China analiza limitar horas extra en las empresas para aumentar la tasa de natalidad

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China enfrenta una de las crisis demográficas más profundas de su historia reciente y comienza a explorar medidas poco convencionales para revertir la tendencia. Entre ellas, surge con fuerza una propuesta: limitar las horas extras en las empresas para que los trabajadores tengan más tiempo para su vida personal y familiar.

El debate cobró impulso durante las denominadas “Dos Sesiones”, el principal evento político anual del país, donde funcionarios y asesores del gobierno discutieron iniciativas para estimular la economía y, especialmente, la natalidad. En ese marco, el académico Lu Ming planteó que las extensas jornadas laborales afectan directamente la decisión de formar pareja, casarse y tener hijos.

“La sobrecarga laboral tiene un impacto significativo en la salud física y mental, la calidad de vida y la voluntad de formar una familia”, advirtió el especialista, quien propuso avanzar hacia una regulación más estricta del tiempo de trabajo.

La preocupación no es nueva. En sectores clave de la economía, como el tecnológico, persiste la denominada cultura laboral “996”, que implica jornadas de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana. A esto se suman las llamadas “horas extras invisibles”, en las que los empleados continúan conectados fuera del horario formal.

Este esquema impacta de lleno en la vida de los jóvenes. Casos como el de Owen Cao, un estudiante universitario que prioriza su formación y desarrollo profesional por sobre la vida afectiva, reflejan una tendencia cada vez más extendida. Encuestas recientes indican que cerca del 70% de los universitarios chinos se encuentran solteros, en parte por la falta de tiempo y energía para sostener relaciones personales.

El fenómeno no es exclusivo de China. Países como Japón y Corea del Sur también experimentan caídas sostenidas en la natalidad, vinculadas a dinámicas laborales exigentes y altos costos de crianza. Sin embargo, en el caso chino, el problema se agrava por factores históricos, como las secuelas de la política del hijo único.

Las cifras reflejan la magnitud del desafío. En 2025, la tasa de natalidad cayó a 5,63 nacimientos por cada 1.000 habitantes, el nivel más bajo en décadas. Al mismo tiempo, la mortalidad alcanzó máximos históricos, provocando una reducción neta de la población de alrededor de 3,4 millones de personas.

Ante este escenario, el gobierno analiza un abanico de medidas que incluyen incentivos económicos, nuevos feriados y posibles reformas laborales. Experiencias internacionales, como la de empresas japonesas que restringieron las horas extras con impacto positivo en la productividad y la maternidad, son observadas de cerca.

El interrogante de fondo es si cambiar la cultura laboral podrá revertir una tendencia demográfica que ya parece estructural. Por ahora, China empieza a admitir que el crecimiento económico sostenido podría depender, cada vez más, del equilibrio entre trabajo y vida personal.

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