del sistema. No habrá reforma laboral que cambie esto si no hay mejoras en la actividad económica y el consumo. 

En contraste, con Milei ya hay 6 millones de planes sociales, un 50 % más que con Alberto Fernández, protagonista de uno de los peores gobiernos de la historia. Cristina había dejado el poder con unos 250 mil planes sociales. Con Macri fueron casi 1,5 millones de beneficiarios.

La asistencia directa a los sectores más pobres fue la única partida que creció de manera sostenida durante la gestión libertaria, tanto en cantidad de beneficiarios como en poder de compra real. A diciembre de 2025 la AUH alcanza a 4.114.513 titulares, incluidos 93.453 beneficiarios por discapacidad, mientras que la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niños. En total, más de seis millones de planes sociales, una cifra récord que habla de un proceso de latinoamericanización de la Argentina, cada vez más lejos del país de clase media que supo ser.

Esa “latinoamericanización” es clave. Argentina exhibe hoy el menor salario en dólares de la región y desigualdades tan dramáticas como otros países de América. En la Colombia de Gustavo Petro -en las antípodas políticas de Milei- la proporción de personas ocupadas informales fue de 55,4 por ciento, lo que representa un leve aumento frente al dato de 55,3 por ciento del trimestre anterior. De los 24,5 millones de ocupados, 13,6 millones son informales. Una enorme masa laboral apenas con expectativas de supervivencia. 

Sólo cuatro personas en Colombia acumulan cerca de 42.000 millones de dólares. Para dimensionar la desigualdad, un millonario colombiano promedio tardaría apenas dos minutos en ganar lo que una persona promedio obtiene en un año de trabajo.  

En Paraguay, la informalidad laboral constituye una de las expresiones más profundas de la desigualdad estructural del país. Más del 62,5% de la población ocupada trabaja fuera del marco legal, sin acceso a derechos básicos como salud, jubilación o licencias laborales. 

Mal de muchos… 

Salvo Brasil, ningún país de la región tiene políticas activas para reducir la desigualdad y mitigar la pobreza. El mercado laboral de Brasil alcanzó un hito histórico al registrar una tasa de desempleo del 5,2% en el trimestre finalizado en noviembre, el nivel más bajo desde el inicio de la serie estadística en 2012, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Uno de los datos más relevantes es el fuerte avance del empleo registrado. El número de trabajadores con contrato formal (“carteira assinada”) llegó a 39,4 millones, el nivel más alto desde 2012, con un incremento interanual del 2,6%, equivalente a un millón de nuevos empleos formales.

Si bien el empleo informal continúa siendo elevado, con 38,8 millones de trabajadores, en los últimos doce meses se redujo un 3,4%, lo que marca una leve pero significativa mejora en la calidad del empleo.

En la Argentina, no crece el empleo, sino la informalidad. Y lejos de mejorar las condiciones sociales, lo que cuesta es llegar a fin de mes. Tanto que el Banco de la Ciudad de Buenos Aires lanzó una oferta extrema: créditos para pagar las expensas. 

El lanzamiento de este producto no es un hecho aislado. Un informe de diciembre de 2025 reveló que el 53% de los hogares de ingresos medios tuvo que recurrir a ahorros, vender activos o endeudarse para cubrir gastos corrientes. 

Por eso cobran relevancia los esfuerzos locales para sostener la economía. El gobernador Hugo Passalacqua advierte que las expectativas de corto plazo no permiten ilusionarse con un cambio de situación. Por eso se pusieron en marcha una serie de medidas que apuntan a dinamizar la economía. La baja de impuestos a los combustibles y la continuidad de otros beneficios fiscales, forman parte del paquete que se seguirá ampliando y que fue elogiado hasta por la Confederación Económica de Misiones, entidad hasta ahora complaciente con las políticas nacionales y que está en plena efervescencia, con un fuerte debate interno por la línea que seguirá la conducción que debe ser renovada el 11 de febrero, aunque en la presidencia seguirá el maderero Guillermo Fachinello. 

La última encuesta de la CEM marca que para el 41% de los empresarios el 2025 fue “peor que 2024”. Apenas un 17 por ciento lo consideró “mejor”. Sin embargo, hasta ahora la entidad no había alzado la voz sobre el rumbo económico. 

El relevamiento indica que un 27% redujo inversiones; un 21% postergó pagos, un 12% redujo personal, un 11% redujo horas o actividad, un 9% vendió activos y; finalmente; un 17% de los encuestados no tomó ninguna de las definiciones antes mencionadas. 

Los factores que afectaron el desempeño empresarial en 2025 fueron la caída del consumo, la incertidumbre económica, el aumento de costos, la carga fiscal / administrativa, la falta de financiamiento y el endeudamiento previo.

Respecto del balance de la actividad 2025; un 52% del sector pyme indicó logró adaptarse a las condiciones económicas pero con mucho esfuerzo; mientras que un 33% reveló que apenas logró sostenerse y un 11% logró adaptarse sin mayores problemas. 

Por último, entre las formas de transitar el 2025, se expresa que las pymes misioneras resistieron (39%), reestructuraron (25%), se achicaron (14%), se endeudaron (10%), invirtieron (8%) y cerraron o pausaron (1%).  

El impacto de las políticas económicas nacionales no solo se refleja en la caída del consumo o los comercios cerrados. El sector forestal atraviesa una de sus peores crisis. Y todo apunta a la Nación. 

El ingeniero forestal Nicolás Ocampo, impulsor del Grupo Jóvenes Ingenieros Forestales de Misiones y ex vicepresidente del Colegio de Ingenieros Forestales, señaló que en los últimos dos años, el precio de la energía se incrementó más de un 617% -una decisión tomada a nivel nacional- y el gasoil cerca de un 250%, afectando de manera directa a la actividad forestal y a la logística.

Ocampo planteó como medida de alivio una reducción del IVA al 10% y del impuesto a las ganancias en niveles similares, como ocurre en Paraguay. “Misiones tiene el 90% de sus límites con Paraguay y Brasil. Si la Nación nos brinda herramientas de competitividad, podemos ser una potencia productiva e industrial y terminar con desventajas históricas. Eso sería verdadera libertad para competir”, afirmó en respuesta a un posteo del diputado nacional Diego Hartfield.

También cuestionó la ausencia de una política energética nacional para el sector industrial y recordó que países como Alemania, Estados Unidos, Japón y los miembros de la Unión Europea subsidian la energía para sostener la producción. A eso sumó la necesidad de precios diferenciales para Misiones, considerando el impacto que tuvo la represa de Yacyretá en la provincia, medidas que dependen exclusivamente del Estado nacional.

Otro punto señalado fue el ingreso de productos forestales importados, como muebles provenientes de China, e incluso la posibilidad de importar viviendas industrializadas. “¿No les parece que así la competencia deja de ser justa?”, planteó el empresario. 

El ex tenista libertario, locuaz en las redes sociales, se quedó sin respuestas y apenas atinó a decir que una baja de impuestos “lleva tiempo”.  El ingeniero retrucó con una evidencia: si se hicieron miles de reformas con velocidad, ¿por qué ahora la baja de impuestos necesita paciencia infinita? En 30 años, espera Milei, Argentina será potencia. 

La producción yerbatera también da muestras de un hastío inaguantable: el viernes en Campo Viera hubo un encuentro dominado por la tensión en contra de la desregulación impuesta por Milei. Los productores firmaron un petitorio que exige la urgente definición de un precio justo para la hoja verde y amenaza con un cese de cosecha por tiempo indefinido si no hay respuestas concretas. Los productores coincidieron en que la promesa de libre oferta y demanda no se cumplió. “No funcionó. Solo provocó concentración y ahora quieren instalar una sobreoferta mayor a la real. El INYM tiene que recuperar sus herramientas de control para garantizar un precio justo”, expresó uno de los presentes. El malestar creció cuando se consultó por soluciones concretas y desde el organismo se respondió: “Desde Nación decidieron bajar línea y no responden. Hay que ser realistas”.

Jorge Haddad, representante por la producción en el Instituto Nacional de la Yerba Mate fue terminante en cuanto a las posibilidades de dar respuestas a los productores: “No hay novedades respecto al precio. Nos gustaría poder decir lo contrario, pero no es así. Vinimos a dar la cara y a explicar lo que está pasando. Estamos con las manos atadas”.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin