Día del preservativo: el método más simple que sigue salvando vidas
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En un contexto donde existen múltiples métodos anticonceptivos, el preservativo continúa siendo una herramienta central de la salud sexual. No solo por su accesibilidad, sino porque sigue siendo el único método que previene simultáneamente el embarazo y las infecciones de transmisión sexual (ITS).
Según datos de organismos internacionales de salud, más de un millón de personas contraen una ITS cada día en el mundo, y muchas de ellas no presentan síntomas. VIH, sífilis, gonorrea, clamidia, HPV y herpes siguen circulando, incluso en poblaciones que creen estar “fuera de riesgo”.
En Argentina, este escenario se vuelve especialmente preocupante a partir del aumento sostenido de la sífilis, una de las infecciones de transmisión sexual más antiguas conocidas. En 2025, la Argentina registró más de 55 mil casos diagnosticados, según el Boletín Epidemiológico Nacional, lo que representa un aumento superior al 70% en comparación con períodos anteriores. Lejos de ser un fenómeno aislado, la infección atraviesa a distintos géneros y contextos sociales, y muestra una mayor concentración en personas jóvenes y adultas sexualmente activas, especialmente entre los 15 y 39 años. Se trata, además, de una infección que puede cursar sin síntomas durante largos períodos, lo que refuerza la necesidad de sostener el uso del preservativo como principal herramienta de prevención.
“Hoy contamos con una gran variedad de métodos anticonceptivos eficaces, pero eso no reemplaza al preservativo”, explica la Dra. María Laura Martínez, ginecóloga de DIM Centros de Salud. “Los métodos hormonales, el DIU o la ligadura previenen embarazos, pero no protegen frente a infecciones. Por eso desde la ginecología insistimos en el concepto de doble protección: método anticonceptivo más preservativo”.
Este enfoque resulta especialmente importante en relaciones no monógamas, con parejas nuevas o cuando se desconoce el estado serológico de la otra persona. En esos escenarios, el uso del preservativo no es una desconfianza: es una decisión de cuidado.
Condón femenino: una herramienta que amplía derechos
Dentro del universo de métodos de barrera, el condón femenino —también llamado condón interno— sigue siendo poco conocido, a pesar de sus múltiples ventajas. Se trata de una funda de nitrilo o poliuretano que se coloca dentro de la vagina antes de la relación sexual.
“Es un método que protege contra ITS y embarazo, pero además le da autonomía a la mujer, ya que no depende de la decisión masculina”, destaca la Dra. Martínez. “Puede colocarse horas antes del encuentro, es hipoalergénico, no interfiere con hormonas ni con la lactancia y brinda mayor protección frente a infecciones de contacto porque cubre parte de la vulva”.
Desde una perspectiva de derechos sexuales y reproductivos, el condón femenino es una herramienta clave para el control del propio cuerpo y la negociación del cuidado. Sin embargo, su bajo uso no responde a fallas del método, sino a barreras culturales, falta de información y escasa difusión en los sistemas de salud.
“Muchas mujeres nunca lo vieron ni recibieron indicación médica. Persisten prejuicios que lo tildan de incómodo o difícil, y todavía pesa la idea de que la responsabilidad del cuidado recae en el varón”, señala la especialista.
Prevención: información clara y sin prejuicios
El preservativo, masculino o femenino, es altamente eficaz cuando se utiliza correctamente. Sin embargo, en la práctica cotidiana se observan errores frecuentes: colocarlo después de iniciada la penetración, guardarlo en lugares con calor, usar dos juntos, no dejar espacio en la punta o combinarlo con lubricantes inadecuados.
“Estos errores no se corrigen con miedo, sino con educación”, subraya la Dra. Martínez. “La prevención empieza en la consulta: explicar, mostrar, usar lenguaje simple y habilitar preguntas. Informar sin juzgar es una forma concreta de cuidar”.
En el Día Mundial del Preservativo, DIM Centros de Salud refuerza un mensaje claro: la prevención sigue siendo una decisión cotidiana, accesible y basada en el derecho a vivir una sexualidad cuidada, informada y libre de prejuicios. Porque elegir el preservativo no es volver atrás: es avanzar en salud, autonomía y responsabilidad compartida.
