Marcelo Capello

Economista UNC. IERAL de la Fundación Mediterránea.

Esperemos que no sea sólo un año menos malo

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En esta Argentina que nos toca vivir hacer pronósticos es muy aventurado. Ahora, siempre vale ensayar algunas posibilidades para el escenario 2019.
 
Suelo escuchar que muchos afirman que el año será mejor que este que se termina, y quienes afirman esto, lo hacen diciendo que el año que viene NUNCA PUEDE SER PEOR que este.
 
Coincido plenamente en que este ha sido un año malo, INESPERADAMENTE malo. Esto es así porque el Gobierno nacional preveía una senda de crecimiento y terminamos en un caos de la economía y todo, o casi todo, por errores no forzados del “mejor equipo de los últimos 50 años”.
 
Ahora, que el año sea malo, no es garantía de que el próximo seguro vaya a ser mejor, es sólo una sana expresión de deseos.
 
Política y económicamente el Gobierno espera que el País tenga una clara diferencia entre el primer semestre y el segundo.
Siiiii! Otra vez el segundo semestre!
 
El primer semestre va a ser muy duro, mucho más duro que el primer semestre de este año. Vamos a arrancar el año en el valle de la caída recesiva, donde se empiezan a agudizar los problemas en la economía y donde la crisis en las empresas empieza a traducirse en desocupación, esa desocupación que camina lenta pero segura hacia los dos dígitos.
Nada, pero nada indica que las cosas vayan a mejorar en este primer semestre, al contrario, los efectos de la crisis se van a ver en la vida cotidiana de los Argentinos y en especial de los Misioneros.
 
La política monetaria seguirá siendo muy restrictiva, las tasas seguirán por las nubes y nada de nada ayudará a crecer.
En este escenario la Política será adversa para el Gobierno nacional, se irán definiendo recién las candidaturas presidenciales y seguramente algunas provincias opositoras y sólidas irán a elecciones para elegir Gobernador.
Este caso vale para Misiones, es previsible que volvamos a votar en el primer semestre y es una realidad que nadie puede refutar, que la Renovación Misionera se vuelve a destacar por la sana, prolija y eficiente administración del Estado Misionero.
No habrá ola amarilla, al contrario, los candidatos de Cambiemos tendrán que salir a caminar la provincia y les tocará explicar lo MAL QUE VIENEN LAS COSAS.
 
Vista así la situación, el primer semestre será como atravesar un desierto, difícil en lo económico, triste en lo social y muy calculador en lo político.
 
Insisto, en Misiones una vez más el Proyecto Misionerista aparece con muchas ventajas comparativas, no sólo por sus aciertos, sino también por la pesada mochila que deberán cargar los candidatos de Cambiemos.
 
Casi como un mantra el Gobierno nacional vuelve a apelar al “Segundo Semestre”.
Nada lo garantiza, pero hay algunos elementos que hacen probable una mejoría, que por más que pueda ser apenas leve, será explotada al máximo por el Gobierno Nacional para intentar retener el Poder.
 
Son tres elementos los que hacen posible un hipotético mejor segundo semestre.
 

  1. Por efecto de una mejor cosecha en la zona núcleo de la Pampa húmeda.
  2. Por la autorización del FMI para tener más flexibilidad en la Política Monetaria
  3. Por el simple efecto comparativo con un segundo semestre de 2018 que viene siendo bien malo.

 
Las PASO y las Generales se darán en este mítico segundo semestre, y el Gobierno nacional espera que a medida que vayan avanzando los meses, vaya sintiéndose la mejoría en la economía y esto haga que de agosto a noviembre también vayan subiendo los votos de Macri para así de menor a mayor volver a ganar en segunda vuelta allá por fines de noviembre.
 
Cuesta para algunos creer, pero un gobierno que no ha pegado una en más del 90 por ciento del tiempo de su mandato, se juega a que el humor social del último mes de la gestión le permita volver a alzarse con el triunfo presidencial.
 
No se le puede negar a Cambiemos una moderna capacidad para afrontar elecciones y ganarlas, está claro a lo que juegan y cómo juegan, está claro que juegan todas sus fichas a que mejore la economía al final del año y a que el balotaje encuentre a Macri en un mano a mano con CFK. De ocurrir esto, el libreto ya está escrito, demonizar aún más a la ex presidenta para ganar una elección pese a tan malos resultados de gobierno.
 
Esto tiene dos riesgos, pero ambos dependen de cómo juegue la oposición. Esos riesgos son, en primer lugar, que pese a tanta demonización, CFK logre que la mayoría de los Argentinos reconozca que en su gobierno estaba mucho mejor y le vuelva a poner la Banda Presidencial.
En segundo lugar, lo que sería más lógico y esperanzador, que el arco opositor, con eje en el Peronismo, logre una propuesta unificada o una estrategia acordada que permita poner en Segunda Vuelta a un candidato que pueda capitalizar el rechazo que hoy tiene el Presidente Macri.
 
Esperemos tengan razón quienes dicen que se viene un año mejor, que no sea sólo un año menos malo, y tengamos la confianza que en Democracia los Argentinos y en especial los Misioneros, podamos elegir el mejor de los caminos hacia el futuro.
 
Felices fiestas

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Los cuatro cuartos

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Hace unos días un misionero me preguntaba que creía yo que iba a pasar… ¿quien iba a ganar las elecciones de 2019?
Convencido, le dije: “Mauricio Macri”.
Este amigo me empezó a refutar casi ofendido, entonces le dije: “Vos me preguntaste que creía yo que iba a pasar, no que quería yo que pasara”.
Más allá que algunos se ofendan, creo que si las cosas siguen así, la Política y las Matemáticas llevan a un ballotage entre el Presidente Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner, y en ese escenario el Presidente lleva las de ganar.

 

Entiendo que sobran los argumentos…, en especial luego de Brasil y el rol del círculo rojo. En todo caso me conformo conque se acepte que en este escenario de tres tercios, lo más probable es que CFK y Mauricio Macri lleguen a segunda vuelta y el final es, por lo menos, abierto.
Esto se da en una lógica de tres tercios, donde guste o no ambos referentes irán al ballotage.
¿Como se rompe esto? Algunos dicen que con la unidad del peronismo.
Pero ¿De que unidad me hablan? Claramente hay posiciones imposibles de conciliar.
¿Cuál es la idea, entonces?
Romper los tres tercios y jugar a los cuatro cuartos. En los tres tercios el Presidente Macri puede superar el 40% más 10% en primera vuelta, o juntar votos del otro tercio para la elección final.
A Macri hay que llevarlo al ballotage, para eso no debe llegar al 40 en primera vuelta y debe competir en segunda, con alguien que tenga menos rechazo que él.
La idea es generar cuatro cuartos, esto alejaría al Presidente del 40% en primera vuelta y permitiría que los que no se quieren juntar jueguen para ser los elegidos para llegar a la segunda vuelta.
¿Cuáles serían los cuatro cuartos?
1- Obviamente Mauricio Macri.
2- El espacio K sin Cristina Fernández de Kirchner. Si ella juega polariza y si o si va a la segunda vuelta incierta con el Presidente.
3- Un PJ y aliados conservadores, con anclaje federal que pueda restar votos al espacio de Cambiemos.
4- Un aglomerado progresista con radicales desencantados con Cambiemos, socialistas, peronistas y otras yerbas más.
El Presidente Macri, llega a segunda vuelta si o si, a juzgar al menos hoy.
Ahora, los otros tres tendrán la virtud de no tener que acordar para unificar candidatos, y además, todos arrancarán con la expectativa de llegar a la segunda vuelta electoral.
Luego, con menores niveles de rechazo que Macri, llegar a la segunda vuelta y ganar con la Matemática y la virtud de la política.
Por ahí suena sencillo el planteo, simplista…
Póngale usted los nombres que quiera a cada uno de los cuatro cuartos, pero es el camino donde la política, la Matemática y una estrategia adecuada, pueden llevar a romper de una vez por todas la grieta.
Si pese a todo esto, Macri gana en primera vuelta porque llega al 40 más diez, o gana el balotaje, evidentemente habrá sido porque así lo desea el Pueblo Argentino.

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Si va a salir, que salga bien

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El proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo ha recibido la media sanción de Diputados. Ahora, camino al Senado, somos nosotros, los senadores, quienes debemos revisar la ley, tal cual lo establece nuestra Constitución.

Siempre me expreso con sinceridad, sin especulaciones a ver si lo que digo cae bien o cae mal, siempre con mis convicciones y siempre intentando aportar la experiencia que pude haber ganado durante tantos años en la función pública.

Lo primero que quiero dejar en claro es que creo que la ley debe ser revisada en el Senado. Diputados sacó una ley que buscó sumar consensos, una ley modificable, para mi gusto y que debe ser corregida.

A veces pienso que incluso los diputados que sacaron el dictamen que luego tuvo la media sanción no imaginaron que iría a ser aprobada en el recinto. En esa línea se pusieron objetivos de máxima, que hoy forman parte del proyecto que debemos analizar.

Pasaré a analizar los puntos más salientes. Creo que luego del debate dentro y fuera del Congreso, hay un paso que se ha dado y será difícil volver atrás. Este paso significa avanzar en la idea de despenalizar al aborto en la línea planteada por Diputados.

Esto simplemente es hacerse cargo de una realidad inobjetable, realidad que muestra que en términos reales nadie, absolutamente nadie es procesado y menos juzgado por el delito hoy vigente en la ley penal. Ahora, despenalizar el aborto no debe significar penalizar a los que piensen distinto y por diversas razones deciden oponerse a practicarlo. Lisa y llanamente quiero decir que me parece una barbaridad el artículo 2 del proyecto que viene de Diputados. No se puede pasar de despenalizar a quien decide abortar a penalizar al profesional que se niega por tener sus creencias y convicciones.

En la misma línea, rechazo absolutamente el criterio de planteo de la objeción de conciencia. Lo único que falta es que quien no quiera practicar un aborto deba pasar por todo ese proceso indigno para liberarse de hacer lo que no quiere, rechaza y le duele. En tal sentido, el artículo 6 también merece mi más convencido rechazo.

Antes decía que desde la experiencia quería hacer algunos aportes, y también desde mi formación jurídica. No me parece que corresponda al Congreso de la Nación establecer la gratuidad e imponer a las provincias. En todo el país el sistema de salud es sostenido por las provincias, y hoy en día todas prestan servicios con mucho esfuerzo y afectación de su presupuesto. El Congreso en todo caso podrá instruir a cada provincia para que implemente un sistema o un protocolo. Ahora, no puede determinar y obligar gastos a cada distrito del país.

Pocos se han detenido en esta cuestión, pero es de pura lógica. Hoy la salud pública argentina, una de las mejores por estas latitudes, todavía tiene inmensas necesidades que pueden ser también prioridades.

Que quede claro, obligar a obras sociales y a todo el esquema de salud del país a realizar no solo el aborto, sino también todo lo previo y lo posterior en materia de atención y contención, no solamente es algo discutible, sino que también hasta de dudosa justicia.

Valgan algunos ejemplos. ¿Quién les da contención psicológica a las miles de familias que pierden a alguien en un accidente de tránsito? ¿Qué pasa si llega un niño a internarse a un hospital y le dicen que no hay camas porque están algunas ocupadas por quienes pasaron por un aborto? ¿Quién obliga a un gobernador a que deje de destinar recursos para comprar medicamentos para luchar contra el cáncer, puesto que debe asignar los recursos para cumplir esta ley?

Como estos, podemos imaginar miles de prioridades. Además, en este caso, nadie puede saber a priori cuál será la demanda y el costo real. Además, el Estado nacional, que viene recortando los fondos del Plan Remediar, de Médicos de Cabecera, de Salud Mental y que manda al norte migajas para prevenir el dengue, no va a convencer a nadie que va a girar los fondos para cumplir esta ley en las provincias.

Conclusión, no puede y no tiene competencia el Congreso para avanzar sobre la salud que es hoy soportada por las provincias.

La ley debe ser revisada. Permítanme creer que la Casa Rosada hizo una travesura de última hora para que esta ley pase al Senado. Ahora, a una travesura no se le puede contestar con otra.

El Senado debe debatir y revisar esta ley, respetando a los que piensan distinto, no imponiendo penas, respetando la conciencia de cada uno, no generando un registro o lista negra y, por último, respetando las autonomías provinciales y la administración de sus recursos y prioridades.

Hoy, esto ya es una cuestión de Estado, y hay que lograr una ley que despenalice el aborto y que saque de la clandestinidad y el desprecio social a quienes optan por interrumpir un embarazo.

Para avanzar en esta línea, cuenten conmigo, como senador, con la responsabilidad de funcionario público y de este tiempo. Aun cuando en el desempeño de este rol también pueda entrar en profundas contradicciones.

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