Entre el “virrey” Pompeo, el autoproclamado Guaidó y el Presidente Maduro

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Con soberbia propia de voceros imperiales, el Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, se arroga el supuesto “derecho inapelable” del “dueño del patio trasero” de dictaminar que sería “válido” y que “reprobable” en cada uno de las naciones íbero americanas.

Pero el caso es que, salvo algunos pocos repudiables cipayos (que nunca faltan), la mayoría de los íbero americanos rechazamos y nos oponemos con decisión al rol de ”patio trasero” al cual nos quieren degradar y corromper, los anglosajones “de por acá” con la complicidad de los anglos de allende los mares.

Además de la repudiable y agresiva postura, de inmiscuirse en la vida política venezolana, como si fuera el capataz del señor feudal que dicta reglas a su entero capricho en sus dominios, se evidencia –una vez más- la doble vara con la cual miden y “califican” a los gobiernos de todos los países excluidos del “núcleo selecto” de los Atlantistas, no solo a los íbero americanos.

Queda muy en claro, que el calificativo despectivo de “dictador” lo utilizan solo para gobernantes que no se arrodillan ante los mandatos del pretendido poder hegemónico mundial, pero en cambio “miran para otro lado” ante las aberraciones que perpetran gobiernos dócilmente alineados al mega poder mundial representado por el Bloque Atlantista.

No solo nada les importaron a los “virreyes” del “gran país del norte” y sus ramificaciones subordinadas atlantistas, las aberrantes agresiones al pueblo, perpetradas por Piñera y sus esbirros represores, en Chile; ni la barbárica toma del poder en Bolivia, por parte de las oligarquías retrógradas y sus mastines uniformados, claramente nulo pensantes; ni las violencias perpetradas por uniformados a las órdenes del apátrida gobierno macrista en Argentina; ni las matanzas sin fin que se perpetran en la “democrática” Colombia; ni el caos ingobernable (que la OTAN provocó) en el que sumieron a la antes próspera Libia; ni la interminable guerra de agresión y exterminio que provocaron por medio de mercenarios y grupos supuestamente fanatizados religiosos, en Siria; ni los insondables caos totales en que empujaron a países ex colonias francesas y británicas en el África Subsahariana; y el listado no se agota.

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El Atlantismo es un poder que sigue siendo sumamente peligroso y agresivo, pero que está siendo erosionado por las Potencias Continentalistas, por otras naciones no subordinadas a sus tiránicos “mandatos” y por el peso innegable de la cambiante realidad mundial, cuyo eje económico está focalizándose en Asia; lejos del eje Norteamérica – Europa Occidental.

La cabeza visible del Atlantismo es EEUU, pero el sutil y agresivo accionar británico opera en forma semi encubierta, por medio de su diplomacia, sus múltiples ONGs y Fundaciones, su centro financiero mundial con sede en Londres, y parecería que para las acciones “sucias” dejan el camino expedito para el accionar violento y a veces algo tosco de sus “primos” del otro lado del Atlántico.

No solo tosco sino también con fuertes ribetes grotescos, es el accionar “diplomático” de EEUU, bloqueando económicamente a los “díscolos” Cuba y Venezuela, países en los que, más allá del declamado “socialismo”, lo que molesta al imperio continental es que no se subordinen a sus mandatos y entreguen totalmente el manejo de sus recursos naturales, particularmente valiosos y cuantiosos en el caso de la patria de Bolívar y Chávez.

De que otra forma, sino como maniobra burda y grotesca, cabe calificar el “reconocimiento” al “autoasumido” Guaidó, claramente una marioneta al servicio de los dictados imperiales, mientras se desconoce el veredicto de las urnas, el cual ratificó el mandato de Nicolás Maduro, sucesor del Comandante Chávez.

Más allá de errores de gobierno, que seguramente cometen –pocos o muchos- Maduro y su gobierno, es indudable que el descalabro general en que sumieron a Venezuela, tiene mucho o casi todo que ver, con el prepotente e inhumano bloqueo económico, así como con las acciones de terrorismo interno (las guarimbas) y con las constantes amenazas de invasión, que seguramente se hubieran concretado, de no contar Venezuela con una más que respetable Fuerza Armada, sólidamente concientizada de priorizar el patriotismo por sobre los cantos de sirena de grupos de poder ansiosos de volver a caer bajo el dominio excluyente del poder imperial.

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También es muy evidente, que el total respaldo de Rusia a Venezuela, juega un rol disuasivo muy “convincente” que hace dudar de los costos a asumir ante cualquier aventura neocolonialista, a los estrategas del “Estado profundo” de EEUU. A eso se agrega la decidida postura de Irán, respaldando sin cortapisas a su aliado caribeño, contando como disuasivo contundente su capacidad de bloquear el suministro petrolero que fluye por el estrecho de Ormuz, como salida del Golfo Pérsico. Y tampoco es de menospreciar el sutil apoyo de la crecientemente poderosa China, que juega con creciente peso en el tablero geopolítico mundial.

Que EEUU pretenda darnos lecciones de democracia y de derechos humanos, es una brutal incoherencia, solo avalada por nulos pensantes y otros colonizados mentales en grados superlativos.

¿“Lecciones de democracia” de “yanquilandia”?, en cuyas elecciones no importan las reales mayorías, sino un enrevesado sistema, a la medida de las pesadas influencias del “deap State” (Estado profundo), con procesos electorales en los cuales no se facilita la votación de los sectores populares.
¿Derechos humanos, en un país atravesado por anacrónicos y perversos sentimientos y brutales acciones racistas y discriminativos, contra afroamericanos, “latinos” y otras minorías? Todo un impresentable oxímoron.

Como una “perlita” local argentina, los milicos proceseros (uniformados perpetradores y apoyadores del siniestro y apátrida “proceso” subversivo que se apoderó del poder en 1976, para imponer el neoliberalismo antinacional), se “escandalizan” ante la supuesta “tiranía” de Maduro, mientras siguen alabando a Videla y sus secuaces, asesinos del Mayor Alberte, del gremialista Oscar Smith, de la diplomática Elena Holmberg, y tantos más, imponiendo el terrorismo de Estado, supuestamente para combatir las violencias guerrilleras (que la mayoría de los argentinos no avalamos).

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