Kristalina Georgieva

Directora del Fondo Monetario Internacional

Oportunidades en tiempos de cambio

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Al observar el mundo a lo largo de los decenios, veo un progreso extraordinario, pero también sueños que no se han cumplido. Hoy, la persona promedio vive mucho mejor que, digamos, hace 30 años, pero cifras como esa ocultan un hondo trasfondo de marginación, descontento y penurias.

Muchas personas en muchos lugares —en especial los jóvenes— están manifestando su desilusión en las calles: de Lima a Rabat, de París a Nairobi y de Katmandú a Yakarta, todos están exigiendo mejores oportunidades.

En Estados Unidos, las probabilidades de crecer y llegar a ganar más que los propios padres siguen disminuyendo. Aquí también, el descontento ha sido palpable y ha contribuido a desencadenar la revolución en las políticas, que está reconfigurando ahora el comercio, la inmigración y muchos marcos internacionales.

Todo esto se da en un contexto de profundas transformaciones geopolíticas, tecnológicas, demográficas —con poblaciones que crecen rápidamente en algunos lugares y se reducen en otros—, y ante el daño cada vez mayor que infligimos a nuestro planeta.

El resultado es una incertidumbre sumamente elevada, que a nivel mundial se ha disparado y sigue en aumento. Abróchense los cinturones: la incertidumbre es la nueva normalidad y está para quedarse.

***

La próxima semana, cuando los ministros de Hacienda y los gobernadores de bancos centrales de todo el mundo se reúnan en nuestras Reuniones Anuales, las inquietudes más acuciantes se referirán al impacto económico mundial de estas fuerzas de cambio y a la turbulencia en materia de políticas que estamos presenciando.

¿Y cómo lo está afrontando la economía mundial? En síntesis, podríamos decir que mejor de lo que se temía, pero peor de lo que necesitamos.

Cuando nos reunimos en abril, muchos expertos —no el FMI— pronosticaron una recesión a corto plazo en Estados Unidos, con repercusiones negativas en el resto del mundo. En cambio, la economía estadounidense, así como muchos otros mercados avanzados y emergentes y algunos países en desarrollo, han aguantado.

Como se explicará la semana que viene en nuestro informe Perspectivas de la economía mundial, prevemos una leve desaceleración del crecimiento mundial este año y el que viene. Todos los indicios apuntan a una economía mundial que, en generalha soportado tensiones agudas derivadas de múltiples shocks.

¿Cómo se explica esta resiliencia? Señalaría cuatro razones:

  • Una, la mejora de los fundamentos de las políticas;
  • Dos, la adaptabilidad del sector privado;
  • Tres, un impacto de los aranceles menos grave de lo que se temía inicialmente, por ahora, y
  • Cuatro, unas condiciones financieras favorables, mientras duren.

Permítanme ahondar en estos asuntos.

La primera razón: la mejora de los fundamentos de las políticas y la coordinación mundial.

En muchas partes del mundo, esfuerzos sostenidos han dado lugar a una política monetaria más creíble, a mercados de bonos en moneda local más profundos, a nuevas reglas fiscales y —durante la pandemia— a medidas fiscales prontas, firmes y coordinadas a escala mundial para limitar el sufrimiento inmediato y las secuelas duraderas.

En especial, las economías de mercados emergentes han mejorado sustancialmente sus marcos de políticas y sus instituciones. Acabamos de publicar un informe sobre los avances, en el que se cuantifican las ganancias. Ahora, cuando se producen los shocks, estas economías responden mejor de lo que lo hacían antes de la crisis financiera mundial.

Las buenas políticas marcan una diferencia.

La segunda razón de la resiliencia ha sido la adaptabilidad del sector privado. Basta con observar la iniciativa privada en el comercio mundial: las empresas han estado anticipando los pedidos de importaciones antes de las subidas arancelarias y reorganizando sus cadenas de suministro.

Los balances de las empresas en general muestran solidez tras años de beneficios cuantiosos, la capacidad de reacción es rápida gracias a un simulacro de shock tras otro, la inteligencia artificial se está consolidando y el cambio es algo que se asume como un reto y se aprovecha como una oportunidad.

Tercera razón: los aranceles, que no han producido un shock tan grande como se anunció inicialmente.

La tasa arancelaria de Estados Unidos ponderada en función del comercio ha caído del 23% en abril al 17½% actual, nivel que sigue siendo mucho más alto que antes. La tasa efectiva de Estados Unidos supera con creces la del resto del mundo, que se ha mantenido relativamente estable este año, habiéndose observado muy pocos casos de represalias.

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En resumen, el mundo ha evitado hasta ahora una escalada de represalias comerciales. Pero la apertura ha sufrido un duro golpe.

No obstante, este capítulo no se ha cerrado aún; las tasas arancelarias de Estados Unidos siguen cambiando. Los acuerdos comerciales con el Reino Unido, la Unión Europea, Japón y, pronto, Corea, han logrado reducir levemente algunas tasas, mientras que las disputas con Brasil y la India han elevado otras. Es probable que las tasas de otros países también varíen.

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Cuarta razón: las condiciones financieras favorables. Los precios de las acciones a nivel mundial están subiendo, impulsados por el optimismo sobre el potencial de la inteligencia artificial para mejorar la productividad. Esto, sumado a los estrechos diferenciales de riesgo, deja los mercados de financiamiento en general abiertos, y el deslizamiento del dólar a comienzos del año supone un valioso alivio para los prestatarios no estadounidenses con deuda denominada en dólares.

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Estos son, pues, los cuatro factores que explican la resiliencia económica que hemos visto este año.

***

Pero antes de que alguien lance un gran suspiro de alivio, tengo que decirles que la resiliencia mundial aún no ha sido puesta a prueba del todo.

Y hay señales preocupantes de que esa prueba puede llegar. Basta con fijarse en la creciente demanda mundial de oro. Alentadas por los efectos de valoración y las compras netas —que obedecen en parte a factores geopolíticos—, las tenencias de oro monetario superan ahora una quinta parte de las reservas oficiales a escala mundial.

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En cuanto a los aranceles, aún está por verse su efecto total. En Estados Unidos, la compresión de los márgenes podría exacerbar el efecto de traspaso a los precios, elevando la inflación, y con consecuencias para la política monetaria y el crecimiento. En otros países, una avalancha de bienes previamente destinados al mercado estadounidense podría desencadenar una segunda ronda de aumentos de los aranceles.

Sí, el comercio está revuelto, pero sigue fluyendo, como el agua, que es difícil de detener. Por ahora, la mayor parte del comercio mundial aún sigue las normas. Desde el FMI rogamos a las autoridades económicas del mundo mantener ese apego a las normas, preservar el comercio como motor del crecimiento.

En cuanto a las condiciones financieras favorables —que disimulan pero no detienen algunas tendencias de debilitamiento, incluida la creación de empleo—, la historia nos advierte que esos ánimos pueden dar un vuelco abrupto.

Las valoraciones de hoy van camino de igualar los niveles que vimos durante el auge de las acciones debido a Internet hace 25 años. De producirse una corrección brusca, unas condiciones financieras más restrictivas podrían lastrar el crecimiento mundial, dejar al descubierto vulnerabilidades y complicar especialmente la vida de los países en desarrollo.

***

En este mundo multipolar que cambia rápidamente, es fundamental que las autoridades hagan mucho más para aprovechar y ofrecer oportunidades, de modo que puedan colmar las aspiraciones de los ciudadanos, en especial la gente joven.

En el FMI proponemos tres objetivos de política a mediano plazo:

  • Primero, impulsar el crecimiento de forma duradera para que la economía genere más empleo y más ingresos públicos y mejore la sostenibilidad de la deuda tanto pública como privada;
  • Segundo, sanear las finanzas públicas para que puedan amortiguar nuevos shocks y atender las necesidades acuciantes sin elevar las tasas de interés de los empréstitos del sector privado, y
  • Tercero, abordar los desequilibrios excesivos, tanto internos como externos, para evitar que se conviertan en un factor desestabilizador.

Veámoslos en detalle uno por uno.

En primer lugar, el crecimiento. Se prevé que el crecimiento mundial se sitúe en torno al 3% a mediano plazo, frente al 3,7% registrado antes de la pandemia. Los patrones de crecimiento mundial han ido cambiando a lo largo de los años, en particular con la desaceleración constante de China, mientras la India se consolida como un motor clave del crecimiento.

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Para elevar el crecimiento de forma duradera se necesita una mayor productividad del sector privado. Y para ello, los gobiernos deben proveer y proteger los componentes básicos de los mercados libres, en particular los derechos de propiedad, el Estado de derecho, los datos de calidad, códigos de quiebra eficaces, una supervisión sólida del sector financiero e instituciones independientes y capaces de rendir cuentas.

En demasiadas economías, la productividad del sector privado está empantanada por los trámites, que entorpecen el arranque y crecimiento de empresas emergentes. La competencia es fundamental y la regulación no debe tolerar ni crear ventajas injustas.

Por ello, hoy insto a todos nuestros países miembros a emprender una revisión de sus regulaciones que fomente el espíritu emprendedor, con el apoyo de unas instituciones y una gobernanza sólidas. No es momento de infligirse daños, sino de poner la casa en orden.

En cuanto a Asia, debe profundizar el comercio interno para incluir más bienes finales y más servicios e impulsar reformas que fortalezcan el sector de servicios y el acceso al financiamiento. Nuestro análisis indica que un impulso en favor de una mayor integración regional —en particular mediante la reducción de las barreras no arancelarias— podría elevar el PIB un 1,8% a largo plazo. 

Respecto a África subsahariana, quisiera señalar que las reformas en esta región podrían arrojar beneficios especialmente grandes en vista del crecimiento y la juventud de la fuerza laboral. Unas reformas integrales en favor de las empresas, combinadas con el progreso en la construcción del Acuerdo de la Zona de Libre Comercio Continental, podrían elevar el PIB real per cápita del país africano mediano más del 10%.

Respecto a mi entrañable Europa natal, permítanme ser franca: ya es hora de dejar la retórica sobre cómo mejorar la competitividad, ya saben lo que hay que hacer. Es hora de actuar. Consideren nombrar un “zar del mercado único” con autoridad real para impulsar las reformas. Eliminen las fricciones fronterizas en el mercado laboral, el comercio de bienes y servicios, la energía y las finanzas. Erijan un sistema financiero europeo único. Pongan en marcha una unión energética. Completen su proyecto. Y pónganse a la par del dinamismo del sector privado de Estados Unidos.

Una imagen vale más que mil palabras: vean cómo siete megaempresas estadounidenses —ninguna de las cuales existía hace 51 años— cuentan con una capitalización de mercado que eclipsa la de empresas europeas de similar antigüedad.

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Permítanme referirme ahora a las finanzas públicas, comenzando por una realidad preocupante: se prevé que la deuda pública mundial supere el 100% del PIB en 2029 (gráfico 9), impulsada por las economías avanzadas y de mercados emergentes.

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El aumento de la deuda infla los pagos por intereses, ejerce presión al alza sobre los costos de endeudamiento, limita otras partidas de gasto y reduce la capacidad de los gobiernos para amortiguar los shocks.

Una de las víctimas es la asistencia para el desarrollo que las economías avanzadas brindan a los países más necesitados del mundo, que continúa su lamentable declive. Para los países de ingreso bajo beneficiarios de esa asistencia, esto significa que deben encontrar más maneras de ayudarse a sí mismos, y eso incluye fijar una meta mínima para la relación impuestos/PIB del 15%.

La consolidación fiscal es necesaria en los países ricos y pobres, sin distinción.

La consolidación es difícil, como lo demuestran muchos de los episodios recientes de malestar social. Pero si se planifica, comunica e implementa de manera adecuada, una reducción significativa del déficit es posible, sobre todo si va acompañada de un mayor crecimiento a mediano plazo.

A este respecto, permítanme pasar ahora a la tercera tarea: reducir el resurgimiento de desequilibrios en cuenta corriente.

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Como hemos visto, esos desequilibrios pueden provocar una reacción proteccionista y, al reflejarse en los flujos de capital netos, pueden agravar los riesgos para la estabilidad financiera. En el FMI estamos trabajando arduamente para perfeccionar nuestras evaluaciones del sector externo y seguiremos presionando a los principales actores para que adopten medidas correctivas de política.

Estados Unidos, donde tanto el consumo privado como el déficit fiscal son elevados y el déficit en cuenta corriente alcanza niveles no vistos desde comienzos de la década de 2000, le instamos a actuar en dos grandes esferas:

  • En primer lugar, adoptar medidas para hacer frente al déficit del gobierno federal, teniendo en cuenta que la relación deuda pública/PIB va camino de superar su máximo histórico registrado tras la Segunda Guerra Mundial. Necesitamos medidas sostenidas que vayan más allá del gasto discrecional.
  • En segundo lugar, incentivar el ahorro de los hogares, considerando, por ejemplo, la posibilidad de ampliar los planes existentes que ofrecen un tratamiento fiscal favorable al ahorro para la jubilación, entre otros posibles ajustes de política tributaria.

En el caso de China, donde el ahorro privado siempre ha sido elevado y la demanda interna se ve reprimida por un prolongado ajuste del sector inmobiliario y las presiones deflacionarias, instamos a una expansión fiscal transitoria y una recomposición fiscal permanente.

China necesita un plan fiscal estructural para estimular el consumo privado, adoptar un nuevo modelo de crecimiento y reactivar su economía, lo que también ayudará a contrarrestar la reciente depreciación de su tipo de cambio real, que impide el reequilibrio.

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Entre otras medidas, el plan de China debería destinar más gasto a redes de protección social y al saneamiento del sector inmobiliario, y mucho menos a política industrial, que un reciente estudio del FMI estima que cuesta un elevadísimo 4,4% del PIB por año.

Y en lo que respecta a Alemania, su reciente giro estructural hacia una política fiscal más expansiva —que debería contribuir a reducir el superávit en cuenta corriente— demuestra que, efectivamente, las rectificaciones son posibles. El gasto público en infraestructura, al mejorar los incentivos para la inversión privada en el país, será especialmente beneficioso en un momento en que Alemania busca inyectar un nuevo dinamismo en su sector privado.

***

Para concluir, quisiera volver a referirme a las aspiraciones de los jóvenes. Dirijo con un profundo sentido de responsabilidad una institución cuyo deber fundamental es influir en las políticas a fin de elevar al máximo las oportunidades económicas para todas las personas.

De modo que mis palabras de despedida son estas: si todos aunamos fuerzas en este complejo e incierto mundo, podemos formular buenas políticas que sustenten unos mercados libres con regulaciones inteligentes, instituciones fuertes, datos fiables y redes de protección sólidas, es decir, con políticas capaces de generar aún más resiliencia y de acelerar el crecimiento.

Para terminar con las palabras que leo inscritas en la pared de este mismo salón, “Un sueño que se sueña a solas no es más que un sueño. Un sueño que se sueña juntos es una realidad“.

Hagámoslo realidad, y brindemos oportunidades en estos tiempos de cambio.

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Profundización del mercado único europeo

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Hemos instado a todos nuestros miembros a que ahora es el momento de poner su propia casa en orden, dada la incertidumbre y el comercio mundial, el comercio mundial, otras tensiones. ¿Reformas retrasadas? No te demores más.

Y nuestros consejos han resonado. En todo el mundo, los países y las regiones están en movimiento, impulsando una mayor competitividad, más dinamismo y una transformación tecnológica más rápida. Para Europa es muy sencillo: o Europa actúa, o Europa corre el riesgo de quedar marginada. El declive relativo no ocurriría en un abrir y cerrar de ojos, sino que se arrastraría, pero eso no lo haría menos real.

No hay tiempo para demoras.

Aquí, en el Eurogrupo, tengo dos mensajes positivos que quiero transmitir desde el principio:

  • Primero: con los informes Draghi y Letta, con el trabajo de la Comisión y con su trabajo, Europa ha definido una agenda estratégica con la integración del mercado único en su centro, pero también incorporando reformas nacionales y una visión más audaz para el presupuesto de la UE. Hoy resumiré esto en un enfoque de tres puntos —el mercado único, las reformas nacionales y el presupuesto de la UE— en el que la fuerza de cada pieza descansa en la fuerza de las demás.
  • Segundo: Europa tiene todos los activos que necesita: el ahorro, las capacidades y la tecnología. Corresponde a los responsables políticos de Europa presionar, a nivel nacional, colectivo y decisivo, para movilizar estos activos a su máximo potencial. Los ciudadanos quieren una Europa que cree puestos de trabajo de alto valor, que innove y que genere productos y servicios de vanguardia. Quieren oportunidades. Está al alcance de la mano.

Sé que se puede hacer porque Europa lo ha hecho antes. Pienso, por ejemplo, en la ampliación de la UE de 2004, que abrió muchas vías nuevas para los hogares y las empresas. Hoy en día, el PIB per cápita de los nuevos Estados miembros es un 30 por ciento más alto de lo que habría sido sin la adhesión a la UE: ¡un 30 por ciento! Incluso en el caso de los “antiguos” Estados miembros, estimamos que el PIB per cápita actual es un 10 por ciento más alto, por término medio, gracias a la ampliación.

Por lo tanto, nuestra evaluación es clara y se basa en datos concretos: el mercado único da resultados.

Y, sin embargo, sabemos que las barreras comerciales internas siguen siendo altas. Según la Comisión Europea, por cada 100 euros de valor añadido producido en los países de la UE, solo unos 20 euros de mercancías fluyen de un lado a otro entre los países de la UE. En contraste, para Estados Unidos, por cada 100 dólares de valor agregado producido, 45 dólares de bienes cruzan las fronteras estatales.

Esto demuestra cómo varios factores están frenando a Europa. ¿Cuáles son? Lamentablemente, la lista es larga: regulación fragmentada, obstáculos a la integración financiera, rigideces del mercado laboral, brechas en el mercado energético, intereses parroquiales, todo ello confluyendo para limitar el crecimiento.

Demasiadas empresas europeas siguen siendo demasiado pequeñas. Uno de cada cinco trabajadores de la UE trabaja en una empresa con menos de diez empleados, el doble de la proporción que vemos en Estados Unidos. La fragmentación y las diferencias regulatorias entre los Estados miembros dificultan que las empresas compitan, se expandan y prosperen. La productividad se ha quedado atrás.

Entonces, ¿qué se puede hacer para inyectar una nueva vitalidad? Nuestro consejo es: elige algunas prioridades clave, asegúrate de que sean las correctas y esfuérzate.

Permítanme comenzar con la primera pieza de nuestra agenda de tres puntos: el mercado único. En esta primera pieza, vemos cuatro prioridades principales.

Primera prioridad: crear un entorno regulatorio predecible para ayudar a las empresas a crecer.

Reducir la fragmentación regulatoria es fundamental: las empresas necesitan claridad. Armonizar el Derecho de sociedades y el Derecho de la insolvencia sería lo más importante, pero esto es difícil. Es por eso que en el FMI apoyamos plenamente el llamado “28º régimen”, una carta corporativa voluntaria a escala de la UE. Ofrece una forma pragmática de reducir la complejidad jurídica y los costes de cumplimiento para las empresas transfronterizas: un sistema, aplicable en toda la UE, para las empresas que opten por ello.

Sabemos que nuestros colegas de la Comisión Europea están trabajando en una propuesta. Yo digo: por favor, redacte un conjunto simple de reglas que cubran las fases clave del ciclo de vida de la empresa, desde la entrada hasta la salida, y todo lo demás. Crear la posibilidad de que la empresa europea goce de seguridad jurídica para que pueda centrarse en la innovación y el crecimiento en lugar de navegar por un laberinto de 27 sistemas nacionales.

El objetivo no tiene por qué ser la uniformidad en todas las cosas, sino más bien la uniformidad donde la uniformidad es lo más importante. Las variaciones nacionales sensatas pueden —y deben— coexistir.

Y a aquellos que dicen que el derecho corporativo está tan profundamente arraigado en la tradición jurídica nacional que un régimen 28 es imposible, permítanme repetir lo que dije aquí hace dos años: ya lo han hecho. Me refiero a la Directiva sobre reestructuración y resolución bancarias, que no es otra cosa que una exclusión a nivel de la UE de los marcos nacionales para determinados bancos. Por favor, cree ahora un régimen alternativo para las empresas europeas.

La segunda prioridad de nuestra lista es de larga data: poner a trabajar el ahorro europeo.

Este punto también lo planteé aquí hace dos años: Europa tiene el dinero —muchos billones en ahorros privados—, pero es dinero perezoso. Los ahorros trabajan más en otros lugares. El sistema financiero europeo, centrado en los bancos, está fracasando a la hora de apoyar al tipo de empresas innovadoras y de alto crecimiento que impulsarán la próxima ola de productividad e innovación.

Es por eso que la unión de los mercados de capitales debe moverse ahora. Europa necesita mercados de capitales más profundos e integrados para canalizar el ahorro hacia inversiones de alto riesgo y alta rentabilidad. Europa necesita más capital de riesgo. La creación de un régimen 28 será clave, pero debe ir acompañada de un mejor acceso de los inversores a la información corporativa de todas las empresas, para que la disciplina del mercado pueda funcionar.

Y, lo que es más importante, energizar las finanzas también requiere pasos positivos en la banca. El dominio bancario en Europa persistirá, y hay espacio para más crédito bancario. Dejemos que se empuje a los bancos a asumir más riesgos, con prudencia, para respaldar el crecimiento económico. Si se hace correctamente, esto puede fortalecer la generación interna de capital, fortalecer los colchones de riesgo e impulsar la solidez de los bancos.

Reconozcamos también que los grandes bancos, especialmente, sirven como actores clave en los mercados de capitales, incluso mediante la gestión de cuentas de inversión para sus clientes. Para que puedan prestar servicios de la manera más eficiente y paneuropea, Europa debe desprenderse de sus reticencias a dar cabida a las fusiones y adquisiciones bancarias transfronterizas. Bloquear las fusiones por motivos no económicos —y dejar caer la pelota en la unión bancaria en general— no generará financiación para el siglo XXI.

Prioridad tres, muy brevemente: mejorar la movilidad laboral y el acceso al talento.

Me han dicho que pueden pasar hasta seis meses para que un trabajador que se traslada dentro de la UE sea legalmente empleable en otro país miembro, lo que seguramente no es óptimo. La aceleración de las autorizaciones de trabajo y la racionalización del reconocimiento transfronterizo de las cualificaciones profesionales contribuirán a aliviar la inadecuación de las capacidades y permitirán a las empresas contratar el talento adecuado. Esto es fundamental para permitir que las empresas crezcan.

Cuarta prioridad: construir un mercado energético interconectado y asequible.

La energía es un cuello de botella. Basta con observar la dispersión de los precios en los centros eléctricos europeos: es unas tres veces más alta que en Estados Unidos y, sí, presenta una oportunidad de arbitraje rentable para las grandes empresas energéticas europeas que deberían aprovechar.

¿Qué se puede hacer para que esto suceda? Para empezar, como hemos venido subrayando en nuestro trabajo, Europa necesita un proyecto energético que reúna todas las partes. Una parte, sin duda, tiene que ser una mejor interconexión entre las redes eléctricas nacionales. Los altos y volátiles costos de la energía inhiben la inversión y la expansión de las empresas. Por el contrario, mejorar el acceso a una energía fiable y asequible estimula el crecimiento.

En las cuatro áreas —sobrecarga regulatoria, acceso al financiamiento, movilidad laboral y energía asequible— hemos presentado diez acciones de política específicas en un nuevo documento la semana pasada. Y nuestras simulaciones sugieren que, incluso si se implementan unos pocos, los dividendos podrían ser sustanciales, un aumento de la actividad general de la UE del orden del 3% en diez años. Y no habría cuestión de ganadores y perdedores: todos los países tienen las de ganar.

A continuación, la segunda pieza de nuestra agenda de tres puntos: las reformas a nivel nacional.

Las reformas a nivel de la UE son esenciales, pero para que sean eficaces deben ir acompañadas de reformas nacionales en muchos ámbitos, y es vital que estos dos niveles de reforma remen en la misma dirección.

Tres ejemplos:

  • En primer lugar, la unión de los mercados de capitales debería facilitar el flujo de fondos hacia las empresas emergentes, pero para que los beneficios se materialicen plenamente, deben racionalizarse los procesos nacionales de concesión de permisos.
  • En segundo lugar, las iniciativas a escala de la UE destinadas a mejorar la movilidad del talento son importantes, pero para funcionar requieren reformas complementarias del mercado laboral a nivel nacional.
  • En tercer lugar, es fundamental aumentar la eficacia de la inversión de la UE en infraestructuras transfronterizas, pero se necesitan acciones paralelas para abordar las deficiencias nacionales en materia de infraestructuras.

Dondequiera que uno mire, hay un elemento nacional vital y complementario.

Por último, la tercera pieza de la agenda de tres puntos: sacar más provecho del presupuesto de la UE.

Se trata de aumentar el nivel de ambición: más apoyo del presupuesto de la UE a las inversiones en prioridades compartidas —bienes públicos europeos— y, lo que es más importante, una mejor coordinación de los esfuerzos nacionales en torno a estas prioridades. Y, si se pudiera acordar un nuevo endeudamiento de la UE, ayudaría a adelantar las inversiones, distribuir los costos a lo largo del tiempo y aumentar la oferta de activos seguros.

En resumen: recomendamos duplicar el gasto del presupuesto de la UE en bienes públicos europeos (redes eléctricas, digitalización, defensa e investigación y desarrollo) del 0,4 por ciento del ingreso nacional bruto de la UE al menos el 0,9 por ciento, para ayudar a cerrar las brechas de inversión.

Tales inversiones no solo acelerarían la profundización del mercado único, sino que también ofrecerían ahorros de costos materiales. Nuestro análisis muestra que las inversiones a nivel de la UE en infraestructura energética, por ejemplo, pueden lograr ahorros de hasta el 7 por ciento en relación con la duplicación de esfuerzos nacionales. Con las presiones de gasto a largo plazo acumulándose, grandes acuerdos como este deben aprovecharse.

También proponemos que se amplíe el papel de los desembolsos vinculados al desempeño de los Estados Miembros. Sé por el tiempo que llevo gestionando el presupuesto de la UE que, si se hacen correctamente, estos sistemas pueden desempeñar un papel importante a la hora de incentivar las reformas e inversiones nacionales necesarias, alinearlas con las prioridades compartidas de la UE y maximizar las externalidades transfronterizas positivas. Un ejemplo famoso: el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, con sus formidables beneficios económicos.

Permítanme concluir. Mis colegas y yo hemos propuesto a su consideración una agenda estratégica con tres objetivos claros:

  • Uno, eliminar las barreras internas para profundizar el mercado único y permitir que las empresas crezcan;
  • Dos, promover reformas nacionales que se alineen con las iniciativas a nivel de la UE y las amplíen; y
  • Tres, utilizar estratégicamente el presupuesto de la UE para coordinar esfuerzos e invertir en bienes públicos.

No subestimamos la dificultad de cumplir con este programa y los obstáculos políticos y los intereses creados que se encontrarán en el camino. Pero la alternativa de no hacer nada no servirá de nada. La clave, en nuestra opinión, es empujar fuerte.

El éxito requerirá que ustedes, los líderes políticos, expliquen las reformas al público y ejerzan una presión sostenida a nivel técnico. Los reguladores defienden sus misiones, pero no siempre tienen la tarea de considerar las conexiones y las externalidades. Al igual que un entrenador de fútbol, tendrás que hacer que todos los jugadores jueguen en equipo.

Y a nuestros colegas de la Comisión que tienen la pluma legislativa, nuestro consejo sería, en primer lugar, que prioricen la velocidad y no permitan que lo perfecto sea enemigo de lo bueno y, en segundo lugar, que no permitan que la mentalidad jurídica domine la mentalidad económica. La racionalidad económica y los objetivos económicos deben guiar el desarrollo de Europa en este momento crucial.

Hay un dicho que dice que Europa es la “superpotencia mundial del estilo de vida”. Cada vez que vuelvo aquí, a mi hogar europeo, siento una sensación de admiración. Pero, por favor, escuchen también esto: para que el modo de vida europeo se mantenga, Europa también debe convertirse en una “superpotencia de productividad”. Europa necesita el potencial de crecimiento que solo puede provenir de la liberación de su energía empresarial.

Y para que eso suceda, Europa necesita su mercado único ahora más que nunca. Me han dicho que en el Grupo de Trabajo del Eurogrupo de la semana pasada, un respetado colega describió el mercado interior como “un tesoro en la mano de la propia UE, que ahora necesita ser desenvuelto”. De acuerdo.

Hay mucho en juego, las recompensas potenciales son grandes y, en esta época de tensiones e incertidumbre mundiales, el momento es sin duda ahora.

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Hacia una economía mundial más equilibrada y resiliente

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¡Buenos días y una calurosa bienvenida a todos! Y gracias de nuevo, María, por tu amable presentación.

Hace seis meses, en este mismo lugar, hablé de bajo crecimiento y alta deuda. Pero también hablé de la resiliencia, es decir, de los países que sobreviven a grandes shocks gracias a fundamentos fundamentales sólidos y políticas ágiles.

Esta resiliencia está siendo puesta a prueba una vez más, con el reinicio del sistema mundial de comercio.

La volatilidad de los mercados financieros ha aumentado. Y la incertidumbre de la política comercial está literalmente fuera de serie: basta con echar un vistazo a esta cifra (gráfico 1).

A medida que se intensificaron las tensiones comerciales, los precios de las acciones mundiales cayeron, aunque muchas valoraciones siguen siendo altas: aquí tenemos una instantánea de la acción del mercado (gráfico 2).

Este es un recordatorio de que vivimos en un mundo de cambios repentinos y radicales.

Y es un llamado a responder sabiamente. Una economía mundial más equilibrada y resiliente está al alcance de la mano. Debemos actuar para garantizarlo.

Así que permítanme exponer la historia abordando tres preguntas básicas. ¿Cuál es el contexto? ¿Cuáles son las consecuencias? Y lo más importante, ¿qué pueden hacer los países?

Primera parte: ¿cuál es el contexto?

Las tensiones comerciales son como una olla que estuvo burbujeando durante mucho tiempo y ahora está hirviendo.

En gran medida, lo que vemos es el resultado de una erosión de la confianza, la confianza en el sistema internacional y la confianza entre los países.

La integración económica mundial ha sacado a un gran número de personas de la pobreza y ha mejorado la situación del mundo en su conjunto. Pero no todos se beneficiaron. Las comunidades fueron vaciadas por los empleos que se fueron al extranjero. Los salarios fueron reprimidos por la creciente disponibilidad de mano de obra barata. Los precios subieron cuando se interrumpieron las cadenas de suministro mundiales. Muchos culpan al sistema económico internacional por la injusticia percibida en sus vidas.

Las distorsiones del comercio —barreras arancelarias y no arancelarias— han alimentado las percepciones negativas de un sistema multilateral que se considera que no ha logrado establecer condiciones equitativas.

Vemos estas distorsiones en los dos gráficos siguientes. El primero nos dice que, si bien durante unos 20 años el mundo experimentó una buena convergencia hacia una tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos baja y estable, el progreso se estancó en la última década (Figura 3).

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El segundo gráfico muestra un recuento del número —no del tamaño— de las nuevas medidas netas de subsidios por jurisdicción principal (gráfico 4). Un panorama incompleto, pero que muestra la dirección general: las barreras no arancelarias en una tendencia creciente.

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Este sentimiento de injusticia en algunos lugares alimenta la narrativa: nosotros jugamos según las reglas, mientras que otros juegan con el sistema sin penalización. Los desequilibrios comerciales provocan tensiones comerciales.

Luego viene la seguridad nacional. En un mundo multipolar, el lugar donde se fabrican las cosas puede importar más que cuánto cuestan. La lógica de la seguridad nacional dice que una amplia gama de bienes estratégicos, desde chips de computadora hasta acero, deben fabricarse en casa, y que vale la pena pagar por ello. La autosuficiencia está protagonizando un regreso.

Todas estas preocupaciones, en su conjunto, se han desbordado, dejándonos en un mundo en el que la industria recibe más atención que el sector de servicios; donde los intereses nacionales se elevan por encima de las preocupaciones globales; y donde las acciones asertivas desencadenan reacciones asertivas.

Segunda parte: ¿cuáles son las consecuencias?

Respuesta corta: significativo.

Empecemos por los aranceles. Si se suman todos los aumentos arancelarios, las pausas, las progresaciones y las exenciones recientes, parece claro que la tasa arancelaria efectiva de los Estados Unidos ha saltado a niveles vistos por última vez hace varias vidas (Figura 5). Otros países han respondido.

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Y luego están los efectos secundarios. A medida que los gigantes se enfrentan, los países más pequeños quedan atrapados en las corrientes cruzadas. China, la Unión Europea y Estados Unidos, a pesar de tener importaciones relativamente bajas en el PIB, son los tres mayores importadores del mundo (gráfico 6). ¿Implicación clave? El tamaño importa: sus acciones tienen un impacto en el resto del mundo.

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Las economías avanzadas más pequeñas y la mayoría de los mercados emergentes dependen más del comercio para su crecimiento y, por lo tanto, están más expuestas, incluso a condiciones financieras más restrictivas. Los países de bajos ingresos se enfrentan al reto añadido de la disminución de las corrientes de ayuda a medida que los países donantes se dedican a hacer frente a las preocupaciones internas.

¿Cuáles serán los impactos de estas tensiones? Permítaseme hacer tres observaciones:

  • En primer lugar, la incertidumbre es costosa. La complejidad de las cadenas de suministro modernas significa que los insumos importados alimentan una amplia gama de productos nacionales. El costo de un artículo puede verse afectado por los aranceles en docenas de países. En un mundo de tasas arancelarias bilaterales, cada una de las cuales puede estar subiendo o bajando, la planificación se vuelve difícil. ¿El resultado? Barcos en el mar que no saben a qué puerto navegar; aplazamiento de decisiones de inversión; mercados financieros volátiles; Aumento de los ahorros precautorios. Cuanto más tiempo persista la incertidumbre, mayor será el costo.
  • En segundo lugar, el aumento de las barreras comerciales afectó al crecimiento desde el principio. Los aranceles, como todos los impuestos, aumentan los ingresos a expensas de reducir y desplazar la actividad, y la evidencia de episodios anteriores sugiere que las tasas arancelarias más altas no son pagadas solo por los socios comerciales. Los importadores pagan una parte a través de menores beneficios, y los consumidores pagan una parte a través de precios más altos. Al aumentar el costo de los insumos importados, los aranceles actúan por adelantado. Por supuesto, si los mercados internos son grandes, también crean incentivos para que las empresas extranjeras respondan con inversión extranjera, lo que genera nueva actividad y nuevos empleos. Esto, sin embargo, lleva tiempo.
  • En tercer lugar, el proteccionismo erosiona la productividad a largo plazo, especialmente en las economías más pequeñas. Proteger a las industrias de la competencia reduce los incentivos para la asignación eficiente de recursos. Los aumentos de productividad y competitividad obtenidos en el pasado por el comercio se erosionan. El emprendimiento da paso a peticiones especiales de exenciones, protección y apoyo estatal. Esto perjudica la innovación. Pero, de nuevo, si los mercados internos son grandes y la competencia interna es vibrante, los efectos negativos pueden mitigarse.

En última instancia, el comercio es como el agua: cuando los países ponen obstáculos en forma de barreras arancelarias y no arancelarias, el flujo se desvía. Algunos sectores de algunos países pueden verse inundados por importaciones baratas; otros pueden ver escasez. El comercio continúa, pero las interrupciones incurren en costos.

Cuantificaremos estos costos en nuestro nuevo informe Perspectivas de la economía mundial, que se publicará a principios de la semana próxima. En él, nuestras nuevas proyecciones de crecimiento incluirán notables rebajas, pero no recesión. También veremos aumentos en las previsiones de inflación de algunos países.

Advertimos que una elevada incertidumbre prolongada aumenta el riesgo de tensiones en los mercados financieros. A principios de este mes, observamos movimientos inusuales en algunos mercados clave de bonos y divisas. Aquí, vemos cómo, a pesar de la elevada incertidumbre, el dólar se depreció y las curvas de rendimiento de los bonos del Tesoro de EE. UU. “sonrieron”, no es el tipo de sonrisa que uno quiere ver (gráfico 7). Tales movimientos deben tomarse como una advertencia. Todo el mundo sufre si las condiciones financieras empeoran.

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A la inversa, nuestra Perspectiva de la economía mundial también mostrará que las medidas de política decididas para resolver las diferencias y reequilibrar pueden dar mejores resultados. Esto es lo que quiero abordar en la última parte de mi presentación.

¿Qué pueden hacer los países?

Mucho, y algo más.

En primer lugar, todos los países deben redoblar sus esfuerzos para poner en orden sus propias casas. En un mundo de mayor incertidumbre y frecuentes perturbaciones, no hay lugar para demoras en las reformas destinadas a mejorar la estabilidad económica y financiera y el potencial de crecimiento.

Las economías enfrentan los nuevos desafíos desde una posición de partida más débil, con cargas de deuda pública mucho más altas que hace unos años (gráfico 8). Por lo tanto, la mayoría de los países deben adoptar medidas fiscales resueltas para reconstruir el margen de maniobra de las políticas, estableciendo sendas de ajuste gradual que respeten los marcos fiscales. Sin embargo, algunos países pueden experimentar shocks que requieran un nuevo apoyo fiscal; Esto, si debe proporcionarse, debe ser específico y temporal.

Para proteger la estabilidad de precios, la política monetaria debe seguir siendo ágil y creíble, respaldada por un firme compromiso con la independencia de los bancos centrales. Los banqueros centrales deben estar atentos a los datos, incluidas las expectativas de inflación más altas en algunos casos.

En el ámbito financiero, una regulación y una supervisión estrictas siguen siendo esenciales para mantener la seguridad de los bancos, y es necesario vigilar y contener los crecientes riesgos de las entidades no bancarias.

Las economías de mercados emergentes deberían preservar la flexibilidad del tipo de cambio como amortiguador. Las autoridades pueden consultar el Marco Integrado de Política del FMI para obtener información sobre cómo y cuándo pueden estar justificadas las medidas temporales.

El endurecimiento de las restricciones presupuestarias implicará decisiones difíciles en todas partes, pero en ninguna parte más que en los países de bajo ingreso. En este caso, la debilidad de los ingresos exige mayores esfuerzos para la movilización de recursos internos, pero también exige el apoyo de los asociados internacionales, tanto para mejorar la capacidad de las reformas como para garantizar una asistencia financiera crucial.

Los países con una deuda pública insostenible deben actuar de manera proactiva para restablecer la sostenibilidad, incluso en algunos casos adoptando la difícil decisión de reestructurar la deuda. Me complace mucho mencionar que la Mesa Redonda Mundial sobre Deuda Soberana publicará pronto un manual para las autoridades de los países que están considerando la reestructuración de la deuda, con el fin de ayudar en la toma de decisiones.

Las disyuntivas en materia de políticas pueden aliviarse elevando el potencial de crecimiento. La economía de Estados Unidos ha experimentado un fuerte crecimiento de la productividad, mientras que otras economías se han quedado rezagadas (gráfico 9). ¿Cómo pueden ponerse al día? A través de reformas ambiciosas en la banca, los mercados de capitales, la política de competencia, los derechos de propiedad intelectual y la preparación para la IA, todo lo cual puede contribuir a un mayor crecimiento. En muchos casos, el Estado puede y debe hacer mucho más para reducir los obstáculos a la empresa privada y la innovación, en otras palabras, eliminar las lesiones autoinfligidas.

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El FMI ayudará a los países a gestionar el ajuste macroeconómico y a promover las reformas. En la actualidad, 48 países confían en nuestro apoyo a la balanza de pagos, entre ellos Argentina, donde nuestro programa más reciente y de mayor envergadura respalda reformas sólidas y orientadas al mercado.

Como segunda prioridad de enorme importancia, los países deben renovar su atención a los desequilibrios macroeconómicos internos y externos.

Los equilibrios internos entre el ahorro y la inversión son fundamentales, y pueden inclinarse demasiado hacia un lado u otro. Aquí ilustramos con una muestra de grandes países y bloques, mostrando las tasas de ahorro e inversión como porcentaje del PIB (Figura 10). Entre los factores que impulsan los desequilibrios se encuentran los hábitos nacionales de ahorro, las distorsiones inducidas por las políticas, la apertura de los mercados de capital, los regímenes cambiarios, la demografía, etc. Las políticas fiscales, monetarias, cambiarias y estructurales son palancas clave. Dondequiera que se necesite un reequilibrio, el trabajo comienza en casa.

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Por definición, los saldos internos también influyen en los saldos de la cuenta corriente externa —que se muestran aquí en montos en dólares— y, por lo tanto, en los flujos de capital (gráfico 11). En otras palabras, el reequilibrio puede mejorar la estabilidad interna, externa y global. Esto es cierto por sí solo, dado el riesgo de interrupciones repentinas de los flujos de capital. Y también es cierto porque, como se ha señalado, los superávits y déficits externos pueden crear un terreno fértil para las tensiones comerciales.

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En el FMI sabemos que el reequilibrio es difícil. Por lo general, los países con superávit en cuenta corriente sienten poca urgencia por ajustarse: son exportadores, no importadores de capital. Y, por otro lado, los países con monedas de reserva —en particular Estados Unidos— gozan de una capacidad especial para sostener los déficits en cuenta corriente. Pero el resultado neto de superávits y déficits sostenidos puede ser una acumulación de vulnerabilidades.

Todos los países pueden aplicar políticas para mejorar el equilibrio interno y externo, apoyando la resiliencia y el bienestar colectivos.

Permítanme acercarme a los tres actores más importantes:

  • En China, hemos estado asesorando sobre políticas para impulsar el consumo privado crónicamente bajo. Entre ellas se encuentran: una, medidas para reducir las políticas industriales y la participación generalizada del Estado en la industria; dos, medidas para mejorar las redes de seguridad social y reducir la necesidad de ahorros precautorios; y tres, apoyo fiscal para abordar las debilidades del sector inmobiliario. Tales acciones, si son lo suficientemente decisivas, elevarían la confianza y la demanda interna, ayudarían a reparar las relaciones comerciales dañadas y prepararían el escenario para la próxima fase de la historia de crecimiento de China. Entre otras cosas, la historia debe incluir una aceptación más cálida de la progresión natural de la manufactura a los servicios a medida que las economías se desarrollan (Figura 12).

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  • En la UE, la expansión fiscal asertiva de Alemania para facilitar el gasto en defensa e infraestructura elevará la demanda interna, al igual que las políticas de toda la UE para mejorar la competitividad mediante la profundización del mercado único. Europa necesita una unión bancaria. Europa necesita una unión de los mercados de capitales. Y Europa necesita menos restricciones al comercio interno de servicios. La lista es larga. En conjunto, la flexibilización fiscal y una integración más sólida impulsarían el crecimiento, aumentarían la resiliencia y mejorarían los equilibrios internos y externos.
  • Por último, pero no por ello menos importante, en Estados Unidos, el principal desafío de la política macroeconómica será situar la deuda del gobierno federal en una senda decreciente. Lograr este camino requerirá reducciones significativas del déficit presupuestario federal, lo que, entre otras cosas, requerirá elementos de reforma del gasto. La reducción de la deuda federal fortalecería la resiliencia y reduciría el déficit en cuenta corriente.

Las reformas y el reequilibrio son para todos. Desde la ASEAN hasta el Consejo de Cooperación del Golfo, pasando por todo el continente africano y otros lugares, los responsables de la formulación de políticas están tomando medidas para fortalecer sus economías, mejorar los lazos regionales y reducir los superávits y déficits. Apoyamos firmemente estos esfuerzos.

Por último, permítaseme referirme a la tercera gran prioridad, y la más apremiante con diferencia: garantizar que pueda haber cooperación en un mundo multipolar.

En cuanto a la política comercial, el objetivo debe ser lograr un acuerdo entre los principales actores que preserve la apertura y ofrezca una mayor igualdad de condiciones, a fin de reiniciar una tendencia mundial hacia tasas arancelarias más bajas y, al mismo tiempo, reducir las barreras no arancelarias y las distorsiones.

Necesitamos una economía mundial más resiliente, no una deriva hacia la división. Y, para facilitar la transición, las políticas deben dar tiempo a los agentes económicos privados para adaptarse y cumplir.

De manera crítica, la resiliencia requiere que se preste atención a las políticas para amortiguar los golpes sobre los que salen perdiendo. Las políticas distributivas constituyen un puente fundamental entre la buena economía y la buena política.

En resumen, espero plenamente que nuestras Reuniones de Primavera de la semana próxima, en las que participarán 191 países miembros del FMI, constituyan un foro vital para el diálogo en un momento vital. Todos los países, grandes y pequeños por igual, pueden —y deben— desempeñar el papel que les corresponde para fortalecer la economía mundial en una era de shocks más frecuentes y graves.

Permítanme concluir señalando que en el desafío hay una oportunidad. Empujados lo suficiente, las cosas que no eran posibles se vuelven posibles, las montañas que no se podían escalar se escalan, los intereses creados que no se retirarían se superan. Con la cabeza fría, la visión clara y la voluntad fuerte, los tiempos de cambio pueden ser tiempos de renovación.

El secreto para aprovechar el momento es concentrar toda la energía no en preservar lo viejo, sino en construir lo nuevo: una economía mundial más equilibrada y resiliente.

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La próxima frontera de crecimiento de Asia

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(Tal como se preparó para la entrega)

Me gustaría dar las gracias al Ministro de Finanzas Kato por recibirnos hoy y quiero expresar mi gratitud al Gobernador Ueda por su participación. Lamento mucho no poder estar contigo en persona. Pero afortunadamente la tecnología me permite unirme a ustedes virtualmente.

Los que han estado en el Skytree de Tokio saben que tiene las mejores vistas de la ciudad. Y como tantas cosas en Japón, es una obra maestra de la ingeniería. Al observar el horizonte de Tokio, es difícil imaginar cuánto ha cambiado la ciudad —y el país— en los 80 años transcurridos desde que se establecieron las instituciones de Bretton Woods.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón invirtió mucho en infraestructura y manufactura e introdujo reformas radicales. Esto puso al país en el camino de convertirse en una potencia económica.

Inspirados por el éxito de Japón, otros países de Asia siguieron su ejemplo. Hoy en día, la región contribuye con más del 60 por ciento del crecimiento global y es el hogar de algunas de las empresas más grandes e innovadoras del mundo.

Por supuesto, Asia es un continente muy diverso, con una mezcla de economías avanzadas, mercados emergentes y fronterizos, y pequeños estados insulares. La demografía y los niveles de ingresos también varían.

Pero en toda la región, la apertura y la profundización de los lazos económicos han sido cruciales para el éxito de los países.

Sin embargo, el mundo está cambiando. Muchos países se enfrentan a perspectivas de crecimiento más débiles y están agobiados por una elevada deuda pública. La pandemia de COVID-19 y los recientes acontecimientos geopolíticos han puesto de manifiesto la importancia de la seguridad de los suministros. El comercio ya no es el motor del crecimiento mundial que solía ser. Y estamos en medio de transformaciones masivas, desde los rápidos avances de la IA hasta los cambios en los patrones de los flujos de capital y el comercio.

En este contexto, los gobiernos de todo el mundo están cambiando sus prioridades. La nueva administración estadounidense está remodelando rápidamente sus políticas en materia de comercio, fiscalidad, gasto público, desregulación y activos digitales. Y otros gobiernos también están recalibrando sus enfoques y ajustando sus políticas.

El futuro del crecimiento

¿Cómo deberían adaptarse los países de Asia? Permítanme destacar tres oportunidades.

En primer lugar, el cambio hacia un crecimiento impulsado por los servicios. Si bien el comercio de bienes se ha estabilizado, los flujos de servicios están aumentando. De hecho, los servicios ya han atraído a cerca de la mitad de los trabajadores de la región, en comparación con solo el 22 por ciento en 1990.

Tradicionalmente, los economistas han considerado que los servicios son menos productivos que la manufactura. Nuestra investigación sugiere lo contrario. La productividad laboral de Asia en los servicios financieros es cuatro veces mayor que en la manufactura, y dos veces más alta en los servicios empresariales.

En segundo lugar, la digitalización y la IA. La demanda de productos y servicios digitales en la región se ha acelerado rápidamente y está en camino de seguir creciendo más rápido que el PIB de la región. La japonesa Rakuten, la china Alibaba Group y la indonesia GoTo Group rivalizan ahora con los gigantes del comercio electrónico Amazon y Walmart.

En el desarrollo de la IA, Japón y China están a la cabeza, seguidos de cerca por Corea del Sur y Singapur. Esto podría ser un impulso importante para la productividad. En Singapur, por ejemplo, se estima que el 40 por ciento de los empleos podrían ser más productivos gracias a la IA. El país cuenta con varios acuerdos de economía digital en vigor, lo que permite a las empresas digitales de la región conectarse y compartir datos más fácilmente.

Esto me lleva a mi tercer punto: una mayorcooperación ycomercio regionales. A primera vista, podría parecer que el mundo se está alejando de la integración. Pero a nivel regional, los países se están inclinando.

En las últimas cuatro décadas, el comercio intrarregional en Asia ha aumentado en un 43 por ciento. Hoy en día, más de la mitad del comercio asiático es regional.

La tendencia es la misma para la inversión extranjera directa. La IED de los países asiáticos al Japón, por ejemplo, casi se ha duplicado en la última década, a medida que crecen las oportunidades de mercado en el sector tecnológico del Japón.

En conjunto, el cambio hacia los servicios, la digitalización y la IA, y una mayor integración regional pueden impulsar el crecimiento. Sin embargo, para aprovechar estas oportunidades, la región tendrá que navegar con cuidado por los acontecimientos internos y los cambios mundiales.

El papel del FMI

Ahí es donde entra en juego el FMI. Nos esforzamos por ser socios de confianza para nuestros países miembros, brindar asesoramiento específico para cada país y salvaguardar la estabilidad de la economía mundial. Nuestro trabajo abarca el análisis económico, el asesoramiento en materia de políticas, la financiación y el desarrollo de capacidades.

Y a medida que la economía mundial ha cambiado, nosotros también hemos evolucionado. Desde la gestión de los tipos de cambio fijos en el decenio de 1970 hasta la supervisión activa de las políticas económicas y financieras de los países y una cobertura más sistemática de los efectos de contagio.

Más recientemente, nuestra forma de pensar sobre la gestión de los flujos de capital y las intervenciones cambiarias ha cambiado, y hemos actualizado nuestro conjunto de herramientas de préstamos para incluir instrumentos más flexibles adaptados a las economías de mercados emergentes.

Gracias en gran parte al apoyo del Japón, también estamos ofreciendo más apoyo a los países de bajos ingresos, especialmente en el desarrollo de capacidades, y una mayor presencia en todo el mundo a través de nuestros centros regionales de asistencia técnica.

Agradecemos al Japón su profundo compromiso en pensar en el futuro del Fondo. Los debates de hoy son una parte importante de ello.

Mis colegas y yo estamos muy interesados en ideas y reflexiones sobre:

  • cómo podemos apoyar mejor a nuestros miembros, especialmente a los más vulnerables, para que crezcan y desarrollen resiliencia económica;
  • cómo adaptar más nuestro asesoramiento para apoyar los esfuerzos de los países por profundizar la colaboración regional, reflexionando sobre nuestro compromiso estratégico con grupos como la ASEAN, los países insulares del Pacífico, así como con economías medianas y grandes; y
  • Cómo fortalecer la red de seguridad financiera mundial. Estamos evaluando cómo se pueden mejorar aún más los servicios del FMI para respaldar la resiliencia de nuestros países miembros. Y estamos trabajando en estrecha colaboración con los acuerdos regionales para mejorar la capacidad de prevención de crisis y respuesta.

Sabemos por experiencia que las reformas son difíciles, pero también sabemos que pueden conducir a los países hacia un crecimiento más sólido y duradero y pueden lograr una economía mundial más estable y próspera.

Pueden contar con el FMI en este viaje.

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Reformas y estabilidad: las claves para el futuro de los mercados emergentes

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Permítaseme comenzar dando las gracias al Ministro Aljadaan y al Reino de Arabia Saudita por recibirnos en la hermosa Al Ula. También quiero expresar mi profundo agradecimiento por el papel del Ministro Aljadaan como presidente del Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), donde su liderazgo es fundamental para la labor y la eficacia de nuestra institución.

El Ministro Aljadaan no solo identificó una brecha en términos de espacio para que los mercados emergentes discutieran cuestiones de política de interés común, sino que decidió cerrarla, y me complace que la nueva Oficina Regional del FMI en Riad, con el apoyo de Arabia Saudita, haya desempeñado un papel muy importante en convertir la visión del Ministro Aljadaan en una realidad. Aquí vemos una impresionante reunión de representantes de todo el mundo, con un objetivo: identificar los problemas a los que se enfrentan los mercados emergentes y cómo pueden abordarlos de la mejor manera.

Ahora es un momento de transformaciones radicales en la economía mundial, en términos de tecnología, demografía y geopolítica, creando un entorno más desafiante e incierto para los responsables de la formulación de políticas en todo el mundo, con algunas especificidades en términos de riesgos y oportunidades para las economías emergentes.

Sabemos, por ejemplo, que el comercio ya no es el motor de crecimiento que solía ser: a diferencia de las décadas de 1990 y 2000, cuando el comercio mundial creció mucho más rápido que el PIB mundial, los dos están creciendo ahora aproximadamente al mismo ritmo (y el comercio incluso está rezagado). Cuando el comercio mundial se desacelera, las oportunidades para el comercio regional e interregional se vuelven más importantes.

También sabemos que los gobiernos de todo el mundo están cambiando las prioridades políticas: la nueva administración estadounidense ha dejado claro que tiene la intención de tomar medidas en las áreas de comercio, impuestos y gasto, desregulación, inmigración y activos digitales.

Y la revolución tecnológica, especialmente la IA, está sobre nosotros, y está lista para transformar la forma en que vivimos y trabajamos, con un impacto masivo en los empleos ya en los próximos cinco años.

¿Qué significa todo esto para los mercados emergentes? Estas economías han resistido notablemente bien las perturbaciones de los últimos años. Y sus economías han generado dos tercios del crecimiento mundial.

Pero es posible que las recetas del pasado ya no proporcionen el camino hacia la prosperidad. Las economías emergentes tendrán que ser ágiles, adaptables y resilientes: estos serán los ingredientes del éxito futuro.

De cara a los próximos años, destacaré tres áreas a tener en cuenta.

En primer lugar, se espera que la inflación regrese a los niveles objetivo más rápido en las economías avanzadas que en la mayoría de los mercados emergentes. Un dólar estadounidense más fuerte podría desencadenar salidas de capital. Esto complica la política monetaria de las economías emergentes.

En segundo lugar, al igual que en las economías avanzadas, muchas economías emergentes están lidiando con una deuda elevada, recursos fiscales limitados y crecientes presiones sobre el gasto, una triple amenaza desafiante. Con demasiada frecuencia, los países utilizan el estímulo fiscal para impulsar la demanda interna a corto plazo. Si bien esta “fiebre del azúcar” proporciona un crecimiento temporal, a menudo alimenta la inflación y la turbulencia financiera. En el entorno actual, pisar el acelerador no es la solución, sino que debemos centrarnos en la eficiencia del motor.

Esto me lleva a mi tercer punto: la importancia crítica de las reformas estructurales para mejorar la competitividad, aumentar la productividad y mejorar las perspectivas de crecimiento.

En el FMI somos conocidos por nuestra dedicación a la estabilidad macroeconómica y financiera. Sí, debe conservarse o restaurarse para permitir su crecimiento. Pero también debe utilizarse para llevar a cabo reformas, especialmente aquellas que puedan impulsar la productividad. El lento crecimiento de la productividad explica más de la mitad de la desaceleración del crecimiento mundial en las últimas décadas.

Piénselo: si los países reducen sus brechas generales de productividad con Estados Unidos en solo un 15 por ciento, eso agregaría 1,2 puntos porcentuales al crecimiento mundial.

Las reformas transformadoras para mejorar el entorno empresarial serán esenciales: reducir la burocracia, aumentar la competencia y fomentar el espíritu empresarial.

Todo esto puede ayudar a los países a crear puestos de trabajo y aprovechar los beneficios de tecnologías prometedoras como la IA. ¿Por qué es tan importante? Porque sólo cuando logremos un mayor crecimiento de la productividad podremos satisfacer las aspiraciones de las personas de todo el mundo de una vida mejor para ellos y sus hijos.

Por lo tanto, está claro: tenemos que redoblar las políticas que sabemos que pueden aumentar la productividad.

Pero también tenemos que redoblar nuestra búsqueda de nuevas ideas prometedoras.

Y esto es lo que pretendemos hacer durante esta conferencia. Juntos, podemos buscar nuevas formas de impulsar el crecimiento en los mercados emergentes.

En el FMI reconocemos nuestra responsabilidad en este sentido. Estamos creando nuestro propio Consejo Asesor del FMI sobre crecimiento y emprendimiento. Quiero agradecer al Ministro Sturzenegger de Argentina por haber aceptado formar parte de él. Contamos con un compromiso profundo con este nuevo Consejo para encontrar formas en que las economías puedan ser más fuertes para sus pueblos.

Pero también sabemos que hay un enorme valor en que los países trabajen juntos.

Como usted dijo recientemente, Ministro Aljadaan, “Trabajar juntos para arreglar nuestro barco económico mundial para que beneficie a más personas no es un acto de caridad; Es una sabia inversión en nuestro futuro común”.

¡No podría estar más de acuerdo! Y estamos asistiendo a una nueva fuerza de cooperación, a veces basada en áreas de interés común, a veces basada en la geografía, que son de crucial importancia. Así que tenemos que estar decididos y comprometidos, pero lo más importante es que debemos seguir siendo positivos.

Juntos podemos hacer el bien a nuestros países miembros y a sus pueblos.

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