Rosendo Fraga

Nacido en Buenos Aires, el 3 de agosto de 1952. Abogado egresado de la Universidad Católica Argentina. Analista político, periodista e historiador. Es miembro de la Academia Argentina de la Historia, de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, del Consejo Argentino de las Relaciones Internacionales (CARI), del Consejo Académico de la Escuela de Defensa Nacional y del Instituto de Historia Militar Argentino. Recibió el premio Konex en Comunicación Periodismo (1997) y el premio Santa Clara de Asís (2005). Ha publicado 38 libros sobre temas históricos, políticos militares y regionales. Ha sido condecorado por los gobiernos de Brasil, Chile, España e Italia. Director del Centro de Estudios Nueva Mayoría y del sitio www.nuevamayoria.com especializado en análisis latinoamericano.

Milei: entre Francia y Villarruel

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Milei, con el viaje a Francia, ratificó su prioridad por el llamado mundo occidental. Ha realizado hasta ahora doce viajes al exterior, cuando se apresta a cumplir ocho meses de gobierno: cinco a Estados Unidos (desde donde visitó también El Salvador en uno de ellos), estuvo también en Brasil y cinco a Europa.

La visita a Francia se vincula con el G7, integrado por las siete economías más grandes que tienen sistema democrático liberal. Ocupa el quinto lugar por su PBI en este grupo y se ha transformado en actor político de Occidente en los conflictos globales. Su encuentro con Macron, para el presidente argentino no se vincula con su alineamiento con la nueva derecha que, en Occidente, encabeza Donald Trump. Por eso Milei eludió definiciones sobre el acto de apertura de las Olimpiadas, que tuvo un signo claramente progresista. En la reunión bilateral con su colega francés se trataron inversiones y comercio, pero sin avances significativos en este campo.

Simultáneamente, el gobierno argentino dio un sólido respaldo a Israel frente al ataque de Hezbollah que costó la vida de doce civiles israelíes. En Brasil se reunieron los ministros de Economía del G20 -integrado por las potencias globales, al margen de su ideología-. Lula, presidente del país anfitrión, tuvo un éxito al lograr que el grupo trate en noviembre, en su reunión plenaria, el proyecto para imponer un impuesto especial a los “super ricos”, algo de difícil concreción. El Ministro de Economía argentino, Luis Caputo, tenía por objetivo obtener del Fondo Monetario Internacional y del Tesoro de los Estados Unidos, apoyos para recibir un crédito por diez mil millones de dólares, que no obtuvo. Frente a la elección venezolana, el gobierno argentino asumió, como es lógico, un apoyo manifiesto a la oposición. Fue duramente castigado en declaraciones de Maduro, su canciller y la embajadora venezolana en Buenos Aires. Pero, para Milei, es oportunidad.

Mientras tanto, regresó al país enfrentando un escenario político complejo, especialmente en el Congreso. En casi ocho meses de gobierno se ha sancionado sólo una ley, pero importante, como es la Ley Bases. A casi un mes de ello, la ley sigue sin reglamentarse, poniendo un interrogante sobre el poder real del Ministro de Desregulación y Transformación del Estado. En el Senado, donde el peronismo K tiene treinta y tres bancas, la oposición trabaja en un acuerdo con un sector del radicalismo para lograr la sanción de la ley que actualiza la fórmula jubilatoria y tiene media sanción de Diputados. En esta cámara, el gobierno intenta tomar la iniciativa con las leyes referidas a la reforma política: la norma que establece las PASO, la que se refiere a la boleta única de papel y la que impone la condición de la llamada “ficha limpia” para poder ser candidato (por ella, no se pueden presentar quienes tengan condenas por corrupción).

El oficialismo intentará un avance haciendo la concesión de que las PASO no sean obligatorias. Pero el conflicto más relevante está en Diputados, y es político. El bloque Hacemos Coalición Federal, liderado por Miguel Ángel Pichetto, ha endurecido su posición. Lo ha hecho con el reclamo insatisfecho de obtener posiciones en la Comisión del control de los servicios de inteligencia -los fondos reservados de la SIDE se han multiplicado por varias veces- y en la de control de las privatizaciones. Este bloque denuncia que ha habido acuerdos incumplidos por el presidente de la Cámara Baja, Martín Menem. A su vez, el conflicto desatado por la visita de seis legisladores de La Libertad Avanza a militares condenados por violaciones a los derechos humanos, ha llevado a que las autoridades de este partido en el Congreso no avalen el hecho. La oposición buscará tratar el hecho en el recinto el 7 de agosto, para sancionarlos. A ello se agregan los conflictos entre La Libertad Avanza y el PRO. La declaración de Santiago Caputo, el asesor clave del presidente, diciendo que Mauricio Macri terminará como Biden, no ayuda a atenuar el conflicto.

Pero, el conflicto entre el presidente y la vicepresidente ocupa un lugar central y no se resuelve. La entidad del enfrentamiento hace viable una tregua frágil y transitoria, pero no un acuerdo definitivo entre ambos integrantes de la fórmula presidencial. Se explica en gran parte por factores emocionales, más que políticos o ideológicos. Hace tres décadas, Henry Kissinger visitó la Argentina cuando estaba en plena intensidad el conflicto político entre Menem y Cavallo. Consultado por el tema, respondió: “El problema de la Argentina no son las razones de los hombres, sino sus pasiones”.

La relación entre el presidente y la vicepresidente, en el que la cada vez más poderosa Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, juega un rol decisivo, acentúa el conflicto en lugar de atenuarlo. Pero son las encuestas un factor contribuyente a esta rivalidad. En la mayoría de ellas, ambos son las figuras con mejor imagen en la política argentina. Pero el presidente ha comenzado a ver disminuido su apoyo, aunque todavía no en forma significativa, y ello acentúa la hostilidad contra Victoria Villarruel. Milei parece consciente de la necesidad de atenuar este conflicto, pero su círculo íntimo no actúa en consecuencia. El problema adicional es que el Senado jugará un rol importante en los próximos días con el tratamiento del acuerdo para designar nuevos miembros en la Corte Suprema y la actitud de la vicepresidente puede ser decisiva. Ella está en contra de la designación del juez Ariel Lijo y
esta posición tiene apoyo en sectores del “mileísmo”.

Villarruel impulsa a su vez la política para desmontar las estructuras jurídicas y económicas que sostienen la investigación por las violaciones a los derechos humanos durante los años setenta. Milei coincide en ello, pero prefiere hacerlo en forma más lenta.

Pero la estrategia política del oficialismo se centra en ganar la elección legislativa que tendrá lugar en octubre de 2025. Para esta elección de medio mandato quedan casi catorce meses. La estrategia conducida por Karina Milei -pese a este rol, no deja de acompañar a su hermano en los viajes, ocupando en el de Francia el lugar de “primera dama”- se sigue desarrollando. Busca consolidar a La Libertad Avanza como el instrumento electoral del oficialismo. El partido se ha constituido ya en nueve distritos y el acto partidario en el Gran Buenos Aires, en el que hablará Milei el 20 de agosto, busca impulsar la constitución del partido en este decisivo distrito. La estrategia contempla también la captación de los votantes del PRO, lo cual ya se ha realizado en gran medida. Esta “fusión” de votantes está representada por Patricia Bullrich. Se trata de una estrategia que confronta con la intención de Mauricio Macri de mantener su liderazgo para negociar con Milei, si su gobierno entrara en crisis en los próximos meses.

Cabe señalar que, aun obteniendo un triunfo categórico en octubre del año que viene, Milei quedaría lejos de obtener la mayoría en ambas Cámaras. Pero en el oficialismo comienzan a plantear que ganar la elección del año próximo hará posible sancionar las leyes que hoy están pendientes. Las pugnas y enfrentamientos dentro del gobierno se suceden y La Libertad Avanza es la caja de resonancia de ellos. Hay senadores del partido que han dicho públicamente que no votarán por Lijo y aliados del PRO, incluso, llegan a coincidir no sólo con la oposición dialoguista.

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La crisis de Venezuela

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Tras la elección venezolana del 28 de julio, las presiones militares, más que la internacional, definirán la crisis. La decisión de Nicolás Maduro de darse por ganador con el 51,2% frente a la oposición, a la que adjudica 44,2%, no ha sido reconocida por EE.UU., la Unión Europea, algunos de sus aliados en Asia y varios de los países de América Latina.

Seguramente, como sucedió con el gobierno interino de Juan Guaidó surgido en 2019 -reconocido por estos mismos países-, intensificarán las sanciones económicas. Pero estas sanciones vienen fracasando en Cuba desde hace sesenta y cinco años, al igual que sucede con Irán y Rusia en años recientes. Estos países, junto con China, han reconocido el resultado oficializado por Maduro, al igual que varios de sus aliados. Esto dará al régimen venezolano cierta capacidad de resistir a las sanciones económicas. El gobierno interino de Juan Guaidó tuvo un apoyo popular mayoritario, como sucederá ahora con el desconocimiento del resultado declarado por la líder de la oposición, María Corina Machado.

Días antes de la elección, Maduro amenazó con un “baño de sangre” si el resultado era desconocido y el mismo día de la elección dijo que tenía “un arma secreta” que eran las milicias, organizaciones paramilitares del régimen preparadas y dispuestas a la violencia callejera. No cabe duda de que está
dispuesto a usarlas.

Como sucedió con Guaidó, el rol de las Fuerzas Armadas vuelve a ser la clave más importante de su posible fracaso. Sólo lo siguieron algunas decenas de uniformados. Fracasado el golpe contra Chávez de 2002, éste recurrió a Fidel Castro para adquirir el mecanismo para asegurarse la lealtad militar que le había fallado, al igual que para reorganizar sus servicios de inteligencia y tener una custodia confiable, inicialmente a cargo del mismo servicio de inteligencia cubano. Respecto a los militares, el primer mecanismo que se implementó fue una poderosa Dirección de Contrainteligencia Militar, destinada a suprimir cualquier esbozo de disidencia.

A quien no está identificado con el régimen, le espera cárcel y torturas, como también persecución a sus familias. La segunda iniciativa fue el cambio ideológico, simbolizado con la sustitución de la consigna de lealtad de “Patria o Muerte” por la de “Socialismo o Muerte”. Como sucede en Cuba, las instituciones armadas son del partido, no del Estado. A ello se agrega cierta reinterpretación de la historia, de acuerdo con la cual el país tiene dos padres en la faz político-militar: Bolívar y Chávez. El primero lideró la independencia política, y el segundo, la soberanía económica. Este tipo de adoctrinamiento es el que han recibido con intensidad sistemática los militares durante los últimos veintidós años, es decir, desde el último golpe. Los militares disidentes no se sublevan: desertan y se convierten en un exiliado más.

En la oposición se afirma que la mitad de los presos políticos son militares jóvenes; puede ser una estimación exagerada, pero es una evidencia del tipo de trabajo que realiza la contrainteligencia militar. En cuanto a las jerarquías superiores, están beneficiadas por su actividad en la economía a cargo
del Estado y es aún más difícil que se produzca entre ellas alguna reacción contra el régimen. En caso de que la protesta callejera derive en violencia -como ya ha sucedido en el pasado-, el gobierno empleará las milicias, luego las fuerzas policiales y de seguridad, y en último término las Fuerzas Armadas. El chavismo lleva un cuarto de siglo en el poder y es muy difícil que Maduro lo deje si no pierde el control de la fuerza militar, y ello no es fácil que suceda. Hasta ahora, no hay señales de disidencia en el ámbito militar, con la posición de Maduro de exigir -tanto fuera como dentro del país- que sea reconocido el resultado electoral oficial.

Las protestas han comenzado: hay concentraciones en las plazas; cortes de rutas y avenidas, y cacerolazos en barrios predominantemente de clase media. En este contexto, en la noche del 29 de julio se registró el primer muerto entre los manifestantes que protagonizan las protestas. Lamentablemente esto se convertirá en un indicador de la evolución de la crisis.

Desde el punto de vista internacional, es claro que predomina la condena a Maduro, pero con matices. En el mundo occidental desarrollado predominó la posición de que Maduro debe permitir un recuento transparente de los resultados, a lo cual, hasta ahora, se niega. Esta posición es compartida por los treinta y dos países de la Unión Europea. Se encuentran en esta posición, además de Estados Unidos, Alemania, el Reino Unido, Italia y España, entre otros. Pero hay algunos países relevantes de América Latina que también la acompañan. Es el caso de Brasil, que tiene el mayor electorado de la región, y Colombia, que es el tercero. Reconociendo los resultados defendidos por Maduro están dos potencias globales: China y Rusia. También en África lo apoya Madagascar, y en Medio Oriente Irán y Siria. De América Latina, lo hacen Honduras, Bolivia, Cuba y Nicaragua. Un tercer grupo, integrado por nueve países de América Latina, afirman que hubo fraude. Se trata de Argentina, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay en América del Sur, y Panamá, El Salvador, Costa Rica y Guatemala de América Central. También hay países importantes que no se han pronunciado. Tal es el caso de Canadá y México en América, India en el sur de Asia, y Australia en Oceanía. Todo el continente africano está en esta postura, salvo Madagascar. No es fácil por ahora coordinar una estrategia concreta en el plano internacional para obligar a Maduro a que reconozca su derrota electoral.

En conclusión: Es más probable que la crisis abierta en Venezuela por el resultado electoral sea definida por la actitud de las Fuerzas Armadas, que por la presión internacional, tanto política como económica; el rol de las Fuerzas Armadas es clave en la definición de la crisis, pero su definición no está clara y el control político-ideológico de los militares que tiene Maduro es muy fuerte; La oposición sostiene que la contrainteligencia militar ha detenido a numerosos militares disidentes, especialmente en los cuadros jóvenes, pero estos datos son imprecisos; Internacionalmente predomina el rechazo a Maduro, pero con distintas posiciones: están los países que declaran que hubo fraude, los que piden un recuento transparente, y los que apoyan el resultado de la elección.

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Ley Bases: un paso en un largo proceso

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La sanción de la Ley Bases es un hito importante para el presidente Javier Milei, en el marco del proceso político y económico complejo que tiene por delante. La cauta reacción de los mercados frente al hecho el viernes 28 así lo puso en evidencia. El Gobierno hizo saber que la reglamentación de la ley -a veces puede ser más importante que la misma norma- tardará aproximadamente un mes y medio (mientras el decreto correspondiente no esté vigente, no rige la norma).

En el Congreso, la oposición va a impulsar iniciativas adversas al oficialismo que ya cuentan con media sanción de Diputados, como la modificación del cálculo para la actualización de las jubilaciones, que obtuvo el voto favorable de dos tercios de los diputados presentes. Pero en el mes de julio, el Congreso cesará su actividad por lo menos durante dos semanas, algo que le puede permitir al oficialismo ganar tiempo para frenar esta iniciativa.

Cabe señalar que el Presidente ya anunció públicamente que si esta ley fuera sancionada, él la vetará, y los dos tercios de los legisladores presentes que son necesarios para insistir con el proyecto inicial es una meta difícil de alcanzar para la oposición, pero no imposible. En lo inmediato, Milei prepara un relanzamiento político para el martes 9 de julio, Día de la Independencia nacional.

Habrá un acto en Tucumán y un desfile militar en la Ciudad de Buenos Aires. Pero la intención es que la firma del Pacto -que todavía se negocia, incluyendo puntos como la educación, a pedido de la oposición- tenga la participación política y sectorial más amplia posible.

Pero contar con una Corte alineada con el Ejecutivo es el objetivo político central de Milei, aunque no lo sea manifiesto. La prioridad para la Casa Rosada en el Congreso ahora es el acuerdo del Senado para la nominación de los candidatos del oficialismo: el juez Ariel Lijo y el jurista Manuel García-Mansilla. El Gobierno tiene asegurado los votos del PJ K para el primer candidato, un veterano juez federal que ha sabido navegar con éxito durante más de dos décadas entre los diversos gobiernos.

Es cuestionado por los sectores más ortodoxos del “mileísmo”, que sí sostienen la candidatura del otro postulante. Ahora, en el equipo asesor del presidente ha surgido la idea de aumentar la cantidad de miembros de la Corte para ampliar la renovación y así incluir nuevos candidatos. La ampliación sólo requiere una ley de mayoría simple en ambas Cámaras, mientras que las designaciones, dos tercios de los senadores presentes. Con más puestos en el Tribunal se facilitaría la negociación política con la oposición, que en este caso resulta imprescindible. La prioridad que adquiriría así el Senado para modificar la Corte amplía el rol de la Vicepresidente Victoria Villarruel, que a fines de junio mostró una diferencia con el Poder Ejecutivo al tratar los acuerdos para los ascensos militares propuestos por la Casa Rosada. Más allá del receso durante algunas semanas de julio, el rol del Congreso seguirá siendo central y hay quienes piensan que Milei ha comenzado a adquirir experiencia en este ámbito.

Cabe recordar que el lunes 24 de junio, cuatro días antes de la aprobación de la Ley Bases en Diputados, Milei públicamente volvió a calificar a los opositores de “golpistas y degenerados fiscales”. Se trata de actitudes que dejan rencores que suelen aparecer en los momentos
menos esperados.

La sanción de la Ley Bases vuelve a poner en evidencia la coalición potencial con la que puede contar el oficialismo si se decide a articularla. Las tres votaciones en Diputados de la Ley Bases -la de febrero y las dos de junio- fueron aprobadas con una sólida mayoría, cercana a los ciento cuarenta legisladores.

Cabe señalar que la mayoría es de ciento veintisiete. Esta mayoría oficialista está constituida por los legisladores de La Libertad Avanza, el PRO, un sector mayoritario de la UCR, el bloque Somos Coalición Federal que integran diputados de diversas procedencias y lidera Miguel Ángel Pichetto, e Innovación Federal, constituido por gobernadores peronistas no kirchneristas. Pero hasta ahora Milei desechó la constitución de un interbloque que permitiera una coordinación parlamentaria. Este sería un paso previo en pos de generar una coalición política que se constituya en una alianza electoral para 2025. Contar con una coalición parlamentaria permanente resulta fundamental para la gobernabilidad, y a siete meses de gobierno, esto se ha ratificado con el complicado trámite de la Ley Bases. Pero en un giro político sorprendente, el 30 de junio Milei dijo respecto a su relación con el PRO:

“Vamos camino con el PRO a una fusión de las fuerzas. Si hoy fuéramos a elecciones fusionados, sacaríamos el 57% de los votos”. Agregó que con Macri no tiene conflictos, aunque admitió que hace dos semanas que no habla con él por problemas de agenda. El problema es que el término “fusión” implica la creación de un solo partido entre ambos, no una alianza entre ellos. Es la tarea que ya viene realizando la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei.

Pero la política exterior se ratifica como un ámbito complejo y difícil que no se resuelve con la indiscutible eficacia de Milei como “star” internacional. El triunfo de Le Pen en Francia fortalece al presidente argentino. En la asunción presidencial del pasado 10 de diciembre estuvieron en Buenos Aires delegados de “Reagrupamiento Nacional”, el partido de la líder de la derecha radical francesa. Tuvo contacto virtual con ella en el acto del partido Vox de España, en el cual habló el presidente argentino. Ambos integran la “derecha radical” que crece en el mundo occidental y que tiene a Donald Trump como su primer referente global. Las diferencias de enfoque económico que puede haber entre ellos son secundarias frente a un movimiento que pone más su prioridad en los valores políticos y culturales, algo que por lo general no se entiende en Argentina. Pero al mismo tiempo, la negativa del presidente argentino a participar en la Cumbre del Mercosur, que tiene lugar el lunes 8 de julio en Asunción, es un hecho muy negativo en el ámbito regional. Este grupo, que integran Argentina y Brasil junto a Paraguay, Uruguay y recientemente Bolivia, ha cumplido más de tres décadas y se ha mantenido pese a los altibajos en el comercio.

La relación entre los presidentes de Brasil y Argentina ha sido claramente mala. Lula no asistió a la asunción de Milei por sus relaciones con el ex presidente Bolsonaro, acusado en la Justicia por la fracasada toma del Congreso el 8 de enero de 2022. Milei, ya siendo presidente, acusó a Lula de “comunista y corrupto”. El líder brasileño ha dicho que mientras Milei no le pida disculpas, no se reunirá con él. Cuatro días antes de la Cumbre, Milei ratificó sus dichos, al afirmar que cuando dijo que Lula era comunista y corrupto, había dicho la verdad. Frente al confuso intento de golpe militar en Bolivia, que el ex presidente Evo Morales calificó como una “manipulación” del presidente Luis Arce (con quien está enfrentado),

Milei sostuvo que era “falso” y denunció además que en el país hay “presos políticos” como la ex presidente Jeanine Añéz, una dirigente de derecha que fue presidente tras la caída de Morales. Cabe señalar que este país es el quinto miembro del Mercosur.

En conclusión: La aprobación de la Ley Bases es un hito en un proceso, pero no el final de éste, ni tampoco de por sí el inicio de una nueva etapa, pero sí un primer logro relevante de Milei en el campo de la política tradicional. Contar con una Corte alineada es un objetivo prioritario del Presidente para mejorar su relación de fuerzas con el Congreso y convalidar judicialmente sus reformas económicas. La sanción de la Ley Bases en Diputados confirmó la posibilidad de una coalición oficialista que incluya a cinco fuerzas, pero el Presidente parece hoy inclinarse por fusionarlas en base a su partido, La Libertad Avanza. El triunfo de Marie Le Pen en Francia fortalece a Milei en el plano internacional, pero su ausencia en la Cumbre del Mercosur revela la existencia de una crisis en este ámbito por la confrontación con Lula.

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