El “colapso sexual”, la soledad digital y el auge de las plataformas: una transformación silenciosa en las relaciones humanas

Getting your Trinity Audio player ready...
Compartí esta noticia !

La disminución sostenida en la frecuencia de las relaciones sexuales entre jóvenes se ha convertido en un fenómeno de análisis académico y social a nivel global. Lo que algunos especialistas han denominado “colapso sexual” describe una tendencia que trasciende lo íntimo y abre interrogantes sobre transformaciones profundas en la vida social contemporánea.

Datos recientes muestran que el porcentaje de hombres jóvenes que declara no haber tenido experiencias sexuales ha aumentado significativamente en las últimas décadas. Paralelamente, también ha disminuido la proporción de personas que reporta mantener relaciones sexuales de manera regular. Este escenario no responde a una sola causa, sino a una convergencia de factores económicos, tecnológicos y culturales.

Entre los elementos más mencionados por los analistas se encuentran las dificultades económicas que retrasan la independencia de los jóvenes —muchos continúan viviendo con sus padres por más tiempo—, el impacto de la digitalización en la socialización y la creciente intermediación de aplicaciones de citas que modifican la dinámica tradicional del encuentro interpersonal.

El académico y especialista en opinión pública Rodrigo Durán Guzmán señala que este fenómeno debe entenderse como parte de una transformación más amplia en la estructura social.

“Estamos observando un cambio en la manera en que las generaciones más jóvenes construyen vínculos. La digitalización no solo altera los canales de interacción, sino también las expectativas, los tiempos y la profundidad de las relaciones”, explica.

Durán Guzmán advierte que las aplicaciones de citas han introducido una lógica de mercado en el ámbito relacional, donde la atención se concentra en un porcentaje reducido de perfiles, generando dinámicas de alta competencia y exclusión. “Los algoritmos no distribuyen las oportunidades de manera homogénea. Esto puede producir frustración y retraimiento social en quienes quedan sistemáticamente fuera de esas dinámicas”, afirma.

A este escenario se suma el surgimiento y consolidación de las denominadas “plataformas de contenido”, que han experimentado un crecimiento sostenido a nivel mundial. Estas plataformas, que permiten la monetización directa de audiencias, se han convertido no sólo en espacios para generar ingresos adicionales, sino en verdaderas fuentes de empleo que se han ido profesionalizando con el tiempo.

En particular, aquellas vinculadas a la creación de contenido para adultos han desarrollado modelos de negocio estructurados, con gestión de marca personal, estrategias de marketing digital, administración de suscriptores y planificación financiera. Lo que comenzó como una alternativa informal hoy constituye, en muchos casos, una actividad económica organizada y regulada por contratos, equipos de trabajo y asesorías profesionales.

Para Durán Guzmán, este fenómeno también dialoga con la transformación de la intimidad en la era digital. “La economía de plataformas ha redefinido la frontera entre lo público y lo privado. La intimidad puede convertirse en contenido, y el contenido en una fuente legítima de ingresos. Eso modifica la manera en que entendemos el vínculo, el deseo y la exposición”, sostiene.

El académico añade que este proceso no debe analizarse únicamente desde una perspectiva moral, sino estructural. “Estamos frente a una economía de la atención donde el capital simbólico – la imagen, la narrativa personal, la interacción digital – se traduce en valor económico. Esto impacta tanto en quienes producen contenido como en quienes lo consumen”.

Al mismo tiempo, el consumo digital intensivo ha desplazado espacios tradicionales de socialización presencial. El tiempo destinado a redes sociales, videojuegos y plataformas de entretenimiento ha modificado rutinas, hábitos y expectativas. Según el especialista, esto no implica necesariamente una pérdida de interés en la intimidad, sino una reconfiguración de las formas en que se busca y se experimenta la conexión.

El fenómeno también se vincula con el aumento de la soledad percibida, un problema que diversas organizaciones internacionales ya identifican como un desafío de salud pública. La falta de vínculos significativos puede incidir tanto en la salud mental como en indicadores demográficos, incluyendo la baja sostenida en las tasas de natalidad en numerosos países.

“Reducir esta tendencia a una cuestión individual sería un error”, sostiene Durán Guzmán. “Estamos frente a un proceso estructural que combina precariedad económica, transformación tecnológica y cambios culturales en torno al compromiso y la intimidad. Comprenderlo exige una mirada interdisciplinaria”.

En este contexto, el debate trasciende lo privado y se instala en el ámbito público. La manera en que las sociedades fomenten espacios de encuentro, fortalezcan la educación socioemocional y regulen los entornos digitales podría ser determinante para enfrentar una tendencia que ya no es marginal, sino global.

El llamado “colapso sexual” no describe simplemente una disminución en la actividad íntima, sino un síntoma de un reordenamiento más profundo en las relaciones humanas en la era digital, donde la economía de plataformas y la monetización del contenido forman parte central de una nueva arquitectura social.

Autor

Compartí esta noticia !

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin