Florencia Canale: “Pareciera que el argentino necesita un campo de batalla permanente”

En un país donde la palabra más usada es “grieta”, donde se acostumbra a encasillar por sus opiniones a las personas y hasta el humor se pone en cuestión es importante comprender de donde nace esa pasión de los argentinos por la dicotomía constante.

Hacerse preguntas e intentar una respuesta concreta y veloz se transforma en una tarea casi infructuosa para cualquiera. En este entramado hasta el rol del comunicador quedó atascado con el imaginario del “periodismo militante”. Las preguntas disparan nuevas dudas y así la persona se ve envuelta en un rizoma intelectual de nunca acabar.

Para buscar algunas respuestas aprovechamos que Florencia Canale visitó Posadas para presentar su quinto libro “La hora del destierro” y consultarle sobre donde nació la grieta y si alguna vez los argentinos podremos superarla.

Su visita se da en el marco de “Primavera Planeta”, ciclo que ya trajo a Felipe Pigna y a Daniel López Rosetti. Ella presentó el pasado jueves “La hora del destierro. Los últimos años de Juan Manuel de Rosas”, el cierre de su trilogía sobre el Restaurador. Una obra que se enfoca en lo humano del hombre que dividió el siglo XIX.

Sobre la actualidad, Canale considera que la dicotomía de los argentinos “está en nuestro ADN, Unitarios y Federales, o más atrás Criollos y Realistas, allí las cosas se resolvían a sangre y fuego, hasta no hace mucho se resolvían así. Pero recomiendo (re)visitar nuestro pasado para comprender que eso está en nuestro ADN, la intolerancia esta en nosotros, pero debemos repensarlo y tratar de resolverlo, comprendiendo que el otro es otro”.

Consideró que hay que “escuchar más y hablar menos”.

Al ser consultada sobre el rol del periodismo, consideró que los periodistas deberían hacer “una autocrítica”, pero alertó que “no se si se hará eso, Porque el narcisismo es una enfermedad mortal, tal vez el narcisismo termine por matar al periodismo, que sería una lastima, porque es un rol fundamental para la sociedad”.

“Siento que estamos en tiempos un poco revueltos, donde pareciera que el manotazo de ahogado es lo que prima. Y a mí me parece poco interesante, nos perdemos de vista lo realmente importante. Los periodistas deben investigar, buscar historias interesantes para contar y no fogonear y echar queroseno a las brasas del incendio. Habría que bajar, pero no bajan”, consideró.

Reconoció que las nuevas tecnologías han modificado la forma de circulación de la información, pero dijo “a mi no me asustan estos cambios. Acá todos están tan asustados”. Afirmó que las publicaciones en papel seguirán existiendo como en todo el mundo “en cantidades impresionantes. También en lo digital, pero en el mundo suman, no resta una por la otra”.

Según ella “es como que llegamos tarde a una discusión que se dio como hace 10 años en todo el mundo. Es como que ahora hay que cerrar todo y prenderle fuego al papel porque solo existirá lo digital. No, no es así, incluso la publicación de los libros ha crecido nuevamente”.

“Lo que se ve es que no sabemos nada. Más vale nadar, hacer la plancha cuando debemos hacerlo. Pero no tratar de tomar decisiones apresuradas”, indicó.

“Claro que creo que el periodismo argentino está en jaque”, dijo sobre la profesión. Pero pidió repensar “por qué perdimos credibilidad”, averiguar si somos responsables de eso. “Tal vez tanto vedetismo, tanto narcisismo, lo único que ha hecho es llenar de heridas y lastimaduras la figura del periodista”.

Para ella “pareciera que el ser humano necesita un campo de batalla permanente”, el argentino debería entender que de esa forma no se resuelven las cosas. “Tratemos de entender qué nos pasó y aprendamos un poco, que eso no lleva a ningún lado. Solamente lleva a la muerte”, apuntó.

Canale recordó que los bandos existen desde siempre y se preguntó si ya no forma parte de una “pulsión” del ser humano. “Si no precisa de un campo de batalla permanente”, reflexionó.

Juan Manuel de Rosas

En el cierre de su trilogía, Canale buscó mostrar el otoño del “Restaurador”. Los últimos años de Juan Manuel de Rosas en el destierro, exiliado en el sur de Inglaterra. También se ocupó de las mujeres que deja en Buenos Aires: la mejor amiga de Manuelita, la amante oficial, y Marcelina Alen Ponce, la madre de Hipólito Yrigoyen.

Este es su quinto libro donde busca retratar a través de palabras, aspectos de la historia argentina para buscar repuestas a preguntas tan complejas sobre de dónde venimos. En este recorrido halla historias ricas de personajes que merecen ser contadas.

“Aún hoy desata furias y amores en igual dimensión”, dice la escritora sobre su obra que se enfoca en la vida, amores y traiciones de Juan Manuel de Rosas, el hombre que dividió el siglo XIX. Su novela “La hora del destierro” cierra la trilogía de Juan Manuel de Rosas que comenzó con “Sangre y deseo” y continuó con “Lujuria y poder”.

Ella alerta que viajar al pasado es un privilegio que todos deberíamos hacer. Imaginar, reproducir, reconstruir. Y desde ya, observar todo con los ojos de aquel tiempo. No sirve de nada tomar partido de los hechos con la mirada del siglo XXI. Eran otras normas, otras leyes y costumbres. Juan Manuel de Rosas fue un hombre de su tiempo. Y aquellos eran tiempos violentos.

A los argentinos nos enseñaron en la escuela que Juan Manuel de Rosas fue el caudillo por antonomasia, que se inició en el negocio del saladero agregándole cifras a su ya abultada fortuna familiar, que fue dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires y que ostentó facultades extraordinarias, que se lo señaló como el Tirano, que promovió la furia entre unitarios y federales, y que cayó en la batalla de Caseros en manos de Justo José de Urquiza. Pero es evidente que fue mucho más que eso.

Canale está en contra de juzgar y opinar, por ello plantea que hay que ver el contexto “y cuando más uno conoce, tal vez más elige el silencio y menos opinar tan rotundamente”. Afirma que hay que conocer y comprender los momentos históricos para abordar a un personaje de nuestra historia como Rosas.

Considera que en “El Farmer” de Andrés Rivera, se puso el foco en el lado humano de Rosas. También aprecia el enfoque de Lucio V. Mansilla sobre el Restaurador que era su tío. Destacó que aún hoy se escribe mucho sobre la persona de Rosas y eso demuestra su importancia en la sociedad.

Para comprender su enfoque ella pidió que el lector comprenda “el contrato social que había en esa época”, que es totalmente diferente al actual. Donde el rol de la mujer era totalmente diferente y ellas ni siquiera podían elegir quien iba a ser su esposo, salvo algunas excepciones.

 

 

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