El nuevo rostro del mercado laboral: crecen los trabajadores desprotegidos y los jubilados vuelven al empleo
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El mercado laboral argentino muestra una transformación silenciosa pero profunda: cada vez más personas trabajan, pero en condiciones más precarias. El fenómeno se explica por la expansión del trabajo desprotegido, la caída del empleo formal y la creciente participación de jubilados que vuelven al mercado laboral para compensar la pérdida de ingresos.
Según datos elaborados por el Instituto Argentina Grande en base a microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), más de 6 millones de argentinos trabajan actualmente en condiciones de desprotección, es decir, sin estabilidad laboral, sin aportes previsionales o en actividades de muy baja calidad laboral. Se trata del nivel más alto registrado desde que se mide la serie.
En términos territoriales, el mapa del indicador de trabajo desprotegido muestra que las provincias del norte argentino concentran los niveles más altos de precariedad laboral. Allí, cerca de la mitad de los ocupados trabaja en condiciones de desprotección, mientras que el resto del mercado laboral se reparte casi en partes iguales entre empleo público y trabajo privado protegido. Esta estructura refleja economías con menor desarrollo del sector privado formal y mayor dependencia del empleo estatal. En contraste, en las provincias de la zona núcleo -como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe- también se registran niveles elevados de desprotección, aunque con una mayor presencia de empleo privado formal y menor peso relativo del sector público. En el sur del país, en cambio, la estructura laboral se distribuye de forma más equilibrada entre trabajadores desprotegidos, privados protegidos y empleo público.
Radiografía del trabajo desprotegido en Argentina
Las provincias del norte concentran los mayores niveles de precariedad laboral, mientras que el sur presenta una estructura más equilibrada entre empleo público, privado formal y trabajo desprotegido.
Fuente: Instituto Argentina Grande (IAG) en base a microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (INDEC).
Jubilados: el nuevo motor de la tasa de actividad
Uno de los rasgos más llamativos del nuevo mapa laboral es el crecimiento de la participación de los jubilados en el mercado de trabajo.
Entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, la tasa de actividad alcanzó el 48,6%, un récord para ese trimestre desde 2016, impulsada principalmente por personas mayores que vuelven a buscar empleo.
En ese período, la actividad entre personas de 66 años o más creció más del 11%, mientras que entre los jóvenes prácticamente se estancó. El aumento de jubilados que buscan empleo se relaciona con el deterioro de sus ingresos y el encarecimiento de rubros clave en su canasta, como medicamentos y prepagas.
Este fenómeno se refleja también en el aumento del llamado “desempleo encubierto”, una medición que incluye a personas que trabajan pocas horas en condiciones precarias pero siguen buscando empleo. Según el indicador elaborado por el instituto, el desempleo ampliado alcanza el 13,8%, más del doble del desempleo oficial de 6,6%.
Un mercado laboral cada vez más precario
El crecimiento del empleo no se tradujo en mejores condiciones laborales.
Entre 2023 y 2025 se crearon 357.000 puestos de trabajo desprotegidos, mientras que los empleos privados de mayor calidad crecieron mucho menos y el sector público perdió 312.000 puestos.
Esto implica que una porción creciente de la población se incorpora al mercado laboral, pero lo hace en ocupaciones informales, inestables o de baja productividad.
Además, el fenómeno presenta fuertes desigualdades por género y edad. El trabajo desprotegido creció más entre mujeres que entre hombres y golpeó especialmente a los mayores de 66 años. En este grupo etario, la cantidad de trabajadores en condiciones precarias creció hasta un 33% entre las mujeres y más del 22% entre los hombres.
Caída del empleo formal y salarios en retroceso
El deterioro laboral también se refleja en el empleo registrado. Desde el inicio de la actual gestión nacional se perdieron 193.590 puestos privados registrados, con caídas en 22 de las 24 provincias del país.
La pérdida se concentra principalmente en sectores intensivos en empleo como la construcción y la industria. Solo la construcción perdió 66.000 puestos desde noviembre de 2023, mientras que la industria recortó más de 56.000 empleos.
Al mismo tiempo, los salarios reales continúan debilitándose. Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el salario privado registrado perdió entre 1,3% y 4,9% de poder adquisitivo, según la metodología utilizada para medir la inflación.
Más horas trabajadas, pero menos ingresos
Otro indicador que revela la presión sobre los trabajadores es el aumento de la jornada laboral promedio. En el tercer trimestre de 2025 la cantidad de horas trabajadas semanales subió un 9% respecto del año anterior, marcando el nivel más alto para ese período en la serie estadística.
El fenómeno refleja una tendencia clara: más personas buscan trabajar más horas para compensar la pérdida de ingresos en un contexto de inflación persistente y salarios rezagados.
Un cambio estructural en el empleo argentino
En conjunto, los datos sugieren que el mercado laboral argentino atraviesa un cambio estructural. El crecimiento de la actividad no responde a una expansión de empleos formales de calidad, sino a una mayor presión sobre los hogares para generar ingresos en un contexto de caída del poder adquisitivo.El resultado es un mercado laboral más fragmentado: más personas activas, más jubilados trabajando, más horas dedicadas al empleo, pero con mayor precariedad y menor protección social.
