Jorge Day

Senior Economist - IERAL Mendoza Fundación Mediterránea / Professor - U.N.Cuyo

Competitividad regional en un contexto de costos crecientes en dólares

Compartí esta noticia !

El comentario típico en estos días es que Argentina está cara, y así se manifiesta en las largas colas para viajar a Chile y Paraguay, con la intención de comprar ropa y otros bienes, que están “regalados”. ¿En cuánto impacta este hecho en las economías regionales? Considerando sólo los costos, estamos en una situación especial: hay algunos que están aumentando en dólares, pero continúan bajos, mientras que otros están estables en esa moneda, pero están altos. Y esto influirá en la competitividad regional.

Antes de presentar datos, es conveniente comprender lo que sucediendo en nuestro país. Estructuralmente, Argentina se ubica lejos de los grandes centros de consumo (EEUU, Europa, China, asiáticos), lo cual constituye una desventaja para producir bienes industriales (salvo en lugares con muy bajos salarios). Por otro lado, nuestro país cuenta con muchísimos recursos naturales, con productos muy demandados por el mundo desarrollado.

Sin embargo, por distintas razones, Argentina ha sido un país cerrado al mundo, lo que se traduce en bienes industriales caros (ropa, informática, línea blanca, entre otros) y, dados que sus ingresos no son altos, son relativamente bajos los salarios y los precios de los servicios.

Pero ha habido un cambio a partir de la asunción del actual gobierno. Ha logrado reducir la inflación, y apunta a un nivel muy bajo. Como consecuencia, disminuye la demanda de dólares y, por ende, su cotización viene perdiendo fuerza; el dólar oficial se ha rezagado con respecto a la inflación.

En ese sentido, ¿cómo influye el menor dólar sobre los costos argentinos? Estos pueden agruparse en dos categorías. Por un lado, están los “menos dolarizados”, como los salariales y los precios de los servicios. Cuando la inflación aumenta más que el dólar, esos costos aumentan en dólares. Eso es lo que se viene observando a partir de inicios de 2024, luego de la fuerte devaluación de fin del año anterior. Aun así, los salarios se hallan al menos un 25% por debajo de los niveles previos a la crisis de mediados de 2018.

Por otro lado, están los costos “más dolarizados”, en especial los importables. Consideremos dos: fertilizantes y envases de papel y cartón. Los primeros habían aumentado fuertemente durante 2022, pero en este año sus precios se han estabilizado en dólares. Lo cual es lógico, porque están vinculados a esa moneda. Aun así, en general estos bienes industriales están caros con respecto al mundo, en buena parte debido a que la economía se mantiene relativamente cerrada. 

Resumiendo, los costos “menos dolarizados”, como salarios y servicios, vienen incrementándose fuerte desde inicios de 2024, pero todavía están bajos. En cambio, los “más dolarizados”, como los importables, se mantienen relativamente estables en dólares, pero continúan estando caros

Con esa referencia y suponiendo que la actual política económica tiene éxito, ¿cómo impactaría en las economías regionales? Destaquemos los puntos más relevantes.

  • Pensando en el agro y agroindustria regional, hay varios sectores que son más intensivos en mano de obra, en especial para la cosecha (frutas). Estarán más complicadas en cuanto a costos. Además, no resulta tan fácil mecanizarlas.
  • Si los salarios serán más altos y menores los precios de bienes importables, puede ayudar a capitalizarse (más equipos y tecnologías) en algunas economías regionales. Así fue la experiencia de la modernización de la vitivinicultura hace treinta años atrás, que permitió el posterior boom de ventas, luego de la devaluación de 2002.
  • Tienen la ventaja de producir bienes muy demandados mundialmente (por ej., fruta en fresco). Pero en algunas jurisdicciones enfrentan serios problemas en la logística, puesto que son productos muy perecederos, y actualmente sufren importantes demoras en el transporte. Por ej. en varios casos deben pasar previamente por Ezeiza.
  • Un problema mencionado está referido a los altos aranceles que deben pagar para ingresar productos en otros mercados externos, algo que no ocurre con bienes de Chile y Australia, principales competidores. Es relevante lograr acuerdos comerciales con el mundo, para mejorar la competitividad de varias economías regionales. Sin embargo, no será sencillo porque afectaría a otros sectores que tienen desventajas a la hora de competir internacionalmente. 

Todos estos puntos implican cambios en la economía argentina y también en las economías regionales, generando temores para unos y oportunidades para otros. La clave es cómo reducir los primeros y ampliar los segundos. Para lograr es fundamental acelerar el proceso de reformas a los fines de ganar competitividad. Temas claves son los impositivos, aduaneros, regulaciones laborales, logísticos y otros. Es un proceso más lento y tedioso, pero sustentable en el tiempo.

Compartí esta noticia !

Competitividad regional en un contexto de costos crecientes en dólares

Compartí esta noticia !

El comentario típico en estos días es que Argentina está cara, y así se manifiesta en las largas colas para viajar a Chile y Paraguay, con la intención de comprar ropa y otros bienes, que están “regalados”. ¿En cuánto impacta este hecho en las economías regionales? Considerando sólo los costos, estamos en una situación especial: hay algunos que están aumentando en dólares, pero continúan bajos, mientras que otros están estables en esa moneda, pero están altos. Y esto influirá en la competitividad regional.

Antes de presentar datos, es conveniente comprender lo que sucediendo en nuestro país. Estructuralmente, Argentina se ubica lejos de los grandes centros de consumo (EEUU, Europa, China, asiáticos), lo cual constituye una desventaja para producir bienes industriales (salvo en lugares con muy bajos salarios). Por otro lado, nuestro país cuenta con muchísimos recursos naturales, con productos muy demandados por el mundo desarrollado.

Sin embargo, por distintas razones, Argentina ha sido un país cerrado al mundo, lo que se traduce en bienes industriales caros (ropa, informática, línea blanca, entre otros) y, dados que sus ingresos no son altos, son relativamente bajos los salarios y los precios de los servicios.

Pero ha habido un cambio a partir de la asunción del actual gobierno. Ha logrado reducir la inflación, y apunta a un nivel muy bajo. Como consecuencia, disminuye la demanda de dólares y, por ende, su cotización viene perdiendo fuerza; el dólar oficial se ha rezagado con respecto a la inflación.

En ese sentido, ¿cómo influye el menor dólar sobre los costos argentinos? Estos pueden agruparse en dos categorías. Por un lado, están los “menos dolarizados”, como los salariales y los precios de los servicios. Cuando la inflación aumenta más que el dólar, esos costos aumentan en dólares. Eso es lo que se viene observando a partir de inicios de 2024, luego de la fuerte devaluación de fin del año anterior. Aun así, los salarios se hallan al menos un 25% por debajo de los niveles previos a la crisis de mediados de 2018.

Por otro lado, están los costos “más dolarizados”, en especial los importables. Consideremos dos: fertilizantes y envases de papel y cartón. Los primeros habían aumentado fuertemente durante 2022, pero en este año sus precios se han estabilizado en dólares. Lo cual es lógico, porque están vinculados a esa moneda. Aun así, en general estos bienes industriales están caros con respecto al mundo, en buena parte debido a que la economía se mantiene relativamente cerrada. 

Resumiendo, los costos “menos dolarizados”, como salarios y servicios, vienen incrementándose fuerte desde inicios de 2024, pero todavía están bajos. En cambio, los “más dolarizados”, como los importables, se mantienen relativamente estables en dólares, pero continúan estando caros

Con esa referencia y suponiendo que la actual política económica tiene éxito, ¿cómo impactaría en las economías regionales? Destaquemos los puntos más relevantes.

  • Pensando en el agro y agroindustria regional, hay varios sectores que son más intensivos en mano de obra, en especial para la cosecha (frutas). Estarán más complicadas en cuanto a costos. Además, no resulta tan fácil mecanizarlas.
  • Si los salarios serán más altos y menores los precios de bienes importables, puede ayudar a capitalizarse (más equipos y tecnologías) en algunas economías regionales. Así fue la experiencia de la modernización de la vitivinicultura hace treinta años atrás, que permitió el posterior boom de ventas, luego de la devaluación de 2002.
  • Tienen la ventaja de producir bienes muy demandados mundialmente (por ej., fruta en fresco). Pero en algunas jurisdicciones enfrentan serios problemas en la logística, puesto que son productos muy perecederos, y actualmente sufren importantes demoras en el transporte. Por ej. en varios casos deben pasar previamente por Ezeiza.
  • Un problema mencionado está referido a los altos aranceles que deben pagar para ingresar productos en otros mercados externos, algo que no ocurre con bienes de Chile y Australia, principales competidores. Es relevante lograr acuerdos comerciales con el mundo, para mejorar la competitividad de varias economías regionales. Sin embargo, no será sencillo porque afectaría a otros sectores que tienen desventajas a la hora de competir internacionalmente. 

Todos estos puntos implican cambios en la economía argentina y también en las economías regionales, generando temores para unos y oportunidades para otros. La clave es cómo reducir los primeros y ampliar los segundos. Para lograr es fundamental acelerar el proceso de reformas a los fines de ganar competitividad. Temas claves son los impositivos, aduaneros, regulaciones laborales, logísticos y otros. Es un proceso más lento y tedioso, pero sustentable en el tiempo.

Compartí esta noticia !

¿Podrá el mercado externo sostener la actividad económica en el país? Una mirada regional

Compartí esta noticia !

Escribe Jorge Day, Fundación Mediterránea. Para la primera parte de este año, se espera un mercado interno deprimido, con bajas ventas, debido al menor poder de compra de la población. Siendo así, un interrogante es si el mercado externo podrá contrarrestar aquella fuerza, contribuyendo a sostener la actividad económica durante este periodo. 

• Entre 2011 y 2023 el comportamiento de las exportaciones fue inicialmente de caída, estancamiento y luego una cierta recuperación. Jugaron en contra el tipo de cambio oficial, con recurrentes retrasos y los cepos al cambio y al comercio exterior. Además, con inflación ascendente, aumentó la incertidumbre económica y se desalentaron inversiones. Hacia el final de esta etapa aparecen excepciones en el escenario de estancamiento: los cereales (excluyendo el 2023, que sufrieron la sequía) y las carnes. 

Y no tan mal en industria alimenticia y en aceites. También se expanden las ventas externas de combustibles

• Los precios internacionales y las condiciones para exportar productos agroindustriales y combustibles reflejan los cambios ocurridos en la economía mundial tras la invasión de Ucrania por Rusia y un reseteo de la transición energética. Sin embargo, este giro no alteró el rumbo descendente de las exportaciones industriales de la Argentina: desde 2011, las ventas al exterior de MOI han caído nada menos que un 47 % en dólares constantes, merma que es de 8 % para las exportaciones primarias y de manufacturas de origen agropecuario

• Desde una perspectiva regional, con el mejor desempeño de los cereales y oleaginosas, se ha visto más beneficiada la región pampeana, en especial Córdoba. No ha sido así con otras economías regionales, que están vinculadas a exportaciones de productos primarios (excepto minerales) y agroindustriales. La mayoría de esos productos ha sufrido una fuerte caída, en comparación al año 2011. Un tercer caso es Buenos Aires, más industrial, que ha visto caer sus ventas externas de esos productos. El repunte petrolero está más vinculado a Vaca Muerta, y en 2023 se observa un sustancial incremento en las exportaciones desde Neuquén.

• Aunque se ha intentado comparar el escenario de 2024 en adelante con lo ocurrido después de 2002 (tras la caída de la convertibilidad), hay diferencias significativas con aquella experiencia: en aquellos años, el tipo de cambio oficial para los exportadores era equivalente a $ 1.800 actuales (mayor competitividad cambiaria). Esto compara con una paridad a la mitad en el presente, incluso por debajo del promedio histórico ($ 1.000). Los precios de exportación a partir de 2003 reflejaron la creciente demanda de China por commodities, fenómeno que también se percibió por el lado de los volúmenes del mercado mundial.

Actualmente, las condiciones de la demanda externa son diferentes a las de principios de siglo, aunque existen “nichos” de mercado que la Argentina podría aprovechar. Hay una recomposición de la producción agroindustrial, y el impacto de Vaca Muerta ya no se discute. Sin embargo, será difícil encontrar ejemplos análogos por fuera de la región pampeana y de Neuquén. Recuperar dinamismo en el resto de las economías regionales es uno de los grandes desafíos de la política económica y de las instituciones Para la primera parte de este año, se espera un mercado interno deprimido, con bajas ventas, debido al menor poder de compra de la población. Siendo así, un interrogante es si el mercado externo podrá contrarrestar aquella fuerza, contribuyendo a sostener la actividad económica durante este periodo. Este planteo lo haremos con una perspectiva regional.

Tendencias globales 

Las exportaciones constituyen las ventas al mercado externo. ¿Cómo vienen evolucionando esas ventas en nuestro país? En líneas generales, se observan dos grandes tendencias. La primera (2003/2011), muy expansiva, en casi todos los rubros, con la notoria excepción en combustibles. Ese impulso expansivo se explicó por un dólar muy caro (al menos hasta 2006), y un mundo creciente, que demandaba más productos y a mayores precios. En el caso petrolero, le jugó en contra la política de precios locales bajos, muy inferiores a los precios internacionales. 

La segunda tendencia (2012/2023) fue de caída, estancamiento y luego una cierta recuperación. Le jugó en contra, no sólo un dólar oficial más barato, sino además el cepo (la presencia de dos o más cotizaciones del dólar, siendo el menor precio el que cobraban los exportadores). Además, con mayor inflación, se incrementó la incertidumbre económica, desalentando las inversiones. Hacia el final de esta segunda etapa comienzan a aparecer excepciones en el escenario de estancamiento y caída de las exportaciones. Las excepciones fueron los cereales (excluyendo el 2023, que sufrieron la menor cosecha) y las carnes. Y no tan mal en residuos de la industria alimenticia y en aceites. También han sido más expansivas las ventas externas de combustibles. En cereales, una ventaja fue la recuperación de sus precios de exportación, en especial, durante el año 2022, con la guerra en Ucrania. Además, siendo un cultivo anual, tiene mayor grado de reacción, ante la mejora en la cotización del dólar exportador. En petróleo, también impacto la guerra y las menores compras de Occidente a Rusia. Por otra parte, hubo fuertes caídas en los productos industriales, que no son de base agropecuaria. No tuvieron las ventajas de mayores precios de exportación y, además, son sectores que enfrentan mayor competencia internacional, y en la que Argentina tiene menos ventajas comparativas. 

Desde una perspectiva regional, con el mejor desempeño de los cereales, se ha visto más beneficiada la región pampeana, en especial Córdoba. No ha sido así con otras economías regionales, que están vinculadas a exportaciones de productos primarios (excepto minerales) y agroindustriales. La mayoría de esos productos ha sufrido una fuerte caída, en comparación al año 2011. Un tercer caso es Buenos Aires, más industrial, que ha visto caer sus ventas externas de esos productos.

El repunte petrolero está más vinculado a Vaca Muerta, y en 2023 se observa un sustancial incremento en las exportaciones desde Neuquén. En actividad económica, es una de las provincias con mejor desempeño, durante este periodo de estancamiento. 

Perspectivas 2024 

Dado que se ha pronosticado que el mercado interno estará deprimido durante un tiempo, el interrogante inicial era si el sector externo podrá actuar como salvavidas para impulsar la actividad económica. En general, ha jugado ese rol durante anteriores crisis económicas. 

Para responder, primero se analizarán las condiciones de demanda, intentando predecir si los extranjeros comprarán más productos argentinos. Se hará una comparación con el periodo 2002/3 (inicio de la etapa post-Convertibilidad), no porque sea una situación similar a la actual, sino porque en dichos años se dieron condiciones muy propicias para exportar. 

Hay tres indicadores claves: 

• Tipo de cambio real: en aquellos años, el dólar era muy caro. Los $ 3 por dólar de esos años equivalían a uno de $ 1.800 actuales. En cambio, actualmente está a la mitad. Y se halla por debajo del promedio histórico ($ 1.000). 

• Precios de exportación: como referencia, se consideran los de commodities agropecuarios de la región pampeana (cereales, oleaginosas, carnes). En 2003 comenzaron a repuntar, mientras que actualmente siguen una tendencia decreciente. En parte, por la menor influencia de la guerra recién mencionada. 

• Volúmenes importados por el mundo: en 2002/3 se iniciaba un periodo de fuerte crecimiento mundial, impulsado por China, entre otros, y por eso se incrementaron esos volúmenes. Diferente de la situación actual, con un mundo que crece a ritmo lento.

Sintetizando, el panorama actual presenta bastantes diferencias con 2002/3 en lo que respecta al mercado externo. Es decir, actualmente no se observan esas “propicias” condiciones de DEMANDA externa. Afortunadamente, hay indicios positivos desde la OFERTA de productos exportables. Se espera una recuperación en la cosecha de granos, que había sufrido una importante disminución en 2023, y habrá mayor volumen de petróleo, un fenómeno que podría durar varios años. Ambos hechos influirán positivamente en la región pampeana (granos) y en Neuquén (petróleo). No obstante, será difícil hallar algo similar en otras economías regionales. Por ej., en Mendoza habrá una cierta mejora en la cosecha de uvas, pero no será sustancial. En algo podría incrementarse sus exportaciones, aunque no en forma significativa. En este sentido, una idea general. Cuando mejoran las condiciones de demanda externa, se benefician la mayoría de los rubros exportables (y de las regiones argentinas). Es un beneficio para todos. En cambio, cuando mejoran las condiciones de oferta de ciertos productos (por ej., granos y petróleo), la situación es más despareja. Sólo se benefician unas pocas provincias. Ese es un temor de las economías regionales. Otro punto en la comparación con 2002/3. En los años previos a dicho periodo, hubo inversiones significativas en varios sectores productivos, que pudieron modernizarse, siendo la vitivinicultura un ejemplo ilustrativo. Entonces, luego con mejores condiciones de demanda externa, y con capacidad para producir más y mejores productos, se logró un fuerte crecimiento en las exportaciones. 

En cambio, en la actualidad, luego de varios años con baja inversión, por más que mejorasen las condiciones para exportar, en varios sectores no resultaría tan rápido vender más al mundo. Pensando para el mediano plazo, un par de comentarios. Por un lado, se menciona que habrá un cambio hacia energías más limpias. Sin embargo, en estos tiempos, se pronostica que la transición energética (con menor uso de petróleo y gas) será mucho más gradual que el que se proyectaba antes de la pandemia. Lo cual constituye una buena noticia, pensando en Vaca Muerta. Por otro lado, si la actual política económica lograse reducir la inflación a cifras más razonables, permitiría reducir la incertidumbre, lo cual favorecería a las inversiones. Sin embargo, una economía estable reduciría la demanda por dólares, y quizá haya entrada de capitales (mayor oferta de divisas), por lo cual, es posible que esa moneda extranjera sea más barata. En otras palabras, los costos argentinos en dólares podrían ser mayores. Por lo tanto, no es menor el tema de pensar en las reformas estructurales, que apunten a reducir otros costos (impuestos, trámites, regulaciones), y así lograr una mayor competitividad, que sea más estable en el tiempo.

Compartí esta noticia !

¿Se necesita sólo un dólar caro paraincrementar las exportaciones?

Compartí esta noticia !

Suena a verdad de Perogrullo que, para exportar más, la divisa norteamericana debiera ser cara. En el imaginario popular argentino, tenemos la idea de que el dólar era muy barato durante los 90s, mientras que pasó a ser caro en la primera década de los 2000s. Así se explica el boom de exportaciones durante ese último periodo. Por ej., fue notorio en vinos, cuyas ventas externas se quintuplicaron en diez años.

Ahora, si recurrimos a los datos, nos llevaremos, no una, sino dos sorpresas. Comparando esos dos periodos mencionados, se observa que, en sus primeros años, los montos exportados se incrementaron a un ritmo similar en ambos casos. Aunque, luego se estancaron en la segunda etapa de la Convertibilidad, no así en el otro periodo analizado.

La otra sorpresa es que, durante la Convertibilidad, las exportaciones crecieron principalmente por cantidades vendidas, mientras que, en el otro periodo analizado, se incrementaron por precios, y no tanto por cantidad. ¿Y qué es lo importante? Que aumenten los volúmenes exportados. Mejor si vienen acompañados de mayores precios.

Vamos a los datos. Consideraremos la evolución de las exportaciones durante dos periodos: uno con dólar barato, 1992/2001 (Convertibilidad), y el otro con dólar caro, 2002/2011 (primera década de los 2000s). Para comparar su dinámica, tomaremos como base 100 el primer año de cada periodo, de esa manera, en ambos casos se comienza desde un mismo punto de partida.

Como se mencionó, sorprende que los montos exportados evolucionaran en forma similar en ambos periodos analizados, y que las exportaciones crecieran más en cantidad durante la Convertibilidad.

Desagregando por grandes rubros, se observa un comportamiento similar. Se nota más en combustibles, con caída en cantidades exportadas en la primera década de los 2000s. Compatible con la política petrolera de esa época, en la cual las empresas del sector cobraban un precio muy inferior al internacional (debido a las retenciones). Les convenía invertir y producir en otros países.
Un punto llamativo es que, durante la primera década de los 2000s se destacaron las mayores exportaciones de soja, no sólo en precio, sino también en cantidad. Hubo previamente importantes cambios tecnológicos en ese sector. Algo similar con los vinos, que también tuvo cambios en la parte comercial. Aun así, con las ventajas en esos productos, los datos muestran que las exportaciones totales crecieron a un ritmo similar en ambos periodos (al menos en los primeros cinco años).

¿Qué puede explicar esas “sorpresas”? Un punto clave está en las “condiciones iniciales” de cada caso. Previo a la Convertibilidad, nuestro país venía de economía muy mal organizada, terminando en hiper. Señal de que se partía desde muy abajo. En cambio, previo a los 2000s, la economía había avanzado mucho en competitividad, como lo muestran los datos de cantidades exportadas. Entonces, en ese periodo, a la buena base de organización de la economía se le sumó la fuerte mejora de los términos de intercambio, fenómenos que se potenciaron mutuamente.
En la segunda parte de la Convertibilidad, hubo varias complicaciones, algunas desde el exterior (crisis rusa, asiática, brasilera), que se tradujo en una importante disminución de precios internacionales, que no se vio compensada con un dólar más caro. Y es esta última parte de los noventas de la que se tiene mayor recuerdo.
Otro punto relevante es el “sesgo anti-exportador” en los 2000s, incluyendo retenciones y las restricciones cuantitativas al comercio exterior, lo cual no permitió aprovechar plenamente el contexto favorable que ofrecía el mundo.
Entonces, ¿qué rescatamos? Es claro que un dólar caro contribuye a incrementar las exportaciones, pero la experiencia de los noventa indica que no es el único factor relevante.
Además de los precios internacionales, uno de esos otros factores es la capacidad para producir. Para ampliarla se requiere más equipos y tecnología (algunos importados), y eso se logra con más inversiones. Para incrementarlas, se necesita estabilidad económica (tanto en precios como en actividad) y financiamiento, factores que han estado ausentes desde hace varios años.
Otro factor relevante es la disminución de los costos, tanto para producir como exportar. No sólo trámites internos, sino también externos, los cuales se reducen con los acuerdos comerciales. También se deben reducir las retenciones, un importante costo de exportar.

Por último, el por qué de este planteo. Si en un futuro no muy lejano la economía se llegara a estabilizar, llegando a una inflación muy baja, habrá menor demanda especulativa de dólares (no tendrá sentido atesorar en esa moneda), y mayor oferta si entran capitales para invertir en el país. Es decir, el dólar podría terminar siendo más barato. Entonces, para mantener o incrementar la competitividad argentina, se requerirá haber trabajado previamente en esos otros factores que favorecen las exportaciones.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin