Jorge Asís

Consagración cultural del Club Swinger

Compartí esta noticia !

Al plantarle La Doctora la ficha de Alberto, un operador, el Ángel replica con Pichetto, un “operador y medio”

“¿Qué hago mal para que los burgueses me aplaudan?”.
Sin rigor, se le atribuye la reflexión al poeta Paul Eluard, cuando lo celebraban sus enemigos.
Planteaba el dilema del elogio del adversario. Que enaltece, desorienta, confirma. Pero altera.
A través del elogio, el adversario distorsiona la identidad del beneficiado.
Es el otro, el ajeno, quien legitima las virtudes. Los atributos que al propio le cuesta reconocer. O se los niega por conocerlo demasiado. Unánime mezquindad.

Es Mauricio Macri, El Ángel Exterminador, quien supo descubrir, en el senador Miguel Pichetto, Lepenito, su opositor, la génesis conceptual del «estadista».

Para “los compañeros del peronismo”, Pichetto representaba una cierta garantía de eficacia y de lealtad.
Acompañó a Carlos Menem, sin ir más lejos, hasta en el demencial intento de la re-reelección. Artimaña que el viejo jefe mantenía vigente para conservar el poder hasta el último día. Sin que se le diluyera entre la codicia de los cretinos.
Con la medialuna enarbolada, Miguel lo acompañó a Menem. Hasta el epílogo.
Como acompañaría, después, a Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas) . Y en especial, desde el senado, a Néstor Kirchner, El Furia. Y con mayor tensión también a La Doctora.
Sin embargo, quien estaba habilitado con luz verde para dirigirse a los Kirchner, cuando lo considerara conveniente, era Nicolás Fernández, El Rápido, senador por Santa Cruz.
Hombre fuerte, un Fernández casi olvidado. Creía mantener asegurada en el bolsillo su extensión como venerable. Y casi lo celebraba en Piégari con su esposa, cuando se enteró que La Doctora, en el último minuto, había decidido bajarlo.
Consagración cultural del Club SwingerDe la lealtad de Pichetto, hacia los Kirchner, abundan las pruebas. Como el testimonio gráfico de la madrugada en que el vicepresidente Cobos, El Cleto, con su voto “no positivo”, iba a pulverizar aquellas apasionadas retenciones.
Cuando el kirchnerismo confundía a De Ángelis, Dientecito, con la oligarquía.
Aquel rostro de Pichetto mereció con amplitud el apodo inicial. Humphrey Bogart. El duro de “Horas desesperadas”.

El postergado

“Su presencia no se notaba pero su ausencia sí”. Asís.
Funcional, perfil bajo, excelente persona, dispuesto y cordial, pero Pichetto se sentía extrañamente postergado en el kirchnerismo.
Por el brutal pragmatismo imperante, debía aceptar que al Furia, en la práctica, le resultaba más útil el radical Saiz como gobernador de Río Negro.

Un emblemático Radical Kash, cliquear. Saiz era preferible a Pichetto. Y tenía mas votos entonces que el invalorable Gringo Soria, El Espía, rival interno en el peronismo de la provincia compleja. Con fragmentos y distancias.
En 2011 Soria iba a conquistar la hazaña de gobernar la radical Río Negro desde el peronismo. Pero lo perseguía el atavismo marcado de la tragedia.
El crimen permitió que un progresista sin votos, Weretilnek, un complemento del casi inexistente Frente Grande, recibiera, como herencia, el bagaje envuelto de la gobernación.
Y por su competencia El Progresista fue reelecto en 2015. Cuando Pichetto creyó que le correspondía.
“A llorar al parque”.

La plenitud

Ya sin ningún Kirchner arriba, desde la Planta Permanente del Senado, Pichetto experimentó sus mejores momentos en el poder.
Consagración cultural del Club SwingerAdquiría fuerza útil en su posición sustancial de engranaje. Intermediario de los gobernadores, que le debían favores y se le reportaban.
Hasta diplomarse como un “hombre de poder”, de consulta permanente, invitado en las mesas más ambiciosas mientras comenzaba a lucirse.
A inmolarse con sus bajadas de línea, en entrevistas donde culpaba, en exceso, a los inmigrantes de países vecinos.
Importación que se percibía, a su criterio, en el ejercicio de la delincuencia. Fueron imposturas que le motivaron el nuevo apodo de Lepenito.
En la plenitud, tenía la cotidiana convivencia del plazo fijo que le era difícil de renovar.
El 9 de diciembre de este año debía dejar la senaduría. Cada día que pasaba Lepenito valía menos.
Pudo entusiasmarse con la re reelección de Weretilnek. Con la sospechosa ayuda del oficialismo macrista, que le debía una lista de favores.
Pero por la Suprema Corte ese proyecto de permanencia no pasó. Pese al extendido enfado de Lepenito, que se mostraba como un estadista calentón.
Pero el doctor Ricardo Lorenzetti, Cardenal Richelieu, tenía razón:
“Hay que ser serio, si se votó en contra de Santiago del Estero, lo mismo no podía aprobarse en Río Negro”.

Los polarizados

Menem se engalanó con la lealtad eterna de Lepenito. Fue el primero en decirle que debía ser el “próximo presidente”.
Tal vez Pichetto tomó con exagerada seriedad la sugerencia. Tenía menos territorio que una maceta. Sin capital de respaldo. Pero salió a decir nomás que quería ser presidente.
Y acompañado por empleados del senado, amigos fieles y buscapinas de medialuna enarbolada, abrió un local propio.
Consagración cultural del Club SwingerFue, incluso, uno de los cuatro miembros fundacionales de la fotografía de Seita. Derivó en la Alternativa Federal del Peronismo Perdonable.
Cuadros categóricos que se proponían perforar la polarización entre Macri y La Doctora. Pero pobres: terminaron polarizados.
Sergio Massa, El Desconcertante Conductor, con La Doctora. Lepenito con el Ángel.
Mientras tanto Juan Schiaretti, El Aleph, y Juan Manuel Urtubey, El Bello Otero, siguen asediados por Macri. Hasta el acoso.
Son seducidos, también, en simultáneo, por los radicales de la Red Link. Filosóficos continuadores de la receta política de Emilio Monzó, El Diseñador. Motivó la decisión de Marcos Peña, El Pibe de Oro. O sea por Macri. Congelarlo.
La idea de “ampliar la base de sustentación política” del Tercer Gobierno Radical. Con la incorporación de los Peronistas Perdonables de colección.

Frutos del Bosque

Debe aceptarse que el Ángel movió con acierto una ficha.
Al incorporar a Lepenito muestra que aún conserva reflejos.
Devuelve la sorpresa generada por la Doctora, que lo había dormido con la designación de Alberto Fernández, El Poeta Impopular.
Al plantarle La Doctora la ficha de Alberto, un operador, el Ángel replica con Miguel, “operador y medio”.
Para concluir, Pichetto representa un magnífico aporte de solidez para la reconocida insustancialidad del “mejor equipo”.
Es también la consagración cultural del Club Swinger.
El entrecruzamiento político que mantiene esquemas de mestizaje. Menjunje que derive, probablemente, en una nueva identidad. «Frutos del bosque».
Pero se confirma que no hay lugar conceptual, ni siquiera como “elogio”, para la palabra “traición”.
Aunque posibilite justificaciones descaradas, como la del Marqués de Talleyrand, cuando aclaró:
“Traicioné, sí, pero fue para beneficio de Francia”.

Compartí esta noticia !

El verso egregio del consenso

Compartí esta noticia !

Para ilustrar el mito insignificante de la Moncloa doméstica.
Previa
Disolver la quiebra en el fracaso colectivo
“Se debe convocar al verso del consenso con grandeza, cuando se arranca. Cuando estás con todo el poder, en la etapa de los globitos.
Nunca cuando estás en banda, en falsa escuadra, sin aire y ya te pusiste el país de sombrero”.
Con el país de sombrero, sin la menor elegancia el Tercer Gobierno Radical -que preside Mauricio Macri, el Ángel Exterminador- apela de pronto a la «generosidad» de los opositores.
El proyecto, de máxima, es desesperado, previsible y ambicioso. Disolver la quiebra personal en el fracaso colectivo.
Sirve, de mínima, para ganar tiempo.
Mientras lucían como el «mejor equipo», entre danzas rituales, cabía admirarlos.
“Me eligieron para gobernar a mí y gobierno yo”.
Consta que Emilio Monzó, El Diseñador, contuvo el estruendo ofensivo de una profanación.
Fue cuando planteó la necesidad de “ampliar la base de sustentación política” del TGR.
Como correspondía, Monzó fue preventivamente aislado.
Sólo podía tratarse la superioridad científica del Ángel.
Carolina Mantegari
El terror plantado a La Doctora tiene el efecto circular. Les vuelve. Como un bumerang.
Fue plantado con el extraordinario complemento de los grandes medios de comunicación.
Asustados y cautivos reflejaron el susto de los inversores que no existen. Buscapinas, en realidad, que hacen equilibrios entre las bicicletas financieras.
El verso egregio del consensoMerced al temor de referencia, a la interacción directa entre el crecimiento de La Doctora y la elevación moral del dólar, el TGR logró retomar la iniciativa.
Y profundizarla a través del WhatsApp, el instrumento para penetrar con el verso egregio del consenso.
Transcurrió la redacción de las 10 razones genéricas que se le atribuyen a Rogelio Frigerio, El Tapir.
Para ilustrar el mito insignificante de la Moncloa doméstica. Motivaciones aptas para implantar el verso egregio del consenso entre el TGR y la oposición “racional”.
Con los selectivos sectores del Peronismo Perdonable, alejados conceptualmente del “apocalipsis” que el gran medio identifica con la maléfica Doctora.
Los orígenes fueron estimulados durante las caravanas académicas hacia Wall Street. Es donde se distribuyen los beneficios de la aprobación o los rigores del rechazo.
Es precisamente entre “Los Buscapinas de Wall Street” (cliquear) donde prosperó, con unanimidad, el folklórico terror hacia La Doctora.
Suspenso del Alfred Hitchcock de “Psicosis”, que se transfirió mecánicamente hacia el segundo ámbito de decisión. Washington, sede del Fondo Monetario Internacional.
Es donde exhibe su secreto encanto la señora directora Christine Lagarde, Madame Bovary.
Pero quien despacha es David Lipton, Michael Douglas, el director adjunto y reticente receptor de las instrucciones de Donald Trump, Nuestro Conductor.
El inexplicable populista, Trump, aterrado por el populismo peor, el maldito y peligroso.
Populismo que, por el canal de La Doctora, puede instalarse otra vez en un país aún extravagante, como la Argentina.
Pese al mediocre surrealismo estructural, Argentina es todavía un país clave gracias a la catastrófica deriva del Brasil de Bolsonaro, El Maluco.
Un Brasil en banda que oscila entre el efectismo geopolítico y el papelón estrafalario.
En materia de papelones, El Maluco es superado, apenas, por Mike Pompeo, el Primo de Fulvio, Secretario de Estado de Nuestro Conductor. Y por Johnny Bolton, brutal Consejero de Seguridad.
El verso egregio del consensoEntre los tres, Trump, Pompeo y Bolton, protagonizaron en Venezuela los papelones más gravitantes del joven siglo XXI.
Pero son los dueños del gran circo continental que arrastraron en sus payasadas y malabarismos a los integrantes del elenco estable.
Como el Ángel, que sin nociones de política exterior, ni consejeros sensatos habilitados, apostó por la perspicacia de unir el presente de Venezuela con el futuro inmediato de la Argentina.
Si es que la sucursal vuelve a ser presidida por La Doctora.
Al menos, los papelones de Trump fueron explotados por un inspirado Macri para regar el terror hacia La Doctora. Como si fuera una maceta con geranios.
Para la geopolítica circense, el regreso del maldito populismo a la Argentina podía consolidar el populismo rusófilo, chinófilo y cubanófilo de Venezuela.
Se imponía entonces evitar el retorno de La Doctora a las monotonías del poder. Junto a los “pibes saltarines para la Liberación” y las cadenas nacionales como instrumentos de tortura.
Aunque no les sirviera para más nada, los tenedores de bonos debían sostener al Ángel y ayudarlo con la epopeya de la reelección.
Sin contemplar, por dos o tres semanas, el Plan V, si es que logra recuperarse el Ángel del vértigo que reproduce la sistemática caída.

Caravanas académicas

En las caravanas académicas hacia Wall Street se registró la consagración como estadista del senador Miguel Pichetto, El Lepenito.
La diplomatura acelerada de estadista le fue dictaminada por El Ángel Exterminador. Cuando percibió que no disponía de ningún funcionario propio que le fuera de mayor utilidad que El Lepenito.
El Ángel Exterminador lo calificó de estadista sin intenciones de exterminarlo entre los pares que comparten la identidad del peronismo.
El verso egregio del consensoAl contrario, los elogios fueron un acto objetivo de justicia.
Pero también emocionaron, en Washington, las solidaridades democráticas de Marco Lavagna, En el Nombre del Hijo.
El muchacho conmovió a los oficialistas capacitados para poner la cara ante la adversidad (preferentemente fuera del país).
Como el senador Pinedo, El Gentleman, con el mandato a punto de ser cumplido, como el de Pichetto. En ambos casos sin atisbos de renovación.
El verso egregio del consenso por WhatsApp motivó la algarabía de los empresarios sensibilizados por el terror similar hacia La Doctora.
La detestan, aunque, en el fondo, mientras les pontificaba desde la cadena nacional, ganaban mangos superiores. No pueden compararse con los mangos que pucherean hoy.

Cambiar el aire

Cuando un político confirma que, en adelante, quiere dedicarse a gozar de su familia, es porque lo «garcaron».
En la misma línea, cuando quien detenta el poder llama al «gran acuerdo» es porque está en la lona y quiere ganar tiempo.
En 2009, después de la derrota de Néstor, El Furia, con Francisco De Narváez, El Caudillo Popular, La Doctora lo envió a Randazzo, El Loco, para iniciar “una ronda de diálogo” y repartir caramelos de madera.
Significa enfriar el juego para recuperarse. “Cambiar el aire”, como decía Carlos Monzón, para volver luego a golpear con fuerza.
Pero al TGR se le agota el aire y ya casi ni tiene tiempo. Y los peronistas selectivos buscados pueden ser perdonables, pero distan de mascar vidrio.
Pese al voluntarismo con viáticos del hijo Marco, La Esfinge, Roberto, el padre, despreció de entrada, por marketinero, el verso egregio del consenso.
El verso egregio del consensoY hasta Juan Manuel Urtubey, El Bello Otero, de pronto respondió que debían convocar también a La Doctora.
El bumerang circular que siempre les vuelve. Si llaman a La Doctora es «el pálido final».
En la misma onda que Urtubey, algo más categórico se encuentra El Titular de la Franja de Massa, Sergio (a quien en el PRO dejaron de llamar Ventajita para apodarlo El Meme).
Pero Sergio fue aún más allá, no sólo en el documento escrito.
Si el Ángel buscaba un consenso verdadero, un Moncloa para tomar en serio, aparte de La Doctora, según Massa debían convocar a Hugo Moyano, El Charol, a quien el Ángel quería ver preso.
Pero también a los gobernadores. A la Iglesia.
Agrandar un proyecto, para los expertos, es la mejor manera de destruirlo. Agigantarlo hasta lo imposible.
Cuando uno quiere acordarse, el proyecto no existe más. Así sea de consenso y egregio.
Un pretexto para olvidar. Se agota con otro WhatsApp menos imaginativo.

Compartí esta noticia !

El Girador, el Girado y la Justicia Giratoria

Compartí esta noticia !

La política banalizó el episodio de la picaresca digno de Francisco de Quevedo o Roberto Payró.

Previa
Escenografía de persecución

A través de la Justicia, el Tercer Gobierno Radical supo montar una categórica escenografía de persecución.
Pero sirvió apenas para radicalizar a los convencidos.
Los consolidó en la furia equiparable a la impotencia.
Lo refleja la transparente candidez de los “tontos con énfasis” que reflexionan:
¿Cómo puede ser que, con tantas pruebas evidentes de corrupción, el kirchnerismo aún concentre vitalidad electoral?
Menos pueden entender cuando la Justicia que persigue se siente, de pronto, perseguida.
Asediada por las fantásticas derivaciones del episodio ordinario, aunque aleccionador, que los supera.
La tradicional “girada” de un Buscón que prefieren atribuir, por facilidad interpretativa, a una “operación”. Del enemigo.
Sobredimensionan la capacidad de daño del kirchnerismo perverso que no entienden. Con perseguirlo, en los Tribunales, no alcanza.
Los viciosos disfrutan, en la práctica, del enorme fracaso de la virtud.
Carolina Mantegari
———————————————————————————————————————–
Para una comprensión entretenida de la historia de Los Giradores y Los Girados se propone una línea con dos vértices.
Un vértice lo ocupa el Fiscal Federal Carlos Stornelli. El otro vértice lo ocupa el periodista Horacio Verbitsky.
Ambos -Stornelli y Verbitsky- de manera indirecta le deben al presidente Carlos Menem gran parte del prestigio conquistado. Verbitsky, por haberlo mortificado (a Menem) con la consagrada polvareda del best seller “Robo para la corona” (que sin embargo no evitó que Menem pudiera ser reelecto). Stornelli, por haberlo puesto preso a Menem, con la causa de la venta de armas (a Croacia, justamente, con la venia de Estados Unidos, impulsor de la Argentina como aliado extra OTAN).
El Girador, el Girado y la Justicia GiratoriaVerbitsky lo hostigó a Menem con su literatura política, pero Stornelli lo encanó en la Quinta de Gostanián.
Aquel Menem los acercaba. Posteriormente los alejaría la dinámica de los acontecimientos acaecidos  durante la patología del kirchnerismo. Extrañamente hoy están situados en bandos opuestos. Para Stornelli, el Perro Verbitsky es el Diablo. Para Verbitsky, Stornelli es “Extornelli”.
Como Fiscal, Stornelli llegó a manejar la causa cumbre. Al borde de la jubilación, como el juez Claudio Bonadío, al que Verbitsky llama “doctor Glock”. Con Bonadío como compañero de ala, hoy Stornelli persigue recaudadores delictivos del kirchnerismo mientras luce sus dotes de “arrepentidor”.
Con atributos que consiguen hacer, de poderosos empresarios, simples arrepentidos. Libres. O por lo menos no presos.
Mientras tanto, Verbitsky prosigue, en su rol de periodista, con los fastidios al poder. Impugna la arquitectura de procedimientos de los “arrepentidores”, en el torneo de aficionados para saber quién es el mejor buchón. El que aporta más datos, para algarabía de la banda presentable.
La otra banda señalada, la de Justicia Legítima, se utiliza como estampilla para la descalificación.

Regla del Punto de Vista

En el Taller Literario suele enseñarse la “Regla del Punto de Vista”. Para eficacia de la narración, la Historia de los Giradores y Girados corresponde tratarla desde el punto de vista del antihéroe.
El presunto doctor Marcelo D’Alessio, El Girador, “máximo especialista en narcotráfico”, colgado como “agente de la DEA”. Emblema del Buscón inspirado, sin saberlo, en el iniciático Buscón don Pablos, que don Francisco de Quevedo inmortalizara en el siglo XVII.
Cuando existía la digna Inquisición. Con inquisidores menos permeables que los destacados hoy en los medios de comunicación. Los que impulsan, desde la virtud, la destrucción de la banda viciosa. Cuesta encarar la problemática del Buscón moderno sin calibrar el extraordinario papelón del periodismo.
El Girador, el Girado y la Justicia GiratoriaPor la estremecedora inocencia -que puede pasar por buena fe- de dos grandes diarios. Uno de ellos digital. Profesionales accesibles que presentaron al Buscón como “experto en narcotráfico” y flagelos varios.
Semejante envoltorio le facilitaba al Buscón el acceso privilegiado hacia las víctimas.  Compraban el producto confiados, al contado, sin derecho a la duda. El “especialista” pontificaba en emisiones televisivas, como un excelso protagonista que analizaba la realidad jurídica y política del país en banda. Tan vulnerable y condicionado por las contradicciones entre bandas que el Buscón sabía manipular.
Justicia Giratoria
La perspicacia personal del “especialista” logró el estallido de la Justicia Giratoria. Derivó en la banalidad del enfrentamiento implacable entre el oficialismo macrista y la oposición kirchnerista.
Donde el Buscón encontró la posibilidad de recaudar cientos de miles de dólares, se construyó una cuestión de estado. El Buscón, o El Girador, era un dotado para invadir intimidades. Entrometerse en vidas de otros. Recolectar confianzas.
Al Fiscal Stornelli, El Girado, llegó de la mano de un periodista seducido por la magnitud de sus conocimientos. También, por  supuesto, lo “giraba”. El Girador entró en la vida del Girado con el frontal objetivo de facturar por favores en su nombre.
Creyó embocar al empresario Etchevetz, que nada tenía de distraído y se transformó en Embocador. El Girador, el Girado y la Justicia GiratoriaEl empresario estaba destinado a ser punto y de pronto se convirtió en banca. Al percibir que el Girador pretendía embocarlo, hacerle una moneda. Y se dispuso a grabarlo.
Al cierre del despacho aún no queda claro si el elegido como víctima apunta, tan solo, al Girador. O lo hace partícipe del delito, también, al Girado.
Del episodio tomó conocimiento Verbitsky. Lo multiplicó desde el portal Cohete a la Luna. Con el grotesco epílogo de la mañana en Pinamar. Donde se anexó un intendente que se había acercado al Fiscal para saludarlo. Sin saber que era un Girado, con quien había compartido un asado en su casa, dos noches atrás. Para el Girador se “trataba de un cajero del Fiscal”. Consta en el mensajito que el Girador le enviara al Embocado Embocador, que disfrutaba su novelita repentina de espionaje.
El texto del Cohete fue presentado, por el Girado aún sin información, como “una operación berreta del kirchnerismo”. Con el propósito de voltear la causa sagrada de los cuadernos del remisero de la fortuna.
Por lo tanto La Doctora Carrió, en su etapa bancadora, salió a denunciar la maniobra del kirchnerismo. Y a dar, junto a sus temibles sicarias, la vida por Stornelli.
Del mismo modo se anexaron los patriotas de la comunicación, necesitados de leños para la hoguera de la causa. Salieron a ofrendarse, con énfasis, por Stornelli.

Banalización política

Significa que la política, con una celeridad extraordinaria, banalizó el episodio delictivo originado en la picaresca creativa del Buscón.
Hacía quedar al Fiscal, el de la causa más importante, como un incauto perfecto. Mientras era grabado y filmado en pantalones cortos.
El Girador lo paseaba, en su nueva camioneta, al Girado. El Girador era el equilibrista que había construido un edificio moderno, pero con ladrillos falsos. Medias verdades, medias mentiras, tergiversaciones, asombrosa habilidad para introducirse en vidas ajenas y despojarlas.
El Girador se mostraba con El Girado en pantalón corto, mientras el Embocado dejaba de serlo. El Girador presentaría al Girado.
“Saludalo, te admira mucho -y le dijo en voz baja- es mi chofer”. El Girador, el Girado y la Justicia GiratoriaLa mera presentación era la señal que necesitaba el Girador para convencer al Embocado. Trato hecho con el Girado, que creyó saludar a un admirador, chofer del Girador.
Sólo faltaban los 300 mil dólares del Embocado que lo embocaba. El Girador no podía quedar mal con el Fiscal que le había cortado el boleto, que no era ningún bol…
Al Fiscal había que cumplirle. El Girado iba a sacarlo de la causa de los cuadernos. Por módicas  300 lucas que necesitaba para pagar la compra de la casa que nadie quería comprar. Y ni siquiera estaba en venta.
La banalización carece de desperdicios. “Fue una trama urdida desde la cárcel”. “Denunciaron en Dolores porque el juez pertenece a La Cámpora”.
Cuando el Girado, con dolor y bronca, percibió que el Girador lo había tomado por gil, ya se había desmoronado la arquitectura de mentiras.
El antihéroe supo explotar la estupidez congénita de los adictos a la información. Suelen postrarse ante la simple ostentación de  poder. Por la pertenencia a la DEA o la AFI. Por el poder “en la embajada”.
A esta altura, con la banalización impuesta, se admiten dos alternativas. O se lo banca al Fiscal Stornelli, y se lo toma como lo que es, la víctima principal de los enredos del Girador. O se lo hostiga para subrayar la supuesta condición de cómplice de la extorsión. Episodio de la picaresca que pudo haber sido contado, con superior amenidad, por Roberto Payró.
En la Argentina atiborrada de tontos con énfasis. Donde un intento de choreo legitima las sobreactuaciones de los antikirchneristas que sobredimensionan la capacidad de daño del kirchnerismo. Para estimular el arrojo de los enfáticos que incitan, de manera colectiva y unánime, a la piedad.

Compartí esta noticia !

¿Y si La Doctora les gana?

Compartí esta noticia !

El error del Tercer Gobierno Radical fue elegirla como opositora preferida.

Previa: Entre La Morsa y los Cuadernos

Cambiemos es el ciclo político que transcurre entre La Morsa (misteriosa) de Clarín y los cuadernos (que no existen) de La Nación.
En el medio se registraron múltiples amagues, excusas por doquier, culpables de arrebato, endeudamientos irresponsables a discreción, ostensible mala praxis, retrocesos inútiles, nada.
Pero el máximo error del Tercer Gobierno Radical consistió en diseñar a La Doctora como la adversaria recíprocamente ideal.
La embadurnaron cotidianamente de retórica fecal, durante los últimos tres años. Hasta transformarla en la Jefa de la Banda.
La representación del mal, mientras el bien se pulverizaba contra la realidad.
Pero lo sorprendente es que no pudieron anular a la viuda presentada como indigna. Un dilema electoral.
La magnitud del fracaso, del boleto picado que ya no tiene retorno, marca hoy que el tema político excluyente consiste en saber si ella, la viuda indigna, La Doctora, se va a presentar como candidata presidencial o no. Es lo que más interesa.
Es el enigma que signa el acontecer de la política.
La impericia estructural del macrismo le cede involuntariamente a La Doctora la centralidad. La iniciativa que dilata. Para resignación del Peronismo Perdonable.
El fracaso transversal del macrismo mantiene vigente el proyecto personal de La Doctora, que tampoco, hasta hoy, existe.
Se limita a sobrevivir a los hostigamientos insuficientes de Comodoro Py.
Carolina Mantegari
¿Y si La Doctora les gana?Tres experimentados dirigentes peronistas mantienen la esperanza de ser seleccionados por el dedo decisivo de La Doctora. El dedo que apunta, en definitiva, hacia ella misma.
Dos -Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, y Felipe Solá, Máximo Cuadro del Felipismo- fueron gobernadores de Buenos Aires, la provincia inviable.
El tercero, Alberto Rodríguez Saa, El Colibrí, es actual gobernador del Estado Libre Asociado de San Luis.
Otros dos dirigentes, con experiencia ministerial y parlamentaria, son “doctoristas” sin fisuras. Agustín Rossi, Ex Chivo, y Axel Kicillof, El Gótico.
Los dos primeros, Scioli y Solá, pueden sentirse acreedores del “proyecto”. Aunque no lo pregonen, sienten que La Doctora está en deuda con ellos.
Al Líder, Daniel, por no haberlo respaldado lo suficiente en 2015. Cuando confrontaba con su amigo Mauricio Macri, El Ángel Exterminador. Y con fuego amigo lo esmerilaban.
En aquella instancia poco y nada hizo La Doctora para evitar que se estimulara el mito de la preferencia personal por el adversario. Recíprocamente ideal.
Ambos, La Doctora y el Ángel, aún parecen entenderse en plena confrontación. Aunque no puedan evitar que se les infiltre, entre ellos, algún tercero.
Por el lado de Macri, logró infiltrarse la señora gobernadora María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo.
Poderosos sectores la prefieren. La Mafia del Bien cree haberlo consumido totalmente al Ángel que ya nada tiene para ofrecerles. Ni sorprenderlos.
Y pese a La Doctora y al Ángel, el que pudo conquistar un desperdiciado espacio personal es Sergio, ¿Y si La Doctora les gana?Titular de la Franja de Massa.
El resto es paisaje.
El Máximo Cuadro Felipista, en cambio, puede esgrimir que La Doctora no quiso darle el menor respaldo en 2007. Cuando, a su criterio, aún podía ser reelecto. Como lo cuenta en su libro bastante rescatable y original, que funcionaría como plataforma de lanzamiento hacia ninguna parte.
Pero Felipe fue barrido por la severa tormenta de Misiones, desatada por el Padre Piña y por el Cardenal Bergoglio, quienes con el Arcángel San Gabriel vencieron a Carlos Rovira, El Breve Galo, y al superior Néstor Kirchner, El Furia.
El Colibrí, por su parte, nada tiene para reclamarle a La Doctora. Salvo, quizás, la factura sombría de la indiferencia. Durante 12 años.
Por saltar como un acróbata en garrocha, y repentinamente apoyarla, al Alberto comenzó a tambalearle, en simultáneo, el poder provincial. Hasta triturarle la casi blindada situación familiar.
Por La Doctora, el Alberto y el Adolfo, Padre de la Puntanidad, se distanciaron. Influyeron también los rencores provincianos hacia otra dama, la señora Gisela, la última esposa del Adolfo, que atraviesa distintos picos de valoración.
María Lux, hija de Alberto, cuestiona a la tía, a la esposa del tío Adolfo. Por no liquidar los 80 millones de pesos que fueron destinados a su fundación.
Para el marido, El Padre de la Puntanidad, Gisela es comparable, por su rigor moral, con la señora Michelle Obama. ¿Y si La Doctora les gana?Un paralelo que fastidia a los naturales del Estado Libre Asociado que siguen las instrucciones del Colibrí.
Completan el cuadro, de los que aguardan la señal del dedo heroico, los doctoristas de paladar negro, kirchneristas puros como Rossi o Kicillof.
Ambos, Ex Chivo y El Gótico, mantienen el atributo de haber acompañado los delirios de La Doctora. Desde el principio del declive, cuando se decidió a la tontería de “ir por todo”.
Es cuando el atributo amenaza con convertirse en defecto.

Lula 2

Prolifera la patología de los observadores sagaces. Trafican influencias al mostrarse siempre bien informados. Como si contaran con el dato preciso.
Son los que aseguran que La Doctora no va a presentarse.
Cacatúas que opinan con propiedad y bajan línea acerca de lo que La Doctora debe hacer. Reaccionan mecánicamente ante las operaciones de los estrategas míticos que “nunca perdieron una elección”.
Una manera de aludir a Marcos Peña, El Pibe de Oro, o al pensador Jaime Durán Barba, El Equeco.
Los estrategas marcan la necesidad de que La Doctora sea la candidata opositora, para que triunfe otra vez Mauricio.
Según las encuestas milimétricas de don Jaime, sólo a La Doctora están seguros de ganarle con El Ángel, en segunda vuelta.
Cabe entonces la presión contundente: La Doctora es candidata o va presa.
¿Y si La Doctora les gana?No tienen en cuenta la utopía planteada en el inicio de la crónica. “¿Y si les gana?”.
“Imposible, olvídese, en segunda vuelta no puede ganar nunca”.
Antes de ganar, en todo caso, va presa. Lula 2.

El paraguas

El que no moja en el peronismo conspira.
En el poder, el peronismo tiende a fragmentarse. El que se queda afuera plantea invariables disidencias.
En la oposición, cuando aquel que lo venció huele a calas, florecen las apelaciones a la unidad.
En peronismo explícito, clavar la consigna de la unidad significa concertar con La Doctora. Con la secreta esperanza de que La Doctora no sea la candidata, aunque es lo único que a ella le interesa ser.
Se sospecha que cuando se mira por las mañanas, aparece milagrosamente en el espejo la ceremonia de la banda. Se la coloca, otra vez, su hija.
Debe colocarse la postulación o no de La Doctora bajo un paraguas. Metodología diplomática, impuesta por Cisneros y Di Tella, para los inspiradores del Peronismo Perdonable que se inclinan, para ganar, por el entendimiento.
En especial si La Doctora, con su elegancia patagónica, los aprieta con instalarles la divisoria Unidad Ciudadana en las provincias.
Al cierre del despacho, crece la interpretación que señala a Macri como adversario exclusivo. El objetivo es atraer a La Doctora. Aunque, en realidad, los Peronistas Perdonables se dejan encantar por ella. Cuando calla, para colmo, crece en consideración. Temen repetir el ritual de aplaudirla.
¿Y si La Doctora les gana?Sergio no cree que sea el momento oportuno de celebrar un encuentro público. Prefiere dialogar con Máximo, En El Nombre del Hijo, el canal.
Otros hablan asombrados con Alberto Fernández, El Poeta Impopular. Porque La Doctora lo escucha. Estigma de resurrección.
Quien prosigue con su distante reticencia es Juan Manuel Urtubey, El Bello Otero. Prefiere no acercarse a La Doctora. Pero le cuesta encontrar la manera de proyectarse. En especial cuando, para descalificarlo, pretenden situarlo muy cerca de Macri.
En cambio Schiaretti, Vuelve Juan, al contrario del Bello Otero, mantiene el pretexto de quedarse en Córdoba. Otros cuatro años.
De los que amagaron con un lanzamiento, el senador Miguel Pichetto, El Lepenito, es quien queda más afectado por el cuento de la unidad (que no lo contiene).
Creció Pichetto en el vacío de la confrontación con La Doctora. Supo inventarse el rol de intermediario con el poder central, que finalmente los gobernadores no le respetaron. Demasiado astutos para aferrarse a los puentes.

Compartí esta noticia !

Fin de ciclo en Cambiemos

Compartí esta noticia !

Emilio Monzó abandona el Tercer Gobierno Radical.
Emilio Monzó, El Diseñador, Presidente de la Cámara de Diputados, decide alejarse del “espacio Cambiemos”.
Significa que ya no pertenece a la coalición de referencia.
Epílogo previsible de la relación incómoda, signada por los cortocircuitos entre quienes no podían entenderse. Ni soportarse.
Los altibajos -acercamientos y distanciamientos-, bordearon el conflicto. Por diferencias metodológicas y culturales con los polos de poder estable del Tercer Gobierno Radical.
Debe aceptarse que Monzó fue parte importante del diseño nacional que condujo, en 2015, al triunfo de Mauricio Macri, el Ángel Exterminador.
Fue un gestor pasablemente positivo de los acuerdos parlamentarios, que -pese a ser minoría estructural- lograron la aprobación de las leyes encargadas.
En cuanto trascienda el alejamiento podrá registrarse cierta soberbia perplejidad en el Colectivo Cambiemos.
Y un activo entusiasmo entre las diversas vertientes del peronismo que espera. Carolina Mantegari
Intendente de Carlos Tejedor. Ministro de Asuntos Agrarios de Scioli, en la inviable Buenos Aires. Después Ministro de Gobierno de Macri, en el Maxi Quiosco Autónomo. Con el objetivo de convertirlo en presidente de la república. Cuando Mauricio medía cuatro, cinco centímetros.
Para diseñarlo, Monzó le comprometió al alcalde Macri parte de su tiempo. Entre los jueves por la mañana y los sábados por la tarde. Dos días en que el próximo Ángel Exterminador se ponía a disposición de quien lo diseñaba.
Fin de ciclo en CambiemosY Macri, como excelente producto, se dejó diseñar. Lo hacía “caminar” las provincias. Juntos construían el proyecto nacional mientras se consolidaba el afecto recíproco.
Pero existía, en la congregación, otra manera antagónica de interpretar la política. Era la dominante y para colmo exitosa. Invencible en el imaginario.
La representaba Marcos Peña, El Pibe de Oro, fiel traductor, adaptador, espejo y sucesor oficial de Mauricio. Y el reconocido pensador Jaime Durán Barba, El Equeco, con su patrulla modernista de encuestas y focus, que les proporcionaban brillos a la majestuosa obviedad.
Eran los días sublimes del macricaputismo (ironía que Humberto Schiavoni, El Misionero, prefería denominar caputismo macrista).
Nadie se sorprendía cuando Monzó socializaba con Nicolás Caputo, El Co. Tenía mejor onda que con la dupla que privatizaba la “nueva política”.
Aquel Caputo concreto podía entender que Monzó lo trajinara a Macri entre innumerables reuniones con radicales.
Una pérdida de tiempo, para la dupla, que desvalorizaba la ilusión territorial, concepto superado. Museología política que los innovadores pretendían erradicar.
En Monzó, la identidad peronista se encontraba atenuada por los inicios adolescentes en el presentable liberalismo.
De la mano, Monzó lo conducía a Macri para acordar con los radicales. Cuando Macri suponía que solo podía ser elegido presidente en un frente con los peronistas. Como se lo reclamaba Ramón Puerta, el primer amigo que lo tentó con la idea de encarar la epopeya política.
El agotamiento del peronismo, en su versión kirchnerista, facilitaba la toma de distancia. El salto radical.
De pronto los radicales se disputaban a cuchillo. En duelos borgeanos.
Fin de ciclo en CambiemosSe desató la competencia sutil por el favor de los radicales. Entre Macri-Monzó, por una parte, contra Sergio, Titular de la Franja de Massa. El renovador comprendía también, repentinamente, el súbito valor radical.
La competencia abierta por el amor se definió en la Convención de Gualeguaychú. En un juego de kermesse donde se impuso Macri.
Signó la perentoria consagración de Ernesto Sanz, Eterna Esperanza Blanca. Y el declive inesperado de Cleto Cobos, El No Positivo, que jugaba por la Franja.
Aquí Massa debió haber comprendido que naufragaba, en Gualeguaychú, el proyecto presidencial de 2015, que iba a postergar -con insistencia- en 2019.

Motivo de discordia

Sergio fue el motivo principal de la discordia. Entre Monzó y los cultores de la modernidad, los que ganaban siempre.
En la historia ingresa la primera actriz fundamental, la señora María Eugenia Vidal, La Chica de Flores de Girondo.
La dama había aceptado inmolarse en la causa perdida que no aceptó, en su momento, la señora Gabriela Michetti, La Novicia Rebelde.
Consistía en ir al matadero como candidata a la gobernación de (la inviable) Buenos Aires.
Es cuando Monzó intenta reeditar el acuerdo Massa/Macri, que ya había funcionado en 2013. Cuando ambos decidieron acabar con el reinado de La Doctora, que aspiraba a prolongarse.
En 2015 Monzó proponía a Massa para la gobernación y a Macri para la presidencia.
Lo reclamaba, a los gritos, el vaporoso “círculo rojo”. Deseaba acabar con el cristinismo que asustaba “con los pibes para la Liberación”. Mientras boicoteaban, extrañamente, a su candidato, Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol.
Fin de ciclo en CambiemosLa dupla Peña-Durán Barba no quiso saber nada con Massa. Prefirió mantener a La Chica de Flores, que con su astucia angelical iba a vencer a Aníbal Fernández, previamente “morsificado” por el máximo Grupo mediático, protegido por el poder de la impunidad. Como diría el pensador Alfredo Yabrán.
El triunfo de Vidal funcionaría, en adelante, como la frontera de acotación para Monzó. Al extremo de inhabilitarlo hasta para politiquear en su distrito, Buenos Aires. Donde no podía asomarse, ni opinar.

Límite personal

La dupla dominante se dedicaba a desbaratar cualquier idea que surgiera de Monzó. Como la de ampliar la base de sustentación del Tercer Gobierno Radical, que se consumía entre la activa mala praxis y la liviandad teórica. Proponía incorporaciones selectivas para oxigenar el esquema que conducía hacia el fracaso inapelable.
Cansado, aburrido de los retrocesos, de las “mesas” inútiles donde nada se resolvía pero se multiplicaban, Monzó estuvo a punto de largar Diputados para irse de embajador. Pero cuando se entusiasmaba con la parsimonia diplomática de alguna capital europea ocurrió el inicio de la cuesta abajo del Ángel Exterminador. La pendiente era desastrosa. Por mera solidaridad Monzó no podía irse.
Pero los desencuentros prosiguieron. Los ninguneos gestaban pacientemente el hartazgo.
Fin de ciclo en CambiemosDe pronto dejó racionalmente de tomarlos en serio. Para comportarse como un profesional, y dedicarse a su exclusivo trabajo en la Cámara. Pudo haberse fijado el último límite personal.
“Hasta que salga el presupuesto”, confirma la Garganta.
La Ley de Presupuesto ya pasó por Diputados. Con algo de bochorno, pero salió.
Hubo tiempo para la celebración. En una parrilla, almuerzo de viernes, con su amigo Rogelio Frigerio, El Tapir (al que desde aquí se sugiere cuidarlo más), y con Nicolás Massot, Rubio Guapo del Arrabal (idem).
El festejo transcurrió con la tonalidad gris de la despedida.
Final de ciclo en Cambiemos. El “espacio” quedaba invariablemente atrás.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin