Nicolás Ocampo

Ing. Forestal M.P. Co.I.For.M.: 302 Cel: 3764-579052 Posadas-Misiones (C.P. 3300)

Glifosato: prohibir o regular, ese es el verdadero debate

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El glifosato mata. Los antibióticos, la aspirina y hasta la sal también pueden provocar daños graves e incluso la muerte cuando se utilizan o consumen de manera inadecuada o en cantidades excesivas.

La frase puede resultar provocadora, pero sirve para abrir un debate que Misiones necesita dar: ¿debemos discutir la prohibición absoluta del glifosato o debemos discutir cómo, dónde, cuánto y bajo qué condiciones se utilizan los productos fitosanitarios?.

Después de tres años de sancionada la Ley VIII N.º 103 de Promoción de la Producción de Bioinsumos, que establece en su artículo 7 la prohibición del uso del glifosato, considero que tenemos una oportunidad para debatir seriamente sobre esta política y, fundamentalmente, para sacarnos las caretas.

No se trata de defender a ultranza un producto ni de demonizarlo. Se trata de construir una posición consensuada entre el Estado, los profesionales, los productores, los trabajadores y la sociedad.

Es cierto que existen evidencias científicas sobre los riesgos asociados a determinados productos fitosanitarios y que se han detectado residuos de estas sustancias en personas, cursos de agua y alimentos. También es cierto que una utilización incorrecta puede generar consecuencias reales sobre la salud de los aplicadores, terceros y el ambiente.

Pero si realmente queremos abordar el problema, debemos analizar los distintos contextos productivos.

En Misiones, por ejemplo, existe una problemática histórica vinculada al uso de fitosanitarios en determinadas actividades, particularmente en el sector tabacalero, donde las condiciones de aplicación y exposición merecen especial atención.

El sector forestal presenta una realidad diferente. La provincia cuenta con aproximadamente 400.000 hectáreas de bosques cultivados, y una parte importante de esa superficie se encuentra bajo sistemas de certificación forestal, entre ellos PEFC/CERFOAR y FSC.

En este sector, la utilización de productos fitosanitarios se concentra principalmente durante los primeros tres o cuatro años desde la preparación del terreno para la plantación, dentro de ciclos de rotación que pueden extenderse aproximadamente entre 13 y 15 años. Es decir, que durante gran parte del crecimiento de los árboles no se realizan aplicaciones.

Esto no significa que el sector forestal esté exento de impactos ambientales ni que la certificación sea una garantía absoluta. Significa que existen protocolos, controles y criterios de manejo que permiten reducir y ordenar el uso de estos productos.

Además, el sector forestal es actualmente la actividad productiva de Misiones que ocupa la mayor superficie cultivada, por encima de la yerba mate. Por eso, cualquier decisión sobre el uso de fitosanitarios en nuestra provincia debe contemplar necesariamente su impacto sobre esta actividad, sobre el empleo y sobre la competitividad de las empresas y productores.

El glifosato, como muchos otros productos utilizados en la producción agropecuaria y forestal, es una herramienta. Utilizado correctamente puede contribuir a reducir determinados costos y facilitar labores productivas; utilizado incorrectamente puede generar impactos sobre los aplicadores, terceros y el ambiente.

Por eso, no se trata de hacer apología de su utilización. Tampoco de convertirlo en el responsable de todos los problemas ambientales. Se trata de reconocer que estamos frente a una herramienta tecnológica que debe estar sometida a reglas claras, capacitación, controles y responsabilidad.

También debemos discutir el origen y la historia de esta tecnología. El desarrollo de los herbicidas modernos estuvo fuertemente vinculado al crecimiento de grandes empresas multinacionales y a un modelo de producción agrícola que generó enormes transformaciones económicas y tecnológicas, pero que también recibió fuertes cuestionamientos por sus impactos ambientales, por la concentración empresarial y por sus efectos sobre la soberanía alimentaria y la diversidad genética de las semillas.

No debemos ignorar esa discusión. Pero tampoco debemos permitir que nos impida analizar con racionalidad la realidad concreta de Misiones.

Nuestra condición de provincia de frontera agrega otro elemento que no puede ser ignorado.

Cuando se prohíbe un producto que continúa siendo utilizado legalmente en países vecinos y existe una demanda productiva para utilizarlo, también debemos preguntarnos qué ocurre cuando la prohibición no está acompañada de controles efectivos.

El riesgo es que aparezca un mercado ilegal, sin trazabilidad, sin capacitación, sin control sobre las dosis, sin fiscalización sobre las aplicaciones y, especialmente, sin una correcta gestión de los envases vacíos.

Una política de prohibición que no pueda ser controlada puede terminar generando exactamente el efecto contrario al buscado: mayores riesgos ambientales y sanitarios.

Por eso, antes de tomar decisiones definitivas, necesitamos estudios serios e integrales. ¿Sabemos cuánto empleo podría verse afectado? ¿Cuánto aumentarían los costos de producción? ¿Qué impacto tendría sobre la competitividad de nuestras empresas y productores frente a Brasil, Paraguay y otros mercados? ¿Qué alternativas técnicas existen para cada cultivo? ¿Cuál sería el costo de reemplazar determinadas prácticas? ¿Y qué beneficios ambientales concretos obtendríamos?

Hasta el momento, el debate económico necesita mayor evidencia.

Muchos actores del sector productivo advierten que una prohibición absoluta podría generar aumentos significativos de los costos de producción y afectar la competitividad. Puede que algunas de estas advertencias sean exageradas y puede que otras sean reales.

La única manera responsable de saberlo es estudiarlo.

Prohibir o regular: ese es el verdadero debate.

Creo que debemos abandonar las posiciones extremas.

Misiones ya cuenta con un marco normativo que puede ser una herramienta fundamental para avanzar en este sentido: la Ley XVI N.º 144 de Productos Fitosanitarios y Domisanitarios, que establece mecanismos vinculados con la utilización responsable de estos productos, incluyendo la obligatoriedad de la receta y la intervención de profesionales, junto con la responsabilidad técnica.

El problema, entonces, no es solamente qué dice la ley, sino cómo hacemos para que la ley se cumpla efectivamente en todo el territorio provincial.

Para eso hacen falta recursos. Recursos humanos, técnicos, tecnológicos y económicos que permitan fiscalizar, capacitar, registrar aplicaciones, controlar la comercialización y verificar el cumplimiento de las recetas profesionales.

También es necesario fortalecer los organismos responsables del control y generar mecanismos de trazabilidad que permitan saber qué producto se utiliza, dónde, cuánto, quién lo prescribe y quién lo aplica.

Una política de regulación sin recursos para fiscalizar corre el riesgo de convertirse simplemente en una norma escrita.

Por eso, si realmente queremos proteger la salud y el ambiente, debemos fortalecer la aplicación de la Ley XVI N.º 144 y utilizar todas las herramientas disponibles antes de avanzar hacia prohibiciones que pueden resultar difíciles de controlar. Necesitamos una política provincial que involucre a profesionales especializados, productores, trabajadores, organismos técnicos y un verdadero organismo de contralor.

Una política que establezca:

  • receta agronómica obligatoria y efectiva;
  • intervención y responsabilidad de profesionales habilitados;
  • capacitación obligatoria para los aplicadores;
  • registro y trazabilidad de las aplicaciones;
  • protocolos claros de aplicación;
  • distancias y condiciones de seguridad;
  • correcta gestión de envases vacíos;
  • monitoreo de suelo y agua;
  • protección de las personas expuestas;
  • fortalecimiento presupuestario de los organismos de fiscalización;
  • controles efectivos en todo el territorio, especialmente en zonas rurales y de frontera;
  • y multas severas y ejemplares para quienes incumplan y provoquen daños a las personas
    o al ambiente.

Pero esta política no debería terminar ahí.

Promover alternativas, no solamente prohibir

La propia Ley VIII N.º 103 de Promoción de la Producción de Bioinsumos nos brinda una herramienta para avanzar en esa dirección. La norma no solamente establece un marco regulatorio para los bioinsumos, sino que plantea entre sus objetivos promover su desarrollo tecnológico, impulsar su utilización, mejorar la fertilidad del suelo, fortalecer el control biológico de plagas y enfermedades y fomentar técnicas vinculadas con sistemas de producción orgánica.

Por eso, en lugar de pensar únicamente en términos de prohibición, deberíamos poner en valor esa herramienta y darle los recursos necesarios para que pueda cumplir con sus objetivos.

Misiones puede avanzar hacia una producción con menor dependencia de productos sintéticos, pero esa transición debe estar acompañada por investigación, desarrollo tecnológico, capacitación, asistencia técnica, financiamiento e incentivos económicos para productores y empresas que adopten alternativas.

La producción de bioinsumos también puede convertirse en una oportunidad para generar conocimiento, empleo y agregado de valor dentro de nuestra propia provincia. Pero esa oportunidad debe construirse mirando hacia adelante y aprendiendo de las experiencias anteriores.

No podemos reemplazar un modelo de dependencia por otro.

Si vamos a promover los bioinsumos, debemos hacerlo generando las condiciones para que puedan surgir múltiples empresas, emprendimientos y desarrollos tecnológicos, con reglas claras, competencia y transparencia, independientemente de su origen o vinculación con el Estado.

El objetivo debe ser crear un verdadero mercado de bioinsumos, donde diferentes actores puedan investigar, producir, comercializar y competir en igualdad de condiciones. El Estado debe tener un rol fundamental, pero como promotor, regulador, fiscalizador y generador de conocimiento.

La producción orgánica requiere un esfuerzo adicional. Requiere más manejo, conocimiento, planificación y, muchas veces, mayores costos.

Si como sociedad queremos que ese modelo crezca, no alcanza con prohibir el producto opuesto: hay que incentivar la alternativa.

Podemos pensar en reducciones impositivas significativas para quienes produzcan bajo sistemas certificados, programas de asistencia técnica, financiamiento diferencial, promoción comercial y, fundamentalmente, políticas que ayuden a encontrar mercados dispuestos a pagar por productos diferenciados.

La transición hacia sistemas productivos más sustentables no debería construirse desde la prohibición, sino desde la promoción y la generación de alternativas viables.

En definitiva, no se trata de elegir entre glifosato u orgánico.

Se trata de construir una política productiva que permita reducir progresivamente la dependencia de los productos sintéticos, promover alternativas biológicas y orgánicas y, al mismo tiempo, garantizar que mientras determinadas herramientas continúen siendo necesarias, su utilización se realice bajo las condiciones más estrictas de seguridad, profesionalización y control.

Misiones no necesita una discusión basada en consignas.

Necesita ciencia, profesionales, productores, controles, incentivos y datos. Y, sobre todo, necesita una política que proteja la salud y el ambiente sin destruir la producción, el empleo y la competitividad de quienes trabajan y producen en nuestra
provincia. Ese debería ser el verdadero debate.

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Se pueden hacer cosas, señor diputado Diego Hartfield

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En la región yerbatera hay más de 100 molinos (el 90% está en Misiones). Los 10 principales molinos procesan el 85% de la yerba. De ellos, 3 controlan el 50% del mercado de yerba mate envasada. Ellos son quienes ponen el precio de la yerba a los más de 12 mil pequeños y medianos productores.

Es verdad que hoy la yerba está en su máximo de exportación, pero si usted va a la chacra los productores no pueden sostener la situación económica.

Si tiene intenciones de mejorar este panorama, le doy una idea a usted y todos los legisladores nacionales por Misiones:

Exención de impuestos nacionales por 10 años (o por siempre mientras sean pymes!) y créditos blandos para mejorar y agrandar la infraestructura de los molinos chicos y medianos. Así aparecen más compradores fuertes, se eleva la competencia, mejoran los precios, se estimula la producción de mejor calidad y más eficiente, y la búsqueda de nuevos mercados. Esta decisión puede fortalecer la estructura pyme y el arraigo de pequeños y medianos productores. No es en detrimento de nadie y es en beneficio de todos y; principalmente, de los consumidores de yerba mate.

El RIGI se sancionó rápido, las grandes inversiones tienen estabilidad fiscal por 30 años con decenas de beneficios. Y ahora piensan por lanzar un Super RIGI. Todos para multinacionales extranjeras.

¿No le parece que es momento de pensar en BENEFICIOS PARA NUESTRAS PYMES? y para el sector forestal se debe hacer algo similar. (Tengo más propuestas).

Es urgente y reiterativa: TODO el sector productivo misionero necesita que usted le cuente al presidente -ya que él no conoce Misiones- que tenemos el 90% de nuestras fronteras con países limítrofes y desde este lugar de la Argentina necesitamos que la Nación nos brinde las condiciones para abrirnos comercialmente a Brasil y a Paraguay. Esto es estratégico y nos corresponde como misioneros, sin deberle nada a nadie, principalmente votos a los gobiernos nacionales de turno. Son éstas las decisiones que hacen a la VERDADERA LIBERTAD.

Sumo una inquietud: el acceso a créditos blandos no debería ser una imposibilidad.

Como antecedente, a Sharif Menem y Nazarena Menem, de 24 y 26 años, el Estado Nacional les otorgó $600 millones a tasas sumamente bajas para el primer trabajo de sus vidas. ¿¿Por qué no hacerlo con el sector productivo misionero??.

Basta de buscar culpables y de querer “domar a la gente”.

Los empresarios, productores, trabajadores y todos los misioneros NECESITAMOS SOLUCIONES.

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Esto no es desarrollo, es vaciamiento productivo

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Voy a dejar clara mi postura como ciudadano misionero, yo Nicolás Ocampo creo en una sociedad con Estado presente y eficiente, con empresas pymes privadas desarrollándose con tecnología de avanzada, pequeños y medianos productores explotando sosteniblemente sus tierras, y que haya altos niveles de bienestar humano generados a partir de trabajo y acceso a servicios básicos que toda persona requiere.

Y voy a ofrecer mi mirada en relación a la línea política del gobierno nacional con respecto a la crisis de la foresto industria misionera: 

Hoy el sector forestal de Misiones está pasando por una situación crítica y tiene que leer  frases como: “La mayoría de las personas quiere comprar mejor y más barato”, “el proteccionismo beneficia a un grupo, pero perjudica a todos los consumidores”, “la idea de abrir la economía no destruye empleo, sino que lo reasigna hacia donde somos más eficientes”, “esto es una cambio de era para nuestro país”. 

Son todas frases del diputado Diego Hartfield, y voy a darle un aporte cualitativo: son hermosas palabras para escuchar al oído de quien NO analiza prácticamente NADA.

Como representante del pueblo no analizar ni hablar con quienes generan trabajo es sumamente preocupante, hay que tomar dimensión del problema que puede generar socialmente a los misioneros la falta de propuestas ante esta situación, (más allá de que creo en la filosofía que el destino personal depende de cómo cada uno lo afronta, pero cuando se tiene una visión de bienestar social hay que pensar en quienes nos rodean, entendiendo que la mejora de las minorías redunda también en las mayorías).

Las pymes forestales misioneras, que son el 90% del sector, incluidas las de mayor renombre, están pasando por la mayor crisis de la historia, con empresas trabajando a un 50 o un 20 por ciento de su capacidad y empresarios analizando cerrar sus empresas o vender sus activos. Enfrentan una fuerte caída del consumo interno, costos internos elevados (tanto impositivos, logísticos, de energía, como financieros), y un mercado interno cada vez más abastecido por PRODUCTOS IMPORTADOS de países como Brasil, China, Uruguay y Chile. Esto no es desarrollo, es vaciamiento productivo: se pierde empleo, valor agregado y recaudación.

Según el INDEC, las importaciones en la Argentina abarcaron el 32% del PBI en el primer trimestre del 2025, un récord desde la crisis de 1890, el valor más alto en 135 años. Y hay que tener en cuenta una cuestión, el problema no es importar, el problema es abrir el mercado sin una política industrial y sin políticas de defensa comercial, mientras se mantienen costos internos que colocan a las pymes locales en CLARA DESVENTAJA.

Ningún país con una industria forestal desarrollada sostiene una apertura sin límites, sin algún tipo de protección inteligente que equilibre esas asimetrías, y más aún cuando muchos de esos países competidores cuentan con distintos tipos de apoyo estatal a su producción.

Por eso, es mejor sincerarse y entender que cuando el diputado Hartfield expresa que “la mayoría de las personas quiere comprar mejor y más barato y que la idea de abrir la economía no destruye empleo”, les está avisando las pymes forestales misioneras que no van a presentar ninguna propuesta para que puedan ofrecer iguales o mejores precios que sus competencias, más allá de las condiciones de competencia desleal que están atravesando, que tampoco piensan en reactivar la economía y seguramente tendrán que reinventarse con la soga al cuello, con todo los impactos negativos indirectos que eso conlleva. 

Es una verdadera pena, no solamente por lo que genera la crisis sino también por todas las pymes que invirtieron en los últimos años confiando en tener más rentabilidad y en ser parte del desarrollo productivo nacional y provincial.

También es importante entender, que una reforma laboral aislada no resuelve el problema de fondo y puede generar falsas expectativas en pymes y productores que hoy no tienen margen para competir ni para sostener empleo.

Por estos motivos, viendo el alineamiento al gobierno nacional del diputado Hartfield y la diputada Maura Gruber, me cuesta confíar en un futuro próspero cada vez que lo escucho, o leo a él. Me asombra la falta de propuestas de la diputada Gruber, quien viene del núcleo forestal pyme, pero no quiero perder las esperanzas que los protagonistas del sector van a empezar a ofrecer las propuestas que consideren pertinentes, pensando en defender intereses colectivos de todos los forestales.

Todo lo expresado son observaciones personales y desde ya puedo estar equivocado, pero lo que sí está cada día más claro es que la foresto industria misionera necesita medidas urgentes.

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